Mittwoch, 31. Mai 2023

1136, 77

       (en palacio)


           Mâs por cuestiones de posesiôn que por expandir un poderîo mili-

tar  por el mundo,  en el extranjero y en funciôn de un reglamento fêrreo, 

es que Dido comprô la propiedad de una pequeña sûmula de localidades 

que, como herencia, oficialmente pertenecîan a Dolpofân Colunnecio, y

que estaban en una condiciôn tan paupêrrima que la vida de sus habitan-

tes siempre estaba expuesta o al contagio viral o al padecer alguna enfer-

medad  de jaez desconocida. Empero si a lo anterior agrêgase la escasez 

de arquîatras, insuficiencia  que ostensiblemente hace mâs perniciosa la

existencia de los susodichos habitantes, el problema de la salud complî-

case que si no multiplîcase, por lo que entonces deberîa tener prioridad

el tema o el asunto de cômo garantizarles a êstos por lo menos una bue-

na  alimentaciôn, base primordial contra cualesquier endeblidades del y

organismo. Quedarîa por resolver la cuestiôn del mal estado de los seni-

les caminos, ya que sobre tantos huecos juntos no avanza ni una carreta

halada por un burro, como asimismo la de la destrucciôn de una gran y

cantidad  de canteras utilizadas por las inveteradas huestes como lugar

favorable o ideal para hacer celadas, mas despuês de quedar olvidadas

y ya no cumplir con la funciôn (caracterizante) que caracterîzales.

        En lo atinente al tiempo en que estas canteras eran explotadas para

extraer el mineral correspondiente, el cibiosactes recuerda una viejîsima

leyenda en la que la ninfa del âlamo negro fue encontrada durmiendo en

una cantera de piedra pizarra, mas que al ser una de las camenas ademâs

que  esposa de Numa Pompilio, el amparado por Jûpiter, no fue desperta-

da hasta que inesperadamente êste vino a buscarla. 

----Cibiosactes, y de dônde usted sacô esta leyenda, la que jamâs habîa

oîdo?---pregunta Dido.

----De la vulgata, majestad, pero la alejandrina.

----Cômo que de la vulgata alejandrina? Quê tiene que ver una de las nin-

fas del sêquito de Venus en Alejandrîa?

----Eso mismo me preguntê yo en su momento, aunque tambiên: cômo y

fue posible que la ninfa del âlamo negro se quedara dormida en la susodi-

cha cantera?

----Sabe usted una cosa, cibiosactes?

----Cuâl, majestad, cuâl?

----Que esa leyenda no es muy creîble amên que estrafalaria.

----Estrafalaria? Vaya palabrita, vaya ella!!

----Es muy del gusto de Kosmos, aunque no sê actualmente cuântas veces

la repite, en el caso de que la siga usando.

----Majestad, y si no la usa, aunque sea de su gusto, no la puede repetir.

----Cibiosactes, no la podrîa repetir con la lengua si no la usa, aunque sî y

con la testa incorparada a un pensamiento.

----No habîa pensado en este uso. Mire usted, majestad, llegan los dos sol-

dados con el bructero que usted mandô buscar. Necesita usted algo, preva-

lece algûn antojo de comida o bebida?

----Ni necesidad ni antojo. Asî que puede retirarse.

----A su edicto, majestad, a su edicto!!


          Media hora despuês, treinta minutos muy que bien utilizados con una

somera mâs dadora verba, Dido queda informada sobre dos cosas: la pacifi-

cidad de Dolfopân Colunnecio al saber del ônoma del cazador, y de la ines-

perada propuesta de êste a Endimiôn de incorporarse a la tribu germânica.

----En una conversaciôn a puerta cerrada, y en este mismo salôn de los reci-

bimientos, yo le revelê a su jefe el nombre del cazador---dice Dido.

----Ah, entonces fue usted quien se lo dijo. Yo le acabo de explicar al caza-

dor, digo, a Quinto Mucio Escêvola, el porquê de que Dolfopân dejara y de

esperarlo en la orilla de Albula.

----Le acaba de explicar? Explîquese.

----Mire usted. Yo fui a la taberna donde no sôlo estaba el acabado de nom-

brar, sino tambîen Evandro de Atella, Antîmaco de Ocamitan y Konfuza, y

claro estâ, ignorando totalmente la presencia de êstos...

----Y cômo usted supo que el cazador estaba en la taberna?

----Crêame usted, la tribu germânica tiene su mêtodo de pesquisa.

----La tribu o alguno de sus integrantes?

----Exacto!! Algunos de los bructeros, no todos.

----Bueno, aquî estâ el peculio que le debo pagar a su jefe, la cantidad exac-

ta de sestercios que quedê con êl en darle---dice Dido entregando una bolsi-

ta.

----Quede usted segura de que llegara a las manos de Dolfopân tan llena co-

mo estâ.

----De que llegue o no no es mi problema, si acaso su resposabilidad; no y

tendrîa nada que ver ni con su pêrdida ni con nada otra cosa, que de mi par-

te cumplî con lo prometido, a cabalidad con lo que quedamos respecto y al

precio.

----Se nota que usted no me conoce. Y en fin, que me voy, que debo regre-

sar hoy mismo a la ciudad del ocio, donde me espera Dolfopân.

----Pues cumpla usted con lo que tiene que hacer. Adiôs y buen viaje!

----Gracias, gracias!!
















 
















 



  



































































lizar las mâs increîbles celadas.  


  

Montag, 29. Mai 2023

1135, 76

        Habrîa que ver que dos ônomas iguales pueden engendrar confusiôn

al ser la ignorancia posible, algo que de facto sucediô y de la manera que

sigue. Terminada la segunda ronda de copas Antîmaco levanta el brazo y

para  que el  copero  viniera con cuatro copas mâs. Durante la espera para 

dar inicio a la tercera ronda, un personaje  totalmente desconocido acêrca-

se  al cazador empero con algo de sorna, o sea, como si redujera con fingi-

miento  la distancia que separa dos puntos. Dejândole saber en voz baja a 

êste que su intenciôn no era la de molestarlo, sacarlo del placer en que es-

taba, sino que la de barruntarle sobre algo por lo cual dejô de esperarlo la 

tribu  germânica en la orilla de Albula, cumple con un senecto mêtodo de

atracciôn sobre todo muy utilizado en el mundillo de la retôrica con el ob-

tivo o  de despertar el  interês o de que si no la curiosidad, a pesar de que 

tanto aquêl como êsta son la base habitual de la que pârtese para llegar a

tener o alcanzar un conocimiento o sobre algo o sobre muchitantas cosas

juntas.

----Y de cuâl barrunte se trata, de cuâl?---pregunta el cazador.

----Hay algûn problema, cazador, que con los tres metros que mido saca-

rîa de un sôlo golpetazo de circulaciôn a este señor?

----No, Antimaco, problema no hay ninguno. Gracias por su defensa.

----Señor, yo vengo pacîficamente a comunicarle algo al cazador, sôlo a

lo que usted acaba de escuchar.

----Sî es sôlo a eso discûlpeme usted por lo que dije---dice Antîmaco de

Ocamitan.

----Disculpado estâ!!

----Entonces, cuâl es el barrunte?---pregunta el cazador.

----Primero debo decirle, cazador, que yo soy un integrante de la tribu ger-

mânica, mas que me quedo en Bedriaco hasta que Dido me entregue el pe-

culio que le prometiô a Dolfopân en una conversaciôn privada...

----Peculio dice usted? Y cuâl es la razôn de eso?

----La ignoro totalmente. Yo sôlo tengo la misiôn de llevârselo a Dolfopân,

----Y entonces, quê es lo segundo?

----Que Dolfopân supo su nombre, por lo que dio el edicto a la tribu de no

hacerle nada a usted.

----Su nombre, cazador, y cuâl es, que hasta ahora no lo sê?

----Quinto Mucio Escêvola, Antîmaco.

----Mi respeto para usted, Quinto, que es un honor conocerlo.


       Y tan râpido como pudo pêgase Evandro de Atella a Antîmaco y dîce-

le al oîdo:

----Ha creîdo Dolfopân que se trata del ônoma del cônsul romano.

----Se puede saber quê usted acaba de comunicarle a su amigo en el oîdo?

----No señor!!  No se puede saber porque es algo entre amigos---responde

Evandro de Atella.

----Y cômo supo Dolfopân mi nombre, que de facto no lo saben muchos?

----Sôlo sê que lo supo mas no por quiên.

----Es un nombre importante, con grandeza y resonancia---dice Antîmaco.

----Gracias, Antîmaco, gracias!!---afirma el cazador a la vez que guîñale y

un ojo a Antîmaco.


      Y entonces llega el copero no con cuatro, sino con cinco copas y sin di-

laciôn dice:

----Traje una copa mâs por ver a este señor. Señor, la primera para usted va

por la casa; ya la segunda, si es que la desea, va por su bolsillo.

----Gracias, copero, gracias!!

----Hacemos un brindis?---pregunta Evandro de Atella.

----Sî!! Y por Quinto Mucio Escêvola!!---afirma Antîmaco de Ocamitan.


          Y en lo que hacîan el brindis, el copero regresa a la barra despuês de

salir incôlume de la marea de codazos y de pisotones que tuvo que vencer

con una concentraciôn infalible de la mirada, y la que de facto habîa tantî-

simamente crecido por la sûmula de asiduos al local que llegaron en lo que

êl estaba ocupado con la entrega del ûltimo pedido de copas hecho por An-

tîmaco de Ocamitan. Pero si de algo extrâñase al posicionarse a la zaga de

la barra con el objetivo de satisfacecer las ganas de ingerir alcohol es de y

la  presencia de dos soldados de la guardia bâtara que mirânlo como si hu-

biese  cometido un delito, o que si no por haber transgredido la ley al ven-

der algûn tipo de afrodisîaco, de bebida exôtica que trae como consecuen-

cia un efecto pernicioso, y, como tal, vedada estaba por el reglamento aus-

tero y arcaico de su majestad Dido. Decidido entonces a formular la perti-

nente pregunta para saber el porquê de la fijaciôn de las retinas de los sol

dados, de la fijeza de êstas en êl que empezaba a molestar, cruza parsimô-

nicamente sus brazos, êchase un poco hacia atrâs y entonces dice:

----A quê dêbese concretamente que ustedes me miren como me estân mi-

rando, que yo ni he hecho nada malo y sôlo vendo las bebidas que permite

mi licencia?

-----Señor copero, nosotros no estamos aquî por usted, porque haya infrin-

gido la ley establecida por Dido en lo atienente a la venta y consumo y del

alcohol, sino mâs bien por otra cosa---clara uno de los soldados.

----Ah, y se puede saber por cuâl.

----Para saber si ha visto usted a una criatura forânea entre las presentes y

ahora mismo en esta taberna.

----Tal criatura que buscan estâ precisamente allî, en aquel sucucho donde

estâ Antîmaco, el cazador, Evandro y Konfuza---dice el copero señalando

y que a su vez pregunta: y por quê ustedes la buscan?

----Eso no es de su incumbencia. Es solamente un edicto de su majestad y

que debemos cumplir lo mâs râpido posible. Gracias por darnos la exacta

ubicaciôn de la criatura que buscamos, gracias!!

----De nada, soldados, de nada!! Si desean una primera copa va por la ca-

sa.

----Deplorablemente no la podemos aceptar porque, como usted ve y asi-

mismo escuchô, estamos de servicio. En otro momento serâ, y esperamos

que mantenga usted eso de que va por la casa la copa primera.

----La primera copa siempre va por la casa, algo incambiable; la segunda,

ya va por sus bolsillos.

----De acuerdo, no hay problema. Y ahora le tenemos que dejar, Adiôs!!

----Adiôs a los dos!!


         A continuaciôn se ven los soldados en la obligaciôn de avanzar hacia

el fondo de la taberna repitiendo esta advertencia cuasi gritando: si no se y

quitan de en medio pueden recibir un empujôn, amenaza que llegô hasta y

los oîdos del bructero, y razôn por la cual dîcele al cazador:

----No sê por quê me parece que los soldados me vienen a buscar.

----Pero no para arrestarlo, lo que es un alivio, no?

----Asî es, cazador, no para eso: quê alivio!!

----Bueno , es que seguro la reina ya tiene listo el peculio que usted espera.

----No puede ser por otra cosa la presencia aquî de esos dos soldados.

----Y usted estâ seguro que por el que vienen es por usted?---fisga Konfuza.

----Sî, señora, sî!! Quê, quiere usted hacer una apuesta?

----Pero sin olvidar que, si la hace, quien paga soy yo---dice Antîmaco.

----Apuesta, yo? Quê va!! Ni en mis mejores momentos de ganancia jamâs

hice una apuesta---deja saber Konfuza.

----Tus mejores momentos de [....] y cuândo fueron êstos?---pregunta Antî-

maco de Ocamitan.

----Cuando concubina fui.

----Quê, le pagaban por serlo?---pregunta el bructero.

----Claro que sî!! 

----Pero konfuza estâ hablando de ya olvidados tiempos, porque actualmen-

te no se paga nada por ser concubina---dice el cazador.

----Como cambian los tiempos Konfuza quê te parece, quê te parece Konfu-

za como cambian los tiempos---dice Antîmaco de Ocamitan.

----Lo ûnico que te falta es ponerle ritmo con el crôtalo---dice Konfuza.

----Señor, lamentamos sacarlo del disfrute, pero necesariamente debe acom-

pañarnos por edicto de la reina---dice uno de los soldados bâtaros.

----Ya estaba cuasi listo para partir desde que los vi venir---dice el bructero

que a su vez dîcele a Konfuza: ve, señora, que estaba seguro de que al que

venîan a buscar era a mî.

----Asî es, estaba seguro.

----Bueno, nos vamos?---pregunta el mismo soldado bâtaro.

----Sî, vâmonos!! Y adiôs a los cuatro, tal vez en otro momento, algûn dîa

aquî nos volvemos a encontrar.

----Buena suerte y hasta entonces---dice el cazador.









































  


















 















 


Donnerstag, 25. Mai 2023

1134, 75.

        Diez minutos despuês llegaron el cazador y Evandro de Atella a la ta-

berna de Bedriaco, y ambos tan empapados de sudor que cualquiera de los

presentes en êsta pudiera pensar de ellos que en vez de caminar habîan co-

rrido, aunque con la convicciôn con fijeza de que de deportistas no tenîan

nada, lo que no traduce que por carecer de una preparaciôn adecuada el y

râpido moverse resultara imposible. Contra este sudar opulente cuâl elixir

mejor  que una bebida bastantemente frîa, pero no habrîa que olvidar una

indeleble y sencilla cosa: ninguno de los dos eran amantes ni de la bebida

que no fuese caliente ni de la servida en un vaso o copa expuesta a perder

su potencial al tener dentro trocitos de hielo, lo que allende significarîales

un tempestivo sacrilegio, aunque mâs a Evandro que al cazador. Entonces,

y para eludir la salida de mâs sudor, o de sentirse el cuerpo doblemente ca-

liente por la dadorîa de Baco, deciden esperar a estar menos sudados para

empezar  a tomar la dadorîa susodicha, y en uno de los sucuchos con mâs

sombra del local, lo que es lo mismo a decir en uno garante totalmente de

la escasez de una lumbre en el techo, Mas en lo que esperaban, amên que

exentos de la pertinente verba con la que la espera resultarîa menos ingra-

ta, el cazador escucha dos personas que dialogaban con fuerza de voz del

todo diferente, algo que no dêbese a otra cosa que por pertenecer una y a

una mujer, y la otra a un hombre, y que si siendo la de êste la del tocador

del crôtalo Antîmaco de Ocamitan; la de aquêlla la de Konfuza, la propie-

taria del guacamayo polîcromo, como ya sâbese. A raîz del reconocimien-

to no dilaciona en decir el cazador:

----Habrîa que ver que el mundo es pequeño. Quiên me iba a decir a mî y

que me encontrarîa con dos criaturas conocidas en esta taberna.

----De cuâles criaturas tû hablas?---pregunta Evandro de Atella.

----De nosotros, señor, de nosotros; de ella y de mî---responde Antîmaco

que pregûntale al cazador: y acaso Bedriaco es un mundo grande?

----Evidente-ostensible-indubitable que no, Antîmaco; es tan pequeño co-

mo sus distancias. Quê tal, cômo estân ustedes? Tiempo que no los veîa.

----Nosotros siempre, o cuasi siempre igual---responde Antîmaco.

----Y cômo estâ el guacamayo polîcromo?

----Cada vez con mâs pejigueras, pero aûn con vida; mâs viejo, cosa lôgi-

ca e inevitable, pero aûn nos entretiene, nos alivia el tedio de las horas, de

los dîas---responde Konfuza.

----Cazador, y êl quiên es, un amigo suyo o un nuevo contertulio?

----Ni la primera cosa aûn ni la segunda. Su nombre es Evandro de Atella

y estâ aquî en Bedriaco de paso, ya que reside en la ciudad del ocio.

----Encantado, Antîmaco, un gusto en conocerlo---dice Evandro de Atella.

----Yo le digo lo mismo---dice Konfuza.

----Y yo le digo lo que acaba (de)cir Konfuza---dice Antîmaco.

----Y dîgame, Antîmaco: frecuentan ustedes a menudo esta taberna?--pre-

gunta el cazador.

----Cuando no nos soportamos pasamos por aquî, o cuando nos fajamos y

por mayûsculas tonterîas

----Mayûsculas tonterîas?---pregunta Evandro de Atella.

----Nosotros hacemos una distinciôn entre las minûsculas y las mayûsculas

tonterîas, y sî aquêllas son dignas de risa; êstas de seriedad, o de tener una

conducta circunspecta---responde Antîmaco de Ocamitan.

----Bueno, primera vez que oîgo lo de la distinciôn.

----Y ûltima, porque como ya lo sabe no lo repetimos, y no creo que la oiga

de otro porque no la sabe; es una muy de nos.

----Ah, sabe usted latîn?

----Lo ûnico que sê es eso, y como tal lo ûnico que puedo decir. Y por quê 

estân ustedes tan adentro de la sombra?

----Por cuestiones del sudor: en cuanto nos sequemos empezamos con el vi-

no---responde el cazador.

----Y por quê estân ustedes tan mojados?---indaga Konfuza.

----Por el calor que hay: insoportable-desagradable!!

----Eso es una consideraciôn o una valoraciôn.

----Es usted filôsofa, Konfuza?---pregunta Evandro de Atella.

----De ser algo sôlo fui concubina, mas nada que eso.

----Y acaso hoy no eres ama de casa?---pregunta Antîmaco de Ocamitan.

----No empieces con tus bromas, las que son mayûsculas tonterîas.

----Cuando estên secos me dicen, que pago la primera ronda---deja saber An-

tîmaco de Ocamitan.

----Gracias por el pago!! Le avisamos---dice el cazador.

----Muy humano de su parte, demasiado humano---acentûa Evandro de Atella.


          (paso de la voz que los presentes no escuchan)


            Pero el humano demasiado humano, pudiêrase dejar de tener en cuenta

en el instante en que el sî mismo deja de considerar actitudes externas para pa-

sar a ser êl mismo un objeto de la percepciôn interna, lo que de facto no es otra

cosa que la forma mâs paradigmâtica de la que êl vâlese para ser de inmediato

o foco de atenciôn o utilidad imprescindible para mantener activo un campo de

acciones mûltiples. Si estas acciones mûltiples son dadoras de lo menester que

facilita el desarrollo del potencial ôntico, asimismo son las acarreantes del im-

pulso escênico con el que el agente demuestra un rol determinado (fuerte o dê-

bil de momento da igual) en el escenario del mundo, baricentro que de ôrdago

brinda buena acogida a todo lo que en funciôn histriônica aboga lo kathârsico

que  proporciona efîmeramente la tragedia, la que al ser posible en cualesquie-

ra partes pasa por alto la exigencia de llevar coturnos, aunque no la de la care-

ta para el semblante de jaez indefectible.


           Siete minutos despuês, y a raîz del decir de Evandro de que ya estaba

del todo seco, el cazador dêjale saber a Antîmaco de que tanto êl como aquêl

ya estaban listos para empezar a beber la primera ronda de copas. Inmediata-

mente Antîmaco eleva el brazo con el objetivo de que el copero supiera de la

sûmula de copas a traer revelada por los dedos, la que no es otra que exacta-

mente la de cuatro. Ya lista la bandeja con la sûmula susodicha, algo que hi-

zo  en menos de dos minutos, el copero abandona la barra para arrumbar sus

pasos adonde deberîa llegar, mas teniendo mucho cuidado al meterse entre y

los asiduos al local, ya que al ser unos cuantos el espacio que quedaba para

pasar era tan angosto que el colisionar serîa posible, a pesar del pedir cuasi

gritando  el correspondiente permiso, o el siguiente repetido aviso con alza-

miento de la voz: atenciôn, que porto una bandeja en la que llevo cuatro co-

pas.

----Copero, que usted se ha demorado mâs en llegar que en llenar las copas.

----Antîmaco, es que a esta hora cuasi siempre resulta difîcil trasladarme de

la barra a las mesas verticales. No ve usted lo repleto que estâ el local?

----No hace falta la respuesta porque aûn no he quedado ciego. Mire, cope-

ro, este señor se llama Evandro de Atella, y es paisano suyo.

----Ah, de la ciudad del ocio. Mucho gusto, Evandro---dice el copero.

----Igual le digo, copero, igual---dice Evandro dândole la mano.

----Y quê me dice usted de mi taberna allî, cômo la lleva Sarambo?

----A mî me parece que bien, aunque no soy de ir todos los dîas.

----La atiborran aûn los biberius?

----Los dîas que he ido ha estado atiborrada de êstos, y cuasi como aquî 

que no puêdese caminar.

----Se da cuenta usted, Antîmaco, que no es mi intenciôn demorarme con 

los pedidos?

---Ya sê la causa por ser testigo visual, pero no lo tome usted muy en serio,

que lo que le dije fue jugando.

----Quê, Antîmaco, se contagiô usted con los contertulios?

----No, claro que no!! Pero, copero, sôlo juegan los contertulios?

---Claro que no!!, que la pregunta es parte de mi juego con los clientes.

---Y risas de Antîmaco y de Konfuza.

----Evandro, y cuânto tiempo se queda usted en Bedriaco?---indaga el cope-

ro.

----Como mismo me trajeron sin ningûn plan de venida, me îrîa exento de

un plan de regreso.

----Lo trajeron, quiênes?

----La nueva formaciôn de los bructeros de la tribu germânica bajo el man-

do de Dolfopân Colunnecio.

----Como que entonces estuvo usted obligado a venir?

----Como que entonces no, ya que vine obligado.

----Y eso por quê?

----Por una breve historia que se me harîa larga de explicarla ahora.

----Una parte de la historia es la siguiente: por yo haberle disparado una y

flecha al padre de Dolfopân---dice el cazador.

----Y quiên es ese padre?

----Pandolfo Colunnecio!!

----Espere un momento, cazador. Ese no es el que sucumbiô la noche de y

una comida en palacio?

----Correcto!! Y cômo usted lo sabe?

----Cômo es posible no saber algo trabajando en un lugar donde hablan y

comentan una gran cantidad de lenguas?

----Entiendo, entiendo.

----Y usted, Konfuza, cômo estâ?---pregunta el copero.

----No tan mal para quejarme ni tan bien para reîrme.

----Lo que entiendo que estâ en un lugar intermedio, no?

----Ha entendido usted bien.

----Bueno, clientes, ahora debo dejarlos porque debo regresar a la barra.

Buena estancia en mi local, y si desean otra ronda sôlo tienen que levantar

el brazo.

----Le aseguro que el brazo serâ levantado varias veces, oh sî, seguro que

sî!!---dice Antîmaco de Ocamitan.

----Vaya quê buena noticia!!

----Si yo fuera copero, copero, dirîa lo mismo.

----Y risas del copero que dice: entonces espero por el levantamiento prô-

ximo del brazo.

----Y risas del cuarteto.







































  























 










 




    

  

Montag, 22. Mai 2023

1133, 74.

           Simultâneamente, y en palacio, Argos ocûpase de poner en libertad

a Endimiôn. Êste, y un tanto sin comprender el porquê de salir de la ergâs-

tula antes del tiempo considerado por la reina como el basto como castigo, 

sûbito pregûntale a Argos la razôn de lo anterior, siendo entonces que êste

responde:

---Usted puede pisar el mundo nuevamente, pero debe irse de Bedriaco de-

finitivamente y lo mâs râpido posible, y no trate de esconderse que tempra-

no o tarde serâ encontrado: me ha entendido usted correctamente? Y mire,

estas monedas son un regalo de su majestad, asî que si pensaba decir: con

quê cuento yo para comprar un pasaje?, puede anular la pregunta y no ha-

cer mâs ninguna, Y no tengo mâs nada que comunicarle.

---Dele  usted de mi parte las  gracias a su majestad; dîgale, tambiên, que

me arrepiento por lo que hice, algo que no fue mi intenciôn pero que he-

cho ya estâ.

----Señor, ya es tarde para el arrepentimiento, asî que acâbese de ir, de y

largarse adonde usted le parezca mejor.

----Ya me fui, desaparezco inmediatamente.


             Non plus ultra de diez minutos despuês, y ya un tanto sudado por

la pudiencia de los rayos apolîneos, Endimiôn divisa un lugar a la izquier-

da donde un colectivo de jinetes esperaban en la orilla de Albula a un bote

conducido por una persona que no podîa reconocer; mas otro a la derecha

desde donde un señor, irreconocible tambiên, agitaba un pañuelo blanco y

como un aviso a la persona que remaba parsimônicamente, y con una mo-

vimiento de brazo de derecha a izquierda. Sin entender nada de lo que es-

taba mirando a lo lejos, lo que como consecuencia trajo el despertar de su

curiosidad, Endimiôn  siêntase posicionando su tafanario sobre un tronco

de  madera de Junco con el objetivo concreto de ser testigo visual y de lo 

que pasarîa finalmente, que a la postre y al cabo ni nada tenîa que hacer y

ni apuro por llegar a cualesquier partes del mundo, lo que traduce que ca-

reciendo de alguna actividad concreta y del estrês por ser puntual en igual

cuâl  locaciones podîa darse el lujo de utilizar su tiempo en lo que diêrale

la gana. Unos quince minutos despuês ve que el bote va en recta direcciôn

hacia la derecha, o sea, hacia donde estaba el señor moviendo de un lado

a otro el susodicho pañuelo, y que a raîz de esto el colectivo de jinetes de-

ja de esperar el arribo del bote y abandona la posiciôn a la izquierda defi-

nitivamente. Sigue que Endimiôn, y aûn padeciendo de curiosidad, caute-

losamente arrumba sus pasos hacia donde estaba el señor y la criatura lle-

gada con el bote a la orilla de Albula, que conocer (a)mbos ciudadanos y

del mundo resultâbale relevante, segûn pensaba en lo que dirîgiase adon-

de estaban aquêllos, aunque importante sin saber por quê. 

        Mas yendo adonde querîa llegar, y a pesar de haber echado un vista-

zo general de la zona, Endimiôn queda sorprendido por la presencia muy

cerca de êl de la tribu germânica, como si êsta lo estuviese esperando des-

puês de haber salido acopas del bosque alrededor de Albula. Al pensar co-

rrer para ser êl quien metiêrase en el bosque, escucha la voz de uno de los

bructeros que dîcele:

---Señor, quêdese donde estâ y no intente hacer otra cosa que la de quedar-

se quieto, parado y sin movimiento, si es que no quiere que su vida pericli-

te.

          A raîz de lo dicho es un solo jinete el que viene adonde estaba Endi-

miôn, el que ya estaba mâs recto que el asta clavado en donde celebraban

sus reuniones los ciento ocho jueces, o sea, los centunviros. 

----Señor, usted creyô realmente que la tribu moviôse del lugar donde es-

taba sin una razôn? Cuâl es su nombre?

----Me llamo Endimiôn. Y usted quiên es y quiênes son los otros?

---Endimiôn, los otros son los bructeros y yo el jefe de la nueva formaciôn

de la tribu germânica, Dolfopân Colunnecio. Se puede saber que usted ha-

cîa observando lo que vio? Para quiên trabaja usted?

---Trabajê para su majestad Dido como cocinero en palacio, mas ahora me

tengo que ir para siempre de Bedriaco.

----Y por quê debe irse?

----Por algo que pasô con Arete, la novia del cocinero de Irlanda, el actual

cocinero de la corte.

----Y quê pasô con ella?

----Que tratê de cogerla como rehên para obligar a Dido a que me diese de

nuevo el puesto de trabajo.

----Me parece que usted podrîa convertirse en un buen guerrero. No le inte-

resarîa unirse a nosotros?

----Pero yo jamâs he cogido un arma con mis manos; la ûnica un cuchillo y

para picar o cortar lo debido en la cocina.

----Eso no es un problema, ya que cuasi todo se puede aprender. 

----Y cuânto ganan los guerreros de su tribu?

----Le puedo asegurar que usted no se va a quejar por los beneficios que va

a recibir. Tiene usted otra cosa que hacer en otro lugar?

----De momento no tengo nada. 

----Entonces, cuâl es su decir respecto a lo de unirse a la tribu?

----Si usted dice que no me voy a quejar por los beneficios me parece que y

estarîa de acuerdo en irme con ustedes.

----Muy bien!! Entonces venga, que le darê un caballo de los tres que, como

reserva, tenemos. Sabe usted montar a caballo, no?

----Si no se me ha olvidado sî.

----Ahora me suena usted un poco gracioso. Venga, venga y dêjese de bromas.

----Y dîgame: por quê esperaba la tribu a la persona que conducîa el bote?

----Por algo sucedido en el pasado: la muerte de mi padre Pandolfo Colunne-

cio.

----No, verdad que usted es el hijo de Pandolfo?

----Asî es!! Quê, conociô usted a mi padre?

----No en persona, mas sî escuchê varias veces su nombre.

----Bueno, estâ bien. Y ya vâmonos, que ya es hora de irnos y el viaje es algo

largo.

----Adônde?

----A la ciudad del ocio: Apragôpolis!!

----Quê bien!!, asî me ahorro las monedas que me dio Dido al no tener que y

comprar el boleto del navîo.

----Cômo, que Dido le dio monedas? Increîble!

----Le cuento por el camino, le cuento.


        A continuaciôn de ida la tribu germânica, salen del bosque el cazador y

Evandro de Atella, mas sin comprender aquêl el porquê de que la tribu haya

decidido dejarlo de esperar en la orilla de Albula, aunque asimismo ignoran-

do cômo fue que supo Evandro que êl estaba en el bote. 

----Escuche, cazador. Me enterê por uno de los bructeros que tienen la espe-

cîfica funciôn de hacer un recorrido antes de que de la tribu abandone el lu-

gar donde estâ, y en el momento en que decîaselo a Dolfopân, de que usted

estaba aquî en Albula, pero no del lugar por donde saldrîa una vez dejado y

el bote. Fui  entonces a la Kosmona, y como no me supieron decir ni el di-

dâscalos  filosôfico ni Kosmos dônde estaba el susodicho lugar, êste me di-

jo  que fuera a ver a  Angelicus, algo que hice y por lo que estoy aquî. Y al

respecto de lo de la tribu no tengo una respuesta, desconozco completamen-

te el motivo de su partida.

----Sabe usted, Evandro, a mi esto me parece muy raro, no encaja con los y

bructeros. Aquî hay laguna, un misterio [...] impera lo crîptico.

---Pero, cazador, no es lo mâs importante de que tribu no le haya hecho na-

da?

----Claro que lo importante es indefectible, pero aun asî yo siempre trato de

entender, nunca me gustô quedarme en el aire, sentado en las nubes, etc.

----Etc? Le quedan aûn reservas metafôricas?

----Sî!!, aunque no sea un contertulio.

----Cree usted que tales reservas sôlo sean un monopolio de êstos?

----No creo que sea la palabra exacta monopolio. Pero en fin, Evandro, en

fin, que el entendimiento siempre es posible en algûn momento. Y dîgame:

le gustarîa tomarse unos tragos?

----Mire usted quê causalidad. En lo que agitaba el pañuelo pensaba en la

taberna de la ciudad del ocio; serâ que la extraño?

----Evandro, la costumbre es la madre de cuasi todos los vicios.

----Pero la costumbre mîa no es la de tomar, sino que mâs bien la de hablar

con los biberius.

----No me vaya a decir usted que no se toma de vez en cuando, y con êstos,

unos traguitos, decir que no le creerîa.

----De vez en cuando no es siempre, y lo que no se hace siempre no es una

costumbre.

----Usted habla ahora como los contertulios, como êstos.

----De acuerdo, cazador, vamos por los traguitos. Hay una buena taberna y

aquî en Bedriaco?

----En realidad la que hay es una, y buena: la del copero de Apragôpolis.

----Cômo, acaso no es Sarambo tal copero?

----Sarambo no es el dueño de la taberna de Apragôpolis; le paga un alqui-

ler (a)quêl para utilizarla.

----Acabo de entender.

----Entonces quê, vamos?

----Sin oposiciôn ninguna. Y estâ muy lejos de aquî la buena y ûnica taber-

na que hay?

----Aquî en Bedriaco todo estâ cerca; no son grandes las distancias; lo se-

parable entre un punto y otro se camina en pocos minutos.

----Perfecto, que yo no soy amante de un largo caminar.

----No le gustarîa mudarse para acâ?

----De momento vamos a la taberna,

----Pues andando, aunque sudemos un poco.








































































 











 





Freitag, 19. Mai 2023

1132, 73.

         Y en lo que observaba a los contertulios ingiriendo el pastel, Kosmos

recuêrdase de que Sabinsqui abogaba la idea de que el hombre jamâs esta-

rîa del todo salvado de no dirimirse la cadena de su existencia sucesiva, lo

que no estâ muy lejos de la tesis apoyada por los ôrficos, empero que una

defensa que el personaje principal de El bullicio en el silencio con el tiem-

po fue olvidando, separândola del esquema habitual de vivencia, el de fac-

to mâs al servicio de la monotonîa que al de la espontaniedad o la improvi-

saciôn, dos componentes de una totalidad dadores de ingente beneficio su-

premo. A pesar de lo anterior, Sabinsqui no dejô de tener en cuenta el dia-

mantino matema que la idea dejôle como resonancia: una vibraciôn capaz

de transformaciôn general de lo que procesa la conciencia y filtra la razôn.

De esto sale la buena calidad de los pensamientos como asimismo la gaya

formaciôn de mîmesis impolutas, o que si no de imagos transparentes con

las que el estro enriquecerîase mayûsculamente, por lo que no serîa de ex-

trañar que Sabinsqui contara con un hontanar poderoso o potente en cues-

tiones  referentes a lo creativo, lo dejante de una satisfacciôn y jovialidad

desiguales a las que por normalidad forman parte de otro conjunto deîcti-

co que por (su) causa sui evoluciona o convulsiona con destacada lentitud.

Mas no es precisamente el "matema" la lînea causal que Sabinsqui sigue

a pesar de las circunstancias, desilusiones y aforismos fêrreos? Sabinsqui

actor reproduce un recto paso, un yendo compensado, un andar de lo que

fue parte de una alcheringa, la arropante de una historia ôntica que no de-

ja de tener valor ni aun cuando suena la "lira de las siete cuerdas" ( los y

siete tonos del heptacordo en atingencia con las veinte y ocho lumbres de

la Luna), allende que en funciôn de celebrar el vuelo trascendetal-excelso

de un sîmbolo conspicuo ( en el caso de que por necesidad têngase que en

êste pensar): la peristera.

----Pero, Kosmos, por dônde anda tu pensar?---pregunta el didâscalos filo-

sôfico.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Amplifîcole y el

dônde cuando terminen los contertulios de ingerir el pastel.

----Eureka!! Parakalô!!

----Tîpota parakalô!!---dice Kosmos y riendo.

 

        Y entonces no dilaciona Vercingetôrix en preguntar:


----Y por quê cuando terminen los contertulios de ingerir el pastel?

----Porque no quiero ser el responsable de que atôrese alguien al escuchar 

lo que responderîale al que hizo la pregunta.

----Kosmos, de verdad tû crees que alguno de nosotros pudiera atorarse y a

raîz de oîr una respuesta tuya?---pregunta Asonis.

----Si de creer trâtase le dirîa que sî lo creo, por lo que mantengo lo dicho y

sin cavilaciôn alguna.

----Asonis, mâs que por la respuesta que darîale Kosmos al didâscalos creo

que el atorarse ocurrirîa si alguno de nosotros habla comiendo, deja un co-

mentario u opiniôn por razones apremiantes de entrar en diâlogo mastican-

do el pastel.

-----Usted, Temîganes, acaba (de)cir con justeza lo que no dije yo directa-

mente---reconoce Kosmos.

----Kosmos, pudiêrase decir, entonces, y algo que no se ha dicho...

----Perrasiestes, cenutrio, si pudiêrase decir es que no ha dichôse, no?

----Tû y tus precisiones semânticas. De acuerdo. Entonces pudiêrase decir

que lo que tû aplicas es prudencia?

----Cenutrio, ha descubierto usted algo difîcil de encontrar, de hallar entre

mâs de una aplicaciones.

----Kosmos, te encanta apabullarme con el peso de tu ironîa.

----Te encanta apabullarme con el peso de tu ironîa!! Bravo, cenutrio, bravo!

----Contra, Kosmos, al fin escucho algo agradable salido de tu boca: un reco-

nocimiento por lo que dije.

----Soy justo cuando deba serlo con usted, cuando usted amplifique algo justo, 

o sea, con la medida expresiva que ni pâsase ni le falta distinciôn, que si no y

clasificaciôn o evaluaciôn a partir de un anâlisis o examen eficaces.

---Anâlisis o examen eficaces? Ni que tû dieras tiempo para poder hacer êstos.

----Cômo, si es precisamente tiempo lo que yo siempre concedo?

----Pero que muy corto para analizar o examinar tus barbaridades semânticas.

----Câspita!! No trâtase, entonces, de que no le dê sino de que lo doy con una

medida: no cree usted que son dos cosas disîmiles?

----Perrasiestes, aquî usted sabe algo: que el tiempo que da Kosmos es muy y

corto.

----Cômo no voy a saberlo si lo sê, didâscalos?

----Entonces lo que usted no sabe es que ignora algo, porque saber es no igno-

rar.

----Y para quê saber que uno ignora algo?

----Porque lo que uno ignora es un medianamente saber, o sea, que es un saber

que no muy bien se sabe mâs que sî que se sospecha de acuerdo a lo que uno y

sabe lo que significa ignorar.

----Vaya laberinto, didâscalos, como para perderse, no atorarse.

----Yo lo entiendo como una marranada que a la polêmica invita. En realidad

el didâscalos estâ girando en derredor de un cîrculo vicioso que ni fin tiene ni

principio, y donde dos puntos coinciden---dice Vercingetôrix.

----No serîa mâs funcional decir: saber que uno ignora algo es saber que uno

es ignorante?---pregunta Temîganes de Alejandrîa.

----Y que pasarîa con saberlo, Temîganes?

----Didâscalos, que uno harîa todo lo posible por esconderlo, lo que traerîa co-

mo consecuencia (el) activar ciertas y determinadas defensas.

----Que es lo mismo a decir: el agente que se defiende derogarîa su ignorancia

con un hacer creer que sabe?

----Por ahî estâ la cosa, mâs o menos algo como eso.

----Vercingetôrix, allende que marranada asimismo pudiera ser una aporîa, dos

rerum que entre nos son de gran utilidad---dice Kosmos.

----De acuerdo!! Pero, la aporîa no tiene ya una forma de marranada?

----Si acaso es que es parte ya de êsta.

----Habrîa que dedicarle una monografîa urgente---dice el didâscalos filosôfico.

----Age en plural, age!!---afirma Kosmos.

----Bueno, Kosmos, y por fin cuâl es la respuesta, que ya nadie come pastel?

----Aquî estâ, y con su peso correspondiente.


           Y entonces sucede lo inesperado: llegan a la Kosmona Macco, el ve-

narabilis inceptor, y Buridân, al que decîanle el Bury.


----Câspita, Macco!!, vaya novedad la que acontece con usted. Quê. es del y

oriente su cachimba?---pregunta Kosmos.

----Exactamente de Egipto, donde la comprê y a un precio môdico hace tan-

to ya; forma parte de una de las pocas propiedades que tengo y van conmigo

a cualquier parte metidas en este saco---dice Macco señalando êste.

----Mejor poco que mucho, o que a menos bulto mâs lumbre.

----El venerabilis Inceptor!! Verdaderamente su presencia ni la dâbamos co-

mo posible---dice el didâscalos filosôfico.

----Y se puede saber quiên es esta persona?---Perrasiestes de Mocarês.

----Cenutrio, no acaba usted de escuchar su ônoma?---pregunta Kosmos.

----Un placer en conocerlo, cenutrio---dice Macco.

----Y risas de Kosmos y el didâscalos filosôfico.

----Mi nombre no es cenutrio, sino Perrasiestes de Mocarês.

----Disculpe usted, disculpe!! Miren, esta criatura que me acompaña se lla-

ma Buridân, pero le dicen el Bury.

----Encantado de conocer a los contertulios de la Kosmona---dice el Bury.

----Bury, y nosotros encantados de conocerlo a usted. Bienvenido (a)quî, a

esta instituciôn---dice Kosmos.

----Gracias, gracias!!

----Kosmos, y quê tal tu nieta, Ateriana?---pregunta Macco.

----No estoy muy al tanto de cômo estâ, mas que seguro o que estâ en su y

cuarto o con Lah en alguna parte de palacio.

----No me extraña que respondas como te gusta hacerlo, lo que es una de y

las cosas que haces mejor.

----Y punto a la raya y que continûe la letra.

----Cômo?

----No le haga mucho caso, que puede meterse en aprietos semânticos.

----Si usted lo dice, didâscalos, que lo conoce mejor que yo---dice Macco.

----Y dîgame, venerabilis Inceptor: vino por los de los cursos gratis, no?

----Correcto!! Ustedes me dijeron que me avisaban, pero como aûn no lo

habîan hecho decidî venir para saber por fin quê, didâscalos.

----En realidad todavîa no han empezado, razôn por la cual fue posible y

nuestro silencio, la ausencia de palabras.

----Pero hay una cosa: los cursos ya no son gratis---anuncia Kosmos.

----Ah no, y por quê?---pregunta Macco a la vez que echa picadura en la

cachimba.

----Porque mi madre finacia los cursos, êsa es la res, êsa!!

----Y a cuânto asciende el precio, entonces?

----No lo sabemos aûn, mas pronto sabrâse.

----Y quê es pronto para ustedes?, porque me dijeron la primera y ûltima

vez que nos vimos que me avisaban pronto y...

----Lo que deberîa ser pronto conviertiôse en algo de tiempo---agrega Kos-

mos.

----Asî mismo, Kosmos, asî mismo.

----Macco, recuerda usted una de las virtudes capitales subrayadas por el

estagirita?---pregunta el didâscalos filosôfico.

----Cômo no recordarla? Pero sabe usted una cosa, didâscalos?, algunas ve-

ces no la soporto, me inquieta [...] me desespera al estar desorientado o que

si no confuso.

----"Todo puede sonar afuera si adentro no hay turbaciôn"---amplifica Kos-

mos.

----Ah, una frase del înclito (estoico) Lucio Anneo,

----Pasô la prueba, Macco, la pasô y con buena puntuaciôn.

----Cômo, didâscalos, cômo? A cuâl prueba se refiere usted?

----Y risas de Kosmos.

----Siempre que tû te rîes [...] bueno, tû sabrâs de tus cosas y de tus risas.

----Vaya perogrullada, Macco: tremenda y conspicua!!---afirma Kosmos.

----Desean ustedes probar lo que queda de este pastel teñido con azafrân?

----Gracias, didâscalos!! Por quê no?---dice Macco.

----Un pastel!! Yo soy amante a los pasteles---deja saber el Bury.

----Pues sîrvanse ustedes, sîrvanse!!

----Me das el cuchillo, Kosmos?----pregunta Macco.

----Atenciôn con la hoja que corta hasta la testa de un leôn.

----Otra de las tuyas, que si no?












 












































 

























 






















 











  



 

Montag, 15. Mai 2023

1131, 72.

       Mas en lo que Kosmos y el didâscalos filosôfico ocupâbanse con la ac-

tividad de volver a colgar el cartel en su lugar justo, de manera furtiva entê-

rase Evandro de Atella de que Dolfopân Colunnecio esperaba al cazador en

el lugar donde êste deberîa de regresar con el bote. No dilaciona entonces y

en arrumbar sus pasos a la Kosmona con el têlos especîfico de hacer la per-

tinente pregunta para saber dônde era que estaba el susodicho lugar, ya que

êl de Bedriaco no conocîa nada. Diez minutos despuês llega a la instituciôn

cuasi con la lengua afuera, lo que traduce que tan agitado que, para cumplir

con el fin que trâjolo aquî, tuvo primero que respirar varias veces profunda-

mente para estabilizar el normal funcionamiento de sus pulmones. Empero

en lo que respiraba como lo hacîa, y por lo que podrîa pensarse que en vez

de caminar habîa corrido, algo allende un tanto intempestivo porque ni era

tan joven ni contaba con una condiciôn de atleta como para a sus piernas y

mûsculos someterlos a un ejercicio como êse, Kosmos es quien adelântase

en hacer la pregunta siguiente, a pesar de recibir un golpetazo en el pie de-

cho por haber soltado la parte del cartel que asîa con sus manos:

---Quê, señor, usted quiso ganarle a una tortuga, como Aquiles?

---No sê de quê estâs hablando---dice con pausa Evandro porque aûn respi-

raba.

---Contra, Kosmos, no estires tanto la cuerda: aflôjala!!

---Ya sê, didâscalos, mas usted sabe que las pruebas de saber son para mî

mâs que imprescindibles----dice Kosmos que dêjale saber a Evandro: co-

mo usted no me conoce desconoce una mîa forma funcional de enterarme

de lo que quiero saber; mas disculpe, que a la postre y al cabo de momen-

to me da igual lo que usted sepa o no. A ver, tômese su tiempo en respirar

y, cuano estê listo, si quiere o no hacer una pregunta asimismo me da igual.

----Ya creo que pueda hacerla, ya me siento en condiciôn de preguntar algo.

----Age entonces, amplifique la pregunta.

----Tû sabes por casualidad dônde el cazador debe entregar el bote?

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que yo ni sabîa y

que el cazador remaba. Y quê hace el cazador en un bote, cambiô de oficio?

----Hasta donde sê porque querîa estar fuera del alcance de Dolfopân Colun-

necio. Mas lo que ignora el cazador, es que cuatro bructeros lo vieron en Al-

bula, de lo que ya estâ enterado Dolfopân.

----Y por quê usted quiser ayudar al cazador, si ni tan siquiera lo conoce?

----Te revelo una cosa: cuando yo fui estando en al âgape a hacer una nece-

sidad, me encontrê al cazador frente a una puerta, la que segûn me dijo era

la  del cuarto del cibiosactes. Êl estaba con su gato, y al yo preguntarle quê

hacîa parado ahî, me respondiô que esperando a êste que pronto entrarîa por

la ventana con la ayuda de una escalera. Despuês de esto conversamos algo,

un poco, hasta que de repente alguien abriô la puerta por dentro y sûbito me

dijo: es mejor que vaya a ser su necesidad, que no es conveniente que nadie

lo vea. Por lo poco que hablamos me cayô bien êl, y es por eso que deseo y

ayudarlo.

---Eso de no ser conveniente que alguien lo viera es por motivos de la segu-

ridad de palacio---dice Kosmos que pregunta: usted tuvo el beneplâcito de

mi madre para penetrar en palacio?

---No!! Yo penetrê en êl sin eso que tû dijiste.

---Tuvo suerte de que no lo vieron los soldados bâtaros, porque lo hubieran

sacado de la corte a empellones. En lo atinente al lugar preguntado por us-

ted no sê nada de êl, mas sî que debe saberlo Angelicus, el que no me cabe

duda fue quien alquilôle la embarcaciôn.

---Y dônde puedo encontrar a ese Angelicus?

---Mire, ve usted ese camino a la izquierda suya?---pregunta Kosmos a la y

vez que lo señala.

----Claro que lo veo, y?

----Coja por êl, y mâs adelante aparecerân dos caminos mâs, uno hacia la de-

recha y otro hacia la izquierda...

----Y por cuâl de êstos me conduzco?

----Por el de la derecha, el que lo llevarâ directamente a la tienda de Angelicus.

----Te agradezco la informaciôn. Y me voy, que no debo perder tiempo. 

----Al avîo, al avîo!!---afirma Kosmos y vuelve a coger el cartel por la misma

parte.

----Kosmos, quê tû crees de la necesidad de Evandro, la de apepatêsen?---pre-

gunta el didâscalos filosôfico.

----Y risas de Kosmos.

 

             Mas lo rapsôdico que tiene que ver con lo triâdico metensomatosis-

metangismosis-palingenesia, trîada con una mathesis ( o matema ) que has-

ta dejarîa con sueño a la mâs conspicua criatura nocturna, fue pensado aco-

pas por Kosmos en el momento justo en que penetraba con el cuchillo en la

circularidad del pastel, pero sin que pudiera tan fâcilmente hallar el porquê

de tal pensar, porque en realidad nada tiene que ver la actividad que hace y

con  aquêllo, siendo êsta la razôn por la cual dêjale saber al didâscalos filo-

sôfico sobre lo que pasaba por su testa, y un tanto intempestivo por lo ante-

riormente dicho.

---Yo creo, Kosmos, que hay resonancias que, como tales, pueden aparecer

en cualesquier momentos por carecer de un programa que hâcelas posibles

o no. Pero dime una cosa: recientemente has estado pensando en pasos de

un cuerpo a otro, en la teorîa que sostiene el trasvase o en algo parecido?

----No con lo que usted acâbame de preguntar, mas sî con nuevos nacimien-

tos, carnes frescas o medidas juveniles.

---Lo que es parte de lo triâdico, su finalidad como proceso. Pero dime otra

cosa: cuâl fue el motivo o el aliciente de tu pensar en nuevos nacimientos?, 

que estâ de mâs que te diga que ningûn pensar sucede por gusto; que êste y

tenido nada tiene que ver con la tesis apoyada por los ôrficos.

----La tesis apoyada por los ôrficos!! Vaya lo que usted me ha recordado.

----Seguro que te lo recordê?

----Câspita didâscalos!!, que el hecho de que tenga buena nemôsine no quie-

re decir que me acuerde de todo, sino que mâs bien de una gran cantidad de

cosas, pero que una gran cantidad no es la totalidad. En lo atinente al moti-

vo de mi pensar dirîale lo siguiente: tuve un onîrico repetido: el de que con

los huevos en el pasillo secreto: recuêrdase usted de êl?

----El de los huevos que estaban en una caja?

----Êsa es la res, didâscalos, esos mismos.

----Queda ostensible que los huevos son hontanar de nacimiento, fuente de

pôstumos desarrollos corporales, y con êstos la carne que tû apellidaste fres-

ca.

----Carne fresca? Omnia quae secundum naturam sunt, aestimatum digna

sunt---deja saber el tîo de Kosmos que acababa de llegar.

----La naturaleza de la fresquedad no es el tema concreto de nuestra dialo-

gizaciôn, asi que, de momento, no es digna de estima---acentûa Kosmos.

----No lo serâ, pero: no encaja lo que dije con la conversaciôn entre ustedes?

----Hasta cierto punto sî, mas sôlo hasta êste y como tal de aquî no pasa.

----En fin, que me basta con que haya encajado hasta cierto punto. Y el pas-

tel quiên lo comprô?

----Es una dâdiva de tu esposa por mi cumpleaños---responde Kosmos.

----De tal palo tal astilla: los dos tienen buena memoria. Tû madre lo recuer-

da todo. 

----Gracias por tu olvido!!

----De nada, Kosmos, de nada!! Pero, felicidades!!

----Gracias de nuevo, pero êstas con mâs gracias---y risas de Kosmos.

----A pesar del olvido, me das un pedazo?

----Mondo lirondo que no niego un trozo. Mira, aquî tienes.

----Por el trozo gozo y doy las gracias!!

----Buen apetito!!























 



























 





  

Donnerstag, 11. Mai 2023

1130, 71.

               (tres dîas despuês)


            Dos remos en manos, aunque la direcciôn imprecisa, movîan al bo-

te que le alquilô el cazador a Angelicus, empero despuês de suplicarle a ês-

te que lo perdonara, aunque tambiên de prometerle que esta vez devolverîa-

le la embarcaciôn en el tiempo fijado; siete horas. Mas por quê esta sûmula

de horas y no menos o mâs? La correspondiente dilucidaciôn serîa, aunque

Angelicus no sûpola, que seguido a los cuatrocientos veinte minutos îrîase

Dolfopân  Colunnecio de Bedriaco con Jancia y con la nueva formaciôn de

la tribu germânica. En realidad tanto êsta como Jancia no eran el motivo de

la decisiôn tomada por el cazador de pasar estos minutos encima de la em-

barcaciôn en Albula, sino mâs bien Dolfopân, con quien tuvo una imagina-

ria  visiôn de que venîale encima y clavâbale en el pecho la espada dadiva-

da por Dido recientemente en el âgape. Pero ora entonces viene la segunda

pregunta: quê acarreô la visiôn imaginaria? Nada mâs y nada menos que y

los agaricus bisporus, pero no los que êl consumîa desde hacîa ya algo de

tiempo  (ocho años); los de su preferencia por ser ricos en proteina, sino y

que otros engendrantes de alucinaciôn y comprados a un vendedor ambu-

lante al por mayor y a un precio môdico, mas que por ser iguales notar la

diferencia  resultaba  cuasi imposible para los ôculos. Tendrîase que ver o

tener  en cuenta, ya que cualquiera al pensarlo tal vez acertarîa al dar con

la misma conclusiôn, que una visiôn imaginaria es tan sôlo eso, y asî pasa-

rîa sin dejar pernicio alguno, periclitamiento mortal, mas como el cazador

fue asimismo taumaturgo visiones como êstas mâs de una vez las tuvo du-

rante un periodo que apellîdase crîptico a pesar de no ser producidas por y

ningûn alucinôgeno, mas que aun asî con ellas estaba familiarizado: el en-

tramado del hombre cuenta con ciertas y determinadas reacciones que pro-

cesa la conciencia de forma muy particular, si no que ôntica.

         Pero aun siendo la direcciôn imprecisa la nemôsine guarda la imago

de una sûmula de hechos (si no que de todos aunque tal vez para recordar-

dar  algunos hiciera falta un esfuerzo mayor debido al momento que tuvie-

ron lugar) que enriquecieron la experiencia propia, o que sirvieron como y

una forma prâctica de aprendizaje de una mathesis concreta, la que de fac-

to en cuestiones de hechos pudiera presentar el mismo mas que de tal gui-

sa no en el mismo lugar. Y entonces el hecho del hundimiento de la barca

de Hagapajitas de Falogracia, el difunto barquero de Apragôpolis, de y la

ciudad del ocio, es recordado por el cazador en el instante preciso en que

êste divisa desde el bote el lugar del acontecimiento, y el acaecido deplo-

rablemente  por su  culpa mas sin que hubiese sido su intenciôn, que mâs

bien pasô por accidente y no por predeterminaciôn, por un câlculo del co-

gitations anticipadamente. A lo anterior ûnese la tragedia, o lo trâgico in-

deleble: el  sucumbimiento de dos  vidas mâs, la de Circe y la de Mêli, la

etera de Masalia. Mas si algo eludiôle el crecimiento al cien por ciento y

de un estado taciturno a raîz del recordamiento fue lo siguiente: que Kos-

mithôs, que asimismo estaba ese dîa en la barca, pudo salvar su vida, sa-

lir de la barca antes del hundimiento de êsta, lo que en realidad debe eter-

namente agradecer a la presencia acopas en la barca de Xabier, el grume-

te redomado y de Corônide, la bailarina pelirroja, y por el motivo de que

a êsta la corriente de Albula llevôle su esponja rosada, la que pudo recu-

perar Xabier al chocar con la madera de la barca susodicha y despuês de

haber nadado como nunca, y con mâs velocidad que Corônide, quien lo

seguîa a retaguardia sôlo con movimiento de brazos.

        Con esta reminiscencia no tuvo en cuenta el cazador una cosa: la y

exploraciôn del camino por cuatro bructeros previo a la salida de Bedria-

co de la nueva formaciôn de la tribu germânica, la que era garante de la

seguridad menester y de la tranquilidad tempestiva con las que los inte-

grantes de aquêlla pueden cabalgar con cierta y determinada soltura; de

hacerse  por ambos lados de Albula mâs dêbese a una improvisaciôn de

Dolfopân Colunnecio que a una forma concreta de estrategia militar; de

repeticiôn, si no, de consuno a basamentos establecidos en un reglamen-

to austero con los que los integrantes no estarîan en desacuerdo, en opo-

siciôn relativa dado a la sanciôn o el castigo que pudiera conducir un ac-

to de rebeldîa o de insubordinaciôn ante la autoridad correspondiente, in

casu el jefe, Dolfopân. Por lo que viênese diciendo [quedarîa ostensible

que] no era de extrañar que los cuatro bructeros hayan visto (sin ser vis-

tos) al cazador conduciendo el bote, encima de la embarcaciôn mâs del

todo ajenos al porquê de lo anterior, a la razôn o el motivo de que un ca-

zador, que no es un pescador, ocupara su tiempo en darle movimiento a

los remos, cuando en realidad donde deberîa estar era en el bosque esti-

rando cuerda y lanzando flechas a la bestia que caza su indefectible sus-

tento o a la que por desafîo plântase delante del que la va a cazar.


  


 















 



 




 

  




Mittwoch, 10. Mai 2023

1129, 70.

         Empero en lo que Kosmithôs buscaba el gusano de seda por la parte

izquierda de palacio, y bûsqueda que hacîa con la llegada de la aurora, el

oficial al mando de la guardia bâtara de recorrido barrûntale a Dido sobre

la colonia de gusanos blancos que salîan de la zona donde estaban los elê-

boros sembrados y dirigîanse a palacio, algo que diole pâbulo a la reina y

de hacer la siguiente pregunta: 

----Usted estâ seguro que tales gusanos vienen hacia acâ?

----Sî, majestad, sî, completamente seguro.

----Y quê yo pudiera hacer contra esa colonia?

----Ni idea majestad, que yo no tengo experiencias con gusanos.


      Entonces Kosmos escucha lo anterior, porque la distancia que separâba-

lo de su madre y del oficial no era muy larga, ademâs de tener mirîficos oî-

dos, algo ya sabido por todos los que conôcenlo. 

----Acabo de escuchar lo amplificado por usted, por lo que no me queda du-

da alguna de que el gusano de seda que botô Asonis por la ventana pertene-

ce a la colonia---dîcele Kosmos al oficial.

----No sê de lo que me estâs hablando, y mucho menos conozco a ese Aso-

nis.

----Es verdad lo que estâs diciendo, o es uno de tus inventos u ocurrencias?

----Câspita!! Es tan cierto como que onômome Kosmos, allende que fui tes-

tigo visual de lo que acabo de amplificar---dîcele Kosmos a Dido.

----Y por cuâl ventana lo botô, de cuâl cuarto?

----Por una de las que estân a la izquierda de palacio. Mas te digo mâs: Kos-

mithôs lo estâ buscando.

----Cômo? Y para quê? Quê interês tiene êl por ese gusano?

----Quiên mejor êl mismo para darte la respuesta exacta?

----Majestad, y disculpe la interrupciôn, ya me puedo retirar, que aûn estoy

de servicio?---pregunta el oficial.

----Puede retirarse, regresar a su trabajo---responde Dido y seguido pregûnta-

le a Kosmos: tû que tienes tan buenas ideas, se te ocurre alguna para detener

el avance de tal colonia?

----Mira que la idea pudiera ser un invento o una ocurrencia.

----Dêjate de ironîas y respôndeme la pregunta.

----Me parece que a Angelicus le interesarîa apoderarse de la colonia, ya que

al ser gusanos de seda les puede sacar provecho, lo que eso sî, tendrîa que co-

nocer a alguien que supiera de tejidos para sacar la seda.

----Verdad que sî, que es el ûnico que hay en Bedriaco que tiene una tienda y

que tiene que ver telas.

----Tiene no, porque no es la tienda de êl, sino de Sarambo.

----Tû con tus precisiones...

----Vaya perogrullada: tremenda!!---afirma Kosmos y rîe.

----Pero cômo puêdese coger una colonia de gusanos?

----Trabajo voluntario: todo el mundo a recoger gusanos.

----No!! Quê dices? Quê te parece esto: preguntarle a Angelicus a ver si sa-

be cômo.

----No quisiera subertimarlo, mas creo que de eso no sabe nada, pero si pre-

guntarle quieres...

----Le dirê al magister equitum que envîe un soldado a su tienda.

----Age, age!! Ah mira, ahî viene Kosmithôs con el Bombyx mori entre los

dedos.

----Despuês de una intensa bûsqueda lo encontrê, pero estâ muerto, y ya no 

tiene movimiento---dice Kosmithôs enseñando el gusano.

----Cômo tenerlo si ya no tiene vida?---pregunta Dido.

----Una suntuosa pregunta---dice irônicamente Kosmos.

----Y para quê tû quieres ese gusano?---pregunta Dido.

----No hay respuesta para la pregunta.

----Entonces bôtalo; o entiêrralo, si es que crees en la metempsicosis.

----Esa palabrita ya la he oîdo en la Kosmona.

----Te acuerdas, Kosmithôs: metensecosas!!

----Kosmos, quê es eso?---indaga Dido.

----Una palabra errada que yo dije una vez en la Kosmona en vez de me-

tempsicosis---responde Kosmithôs.

----Bueno, yo me voy a buscar al magister---dice Dido.

----El gusano que bôtase dos veces!!---afirma Kosmos.

----Y cômo tû sabes que lo botarê?

----Kosmithôs, porque yo sê que no lo vas a enterrar.

----Pensê que tû lo ûnico que sabîas era que no sabes nada, sin embargo sa-

bes que no lo voy a enterrar.

----Y risas de Kosmos que dice: muy bueno que te quedô: buenîsimo!!

----Pero, y dônde estân los participantes en el âgape?

----Todos se fueron yendo poco a poco en lo que tû buscabas el gusano.

----Pues me voy a dormir entonces, que ya es tarde.

----Buenos dîas, Kosmithôs!!

----Lo mismo te digo, lo igualito.




































 



 



 





Sonntag, 7. Mai 2023

1128, 69

      Mas si la demostraciôn de una pericia pedagôgica que (beneficiosamen-

te) acicata con un movimiento de rotaciôn incesante raramente en otra cosa

no termina que en sacar el ampo primordial, el engendrativo ûnico o exclu-

sivo  de la forma  que con el tiempo desarrôllase, y como tal no estâ exenta

de altura, tamaño y peso; la de jaez no didâctica, y al no enseñar mâs por y

cuestiones sensatas que por guardar un conocimiento por altivez o capricho,

elude que un giramiento dê a conocer su funciôn correspondiente a partir y

de basamentos establecidos por un orden creador ( o creativo). Mas la pre-

gunta serîa: como siendo demostraciôn no enseña por cuestiones de pruden-

cia? La respuesta solamente la pudiera dar Kosmos, empero como el didâs-

calos filosôfico dîjole a êste que mejor la respondiera cuando estuvieran en

la Kosmona, Kosmos estuvo de acuerdo mas dejando por anticipado dicho:

tendrân la oportunidad los contertulios de tener fastidio de testa.

     A raîz de escuchar lo ûltimo dicho, que por no ser lo primero estâ y mâs

cerca de una frescura semântica que de una senil por haberle seguido una re-

tahîla verbal a continuaciôn de la sûmula de puntos que aparecieron ineludi-

bles en un parâgrafo, cantidad de signos muy que del aprecio y del uso repe-

tido del hijo de su majestad, el tîo de êste dilucida que una pejiguera de testa

de facto es positiva siempre y cuando, o que por tanto conduzca a un reforza-

miento de la masa que analiza para exponer o el noumenôn certero o el posi-

ble o pôstumo desliz que serâ aliciente para que los interlocutores no dejen y

sin funcionamiento el magîn, sede que si no hontanar de las mayûsculas co-

ruscancias o de las coloraciones mâs ônticas, originales o sublimes, aunque

asimismo de los puzzles pincelados al servicio de lo que en potencia la ima-

ginaciôn tiene.

          Sobre el pucho, entonces, es para Kosmos llamada de atenciôn lo de

los puzzles pincelados, mas clarando que, para êl, son los que del magîn sa-

len en potencia menos que al servicio de lo que en potencia la imaginaciôn

tiene, como acaba de amplificar su tîo, porque de facto, de utilidad concisa

y de comprobado por los resultados obtenidos aquêllos no estân al servicio

de nada porque taxativamente caracen tanto de dueño como de imperativos,

de un cumplimiento con el cual estên sometidos a un deber indefectible. Lo

que sî podrîa ser es que el sujeto que los elabora es quien estâ al servicio de

los puzzles pincelados, sea igual por cuestiones de costumbre como por las

de repeticiôn, algo que bien saben los contertulios y aprecian.

---Esta agkhinoia tuya no deja de sorprenderme; me obliga a decir: eureka!!

---Câspita, didâscalos!! Dice usted: eureka!! Pues sabe cômo quedo yo?

---Cômo, Kosmos, con risas?

---Ora no, sino que esta vez encantado.

---Encantado por el hechizo que produce la palabra o por el kharis debido?

---Ve usted, ora sî que con risas quedo.

---Didâscalos, mi agradecimiento si usted (me) traduce esas dos palabritas.

---Kosmithôs, te la escribo en un papelito, pero con la condiciôn de que te

metas êste en uno de tus bolsillos.

---Un papelito mâs no hace nada, que ya tengo unos cuantos metidos.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Esto sî que es una 

conspicua novedad---dice Kosmos.

---Novedad o cambio, el que siempre perdura?

---Asimismo tienes en un papelito escrito una de las sentencias mayûsculas

del oscuro de Êfeso?

---No!! Me la aprendî por repeticiôn.

---Kosmos, nos reîmos juntos?---pregunta el didâscalos filosôfico.

---Êsa es la res, didâscalos. age la risa!!

---Y usted, Asonis, pudo dormir par de horas?

---No, didâscalos, porque me despertê antes por la cosquilla que me hacîa 

un gusano, el que segûn kosmos es de seda.

---Ustedes se pusieron de acuerdo para fastidiarme?

---Nada de fastidio, didâscalos, ya que es real lo del gusano.

---El que Asonis por la ventana botô por estar deshilachado----agrega Kos-

mos.

---Y cômo tû sabes que es de seda, Kosmos?---indaga el tîo de Kosmos.

---Por la leyenda de una emperatriz china onomada Xi Lingshi: la cuento?

---Deja deja, deja a Xi Lingski con su leyenda.

---Por cuâl ventana usted lo botô, Asonis?

---Kosmithôs, yo desconozco palacio, pero desde esta ventana se ve un sem-

brado de elêboros.

---Ah, entonces es por una de las ventanas de la parte izquierda de palacio.

---Y por quê preguntas, estâs interesado en êl...

----El Bombyx mori onômase êl--interrumpe Kosmos.

---Cômo, quê tû has dicho?---pregunta Kosmithôs.

---Y retorno de las risas.






















 



















   




 

 

Donnerstag, 4. Mai 2023

1127, 68

      Los aûreos pêtalos de Jancia fueron el tempestivo aliciente para que pa-

sarâ a la acciôn Dolfopân Colunnecio. En plena naturaleza, proyecciôn mu-

chitanto seductiva, ademâs contemplâbalos êste como dos componentes es-

peciosos con los cuales las manos tendrîan un suntuoso entretenimiento, un

rato lujurioso sobre una sâbana de seda perfectamente estirada, amên que y

por su suavidad la ideal o propicia para dejar en la piel una grata sensaciôn.

Mas habrîa que ver que si Jancia a horcajadas, una posiciôn que temperatu-

riza como Apolo a Egipto, Dolfopân acostado tenîa de frente el entramado

cândido, como si êste demostrase la pericia pedagôgica que acicata benefi-

ciosamente  con un movimiento de rotaciôn incesante, a su vez que adusto

y en funciôn de extraer el ampo primordial, al que sigue la efîmera joviali-

dad del semblante con efîmera risa. Ambos cumpliendo con la parte de un

programa que desde la alcheringa satisface sin refutaciôn alguna, sin resis-

tencia por iracundia o capricho, el tiempo como que dejaba de ser tenido y

en cuenta, valorado por la consciencia como el inexorable-ineluctable fac-

tor cuantitativo que tanto da como quita, que ubica a cada cual en el lugar

o sitio que pertenêcele, lo que sabe muy bien Fortuna y no es indiferencia

para las Parcas, de lo que sale la tejedura de êstas y de aquêlla la dadorîa

indefectible con la cual o travês de un mecanismo codificado equilibra la

existencia o hace  preponderable  un  ofrecimiento, lo que a primera vista 

ni a segunda puede ser inteligible tanto por razones subrepticias como por

crîpticas, mas siempre las menesteres en el sistema primero, polîgono pa-

ra el juego, la atracciôn y lo sistâltico: el ritmo de la vehemencia que ape-

llîdase acosante? 

         Mas en lo que sucedîa lo anterior, y en el cuarto contiguo, despertô-

se Asonis porque un insecto lipidôptero, y especialmente un Bombyx mo-

ri, hacîale cosquillas en la oreja derecha, Este acoso irresistible pûsolo de

tan  mal humor que lo primero que pensô fue coger el insecto, ponerlo en

el  suelo y apabullarlo con un pie, empero al ver un vaso de agua sobre la

mesa de noche sûbito cambiô el pensar, por lo que lo hacedero resultô ser

dejar caer al insecto en el agua para comprobar cuânto tiempo duraba con

vida en el agua. Non plus ultra de unos segundos, y en vez de sucumbir el

insecto, lo que pasô fue que comenzô a deshilacharse, razôn por la cual no 

pudo eludir asombrarse, como tampoco quedarse en el cuarto porque nun-

ca habîa sido testigo visual de algo asî. Entonces, y ya listo para salir de la

habitaciôn, unos toques inesperados en la puerta es el motivo de que dirîja-

se raudo a êsta.

----Ah eres tû, Kosmos? Quê, vienes para despertarme? Pues sabes quê?

Ya estaba despierto porque un insecto blanco me hizo cosquilla en la ore-

ja derecha; pero no para la cosa aquî, y por la que me asombrê, el insecto

en vez de morir comenzô a deshilacharse.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! De quê tû estas

hablando, Asonis? Aûn no te ha pasado el efecto del vino mezclado?

----No me crees? Mira ahî, en el vaso de agua que estâ en la mesa de no-

che---dice Asonis señalândola.

----Câspita, Asonis, y tû te asombraste por una cosa tan cosiata?---pregun-

ta Kosmos a la vez que miraba el vaso. 

----Tan cosiata has dicho? Dime, a ver, cômo es que un gusano se puede 

deshilachar sin morir?

----Has escuchado la leyenda de una emperatriz china, Xi Lingshi, la que

descubriô el secreto de la seda?

----Quê, y quê tiene que ver la seda ahora, Kosmos?

----Que este gusano es de seda, un Bombyx mori.

----De seda? A mî me pudiera parecer un gusano enfermo.

----De tal parecer tuyo reîrîase la susodicha emperatriz, la que era una bue-

na tejedora.

----En fin , kosmos, quê se puede hacer con el gusano?

----Una pregunta demasiado fâcil.

----Y cuâl es la respuesta si tû crees que no es difîcil la pregunta?

----Bôtalo por la ventana, que a lo mejor engûllelo el estrîgido.

----De acuerdo, Hago eso.


           Entonces, cogiendo el vaso de agua y acercândose a la ventana, Aso-

nis oye unos gemidos, mas desconociendo la identidad de la fêmina que los

emitîa, hasta que en un momento de pausa de aquêllos reconoce la voz y de

Dolfopân que dice:

----Si mis dedos fueran como un gusano arrastrarîanse por tus pêtalos, Jan-

cia; ademâs que, para hacer mâs deleitosa la ocasiôn, harîanle cosquilla por

largo rato a êstos.

----Vaya comparaciôn la tuya, Dolfopân, pero sabes una cosa?, no vuelvas a

mencionar la palabra gusano que no es de mi agrado---deja saber Jancia.

----Kosmos, sabes quiênes estân en gozo en el cuarto de al lado?

----Amplifique quiênes, Asonis, amplifîquelo!! 

----Dolfopân y Jancia.

----Câspita!! Bien que aprovechan el tiempo los dos, ambos inclusive: aca-

bâronse de conocer y ya estân jugando al lûdico de lo humectante: tremen-

do!!

----Son râpidos utilizando una materia.

----La materia de las materias!! Y ya usted botô el insecto lipidôptico de la

familia  Bomby cidae, una especie domesticada a partir de la polilla salvaje 

Bomby mandarina?

----Contra, Kosmos [...] sî, lo acabo de botar.

----Entonces regresamos al âgape, y que aquellos dos continûen con la asig-

natura de la salida de la espuma.

----Espuma, mar y arena, tres elementos que por asociaciôn excitan.

---Mondo lirondo que a la excitaciôn yo no me opongo, mas que conste que

lo ha dicho usted: recuêrdelo!!

---Retornamos al âgape?

----Age en plural, age!!































   









  


Montag, 1. Mai 2023

1126, 67.

          Mas en lo atinente al rapsoda, como si la verba fuese para êl el mag-

no imperio dadivado al hombre, y por lo mismo el hontanar primordial de

donde salen los mâs distinguidos basamentos y en cantidad las mâs puras

elucubraciones dignas de idolatrîa, aunque a veces sean rechazadas o des-

deñadas êstas o por transmitir un contenido demasiado plûmbeo o por so-

brepasar el lîmite de lo creîble o posible, enfatizaba el didâscalos filosôfi-

co que como sujeto del orbe enriquece tantîsimo el lenguaje, mas que tal

enriquecimiento tiene su debido o adecuado costo, o la tenencia de un va-

lor pernicioso--de la alcheringa tômase prestado el adjetivo peligroso mâs

para recalcar cierta y determinada reciedumbre que para dar a entender la

potencia vigorosa que harîa periclitar una vida--- que no demorarîa en en-

trar en liza con los escolarios mâs conspicuos o con los pensadores que se

apellidan românticos, y sî êstos por en vez de mirar las pêtreas en el cami-

no por contar estrellas y soñar con ilusiones, doble sîntoma de endeblidad

causal, o de que por complejo por la precariedad de un saber hacen todo y

lo posible por onomar futilidades, las descollantes dadorîas que en lo cir-

cular se comparten.

       Frente a este discurso, y lo que no era de esperarse, Asonis amplifica

la necesidad urgente de reparaciôn de una sûmula de fundamentaciones y

fragmentaciones con la herramienta semântica, que lo dominante no pasa

de ser un esfuerzo repasado por granjearse la aprobaciôn de los oîdos mâs

cercanos, y en momentos en que lo afrodîsiaco apodêrase de la testa en un

gran porciento; su funciôn al no ser otra como que cautiva a êsta hasta de-

jarla mâs para un dormir que en disposiciôn de mantenerse activa, lo que

es lo mismo a decir: dirîmile su participaciôn en el juego al mandarla con

Morfeo.  

       Y entonces lo primero que piensa Kosmos es que lo afrodisîaco ya es-

taba empezando a surtir efecto en la testa de Asonis, y que como tal o que

si no por lo mismo verdaderamente sî que pudiêrase hablar de una urgente

necesidad: la de dormir por lo menos par de horas. Y a continuaciôn dîcele

(a)quêl:

----La superficie plana en derredor de la estatua del Kuros pudiera servirle

para un solaz no muy largo.

----Kosmos, vas a empezar con tus burlas?

----Quê entonces, me rîo?

----A ver, dime: por quê no muy largo?

----Porque el remedio resultarîa peor que el padecimiento.

----Eso no es del todo cierto porque cada organismo es diferente.

----Que cada organismo no sea igual sî que es cierto del todo, mas no trâ-

tase del organismo sino de otra cosa.

----De cuâl?

----Dilucîdole despuês, mâs tarde!!

----Yo he comprobado que cuando tû dices eso es que no tienes la respuesta

exacta, por lo que al decirlo ganas tiempo para dar êsta.

----Câspita!! Al parecer sus comprobaciones no funcionan bien; que a usted

parêzcanle o buenas o fâcticas es una cuestiôn muy que ôntica.

----Kosmos, y lo que dijiste de que durmiera êl en la superficie plana en de-

rredor de la estatua es cierto?---indaga Dolfopân Colunnecio.

----No fue exactamente lo que dije, pero respôndole que nôtase que usted me

desconoce.

----Que no sea preciso no quiere decir...

----Le advierto, Dolfopân, no sea autoculpable usted de verse metido en un y

laberinto semântico---dice el didâscalos filosôfico.

----De autoculpable ser es mi problema, no?

----Sin discursiva refutable ninguna. Yo sôlo quise ponerlo al tanto de una si-

tuaciôn que pudiera acarrearse en el caso de abrirse una polêmica entre usted

y Kosmos.

----Polêmica? No quê va!! Quê dice? Prefiero los combates y no las polêmi-

cas.

----Y la polêmica no es un combate?

----Con la lengua no con la espada.

----No estâ mal su respuesta. Me doy cuenta de que piensa.

----Saben quê? Yo me aburro--dice Jancia que pregûntale a Dolfopân: quie-

res dar una vuelta en comido alrededor de palacio?

----Me gustarîa primero ver palacio por dentro.

----Ya eso debe autorizarlo Dido, que yo, que vivî algo de tiempo aquî, tuve

que pedirle permiso para entrar a ver a mis amigas âcraticas.

----Entonces ve y pregûntale si me da permiso.

----De acuerdo. Regreso enseguida. Espêrame aquî.

----De aquî no me muevo, me quedo inmôvil.

----Sabîa usted que en la inmovilidad asimismo hay movimiento?

----Cômo, Kosmos, cômo?

----Verbi gratia: quê hace un pensador?

----Pensar!!

----Y quê es pensar?

----Dilo tû mismo.

----Movimiento en la inmovilidad!!





 


























        


  

 

 

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...