Simultâneamente, y en palacio, Argos ocûpase de poner en libertad
a Endimiôn. Êste, y un tanto sin comprender el porquê de salir de la ergâs-
tula antes del tiempo considerado por la reina como el basto como castigo,
sûbito pregûntale a Argos la razôn de lo anterior, siendo entonces que êste
responde:
---Usted puede pisar el mundo nuevamente, pero debe irse de Bedriaco de-
finitivamente y lo mâs râpido posible, y no trate de esconderse que tempra-
no o tarde serâ encontrado: me ha entendido usted correctamente? Y mire,
estas monedas son un regalo de su majestad, asî que si pensaba decir: con
quê cuento yo para comprar un pasaje?, puede anular la pregunta y no ha-
cer mâs ninguna, Y no tengo mâs nada que comunicarle.
---Dele usted de mi parte las gracias a su majestad; dîgale, tambiên, que
me arrepiento por lo que hice, algo que no fue mi intenciôn pero que he-
cho ya estâ.
----Señor, ya es tarde para el arrepentimiento, asî que acâbese de ir, de y
largarse adonde usted le parezca mejor.
----Ya me fui, desaparezco inmediatamente.
Non plus ultra de diez minutos despuês, y ya un tanto sudado por
la pudiencia de los rayos apolîneos, Endimiôn divisa un lugar a la izquier-
da donde un colectivo de jinetes esperaban en la orilla de Albula a un bote
conducido por una persona que no podîa reconocer; mas otro a la derecha
desde donde un señor, irreconocible tambiên, agitaba un pañuelo blanco y
como un aviso a la persona que remaba parsimônicamente, y con una mo-
vimiento de brazo de derecha a izquierda. Sin entender nada de lo que es-
taba mirando a lo lejos, lo que como consecuencia trajo el despertar de su
curiosidad, Endimiôn siêntase posicionando su tafanario sobre un tronco
de madera de Junco con el objetivo concreto de ser testigo visual y de lo
que pasarîa finalmente, que a la postre y al cabo ni nada tenîa que hacer y
ni apuro por llegar a cualesquier partes del mundo, lo que traduce que ca-
reciendo de alguna actividad concreta y del estrês por ser puntual en igual
cuâl locaciones podîa darse el lujo de utilizar su tiempo en lo que diêrale
la gana. Unos quince minutos despuês ve que el bote va en recta direcciôn
hacia la derecha, o sea, hacia donde estaba el señor moviendo de un lado
a otro el susodicho pañuelo, y que a raîz de esto el colectivo de jinetes de-
ja de esperar el arribo del bote y abandona la posiciôn a la izquierda defi-
nitivamente. Sigue que Endimiôn, y aûn padeciendo de curiosidad, caute-
losamente arrumba sus pasos hacia donde estaba el señor y la criatura lle-
gada con el bote a la orilla de Albula, que conocer (a)mbos ciudadanos y
del mundo resultâbale relevante, segûn pensaba en lo que dirîgiase adon-
de estaban aquêllos, aunque importante sin saber por quê.
Mas yendo adonde querîa llegar, y a pesar de haber echado un vista-
zo general de la zona, Endimiôn queda sorprendido por la presencia muy
cerca de êl de la tribu germânica, como si êsta lo estuviese esperando des-
puês de haber salido acopas del bosque alrededor de Albula. Al pensar co-
rrer para ser êl quien metiêrase en el bosque, escucha la voz de uno de los
bructeros que dîcele:
---Señor, quêdese donde estâ y no intente hacer otra cosa que la de quedar-
se quieto, parado y sin movimiento, si es que no quiere que su vida pericli-
te.
A raîz de lo dicho es un solo jinete el que viene adonde estaba Endi-
miôn, el que ya estaba mâs recto que el asta clavado en donde celebraban
sus reuniones los ciento ocho jueces, o sea, los centunviros.
----Señor, usted creyô realmente que la tribu moviôse del lugar donde es-
taba sin una razôn? Cuâl es su nombre?
----Me llamo Endimiôn. Y usted quiên es y quiênes son los otros?
---Endimiôn, los otros son los bructeros y yo el jefe de la nueva formaciôn
de la tribu germânica, Dolfopân Colunnecio. Se puede saber que usted ha-
cîa observando lo que vio? Para quiên trabaja usted?
---Trabajê para su majestad Dido como cocinero en palacio, mas ahora me
tengo que ir para siempre de Bedriaco.
----Y por quê debe irse?
----Por algo que pasô con Arete, la novia del cocinero de Irlanda, el actual
cocinero de la corte.
----Y quê pasô con ella?
----Que tratê de cogerla como rehên para obligar a Dido a que me diese de
nuevo el puesto de trabajo.
----Me parece que usted podrîa convertirse en un buen guerrero. No le inte-
resarîa unirse a nosotros?
----Pero yo jamâs he cogido un arma con mis manos; la ûnica un cuchillo y
para picar o cortar lo debido en la cocina.
----Eso no es un problema, ya que cuasi todo se puede aprender.
----Y cuânto ganan los guerreros de su tribu?
----Le puedo asegurar que usted no se va a quejar por los beneficios que va
a recibir. Tiene usted otra cosa que hacer en otro lugar?
----De momento no tengo nada.
----Entonces, cuâl es su decir respecto a lo de unirse a la tribu?
----Si usted dice que no me voy a quejar por los beneficios me parece que y
estarîa de acuerdo en irme con ustedes.
----Muy bien!! Entonces venga, que le darê un caballo de los tres que, como
reserva, tenemos. Sabe usted montar a caballo, no?
----Si no se me ha olvidado sî.
----Ahora me suena usted un poco gracioso. Venga, venga y dêjese de bromas.
----Y dîgame: por quê esperaba la tribu a la persona que conducîa el bote?
----Por algo sucedido en el pasado: la muerte de mi padre Pandolfo Colunne-
cio.
----No, verdad que usted es el hijo de Pandolfo?
----Asî es!! Quê, conociô usted a mi padre?
----No en persona, mas sî escuchê varias veces su nombre.
----Bueno, estâ bien. Y ya vâmonos, que ya es hora de irnos y el viaje es algo
largo.
----Adônde?
----A la ciudad del ocio: Apragôpolis!!
----Quê bien!!, asî me ahorro las monedas que me dio Dido al no tener que y
comprar el boleto del navîo.
----Cômo, que Dido le dio monedas? Increîble!
----Le cuento por el camino, le cuento.
A continuaciôn de ida la tribu germânica, salen del bosque el cazador y
Evandro de Atella, mas sin comprender aquêl el porquê de que la tribu haya
decidido dejarlo de esperar en la orilla de Albula, aunque asimismo ignoran-
do cômo fue que supo Evandro que êl estaba en el bote.
----Escuche, cazador. Me enterê por uno de los bructeros que tienen la espe-
cîfica funciôn de hacer un recorrido antes de que de la tribu abandone el lu-
gar donde estâ, y en el momento en que decîaselo a Dolfopân, de que usted
estaba aquî en Albula, pero no del lugar por donde saldrîa una vez dejado y
el bote. Fui entonces a la Kosmona, y como no me supieron decir ni el di-
dâscalos filosôfico ni Kosmos dônde estaba el susodicho lugar, êste me di-
jo que fuera a ver a Angelicus, algo que hice y por lo que estoy aquî. Y al
respecto de lo de la tribu no tengo una respuesta, desconozco completamen-
te el motivo de su partida.
----Sabe usted, Evandro, a mi esto me parece muy raro, no encaja con los y
bructeros. Aquî hay laguna, un misterio [...] impera lo crîptico.
---Pero, cazador, no es lo mâs importante de que tribu no le haya hecho na-
da?
----Claro que lo importante es indefectible, pero aun asî yo siempre trato de
entender, nunca me gustô quedarme en el aire, sentado en las nubes, etc.
----Etc? Le quedan aûn reservas metafôricas?
----Sî!!, aunque no sea un contertulio.
----Cree usted que tales reservas sôlo sean un monopolio de êstos?
----No creo que sea la palabra exacta monopolio. Pero en fin, Evandro, en
fin, que el entendimiento siempre es posible en algûn momento. Y dîgame:
le gustarîa tomarse unos tragos?
----Mire usted quê causalidad. En lo que agitaba el pañuelo pensaba en la
taberna de la ciudad del ocio; serâ que la extraño?
----Evandro, la costumbre es la madre de cuasi todos los vicios.
----Pero la costumbre mîa no es la de tomar, sino que mâs bien la de hablar
con los biberius.
----No me vaya a decir usted que no se toma de vez en cuando, y con êstos,
unos traguitos, decir que no le creerîa.
----De vez en cuando no es siempre, y lo que no se hace siempre no es una
costumbre.
----Usted habla ahora como los contertulios, como êstos.
----De acuerdo, cazador, vamos por los traguitos. Hay una buena taberna y
aquî en Bedriaco?
----En realidad la que hay es una, y buena: la del copero de Apragôpolis.
----Cômo, acaso no es Sarambo tal copero?
----Sarambo no es el dueño de la taberna de Apragôpolis; le paga un alqui-
ler (a)quêl para utilizarla.
----Acabo de entender.
----Entonces quê, vamos?
----Sin oposiciôn ninguna. Y estâ muy lejos de aquî la buena y ûnica taber-
na que hay?
----Aquî en Bedriaco todo estâ cerca; no son grandes las distancias; lo se-
parable entre un punto y otro se camina en pocos minutos.
----Perfecto, que yo no soy amante de un largo caminar.
----No le gustarîa mudarse para acâ?
----De momento vamos a la taberna,
----Pues andando, aunque sudemos un poco.
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