Diez minutos despuês llegaron el cazador y Evandro de Atella a la ta-
berna de Bedriaco, y ambos tan empapados de sudor que cualquiera de los
presentes en êsta pudiera pensar de ellos que en vez de caminar habîan co-
rrido, aunque con la convicciôn con fijeza de que de deportistas no tenîan
nada, lo que no traduce que por carecer de una preparaciôn adecuada el y
râpido moverse resultara imposible. Contra este sudar opulente cuâl elixir
mejor que una bebida bastantemente frîa, pero no habrîa que olvidar una
indeleble y sencilla cosa: ninguno de los dos eran amantes ni de la bebida
que no fuese caliente ni de la servida en un vaso o copa expuesta a perder
su potencial al tener dentro trocitos de hielo, lo que allende significarîales
un tempestivo sacrilegio, aunque mâs a Evandro que al cazador. Entonces,
y para eludir la salida de mâs sudor, o de sentirse el cuerpo doblemente ca-
liente por la dadorîa de Baco, deciden esperar a estar menos sudados para
empezar a tomar la dadorîa susodicha, y en uno de los sucuchos con mâs
sombra del local, lo que es lo mismo a decir en uno garante totalmente de
la escasez de una lumbre en el techo, Mas en lo que esperaban, amên que
exentos de la pertinente verba con la que la espera resultarîa menos ingra-
ta, el cazador escucha dos personas que dialogaban con fuerza de voz del
todo diferente, algo que no dêbese a otra cosa que por pertenecer una y a
una mujer, y la otra a un hombre, y que si siendo la de êste la del tocador
del crôtalo Antîmaco de Ocamitan; la de aquêlla la de Konfuza, la propie-
taria del guacamayo polîcromo, como ya sâbese. A raîz del reconocimien-
to no dilaciona en decir el cazador:
----Habrîa que ver que el mundo es pequeño. Quiên me iba a decir a mî y
que me encontrarîa con dos criaturas conocidas en esta taberna.
----De cuâles criaturas tû hablas?---pregunta Evandro de Atella.
----De nosotros, señor, de nosotros; de ella y de mî---responde Antîmaco
que pregûntale al cazador: y acaso Bedriaco es un mundo grande?
----Evidente-ostensible-indubitable que no, Antîmaco; es tan pequeño co-
mo sus distancias. Quê tal, cômo estân ustedes? Tiempo que no los veîa.
----Nosotros siempre, o cuasi siempre igual---responde Antîmaco.
----Y cômo estâ el guacamayo polîcromo?
----Cada vez con mâs pejigueras, pero aûn con vida; mâs viejo, cosa lôgi-
ca e inevitable, pero aûn nos entretiene, nos alivia el tedio de las horas, de
los dîas---responde Konfuza.
----Cazador, y êl quiên es, un amigo suyo o un nuevo contertulio?
----Ni la primera cosa aûn ni la segunda. Su nombre es Evandro de Atella
y estâ aquî en Bedriaco de paso, ya que reside en la ciudad del ocio.
----Encantado, Antîmaco, un gusto en conocerlo---dice Evandro de Atella.
----Yo le digo lo mismo---dice Konfuza.
----Y yo le digo lo que acaba (de)cir Konfuza---dice Antîmaco.
----Y dîgame, Antîmaco: frecuentan ustedes a menudo esta taberna?--pre-
gunta el cazador.
----Cuando no nos soportamos pasamos por aquî, o cuando nos fajamos y
por mayûsculas tonterîas
----Mayûsculas tonterîas?---pregunta Evandro de Atella.
----Nosotros hacemos una distinciôn entre las minûsculas y las mayûsculas
tonterîas, y sî aquêllas son dignas de risa; êstas de seriedad, o de tener una
conducta circunspecta---responde Antîmaco de Ocamitan.
----Bueno, primera vez que oîgo lo de la distinciôn.
----Y ûltima, porque como ya lo sabe no lo repetimos, y no creo que la oiga
de otro porque no la sabe; es una muy de nos.
----Ah, sabe usted latîn?
----Lo ûnico que sê es eso, y como tal lo ûnico que puedo decir. Y por quê
estân ustedes tan adentro de la sombra?
----Por cuestiones del sudor: en cuanto nos sequemos empezamos con el vi-
no---responde el cazador.
----Y por quê estân ustedes tan mojados?---indaga Konfuza.
----Por el calor que hay: insoportable-desagradable!!
----Eso es una consideraciôn o una valoraciôn.
----Es usted filôsofa, Konfuza?---pregunta Evandro de Atella.
----De ser algo sôlo fui concubina, mas nada que eso.
----Y acaso hoy no eres ama de casa?---pregunta Antîmaco de Ocamitan.
----No empieces con tus bromas, las que son mayûsculas tonterîas.
----Cuando estên secos me dicen, que pago la primera ronda---deja saber An-
tîmaco de Ocamitan.
----Gracias por el pago!! Le avisamos---dice el cazador.
----Muy humano de su parte, demasiado humano---acentûa Evandro de Atella.
(paso de la voz que los presentes no escuchan)
Pero el humano demasiado humano, pudiêrase dejar de tener en cuenta
en el instante en que el sî mismo deja de considerar actitudes externas para pa-
sar a ser êl mismo un objeto de la percepciôn interna, lo que de facto no es otra
cosa que la forma mâs paradigmâtica de la que êl vâlese para ser de inmediato
o foco de atenciôn o utilidad imprescindible para mantener activo un campo de
acciones mûltiples. Si estas acciones mûltiples son dadoras de lo menester que
facilita el desarrollo del potencial ôntico, asimismo son las acarreantes del im-
pulso escênico con el que el agente demuestra un rol determinado (fuerte o dê-
bil de momento da igual) en el escenario del mundo, baricentro que de ôrdago
brinda buena acogida a todo lo que en funciôn histriônica aboga lo kathârsico
que proporciona efîmeramente la tragedia, la que al ser posible en cualesquie-
ra partes pasa por alto la exigencia de llevar coturnos, aunque no la de la care-
ta para el semblante de jaez indefectible.
Siete minutos despuês, y a raîz del decir de Evandro de que ya estaba
del todo seco, el cazador dêjale saber a Antîmaco de que tanto êl como aquêl
ya estaban listos para empezar a beber la primera ronda de copas. Inmediata-
mente Antîmaco eleva el brazo con el objetivo de que el copero supiera de la
sûmula de copas a traer revelada por los dedos, la que no es otra que exacta-
mente la de cuatro. Ya lista la bandeja con la sûmula susodicha, algo que hi-
zo en menos de dos minutos, el copero abandona la barra para arrumbar sus
pasos adonde deberîa llegar, mas teniendo mucho cuidado al meterse entre y
los asiduos al local, ya que al ser unos cuantos el espacio que quedaba para
pasar era tan angosto que el colisionar serîa posible, a pesar del pedir cuasi
gritando el correspondiente permiso, o el siguiente repetido aviso con alza-
miento de la voz: atenciôn, que porto una bandeja en la que llevo cuatro co-
pas.
----Copero, que usted se ha demorado mâs en llegar que en llenar las copas.
----Antîmaco, es que a esta hora cuasi siempre resulta difîcil trasladarme de
la barra a las mesas verticales. No ve usted lo repleto que estâ el local?
----No hace falta la respuesta porque aûn no he quedado ciego. Mire, cope-
ro, este señor se llama Evandro de Atella, y es paisano suyo.
----Ah, de la ciudad del ocio. Mucho gusto, Evandro---dice el copero.
----Igual le digo, copero, igual---dice Evandro dândole la mano.
----Y quê me dice usted de mi taberna allî, cômo la lleva Sarambo?
----A mî me parece que bien, aunque no soy de ir todos los dîas.
----La atiborran aûn los biberius?
----Los dîas que he ido ha estado atiborrada de êstos, y cuasi como aquî
que no puêdese caminar.
----Se da cuenta usted, Antîmaco, que no es mi intenciôn demorarme con
los pedidos?
---Ya sê la causa por ser testigo visual, pero no lo tome usted muy en serio,
que lo que le dije fue jugando.
----Quê, Antîmaco, se contagiô usted con los contertulios?
----No, claro que no!! Pero, copero, sôlo juegan los contertulios?
---Claro que no!!, que la pregunta es parte de mi juego con los clientes.
---Y risas de Antîmaco y de Konfuza.
----Evandro, y cuânto tiempo se queda usted en Bedriaco?---indaga el cope-
ro.
----Como mismo me trajeron sin ningûn plan de venida, me îrîa exento de
un plan de regreso.
----Lo trajeron, quiênes?
----La nueva formaciôn de los bructeros de la tribu germânica bajo el man-
do de Dolfopân Colunnecio.
----Como que entonces estuvo usted obligado a venir?
----Como que entonces no, ya que vine obligado.
----Y eso por quê?
----Por una breve historia que se me harîa larga de explicarla ahora.
----Una parte de la historia es la siguiente: por yo haberle disparado una y
flecha al padre de Dolfopân---dice el cazador.
----Y quiên es ese padre?
----Pandolfo Colunnecio!!
----Espere un momento, cazador. Ese no es el que sucumbiô la noche de y
una comida en palacio?
----Correcto!! Y cômo usted lo sabe?
----Cômo es posible no saber algo trabajando en un lugar donde hablan y
comentan una gran cantidad de lenguas?
----Entiendo, entiendo.
----Y usted, Konfuza, cômo estâ?---pregunta el copero.
----No tan mal para quejarme ni tan bien para reîrme.
----Lo que entiendo que estâ en un lugar intermedio, no?
----Ha entendido usted bien.
----Bueno, clientes, ahora debo dejarlos porque debo regresar a la barra.
Buena estancia en mi local, y si desean otra ronda sôlo tienen que levantar
el brazo.
----Le aseguro que el brazo serâ levantado varias veces, oh sî, seguro que
sî!!---dice Antîmaco de Ocamitan.
----Vaya quê buena noticia!!
----Si yo fuera copero, copero, dirîa lo mismo.
----Y risas del copero que dice: entonces espero por el levantamiento prô-
ximo del brazo.
----Y risas del cuarteto.
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