Mas en lo que Kosmos y el didâscalos filosôfico ocupâbanse con la ac-
tividad de volver a colgar el cartel en su lugar justo, de manera furtiva entê-
rase Evandro de Atella de que Dolfopân Colunnecio esperaba al cazador en
el lugar donde êste deberîa de regresar con el bote. No dilaciona entonces y
en arrumbar sus pasos a la Kosmona con el têlos especîfico de hacer la per-
tinente pregunta para saber dônde era que estaba el susodicho lugar, ya que
êl de Bedriaco no conocîa nada. Diez minutos despuês llega a la instituciôn
cuasi con la lengua afuera, lo que traduce que tan agitado que, para cumplir
con el fin que trâjolo aquî, tuvo primero que respirar varias veces profunda-
mente para estabilizar el normal funcionamiento de sus pulmones. Empero
en lo que respiraba como lo hacîa, y por lo que podrîa pensarse que en vez
de caminar habîa corrido, algo allende un tanto intempestivo porque ni era
tan joven ni contaba con una condiciôn de atleta como para a sus piernas y
mûsculos someterlos a un ejercicio como êse, Kosmos es quien adelântase
en hacer la pregunta siguiente, a pesar de recibir un golpetazo en el pie de-
cho por haber soltado la parte del cartel que asîa con sus manos:
---Quê, señor, usted quiso ganarle a una tortuga, como Aquiles?
---No sê de quê estâs hablando---dice con pausa Evandro porque aûn respi-
raba.
---Contra, Kosmos, no estires tanto la cuerda: aflôjala!!
---Ya sê, didâscalos, mas usted sabe que las pruebas de saber son para mî
mâs que imprescindibles----dice Kosmos que dêjale saber a Evandro: co-
mo usted no me conoce desconoce una mîa forma funcional de enterarme
de lo que quiero saber; mas disculpe, que a la postre y al cabo de momen-
to me da igual lo que usted sepa o no. A ver, tômese su tiempo en respirar
y, cuano estê listo, si quiere o no hacer una pregunta asimismo me da igual.
----Ya creo que pueda hacerla, ya me siento en condiciôn de preguntar algo.
----Age entonces, amplifique la pregunta.
----Tû sabes por casualidad dônde el cazador debe entregar el bote?
----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que yo ni sabîa y
que el cazador remaba. Y quê hace el cazador en un bote, cambiô de oficio?
----Hasta donde sê porque querîa estar fuera del alcance de Dolfopân Colun-
necio. Mas lo que ignora el cazador, es que cuatro bructeros lo vieron en Al-
bula, de lo que ya estâ enterado Dolfopân.
----Y por quê usted quiser ayudar al cazador, si ni tan siquiera lo conoce?
----Te revelo una cosa: cuando yo fui estando en al âgape a hacer una nece-
sidad, me encontrê al cazador frente a una puerta, la que segûn me dijo era
la del cuarto del cibiosactes. Êl estaba con su gato, y al yo preguntarle quê
hacîa parado ahî, me respondiô que esperando a êste que pronto entrarîa por
la ventana con la ayuda de una escalera. Despuês de esto conversamos algo,
un poco, hasta que de repente alguien abriô la puerta por dentro y sûbito me
dijo: es mejor que vaya a ser su necesidad, que no es conveniente que nadie
lo vea. Por lo poco que hablamos me cayô bien êl, y es por eso que deseo y
ayudarlo.
---Eso de no ser conveniente que alguien lo viera es por motivos de la segu-
ridad de palacio---dice Kosmos que pregunta: usted tuvo el beneplâcito de
mi madre para penetrar en palacio?
---No!! Yo penetrê en êl sin eso que tû dijiste.
---Tuvo suerte de que no lo vieron los soldados bâtaros, porque lo hubieran
sacado de la corte a empellones. En lo atinente al lugar preguntado por us-
ted no sê nada de êl, mas sî que debe saberlo Angelicus, el que no me cabe
duda fue quien alquilôle la embarcaciôn.
---Y dônde puedo encontrar a ese Angelicus?
---Mire, ve usted ese camino a la izquierda suya?---pregunta Kosmos a la y
vez que lo señala.
----Claro que lo veo, y?
----Coja por êl, y mâs adelante aparecerân dos caminos mâs, uno hacia la de-
recha y otro hacia la izquierda...
----Y por cuâl de êstos me conduzco?
----Por el de la derecha, el que lo llevarâ directamente a la tienda de Angelicus.
----Te agradezco la informaciôn. Y me voy, que no debo perder tiempo.
----Al avîo, al avîo!!---afirma Kosmos y vuelve a coger el cartel por la misma
parte.
----Kosmos, quê tû crees de la necesidad de Evandro, la de apepatêsen?---pre-
gunta el didâscalos filosôfico.
----Y risas de Kosmos.
Mas lo rapsôdico que tiene que ver con lo triâdico metensomatosis-
metangismosis-palingenesia, trîada con una mathesis ( o matema ) que has-
ta dejarîa con sueño a la mâs conspicua criatura nocturna, fue pensado aco-
pas por Kosmos en el momento justo en que penetraba con el cuchillo en la
circularidad del pastel, pero sin que pudiera tan fâcilmente hallar el porquê
de tal pensar, porque en realidad nada tiene que ver la actividad que hace y
con aquêllo, siendo êsta la razôn por la cual dêjale saber al didâscalos filo-
sôfico sobre lo que pasaba por su testa, y un tanto intempestivo por lo ante-
riormente dicho.
---Yo creo, Kosmos, que hay resonancias que, como tales, pueden aparecer
en cualesquier momentos por carecer de un programa que hâcelas posibles
o no. Pero dime una cosa: recientemente has estado pensando en pasos de
un cuerpo a otro, en la teorîa que sostiene el trasvase o en algo parecido?
----No con lo que usted acâbame de preguntar, mas sî con nuevos nacimien-
tos, carnes frescas o medidas juveniles.
---Lo que es parte de lo triâdico, su finalidad como proceso. Pero dime otra
cosa: cuâl fue el motivo o el aliciente de tu pensar en nuevos nacimientos?,
que estâ de mâs que te diga que ningûn pensar sucede por gusto; que êste y
tenido nada tiene que ver con la tesis apoyada por los ôrficos.
----La tesis apoyada por los ôrficos!! Vaya lo que usted me ha recordado.
----Seguro que te lo recordê?
----Câspita didâscalos!!, que el hecho de que tenga buena nemôsine no quie-
re decir que me acuerde de todo, sino que mâs bien de una gran cantidad de
cosas, pero que una gran cantidad no es la totalidad. En lo atinente al moti-
vo de mi pensar dirîale lo siguiente: tuve un onîrico repetido: el de que con
los huevos en el pasillo secreto: recuêrdase usted de êl?
----El de los huevos que estaban en una caja?
----Êsa es la res, didâscalos, esos mismos.
----Queda ostensible que los huevos son hontanar de nacimiento, fuente de
pôstumos desarrollos corporales, y con êstos la carne que tû apellidaste fres-
ca.
----Carne fresca? Omnia quae secundum naturam sunt, aestimatum digna
sunt---deja saber el tîo de Kosmos que acababa de llegar.
----La naturaleza de la fresquedad no es el tema concreto de nuestra dialo-
gizaciôn, asi que, de momento, no es digna de estima---acentûa Kosmos.
----No lo serâ, pero: no encaja lo que dije con la conversaciôn entre ustedes?
----Hasta cierto punto sî, mas sôlo hasta êste y como tal de aquî no pasa.
----En fin, que me basta con que haya encajado hasta cierto punto. Y el pas-
tel quiên lo comprô?
----Es una dâdiva de tu esposa por mi cumpleaños---responde Kosmos.
----De tal palo tal astilla: los dos tienen buena memoria. Tû madre lo recuer-
da todo.
----Gracias por tu olvido!!
----De nada, Kosmos, de nada!! Pero, felicidades!!
----Gracias de nuevo, pero êstas con mâs gracias---y risas de Kosmos.
----A pesar del olvido, me das un pedazo?
----Mondo lirondo que no niego un trozo. Mira, aquî tienes.
----Por el trozo gozo y doy las gracias!!
----Buen apetito!!
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