Mittwoch, 31. Mai 2023

1136, 77

       (en palacio)


           Mâs por cuestiones de posesiôn que por expandir un poderîo mili-

tar  por el mundo,  en el extranjero y en funciôn de un reglamento fêrreo, 

es que Dido comprô la propiedad de una pequeña sûmula de localidades 

que, como herencia, oficialmente pertenecîan a Dolpofân Colunnecio, y

que estaban en una condiciôn tan paupêrrima que la vida de sus habitan-

tes siempre estaba expuesta o al contagio viral o al padecer alguna enfer-

medad  de jaez desconocida. Empero si a lo anterior agrêgase la escasez 

de arquîatras, insuficiencia  que ostensiblemente hace mâs perniciosa la

existencia de los susodichos habitantes, el problema de la salud complî-

case que si no multiplîcase, por lo que entonces deberîa tener prioridad

el tema o el asunto de cômo garantizarles a êstos por lo menos una bue-

na  alimentaciôn, base primordial contra cualesquier endeblidades del y

organismo. Quedarîa por resolver la cuestiôn del mal estado de los seni-

les caminos, ya que sobre tantos huecos juntos no avanza ni una carreta

halada por un burro, como asimismo la de la destrucciôn de una gran y

cantidad  de canteras utilizadas por las inveteradas huestes como lugar

favorable o ideal para hacer celadas, mas despuês de quedar olvidadas

y ya no cumplir con la funciôn (caracterizante) que caracterîzales.

        En lo atinente al tiempo en que estas canteras eran explotadas para

extraer el mineral correspondiente, el cibiosactes recuerda una viejîsima

leyenda en la que la ninfa del âlamo negro fue encontrada durmiendo en

una cantera de piedra pizarra, mas que al ser una de las camenas ademâs

que  esposa de Numa Pompilio, el amparado por Jûpiter, no fue desperta-

da hasta que inesperadamente êste vino a buscarla. 

----Cibiosactes, y de dônde usted sacô esta leyenda, la que jamâs habîa

oîdo?---pregunta Dido.

----De la vulgata, majestad, pero la alejandrina.

----Cômo que de la vulgata alejandrina? Quê tiene que ver una de las nin-

fas del sêquito de Venus en Alejandrîa?

----Eso mismo me preguntê yo en su momento, aunque tambiên: cômo y

fue posible que la ninfa del âlamo negro se quedara dormida en la susodi-

cha cantera?

----Sabe usted una cosa, cibiosactes?

----Cuâl, majestad, cuâl?

----Que esa leyenda no es muy creîble amên que estrafalaria.

----Estrafalaria? Vaya palabrita, vaya ella!!

----Es muy del gusto de Kosmos, aunque no sê actualmente cuântas veces

la repite, en el caso de que la siga usando.

----Majestad, y si no la usa, aunque sea de su gusto, no la puede repetir.

----Cibiosactes, no la podrîa repetir con la lengua si no la usa, aunque sî y

con la testa incorparada a un pensamiento.

----No habîa pensado en este uso. Mire usted, majestad, llegan los dos sol-

dados con el bructero que usted mandô buscar. Necesita usted algo, preva-

lece algûn antojo de comida o bebida?

----Ni necesidad ni antojo. Asî que puede retirarse.

----A su edicto, majestad, a su edicto!!


          Media hora despuês, treinta minutos muy que bien utilizados con una

somera mâs dadora verba, Dido queda informada sobre dos cosas: la pacifi-

cidad de Dolfopân Colunnecio al saber del ônoma del cazador, y de la ines-

perada propuesta de êste a Endimiôn de incorporarse a la tribu germânica.

----En una conversaciôn a puerta cerrada, y en este mismo salôn de los reci-

bimientos, yo le revelê a su jefe el nombre del cazador---dice Dido.

----Ah, entonces fue usted quien se lo dijo. Yo le acabo de explicar al caza-

dor, digo, a Quinto Mucio Escêvola, el porquê de que Dolfopân dejara y de

esperarlo en la orilla de Albula.

----Le acaba de explicar? Explîquese.

----Mire usted. Yo fui a la taberna donde no sôlo estaba el acabado de nom-

brar, sino tambîen Evandro de Atella, Antîmaco de Ocamitan y Konfuza, y

claro estâ, ignorando totalmente la presencia de êstos...

----Y cômo usted supo que el cazador estaba en la taberna?

----Crêame usted, la tribu germânica tiene su mêtodo de pesquisa.

----La tribu o alguno de sus integrantes?

----Exacto!! Algunos de los bructeros, no todos.

----Bueno, aquî estâ el peculio que le debo pagar a su jefe, la cantidad exac-

ta de sestercios que quedê con êl en darle---dice Dido entregando una bolsi-

ta.

----Quede usted segura de que llegara a las manos de Dolfopân tan llena co-

mo estâ.

----De que llegue o no no es mi problema, si acaso su resposabilidad; no y

tendrîa nada que ver ni con su pêrdida ni con nada otra cosa, que de mi par-

te cumplî con lo prometido, a cabalidad con lo que quedamos respecto y al

precio.

----Se nota que usted no me conoce. Y en fin, que me voy, que debo regre-

sar hoy mismo a la ciudad del ocio, donde me espera Dolfopân.

----Pues cumpla usted con lo que tiene que hacer. Adiôs y buen viaje!

----Gracias, gracias!!
















 
















 



  



































































lizar las mâs increîbles celadas.  


  

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...