Y en lo que los contertulios continuaban con el indefectible lûdico en la
instituciôn, Kosmithôs encuêntrase con dos criaturas en medio del camino y
una ayudando a la otra a levantarse del piso, allende que de escuchar por la
que lograba poco a poco ponerse vertical, alcanzar con parsimonia el indis-
pensable equilibrio para seguir caminando hacia el lugar que debîa o querîa
llegar, las mismas dos palabras que oyô decir al didâscalos filosôfico: tîpota
parakalô. Empero lo que mâs llâmale la atenciôn, y a raîz de que la criatura
caîda pusiêrase del todo de pie, fue nada mâs y nada menos que el naturalî-
simo estado en que estaba--el onomado por Kosmos "a toda flor"---y como
tal expuesto o a la crîtica eufemîstica o a la ineludible risa.
---Y tû quiên eres, que nos miras con jeta de no sê quê?
---Yo soy Kosmithôs, el hijo de Kosmos y nieto de la reina Dido.
---No me digas que tû eres êse? No hace mucho conocî a tu hijo Kôs en ca-
sa de Antîmaco y de Konfuza.
---Ah, entonces ya lo conociô. Y ustedes quiênes son?
---Mi nombre el Malerei y êl es un gimnosofista que se desplomô por cues-
tiones de hambruna.
----Un placer en conocer al nieto de su majestad---dice el gimnosofista.
----Estâ bien, señor, estâ bien. Pero dîgame: por quê estâ usted en tal esta-
do?
----Porque soy un gimnosofista.
----Y a usted no le da pena ser eso, estar asî?
----Has dicho pena? Desconozco esa palabra; no existe en el mundo de los
gimnosofistas.
----Y quê le trae por Bedriaco?
----Unos cursos que hay en la chismona, gratis.
----Señor, no es la chismona sino la Kosmona, y de gratis nada, ya no lo son
y aûn no han empezado.
----No me digas eso, verdad? Quê ingrata noticia; nada gaya y no alegra.
----Pero señor le puedo adelantar que en ese estado usted no puede entrar en
la Kosmona.
----Y cômo tû puedes adelantarme eso?
----Porque yo soy uno de los contertulios.
----Pero no el responsable de ella, no?
----El responsable es mi padre, Kosmos.
----Yo me ocupo de hablar con êl, dêjamelo a mî, que yo con la palabra soy
muy bueno.
----La palabra. Si usted supiera que êsta participa en una fiesta constante en
la Kosmona, o mejor dicho, en un juego que forma parte de la fiesta institu-
cional, tal vez pudiera comprender que lo que diga a mi padre no va a tener
efecto aunque usted no sea malo con el manejo de la oratoria, que si no del
logos.
----Bravo muchacho, bravo!!
----Bravo yo? Quê va, quê dice? En todo caso justo.
----Justo? Quê quieres decir?
----Que los justos son mansos!
----He reconocido tu estrategia, por lo que no dudo que forma parte de un
mêtodo acadêmico o de provocaciôn o de sutil avance.
----Sutil y usted lo ha percibido?---pregunta Malerei.
----Estarîale horas explicando el porquê----responde el gimnosofista.
----Sabes, Kosmithôs, con quiên me acabo de encontrar en Albula?
----Con quiên Malerei, con quiên?
----Con tu mejor amigo, el que estaba con su novia.
----Con Xabier, el grumete redomado. Y quê hacîa usted en Albula?
----Por cosas mîas que me facilitan inspiraciôn.
----Inspiraciôn para quê?
----Para mi trabajo artîstico con las estatuillas.
---Entonces vive usted en el barrio de los Sigilarios?
---Correcto!! Allî vivo yo.
---Y dîgame usted, gimnosofista: tiene algûn conocido, amigo, pariente y
aquî en Bedriaco?
----No, Kosmithôs, no! Por quê preguntas?
----Y dônde piensa usted quedarse, alojarse?
----Fîjate que esa misma pregunta se la hice yo, Kosmithôs, y en lo que lo
ayudaba a ponerse de pie, y le brindê mi casa, mas êl me respondiô que no
querîa perturbar, molestar, entretenerme con su presencia, lo que traerîa la
consecuencia de no poderme concentrar en mi trabajo. Yo le di las gracias
por tener todo eso en cuenta, y êl entonces me respondiô: tîpota parakalô!
----Aprovecho la oportunidad para preguntarle otra cosa?
----Cuâl Kosmithôs, cuâl?
----Quê quiere decir tîpota parakalô?
----De nada!
----Solamente eso? Pensê que era algo mâs complicado. Casualmente, y
hace poco, antes de salir de la Kosmona, eso mismo dijo el didâscalos fi-
losôfico.
----No me extraña que un "didâscalos" lo diga. Y dîganme: alguno de us-
tedes dos conocen aquî en Bedriaco dônde hay una cueva, una caverna o
algo parecido?
----Yo no, no sê nada al respecto---responde Malerei.
----Yo sî, mas es un pasadizo que estâ en el bosque cercano a Albula.
----Un pasadizo, Kosmithôs, verdad? Y quiên lo construyô?
----Su majestad Vologeso, segûn me dijo mi padre.
----Y quiên es Vologeso?---fisga el gimnosofista.
----El rey de Bedriaco antes de mi abuela---responde Kosmithôs.
----Y tû entraste en ese pasadizo, Kosmithôs?
----No, Malerei, no. Tuve una vez ganas, y con una antorcha en mano, pe-
ro tuve miedo y cambiê de idea.
----Kosmithôs, y me puedes llevar ahora mismo a ese pasadizo?
----Si usted lo desea sî.
----Perfecto!! Te lo agradecerê eternamente.
----Pero, usted primero debe comer algo, no cree?---pregunta Malerei.
----Podemos hacer una cosa.
----Quê se te ocurre, Kosmithôs?---pregunta Malerei.
----Como yo no puedo aparecerme en palacio con el gimnosofista creo
que entonces pasemos por su casa, en el barrio de los Sigilarios, le da us-
ted de comer y seguido nos vamos al pasadizo.
----De acuerdo! Me parece una adecuada ocurrencia. Entonces vamos a
mi casa.
----Sî Malerei, mas no por este camino, sino por otro que yo conozco un
poco mâs alejado de la visiôn de los habitantes de Bedriaco.
----Y dônde estâ ese camino?
----Vengan, vamos, les indico.
Pero habrîa que ver que es el mismo camino donde hace veinte años
ocurriô un accidente insôlito: el choque de un caballo de un soldado de la
guardia bâtara con un ingente tortugôn, colisiôn que deplorablemente tra-
jo como consecuencia el rompimiento de una pata del cuadrûpedo susodi-
cho, motivo por el cual el soldado, y en contra de su voluntad, tuvo que y
sobre el pucho sacrificarlo. En aquel entonces Kosmithôs era muy peque-
ño, lo que explica que su recuerdo del accidente sea muy vago; empero y
de lo que sî no olvîdase es de que el soldado formaba parte del colectivo
de jinetes que concomitaba a su abuela cuando êsta montâbase en el carro
triunfal halado por los îngales, y con el objetivo concreto de visitar tanto
regiones en lontananza como las localidades donde tenîan lugar los habi-
tuales espectâculos de aquella êpoca: los de los gladiadores, y donde de
facto volviô a encontrarse con el tîo de Kosmos convertido en secutor y
combatiendo con una pericia tremenda; hasta que por êsta, menos que y
por fortuna, logrô triunfar en la pelea y, como ganador, recibir como dâ-
diva el corcel asturiano, regalo que funcionaba como premio al comien-
zo del reinado de Dido, al principio de acostumbrarse a poner su tafana-
rio sobre el curul mayestâtico. Pero como actualmente quien trêpase en
el corcel asturiano, quien posiciona sus glûteos en la albarda sobre y el
lomo de êste es Kosmithôs, a quien le es mâs relevante y sumamente
entretenido cabalgar que llegar a ocuparse de toda una corte, la imago
de cuadrûpedos proporciônale un jovial insustituible, un indeleble ale-
grôn, elixir o solvento contra cualesquier estados pejiguerosos y causa-
dos tal vez por un recuerdo vago, allende que estados con los que peri-
clitarîan los deseos de hacer algo, de avanzar y yendo llegar a un pun-
to determinado, y que in casu no es otro que la vivienda de Melerei en
el barrio de los Sigilarios, y con el propôsito sui gêneris de darle râpi-
damente de comer al gimnosofista antes de llevarlo al pasadizo cons-
truido por su majestad Vologeso. Pero acopas sucede una cosa: el in-
gente tortugôn exhibe su caparazôn senil, y entonces Kosmithôs am-
plifica lo siguiente:
--Mire, gimnosofista, si lo desea puede sentarse encima del tortugôn
como si fuese un caballo.
--Vaya cosas que se te ocurren decir, No, gracias!! Prefiero caminar.
--Y risas de Kosmithôs y de Malerei.
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