Mâs que "un diâlogo del alma consigo misma", lo que no es otra cosa
que la definiciôn dada por Aristocles al pensar, fue el diâlogo de toditos los
contertulios, sûmula de pensares que trajo como consecuencia que saliera a
puesto, a colocaciôn una înclita proposiciôn: la verdad del ser es la esencia,
mas como esta verdad no se puede atisbar como a una manzana que cuelga
de la rama de un inveterado ârbol debe ocuparse el lenguaje de remitirse a
ella aberturando los discursos (ta legomena), pero como el lenguaje es mo-
vimiento y encuentro la susodicha proposiciôn tendrîa un tremendo alonga-
miento de causa y efecto mûltiples, lo que traduce que entonces alcanzarîa
vigorosidad el lûdico como parte de la fiesta.
---Estamos como en el primer paso para el concepto.
---Didâscalos, el to on?
---Exacto, Kosmos, exactîsimo!!
---Con el concepto empieza todo, se supera y se sublima.
---Venerabilis Inceptor, superar y sublimar significa hacer uso de algo.
---Ya sê. Kosmos, cômo olvidarlo?
---Dos verbos distinguidos!!---afirma el didâscalos filosôfico.
---Câspita!! El verbo como palabra que expresa acciôn---dice Kosmos.
---Yo levantô la mano por diferre---dice el tîo de Kosmos.
---Por diferir o por diferenciar, que la precisiôn es relevante.
---Kosmos, si la verdad del ser es la esencia, la mîa nada tiene que ver
con la precisiôn.
---Nada que ver con que tenga que ver; sôlo que una rerum o la otra.
---La verdad de su ser la considero un poco desajustada...
---Disculpen la interrupciôn pero lleguê yo, con Kôs y con el gimnosofis-
ta.
---Pase el trîo!! Acomôdense, siêntense los llegantes tres!!----afirma Kos-
mos.
Una hora despuês entran en verba el gimnosofista y Kosmos en un su-
cucho de la Kosmona protegido por la sombra, y en el momento oportuno
en que los contertulios hicieron una pausa fuera de la instituciôn. Aprove-
cha el kairos el gimnosofista para saber un poco mâs sobre la posible pre-
sencia en el pasadizo del turilupino y el begardo, aun sabiendo que ambos
sôlo existîan por la visiôn que tuvo Kosmos, pero como êste es como una
plumela de ave que cae en un vacîo practicamente total cuasi con la mis-
ma velocidad que un trozo de plomo râpido diose cuenta de la coralina in-
tenciôn con la que pretendîa el gimnosofista salirse con las suyas, motivo
por el cual sacô a puesto, a colocaciôn su forma de amplificar favorita: la
de pincelamiento con metâforas. Non plus ultra de siete minutos una y de
las virtudes capitales empezô a perderla el gimnosofista: la paciencia, ra-
zôn entonces de que pidiêrale a Kosmos que dejara de soltar por su boca
esos coloramientos difîciles de entender, inextricables. Con esta peticiôn
kosmos siêntese como triunfador una vez mâs, como el condotiero de un
carro semântico con fluencia apabullante, como un conductor dador de y
un espêcimen de dominio cupular de la letra, sentir que alejâlo de un es-
tado de consternamiento con extensiôn o efîmero y con el que logra que
lo eudemônico pase por sus venas sobre el pucho.
---Kosmos, y de quê te ries, que yo no veo la gracia?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que sôlo en la
nocturna aborta el vientre a los crecidos. Êsa es la res, êsa!!
---No te puedo confutar, te me escapas, Kosmos.
---Y, entonces, quê me dice usted de la divisa grabada en la pêtrea de es-
teatita: quin non intelligi aut discat aut taceat?
---Esta pregunta como que me suena burlona. No tienes otra?
---De momento mâs ninguna, y salgamos de la sombra que regresan los
contertulios de la pausa corta.
Mas si algo tiene en cuenta, no pasa por alto [ni por bajo ni por na-
da] el didâscalos filosôfico es la pericia verbal con la que el gimnosofista
convenciô al tîo de Kosmos para que dejâralo sentarse al lado de Kosmos,
al lado de alguien con el cual aquêl acababa de entrar en verba en un rin-
côn protegido por la sombra. Esta cercanîa, distancia corta entre ambos sî
que diole pâbulo de pensar en una posible atingencia, pero que mâs por y
otra cosa que por el intercambio semântico en el lugar susodicho. Quêda-
le ostensible, aun desconociendo la cosa como tal que unîalos, la exacta,
la justa, la pertinente o la adecuada, que lo to heteron con el tiempo a re-
lucir saldrîa--como Aldebarân en la constelaciôn taurina?--, lo que tradu-
ce que por estar en de-venir lo otro, lo diferente, por lo brilloso o desco-
llante hay que esperar, empero que no por lo anterior un agregado debiê-
rase no decir:
--Kosmos, heteron tou heterou.
--Câspita, didâscalos!!, que usted ha regresado de la pausa con ânimo de
entrar en complejidades, en lo complejo, en lo que siempre es lo que es
de acuerdo a un decir aqueo.
--Kosmos, y de acuerdo a tal decir hay facilidades menos que dificilida-
des?---pregunta el gimnosofista.
--Señor, esa especie de neo-logismo suena a trueno de Jûpiter--acentûa
el Venerabilis Inceptor.
---Pero usted lo ha comprendido, no?
---No es complejo para no comprenderlo.
---Hete quê?---pregunta sorprendido Kôs.
---Si no quieres que te digan: te explico despuês, mâs tarde, mejor que
no preguntes mâs nada---dice Kosmithôs mirando a Kosmos.
---Y risas de Kosmos que dîcele a Kôs: amplifîcase sobre materia dura,
inveterada y pudiente.
---Dificilidades dificilidantes!!---afirma el vate.
---Como que suena poiêsico. Es usted poeta?---pregunta el gimnosofista.
---Reconocer ni tintea pregunta ni cuadricula garabatos.
---Ya estoy seguro de que usted no es matemâtico.
---Es lo que es siêndolo!--afirma Kosmos.
---O sea, que no tiene que llegar a ser porque ya lo es?
---Eureka, gimnosifista, que nos recuerda a Pericles--dice el didâscalos fi-
losôfico.
---Y que nosotros recordamos que no inventamos.
---Quê es eso, Kosmos, una ironîa de las tuyas?---pregunta Vercingetôrix.
---Vaya injusticia, y que tremenda, vaya!
---Y dônde estâ tu tîo?---pregûntale el Bury a Kosmos.
---Desapareciô por acciôn de garbo!!
---Espero que no se haya puesto iracundo por quitarle el puesto a tu lado.
---Como secutor, gimnosofista, no irrîtase, sino que mâs bien saca la espa-
da corta, la que tal vez estâ oxidada porque no la usa.
---Quê, tu tîo secutor? Verdad? Y quê pinta un secutor en la Kosmona?
---Es un secutor no activo, sino en pensiôn.
---Señor, ya le habîa informado de êl cuando le hablê del corcel asturiano.
No se acuerda?--pregunta Kosmithôs.
---Verdad que sî. Se me olvidô. Y dime: has sabido de Malerei?
---Sôlo sê que lo que supe fue la ûltima vez que lo vi.
---Bravo, Kosmithôs, bravo!!--dice el didâscalos filosôfico.
---Señor, yo raramente paso por el barrio de los Sigilarios----dice Kosmi-
thôs.
---Entiendo, entiendo---dice el gimnosofista que pregûntale a Kosmos: y
quê hay escrito en esas hojas?
---Una sûmula de ideas para mi novela El bullicio en el silencio.
---Interesante!! Puedo echar un vistazo?
---Mondo lirondo que el artîfice no es de bombos!! Claro que sî!! Êsa es
la res, êsa!!
---Sabinsqui, un ônoma muy original.
---No hable en voz alta que despertarâ a los que duermen en un pasado in-
finito.
---De acuerdo, Kosmos, de acuerdo!
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