Dienstag, 19. September 2023

1165, 104.

         Sobre la teorîa aristôtelica de la phronesis hablaba en voz alta el gimno-

sofista en el pasadizo, amên que concomitado por la luz endeble de un pabilo

encontrado  que amarrô a la piedra de esteatita que tiene grabada la prudentî-

sima divisa quin non intelligi aut discat aut taceat. La verba que salîa por su

boca, allende que caracterizada por una potencialidad insustituible, resonaba

dentro de la angosta construcciôn con esa vigorosidad capaz de acarrear que

si no una pejiguera temporal una efîmera sordera, dos situaciones que pudie-

ran apellidarse non tan gratas para cualesquier interlocutores acostumbrados

a escuchar gayamente sobre la racionalidad prâctica. Como si formârase po-

co a poco una balumba semântica crîptica, lo que traduce que tan conspicuo

bulto paulatinamente no queda exento de la posibilidad de ser dador de lo y

enigmâtico, pudiêrase pensar ---o educir en el caso del tipo o del agente que 

reflexiona mâs allâ del bien o del mal--que con algûn sustento misterioso la 

palabra cuenta, con algûn apoyo o sostên determinados que a êsta le son re-

levantes, y que por lo mismo favorêcenle su funciôn de provocar un estado,

o un fenômeno que habrîa que subrayar con tinta dorada. Mas tal vez por la

balumba  es que se gastô demasiado râpido el pabilo, pero dejando êste una

mancha en la parte izquierda de la piedra de esteatita, lo que traduce enton- 

ces  que la divisa quedô impoluta por estar grabada en el mismîsimo centro

de êsta ademâs que sine die. Por la razôn anterior es que el gimnosofista sa-

le del pasadizo, aunque pensando que sôlo por pocos minutos y sin dejar de

hablar de la susodicha teorîa, mas al sentarse en la entrada del pasadizo per-

cibe a dos jinetes que acêrcanse a êsta, quedândole clarîsimo que uno de ês-

tos dos era Kosmithôs, y al que entonces dîcele al estar frente a êl:

---Si hubieses estado mâs cerca necesitarîa una lâmpara para reconocerte.

---Cômo, gimnosofista, cômo es posible eso, me explica?

---Crêeme que hay cosas que mejor quêdanse sin explicaciôn, en la recta lî-

nea que las mantiene en su misterio.

---En la rcta lînea que las mantiene en su misterio? Bueno, usted sabrâ del

todo lo que dice. Mire, gimnosofista, êste que estâ a mi lado es mi hijo Kôs,

el que se porta tan bien que siempre estâ castigado.

---Un gusto conocerte, mancebo, un gusto!!

---Gracias, señor, gracias!! Y dîgame: por quê usted anda asî, no le da pena,

vergüenza?---pregunta Kôs.

---No!! Ando asî desde hace tiempo, y como tal uno se acostumbra, o con el

pasar de los años uno va creando la costumbre.

---Disculpe usted la pregunta, pero êl quiere saber---dice Kosmithôs.

---No tengo que disculpar nada; al contrario, que querer saber siempre es y

bueno. Y ustedes dos son los propietarios de esos cuadrûpedos?

---El corcel asturiano es del tîo de Kosmos, mas yo soy el que lo montô, y el

negro sî es de êl, un ejemplar raramente de encontrar---responde Kosmithôs.

---Bellas bestias!!

---Y usted sabe montar a caballo, gimnosofista?

---Yo? Que va!! No me separo del suelo, mis pies siempre estân arriba.

---Siempre estân arriba y no se separan del suelo?

---Ya se te olvidô lo que te dije de las cosas que mejor se quedan sin explica-

ciôn? Y quê ustedes hacen aquî?

---Salimos a dar una vuelta, y a mî, sobre todo, me interesa saber si usted allâ

dentro se ha encontrado con personajes extraños?

---Personajes extraños no existen, a no ser los creados por la imaginaciôn.

---Entonces los vistos por mi padre fueron creados por su imaginaciôn?

---No es imposible, como te acabo (de)cir. Y de cuâles personajes se trata?

---No me dijo que no era imposible. Un turilupino y un begardo!

---Se nota que tu padre tiene imaginaciôn.

---Oh, si!!, de que la tiene la tiene.

---Y de quê usted hablaba en voz alta?

---De la teorîa aristotêlica de la phronesis!

---Sabe usted una cosa? Serîa usted un contertulio mâs. Ya le dije a mi padre 

lo de nuestro encuentro.

---Y quê dijo êl?

---Êl es muy tolerante; estâ siempre con lo difîcil; le sobra imaginaciôn.

---Le sobra imaginaciôn? Kosmithôs, la imaginaciôn no tiene, carece de canti-

dad, de un lîmite que ponga fin a su potencia; por ella suceden muchas cosas

tanto afuera como adentro. Dicho con otras palabras: un mundo puede ser crea-

do por la imaginaciôn.

---Sabe usted una cosa, gimnosofista? A mî me parece que mi padre se ha crea-

do su mundo; vive como los personajes de una novela.

---No pudiera ser incierto de tener imaginaciôn.

---Yo en mi mundo, señor, le tirô con el cochlear caracoles al gato Lah--dice 

Kôs.

---Entiendo, mancebo, entiendo!!

---No quisiera usted pasar por la Kosmona?

---Claro que sî, Kosmithôs, Y cuândo?

---Ahora mismo!

---De acuerdo! Pero te digo una cosa: yo no me subo en ninguna de esas bestias.

---Si usted prefiere caminar al lado de ellas es su preferencia.

---Êsa es la mîa!!

---Entonces, vamos a la instituciôn?

---Vamos, Kosmithôs, vamos!!

















 



























     


  


  

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