Si por un lado Endimiôn estaba exhausto; por el otro, que la actualiza-
ciôn de las necesidades mâs profundas engendra un estado de satisfacciôn
efîmero, la preocupacion por algo que ya no tiene remedio no ocupô espa-
cio en su testa y asî, y exenta êsta de uno de los ôbices mâs frecuentes que
impide un solaz apacible o un dormir agradable por un tiempo determina-
do, con tan sôlo recostarse a la cabecera de su cama cerrâronseles los ôcu-
los.
De tomar taxativamente una etimologîa, la de obiectum es la mâs per-
tinente o adecuada para sacarla a puesto, a colocaciôn y debido a que Jan-
cia, del lado opuesto y enfrente de la cama donde dormîa Endimiôn, abrîa
todas las gavetas de una cômoda senil en busca de sus queridîsimos pris-
mâticos, los que necesitaba para por lo menos tener una idea de lo que ha-
cîa Dolfopân Colunnecio al abandonar la cabaña en el bosque y reunirse
con algunos bructeros en derredor de una hoguera que dâbale calor a las
pieles de unas bailarinas del oriente; aprovechaba tambiên la ocasiôn pa-
ra coger algunos de sus vestidos mâs especiosos que jamâs utilizô y com-
prados en Bedriaco con una parte del peculio que obtuvo por la venta del
diamante dadivado por el difunto progenitor de Dolfopân.
---Jancia, quê tû haces en mi cuarto, quê buscas aquî?
---Disculpe usted, Endimiôn, que hâyalo despertado, pero debo decirle lo
siguiente: el hecho de que yo me haya ido con Dolfopân no quiere decir
que haya perdido el derecho de entrar en mi cuarto. No le informô Saram-
bo de que este cuarto es el mio?
---Êl sôlo me dijo que este cuarto es el de las visitas, el de los amigos que
vienen con sus novias o mujeres.
---No sê el porque de que Sarambo no le dijera que este es mi cuarto; pe-
ro en fin, que se lo acado (de)cir porque es la verdad, ya usted sabe que y
êste es mi cuarto.
---Y quê es lo que tû estas buscando?
---Mis prismâticos.
---Ah, pregûntale a Prixeletes, que vi que los utilizaba.
---Cômo? Y cuândo fue eso?
---Al regresar nosotros de la zona de Omonia cuasi con la llegada de la
aurora.
---Nosotros?
---Sî! Kîntlico de Kostâ, Tublides de Malomanta y yo.
---Sabes? Me quedê dormido en una dureta y me robaron el salario del y
primer mes de trabajo en la taberna de Sarambo
---Se nota que usted es nuevo en esta ciudad del ocio. Imagînese usted, si
despierto hay que estar con los ojos despiertos...
---Algo de eso me dijo Diôtima, ademâs que..
---Que si le paga bien a ella recibe un buen trato en el lupanar de la zona
susodicha por usted?
---No no!! Me dijo que estaba vedado dormir en las duretas. Es cierto, es
verdad?
---Asî es, estâ prohibido, pero no me pregunte el porquê, que lo sabe so-
lamente la autoridad. Y cômo usted se las arreglarâ para pasar el prôximo
mes, Endimiôn?
---Diôtima me prestô algo de monedas.
---Cômo? Que una carrusiana presta dinero, lo da cuando es al revês? No,
si es la primera vez que escucho algo asî. Endimiôn, no se habrâ enamora-
do Diôtima de usted?
---A mî me parece que ella tiene buenos sentimientos, que es una buena
persona.
---Siga pensando eso de una carrusiana. Me resulta usted un poco inocen-
te.
---Y no pudiêrase vivir mâs tranquilo siendo inocente que sabio? Cuântos
no sufren por lo que saben; y lo mâs triste, que ya es lo absurdo o lo con-
tradictorio...
---Endimiôn, que a mî no me interesa la filosofîa; nunca la soportê, lo que
explica que cada vez que alguno de los contertulios me hablaba de la Kos-
mona mi rostro cambiaba totalmente, enseguida. Y sabe usted dônde estâ
Prixeletes, que no me queda mucho tiempo y debo regresar a la cabaña?
---Cômo saberlo si dormîa?
---Entonces voy a ver si lo encuentro. Que tenga usted buena suerte y me
despido. Adiôs!!
---Gracias, Jancia!! Y tambiên tû.
De lo que sî no acordâbase Jancia, o mejor dicho, no lo tenîa tan en
cuenta como para que tuviese relevancia en el presente, es del toque del
pico del guacamayo polîcromo en su cuello que dejôle una marca minûs-
cula empero notable, siendo precisamente êsta la que observaba Prixele-
tes con los prismâticos desde un lugar que parecîa seguro para la obser-
vaciôn a distancia, mas habrîa que ver que êl no fijôse en algo: en la po-
siciôn que tenîa un espejo y por el que fue descubierto. Y entonces dîce-
le Jancia:
---Sal de ahî que ya te vî.
---Cômo? Cômo es posible que me hayas visto si estabas de espalda?
---Este espejo descubre, delata o saca a relucir.
---Contra, verdad que sî!!
---Y dime: quê me mirabas con los prismâticos?
---Te acuerdas de aquel dîa en Albula cuando te amarrê al tronco de un
ârbol con el arreo grueso de cuero que tû le quitaste al caballo que pres-
tô el magister equitum a la signora Lacrusea?
---Vaya quê memoria buena la tuya!! Ahora que me lo preguntas sî. Y?
---Que estando amarrada el guacamayo polîcromo picô tu cuello, y por
la sangre que salîô que manchô tu vestido, tû colgaste êste en la rama y
del mismo ârbol?
---Precisamente êse es uno de los vestidos que acabo de coger para lle-
varme, Pero dime, Prixeletes: quê es exactamente lo que tû mirabas y
con los prismâticos?
---La marca que hay en tu cuello, la que dejô el guacamayo.
---Cômo, que mirabas desde lejos una cosa tan pequeña? Y de quê sir-
ve eso?
---Y de quê te sirviô a tî mirarme, con los mismos prismâticos, cuando
me bañaba en la Kosmona?
---Hay una gran diferencia, porque yo, por lo menos, tenîa interês por
observar algo mâs grande.
---Jancia, lo mismo que significa para ti algo que es grande..
---Algo que es pequeño significa para ti, no?
---Asî es, Jancia, asî mismo!!
---En fin, que por este suceso en Albula nosotros tuvimos que irnos de
Bedriaco.
---Sobre todo por haberle quitado tû el arreo de grueso de cuero al ca-
ballo.
---Bueno, ya pasô. Me devuelves los prismâticos, que me tengo que ir?
---Si claro!! Mira, aquî los tienes. Y cuândo vuelves a venir?
---Eso no lo sê. Ya me verâs cuando vuelva a venir.
---Y si no estoy?
---Pues no me ves.
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