Cuatro horas despuês regresa Kosmithôs a la Kosmona. Traîa consigo
el crôtalo que tocaba con estusiasmo conspicuo, por lo que raudo pensaron
los contertulios que Euterpe o Apolo habîanse puesto en funciôn de activar
el ritmo desde el monte Helicôn, a excepciôn de Kosmos que por conocer
a su hijo quedâbale indubitable que la causa de tan vigorosa emociôn nada
tenîa que ver ni con una de las nueve musas ni con el hermano de Diana y
responsable del templo de Delfos.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Espero que ampli-
fiques el porquê de la exaltaciôn. Age Kosmithôs, age!!--,afirma Kosmos.
---Allâ voy, por quê me llamas?
---Por la sede olîmpica, que la repeticiôn ha dejado frutos---suelta el didâs-
calos filosôfico.
--Se dan cuenta por quê es buena la repeticiôn? Y, didâscalos, primera vez
que escûcholo onomar la sede olîmpica---dice Kosmos.
---Todo cambia. Lo ûnico que perdura es el cambio.
---Gracias Herâclito, gracias!!---afirma con ironia Kosmos.
---Me encontrê con dos criaturas que jamâs habîa visto---dice Kosmithôs.
---No me vayas a decir que en palacio, porque allî no entran criaturas que
nunca han sido miradas---dice Kosmos.
---Y por quê en palacio? Vas a empezar con tus provocaciones o con tu y
querida estrategia para engendrar confusiôn?
---Porque tû dijiste que ibas a contemplar la estatua ingente del Kuros. Y
no, no voy a empenzar con nada.
---Las dos criaturas me las encontrê antes de llegar a palacio: Malerei y
un gimnofiestista.
---Kosmithôs, tû querrâs decir un gimnosofista, no?
---Eso, didâscalos, eso!!
---Para una perîstasis no estarîa mal eso de ginmofiestista.
---Kosmos, dejarâs hablar a tu hijo?---pregunta Asonis.
---Quê hable mi hijo: habla, mi hijo!!---afirma Kosmos riendo.
---Burlôn tû!---afirma Kosmithôs que explica: Malerei es un artista del ba-
rrio de los Sigilarios, y ese gimnosofista vino a Bedriaco por la cuestiôn de
los cursos aquî, y yo le dije que los cursos ya no eran gratis y que todavîa
no han empezado. Al no quererse quedar en casa de Malerei, y despuês de
haber preguntado si en Bedriaco habia una cueva o una caverna, yo le dije
que conocîa un pasadizo secreto, lugar en el que Malerei y yo lo dejamos,
mas no antes de comer algo en casa de Malerei. Ah, Kosmos, el gimnoso-
fista querîa hablar contigo sobre si podîa entrar aquî en esas condiciones
en que êsta a continuaciôn de yo informarle de que asî, como estâ, no po-
dîa estar.
---Y por quê conmigo?
---Porque le dije que tû eras el responsable de la instituciôn.
---Ah, y otra cosa--dice Kosmithôs removiendo mâs el clôtaro---, por el
camino que cogimos saliô la tortuga gigante, la misma con la que chocô
hace años el caballo de un soldado de la guardia bâtara.
---Y repito, vuelvo a decir: por el oro de las retamas y la pûrpura de los
brezos!! La misma tortuga y en el mismo lugar.
---Y cuâl tortuga es êsa?---indaga Temîganes de Alejandrîa.
---Eso es un hecho que ustedes desconocen; de hace veinte años atrâs y
cuando sûpose pocos lo creîan.
---Yo acababa de llegar de la ciudad del ocio, donde nacî----dice Kosmi-
thôs.
---Llegâbante las edades a tres años y medio---dice Kosmos.
---Cômo, que tû naciste en Apragôpolis?---pregunta el Bury.
---Y no aquî, y la culpa la tiene mi padre---dice Kosmithôs.
---Quê dice el culpable al respecto?
---Bury, de culpable nada, no es asî, la palabra culpable no es la adecuada,
mas no entro en verba para dilucidar porque larga es la historia a contar.
---Kosmos, si tiempo es lo que nos sobra.
---Espêrense un momentico, que si no se crea el excurso. A ver, Kosmithôs,
que mâs hay de esas dos criaturas?---pregunta el didâscalos filosôfico.
---No mucho mâs, didâscalos, que Malerei regresô a su casa y el gimnoso-
fista de quedô en el pasadizo, y yo entonces fui a palacio, mas no contem-
plê la susodicha estatua.
---No muy lejos mi presentimiento estaba.
---Cômo, didâscalos, cômo?
---Nada nada, no es importante. Converso conmigo mismo, me digo cosas
a mî mismo.
---Y seguimos con la raro, lo extraño o con lo que no encaja.
---A quê usted refiêrese, Temîganes?
---Kosmos, a que sî acaso un Kûon de la escuela cînica viva en un pasadizo,
pero un gimnosofista? Duro de creer.
---Es cierto lo que plantea Temîganes, pero la realidad es una sola: el gimno-
sofista estâ allî, no?
---Seguro que estâ allî, didâscalos, seguro?
---Esta pregunta incita a pasar a corales---señala Kosmos.
---La sustituciôn para "a fondo" me despierta el magîn---dice el vate.
---Pues trabaje usted adecuadamente y revêlenos el resultado--acentûa el di-
dâscalos filosôfico.
---Pimpante eyectamiento expresivo, didâscalos!!
---Efjaristo!!
E ipso facto recuerda el tîo de Kosmos al inveterado Macio, un perso-
naje de la alcheringa con destacada popularidad sobre todo por haberle dado
su ônoma a una variedad de manzanas, allende que por cada una que le com-
praban decîa mâs de tres veces la ûltima palabra dicha por el didâscalos filô-
sofico: efjaristô.
---Câspita!! Êsta no es la criatura compinche de aquel emperador que a sus
continuos coitos, como si de un gênero de gimnasia tratârase, dâbale el nom-
bre de palestra de cama?---indaga Kosmos.
---Exacto, el mismitico!! Êl es propietario de esta frase: como nieve esparci-
da sobre vino dulce, mas la que solamente decîa cuando ponîa el miembro
en el vientre de sus concubinas seguido a depilarlas.
---Kosmos, pero el salto que tû has dado es tremendo, porque tu tîo no hizo
alusiôn a una sensualidad desenfrenada.
---Nôtase que usted, Venerabilis Inceptor, desconoce lo que conôcese aquî
como brinco de sapo en una hoja de malanga. Macco, acaso no hay aquî y
una asociaciôn entre manzanas?
---Yo no sê por dônde anda tu imaginaciôn, como tampoco la caracterîsti-
ca de la mîmesis que pasa por tu testa, pero asociaciôn yo no veo ninguna.
---Piense, analice, reflexione!! Êsa es la res, êsa!
---Hay dos cosas dulces por el deleite que dejan; las tocan las manos con
cariño y soltura---dice el vate.
---Viêneme suntuosa esta pincelada---reconoce Kosmos.
---Y cômo no si es como si el vate te estuviese apoyando---dice el Bury.
---Señor, yo no apoyo a nadie. Quê va!!
---Pero me sorprende una cosa.
---Cuâl didâscalos, cuâl?---pregunta el tîo de Kosmos.
---Que el susodicho personaje diga una palabra aquea siendo êl oriundo y
de otro lugar. Cuândo usted lo conociô?
---Cuando me preparaba como secutor en la ciudad del ocio.
---Y comprô alguna vez sus manzanas?
---Sî claro. Êl decîa que las manzanas eran bellas y un dîa me dijo: entêra-
te de que no hay nada mâs grato que la belleza pero nada tampoco mâs efî-
mero.
---Êstas si que son palabras sabias!!
---Saben, unos pocos meses ante de ser asesinado, una corneja habîa graz-
graznado desde el tejado del capitolio; todo irâ bien.
---A lo que siguiô que no faltô quien interpretô el presagio de una manera.
---Cômo, kosmos, cômo?---fisga el Venerabilis Inceptor.
---No es relevante, es sôlo una interpretaciôn.
---Y de dônde tû conoces algo de este personaje?
---De êl, de êl mismo que me lo dijo--- responde Kosmos señalando a su
tîo.
---Pero quê nemôsine que tienes, porque te lo dije hace un montôn de años.
---Vaya nemôsine que tienes, vaya perogrullada, tremenda!
---Por las manzanas redoblo el toque del crôtalo---dice Kosmithôs que agre-
ga: tintiririnti tatatâ.
---Como que estâs creativo, no?---fisga el vate.
---Por quê, por lo de tintiririnti tatatâ? Es facilito, se me ocurriô en un mo-
mentico---dice Kosmithôs riendo.
---Y risas de los contertulios.
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