Mittwoch, 13. September 2023

1163, 102.

        Cuatro horas despuês regresa Kosmithôs a la Kosmona. Traîa consigo

el crôtalo que tocaba con estusiasmo conspicuo, por lo que raudo pensaron

los contertulios que Euterpe o Apolo habîanse puesto en funciôn de activar

el  ritmo desde el monte Helicôn, a excepciôn de Kosmos que por conocer

a su hijo quedâbale indubitable que la causa de tan vigorosa emociôn nada

tenîa  que ver ni con una de las nueve musas ni con el hermano de Diana y

responsable del templo de Delfos.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Espero que ampli-

fiques el porquê de la exaltaciôn. Age Kosmithôs, age!!--,afirma Kosmos.

---Allâ voy, por quê me llamas?

---Por la sede olîmpica, que la repeticiôn ha dejado frutos---suelta el didâs-

calos filosôfico.

--Se dan cuenta por quê es buena la repeticiôn? Y, didâscalos, primera vez

que escûcholo onomar la sede olîmpica---dice Kosmos.

---Todo cambia. Lo ûnico que perdura es el cambio.

---Gracias Herâclito, gracias!!---afirma con ironia Kosmos.

---Me encontrê con dos criaturas que jamâs habîa visto---dice Kosmithôs.

---No me vayas a decir que en palacio, porque allî no entran criaturas que

nunca han sido miradas---dice Kosmos.

---Y por quê en palacio? Vas a empezar con tus provocaciones o con tu y

querida estrategia para engendrar confusiôn?

---Porque tû dijiste que ibas a contemplar la estatua ingente del Kuros. Y

no, no voy a empenzar con nada.

---Las dos criaturas me las encontrê antes de llegar a palacio: Malerei y

un gimnofiestista.

---Kosmithôs, tû querrâs decir un gimnosofista, no?

---Eso, didâscalos, eso!! 

---Para una perîstasis no estarîa mal eso de ginmofiestista.

---Kosmos, dejarâs hablar a tu hijo?---pregunta Asonis.

---Quê hable mi hijo: habla, mi hijo!!---afirma Kosmos riendo.

---Burlôn tû!---afirma Kosmithôs que explica: Malerei es un artista del ba-

rrio de los Sigilarios, y ese gimnosofista vino a Bedriaco por la cuestiôn de

los cursos aquî, y yo le dije que los cursos ya no eran gratis y que todavîa

no han empezado. Al no quererse quedar en casa de Malerei, y despuês de

haber preguntado si en Bedriaco habia una cueva o una caverna, yo le dije

que conocîa un pasadizo secreto, lugar en el que Malerei y yo lo dejamos,

mas no antes de comer algo en casa de Malerei. Ah, Kosmos, el gimnoso-

fista  querîa hablar contigo sobre si podîa entrar aquî en esas condiciones

en que êsta a continuaciôn de yo informarle de que asî, como estâ, no po-

dîa estar.

---Y por quê conmigo?

---Porque le dije que tû eras el responsable de la instituciôn.

---Ah, y otra cosa--dice Kosmithôs removiendo mâs el clôtaro---, por el

camino que cogimos saliô la tortuga gigante, la misma con la que chocô

hace años el caballo de un soldado de la guardia bâtara.

---Y repito, vuelvo a decir: por el oro de las retamas y la pûrpura de los

brezos!! La misma tortuga y en el mismo lugar.

---Y cuâl tortuga es êsa?---indaga Temîganes de Alejandrîa.

---Eso es un hecho que ustedes desconocen; de hace veinte años atrâs y

cuando sûpose pocos lo creîan.

---Yo acababa de llegar de la ciudad del ocio, donde nacî----dice Kosmi-

thôs.

---Llegâbante las edades a tres años y medio---dice Kosmos.

---Cômo, que tû naciste en Apragôpolis?---pregunta el Bury.

---Y no aquî, y la culpa la tiene mi padre---dice Kosmithôs.

---Quê dice el culpable al respecto?

---Bury, de culpable nada, no es asî, la palabra culpable no es la adecuada,

mas no entro en verba para dilucidar porque larga es la historia a contar.

---Kosmos, si tiempo es lo que nos sobra.

---Espêrense un momentico, que si no se crea el excurso. A ver, Kosmithôs,

que mâs hay de esas dos criaturas?---pregunta el didâscalos filosôfico.

---No mucho mâs, didâscalos, que Malerei regresô a su casa y el gimnoso-

fista de quedô en el pasadizo, y yo entonces fui a palacio, mas no contem-

plê la susodicha estatua.

---No muy lejos mi presentimiento estaba.

---Cômo, didâscalos, cômo?

---Nada nada, no es importante. Converso conmigo mismo, me digo cosas

a mî mismo.

---Y seguimos con la raro, lo extraño o con lo que no encaja.

---A quê usted refiêrese, Temîganes?

---Kosmos, a que sî acaso un Kûon de la escuela cînica viva en un pasadizo,

pero un gimnosofista? Duro de creer.

---Es cierto lo que plantea Temîganes, pero la realidad es una sola: el gimno-

sofista estâ allî, no?

---Seguro que estâ allî, didâscalos, seguro?

---Esta pregunta incita a pasar a corales---señala Kosmos.

---La sustituciôn para "a fondo" me despierta el magîn---dice el vate.

---Pues trabaje usted adecuadamente y revêlenos el resultado--acentûa el di-

dâscalos filosôfico.

---Pimpante eyectamiento expresivo, didâscalos!!

---Efjaristo!!


          E ipso facto recuerda el tîo de Kosmos al inveterado Macio, un perso-

naje de la alcheringa con destacada popularidad sobre todo por haberle dado

su ônoma a una variedad de manzanas, allende que por cada una que le com-

praban decîa mâs de tres veces la ûltima palabra dicha por el didâscalos filô-

sofico: efjaristô.

---Câspita!! Êsta no es la criatura compinche de aquel emperador que a sus

continuos coitos, como si de un gênero de gimnasia tratârase, dâbale el nom-

bre de palestra de cama?---indaga Kosmos.

---Exacto, el mismitico!! Êl es propietario de esta frase: como nieve esparci-

da sobre vino dulce, mas la que solamente decîa cuando ponîa el miembro

en el vientre de sus concubinas seguido a depilarlas.

---Kosmos, pero el salto que tû has dado es tremendo, porque tu tîo no hizo

alusiôn a una sensualidad desenfrenada.

---Nôtase que usted, Venerabilis Inceptor, desconoce lo que conôcese aquî

como brinco de sapo en una hoja de malanga. Macco, acaso no hay aquî y

una asociaciôn entre manzanas?

---Yo no sê por dônde anda tu imaginaciôn, como tampoco la caracterîsti-

ca de la mîmesis que pasa por tu testa, pero asociaciôn yo no veo ninguna.

---Piense, analice, reflexione!! Êsa es la res, êsa!

---Hay dos cosas dulces por el deleite que dejan; las tocan las manos con

cariño y soltura---dice el vate.

---Viêneme suntuosa esta pincelada---reconoce Kosmos.

---Y cômo no si es como si el vate te estuviese apoyando---dice el Bury.

---Señor, yo no apoyo a nadie. Quê va!!

---Pero me sorprende una cosa.

---Cuâl didâscalos, cuâl?---pregunta el tîo de Kosmos.

---Que el susodicho personaje diga una palabra aquea siendo êl oriundo y

de otro lugar. Cuândo usted lo conociô?

---Cuando me preparaba como secutor en la ciudad del ocio. 

---Y comprô alguna vez sus manzanas?

---Sî claro. Êl decîa que las manzanas eran bellas y un dîa me dijo: entêra-

te de que no hay nada mâs grato que la belleza pero nada tampoco mâs efî-

mero.

---Êstas si que son palabras sabias!!

---Saben, unos pocos meses ante de ser asesinado, una corneja habîa graz-

graznado desde el tejado del capitolio; todo irâ bien.

---A lo que siguiô que no faltô quien interpretô el presagio de una manera.

---Cômo, kosmos, cômo?---fisga el Venerabilis Inceptor.

---No es relevante, es sôlo una interpretaciôn.

---Y de dônde tû conoces algo de este personaje?

---De êl, de êl mismo que me lo dijo---  responde Kosmos señalando a su 

tîo.

---Pero quê nemôsine que tienes, porque te lo dije hace un montôn de años.

---Vaya nemôsine que tienes, vaya perogrullada, tremenda!

---Por las manzanas redoblo el toque del crôtalo---dice Kosmithôs que agre-

ga: tintiririnti tatatâ.

---Como que estâs creativo, no?---fisga el vate.

---Por quê, por lo de tintiririnti tatatâ? Es facilito, se me ocurriô en un mo-

mentico---dice Kosmithôs riendo.

---Y risas de los contertulios.














 













 
















































  

  

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