Sobre todo por haber ido a la India (a)prender de los gimnofosistas es que
yo saco a puesto, a colocaciôn tanto a Demetrio con sus Colombroños como a
Antîstenes con sus Sucesiones, amplifica Kosmos en lo que escuchaba a Kos-
mithôs redoblando el toque del crôtalo, razôn por la cual apodêrase de la ver-
ba Vercingetôrix para decir lo siguiente:
--Sabes, Kosmos, que cuando Kosmithôs nos barruntô sobre el encuentro con
el gimnosofista, yo me acordê de los druidas celtas.
--Y quê tiene que ver una cosa con la otra, Vercingetôrix?---fisga Perrasiestes
de Mocarês.
---Kosmos, le respondes tû y yo?
---Amplifique usted la respuesta, Vercingetôrix, amplifîquela sobre el pucho,
que êsa es la res que de momento debe saber el cenutrio.
---Perrasiestes, porque son sus homôlogos, por eso me acordê.
---Y cômo usted sabe que lo son?
---Por ciertos y determinados histôricos textos.
---Agrego que asimismo lo son los taumaturgos de persia y los caldeos astrô-
logos--dice el didâscalos filosôfico.
---El que escribiô la frase: los grandes nacen de noche, encontrôse con la sû-
mula de diez gimnosofistas acarreantes de la rebelaciôn de un personaje ma-
yestâtico onomado Sabas.
---Kosmos, eso lo dice el que primero sacô el têrmino a la vista de los lecto-
res, y la frase es del Magno, Alejandro.
---Y quiên lo sacô por primera vez?---pregunta Kosmithôs haciendo una pau-
sa con el crôtalo.
---Plutarco.
---Las crônicas asimismo dejan saber que asimismo Demôcrito y Pitâgoras
viajaron a la India para aprender de los gimnosofistas--dice Kosmos.
---Añado que Pirrôn tambiên fue al mismo territorio con su cultura propia
y con el mismo telos--dice el didâscalos filosôfico.
---Câspita, verdad que sî, el oriundo de Elis.
---Pero, Kosmithôs, dime una cosa: tû verdaderamente viste comer, en casa
de Malerei, a ese gimnosofista?
---Yo me quedê fuera de la casa. Por quê pregunta, didâscalos?
---Porque los ascetas de la India no ingieren alimentos por ser enemigos de
la pureza del pensamiento.
---Cômo, que no comen?
---Sôlo hierbas, hojitas y boberîas como êstas.
---Saben lo que me resulta increîble?
---Quê es lo que resûltale asî, Vercingetôrix?---pregunta Kosmos.
---De que ese gimnosofista estê interesado, realmente, en los cursos aquî.
Quê va (a)aprender êl de nosotros, que en todo caso serîa al revês?
---Aprender no mas que sî pudiera aprehender.
---Aprehender? A quiên prenderîa?
---No, Perrasiestes, no! Aprehender en el sentido de percibir con los senti-
dos o la inteligencia sin formar un juicio---clara el didâscalos filosôfico.
---Aun asî, didâscalos, y en ese sentido, yo no estoy muy convencido--dice
Vercingetôrix.
---Usted no lo estarâ, Vercingetôrix, mas sabe usted de lo que sî yo estoy y
del todo convencido?
---De quê, Macco, de quê?
---De que el gimnosofista siêntese en pleno retiro viviendo en el pasadizo.
---Pero, señor, el gimnosofista rechazô vivir en casa de Malerei por otra co-
sa; nunca hablô de retiro alguno---dice Kosmithôs.
---La palabra retiro no la dicen con la lengua mas la tienen muy presente y
en el pensamiento.
---Quê dirân el turilupino y el begardo de la identidad ascêtica presente en
el pasadizo?
---Kosmos, y quiênes son esos?---pregunta el Bury.
---Dos personajes con los que me encontrê ahî.
---Kosmos, tû estâs seguro de haberlos visto, o fue una visiôn tuya?
---Vercingetôrix, que los vi en carne y hueso.
---Desde la primera vez que tû lo dijiste me pareciô algo muy raro, extrañî-
simo; pero bueno, y para no engendrar un excurso, no pregunto mâs.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que usted no conô-
ceme de ayer, Vercingetôrix.
---Por eso mismo, Kosmos, por eso!!
---En fin, que por lo menos a los tres personajes no les faltarân ni hierbas
ni hojitas, porque el pasadizo tiene una gran parte en el bosque.
---Usted tambiên estuvo en el pasadizo, didâscalos?---fisga el Bury.
---Lo sê por Kosmos, por êl me enterê.
---Ya dije que estuve a punto de entrar, pero estando allî cambiê de idea y
teniendo en la mano una antorcha-----dice Kosmithôs que agrega: sigo to-
cando el crôtalo.
Y acopas aparece Sunev, y sin dilaciôn dîcele a Kosmithôs:
----Deja de tocar ese instrumento y ven conmigo a palacio, que tû hijo estâ
insoportable y ha ensuciado todo su cuarto con una especialidad de comida
que hizo el cocinero de Irlanda.
----Quê, lo volviste a castigar?
----Se ganô el castigo por haberse escapado del anterior castigo por la ven-
tana del cuarto.
----A quiên habrâ salido travieso y rebelde, a quiên? Al avîo, Kosmithôs, al
avîo!!---afirma Kosmos.
---Me retiro, contertulios, pero regreso lo mâs râpido posible---dice Kosmi-
thôs.
(en palacio)
Despuês de una breve conversa con Kôs, y para sacarlo definitivamen-
te de su estado de enfurecimiento, Kosmithôs pregûntale:
---No te parece buena idea salir a dar una vuelta, tû con el caballo negro y yo
con el corcel asturiano?
---De acuerdo! Pero sôlo nosotros dos, nada de escolta, de soldados bâratos
detrâs de mî.
---Claro que no, que la escolta sôlo es cuando tû sales solo o con Ateriana.
---Entonces, ya nos vamos?
---Dêjame primero informarle a tu madre, que si no despuês la coge conmigo.
---Estâ bien, te espero aquî.
---Eso!! Quêdate aquî tranquilito como si fueses un mancebo bueno.
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