Samstag, 16. September 2023

1164, 103.

      Sobre todo por haber ido a la India (a)prender de los gimnofosistas es que

yo saco a puesto, a colocaciôn tanto a Demetrio con sus Colombroños como a

Antîstenes con sus Sucesiones, amplifica Kosmos en lo que escuchaba a Kos-

mithôs  redoblando el toque del crôtalo, razôn por la cual apodêrase de la ver-

ba Vercingetôrix para decir lo siguiente:   

--Sabes, Kosmos, que cuando Kosmithôs nos barruntô sobre el encuentro con 

el gimnosofista, yo me acordê de los druidas celtas.

--Y quê tiene que ver una cosa con la otra, Vercingetôrix?---fisga Perrasiestes

de Mocarês.

---Kosmos, le respondes tû y yo?

---Amplifique usted la respuesta, Vercingetôrix, amplifîquela sobre el pucho,

que êsa es la res que de momento debe saber el cenutrio.

---Perrasiestes, porque son sus homôlogos, por eso me acordê.

---Y cômo usted sabe que lo son?

---Por ciertos y determinados histôricos textos.

---Agrego que asimismo lo son los taumaturgos de persia y los caldeos astrô-

logos--dice el didâscalos filosôfico.

---El que escribiô la frase: los grandes nacen de noche, encontrôse con la sû-

mula de diez gimnosofistas acarreantes de la rebelaciôn de un personaje ma-

yestâtico onomado Sabas.

---Kosmos, eso lo dice el que primero sacô el têrmino a la vista de los lecto-

res, y la frase es del Magno, Alejandro.

---Y quiên lo sacô por primera vez?---pregunta Kosmithôs haciendo una pau-

sa con el crôtalo.

---Plutarco.

---Las crônicas asimismo dejan saber que asimismo Demôcrito y Pitâgoras

viajaron a la India para aprender de los gimnosofistas--dice Kosmos.

---Añado que Pirrôn tambiên fue al mismo territorio con su cultura propia

y con el mismo telos--dice el didâscalos filosôfico.

---Câspita, verdad que sî, el oriundo de Elis.

---Pero, Kosmithôs, dime una cosa: tû verdaderamente viste comer, en casa

de Malerei, a ese gimnosofista?

---Yo me quedê fuera de la casa. Por quê pregunta, didâscalos?

---Porque los ascetas de la India no ingieren alimentos por ser enemigos de

 la pureza del pensamiento.

---Cômo, que no comen?

---Sôlo hierbas, hojitas y boberîas como êstas.

---Saben lo que me resulta increîble?

---Quê es lo que resûltale asî, Vercingetôrix?---pregunta Kosmos.

---De que ese gimnosofista estê interesado, realmente, en los cursos aquî.

Quê va (a)aprender êl de nosotros, que en todo caso serîa al revês?

---Aprender no mas que sî pudiera aprehender.

---Aprehender? A quiên prenderîa?

---No, Perrasiestes, no! Aprehender en el sentido de percibir con los senti-

dos o la inteligencia sin formar un juicio---clara el didâscalos filosôfico.

---Aun asî, didâscalos, y en ese sentido, yo no estoy muy convencido--dice

Vercingetôrix.

---Usted no lo estarâ, Vercingetôrix, mas sabe usted de lo que sî yo estoy y

del todo convencido? 

---De quê, Macco, de quê?

---De que el gimnosofista siêntese en pleno retiro viviendo en el pasadizo.

---Pero, señor, el gimnosofista rechazô vivir en casa de Malerei por otra co-

sa; nunca hablô de retiro alguno---dice Kosmithôs.

---La palabra retiro no la dicen con la lengua mas la tienen muy presente y

en el pensamiento.

---Quê dirân el turilupino y el begardo de la identidad ascêtica presente en

el pasadizo?

---Kosmos, y quiênes son esos?---pregunta el Bury.

---Dos personajes con los que me encontrê ahî.

---Kosmos, tû estâs seguro de haberlos visto, o fue una visiôn tuya?

---Vercingetôrix, que los vi en carne y hueso.

---Desde la primera vez que tû lo dijiste me pareciô algo muy raro, extrañî-

simo; pero bueno, y para no engendrar un excurso, no pregunto mâs.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que usted no conô-

ceme de ayer, Vercingetôrix.

---Por eso mismo, Kosmos, por eso!!

---En fin, que por lo menos a los tres personajes no les faltarân ni hierbas

ni hojitas, porque el pasadizo tiene una gran parte en el bosque.

---Usted tambiên estuvo en el pasadizo, didâscalos?---fisga el Bury.

---Lo sê por Kosmos, por êl me enterê.

---Ya dije que estuve a punto de entrar, pero estando allî cambiê de idea y

teniendo en la mano una antorcha-----dice Kosmithôs que agrega: sigo to-

cando el crôtalo.


         Y acopas aparece Sunev, y sin dilaciôn dîcele a Kosmithôs:


----Deja de tocar ese instrumento y ven conmigo a palacio, que tû hijo estâ

insoportable y ha ensuciado todo su cuarto con una especialidad de comida

que hizo el cocinero de Irlanda.

----Quê, lo volviste a castigar?

----Se ganô el castigo por haberse escapado del anterior castigo por la ven-

tana del cuarto.

----A quiên habrâ salido travieso y rebelde, a quiên? Al avîo, Kosmithôs, al

avîo!!---afirma Kosmos.

---Me retiro, contertulios, pero regreso lo mâs râpido posible---dice Kosmi-

thôs.


(en palacio)


        Despuês de una breve conversa con Kôs, y para sacarlo definitivamen-

te de su estado de enfurecimiento, Kosmithôs pregûntale:

---No te parece buena idea salir a dar una vuelta, tû con el caballo negro y yo

con el corcel asturiano?

---De acuerdo! Pero sôlo nosotros dos, nada de escolta, de soldados bâratos

detrâs de mî.

---Claro que no, que la escolta sôlo es cuando tû sales solo o con Ateriana.

---Entonces, ya nos vamos?

---Dêjame primero informarle a tu madre, que si no despuês la coge conmigo.

---Estâ bien, te espero aquî.

---Eso!! Quêdate aquî tranquilito como si fueses un mancebo bueno.





























 



























 
















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