Diez minutos despuês comienza el traslado del morlaco del bosque cer-
cano a Albula a casa del cazador. Kosmithôs a pie agarraba con su derecha
mano el arreo del corcel asturiano, y a la zaga del morlaco caminaban Are-
te, el gimnosofista y el cazador, mas sin poder eludir que el polvo levanta-
do por el arrastre del morlaco penetrara por sus narices, motivo por el cual
Arete estornudô varias veces. Como el cambio de un sitio a otro realizâba-
se con parsimonia, Kosmithôs observaba hacia todas partes, lo que no era
otra cosa que un solvento contra el mismîsimo tedio. Y si con esta obser-
vaciôn descubriô cosas hasta el momento no vistas, paisajes y colores aci-
cateantes, asimismo divisô que la signora Lacrusea y Nausica venîan por
la misma conductual caminado unos cuantos metros delante y en opuesta
direcciôn. Notô que la signora Lacrusea cubrîa su cuerpo con una vestidu-
ra de lino, vestidura que como tal, y segûn dejado saber por Kosmos, era
la tîpica utilizada en los cultos egipcios, aunque tambiên que embrisâba-
se su semblante con un no pequeño abanico polîcromo, variedad de colo-
res que recordôle al guacamayo de Konfuza. En lo atinente a Nausica su
forma de bestir era la misma de siempre, mas de su cuello colgaban unas
conchas engastadas a una cinta que funcionaba como un torques, lo que
diole pâbulo de pensar a Kosmithôs en el onîrico que tuvo Nausica, y el
contô hace ya bastante tiempo, con la diferencia de que en êste el torques
colgaba de una rama de un ârbol que protegîa una ceremonia ritualizada
y, como tal, perteneciente a una alcheringa que muy pocos recuerdan, pu-
diesen recordar. De resultar interesante el encuentro mâs dêbese a un re-
conocimiento que a una no tan tenida en cuenta causalidad, y sobre todo
para la signora Lacrusea, la que despuês de mirar varias veces al gimno-
sofista lo identifica: Tircano Cilatino, el novio que tuvo en los tiempos
en que êste visitaba el colegio de los sacerdotes Salios, allende de haber
trabajado como informante secreto de Cotisôn Alanda Coto,
---Y quiên nos iba a decir que nos volverîamos algûn dîa a encontrar.
---Pero Tircano, su rostro no se me olvida, mas nunca lo vi asî, en ese es-
tado en que estâ usted. Por quê usted anda asî, se volviô loco?--pregunta
signora Lacrusea abanicândose sin cesar por la subida de la temperatura
en su cuerpo.
---Al contrario, me volvî sabio, pero es una historia larga de contar.
---Asî se llama usted, gimnosofista?---pregunta Kosmithôs.
---Sî!! Tal es mi nombre, el que no habîa utilizado mâs desde mi conver-
siôn a asceta.
---Tircano, con el tiempo he olvidado sus abusos. Se acuerda usted del y
compinche del flamen en el colegio de los sacerdotes Salios?--pregunta
la signora Lacrusea.
---Pempeo Noncola, el que reforzô su creencia especializândose en lo re-
ferente a las ofrendas destinadas al hijo de Juno, y por el que se enterô el
flamen de mis abusos contra usted.
---Correcto! Y le comunico que ese flamen es el del templo de Jano Qui-
rino aquî en Bedriaco.
---El mundo mâs pequeño no puede ser! Pero yo no conozco a ese flamen.
---Yo sî ya lo conocî, ademâs de que en cuanto lleguê aquî fue a entregar-
le unos originales de los poemas neronianos que me dio Pempeo Noncola.
Y mire, Tircano, esta es mi hija, Nausica.
---Hola, Tircano, hola--dice Nausica dândole la mano.
---Entonces tû padre es Akalistôn, no?
---Sî, Tircano, el difunto Akalistôn.
---Tu padre y yo tuvimos una conexiôn en la corte de Cotisôn Alanda Co-
to; siento de verdad su fenecimiento. Y cuândo y dônde muriô?
---Hace ya un tiempo y en la ciudad del ocio.
---Ten mi pesar, aunque demasiado retrasado.
---Esta bien, Tircano, gracias!!
---Y mire, signora Lacrusea, ella es Arete, la nueva etera de Masalia novia
del cocinero de Irlanda, y êl es el cazador---dice Kosmithôs.
---A ella no la conocîa en persona; a êl me parece haberlo visto en el ûlti-
mo âgape en palacio. Y ese morlaco enorme de dônde lo sacaron?
---Del bosque cercano a Albula, y yo disparê la flecha--responde el cazador.
---Y este cuadrûpedo tan bonito es cogido para halar un animal tan grande?
---Ademâs de bonito es fuerte, signora Lacrusea--dice Kosmithôs.
---Y adônde ustedes llevan el morlaco?
---A mi casa, signora Lacrusea, y estâ invitada a comer carne y su hija tam-
biên--dice el cazador.
---Nosotras no tenemos mucho que hacer, asî que aceptamos la invitaciôn.
---Muy bien!! Entonces a mi casa, al banquete carnîvoro--dice el cazador.
Pero antes de llegar a su casa dîcele el cazador a sus concomitantes
que entrarâ en la granja del leñador de Britania para que êste trâigale la su-
ficiente cantidad de madera menester para pasar por el fuego al sucumbido
morlaco. Como al parecer el cazador tenîa un dîa en que todo funciona sin
problema de ningûn tipo, sin que aparezca un inconveniente, una situaciôn
inesperada, un suspiro por causa de que todo sale mal y con el que tal vez
lôgrase tener brevemente paciencia, que si no un conformismo frente a co-
sas que porque tienen que suceder sucederân a pesar de todo, la presencia
del leñador frente a êl tuvo lugar en cuestiones de segundos, y precisamen-
te trayendo un pequeño carretôn atiborrado de madera acabada de cortar, y
como tal fresca e incluso con olor a bosque.
---Vaya sorpresa, cazador, tiempo que no lo veîa. Me viene a visitar o le es
necesaria mi ayuda en algo?
---Mire usted leñador. Se trata de que acabo de atravesar mortalmente con
una de mis flechas a un morlaco en el bosque cercano a Albula, y necesito
una buena cantidad de madera para pasarlo por el fuego.
---Hablando de madera mire usted la cantidad que hay en este carretôn.
---Sî, la veo, mas no sê si estâ es la cantidad que usted me puede vender.
---Para lo que usted quiere la madera, leñador, mejor es recientemente cor-
tada, y sabe usted el porquê? Porque asî se quema mejor.
---Si usted con la experiencia que tiene lo dice le creo totalmente. Pero pa-
sa una cosa, leñador. Ahora no llevo peculio conmigo, o mejor dicho, el y
que llevo encima no es suficiente para pagarle...
---Cazador, deje, no se preopcupe por eso, que yo lo conozco y sê que en
usted puedo confiar. Mire, llêvese este pequeño carretôn y mañana paso y
por su casa para decirle cuânto me debe dar.
---Gracias, leñador, gracias!! No quiere usted venir a mi casa ahora para
participar del âgape carnîvoro, que serîa usted un invitado mâs?
---Y quiênes son los otros, leñador?
---Kosmithôs, Arete, la nueva novia del cocinero de Irlanda, la signora La-
crusea, Nausica y un gimnosifista, del que acabo de saber por la signora La-
crusea que se llama Tircano Cilatino.
---Cômo, un gimnosofista? Y de dônde saliô?
---Eso no lo sê, hasta para mî es nuevo.
---Bueno, acepto la invitaciôn, pero llegarê un poco tarde a su casa porque
aûn me quedan cosas por hacer.
---Tranquilo, que primero hay que hacer el fuego y despuês pasar por êste
al morlaco, por lo que mâs o menos son necesarias de tres y medias a cuatro
horas. Entonces nos vemos mâs tarde, leñador. Hasta entonces.
---Hasta entonces, cazador.
Y acopas llega Kalîas, y sin dilaciôn pregunta:
---Y yo no estoy invitado a su casa, cazador?
---Contra, Kalîas, que buena escucha usted tiene.
---Un ex-aficîonado de la cetrerîa, cômo no tendrîa escucha buena? El vue-
lo de los halcones produce una lînea sonora que proporciona un suntuso de-
sarrollo de los oîdos.
---Eso no lo sabîa, Kalîas. Tambiên estâ usted invitado, que carne hay para
un batallôn.
---Perfecto!! Llevarê tres o cuatro botellitas de vino, que la carne sin vino
no es nada grata.
---De acuerdo, Kalîas, me parece una buena idea. Hasta mâs tarde. Nos ve-
mos. Y me voy, que debo hacer el fuego.
---Recuerde no hacer el fuego cerca de donde hayan pajas, que si no coge-
ra candela todo Bedriaco---dice el leñador de Britania.
---Y risas del cazador y de Kalîas.
---Y usted dônde estaba metido, se fue de vacaciones. Kalîas?
---No, leñador, de vacaciones nada. Estaba ocupado en buscar un halcôn
para dar clases de cetrerîa en la Kosmona.
---Clases de cetrerîa en la Kosmona? Cômo es eso, Kalîas?
---En la instituciôn se empezarân a dar unos cursos que ya no son gratis,
siendo uno de êstos el de la cetrerîa.
---Y quiên tuvo la idea de dar esos cursos?
---Los contertulios, quiênes si no?
---Y su salud cômo anda?
---Mâs vieja pero en orden, equilibrada. Y la suya, leñador?
---Mâs equilibrada que vieja, porque no creo que la salud tenga edad.
---En fin, leñador, que lo importante es que estamos aquî.
---Quê le parece si nos tomamos unos traguitos, Kalîas?
---Que quê me parece? Me parece bien.
---Pues vamos adentro por los traguitos.
---Afuera no podemos ir, porque ya estamos.
---Usted como de vez en cuando desprendiendo humor.
---Vamo adentro o no?
---Vamos, Kalîas, vamos!!
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