El zapatero Cliôn, el que allende de ser un inveterado compinche de
mi tîo en su juventud luchô en Âfrica contra las huestes de Kololû financia-
das por un presidente forâneo, era por muchas personas conocido y estima-
do, y no solamente por su mirîfico carâcter sino que asimismo por su atrac-
tiva y estimulante facundia; la sûmula de sus edades llegaba a 61; aunque
cojitranco debido a un golpe vigoroso que diêronle con la culata de un fusil
en una de las batallas mâs conspicuas por la que pasô, su cojear no era ôbi-
ce o impedimento como para renunciar a su oficio, aunque sî un problema
significativo a la hora de correr detrâs de un bus que no parârase en la pa-
rada por estar atiborrado de gentes.
Y repleto de gentes detiênese un bus cuasi al faltarme tres metros
para llegar a la zapaterîa, empero sigo caminando y olvîdome del espectâ-
culo, de los desafios humanos y de los orgullos colgando de las tres puer-
tas del medio de transporte. Llegô entonces a la zapaterîa y la puerta esta-
ba cerrada. Me resultô raro que Cliôn no estuviese, pero como cada cosa
tiene su momento era mejor una actitud estoica que una inquieta o deses-
perada, que a la postre y al cabo la suela de un zapato puede esperar. Sin
pensar en mâs nada que en regresar a mi apartamento, donde amên de y
esperar la llamada de Cratino pondrîame a leer o a escribir, el tono de la
voz de una hembra acarrea sûbito mi atenciôn.
---Te informo de que el zapatero Cliôn no sentîase bien, motivo por el y
el cual se retirô a su casa.
Sin dilaciôn le doy las gracias por lo amplificado, mîrola profunda-
mente y pregûntole cômo es que ella sabîa lo que dîjome.
---Es que soy su vecina, y me quiere como a una hija. Mi nombre es As-
pasia. Y tû como te llamas?
---Kosmos, mi ônoma es Kosmos.
---Ônoma? Una palabra aquea que muy pocos conocen. Quê, eres escritor
o tienes conocimiento de lengua griega?
---Yo dirîa que las dos cosas.
---Interesante!! Y has escrito libros?
---"La cazuela de Vitelio".
---Es el que llevas contigo?
---No!! Êste es de Suetonio, "La vida de los doce cêsares", el que sirviô-
m de aliciente para escribir mi libro.
---Y cuânto tiempo te llevô escribirlo?
---Câspita!! Nada mâs y nada menos que seis años.
---Seis años? Impresionante!! Y quê, piensas publicarlo?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! No, no he pensa-
do eso.
---Kosmos, y si no lo has pensado pudiera leerlo?
---Mas tendrîas que venir a mi apartamento, porque de êste no sale; aquî
lo empolla la sombra.
---Aquî lo empolla la sombra!! Vaya expresiôn! De acuerdo. Cuândo pue-
do pasar por tu apartamento?
---Cuando quieras, tengas tiempo o te dê la mismîsima gana de hacerme
una visita.
---O sea espontaniamente. Y dônde vives?
---En la calle Strawinsky!
---No me digas que vives ahî, verdad? Yo toco el chelo, pero lo estudio
casi todos los dîas en el lado izquierdo de la catedral barroca.
---Y por quê no en tu casa?
---Por las reclamaciones de los vecinos, ademâs que, de paso, me gano
unas monedas cuando lo estudio ahî, dinero que me hace falta para pa-
garme una parte de la carrera en la escuela de mûsica; la otra la pagan
mis padres.
---Entiendo!! Êsa es la res!! Y dime, Aspasia: tienes algo que hacer ora?
---Ya hice! Acabo de bajarme del bus que me transportô de la escuela de
mûsica (a)quî.
---Del bus atiborrado de gentes?
---Asî es, y donde hay mâs materia sexuada que otra cosa, casi como y
que me violan.
----Capto, Aspasia, capto!!
----Y por quê me hiciste la pregunta?
----Para saber si no estabas ocupada y asî invitarte a mi apartamento.
----Pero no me habîas dicho que cuando quisiera, tuviera tiempo y me
diera la gana mismîsima de hacerte una visita?
----Revêlote una cosa: encântame hacer pruebas para saber de quê jaez
es la memoria de la persona que conmigo conversa.
----Kosmos, yo tengo buena memoria.
----Acâbolo de comprobar: la tuya no es de jaez mala.
----Mira, hacemos una cosa.
----Cuâl cosa hacemos?
----Me esperas mâs o menos diez minutos aquî, que yo voy a cambiar-
me de ropa. Ah, y respecto al zapatero Cliôn, que me imagino que ha-
yas venido por razones de calzado roto o algo como eso, si te puedo y
ayudar en algo me dices que yo se lo digo a êl.
----Gracias, Aspasia! Pero puedo volver mañana, que trâtase solamen-
te de una suela despegada.
----Como quieras.
----Ve a cambiarte las telas. Al avîo, al avîo!!
Al pasar los diez minutos, los que pasaron tan râpido que no los
vi pasar, Aspasia regresa trayendo un pequeño maletîn de cuero con y
dos tan largos asideros que podîan meterse dos brazos. Sobre el pucho
pregûntame si podîa ducharse en mi apartamento, ya que al no haber
agua en el suyo no pudo cambiarse de ropas. Contestêle clarîsimamen-
te que sî, que cômo negarle que utilizara la ducha de mi apartamento
para algo tan relevante: la limpidez del corpus o con jabôn o con gel.
Y entonces dîceme:
---Kosmos, de mi gusto es mâs el jabôn que el gel, el que ya estâ me-
tî en el maletîn.
---Vaya pre-venida que eres: antes de la cosa piensas en la cosa.
---Eso de pre-venida, de la forma que lo dijiste, me parece que tiene
que ver mâs con tu fantasîa que con el significado justo y concreto del
adjetivo, no?
Yo hîceme el tonto, el despistado, el sordo efîmero para no perju-
dicar el instante con una respuesta que pudiera causar sensaciôn, y con
la que ella pudiera penetrar en el mundo que denomino "el de lo cupi-
doso regalado, o sea, al que puede entrarse por el impulso que dejô una
emociôn menos que por el engendrado por un pensar con esfuerzo.
---En fin, Kosmos, nos vamos a tu apartamento?
---Êsa es la res, Aspasia, êsa!!
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