Mittwoch, 11. Oktober 2023

1173, 112.

       Y en lo que dilucidâbale a Kosmithôs tanto de lo hablado con kôs como

asimismo el motivo de la conversa, el cazador queda un poco estupefacto al

observar que Vercingetôrix acercâbase portando en su tronco un manguerôn

enrollado de color verde. Con esta observaciôn la dilucidaciôn queda a me-

dias, sin terminar debido a que el cazador dêjale saber a Kosmithôs que ve-

nîa  hacia ellos  Vercingetôrix y trayendo el susodicho flexible tubôn, razôn

por la cual Kosmithôs va al encuentro de êste y, sin dilaciôn, pregûntale:

---Vercingetôrix, y por quê usted trae consigo este manguerôn?

---Es que desde la Kosmona divisê que la nube de humo que salîa de aquî

solapaba cuasi todo el conspicuo tamaño del Iubbar, el que simboliza rena-

cimiento y transformaciôn.

---No es el taxus, segûn dice el tîo de Kosmos?

---Taxus es el nombre genêrico en latîn.

---Entiendo!! Pero aûn no comprendo que tiene que ver el manguerôn en 

todo esto.

---Kosmithôs, que lo voy a utilizar para echarle agua al Iubhar y asî lim-

piarlo.

---Cômo, quê usted ha dicho, limpiar el Iubhar? No suena eso un poco lo-

co?

---Yo sê lo que te digo, Kosmithôs. A ver, dime: sabes tû dônde puedo en-

contrar una salida de agua aquî?

---Cazador, le puede responder usted la pregunta a Vercingetôrix?--fisga

cuasi gritando Kosmithôs.

---De cuâl se trata?

---Cazador, dônde hay una salida de agua?---pregunta Vercingetôrix.

---Allî, a la derecha de esa loma de escombros---responde el cazador a la

vez que señala.

---Ah, gracias!!

---Y quê va a hacer Vercingetôrix con ese manguerôn?---pregûntale el ca-

zador a Kosmithôs al regresar êste.

---Echarle agua al Iubhar para quitarle de encima la nube de humo. Quê

usted cree, cazador, estarâ Vercingetôrix bien de su testa?

---A mî me parece un poco trastornado; pero en fîn, que cada tema tiene

un loco, si êl quiere hacer eso que lo haga.

---Quê es el Iubhar?---pregunta Kôs.

---Aquel ârbol que sobresale allâ, lo ves?---responde Kosmithôs indican-

do con la mano y que pregûntale al cazador: y cuânto mâs o menos falta

para que la carne del morlaco se pueda comer?

---No mâs de una hora, no mâs que solamente una.


          Vercingetôrix al encontrar la salida del agua conecta el manguerôn

a êsta. A continuaciôn empieza a desenrollar el tubo flexible mas caminan-

do en direcciôn hacia donde estaba el tejo. Llegado el momento en que se

vira para comprobar si el estiramiento del manguerôn estaba correcto, al-

go que eludirîa el problema de que el correr del agua no quedarâ sin la co-

rrespondencia fuerza menester, lo que a su vez es garante de que el chorro

contara con la indefectible pudiencia, ve que un ratôn, y como si fuese un

suntuoso  acrôbata sobre la tensiôn de la cuerda, caminaba sobre el verde

manguerôn con destacada soltura, siendo êsta la causa de otro alteramien-

to  de la signora Lacrusea; y de afirmar tres veces, como efecto, estas ûni-

cas y mismas palabras: un ratôn, un ratôn, un ratôn!! De inmediato a êsta

aserciôn Nausica agarra una piedra con la intenciôn de apabullarle la tes-

ta al ratôn, pero la reacciôn de Vercingetôrix fue la soltar el manguerôn y

salir corriendo hacia donde estaba Nausica para impedirle su objetivo.

---Suêlteme la mano, Vercingetôrix, suêltemela!!

---No puedo permitirte que hagas lo que pretendes hacer, Nausica. No!!

---Vercingetôrix, es tan sôlo un ratôn, un animal asqueroso.

---Lo serâ para ti no para mî, ya que en las leyendas celtas el ratôn varias

veces aparece y se le vincula a la capacidad de esconderse ante el peligro

y hallar la belleza en las pequeñas cosas.

---Pues yo no tengo nada que ver con esas leyendas, asî que deje libre mi

mano.

---No lo hagas, Nausica, hazlo por mî---pide Kôs a la vez que coge el ra-

tôn y empeiza (a)cariciarlo.

        Y acopas sucede algo insôlito: el gato Lah mêtese entre los pies de

Kôs y comienza a mirarlo sin ronronear, como si quisiera amistarse con

êl. Y entonces dice Kôs:

---Yo no entiendo a este gato. Hace no mucho querîa atacarme, y ahora

estâ entre mis pies como si hubiese olvidado los caracoles que le tiraba

con el cochlear.

---Kôs, eso tiene una explicaciôn, a pesar de que yo te haya dicho que y

el desprecio de Lah por ti serîa para toda una vida.

---Y cuâl es la explicaciôn, cazador?

---Es que Lah juega con el ratôn, es su entretenimiento sobre todo en la

nocturna, y entonces al ver Lah que tu acaricias a su amigo al parecer te

empieza a considerar un amigo de êl.

---No habîa pensado en eso, cazador--dice Kôs poniendo el ratôn en el

piso, y viendo como al salir corriendo Lah lo perseguîa.

---Cômo que existe amistad entre un gato y un ratôn, si de hecho son y

enemigos?

---Signora Lacrusea, toda regla no tiene su excepciôn?--pregunta el caza-

dor.

---Regla ha dicho usted?

---Eso acabo (de)cir, signora, eso!

---Les comunico que me incorporo a la tarea interrumpida: la de limpidar

el Iubhar con un chorro de agua---dice Vercingetôrix.

---Y el chorro llega hasta arriba del ârbol, Vercingetôrix?---pregunta Kosmi-

thôs.

---Es mejor limpidarlo de arriba hacia abajo.

---Y cômo usted harîa eso, Vercingetôrix?

---Muy fâcil: encaramarme con el manguerôn en el Iubhar, lo mâs alto posi-

ble, y desde esta altura mojarlo con el chorro de agua.

---Tenga usted cuidado, que mire lo que le pasô al eunuco Posides.

---Cômo olvidarlo? Mas êl se cayô por otra razôn, lo que no es lo mismo.

---Ya sê que no, Vercingetôrix, pero lo que quise decir es que se cayô de me-

nos altura y con el trastazo que diose contra el suelo sucumbiô; fue suficien-

te para llegar al segundo sistema.

---No te preocupes, Kosmithôs, que yo no me voy a caer.

---Cuando termine aquî lo esperamos, que tambiên queda usted invitado al

banquete carnîvoro---dice el cazador.

---Gracias, cazador!! Al terminar regreso.

---Muy bien, y hasta entonces.





























     

 



  











 













Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...