Freitag, 27. Oktober 2023

El mundo despuês de los mundos (3)

        En mi apartamento los libros estân por doquier, y para sacar a puesto,

a colocaciôn una locuciôn adverbial estân dondequiera; son tantos que pa-

ra  dejarlos exentos del polvo en un sôlo dîa es cuasi imposible, razôn por

la  cual aûn no he pensado en las veinte y cuatro horas necesarias para ha-

cer  un trabajo de limpieza con un plumero elêctrico, y con êste con el fin

de eludir el cansancio de la mano laboriosa. La parte de esta cantidad que

descolla en el baño fue la causante de que Aspasia preguntârame si podîa

quitarla de enfrente de la ducha, ya que al bloquear el paso resultâbale di-

fîcil entrar en êsta. Y entonces sin dilaciôn le respondî: te doy mi beneplâ-

cito, te lo doy. Media hora estuvo Aspasia mojândose, por lo que ocurriô-

seme  mientras tanto lo siguiente: voy a tener que usar el plumero elêctri-

co para quitarle a la ducha los pelos caîdos de su guedeja. Al salir del ba-

ño olîa como la esposa de Pericles en las ceremonias mâs înclitas, empe-

ro con la diferencia de que al no tener puesto un chitôn, sino una transpa-

rente bata, el olor no permaneciô mucho tiempo con su seductivo mayes-

tâtico vigor.

----Kosmos, volvî a poner la suma de libros donde estaba. Y gracias por

dejarme bañarme con tu ducha.

----De nada, Aspasia, de nada. Y dime, quê deseas tomar antes de empe-

zar a leer "La cazuela de Vitelio"?

----Cafê si tienes, si no tê.

----Age a mî mismo. Al avîo!! Preparo la cafetera.

         Non plus ultra de siete minutos voy de la cocina a la sala con una

bandeja  de aluminio que  soportaba el peso de la cafetera, de dos tazas, 

de un pomito de azûcar y de dos cucharitas. Aspasia esperâbame senta-

da  en el sofâ con las  piernas cruzadas. Por su cuello descendîan parsi-

mônicamente unas gotas de agua provenientes de su guadeja aûn no se-

ca del todo, las  que al mojar la tela de su bata transparente dejaban (de 

tal guisa) en mis ôculos el incentivo menester para la formaciôn de una

imago que pasarîa por lo fabril del magîn para terminar arropada por la

verba adusta.

---Kosmos, me sirves el cafê y dejas de mirarme lo que me estâs miran-

do?

         A raîz del primer sorbo, y con el debido cuidado de no quemarse

los labios, Aspasia quêdase mirando, a travês de la ventana, el edîculo

construido encima de un Karakorum.

---Kosmos, y por quê ese edificio pequeño sobre ese macizo montaño-

so?

---Aspasia, yo no soy alarife, pero sabes quiên vive ahî?

---De no ser tu alarife yo toco el chelo y no soy adivina.

---Cratino, un compinche mîo del preuniversitario, con el que hoy des-

puês de treinta años me encontrê y me llamarâ mâs tarde.

---Treinta años sî que son algo. Y êl tambiên es escritor?

---Es mâs bien un gran lector.

---Cômo no ser tu compinche, no? Y quê, dônde estâ tu novela?

---En mi estudio y protegida por cajas de zapato. 

---Quê, debo ir a tu estudio?

---No!! Quêdate cômoda, que traîgo la novela y te la pongo encima de

tus piernas cruzadas.

---Y si yo te dijera que quiero ver tu estudio.

---Pues entonces descruza las piernas y ven conmigo.

            Acopas el estrêpito de unos cañonazos en la academia militar, y

construida  asimismo encima del  Karakorum mas a la zaga del edîculo

donde vive Cratino, fue la causa de que acabârase el mutismo que hasta

el momento habîa, mas asimismo de que Aspasia fuertemente abrazâra-

me, calaña de que al sentir miedo êrale menester la protecciôn tempesti-

va. Yo dêjele saber que los cañonazos pudieran deberse a dos cosas: o a

prâcticas  militares de artillerîa o a la celebraciôn de la fiesta que apellî-

dase nacional.

---Te agradezco tu intenciôn de calmarme, de darme tranquilidad, Kos-

mos, pero contra lo que me asusta el remedio no es que me dejen saber

algo.

         A continuaciôn dîgole que de no escindirse de mî no podîa llevar

las  cinco cajas de zapato al sofâ, a no ser que por quererlo deseara por

mâs tiempo mantenerse pegada a mi cuerpo como un molusco terrestre,

algo que yo entenderîa sobre el pucho y como tal quedarîame inmôvil,

o  sin hacer algûn movimiento que revelara mi fruiciôn. Empero como

acabôse el estrêpito separôse de mi entramado humano, regresô al sofâ

y volviô a cruzar las piernas.

         Una hora despuês Aspasia ya habîa leîdo las dos primeras partes

de la novela, allende del resumen detallado y bien elaborado que hizo

de êstas. Dentro de este resumen celebra la fiesta de la verba y lo pim-

pante de su proyecciôn; el cômo salta y ludica apoyada por las diferen-

tes voces que mantiênenla activa, en la escena, es el escenario que con

soltura desarrôllase. Yo la escuchaba con oîdos muy abiertos, como en

Siracusa  Dionisio a la verba de los  prisioneros, lo que nada tiene que

ver o lo que no traduce que Aspasia por cuestiones de mi magîn efîme-

ramente  estuviese encerrada en una cuadratura destinada a la estancia

o la permanencia de los reos. Y si algo dirime la susodicha escucha no

es otra cosa que el sonar del timbre de la puerta, lo que claramente jus-

tifica, sin duda para nadie como tampoco sospecha, que hâyame levan-

tado  sûbito del sofâ para seguido arrumbar mis pasos hacia la cerrada

puerta.

       El semblante pâlido de Cratino despertô raudo mi interês de saber

quê pâsabale, o quê pasarîale de haber pensado o imaginado algo desa-

gradable, negativo o no gayo, Y entonces pregûntole:

---Y a quê dêbese la palidez de tu jeta?

---Al temblor de mi edîculo por el disparo de los cañones; pensê que se

caîa. Ademâs, te llamê y no cogiste el telêfono.

----Cômo que me llamaste, cuândo?

----Cuando sonaban los cañones.

----Habrâ sido por el estrêpito que no escuchê tu llamada, y por lo mis-

mo que Aspasia sintiô algo de miedo, lo trayente de la consecuencia de

que abrazârame por un rato.

----Vaya suerte la tuya!!Aspasia? Quiên es êsa?

----Ven que presêntotela, sîgueme que ella estâ en el sofâ.

          Despuês de la presentaciôn, del beso regalado y de que los ôcu-

los de Cratino contemplaran con fijeza la bata transparente de Aspasia,

êsta  quêdaseme mirando  con cierta extrañeza, y seguido pregûntale a

êl quitândose de encima de sus piernas cruzadas la segunda parte de la

novela:

---Quê, no tienes esposa, novia o querida?

---Hace siete años que no tengo novia, que las curvas de una fêmina no 

llegan a mis manos.

---Siete años? Y por quê tanto tiempo?

---No  tengo ganas de  hablar de eso, de clarar el motivo, la causa, la ra-

zôn o el porquê?

          Y entonces cômo no interrumpirîa yo la conversaciôn a raîz de la 

escucha de la numeral siete, mas como Cratino no estâ ajeno al saber de 

que tal numeral es la preferida mîa, la dejante de una resonancia tremen-

da, dirige su mirada a mî y dîceme:

----Ya sê que el nûmero que le sigue al seis es para ti rey, el que impera.

----De eso cuenta me di, por lo que no es improvisaciôn de que el cama-

rote del navîo tenga ese nûmero------dice Aspasia que agrega: aparte de

ser un nûmero que varias veces es utilizado.

----Y cuântas partes has leîdo de la novela, Aspasia?

----Las dos primeras. Y tû, Cratino?

----Leî las cinco partes pero someramente, y Albula me recordô el rîo

que pasa por el bosque de los liberales, y que puêdese ver desde la aca-

demia militar erigida detrâs de mi edîculo.

----El bosque de los liberales?

----Aspasia, se llama asî porque todos los que penetran en êl son aman-

tes de la naturaleza, cazan desnudos y se bañan en el rîo. Ustedes oye-

ron los cañonazos, no? Pues bien, a este rîo llegaban los proyectiles de

los cañones.

----No significa eso su posible destrucciôn?

----Eso no lo sê, Aspasia.

----Kosmos, tû no me dijiste que...

              Apoderândome de la verba vuêlvole a repetir a Aspasia que los

cañonazos o eran debido a prâcticas militares de artillerîa o a la celebra-

ciôn  de la fiesta nacional, por lo que quedâbame descartado el patêtico

pensar  de que la razôn de aquêllos fuese la de acabar o con el rîo o con

el bosque; de que sî, y por ser algo sempiterno por vivir en sociedad, la

moralia de los conservadores pudiera entrar en conflicto con los que de

 facto alêjanse de las conveciones sociales, pero que no significa tajan-

te o taxativamente que el hipotêtico conviêrtase en un tiro con punterîa 

de  proyectil de cañôn a  continuaciôn de un proyecto partidista de lim-

pieza.

-----Kosmos, y acaso pensaste en tal bosque de los liberales para meter

en tu novela a Albula y su bosque cercano?  

----Kosmos, Aspasia hace muy que buenas preguntas.

----Ya sê, Cratino, ya sê. Y dêbole esta respuesta: sî y no. Sî porque fue

un aliciente; no, porque en realidad Albula fue un afluente y el bosque

cercano no era para ningûn erastes de la natura.

----Es la primera vez que oigo hablar del bosque de los liberales---dice

Aspasia.

         Por el deseo de miccionar doy la noticia de que me es apremiante

ir al baño, noticia que fue la causa de la risa de Cratino y de la jugueto-

na pregunta de Aspasia: Te hace falta ayuda? Sin dedicarle profunda es-

cucha di media vuelta, como un buen soldado del ejêrcito de la verba, y

no parê de caminar hasta llegar al toilette. Estando en êste, y en funciôn

de  bajar la bragueta de cremallera, observo que el jabôn con el que As-

pasia bañôse estaba dentro de una jabonera encima del libro con el tîtu-

lo "Mâs allâ del bien y del mal" del artîfice Nietzsche, empero como de

momento no estaba para pincelar elucubraciones o colorizar imagos, lo

mâs râpido posible miccionê, agarrê la jabonera y regresê a la sala. 

---Ah, mira, se me olvidô la jabonera. Gracias, Kosmos, gracias!!

---Cômo? Aspasia se duchô aquî?---pregunta como asombrado Cratino.

        Con esta pregunta Cratino pudiera llegar a pensar que las pompas

mâs  beneficiosas descendieron hasta acarrear alegrîa, que los entrama-

dos enjabonados uniêronse con el telos de alcanzar deleite, que la trife-

na fue el solvento contra lo famêlico de un sentir que con adjetivo uni-

versal resuena como matraca china, que lo humectante fue el elixir cu-

pular  para tempestivamente  quitar aridez. Y en fin, siempre y cuando 

que el hipotêtico sea un entretenimiento que lenifica la fuerza del ine-

xorable tedio, que llêguelo a pensar cômo le dê la gana. Y sigue la co-

sa  con la  siguiente pregunta mîa: quieren salir a dar una vuelta hasta

llegar a la catedral barroca?

 



 







 



 


















  












 




















      

  





  










 







          


 






  













 






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