1
Mi primer encuentro con Cratino despuês de treinta años de terminar
el preuniversitario tuvo lugar en el banco de un parque. A êste caîale cuasi
encima el llanto verdoso de un sauce; al estar beneficiosamente protegido
por la escasez de lumbre el sentarse sobre êl resultaba grato, por lo que en-
tonces el entrar en verba, el estar con el lenguaje resultaba ser el mâs justo
o propicio movimiento que en este instante podîase tener fuera de la bata-
hola de los cafês mâs populares y de los bares mâs descollantes. Cratino y
yo nacimos el mismo año, mas êl en Febrero y yo en Mayo. Tanto los pro-
genitores de êl como los mîos sucumbieron de forma trâgica, empero por
lo menos yo no sentîame tan îngrimo porque aûn vivîa mi tîo, una criatu-
ra lûgubre que por costumbre toma tê a las cinco de la tarde, fuma de dos
a tres tagarnas por dîa y escucha mûsica clâsica sentado en una baja pol-
trona otomana. Como tantîsimo tiempo no puede resumirse en un primer
encuentro, no es basto ni para subrayar cosas sucedidas ni el conocimien-
to alcanzado a partir de una sûmula de experiencias, centramos la perîs-
tasis de conversaciôn en "La cazuela de Vitelio". Aunque Cratino no la
leyô completa sino que someramente conocîa algo de sus partes que lle-
gan a cinco, dio calaña de interês por saber el porquê de lo que êl consi-
deraba un final abierto, y de la razôn del pastiche de los mundos con sus
parnafernalias correspondientes y dadorîas opulentes.
---Mas que uno abierto es un final acorde con la realidad de mi existen-
cia, ya que Tircano Cilatino y la signora Lacrusea fueron mis progenito-
res, los que volviêronse a encontrar no en un templo sino en la catedral
barroca, pero como las segundas partes nunca fueron buenas la relaciôn
terminô trâgicamente.
A raîz de Cratino escuchar lo anterior me puso la mano sobre el hom-
bro derecho y me dijo:
---Puedo entender, Kosmos, puedo entender, y deplorable que haya sido
asî. Pero dime: en realidad tu padre era un gimnosofista?
---Lo de gimnosofista mâs bien ocurriôseme por la costumbre de êl de
andar desnudo en la casa aun en invierno.
---Vaya costumbre!! Y cuâl fue el aliciente para tû escribir "La Cazuela
de Vitelio"?
Al canto de esta pregunta yo le puse en sus manos el libro "La vi-
da de los doce cêsares", cuyo artîfice es el înclito Suetonio.
---Si mal no recuerdo creo que me hablaste de este autor alguna vez en
el pre, no?
--- Es cierto porque es imposible.
---Ah, la frase repetida de Tertuliano que aparece mâs de una vez en tu
novela.
---Lo que aparece mâs de una vez no es algo repetido, Cratino?
---Quê, se te quedô pegada la Kosmona de la novela?
Y si verdaderamente el libro mostrado fue el aliciente, aunque yo
lo onomaria el impulso capital para pasarle pluma al papel, la base para
armar la estructura de la novela pudo ser posible teniendo en cuenta los
cuatro movimientos de Filôn, o la distinciôn que êste hace de ellos. Por
lo anterior dejê saber los cuatro movimientos: el tensional; el de un lu-
gar a otro; el continuo hacia atrâs y el continuo hacia delante, y de los
que trata la novela de forma pincelada en su inicio a travês de la mîme-
sis del navîo, figura simbôlica que valorê como la precisa por tener in-
discutiblemente atingencia con lo môvil, con lo que de facto no es es-
tâtico. Gracias a la risa es que el movimiento tensional no causa perni-
cio, una derivante de la fiesta semântica que mantiênese con un lûdico
incesante. El movimiento de un lugar a otro estâ representado por la y
presencia de la ciudad del ocio (Apragôpolis) y el estrecho de España,
aunque ligeramente por la de la însula de Aphros. La novela dentro de
la novela "El bullicio en el silencio" tiene que ver con el movimiento
hacia atrâs. Lo restante es el segundo sistema (o el otro sistema), o sea,
el movimiento hacia delante por venir la muerte despuês de la vida.
--- Sabes, kosmos, dîceme Cratino dando golpecitos con los dedos en
en libro, que el nombre de Sabinsqui me resulta conocido, como si el
de un mûsico fuese
---En realidad el ônoma de Sabinsqui lo saquê de la calle donde vivo
que llâmase Strawinsquy y donde viven varios mûsicos y poetas.
---Oh, sospecho que ese barrio de artistas en tu novela tenga algo que
que ver con lo que me acabas (de)cir.
---Cratino, y es una mirîfica sospecha. Asî es, el barrio de los Sigilarios.
Sabes que tanto êste como el de las Carinas eran barrios populares de
la inveterada Roma?
---Me acabo de enterar, Kosmos. Y esos contertulios? Cômo llegaste a
tener esta idea?
---Necesitaba reunir, para justificar la fiesta, varias voces con algo de
conocimiento, varias tonalidades expresivas a partir de la dadorîa de y
una materia, y con las cuales pudiera fundirse un interês comûn, o sea,
uno que permitiese el desarrollo de la verba, que si no su alongamien-
to, su fluencia o su efecto diamantino.
---Kosmos, y ese camarote con la numeral siete, ademâs que un repe-
tido nûmero?
---Ese camarote es algo asî como lo crîptico dentro del movimiento, y
el siete para los celtas es un nûmero muy apreciado y por ser para ellos
el mâs sagrado; sîmbolo a su vez de integridad, de sabidurîa y de espi-
ritualidad no podîa ser obviado.
Y hablando precisamente de la numeral siete, Cratino deja calaña
de uno de sus tres sîmbolos al amplificar acopas sobre una de las mâs
largas frases que salieron a puesto, a colocaciôn en lo atinente concre-
tamente a la atingencia entre organismos, de que era una con profundi-
dad y regia decoraciôn, razôn por la cual yo tuve que aplaudir durante
unos segundos, allende (de)cir la frase con destacada lentitud:
Lo simbiôtico no es lo histriônico parcionero en lo paliativo que pro-
porciona efîmeramente la katharsis de la tragedia.
A continuaciôn del aplauso me remitî a que lo simbiôtico cobra
suma relevancia entre los contertulios, porque si teatralizar en su esce-
nica funciôn hace confluir actores en el mismîsimo centro del escena-
rio, lo simbiôtico atrae como imân a los que no buscan ninguna purifi-
caciôn sino que mâs bien el apegamiento a una causa que por reportar
beneficio mantiene un vînculo humano sin detrimento y por extensiôn
productivo, dos palabras conspicuas como merecedoras de ceremonia.
Con esta resumida forma de albriciar podrîase pensar en el rol ludica-
por Sabinsqui, el que precisamente actor por un tiempo, cômo eludi-
rîa el phârmakon contra otas dadorîas menos convenientes?, aunque
en su caso no tratârase de confluencia sino de un gozo despuês del in-
vertir una parte del capital dejado por su tîo.
Sin esperar su comprensiôn profunda, ya que facto leyô la nove-
la superficialmente, sî me sorprendiô que dijêrame lo siguiente:
-----En el pre tû eras amante del teatro, y hasta me hablabas mucho de
Hamlet.
Empero me sorprendiô por dejar calaña de buena nemôsine, y
entonces dîjele:
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Vaya tremen-
da reminiscencia la que mis oîdos escuchan.
---Otra de tus frases repetidas en la novela. Cômo no acordarme, Kos-
mos, cômo olvidarlo? Y dime: eso de la idea del ojo asomante cômo
funciona?
----Dilucidar esta idea, Cratino, tiene algo de complejidad, mas expli-
cada sencillamente es algo asî como volver a mirar lo mirado hasta y
que por repeticiôn va perdiendo relevancia, y al perderla es algo me-
nos a mirar, y con tener menos que mirar un espacio va quedando va-
ciô de cosas que ya no llaman la atenciôn.
----Muy original esta idea. Y quê hay con Incitato, el que encontrô al
gato? Alguna vez tuviste un perro que hallara felinos?
----Mâs de una vez deseê tener un can, pero mas por no tenerlo que por
quererlo en sî, como tal.
----Cômo? No entiendo.
----Conoces la frase desêase lo que no tiênese?
----No! De quiên es?
----Del padre de la mayêutica.
----Y quiên es êse?
----El hijo de Sofronisco y de Fenareta.
----Me acabarâs de revelar quiên es?
----Sôcrates, Cratino, Sô-cra-tes!!
A raîz de salir por mi boca el ônoma Sôcrates, y como si por acto de
vaya quiên a saber quê cosa activârase el contacto con la deidad onîrica,
Cratino a bostezar comienza, mas cuando estaba a punto (de)cirle: me pa-
rece que es mejor que te vayas a dormir, que cuando Morfeo aparece bien
que sabe por quê hace presencia, dîceme êl a mî: creo que ya tengo sueño,
asî que te llamo mâs tarde, cuando me despierte.
---Êsa es la res, Cratino, êsa! Mas me devuelves el libro?
---Claro que si!! Aquî lo tienes, Kosmos, tômalo!
Al retirarse Cratino yo me quedê un rato mâs pero acostado en el ban-
co, allende que con el libro puesto debajo de la testa en funciôn de pulvi-
nar. Con esta posiciôn horizontal podîa contemplar mejor el llanto verdo-
so del sauce que caîa, atento mirar que al parecer diome pâbulo de hacer-
me esta pregunta: tendrâ algo que ver esta simbôlica taciturnidad del âr-
bol con el deseo de dormir de Cratino? Pasada media hora, y para eludir
quedar atrapado por un onîrico intempestivo, pôngome en posiciôn verti-
cal, agarro el libro y arrumbo mis pasos hacia mi apartamento en la calle
Strawinsqui. Yendo hacia êste soy ûnico testigo visual de una inesperada
cosa: la suela del zapato derecho estaba despegada, razôn por la cual êra-
me apremiante pasar por la zapaterîa de Cliôn.
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen