Entre las pinceladas bucôlicas y los têrminos mâs significativos la po-
sibilidad de domeñar las representaciones mâs escalofriantes, amplificaba
Kosmos a continuaciôn de escuchar la opiniôn del gimnosofista de îndole
aterradora, allende de agregar que toda imago que sucumbre cumple exac-
tamente con un plan de trabajo que si no austero caracterîzase por el rigor
del magîn del artîfice, de la intensidad del imaginario de êste que pudiera
pastichar las dimensiones del tiempo hasta lograr una mescolanza con la
que mengua la fuerza de las resonancias mâs repetidas, o que si no con la
que libêrase de los efectos mâs vigorosos de una alcheringa indeleble.
Escuchando esta facundia, cômo podrîa el didâscalos filosôfico eludir
el pensar que lo que es ser de rigor para algunos para otros es como el ali-
ciente necesario para pasar a exponer o lo que es parte de una intransigen-
te moralia, o de un programa con fijeza que no admite influencias ni forâ-
neas ni ajenas, ni tentadoras ni deîcticas, ni la de los verbos transitivos ni
las de las emisiones superlativas, por ya no decir: las de un otro que por
ethos brinca con el propôsito de extraer lo mâs relevante al estar contem-
plando desde otra posiciôn.
---Y punto a la raya y que continûe la letra!--afirma Kosmos que dîcele al
didâscalos filosôfico: gracias muchitantas por la tempestiva defensa.
---De nada!!, que el tiempo nos une y la vejez nos separa.
---Kosmos, pero que de verdad puedes con una mînima cosa hacer un dis-
curso---dice el gimnosofista que agrega: yo sôlo quise darte mi opiniôn, la
que tû has convertido como en un motivo para que tu verba no falte.
---Câspita!! Para que mi verba no falte?
---Gimnosofista, con motivo o sin êl nunca estâ ausente la verba del que y
usted mira---clara el tîo de Kosmos.
---Entonces usted me mira a mî?
---Como no voy a mirarlo si hablo con usted? Acaso usted puede hablar
con el viento para que êste se lleve las palabras?
---Por donde vamos me parece que el mirar se convertirâ en perîstasis.
---No hemos avanzando suficiente yendo, Vercingetôrix---dice Kosmos.
---Yendo, adônde?---pregunta Perrasiestes de Mocarês.
---Cenutrio, si vamos no nos movemos, y todo movimiento no es ir a?
---Kosmos, y quê nos dices de lo que pasa despuês de que Vestalia de..
de quê?---pregunta el gimnosofista.
---De Pêlope!!
---Ah. Bueno, quê sucede despuês de que Vestalia de Pêlope dase cuen-
ta de que habîa tosigado a su padre?
---Decide hacer un viaje por mar en una embarcaciôn antigua, mas êsta
se hunde y tiene que nadar hasta que es rescatada por un navîo, y en el
que mâs tarde se encuentra con Sabinsqui, el que iba a Apragôpolis por
razones familiares.
---Y cômo sigue la cosa?
---Como artîfice de momento no digo mâs, lo que es mi derecho como
tal, como el que moja la punta y embadurna a la blancura de tinta nece-
saria.
Y entonces, como flecha salida del arco de Artemis, saca a puesto.
a colocaciôn el Venerabilis Inceptor a las prostitutas jonias, mas debido
no a otra cosa que a la atinente al decir de êstas antes de entregarse del
todo al lûdico de la tryphê: hay que mojar la punta en el caso de que al
penetrar en la canasta de los dioses estê del todo ârida.
---Câspita Macco!! Sâbese que Jonia fue la tierra por antonomasia de y
las prostitutas, pero no olvide que entre nosotros hay presente un man-
bo, el que a pesar de saber una sûmula de cosas aûn no estâ preparado
para escuchar un lenguaje sobre la materia que de ôrdago bien conoce
la Pandemus.
---Y la Urania igual, pero mâs alejada de la vulgata, de la orilla [...] de
la arena---interrumpe el Bury.
---Entonces pido disculpas, que pasê por alto la presencia de tu nieto.
Reconozco mi compulsividad---dice Macco.
---Como es la primera vez acêptase su reconocimiento--dice Kosmos.
---Tintiririnti tatatâ!!, para que ôigase otra cosa, ademâs de agitar y el
crôtalo---dice Kosmithôs.
---Un cambio de la movida o una movida del cambio!!--afirma el didâs-
calos filosôfico.
---Un cambio del ir?
---Cenutrio, in casu no, sino mâs bien un cambio del lenguaje, porque
êste es asimismo movimiento de la verba---clara Kosmos.
---Entiendo, entendî. Kosmos.
---Pero señor Macco, usted ha cogido la frase de Kosmos como pretex-
to para referirse al tema de la sexualidad; le dio otro sentido para satis-
facer sus mâs întimas preferencias...
---Disculpe usted que le interrumpa--dîcele Macco al tîo de Kosmos---,
pero no tratôse de pretexto alguno ni de preferencias tampoco, que fue
solamente que me acordê del decir de las prostitutas al escuchar la pri-
mera parte de la frase de Kosmos, nada mâs que eso, ûnicamente eso.
---Contertulios, que ya yo he visto imâgenes de mujeres desnudas que
no son prostitutas, y contemplê a Arete en Albula y le escondî sus ro-
pas---dice Kôs.
---A quiên habrâ salido, a quiên?
---A mî no me mires, yo no tengo que ver nada con eso----dîcele Kos-
mithôs a Kosmos.
---Travieso y curioso!!---afirma Vercingetôrix.
Y acopas penetra en la Kosmona el soldado Argos y dice:
---Espero que Kôs estê aquî con su padre, porque afuera estân amarra-
dos a un ârbol el corcel asturiano y el caballo negro.
---Sî, Argos!! Kôs estâ aquî a mi lado, que no lo puede ver porque la si-
lla es mâs grande que êl---dice Kosmithôs.
---Muy bien!! Êl sabe que solo no puede salir de palacio, asî que si estâ
contigo no hay problema--dice Argos.
---No pasa nada, estoy con mi padre---dice Kôs.
---Argos, no desea usted quedarse un rato con nosotros, un tiempo breve?
---No, Kosmos, no puedo porque estoy de recorrido, y que por lo mismo
me esperan afuera cuatro soldados bâtaros.
---Pues al avîo, al avîo!!
---A eso voy y me voy!! Adiôs a todos.
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