Mittwoch, 30. Oktober 2024

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         Como Aspasia dejôle saber que yo estaba en la cocina ingiriendo pan y queso, Aris-

tarco supo sin ambages/circunloquios/intencionada metâfora en cuâl parte del apartamen-

to podîa encontrarme. A continuaciôn de sentarse al lado mîo, de coger un vaso y llenarlo

hasta la mitad de agua, yo lo saludê sin dejar calaña de impresiôn/asombro por su desapa-

riciôn, resultando curioso que quien quedara estupefacto fuera yo por lo que pasô acopas:

la muestra del llavero del que cuelga un elefante azul. 

---Sabes, Kosmos, el porquê de que te lo enseñe? Porque êl fue la causa de mi desapari-

ciôn.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Aristarco, y por quê la causa?  

---Porque  me puse furiosîsimo cuando me enterê por el chofer del general de que Sista

estuvo  en la cabaña  con una chica, la que no es  otra que a la que Matilde le sacô algo

de la cartera.

---Câspita!! Mas segûn lo contado por Teôfilo, Dasid lo que te dijo fue sobre el arresto

de Sista y Matilde.

---Asî es, Kosmos, es cierto, pero a mi padrastro no le dije lo que te acabo de decir.

---O sea, que sôlo le dijiste lo del arresto.

---Correcto!!

---Y cômo supo Dasid lo de la cabaña?

---Porque se lo contô Matilde Ronco Espinoza. Pero hay otra cosa.

---Amplifîcala, Aristarco, am-pli-fî-ca-la.

---Que la chica hizo un video cuando estuvo con Sista en la cama.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Esto sî que nunca lo hubiese

esperado de Sista. Sabes lo que no acabo de captar? El porquê [de que] Sista hâyale

dicho esto a su madre, que como la conocî por haber estado dos años con ella puedo 

asegurarte que jamâs revelô su vida privada a Matilde.

---Como lo ûnico que perdura es el cambio, como te he oîdo decir varias veces, es po-

sible que haya cambiado Sista.

---No es imposible, Aristarco, no lo es! Y dime, Aristarco: dîjole Matilde a Dasid quê

fue lo hurtado?

--- Bueno, Kosmos, en el caso de que se lo haya dicho Dasid no me lo dijo a mî.

---Estâ de mâs el mî, Aristarco, porque si te lo dijo...

---Ya sê, Kosmos, ya sê que te fascina detectar lo que estâ de mâs.

---Êsa es la res!! Sabes lo que ya estoy procesando? Que lo que hurtô Matilde tiene al-

guna relevaciôn para Sista.

---Kosmos, y sî es asî por quê no fue Sista la que robara?

---Aristarco, porque Sista no tiene la menester pericia para hacerlo.

---Verdad que sî!! No pensê en esto.

---Kosmos, puedo hacerle dos preguntas a Aristarco?

---Age, Aspasia!! Mueve la lengua!!

---Aristarco, la primera es la siguiente: nunca te diste cuenta de que Sista tenîa una re-

laciôn con esa chica?

---Te confieso que para este tipo de cosa no soy muy bueno. Y la segunda cuâl es?

---Quê tû hacîas hablando con el sacerdote de la catedral barroca?

---En realidad no hablaba con êl, sino era êl el que hablaba conmigo.

---Ah, entonces tengo una tercera pregunta: y por quê êl hablaba contigo?

---Porque se parô delante de mî cuando vio que me dirigîa a la linterna.

---Cômo? Pensaste de nuevo en el suicidio?

---Aspasia, ya êsta es la cuarta pregunta.

---Kosmos, que es de momento la ûltima.

---Aspasia, la idea de suicidarme no se va, no se quita, no desaparece, o mejor dicho,

se activa y se desactiva.

---Entiendo entonces que se activô por esto que nos cuentas.

---Asî es, Aspasia, asî es.

---Kosmos, ya, pregunta tû.

---Allâ voy! Por quê me llamas? Aristarco, y como Matilde Ronco Espinoza es la no-

vîa de Dasid, y Dasid es el chofer del general, el general harâ algo para sacar de la es-

taciôn a Matilde? Algo be(nêfico)neficiante para Dasid.

---No es imposible, Kosmos, precisamente por lo que haz dicho.

---Tengo una quinta pregunta! Ya sê, Kosmos, que dije que la cuarta era la ûltima mas

estoy desesperadamente curiosa por saber...

---Aspasia, pregunta el quê o el cômo, verbi gratia.

---Aristarco, y cômo se enterô la policîa de lo del hurto?

---Aspasia, la respuesta no la sabe ni el mismîsimo Dasid.

---Aristarco, y Dasid dîjote que no lo sabîa ni êl mismo?

---Kosmos, estâs fastidiândome, no? Otra cosa que te fascina: empezar a formar lîos

jugando con la palabra y el sentido. Y claro, espero en breve tu risa. Quê si no?

---Mondo lirondo que esta vez no voy tan hondo!

---Ah no? Y quê entonces?

---Preguntarte si deseas ingerir esto que vez encima de la mesa: pan y queso.

---Pues sî, que estoy hambriento.

---Pues sîrvase tû.

---Ya, el jugador incesante!!

         Y en lo que Aristarco comîa, Aspasia y yo salimos al balcôn a fumar. Al pregun-

tarme ella el porquê de decir Aristarco que el llavero fue la causa de su desapariciôn el 

lunes, cuando  en realidad  el motivo  fue el haberse enterado de la atingencia de Sista 

con  la chica, respondîle  que êl lo primero que quiso sacar a relucir que nosotros, y al 

encontrar el llavero en la cabaña, de alguna manera pudimos imaginarnos algo, porque 

como  êl nos  conoce domina/sabe que  con cada  cosa  que nos encontramos no queda 

exenta del anâlisis correspondiente/adecuado/tempestivo, lo que traduce que explorarla 

es  segurîsimo, no  dejô de tener en cuenta que tanto êl como Sista estuvieron presente 

en el escrutar que infalible tuvimos y, con êste, cualesquier posibles son baricentros de 

amplificaciôn, o de  lascamiento, un têrmino utilizado en mi novelôn, mas esta vez no 

en lo atinente a una concreta masa sino mâs bien debido a una imprudencia que pudie-

ra ser cortada en pedazos delgaditos para/con un fin determinado/preciso/concreto.

---Entonces, Kosmos, si Aristarco no tuviese el llavero que lo tuvo Teôfilo porque se

lo di yo, quê tû crees que hubiese, como primero, sacado a relucir Aristraco?

---Tres personas incluidas en una sola pregunta.

---Ya sê! Y?

---Que de formular la pregunta ininteligiblemente se pudiera formar un embrollo tre-

mendo.

---Me responderâs la pregunta o no?

---Aspasia, cômo lo voy a saber.

---Tû conoces bastante bien a Aristarco, no?

---Êsa es la res! Y deja de preguntar que viene êl.

---Aristarco, pero tû sî que comes rapidîsimo.

---Aspasia, cuando estoy hambriento sî; cuando no, lo contrario.

---O sea, que comes lento.

---Correcto, Aspasia, correcto!!

---Y quê piensas hacer, continuar con Sista o dirimir la relaciôn con ella?

---Kosmos, de ella no quiero saber mâs nada, y que le vaya bien con su chica.

---No te gustarîa pasar por la experiencia de un triângulo cupidoso?

---Eso a mî no me interesa.

---Kosmos, sabes quê me acabas de recordar con eso de ese triângulo?

---A Sabinsqui y sus buenas amigas Scarnia y Dina.

---Y quiênes son estas personas, Kosmos?

---Personajes de mi novelôn, Aristarco, y precisamente amantes de este tipo de fi-

gura geomêtrica.

---Kosmos, podrîa echarle un vistazo a tu novelôn?

---De momento es imposible, Aristarco, porque aûn estâ en la oficina del editor La-

vinia. 

---Y quê hacemos ahora?

---Por ejemplo, Aspasia, jugar ajedrez.

---Pues, Kosmos, conmigo no cuenten, porque ese juego me aburre, asî que me voy

a leer.

---Y a mî no me aburre, mas no soy bueno jugândolo.

---Aristarco, la demostraciôn de lo que acabas de decir tiene relevancia para mî, asi

que vamos a mi estudio donde el tablero estâ preparado.

         Cuando empezamos a jugar dime cuenta raudamente de un cosa: de que Aristar-

co movîa los trebejos a trancas y barrancas, confirmaciôn/prueba de que lo que habîa-

me  dicho era totalmente cierto: que no era bueno ludicando ajedrez, lo que no quiere

decir que êsta fuera una suntuosa razôn para dejârale saber que con êl no jugaba mâs;

al  contrario, porque de facto sale a relucir o mi tolerancia o mi paciencia, es un buen

motivo para continuar jugando. Y jugando estuvimos hasta que tuve que ir al balcôn 

por una llamada a mi telêfono, y una nada mâs y nada menos que de  Francisco Soto-

longo Almendrades, el general. A raîz de la pertinente disculpa, por llamar cuasi a la

una  de la madrugada, pregûntame quê me habîa dicho el editor Lavinia, respondiên-

dole  que no podîa responderle por un porquê concreto: porque el novelôn aûn estaba 

en su oficina. Notando su preocupaciôn por el anankê de mi novelôn, dîjele que si en

par  de dîas no recibîa alguna llamada de Lavinia llamarîalo yo, o presentarîame con

mi  porte y aspecto, y sin  ninguna cita, en su oficina. Al escuchar esto ûltimo, y quê

si no a tener en cuenta, a no pasar por alto, el general enfatiza que la disciplina es de

jaez importante no solamente dentro de una academia militar, sino que asimismo in-

defectible en cualesquier cosas que hâganse y actos que llêvense a cabo, y que como

tal que me presentara yo sin cita alguna no era correcto, por lo que entonces sobre el

pucho  dîceme: Kosmos, y en el caso de que en par de dîas no recibas la llamada de 

Lavinia, llâmame  tû a mî, que me ocuparê de hablar con Lavinia para que tengas la

cita, verba por la que le di las muchitantas gracias. Seguido, y pensando que con es-

tas muchitantas gracias colgarîa, llegaba a su Ende su llamada, le deseê buen dormir,

mas sucediô otra cosa totalmente fuera de mi pensar, de esperarla en este momento:

el  dejarme saber que estaba haciendo todo lo posible por sacar de la estaciôn de po-

licîa  a Matilde y  a Sista, y que por la pesquisa realizada llegôse a saber que la pro-

genitora de la chica hurtada [por Matilde] no es otra que la criada que tuvo su difun-

ta esposa, o sea, la madre de Esmeralda.  

 

    




  






  















  


























 










 










 










  







 








Sonntag, 27. Oktober 2024

104

        Estar en la inopia no era la cuestiôn preocupante para Aspasia, sino impepinable la

referente a cômo salir incôlume del embate de mis olas verbales, siendo por esto que al-

gunas veces teatriza una representanciôn con la que intenta dar calaña de una resistencia

hotentona, la  que mâs bien es  tîpica de un pequeño grupo nômada y, como tal, pudiera

enfrentarla, y  sin detrimento de su altivez, un conquistador apoyado/respaldado por un

colectivo con mâs medida y tamaño, el que en realidad yo desconozco mas que no quie-

re  decir que no exista. Este improvisado traslado de sentido fueme menester por el por-

quê siguiente: porque Aspasia remîtese a lo exôtico como si fuese una posibilidad deter-

minante de subrayar un rol que de hecho ni tiene idea, mas que a todo trance lo prefiere

con tal de no sucumbir en el instante en que su cuerpo desprende luz e imanta estrellas,

seduce  al hombre (a pesar de no ser otro que uno que piensa) que con sus manos tiêne-

lo tan cercano que desdeñarlo serîa [como algo asî que] dirimir la conexiôn que enlaza   

y  lo fructîfero que es  garante de una emociôn mayûscula, señalativo impostergable/in-

sustituible  de que el  antropo busca la simiente de sus repetidos onîricos y donde bifûr-

canse significantes y sentidos, que no hâblase de la pieza de ( Stravinski, la consagra-

ciôn  de la primavera ) la que emerge la demostraciôn de la limitaciôn de la espirituali-

lidad [...] Y no tiene que ver êsta con todo un programa inseparable de la propia natura-

leza del hombre?

          Despuês de volver a leer la pincelada recientemente escrita, porque a pesar de ha-

berle dicho a Aspasia que la poiesis no tradûcese dejôme resonancia lo que ella pregun-

tôme, siento el sonido que avisa de la llegada de un mensaje, motivo por el cual fui a mi

estudio  a coger el telêfono. Del tal guisa el mensaje era positivo, pero llâmome la aten-

ciôn que solamente aparecîa el nûmero de la criatura que lo mandô, y la que de facto no 

podîa  ser otra que Teôfilo por esto que leî: ya encontrê a Aristarco, pero no en la linter-

na sino hablando con Diopeites. Claramente que a raîz de enterarme de esto eludir hacer-

me (en voz alta) esta  pregunta menester era imposible: como lo ûnico que perdura es el 

cambio, cambiô de repente/de sopetôn Aristarco hasta el punto de convertirse en un cre-

yente y hablar con el sacerdote de la catedral barroca?

---Cômo, Kosmos, que Aristarco hablando con...

---Êsa es la res, Aspasia!! Insôlito!!

---Bueno, al fin y al cabo es mejor lo insôlito producido por un cambio que cambiar un

sistema por el otro.

---Aplausos, Aspasia, a-plau-sos!! Te quedô maravilloso. 

---Y quê dice concreta/especîficamente el mensaje?

---Lo siguiente: ya encontrê a Aristarco, pero no en la linterna sino hablando con Diopei-

tes.

---Ahora que me acuerdo, Kosmos, el mismo dîa que Aristarco intentô lanzarse desde la

linterna, Diopeites le dijo que cuando hiciêrale falta podîa hablar con êl.

---Exacto!! Mas sabes quê? Que una cosa es que dijêraselo; otra, que entrârale por un oî-

do y saliêrale por el otro, precisamente por no tener nada que ver con la religiôn.

---Bienvenido al club!

---Con poquitîsimos/no muchitantos miembros!

---Te has puesto a pensar sobre el porquê de que conociêramos a Aristarco el dîa que in-

tentô suicidarse?

---Sinceramente no, jamâs lo pensê (he pensado)

---Ah! Y dime: se puede saber por quê leîste de nuevo tu pincelada?

---Una inveterada manera de saber lo que no escribiôse con lo que escribiôse.

---No te voy pedir una explicaciôn, asî que no me mires como me miras.

---Aspasia, y quê hay para meterse en la boca?

---Quedan aûn tres muslos de pollo.

---O sea, que un muslo y (medio) la mitad del otro para cada uno.

---Asî mismo, eso es que no tengo ganas de cocinar, y si te quedas hambriento, sabes y

quê? Que hay pan y queso.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!

---Ya, te entendî! Te quedarâs famêlico.

---Êsa es la res!! 

            Y amplifîcole a Aspasia:

             Y hablando de pan y queso, cômo olvidar que cuando conocî a Sista solamente

ingerîa estos sustentos? Esto llevôme a pensar que no sabîa cocinar, hasta que un dîa re-

velôme que no era que no supiera sino que mâs bien porque era vaga, allende que lenta

para  picar todos  los ingredientes que lleva un buen sazôn. Dos semanas despuês de ha-

bitar juntos fue al mercado y regresô con dos jabas atiborradas de comida, compra debi-

da a la invitaciôn a cenar que hîzole a su madre, Matilde Roco Espinoza, y a su querido, 

el que pasaba mâs tiempo en el mar que en la tierra por ser marinero. De tal guisa a par-

tir de  este dîa comenzô a cocinar, lo que no traduce que olvidârase del pan y del queso,

porque  si no quiên deberîa encargarse de asir el cuchillo para reducir al mînimo, verbi

gratia, ajo y cebolla? Yo!

---Ah, Kosmos, y por quê no me lo contaste antes?

---Aspasia, olvidaste, y eso que lo has leîdo en mi novelôn varias veces, que todo en su

momento y con la persona adecuada?

---No no, no lo olvidê. Asî que un querido marinero, no? Considero a Matilde.

---Entiendo que lo dices por eso de que en cada puerto un marinero tiene una...

---Eso mismo, Kosmos, por eso lo dije. Y dime: te hubiera gustado ser tû el responsable

de hacer la comida?

---Dîgote la verdad sin aûn haber tomado vino: no es cuestiôn de gusto, sino de necesi-

dad.

---Pero por aquel entonces, te gustaba tanto la cocina como hoy?

---La respuesta es no. Con el pasar del tiempo es que el gusto fortalêcese, digo, si es que

uno mantiênese realizando la misma labor.

---De acuerdo con tu verba. En mi caso la cosa fue diferente: a pesar de no ser vaga para

cocinar ni lenta con el cuchillo, mi madre pocas veces me dejô entrar en la cocina.

---Todo en su momento y con la persona adecuada.

---Ya!! Hasta ahora no te lo habîa dicho.

---Êsa es la res!! Y dime, que es el momento: ya podemos ingerir el pollo?

---Sî, kosmos, ya podemos; pero tû, como la persona adecuada, pon los cubiertos.

---Age para mî mismo, age!!

           Claramente  que no podîase  esperar que los muslos de pollo tuvieran el mismo

sabor  despuês de haber estado par de dîas en el refrigerador, mas tampoco estaban tan

desabridos como para echarlos en la basura. Con el fin de no ingerirlos sin un acompa-

ñante piquê unos trocitos de queso que pusê en derredor de ellos, y seguido dîjele a As-

pasia que probara la combinaciôn, la que pudiera ayudar a reforzar el sabor, pero como

ella es sumamente austera para estas cosas mirôme abriendo los ôculos, algo que yo no

esperaba pero muchitanto mejor que empezara con su montaje histriônico, y con el ûni-

co/especîfico/concreto objetivo de tener la razôn. Al terminar de comerlos fui en busca

de la barra de pan y a la vez suena el timbre de la puerta, dejândome saber Aspasia que

la abrirîa, ya que al estar lavândose los dientes estaba mâs cerca que yo de ella. Al can-

to  de quitar el cerrojo la voz  que escuchê no era difîcil de reconocer por ser nada mâs 

y nada menos que la de un conocido: la de Aristarco.



   



















  




    




  
















  





   




 

          



Freitag, 25. Oktober 2024

103 (segunda parte, cap 1)

           Despuês de pasar la sûmula de noventa y seis horas presêntase en mi apartamen-

to Teôfilo, el de la razôn ganada, y un tanto preocupado por algo que pasô en la noctur-

na  del Lunes, o sea, hace  cuatro dîas: la desaparaciôn misteriosa de Aristarco al canto

de  saber, por la llamada del  chofer del general, que tanto Sista como su madre fueron 

arrestadas, quedândome claro con esta noticia el porquê de que Sista no haya respondi-

do a las llamadas que hîzole Aspasia, las que de facto no fueron pocas. A continuaciôn

de  rascarse la testa, calaña de poco entendimiento o de ninguno, revêlame Teôfilo jus-

tamente  la hora que sucediô la desaparaciôn: a las 9:45, hora que al ser en un perique-

te  analizada por mi mêtodo celta dejôme un tanto sorprendido por no encajar en el es-

quema: la suma de 9+4+5=18; la de 1+8=9, y el nueve era el nûmero asociado a la sa-

bidurîa  elevada (no olvidar las  nueve avellanas que comiô el salmôn), que asimismo

a lo juicioso y prudente; y en general considerâbase la numeral con mâs energîa de to-

das, allende de representar el nûmero de iniciaciones que deberîa superar un aprendiz

para las enseñanzas de las artes mîsticas.

---Increîble, Kosmos, y a su vez interesante, pero tû crees que eso de no encajar en el

esquema sea algo negativo?

---Teôfilo, no trâtase ni de negativo ni de positivo, sino de una atingencia con el suje-

to debido a un programa oculto.

---Kosmos, me permites preguntarle algo a Teôfilo?

---Age, Aspasia, pregûntale.

---Teôfilo, reconoce usted este llavero?

---Ah, el llavero con el elefante azul. Claro que sî! Y cômo es que tû lo tienes, llegô

a tus manos?

---Estaba  en la cabaña en  el bosque de los liberales, por lo que nosotros pensamos

que Sista estuvo allî. Sabe usted algo al respecto?

---Aspasia, y por quê deberîa saberlo? 

---Porque tal vez Sista comentô algo, por ejemplo.

---Sista comentar algo delante de mî? Quê va!! Eso jamâs sucediô, por lo que la con-

siderê  sumamente reservada. Y hablando de ella, tienen conocimiento ustedes de lo

que realmente pasô?, porque un arresto no es por gusto.

---Kosmos, le explicas?

---Explîcame, Kosmos, como acaba de decir Aspasia.

---Moverê mi lengua, Teôfilo, mas con una condiciôn.

---Cuâl, Kosmos, cuâl?

---Que promêtame no decîrselo a nadie, porque el molestado/citado por la policîa voy

a ser yo por ser testigo visual, y con prismâticos, del hurto, del robo.

---Kosmos, se nota que no me conoces bien. Pero estâ bien, te lo prometo. A ver, suel-

ta la lengua.

       Como la dilucidaciôn no podîa ser mâs fâcil la di completa en poquitîsimo tiempo,

y  tan corto que no parecîa  tiempo, empero a pesar de esto Teôfilo mirâbame descono-

ciendo totalmente que instante es eternidad, lo que traduce que aun no siendo largo el

tiempo de explicaciôn êsta estaba embrollada a una dimensiôn temporal con algo de y

magnitud.

---Pero, Kosmos, y por lo que me acabas de explicar, aquî hay una cosa segura: que lo

que robô Matilde es de suprema relevancia, sea ya por su valor o por el interês que al-

guien tiene de poseerlo, porque un hurto como êse en plena calle y expuesto a la mira-

da de un burujôn de gente....

---Teôfilo, si piensa usted en una cosa, yo no creo que Matilde sea bruta; al contrario,

inteligente por robar en un momento favorable/preciso/tempestivo.

---Cômo?

---Escuche. La tâctica consiste, precisamente, en hurtar en el instante en que nadie se

lo espera por pensar que frente a una cantidad de miradas nadie atreverîase a hacerlo.

Oiga, esto tiene algo que ver con la intenciôn paradôjica, la que yo puedo asegurarle

que es dejante de un buen resultado.

---Kosmos, no es que no te pueda seguir, pero no crees que es bastante riesgoso?

---Êse es el quid, lo quiditario de la cosa, ya que al considerarse riesgoso lo contingen-

te no se nota.

---No sê, no es que te quite completamente la razôn, pero tampoco estoy cien por cien-

to de acuerdo contigo. Pero igual, dejêmoslo aquî. Y ahora dime: tienes alguna idea de

dônde pudiera estar Aristarco?

---Teôfilo, sabe usted lo que preocûpame?

---No! Quê?

---Que esta desapariciôn de Aristarco mâs sea debida a un bajôn del ânimo por su en-

fermedad que a esta res del hurto. 

---Ahora sî que no puedo seguirte. Quê quieres decir?

---Respôndame, Teôfilo: notô usted algo inusual en Aristarco la semana pasada, verbi

gratia, un mal humor, pocas ganas de comer, que querellâbase por no poder dormir?

---Sabes, y ahora que me haces esta pregunta, sî que me llamô la atenciôn que no es-

tuviera tranquilo, que se moviera de un lugar a otro como si estuviese padeciendo de

ansiedad, o de algo que no le permitîa quedarse quieto. Pero, Kosmos, adônde quieres

llegar?

----Teôfilo, que a lo mejor un escalamiento de algo interior llegô a su punto âlgido el

Lunes a la hora susodicha, poniêndole la tapa al pomo la llamada de Dasid, la que pu-

do ser la causante de que finalmente Aristarco decidiera escindirse de su ansiedad. Sa-

be usted, y de ser asî, el lugar donde pudiera estar?

----Dônde, Kosmos, dônde?

----En la linterna de la catedral barroca.

----Y por quê especîficamente allî?

----Porque de allî el intentô tirarse, mas no lo hizo, lo que significa que un recuerdo

de un acto no realizado pueda devolverle la calma una vez que lo interprete como una 

parte de êl que puede ser negada a pesar del impulso que llevôlo a la linterna.

---Interesante!! Entonces no hay tiempo que perder. Me voy a la linterna. Pero antes y

de irme quiero que sepas que lamento muchîsimo que Matilde haya hecho lo que hizo.

Por quê? Porque  fue una mujer  que amê como a ninguna, con una intensidad tremen-

da y con un desenfreno incluido.

---Muy humana su revelaciôn, Teôfilo, pero hay dos cosas: usted no tiene la culpa de

que  ella sea una ladrona y el  pasado pasado es, o sea, que la fruiciôn que usted tuvo 

con ella es indeleble y, como tal, serâ una reminiscencia hasta el dîa de su fenecer.

---Gracias, Kosmos, por tus palabras, y me voy, me voy a la catedral barroca. Y Aspa-

sia, adios!!

---Adiôs, Teôfilo, adiôs!! Pero, mire, aquî estâ el llavero, llêveselo!

---Sî, me lo llevo, que la llave es un de reserva.

---Teôfilo, concomîtolo hasta la puerta para que no camine solo hasta ella.

---De acuerdo, Kosmos, de acuerdo!

          Al regresar a la sala no pude eludir decir dos veces la palabra evohe despuês de

mis ôculos contemplar algo inesperado: la posiciôn de Aspasia en el sofâ indubitable-

mente seductiva: acostada y con las piernas abiertas, aunque con su querîdîsima bata

transparente, y leyendo una pincelada que escribî recientemente: el Gurke de la goza-

dera desbârrase por la canal con aridez frîa/metâlica.

---Kosmos, si la remolacha me embarra la lengua de rojo; el Gurke, y pensando en su

dureza, como que me eleva a una altura conocida. Pero dime: por quê desbârrase por

esta canal?

---Câspita Aspasia!! No te he dicho muchitantas veces que la poiesis no tradûcese?

---Sî!! Pero por quê, porque no me lo has dicho ni una sola vez?

---Aspasia, porque trâtase solamente de una imago vestida.

---Una imago vestida? Cômo es eso, cômo puede ser posible vestirla?

---Precisamente con la verba. La verba es la tela con la que cûbrese una imago.

---Demasiado poêtico!!

---Quê si no, Aspasia, quê? Sospecho que me estâs fastidiando, que eres tû ora la que

mortifica, la que pregunta con juego, la engendrante de la pejiguera.

---A ver, ven acâ, acêrcate, siêntate aquî para poner mis piernas encima de las tuyas.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Y de nuevo la amplifico, mas

esta vez afirmativamente: evohe!!

---Dêjate de evohe, y mejor profundiza, hûndete en mî, analôgame con un pantano, el

que poco a poco chupa/absorbe/traga.

---Puêdese saber a quê dêbese esta inspiraciôn, este estro procesado por el magîn?

---Kosmos, si fueras fêmina pudieras enterderla. Mira, quê te parece esta nueva pren-

da de vestir interior que aûn cubre, porque no me la has quitado, la fuente primordial?

---Que quê parêceme? Que de estar tan metida, en la susodicha fuente, acarrea un con-

tinuo deleite, que si no una agradable sensaciôn. aunque asimismo pudiera ser que por

cuestiôn(es) de fantasîa ludicara una funciôn sustituyente. Empero esta prenda es nue-

va, no? Cuândo la compraste?

---No es mâs importante ahora que me la saques de mi cuerpo que saber el dîa que la

comprê?

---Êsa es la res!! Es mâs relevante que no la sigas teniendo tapando la fuente.

---Entonces?

          Que una vez que puse la prenda sobre la mesa cercana al sofâ comencê a pensar

en estas concretas palabras que aparecen en el liber Erotika Biblion del conde de Mire-

beau (Gabriel-Honorê Riqueti, el  que pasa por ser una de las personalidades mâs com-

plejas y heterodoxas  de la revoluciôn francesa): paratiltres, picatrices, corobolia, clei-

toride, corintiana, calsidisar y felatrizar.

---Kosmos, no me vayas a decir que estâs pensando en este momento de...

---Deja, Aspasia, no lo nombres, que conozco tu definiciôn de êl por mâs de una vez

escucharla de tu propia lengua. Mas respôndeme: desde cuândo pensar tiene un deter-

minado momento para alguien que piensa?

---Olvîdate de la respuesta, que no estoy para responder, que sî, a ultranza, para otra 

cosa.

---La que forma parte de la samiana?

---Kosmos, para quê me quitaste la prenda, para empezar a decir palabritas que tû co-

noces?

---No, claro que no, mas para demostrarte que el significado te resultarâ beneficiante 

comienzo por el de la palabrita paratiltres.

---Pues comienza de una vez, comienza!! 


  




 




  




 







 
























  







  







































    

Dienstag, 22. Oktober 2024

102

       Y ya cuasi estando al punto, [que no de capitôn, y por lo mismo queda de momento

un  psicoanalîsta de Francia fuera de juego], de apoderarme de la indefectible verba (la

que por lo menos no [deberîa de ser exigua para que no quede sin iluminaciôn el largo

o corto discurso], faltarîa  cuando el exactivar es  menester/propicio/fundamental  en el 

momento adecuado y con uno o varios interlocutores), dêjanos saber Aspasia que habîa

pisado algo que de plâstico no era empero que tampoco de goma, ya que de ser del ma-

terial  aquêl sonarîa; de êste, hundirîase, un agregado que no hacîa falta, totalmente in-

necesario. Entonces, y  con  el objetivo  de saber de quê tratâbase, cogiô una de las dos

velas, agachôse y puso êsta encima de lo pisado.

---Câspita!! El llavero de Sista!!

---Kosmos, y cômo lo sabes?

---Aspasia, de quê sîrvete el susodicho cômo, cuâl utilidad tendrîa?

---Solamente es una sencilla/corta pregunta. Pero estâ bien, si no quieres responderme

no hace nada, pero te hago dos preguntas mâs: de dônde es esta llave y por quê del lla-

vero cuelga un elefante azul?

---La respuesta a la primera pregunta es la siguiente: la llave es la del apartamento de

Aristarco; a la segunda, que ignoro el porquê de la colgadura del elefante con ese color.

---No creen ustedes que tenemos un inesperado motivo para hacer una reflexiôn?

---Una reflexiôn, Cratino, por un llavero? 

---Escucha, Aspasia. El llavero no puede llegar a esta cabaña soplado por el viento, por

lo que entonces estâ aquî o porque alguien lo olvidô o por alguna razôn banal o signifi-

cativa, mas si por lo uno o por lo otro quêdame segura una cosa: el llavero serâ metido

nuevamente en el correspondiente bolsillo.

---Pero hay un detalle, Cratino, que no tuviste en cuenta: si el llavero pertenece a Sista,

y si ella cuando estuvo aquî tenîa puesto una saya, en cuâl bolsillo podrîa dejar caer el

llavero?

---Aspasia, y sî, el llavero pertenece a ella, como dejô saber Kosmos, pero si fue Aris-

tarco el que presente estuvo aquî....?

---Ah, entonces tû crees que fue Aristarco, no Sista, el que estuvo aquî?

---Disculpen que interrumpa, pero asimismo podrîa ser posible, dado el caso de que

haya sido Sista la que vino, que trajera puesto un pantalôn, no?

---Eso no es imposible, Aristofôn.

---Me queda claro, Aspasia.

---Levanto la mano, pido beneplâcito para lenguajear, y ya no con el têlos de apoderar-

me de la indefectible verba.

---Concedido, Kosmos!

---Muchitantas gracias, Aspasia!! 

---A ver, quê vas a decir?

---Que despuês de escuchar este somero colorido verbal, al canto planteô otra posibili-

dad que ninguno de ustedes ha tenido en cuenta: la presencia de los dos en esta cabaña,

de ambos inclusive, de un par con una no tan larga relaciôn.

----Kosmos, y si esta posibilidad, y si los dos tenîan pantalones, lo que significa que hay

una sûmula de bolsillos....

----Cratino, igual no serîa en cuâl de êstos echarîase el llavero, si de facto los dos viven

juntos, en el mismo apartamento?

---Al parecer ya estân agotadas todas las posibilidades, no?

---Aspasia, aunque en realidad sâlese un poco del marco, o sea, que mâs bien refiêrese

a otra cosa, quedarîa la posibilidad de que Sista tuviera un amante secreto, y despuês de

la fruiciôn con êl haya olvidado coger el llavero.

----Y, entonces, Kosmos, cômo entrarîa al apartamento de Aristarco?

---Tocando la puerta, y despuês de Aristarco abrirla decirle que quedôsele la llave en el

apartamento. Es creîble, puede pasar, no?

---Teniendo en cuenta de que Aristarco en un poco indiferente a ciertas cosas ni tan si-

quiera tendrîa presente la credibilidad, por lo que la falacia pasarîa de maravilla.

---Cratino, como que deberîa Aristarco a aprender a ser, por lo menos, un poco suspicaz.

---Aristofôn, no creo que le interese sospechar o dudar.

---Pero, Kosmos,  que tuviste con Sista una relaciôn de dos años, serîa ella capaz de ser

infiel? Va con ella, pega esta esta felonîa, la viste/cogiste en algo alguna vez?

---No, Aspasia, no!! Pero recuerda el aforismo del oscuro de Êfeso: lo ûnico que perdu-

ra es el cambio.

---O sea, Kosmos, que Sista pudiera no ser la misma que tû conociste?

---Ora que me preguntas, quedê sorprendido cuando la vi con los prismâticos ayudando

a Matilde Ronco Espinoza...

---Ah, eso del robo.

---Êsa es la res! Una prueba indeleble de que Sista ha cambiado.

---Espera, Kosmos, que pienso en algo que podemos sacarle provecho.

---Pues ya sabes lo que te dirê.

---Sî sî, amplifîcalo!

---Age!!

---Pienso en que si nos llevamos el llavero, y Sista pasa a buscarlo, matarîamos dos pâ-

ros de un solo tiro. porque por un lado tendrîamos la oportunidad de saber el porquê de

que el llavero estaba aquî; por el otro, aunque no creo que tan fâcilmente sino utilizando

alguna pericia/ardid/estrategia, obtener alguna informaciôn acerca del hurto de Matilde.

Quê tû crees?

---Que no estoy muy convencido de una sinceridad de su parte, mas por lo menos algo

pudiêramos saber.

----Y, Aristarco, serîa mâs sincero?

----Empero piensa que si Aristraco no sabe lo del llavero nosotros serîamos los causan-

tes de un problema entre ellos dos, de un conflicto que pudiera terminar quiên sabe cô-

mo.

----Muy sensato de tu parte, Kosmos.

----Êsa es la res, Aristofôn!

----Estâ bien. Entonces llamarê a Sista.

----Llâmala, Aspasia, mas dile que pase a recogerlo cuando yo no estê en el apartamen-

to, o sea, no antes de la una, hora en que estoy en la oficina del editor Lavinia.

----Y quê tiene que ver que estês o no, Kosmos?

---Aspasia, porque entre fêminas la lengua muêvese con mâs soltura.

---Ah eso, estâ bien. Y, Aristofôn, quê mâs nos puede contar sobre su encuentro aquî y 

con su querida Metrique?

---Quê chismosa!!

---Cratino, ten cuidado con lo que dices, si es que no quieres que tambiên te dê un lla-

verazo en la testa.

---Aspasia, escucha, que si de contar se trata lo que tengo para decir es cantidad.

---Lo escucho, Aristofôn, lo escucho.

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Sonntag, 20. Oktober 2024

102 (versiôn)

        Y en el momento preciso que iba a responderle la pregunta, Aspasia deja saber que

habîa pisado algo que no era ni de plâstico ni de goma, por lo que pregûntole yo que co-

mo  podîa saberlo si no  veîase nada, respondiêndome ella que si fuera de plâstico sona-

rîa; que de goma, hundirîase, respuesta  como  tal  irrefutable. A continuaciôn agâchase 

con una vela, alumbra lo que pisô y pregûntale a Aristofôn:

---Este llavero con una sola llave, y del que cuelga un elefante azul, le pertenece?

---No, Aspasia, no es mîo, y por lo tanto es la primera vez que lo veo. 

---Câspita!! Que entonces Sista y Aristarco estuvieron aquî.

---Kosmos, te explicas?

---Esa llave es la del apartamento de Aristarco que tiene Sista.

---Ah sî? Y cômo lo sabes?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Aspasia, no es basto con que 

sepas que lo sê? 

---Acabo de saber que lo sabes, pero al parecer no me captaste bien.

---Contra, Kosmos, un fallo en la captaciôn de tu parte? 

---Cratino, cômo tû entenderîas la pregunta?

---Kosmos, acaso no es posible que Sista haya venido sola, o sea, sin Aristarco?

---Penoso, kosmos, que Cratino haya entendido mejor que tû mi pregunta.

---Aspasia, la pregunta no estâ bien hecha, asî que no te hagas la lista con el fin de no

reconocer que la formulaciôn corta no estuvo bien.

----Verdad, kosmos, verdad? El que no quiere reconocer algo eres tû. A ver, dime: co-

mo es posible que Cratino....

----Disculpen que me meta, mas Kosmos, ese Aristarco no es el hijastro de Teôfilo, el

de la razôn ganada?

----Êsa es la res, Aristofôn, y el que tiene el basilo de Koch (Mycobacterium tubercu-

losis)

----Sî, ya lo sê, porque tû mismo me lo dijiste.

----Aristofôn, y si lo sabe por quê pregunta?

----Porque me aburrîa y por eso me metî. 

----Otro que no quiere reconocer, lo que en su caso otra cosa.

----Cômo, Kosmos, cômo? Quê debo, en mi caso, reconocer? Quê?

----Otra advertencia, Aristofôn: no siga muy cerca el jueguito de Kosmos si es que

no quiere perderse en un laberinto de palabras con movimiento en circulo.

----Quê es eso, Aspasia, de movimiento en cîrculo?

----El movimiento en circulo no es otro que, y segûn Kosmos, el garante de un re-

greso al mismo punto del que se partiô.

----Ademâs que uno, Aristofôn, donde comienzo (salida) y final (regreso) coinciden.

----Aspasia y Cratino, a los dos les doy las gracias, pero saben que? Este jueguito no 

es para mî, por lo que salgo de êl pero pregunto: por quê un elefante azul? Quê signi-

ficado tiene? Quê simboliza?

---Mas contradîcese usted, Aristofôn.

---Por quê, Kosmos?

---Porque acaba de amplificar que es este jueguito no es para usted; sin embargo, que 

es lo que precisa/justa/exactamente llâmame la atenciôn, hace una pregunta, y pregun-

tar es participar en el jueguito.

---Kosmos, no estoy de acuerdo con esto, pero bien, y si como tû dices que me contra-

digo, no pregunto mâs.

---Aristofôn, que tampoco es como para que lo tome radicalmente.

---Aspasia, de tomarlo como lo tome, no es un cuestiôn/cosa mîa?

---Asî, ya estâ, punto final que acabôse, la negaciôn total de una tolerancia no escola-

ria.

---Kosmos, vas a dejar el jueguito? Y te repito: te quedaste en tu novelôn, no sales de

êl.

---Aspasia, te encanta echarle madera al fuego!

---Cratino, que sabes que me gustan las quemaduras, sentir ese calor que abrasa. En fin.

quê hacemos con el llavero?

---Llevarnos el llavero y esperar.

---Esperar quê, Kosmos?

---Piensa en esta pregunta, Aspasia: de tener el kairôs de que Aristarco o Sista refiêran-

se o aludan a este asunto del llavero, porque de no encontrarlo aquî seguro que no que-

darîanse en mutismo, no pudiêramos saber lo que desconocemos?

---Bueno, ademâs de que planteaste un hipotêtico, cômo puedes estar seguro de que no

quedarîan en silencio?

---Y, Kosmos, y de no pasar nada, de quê nos sirve el llavero del que cuelga un elefante

azul?

---Cratino, de lo mismo que nos servirîa dejarlo aquî: de nada, a no ser que alguno de

ustedes quieran entrar en su apartamento y por lo mismo quedarîanse con êl.

---Tû estâs jugando, no?

---Si me lo permiten puedo decirles lo que me parece mâs prâctico?

---Amplifîquelo, Aristofôn, am-pli-fî-que-lo!!

---Kosmos, montar una vigilancia.

---Cômo que montar una vigilancia, Aristofôn? Y con cuâl objetivo?

---Aspasia, con el de saber quiên de los dos dejô el llavero aquî.

---Y de saberlo quê?

----Ah no, eso no lo sê, porque es algo que deberân saber ustedes, o sea, quê hacer en

funciôn de conocer lo que desconocen.

---Aristofôn, estâ leyendo usted novelas policiacas?

---Cratino, solamente dije lo que me parece mâs prâctico y menos hipotêtico, porque

de venir a buscar el llavero, y no encontrarlo aquî, a quiên le van a preguntar?, ya que

 ni Aristarco ni Sista saben que ustedes estuvieron aquî.

---Por supuesto que no lo saben, pero virando la cosa dîgame: si con la vigilancia sabe-

mos quiên de los dos dejô el llavero aquî, cômo vamos a preguntarle a Aristarco o a Sis-

ta si lo recuperaron?, porque con esta pregunta nos delatarîamos a nosotros mismos, ya

que cômo pudimos saber que vinieron a buscarlo?, un buen motivo para que sospechen

que estuvimos en la cabaña, porque cômo supimos que tratâbase de un llavero?

---Stop, que ya tengo fastidio de testa, stop!! Contra, que han armado ustedes un lîo tre-

mendo. Por quê no nos olvidamos del puto llavero?

---Aspasia, tû no fuiste la que preguntaste quê hacemos con el llavero?

---Sî, Kosmos, pero sabes quê? Como que me arrepiento de haber preguntado.

---Ora que pônese la cosa mirîfica te arrepientes de haber hecho la pregunta?

---Aristofôn, y respecto a la vigilancia cômo la harîamos, arriba/detrâs de un ârbol, ver-

bi gratia?

---Cômo, Cratino, me preguntaste si leîa novelas policiacas y, sin embargo, me haces

esta pregunta?

---La contradicciôn es un principio lôgico, como bien sabe acâ mi buen amigo Kosmos.

---Êsa es la res, Cratino!

---Miren, soy propietario de un catalejo...

---No extrâñame que usted lo tenga, que de facto viajô mucho en barco...

---Kosmos, como que le sacas provecho a todo. En fin, que iba a decir que si quieren

pueden utilizarlo para la vigilancia.

---Y cuânta distancia con êl se puede ver, Aristofôn?

---Cratino, aproximadamente, dos coma cinco kilômetros.

---Câspita!! Con ese catalejo hubiera hasta sacado detalles de la mano penetrante de

Matilde Ronco Espinoza en la bolsa de la chica con patas largas.

---Quê exagerado, Kosmos, que con la poca distancia que hay del balcôn a la calle lo

que tal vez no hubieras visto nada claramente.

---Aspasia, alguien tenîa que caer en la zalagarda y, entonces, caîste tû.

---Mira, dêjate de hacer el simpâtico si no quieres que te dê un llaverazo en la cabeza.

---Pîdote el beneplâcito para reîrme.

           Y en lo que reîame, aun sin el beneplâcito, Cratino informa de que alguien acer-

câbase, por lo que decidimos apagar las dos velas y esperarlo en mutismo.













 




 



 



























 




















  

Mittwoch, 16. Oktober 2024

101

         Y en lo que yo escuchaba que habîala conocido en una embarcaciôn holandesa, ya

que como Aristofôn trabajô para una firma escandinava viajô mucho en barco por varios

paises  del norte, cômo pasar por alto/olvidar que en mi novelôn conocî a Rubria (preci- 

samente) en un navîo?, con la diferencia que la trayectoria de êste siempre fue por el sur

hasta llegar al estrecho de España, claramiento que destaca dos latitudes totalmente disî-

miles tanto en cultura como en historia. Claramente que no resultôme extraño que la po-

sibilidad de mantener una cercanîa con el norte de alguna u otra manera têngala en ines-

perados momentos y propiciada por criaturas o con destacada experiencia o con algo de

conocimiento, aunque  asimismo  por el factor causalidad, el que funciona (indubitable-

mente) sin cesar.

---Kosmos, en quê estâs pensando? No oyes lo que dice Aristofôn, no le prestas la debi-

da atenciôn?

---Câspita Aspasîa!! No sabes que mi independencia permîteme estar en dos cosas a la

vez.

---Bueno. y si una es escuchar, cuâl es la otra?

---Pensaba en el navîo de mi novelôn.

---Y por quê pensabas en êl?

---Ya olvidôsete que conocî a Rubria en un navîo.

---Ah, entonces lo que te llevô/condujo a pensarlo fue causado por lo dicho por Aristo-

fôn?

---Êsa es la res, Aspasîa!

---Aristofôn, quê mâs hay de nuevo, porque tampoco mi progenitor dîjome que usted 

trabajô para tal firma?

---Cratino, volvemos a caer en lo mismo?

---Se me pegô el jueguito de Kosmos de la repeticiôn.

---Cratino, atenciôn que repito: la repeticiôn no es un jueguito sino un mêtodo.

---Y sôlo un mêtodo en la Kosmona, Kosmos? Ya, quê si no? Riête!!

---Asî que la conocîô en la embarcaciôn a Metrique.

---Lo acabo de decir, Aspasia.

---Y, Aristofôn, y sî, lo acaba de decir, mas dîgame: Dônde se conocieron Metrique y la

querida de mi padre, Dinora?

---Dinora, la fanâtica de la aurora!! Cratino, lamentablemente no te puedo responder, ya

que no lo sê.

---Sabes una cosa, Cratino? Que mâs interesante que tu pregunta serîa la explicaciôn de

Aristofôn de cômo pudo llegar a ser propietario de esta cabaña.

---Aspasia, y si Aristofôn no quiere darla?

---Cratino, si ustedes tres quieren oirla con gusto la doy, entonces, quê me dicen?

---Aristofôn, si acaso ellos dos, porque mi respuesta no hace falta.

---Es cierto, Aspasia, que acabas de decir que mâs interesante serîa la explicaciôn mîa.

---Yo escucho!

---Muy bien, Kosmos. Y tû, Cratino?

---Aristofôn, que me gustarîa oirla.

---Perfecto!! Pero antes de empezar, Aspasia, te puedo pedir un favor?

---Claramente que sî, Aristofôn, cuâl?

---Que me pongas una de las dos velas al lado mîo, que me gusta dar explicaciones con

una luz cercana, aun siendo la de una llamita.

---Pero faltôle amplificar, Aristofôn, si del lado izquierdo o del derecho.

---Kosmos, y eso es importante? No da igual del lado que sea?

---Câspita!! Ostensiblemente que no, Aristofôn, que, segûn el lado, asî la fiesta o de lo

claro o de lo oscuro.

----Kosmos, vas a empezar con tus cosas?

----Justamente, Aspasia, ya que por ser las mîas yo sê lo que estoy diciendo.

----Aspasia, que mi buen amigo tiene razôn.

----Cratino, y a tî quiên te preguntô?

----Quê cosa mâs grande la de tener que soportar tu maltrato, tu ataque asî por asî.

----Tû lo que eres es alcahueta, Cratino.

---Cômo que alcahueta? Quê es lo no debido que permito, a ver, dime?

---Aspasia, yo no dije nada indebido, que porque tû no creas en lo que dije no quiere

decir que sea inapropiado/incorrecto.

----Aristofôn, de poner la vela delante de usted, que en esta posiciôn tambiên estarîa 

cerca la luz, cambiarîa en algo su gusto de dar explicaciones?

----No habîa pensado en eso, Cratino, pero creo que no.

----Aprêmiame hacer una pregunta.

----Que te apremie a ti, Kosmos, hacer una pregunta, es que es una con un componen-

te analîtico, que si no una como producto de un educir inpostergable. Complâceme y

suêltala!

----Cratino, aquî estâ: si ya se ha hablado de tres posiciones, la cuarta posiciôn que (no 

se ha dicho) queda por decir es favorable en este asunto que tratamos, en fluencia, en 

semidesarrollo? 

----Asunto, Kosmos, el de la luz?

----Êsa es la res, Aristofôn!

----Como la cuarta posiciôn es la trasera, no creo que favorezca, aun teniendo cercanîa.

----Aplausos, Cratino, a-plau-sos!!

----Como que entiendo que, y aun siendo cercana la posiciôn trasera, por estar detrâs

no ayuda por no poderse ver?

----Cômo, que de un simple y sencillo alumbramiento posicional han sacado ustedes

el motivo para empezar a explayarse ?

----Aspasia, que sea simple y sencillo no quiere decir que no de pie a ampliamente em-

pezar a hablar respecto a algo.

----Pero, Aristofôn, usted tambiên participa en este jueguito verbal a pesar de que le ta-

ponaron su explicaciôn?

----Participar, Aspasia, y no sê si, como dices, en este jueguito verbal, como que ayûda-

me a mantener fresca/clara/activa mi testa.

----Aristofôn, entonces dîgame usted: dônde le pongo la vela?

----Menos detrâs, en cualesquiera de las otras tres partes, que sî que la luz puedo ver.

----Por lo que llegamos a una conclusiôn: ver la luz que alumbra es imprescindible hasta

para dar explicaciones.

----No me extraña de ti, Kosmos, una conclusiôn como êsta.

----Cratino, cômo no creerte, mi buen amigo!

----Mire, Aristofôn, le pongo la vela delante. 

----Gracias, Aspasia! Mas saben quê? Dejo para otro momento/dîa/, otra ocasiôn la su-

sodicha explicaciôn.

----Y quê podemos hacer ahora?

----Aspasia, dirimir el tejido de las ingentes telarañas.

----Cômo, Kosmos? Eso lo hacen ustedes, conmigo no cuenten, que detesto hacerlo.

         Sobre el pucho nos pusimos en funciôn de este trabajo, mas como Aspasia aca-

ba de decir que con ella no contaran porque detesta hacerlo posicionôse en el mismî-

simo  centro de la cabaña con las  dos velas con el objetivo de que el alumbramiento

quedara  centralizado, aun  no siendo suficiente pero por lo menos mejor que una os-

curidad total. Al concentrarme en esta tarea recordême de algo que se ha dicho en di-

sîmiles puntos del orbe  y que leî en el liber Enciclopedia de los sueños: la sabidurîa

de  la araña es superior a la de todo el mundo. Empero con este recordamiento cômo

pasar por alto (y asimismo leîdo en este liber) que esta especie de arâcnido no es otra

que la Luna (en sueños, la gran tejedora). De tocar materia mîtica, sacarla a puesto, a

colocaciôn, descollarîa  una cosa  sumamente interesante: que la araña es Ariadna, la 

que con su cordôn (o hilo) permite al hêroe reencontrar su camino tras haberse aven-

turado en el laberinto en busca de la luz. Ostensiblemente que estando metido en es-

te (tipo de) aquelarre entelêquico, [onomado asî por simple y llanamente ornamentar 

mi infalible/dadora fantasîa], desentrañar la madeja por la punta mâs resonante serîa

la soluciôn a una pregunta de jaez conspicuo: es imposible la atingencia entre mi mi-

rar  la Luna con fijeza antes de penetrar en la  cabaña y que dentro de êsta lo que pri-

mero vieron  mis ôculos fueron las îngentes telarañas, a pesar de la oscuridad? Insô-

litamente, y como  si estuviese  pensando en unos de mis epîmones favoritos: punto 

a la  raya y que  continûe la letra, Cratino hâceme una pregunta debido a que viome  

dirimiendo  la telaraña con cierta  parsimonia, segûn su decir. A continuaciôn de es-

cuchar la respuesta, y de facto breve para  mantener la vigencia de ese principio me-

todolôgico que plantea/dice/destaca lo siguiente: en igualdad de condiciones la res-

puesta  mâs sencilla suele ser la mâs probable, quêdase mirando y sin dilaciôn dîce-

me:

---Entonces, Kosmos, estamos matando a esa sabidurîa que es superior a la de todo 

el mundo.

---Te das cuenta, Cratino, del porquê dirimîala con cierta parsimonia?   

           Despuês de un rato de estar posicionada en el mîsmisimo centro de la cabaña

con  las dos velas, Aspasia pone êstas encima de la mesa, y sin dilaciôn dirîgese a la

ventana. Seguido a abrirla y mirar hacia arriba dîcenos: 

---Ya la Luna no se ve tan grande, y como que me parece ver una figura en el cielo y

con forma de caballo, pero un caballo allâ arriba? 

          Respecto a la Luna, lôgicamente que al moverse por la ôrbita lunar alêjase de

la tierra hasta llegar a su apogeo miniluna donde vese mâs pequeña, mas que eso de

la mîmesis con forma de caballo acarreô en mî una jovialidad tremenda, razôn por la

cual parême al lado de Aspasia y contemplê la altura.

---Kosmos, quê tû crees de esa figura?

---Que es todo un eyectar crîptico, y como tal lo mismo puede ser una mîmesis con

forma de caballo que (con la) de serpiente, empero sabes el porquê de mi jovialidad

tremenda?

----Ya sê por dônde viene el discurso, digo, si es que no estoy equivocado en pensar

en los celtas.

---Cratino, quê tienen que ver los celtas en esto?

---Kosmos, le respondes?

----Aspasia, la res es que el caballo es un cuadrûpedo revelantîsimo para los celtas,

hasta el punto de que la deliberada mutilaciôn de este animal castigâbase con la muer-

te, aunque asimismo hubiera desencadenado las mâs sangrientas batallas/guerras....

----Ademâs, Aspasia...

----Câspita Cratino!! No me pediste que respondiêrale yo? Mas estâ bien, amplifica

tu verba.

----Sôlo quiero decir que con frecuencia aparece en las leyendas celtas y se relaciona

con los arquetipos fêminos Epona y Rhiannon.

----No me sorprende que lo sepas, porque eres tan buen lector como Kosmos.

----Hay una pequeña diferencia, pero igual. Bueno, Kosmos, ya mi verba amplifiquê. 

----A mî rêstame por decir, Aspasia, que el caballo simboliza la rapidez, la fidelidad y

la perseverancia.

---Kosmos, sospecho una cosa.

---Aspasia, de no amplificarla no sê cuâl es.

---A pesar de que tu novelôn desarrôllase en un ambiente, en un mundo donde el caba-

llo era muy utilizado, el corcel, aunque asturiano, no celta...

---Aspasîa, ya sê como sigue la pregunta, por lo que respôndote que mitad y mitad.

---Cômo que mitad y mitad? Es acaso una respuesta concreta?

---Aspasia, la presencia del corcel asturiano por lo siguiente: porque era un mundo don-

de el caballo era como dijiste y por la simbolizaciôn que tuvo para los celtas. Entiendes

ora por quê mitad y mitad?

---Ya, ahora sî.

---Pero, Kosmos, y respecto a animales, no sôlo el caballo como sîmbolo, sino que asi-

mismo el gato, el tejôn, la serpiente, el ratôn, etc.

---Êsa es la res, Cratino.

---Kosmos, por lo que voy entendiendo, el sîmbolo es de tu gran interês, no?

---Es que, Aristofôn, desde que empecê a leer el sîmbolo me concomita y no abandôna-

me ni en los mâs efîmeros onîricos.

---Kosmos, y a cuâl persona de este mundo abandona el sîmbolo en los sueños?

---Esta pregunta, Aristofôn, menestera una dilucidaciôn bastante larga/compleja.

---Aristofôn, le advierto que mejor se olvide de la explicaciôn si no quiere tener un fas-

tidio de testa.

---Aspasia, y por quê se rîe Kosmos?

---Pregûnteselo a êl, y espero que le dê una respuesta corta.

---Una segunda pregunta? Si aûn no me ha respondido la primera que le hice.






 



















 





















  
















 








  
















 

           


















Samstag, 12. Oktober 2024

100

         Al llegar al bosque de los liberales y quedarme mirando con fijeza la Luna, Aristo-

fôn pregûntame el porquê de que la mîrase de tal manera, respondiêndole que porque por

el tamaño que tenîa estaba mâs cerca de la tierra (perigeo superluna) y, como tal, aprove-

chaba el momento para verla en un catorce porciento mâs grande, ya que despuês al estar

mâs lejos de la tierra ( apogeo miniluna) vese mâs pequeña.

---Y, Kosmos, y sabes cuânto es la distancia cuando estâ cerca y cuando lejos de la tierra?

---Segûn lo que he leîdo, Aristofôn, en el perigeo estâ aproximadamente a 357.000 Km; 

en el apogeo, a 407.000 Km.

---Ignoraba totalmente esto de perigeo y apogeo. Pero dime, Kosmos: aun aprovechando

el momento para observarla en un....de cuânto dijiste que era el porciento?

---Diez mâs cuatro, Aristofôn.

---Ah, catorce. Bien. Bueno, repito la pregunta: aun aprovechando el momento para ob-

servarla en un diez mâs cuatro porciento mâs grande, quê puedes ver?

---Una suntuosa pregunta, Aristofôn. Responderîale que no muchitanto, mas que gozo/

disfruto/ con esta poca cantidad. Tal vez pudiêrame entender mejor de gustarle a usted

la Luna. Gûstale, Aristofôn?

---Kosmos, sinceramente  no, pero tampoco el Sol. Y a quê tû crees que sea debido, a 

que tal vez a que eso de mirar hacia arriba no va conmigo?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Cômo voy a saber eso, Aristo-

fôn? Si no sâbelo usted cômo saberlo yo?

---Y, kosmos, en el caso de que sî, por quê te pudiera entender mejor?

---Aristofôn, porque es una cosa muy mâgica, una atingencia con un astro que atrapa/

imanta/ hala hacia arriba.

---Hala hacia arriba! Muy poêtico, no?

---Un poquito sî. Sabe usted que por estar mâs cerca de la tierra la Luna tiene la posi-

bilidad de contemplar mejor su cabaña?

---Y quê tiene que ver esa cercanîa con la posibilidad de contemplaciôn?

---Câspita Aristofôn!! Porque hay mâs luz.

---Verdad que sî!! No tuve en cuenta eso. Pero, y esa posibilidad serîa un beneficio o

un perjuicio?

----Aristofôn, o lo uno o lo otro, mas ambos son consideraciones, las que como tal no

pertenêcenme, no son las mîas, asî que....

----Te entendî, Kosmos, te entendî!

----Kosmos, y si vuelve a aparecer el cânido salvaje?

----Te acuerdas, Aspasia?

----Resultôme chistoso cuando ripiô la ropa de Aristarco.

----Cratino, de chistoso no tiene nada, que mira que un lobo....

----Un lobo quê, Aspasia, quê?

----De cuâl lobo ustedes hablan, porque jamâs en este bosque vi ninguno, ni aun Cra-

tino cuando tu progenitor y yo salîamos de cacerîa.

----Pues sepa usted, Aristofôn, que allende un lobo que le gustan las esculturas.

----Cômo, Kosmos? Repite!

----Le explico despuês, mâs tarde.

----Se me olvidô dônde estâ la cabaña.

----Por aquî, Aspasia, por la derecha, que por la izquierda se llega al rîo.

----Gracias, Aristofôn, gracias!! Y kosmos, botaste el cartucho con el....

----Aspasia, no botêlo, mas olvîdate de êl y sigue caminando por la derecha, piensa sô-

lo en caminar.

----Kosmos, cômo no pensar que de estar en la cocina cuando regresemos el mal olor

serâ insoportable?

---Aspasia, hasta el mal olor tiene una soluciôn.

---Tû, que piensas tanto, no pensaste en botarlo?

---Vas a seguir con la maldita pejiguera del semillenado cartucho con el....

---No no, no lo digas, que me repugna/remueve el estômago.

---Me da una tremendîsima pena con ustedes, pero no pude evitar inclinarme hacia de-

lante y....

---No lo diga usted tampoco, Aristofôn.

---Por quê mejor no seguimos andando y nos olvidamos del cartucho?

---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!! 

---Aplausos, Kosmos? No estâs exagerando?

---No!! Y escucha: igual que retinas que no atisban bombeo que no agîtase, pensar que

no tiênese en cuenta, in casu por un cartucho, cierta repugnancia evîtase.

---Quê no esperar como resultado de tu ocurrencia?

---Aspasia, lo que parêceme es, [ por los empellones que domînante/posêente/acôsan-

te?], que lo que quieres es discutir.

----Piensa lo que te dê la gana, Kosmos, que al fin y al cabo es tu pensar.

            Al llegar a la cabaña, abrir la puerta, penetrar en su cuadrado espacio y prender

dos velas, llamôme la atenciôn una cosa: la cantidad de teleraña que habîa en los cuatro 

sucuchos, amên que tan ingente que (hasta) pudiera un cuerpo de mediado tamaño enre-

darse en ella. Con su empeño de irme a la contraria, porque eso que me dijo (piensa en

lo que te dê la gana, que al fin y al cabo es tu pensar) no es del todo cierto/verosîmil, ya 

que por amplificarlo en otras ocasiones tengo el conocimiento de que dîcelo mâs por la 

carencia de verba, con la que pueda provocarme/incitarme, que por realmente dejar cala-

ña/de-mostraciôn/prueba de una total indiferencia--- de valorar esta actitud estoica, que

nada  tiene (ni de improvisaciôn, porque es una actitud sumamente estudiada/repasada/

mantenida, ni de versâtil, porque estâ completamente ajena a lo adaptable con facilidad,

[ni relaciôn con el tema de salir a puesto, a colocaciôn sin haber superado/sobrepasado/

vencido alguna prueba difîcil/a trancas y barrancas para encajar en una costumbre]) que

 ver con un  desdeñamiento en un  momento oportuno y con la persona justa, cômo pu-

dierara dejar de ser de mi gusto, de mi interês, etc?---, Aspasia dîceme que estoy exage-

rando, ya que es  imposible que un cuerpo de mediano tamaño pueda enredarse en la te-

laraña, porque  llana y sencillamente  la romperîa, dirimirîale inmediatamente su tejido. 

De  tal guisa, ya que  si no la vigorosidad  de mis metâforas  hubiesen  caîdo sobre ella, 

Aristofôn apodêrase de la verba y empieza a hablar de los mejores/acicateantes/placen-

teros momentos pasados con su querida Metrique, palabras que en realidad interesâron-

le  a  Aspasia por revelar lo que no es producto de otra cosa que de la mîsmîsima fanta-

sîa.   

        Por tener en cuenta que sin fantasîa la limitaciôn estarîa asegurada, y como tal el

sujeto no tendrîa mucho que hacer en el mundillo de tocar por encima y por debajo, a 

no ser que si posee una amplia informaciôn la posibilidad de llegar un poco mâs lejos 

no quedarîa descartada, es que Aristofôn pedîale a su querida Metrique que olvidârase

de  lo que  muchos dicen/opinan/consideran  inadecuado/incorrecto desde un punto de 

vista moral, y que pusiêrase en funciôn de servir a su fantasîa, con la que precisamen-

te  no existirîa la limitaciôn. Mas a pesar de lo dicho, y en lo atinente concretamenta a

a la fantasîa de la pluma de gallina, con la que increîblemente espeluznâbase la piel de

Metrique al descender por su espalda hasta llegar al medio de sus glûteos, no sôlo en-

contrôla  Aristofôn poco excitante sino que asimismo extraña/rara, motivo por el cual

tuvo  que hacer la tempestiva pregunta con el fin de saber una cosa: cômo era posible

que una endeble plumela ocasionara el susodicho erizamiento? Pero como pasô que la

respuesta de Matrique fue la siguiente: deja de estar haciendo preguntas y cumple con

hacerme  lo que quiero que me hagas, Aristofôn quedô en mutismo e hizo lo que aquê-

lla deseaba.

---Pero, Aristofôn, dîgame: solamente una pluma de gallina? No podîa ser la pluma de

otra ave domêstica?

---Aspasia, te digo el porquê de la pluma de gallina. Por aquellos tiempos, y no muy le-

jos de esta cabaña, habîa una granja, la que fue destruida por causa de la crecida del rîo,

mas no todas las gallinas murieron arrastradas por el agua. Con el pasar de los meses al-

gunas  de estas gallinas sobrevivientes empezaron a buscar alimento en cuasi todo este

bosque, hasta que un dîa llegaron a esta cabaña y les di de comer. A partir de este dîa no

îbanse de aquî, razôn por la cual las plumas de ellas estaban por todas partes.

---O sea, que hallar una pluma de ganso si que era imposible.

---Asî es, Kosmos, no era posible.

---Me resulta anormal que mi progenitor Teôfilo, el de la razôn pêrdida, jamâs me dije-

ra lo de la granja, por lo que quiero decir que me acabo de enterar por usted, Aristofôn.

---Cratino, no creo que la palabra correcta sea anormal.

---Ah no, Aristofôn? Y cuâl otra cree usted que no es la incorrecta?

---Cratino, tu progenitor y buen amigo mîo fue una persona que callaba constante/ince-

santemente, no por gusto tuve que decirle, en mâs de una ocasiôn, que hablara, que sol-

tara la lengua, ya que el silencio mâs es de los sabios que de una criatura sencilla como

tu padre. Que no se me entienda mal, que no quiero decir que uno no deba callar en mo-

mentos que por sensatez es prudente no hablar, pero el silencio de tu padre era exagera-

do, al mâximo,,,..hasta el tope. Sabes cômo calificaba su silencio? Brutal!!

---Usted me va a tener que disculpar, Aristofôn, pero le digo una cosa: eso de que calla-

ba constante/incesantemente  no es cierto, porque  de hecho, cuântas veces no tuve que 

decirle en casa que no me interesaba saber lo que me estaba diciendo. Lo que sî que no

es incierto es que no era una persona de mucho hablar, mas de esto a que constante/in-

cesantemente  callaba la distancia es enorme, a no ser que solamente callara asî con us-

ted en los encuentros en esta cabaña, lo que no doy como imposible, porque una estra-

tegia o forma de lograr algûn objetivo pueden ser con anticipaciôn pensadas.

---Cratino, no creo que se trate ni de estrategia ni de forma alguna, lo pongo en dudas.

---Caballeros, no creen que esta dialogizaciôn pudiera ser un aliciente para pasar a un

discurso tîpico de la Kosmona?

----Kosmos, quê tû crees de lo que acaba de decir Aspasia?

----Câspita Cratino!! Que tal discurso es imposible. Êsa es la res!!

----Aristofôn, y cuâl otro dejar saber nos deja usted sobre su querida Metrique?

----Aspasia, y especîficamente, quê quieres saber?

----Ay, no sê Aristofôn. A ver, por ejemplo, dônde la conociô.






 




    









 





 

 



   


  




 



 


 

 









































 




 

Dienstag, 8. Oktober 2024

99

          Pudiera haberme referido, lo que de facto servirîa como aliciente para pasar a una

prôxima perîstasis, a la ingente diferencia entre el semblante de Aspasia al sentarse a ce-

nar y el que tuvo despuês como resultado del disfrute breve, mas como Aristofôn apode-

rôse de la verba dejêle que amplificara. Lo que empezô diciendo sobre el problemilla in-

sôlito del agua no fue digno de una pronta atenciôn, mas lo que sî imantôme sobre el pu-

cho  fue cuando dio el  siguiente barrunte: que la chica con patas largas que fue vîcitima 

del robo ofrecîa una cantidad considerable de peculio al/a la que hubiera visto la cara del 

ladrôn/ladrona. 

---Kosmos, y cuâl es la razôn de que me mires como me miras?

---Ay, Aristofôn, ay!! Si usted supiera que yo fui testigo visual, y con prismâticos, del su-

susodicho suceso y, como tal, sê quiênes son las ladronas.

---Esto estâ interesante. Y se puede saber quiênes son, Kosmos? Y no piensas negativo,

que no te pregunto con el fin de quitarte la posibilidad de que recibas la recompensa por

saber de las ladronas.

---Câspita Aristofôn!! Êsa no me interesa! Êsa es la res!!

---Kosmos, y por quê no me hablaste de eso?

---Aspasia, porque pensaba decîrtelo despuês, mâs tarde....cuando estuviêsemos solitos y

en el cuarto.

---Ah, estâ bien. Y entonces, porque ya te preguntô Aristofôn, cuâl es la respuesta?

---Las ladronas son Matilde Ronco Espinoza y su hija Sista, aunque êsta no fue quien me-

tiô/introdujo/hundiô la mano en la bolsa de la chica, sino mâs bien la que encargôse de en-

tretener a la chica.

---Cômo? Verdad? Y quê fue lo que le robaron?

---Debe ser algo pequeño que no vi, porque Matilde tenîa cerrado el puño.

---Entonces es cierto, es la prueba de que Matilde sî que es una ladrona, mas lo que si no

esperaba eso de Sista.

---Quê te puedo decir, Cratino? 

---Cômo, Kosmos? Y acaso tû no estuviste con Sista?

---Parêceme que ha cambiado, que el cambio es lo ûnico que perdura.

---Ya sê, Herâclito, ya sê!!

---Tienen una idea de lo que pueda ser eso pequeño que robô?

---Bueno, Aspasia, tiene que ser algo de valor, no?

---Sî, Aristofôn, de acuerdo, pero quê?

---Pido la palabra.

---A ver, Kosmos, quê vas a decir?

---Esto Aspasia: si la chica proviene de una rica familia, pudiera pensarse en un diaman-

te o en otra piedra de valor, verbi gratia.

---Pero, Kosmos, tû la viste con los prismâticos, no? Entonces, como iba vestida?

---Pimpantemente, Aspasia!

---Sî!! Pero pimpantemente no quiere decir que por eso venga de una familia rica, por-

que cuântas gentes no vîstense elegantemente y, sin embargo, la familia no es rica.

---Eso es verdad, Aristofôn, estoy totalmente de acuerdo con usted.

---Es una realidad, Cratino.

---Saben que se me ocurre, lo que serîa una posibilidad de saber algo?

---Amplifîcalo, Aspasia, am-pli-fî-ca-lo!!

---Preguntarle a Aristarco, el que mâs cerca estâ de Sista por ser su novio.

---Aspasia, y tû crees que Aristarco sepa que Sista colabora/ayuda/ participa? No olvi-

des que Sista, cuando quiere/propôneselo, es una gran manipuladora.

---Kosmos, y quê tû crees de preguntarle a Dasid?

---Cratino, preguntarle parêceme que es sumamente delicado, amên de que quê le res-

ponderîa si preguntârame el porquê de preguntarle.

---Kosmos, con la fantasîa que tû tienes no creo que sea un problema responderle.

---Aun asî, Aspasia, sîgolo considerando delicado.

---Aristofôn, y cômo usted supo lo de la recompensa?

---Porque antes de llegar a aquî, a este apartamento, vi que un grupo de gente rodeaba

a la chica, entonces me acerquê y pude escuchar lo que ella decîa. La pobre, estaba un

poco desesperada.

---Kosmos, tû no me dijiste que Sista trabaja en una oficina de turismo?

---Êsa es la res, Aspasia! Y?

---Que tiene un trabajo, y como tal no estâ desempleada o en paro.

---Aspasia, no deberîamos inferir sobre el asunto, interpolarlo en esta fluencia verbal.

---Bueno, estâ bien. Quiên quiere postre? Ah, parece que todos por levantar todos la ma-

no.

---Y cuâl es el postre, Aspasia?

---Cratino, budîn de remolacha remojado con chocolate.

---Y lo hiciste tû?

---Asî es Cratino.

---Cômo no saber que la remolacha te encanta.

---Kosmos, no te puedes quejar, porque tienes como novia una muchacha que sabe de co-

cina.

---Aristofôn, querellarme yo? Quê va!! No soy de querellas, sino mâs bien de querimien-

tos.

---Super que beneficiante, no? Tampoco Aspasia puede quejarse por tener un novio que 

es de querimientos.

---Kosmos, y su denominaciôn el mundo de lo cupidoso.

---Cratino, lôgico/coherente que sea un hombre de querimientos, no?

---Por supuesto, Aristofôn, clarîsimo!!

---Caballeros, aquî el budîn, los platicos, las cucharitas y el cuchillo.

---Aspasia, y no dijiste que la palabra caballero...?

---Ya sê, Kosmos, ya sê pero la vuelvo a decir, la pronuncio una vez mâs. Espero que les

guste el budîn.

         Y en realidad el budîn quedôle mîrifico a Aspasia, pero mâs por cuestiones de cô-

mo  cada organismo asimila lo ingerido que por lo atinente a si estâ maravilloso o no un

sustento determinado es que Aristofôn tuvo una pejiguera estomacal, la que de facto fue 

la causa de que arrojara todito  lo que habîa comido, y de tal guisa que no en el piso sino 

en el senecto cartucho donde trajo Cratino metida la botellita de vino. Como pûsose mâs 

blanco que la caricia blanca, Aspasia diole a oler un pañuelo con un poco de alcohol que 

extrajo  de un frasco tan  senecto como el  cartucho, [empero  uno que yo he visto no sê 

cuântas  veces en el baño sin  saber quê tenîa adentro. Aquî tiene razôn Aspasia al decir-

me unas (y) verosîmiles  palabras  que [hasta me las aprendî y como tal] sê de memoria: 

Kosmos, que desconozcas  lo que hay en cada uno de los pequeños recipientes que estân 

en  el baño resultâme  increîble, y mâs con el tiempo que llevas viviendo aquî, que serîa 

como  para que  supieras cuâl  sustancia/lîquido/composiciôn quîmica cada uno protege 

tanto  del polvo como de las manos sucias], elixir  casero muy utilizado por los progeni-

tores de  nuestros progenitores desde que conocieron cômo reaccionaba el cuerpo al pe-

netrar  por la narîz un  fuerte olor, pudiente. Para resumir, el caso es que al pasar un mi-

nuto  Aristofôn  dejô de tener ese  ampo de nieve, lo  que no traduce que  haya del todo 

mejorâdose de la molestia, mas por lo menos carecîa de la necesidad o de doblar el tron-

co o de ponerse en la barriga las dos manos. Al preguntarle Aspasia si deseaba una taci-

ta de tê, pero libre de cualquier  bebida con su porciento de alcohol, êl respondiôle que 

mucho mejor le vendrîa, por  lo menos, una copita de vino, ya  que segûn su decir/dejar 

saber  no es la primera  vez en su existencia que padece de esta molestia, y como tal no 

duda  de la lenificaciôn  que  prodûcele poco a poco la dadorîa de Baco. Valorando este 

aforismo  conocido  podrîamos  quedar exentos  de responsalibilidad/culpabilidad/reso-

nancia conciencial  alguna: quien sôlo la hace sôlo la paga, y como tal la copita llenôse-

la de vino Aspasia. Despuês de tomârsela, como si fuese un vaso de agua, nos preguntô 

si  deseâbamos  concomitarlo  a la cabaña  abandonada en el bosque de los liberales, la 

que fue su propiedad y a la que llevada a su queridona Metrique, la neurôtica y oriunda 

de  Holanda, razôn de yo pensar que la nostalgia/melancolîa/onerosidad del pasado por 

la recarga amorosa pasâbanle por su mente. Sin ninguna votaciôn para subrayar/mante-

ner la vigencia de una forma democrâtica de llegar a un acuerdo entre un grupo de per-

sonas, de habitantes  de este mundo  con un anankê final seguro, no estuvimos en desa-

cuerdo en acompañarlo, mas dîcenos Aspasia que antes de salir deberîa ponerse una de

vestir prenda mejor ya que con la basta transparente no podîa ir al bosque de los libera-

les, motivo por el cual nos sentamos en el sofâ a esperarla, pero para no aburrirse, por-

que  entre alguna de  las cosas que  acarrêanle un tedio tremendo la de esperar que una 

fêmina termine de maquillarse y vestirse es una de ellas, Cratino empieza a leer una re-

vista  de literatura que Aspasia compra de vez en cuando, [la que de facto a mî no inte-

rêsame  porque los escritos que en ella publîcanse encuêntrolos someros, o sea, que ca-

recen de esa  profundidad que muchitanto estimûlame: recuerdo que desde que comen-

cê  a escribir y a leer la superficie jamâs fue de mi agrado, por lo que pudiera entender-

se inteligiblemente el porquê de que fuese ser de rigor hacer estas dos relevantes activi-

dades pensando siempre en lo coralino], y la que por costumbre (aunque asimismo por

comodidad por ser este mueble su preferido para acostarse a leer) deja debajo del sofâ 

en la parte derecha. Pero si de algo enterôme es de que al final y en la parte inferior de

uno  de los susodichos  escritos aparece el ônoma Lavinia, quedândonos tanto Cratino

como yo con la duda de que si fue Lavinia quien lo escribiô, o el que por su trabajo co-

mo  editor encargôse de corregir/revisar el escrito. A pesar de este titubeo no fue impo-

sible la tempestiva pregunta que Cratino hâceme, y oportuna porque êl sabe lo que yo

debo hacer mañana: presentarme a la una de la tarde en la oficina del editor Lavinia:

---Kosmos, por fin te decidiste si dejar o no que le echen un vistazo a tu novelôn?

---Cratino, no le he puesto muchitanta testa a esta decisiôn, y mejor asî, porque tû que

me conoces sabes que enfrentarme a ella cuêstame tremendîsimo trabajo, un pensar de

horas a trancas y barrancas.

---Cômo no creerte? Cômo decir que tus palabras son inciertas?

---Cratino, tienes interês en esa revista?

---Aspasia, si supieras el porquê de que la leo como mujer me dirîas mâs de una cosa.

---Interesante, pero ahora no quiero saberlo. Nos vamos al bosque de los liberales?

---Age en plural, age!!

---Eso, Kosmos, ese age!!











   










 








    



 


 


 






 





     
























































    

Samstag, 5. Oktober 2024

98

         Al llamar a Cratino lo notê un poco suspicaz al creer que lo de la invitaciôn a ce-

nar  era parte de mi lûdico. Entiendo que lo creyera [asî] porque hasta el Apolo de hoy

jamâs êl necesitô ni de mi llamada ni de una invitaciôn ni de una tarjeta postal, ya que 

siendo un buen amigo ninguna de estas tres cosas son necesarias para que sea siempre

un comensal. A pesar de mi entendimiento me tomê unos minutos para decirle que no

estaba  jugando, que no era una marranada de las que conoce de mî, y hasta le dejê sa-

ber  que Aristofôn cenarîa con nosotros y que le gustarîa de nuevo hablar con êl. Des-

puês de disculparse por lo que creyô dîjome que vendrîa y que traerîa una botellita de

vino rojo, la dadorîa por antonomasia/indefectible dionisîaca, empero que si hacîa fal-

ta otra cosa que dijêraselo para comprarla. Sobre el pucho remitîme al asunto de la su-

ficiencia  indubitable de los setenta y cinco decilitros (parte dêcima de un litro) como

para  empezar a dejar un efecto con el cual otras cosas se olvidan, y como tal con tan

solamente  la susodicha  botellita basta. Para finalizar con la llamada dîjele que si Ju-

liette querîa podîa venir con êl, mas comunîcame que deplorablemente ella no estaba

en  casa y que ignoraba  la hora de su regreso. Por este motivo hace una pausa, respi-

ra profundamente y dîceme raudo: Kosmos en media hora llego.

        Como Aristofôn estaba sentado a mi lado en el sofâ escuchô todita la conversa,

mas  de quedarse maravillado con algo no fue por otra cosa que la atinente al asunto

al que  yo me remitî, pero mâs por la forma de plantearlo/exponerlo/decirlo/amplifi-

carlo que como tal el asunto, porque tratândose de una cantidad especîfica para êl no

es significativa. Con esto queda planteado su reconocimiento de la manera expresiva

mîa, aun ya conociêndola desde aquel dîa que por vez primera entramos en verba en

su apartamento, el que segûn Metôn no es el adecuado para tener una idea de lo que

puêdese adquirir cuando tiênese un pudiente capital como el que /posee/guarda Aris-

tofôn  en el banco. Con esto puedo entender, hasta cierto punto, el porquê de que pa-

ra êste no sea significativa una cantidad especîfica: cuando ya se tiene una desdêña-

se otra, lo que traduce una concreciôn/delimitaciôn/especificaciôn/diferenciaciôn de

una sûmula con una magnitud. Ahora bien, y para no seguir complicando la cosa en

cuestiôn, dilucidêle a Aristofôn sobre mi expresiva manera:

----Sepa usted que mis planteamientos caracterîzanse o por ese profundizar que pro-

voca  o por el detallamiento que al ludicar con un interlocutor conduce/lleva/dirige a

êste a dos cosas: o a mejorar su conocimiento o a que se calle de una vez y por todas, 

deje de mover su lengua en un periquete.

----Kosmos, no hace falta que me lo digas, que desde que hablamos por primera vez

supe, no con tus palabras, lo que acabas de decir.

----Kosmos y, viene o no Cratino?

----Viene, mas no con Juliette, porque no estâ en casa. Sabes que me dijo, Aspasia?

----Me lo acabas de decir, que viene, no?

----Mas con una botellita de la dadorîa de Baco.

----Perfecto!! 

----A quê te refieres con perfecto?

----A que trae la botellita.

----Aspasia, tal botellita es siempre algo perfecto.

----Kosmos, sôlo nos queda una botella de vino, y con la que trae Cratino son dos.

----O sea, que afirmaste perfecto porque la sûmula de botellitas llega a dos?

----Asî es, Kosmos, dêbese la afirmaciôn a eso. Me fastidias/mortificas, no?

----Êsa es la res, Aspasia, algo como êsa.

----Tû te estâs buscando que te golpea la testa con un papazo.

----Ha llegado el momento de reîrme.

            Si algo no pega con Cratino es no ser puntual, razôn por la cual media hora 

despuês tocô el timbre. Lo primero que hizo al Aspasia abrirle la puerta fue darle la

botellita de vino que trajo metida en un senecto cartucho, allende que un tanto engu-

rrado por haber estado demasiado tiempo doblado en pequeñas partes, segûn êl mis-

mo clara/explica a raîz de preguntarle Aspasia el porquê de que estuviera en tal con-

diciôn. En lo que êsta fue a la cocina con el têlos de abrir la botellita, yo dîjele a Cra-

tino  el motivo de la presencia de Aristofôn: informarme que habîame propuesto co-

mo  guardiân del futuro museo en un encuentro que tuvo ayer con el grupo. A conti-

nuaciôn  de este barrunte, empero de forma metafôrica, y como tal yo sôlo lo enten-

dî, Cratino  comparô a Aristofôn con el mensajero de los dioses (Hermes), algo que

por parangôn estâ un poco exagerado, mas yo quedê en mutismo para eludir un con-

flicto verbal con êl delante de Aristofôn. Respecto a lo del guardîân, Cratino vacilô

de  que en realidad yo aceptara ese trabajo, de que ocupârame del cometido que de

un  vigilante es bâsico, que quiên mejor que êl para saber de mis [precisiones indis-

pensables y apreciaciones  imprescindibles  desentrañando la madeja por la punta

mâs resonante] renuncias constantes/sonantes cuando tocâbanme hacer aquellas de-

sagradables/obligadas guardias en las postas de la academia, y precisamente porque 

la labor era la de vigilancia bajo el imperio lunar.

---Kosmos, y por lo que dijo Cratino, que no por lo que pensê de ti para proponerte

como guardiân, me parece que....

---Que no le parezca nada, Aristofôn, que lo pensarê con calma, con tiempo, con la

indeleble paciencia que caracterîzame.

---Si de tiempo se trata tienes bastante, porque falta algo de tiempo para la constru-

cciôn  del museo. Pero dime, kosmos: quê le digo a los integrantes del grupo si me

preguntan?

----Aristofôn, lo que acâbole de decir, y hasta le doy el beneplâctio para que les res-

ponda con estas palabras mîas textuales, al pie de la letra, taxativamente.

----Estâ bien, Kosmos, de acuerdo!

----Caballeros, llenen ustedes mismos sus copas, que ya tengo que empezar a servir.

Aquî estâ la botella.

----Caballeros!! Aspasia, y desde cuândo utilizas esta palabra, la sacas a puesto, a co-

locaciôn? 

----Kosmos, hoy por primera y ûltima vez. En vez de estar haciendo preguntas, debe-

rîas ayudarme a poner la mesa.

----Si no me lo dices, cômo saber si necesitas ayuda?

----Te lo acabo de decir, no?

----Allâ voy!! Al avîo!!

           Siete minutos despuês comenzamos a cenar, sentândose Aristofôn a la izquier-

da de la mesa; Cratino, a la derecha, y Aspasia frente a mî, la que por sentirse sudada

eyectaba una que digamos no muy buena/grata/atractiva jeta. Por esta razôn, y con la

intenciôn de a êsta un cambio acarrearle [poniêndome en funciôn de un incentivo del

gusto de ella], echê mi silla un poco hacia delante, motivo por el cual mi barriga que-

dô  cuasi  colisionando con la mesa, y por debajo de êsta pûsele mi pie derecho entre 

sus muslos, los que no cubrîa su bata transparente, porque al ella sentarse  subiôse la

bata para estar mâs cômoda. Seguido a sentir que mi pie alcanzaba una alta tempera-

tura al apretarlo con sus muslos, por lo que los comparê con una cocina humana que

no  demora en abrasar, ella mirôme y mordiôse los labios, una muestra ostensible de

que empezaba a disfrutar de un proceso que, paulatinamente, [porque un viraje de la 

maquinaria  interior que es  garante de un beneficio menestera su tiempo] condûcela 

a una metâfora francesa que designa el orgasmo: pettite morte, el culmen que de ôr-

dago engendra una sonrisa, y que yo defino como lo siguiente por mor de ser un fiel

erastes de apelar a un significante (que no a un significado por distinciôn lacaniana)

de jaez estimulativo: sacudida inextricable. Empero para dejar calaña de una simbô-

lica  gracia (garbo incuestionable por un baremo  estricto/austero: reciclador de una 

materia cupular?) que concreta/especifica una aplicaciôn edulcorada, que a su vez y

por su re-presentaciôn remite (inteligiblemente) a usos fundamentales que satisfacen

(satisfacientes) y a deseos/quereres que [en el sentido sensus concienciales a posteri-

ori, es decir, en  el alimentado/fundamentado/ justificado por la experiencia que ad-

quiere  un reforzamiento de su contenido] incrementan el ampulamiento (dador) de

un conjuntivo funcional, hundiôse en su boca un hueso de pollo que chupô como si

fuese una rosada chambelona con floreciente color. Y entonces pregûntome: serîa e

imposible la trans-formaciôn de su jeta con lo que hace, aun no estando exenta del

sudor su piel?














 







 













 



  



    











     











    

Mittwoch, 2. Oktober 2024

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       (cuatro horas despuês)

  

            Aspasia entra por la puerta silbando un pasaje de una composiciôn de Bach, lo 

que  significa o que hoy tocô con el chelo mûsica barroca, o que por algo que sucediô

su estado de ânimo no era paupêrrimo, lo que traduce, entonces, que por ser elevado la

musicalidad es lo preponderante en su boca. No mucho despuês de yo preguntarle si la

manifestaciôn habîa pasado por la catedral barroca, y de ella responderme sin dilaciôn

y  con vigor con un NO alargado, razôn por la cual el alongamiento de la O durô lo su-

ficiente  como para dejar  resonancia en mis oîdos, saliô al balcôn, cogiô la toalla y pe-

netrô  en el baño. A raîz de  cerrar la puerta reflexionê sobre lo siguiente y tempestivo:

si cogiô la toalla es que va a secarse algo, mas cômo algo puede estar mojado si de fac-

to no hay agua? Si fuese el sudor, mas necesariamente tiene que meterse en el baño pa-

ra secârselo? Con el objetivo de saciar esta interrogante, de hallar la respuesta sin pala-

bra alguna, me acerquê con cautela/sensatez/cuidado a la puerta del baño, y con el pre-

ciso  objetivo de pegar una oreja en la madera de êsta. Pasados unos segundos de escu-

cha oigo el correr de la cortina y seguido un chorro de agua caer, empero para no dela-

tarme per se, porque de hacer alguna pregunta sabrîa ella que estaba a la zaga de la ce-

rrada puerta, regresê a la sala y sentême en el sofâ. Quince minutos despuês pârase As-

pasia frente a mî y comienza a secarse el cabello, siendo indubitablemente un momen-

to  de atracciôn/seducciôn  tremenda, allende que uno que asimismo a mi nariz benefi-

ciaba  por la limpidez y el olor de su entramado. Deplorablemente, y cuasi estando lis-

to para sentarla encima de mis piernas para que pusiêrase en la posiciôn que de hecho

no  solamente   encântame, sino que por recordarme a Plutôn y a Proserpina transpôr-

tame  al mundillo de mi novelôn, ya que en êste la susodicha posiciôn no es diferente,

o sea, que es  la misma, suena el timbre de la puerta mâs seguido que nunca, como si

el/la que lo tocara tuviese la necesidad apremiante/urgente/compulsiva de entrar y en

verba  a ultranza  de creer que la palabra no puede posponerse, dejarse para otro posi-

ble kairôs. A pesar de ser Aspasia bastante liber (tina)al sobre el pucho se fue al cuar-

to, quedândome  a mî la tarea de ir a  abrir la puerta, lo que traduce que fastidiâronse 

las luminantes apolîneas en preludio cupular, una de las frases mâs deîcticas sacada a

puesto, a colocaciôn en mi novelôn. 

          Tendrîa que decir lo siguiente: cuando uno espera algo (hecho, suceso, aconte-

cer, verbi gratia), y no se da, pudieran  suceder dos cosas: o estar de jeta o blasfemar

por gusto, empero cuando sucede al revês, o sea, cuando algo se da sin esperar nada 

la posibilidad de reaccionar con un asombro es la mâs comûn, que si no la de con pa-

labras afirmar esta negaciôn concreta/especîfica/ justa: no, no puede ser, insôlito!! Y

realmente êsta fue la negaciôn que escuchô Aristofôn al canto de yo abrir la puerta ya

que su presencia /visita era algo que no esperaba.   

----Kosmos, disculpa que venga sin avisarte, que te visite sin decirte que venîa, que me

presente asî como asî, etc, pero como sê que tû eres un amante de la noche, te propuse

como guardiân del futuro museo.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Pero pase, Aristofôn, pase que

sobre este asunto deberîamos hablar sentados.

---Gracias, Kosmos, gracias!!

       A continuaciôn de sentarnos en el sofâ sale Aspasia del cuarto arropada con su ba-

ta transparente, momento que no sôlo aprovecho para presentarle a Aristofôn, sino que

asimismo para pedirle que haga un poco de cafê. Como no esperaba que pidiêraselo se

me  quedô mirando con [un porciento de] estupefacciôn, y el porquê de que asî mirâra-

me bien que lo conozco: porque al tratarse de una persona desconocida cualesquier pe-

ticiones de este tipo/de que haga algo no son de su agrado, mas como no habîa perdido

el estado de ânimo elevado, aunque sin ya dejar demostraciôn de êste silbando un pasa-

je de una composiciôn de Bach, recogiôse el pelo, se puso en jarras al lado mîo y dîce-

me:

---Si no hubiese venido el agua no tendrîa ganas ni de silbar ni de nada.

---Lo que traduce que, como vino, vas a hacer el cafê?

---Me has entendido perfectamente, Kosmos!!

        Y en lo que Aspasîa hacîa el cafê, Aristofôn clârame que ayer tuvo un encuentro

con los integrantes del grupo encargados del financiamiento de la construcciôn del fu-

turo museo, y que en lo atinente a la seguridad nocturna de êste hubieron oposiciones,

ya  que no todos los integrantes estuvieron de acuerdo en pagarle un salario al susodi- 

cho guardiân. A trancas y barrancas pûdose llegar a la proposiciôn final de hacer una

votaciôn, la que zanjarîa con la nebulosa de si Sî o No cada integrante del grupo pon-

drîa una parte de su peculio destinado al beneficio mensual del guardiân.

---Aristofôn, sabe usted una res?

---Cuâl, Kosmos, cuâl es êsa?

---Que la votaciôn fue ganada por los mâs y no los menos, porque si usted estâ aquî

es por....

---Asî es, Kosmos, asî es. Ah, y otra cosa.

---Amplifîquela, Aristofôn, am-pli-fî-que-la!!

---Ayer me enterê de que Metôn es tu vecino.

---Câspita Aristofôn!!

---Por quê me dices eso?

---Porque fue êl quien dîjome de que usted fue un cliente de su banco, como asimis-

mo que la idea de construir el museo fue de un ricachôn interesado en la historia anti-

gua, allende de ser un coleccionista. Debo barruntarle sobre otra cosa: Cuando dejô-

me saber Metôn de que usted fue cliente de su banco...

---Y cuândo te lo dijo?

---Precisamente hoy en la mañana y aquî en mi apartamento.

---Y por quê te lo dijo?

---Escuche usted, Aristofôn. El presentôse aquî para darme la informaciôn de que el

problema del agua debîase a la rotura de una parte de la tuberîa que pasa justamente

por debajo de la zona donde hâcese la excavaciôn. Por esta perîstasis abriôse la con-

versa, y con êsta saliô a puesto, a colocaciôn lo que acâbole de decir que dijôme de

usted Metôn.

---En realidad, Kosmos,, no entiendo que llevô a Metôn a que te lo dijera si de hecho

conversaban sobre el problema del agua, pero igual. Pero sabes, me interesa saber al-

go: por quê no te dijo Metôn, ya que dice cosas, lo que te dije de tû como guardiân,

ya que êl lo sabîa por haber estado ayer en el encuentro? 

---Aristofôn, una que muchitanto buenîsima/mirîfica pregunta. La respuesta la ignoro

totalmente.

 ---Aquî estâ la cafetera con el cafê, el azûcar, las dos tazas y las dos cucharitas.

---Gracias, Aspasia, gracias!!

---De nada, Aristofôn! 

---Y tû no tomas?

---No, Aristofôn, ahora no quiero, ademâs que me seca demasiado el gaznate.

---Repâmpanos, Aspasia, que ya vino el agua.

---Ay, kosmos, quê gracioso/simpâtico/cômico, y buscador de mi lengua.

---Y si no la tuya la de quiên voy a buscar?

---Aristofôn, tiene usted algo que hacer, alguna actividad/labor/ocupaciôn en las prô-

ximas tres horas?

---No, Aspasia! Por quê la pregunta?

---Para invitarlo a comer partes de pollo horneadas.

---Quê delicia!! Me encanta el pollo de cualquier manera, ya que es mi carne blanca

favorita. Acepto la invitaciôn, Aspasia, y gracias!!

---Y acompañado con papas?

---Increîble!! Como que adivinaste mi plato repetido: pollo con papas!!

---Perfecto!!

---Puedo hacer una pregunta, Aspasia? Pido el beneplâctio para hacerla.

---Cuâl es, Kosmos?

---Si puedo llamar a Cratino para que venga a comer?

---No hay problema, llâmalo, y si quiere traer a Juliette tampoco problema hay.

---Al avîo, Kosmos, al avîo, o sea, a llamarlo.

---Cratino, el hijo de mi difunto amigo Teôfilo, el de la razôn perdida. Me gustarîa

volver a hablar con êl, por segunda vez, ya que me recuerda mucho a mi amigo.

---Aristofôn, si no estâ ocupado, en breve estarâ aquî.

---Tû lo conoces mejor que yo, Kosmos, razôn por la cual sabes que de estar libre

estarâ en breve aquî.

---Êsa es la res, Aristofôn!!

---Aspasia, necesitas ayuda en la cocina?

---No, Aristofôn, no!! Gracias!! Quêdese usted conversando con Kosmos.

---Estâ bien, Aspasia, estâ bien, me quedo hablando con êl.













 




       






 








 

 







 

 



 






 









    



 



  



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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...