Al llamar a Cratino lo notê un poco suspicaz al creer que lo de la invitaciôn a ce-
nar era parte de mi lûdico. Entiendo que lo creyera [asî] porque hasta el Apolo de hoy
jamâs êl necesitô ni de mi llamada ni de una invitaciôn ni de una tarjeta postal, ya que
siendo un buen amigo ninguna de estas tres cosas son necesarias para que sea siempre
un comensal. A pesar de mi entendimiento me tomê unos minutos para decirle que no
estaba jugando, que no era una marranada de las que conoce de mî, y hasta le dejê sa-
ber que Aristofôn cenarîa con nosotros y que le gustarîa de nuevo hablar con êl. Des-
puês de disculparse por lo que creyô dîjome que vendrîa y que traerîa una botellita de
vino rojo, la dadorîa por antonomasia/indefectible dionisîaca, empero que si hacîa fal-
ta otra cosa que dijêraselo para comprarla. Sobre el pucho remitîme al asunto de la su-
ficiencia indubitable de los setenta y cinco decilitros (parte dêcima de un litro) como
para empezar a dejar un efecto con el cual otras cosas se olvidan, y como tal con tan
solamente la susodicha botellita basta. Para finalizar con la llamada dîjele que si Ju-
liette querîa podîa venir con êl, mas comunîcame que deplorablemente ella no estaba
en casa y que ignoraba la hora de su regreso. Por este motivo hace una pausa, respi-
ra profundamente y dîceme raudo: Kosmos en media hora llego.
Como Aristofôn estaba sentado a mi lado en el sofâ escuchô todita la conversa,
mas de quedarse maravillado con algo no fue por otra cosa que la atinente al asunto
al que yo me remitî, pero mâs por la forma de plantearlo/exponerlo/decirlo/amplifi-
carlo que como tal el asunto, porque tratândose de una cantidad especîfica para êl no
es significativa. Con esto queda planteado su reconocimiento de la manera expresiva
mîa, aun ya conociêndola desde aquel dîa que por vez primera entramos en verba en
su apartamento, el que segûn Metôn no es el adecuado para tener una idea de lo que
puêdese adquirir cuando tiênese un pudiente capital como el que /posee/guarda Aris-
tofôn en el banco. Con esto puedo entender, hasta cierto punto, el porquê de que pa-
ra êste no sea significativa una cantidad especîfica: cuando ya se tiene una desdêña-
se otra, lo que traduce una concreciôn/delimitaciôn/especificaciôn/diferenciaciôn de
una sûmula con una magnitud. Ahora bien, y para no seguir complicando la cosa en
cuestiôn, dilucidêle a Aristofôn sobre mi expresiva manera:
----Sepa usted que mis planteamientos caracterîzanse o por ese profundizar que pro-
voca o por el detallamiento que al ludicar con un interlocutor conduce/lleva/dirige a
êste a dos cosas: o a mejorar su conocimiento o a que se calle de una vez y por todas,
deje de mover su lengua en un periquete.
----Kosmos, no hace falta que me lo digas, que desde que hablamos por primera vez
supe, no con tus palabras, lo que acabas de decir.
----Kosmos y, viene o no Cratino?
----Viene, mas no con Juliette, porque no estâ en casa. Sabes que me dijo, Aspasia?
----Me lo acabas de decir, que viene, no?
----Mas con una botellita de la dadorîa de Baco.
----Perfecto!!
----A quê te refieres con perfecto?
----A que trae la botellita.
----Aspasia, tal botellita es siempre algo perfecto.
----Kosmos, sôlo nos queda una botella de vino, y con la que trae Cratino son dos.
----O sea, que afirmaste perfecto porque la sûmula de botellitas llega a dos?
----Asî es, Kosmos, dêbese la afirmaciôn a eso. Me fastidias/mortificas, no?
----Êsa es la res, Aspasia, algo como êsa.
----Tû te estâs buscando que te golpea la testa con un papazo.
----Ha llegado el momento de reîrme.
Si algo no pega con Cratino es no ser puntual, razôn por la cual media hora
despuês tocô el timbre. Lo primero que hizo al Aspasia abrirle la puerta fue darle la
botellita de vino que trajo metida en un senecto cartucho, allende que un tanto engu-
rrado por haber estado demasiado tiempo doblado en pequeñas partes, segûn êl mis-
mo clara/explica a raîz de preguntarle Aspasia el porquê de que estuviera en tal con-
diciôn. En lo que êsta fue a la cocina con el têlos de abrir la botellita, yo dîjele a Cra-
tino el motivo de la presencia de Aristofôn: informarme que habîame propuesto co-
mo guardiân del futuro museo en un encuentro que tuvo ayer con el grupo. A conti-
nuaciôn de este barrunte, empero de forma metafôrica, y como tal yo sôlo lo enten-
dî, Cratino comparô a Aristofôn con el mensajero de los dioses (Hermes), algo que
por parangôn estâ un poco exagerado, mas yo quedê en mutismo para eludir un con-
flicto verbal con êl delante de Aristofôn. Respecto a lo del guardîân, Cratino vacilô
de que en realidad yo aceptara ese trabajo, de que ocupârame del cometido que de
un vigilante es bâsico, que quiên mejor que êl para saber de mis [precisiones indis-
pensables y apreciaciones imprescindibles desentrañando la madeja por la punta
mâs resonante] renuncias constantes/sonantes cuando tocâbanme hacer aquellas de-
sagradables/obligadas guardias en las postas de la academia, y precisamente porque
la labor era la de vigilancia bajo el imperio lunar.
---Kosmos, y por lo que dijo Cratino, que no por lo que pensê de ti para proponerte
como guardiân, me parece que....
---Que no le parezca nada, Aristofôn, que lo pensarê con calma, con tiempo, con la
indeleble paciencia que caracterîzame.
---Si de tiempo se trata tienes bastante, porque falta algo de tiempo para la constru-
cciôn del museo. Pero dime, kosmos: quê le digo a los integrantes del grupo si me
preguntan?
----Aristofôn, lo que acâbole de decir, y hasta le doy el beneplâctio para que les res-
ponda con estas palabras mîas textuales, al pie de la letra, taxativamente.
----Estâ bien, Kosmos, de acuerdo!
----Caballeros, llenen ustedes mismos sus copas, que ya tengo que empezar a servir.
Aquî estâ la botella.
----Caballeros!! Aspasia, y desde cuândo utilizas esta palabra, la sacas a puesto, a co-
locaciôn?
----Kosmos, hoy por primera y ûltima vez. En vez de estar haciendo preguntas, debe-
rîas ayudarme a poner la mesa.
----Si no me lo dices, cômo saber si necesitas ayuda?
----Te lo acabo de decir, no?
----Allâ voy!! Al avîo!!
Siete minutos despuês comenzamos a cenar, sentândose Aristofôn a la izquier-
da de la mesa; Cratino, a la derecha, y Aspasia frente a mî, la que por sentirse sudada
eyectaba una que digamos no muy buena/grata/atractiva jeta. Por esta razôn, y con la
intenciôn de a êsta un cambio acarrearle [poniêndome en funciôn de un incentivo del
gusto de ella], echê mi silla un poco hacia delante, motivo por el cual mi barriga que-
dô cuasi colisionando con la mesa, y por debajo de êsta pûsele mi pie derecho entre
sus muslos, los que no cubrîa su bata transparente, porque al ella sentarse subiôse la
bata para estar mâs cômoda. Seguido a sentir que mi pie alcanzaba una alta tempera-
tura al apretarlo con sus muslos, por lo que los comparê con una cocina humana que
no demora en abrasar, ella mirôme y mordiôse los labios, una muestra ostensible de
que empezaba a disfrutar de un proceso que, paulatinamente, [porque un viraje de la
maquinaria interior que es garante de un beneficio menestera su tiempo] condûcela
a una metâfora francesa que designa el orgasmo: pettite morte, el culmen que de ôr-
dago engendra una sonrisa, y que yo defino como lo siguiente por mor de ser un fiel
erastes de apelar a un significante (que no a un significado por distinciôn lacaniana)
de jaez estimulativo: sacudida inextricable. Empero para dejar calaña de una simbô-
lica gracia (garbo incuestionable por un baremo estricto/austero: reciclador de una
materia cupular?) que concreta/especifica una aplicaciôn edulcorada, que a su vez y
por su re-presentaciôn remite (inteligiblemente) a usos fundamentales que satisfacen
(satisfacientes) y a deseos/quereres que [en el sentido sensus concienciales a posteri-
ori, es decir, en el alimentado/fundamentado/ justificado por la experiencia que ad-
quiere un reforzamiento de su contenido] incrementan el ampulamiento (dador) de
un conjuntivo funcional, hundiôse en su boca un hueso de pollo que chupô como si
fuese una rosada chambelona con floreciente color. Y entonces pregûntome: serîa e
imposible la trans-formaciôn de su jeta con lo que hace, aun no estando exenta del
sudor su piel?
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