Despuês de pasar la sûmula de noventa y seis horas presêntase en mi apartamen-
to Teôfilo, el de la razôn ganada, y un tanto preocupado por algo que pasô en la noctur-
na del Lunes, o sea, hace cuatro dîas: la desaparaciôn misteriosa de Aristarco al canto
de saber, por la llamada del chofer del general, que tanto Sista como su madre fueron
arrestadas, quedândome claro con esta noticia el porquê de que Sista no haya respondi-
do a las llamadas que hîzole Aspasia, las que de facto no fueron pocas. A continuaciôn
de rascarse la testa, calaña de poco entendimiento o de ninguno, revêlame Teôfilo jus-
tamente la hora que sucediô la desaparaciôn: a las 9:45, hora que al ser en un perique-
te analizada por mi mêtodo celta dejôme un tanto sorprendido por no encajar en el es-
quema: la suma de 9+4+5=18; la de 1+8=9, y el nueve era el nûmero asociado a la sa-
bidurîa elevada (no olvidar las nueve avellanas que comiô el salmôn), que asimismo
a lo juicioso y prudente; y en general considerâbase la numeral con mâs energîa de to-
das, allende de representar el nûmero de iniciaciones que deberîa superar un aprendiz
para las enseñanzas de las artes mîsticas.
---Increîble, Kosmos, y a su vez interesante, pero tû crees que eso de no encajar en el
esquema sea algo negativo?
---Teôfilo, no trâtase ni de negativo ni de positivo, sino de una atingencia con el suje-
to debido a un programa oculto.
---Kosmos, me permites preguntarle algo a Teôfilo?
---Age, Aspasia, pregûntale.
---Teôfilo, reconoce usted este llavero?
---Ah, el llavero con el elefante azul. Claro que sî! Y cômo es que tû lo tienes, llegô
a tus manos?
---Estaba en la cabaña en el bosque de los liberales, por lo que nosotros pensamos
que Sista estuvo allî. Sabe usted algo al respecto?
---Aspasia, y por quê deberîa saberlo?
---Porque tal vez Sista comentô algo, por ejemplo.
---Sista comentar algo delante de mî? Quê va!! Eso jamâs sucediô, por lo que la con-
siderê sumamente reservada. Y hablando de ella, tienen conocimiento ustedes de lo
que realmente pasô?, porque un arresto no es por gusto.
---Kosmos, le explicas?
---Explîcame, Kosmos, como acaba de decir Aspasia.
---Moverê mi lengua, Teôfilo, mas con una condiciôn.
---Cuâl, Kosmos, cuâl?
---Que promêtame no decîrselo a nadie, porque el molestado/citado por la policîa voy
a ser yo por ser testigo visual, y con prismâticos, del hurto, del robo.
---Kosmos, se nota que no me conoces bien. Pero estâ bien, te lo prometo. A ver, suel-
ta la lengua.
Como la dilucidaciôn no podîa ser mâs fâcil la di completa en poquitîsimo tiempo,
y tan corto que no parecîa tiempo, empero a pesar de esto Teôfilo mirâbame descono-
ciendo totalmente que instante es eternidad, lo que traduce que aun no siendo largo el
tiempo de explicaciôn êsta estaba embrollada a una dimensiôn temporal con algo de y
magnitud.
---Pero, Kosmos, y por lo que me acabas de explicar, aquî hay una cosa segura: que lo
que robô Matilde es de suprema relevancia, sea ya por su valor o por el interês que al-
guien tiene de poseerlo, porque un hurto como êse en plena calle y expuesto a la mira-
da de un burujôn de gente....
---Teôfilo, si piensa usted en una cosa, yo no creo que Matilde sea bruta; al contrario,
inteligente por robar en un momento favorable/preciso/tempestivo.
---Cômo?
---Escuche. La tâctica consiste, precisamente, en hurtar en el instante en que nadie se
lo espera por pensar que frente a una cantidad de miradas nadie atreverîase a hacerlo.
Oiga, esto tiene algo que ver con la intenciôn paradôjica, la que yo puedo asegurarle
que es dejante de un buen resultado.
---Kosmos, no es que no te pueda seguir, pero no crees que es bastante riesgoso?
---Êse es el quid, lo quiditario de la cosa, ya que al considerarse riesgoso lo contingen-
te no se nota.
---No sê, no es que te quite completamente la razôn, pero tampoco estoy cien por cien-
to de acuerdo contigo. Pero igual, dejêmoslo aquî. Y ahora dime: tienes alguna idea de
dônde pudiera estar Aristarco?
---Teôfilo, sabe usted lo que preocûpame?
---No! Quê?
---Que esta desapariciôn de Aristarco mâs sea debida a un bajôn del ânimo por su en-
fermedad que a esta res del hurto.
---Ahora sî que no puedo seguirte. Quê quieres decir?
---Respôndame, Teôfilo: notô usted algo inusual en Aristarco la semana pasada, verbi
gratia, un mal humor, pocas ganas de comer, que querellâbase por no poder dormir?
---Sabes, y ahora que me haces esta pregunta, sî que me llamô la atenciôn que no es-
tuviera tranquilo, que se moviera de un lugar a otro como si estuviese padeciendo de
ansiedad, o de algo que no le permitîa quedarse quieto. Pero, Kosmos, adônde quieres
llegar?
----Teôfilo, que a lo mejor un escalamiento de algo interior llegô a su punto âlgido el
Lunes a la hora susodicha, poniêndole la tapa al pomo la llamada de Dasid, la que pu-
do ser la causante de que finalmente Aristarco decidiera escindirse de su ansiedad. Sa-
be usted, y de ser asî, el lugar donde pudiera estar?
----Dônde, Kosmos, dônde?
----En la linterna de la catedral barroca.
----Y por quê especîficamente allî?
----Porque de allî el intentô tirarse, mas no lo hizo, lo que significa que un recuerdo
de un acto no realizado pueda devolverle la calma una vez que lo interprete como una
parte de êl que puede ser negada a pesar del impulso que llevôlo a la linterna.
---Interesante!! Entonces no hay tiempo que perder. Me voy a la linterna. Pero antes y
de irme quiero que sepas que lamento muchîsimo que Matilde haya hecho lo que hizo.
Por quê? Porque fue una mujer que amê como a ninguna, con una intensidad tremen-
da y con un desenfreno incluido.
---Muy humana su revelaciôn, Teôfilo, pero hay dos cosas: usted no tiene la culpa de
que ella sea una ladrona y el pasado pasado es, o sea, que la fruiciôn que usted tuvo
con ella es indeleble y, como tal, serâ una reminiscencia hasta el dîa de su fenecer.
---Gracias, Kosmos, por tus palabras, y me voy, me voy a la catedral barroca. Y Aspa-
sia, adios!!
---Adiôs, Teôfilo, adiôs!! Pero, mire, aquî estâ el llavero, llêveselo!
---Sî, me lo llevo, que la llave es un de reserva.
---Teôfilo, concomîtolo hasta la puerta para que no camine solo hasta ella.
---De acuerdo, Kosmos, de acuerdo!
Al regresar a la sala no pude eludir decir dos veces la palabra evohe despuês de
mis ôculos contemplar algo inesperado: la posiciôn de Aspasia en el sofâ indubitable-
mente seductiva: acostada y con las piernas abiertas, aunque con su querîdîsima bata
transparente, y leyendo una pincelada que escribî recientemente: el Gurke de la goza-
dera desbârrase por la canal con aridez frîa/metâlica.
---Kosmos, si la remolacha me embarra la lengua de rojo; el Gurke, y pensando en su
dureza, como que me eleva a una altura conocida. Pero dime: por quê desbârrase por
esta canal?
---Câspita Aspasia!! No te he dicho muchitantas veces que la poiesis no tradûcese?
---Sî!! Pero por quê, porque no me lo has dicho ni una sola vez?
---Aspasia, porque trâtase solamente de una imago vestida.
---Una imago vestida? Cômo es eso, cômo puede ser posible vestirla?
---Precisamente con la verba. La verba es la tela con la que cûbrese una imago.
---Demasiado poêtico!!
---Quê si no, Aspasia, quê? Sospecho que me estâs fastidiando, que eres tû ora la que
mortifica, la que pregunta con juego, la engendrante de la pejiguera.
---A ver, ven acâ, acêrcate, siêntate aquî para poner mis piernas encima de las tuyas.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Y de nuevo la amplifico, mas
esta vez afirmativamente: evohe!!
---Dêjate de evohe, y mejor profundiza, hûndete en mî, analôgame con un pantano, el
que poco a poco chupa/absorbe/traga.
---Puêdese saber a quê dêbese esta inspiraciôn, este estro procesado por el magîn?
---Kosmos, si fueras fêmina pudieras enterderla. Mira, quê te parece esta nueva pren-
da de vestir interior que aûn cubre, porque no me la has quitado, la fuente primordial?
---Que quê parêceme? Que de estar tan metida, en la susodicha fuente, acarrea un con-
tinuo deleite, que si no una agradable sensaciôn. aunque asimismo pudiera ser que por
cuestiôn(es) de fantasîa ludicara una funciôn sustituyente. Empero esta prenda es nue-
va, no? Cuândo la compraste?
---No es mâs importante ahora que me la saques de mi cuerpo que saber el dîa que la
comprê?
---Êsa es la res!! Es mâs relevante que no la sigas teniendo tapando la fuente.
---Entonces?
Que una vez que puse la prenda sobre la mesa cercana al sofâ comencê a pensar
en estas concretas palabras que aparecen en el liber Erotika Biblion del conde de Mire-
beau (Gabriel-Honorê Riqueti, el que pasa por ser una de las personalidades mâs com-
plejas y heterodoxas de la revoluciôn francesa): paratiltres, picatrices, corobolia, clei-
toride, corintiana, calsidisar y felatrizar.
---Kosmos, no me vayas a decir que estâs pensando en este momento de...
---Deja, Aspasia, no lo nombres, que conozco tu definiciôn de êl por mâs de una vez
escucharla de tu propia lengua. Mas respôndeme: desde cuândo pensar tiene un deter-
minado momento para alguien que piensa?
---Olvîdate de la respuesta, que no estoy para responder, que sî, a ultranza, para otra
cosa.
---La que forma parte de la samiana?
---Kosmos, para quê me quitaste la prenda, para empezar a decir palabritas que tû co-
noces?
---No, claro que no, mas para demostrarte que el significado te resultarâ beneficiante
comienzo por el de la palabrita paratiltres.
---Pues comienza de una vez, comienza!!
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