Como Aspasia dejôle saber que yo estaba en la cocina ingiriendo pan y queso, Aris-
tarco supo sin ambages/circunloquios/intencionada metâfora en cuâl parte del apartamen-
to podîa encontrarme. A continuaciôn de sentarse al lado mîo, de coger un vaso y llenarlo
hasta la mitad de agua, yo lo saludê sin dejar calaña de impresiôn/asombro por su desapa-
riciôn, resultando curioso que quien quedara estupefacto fuera yo por lo que pasô acopas:
la muestra del llavero del que cuelga un elefante azul.
---Sabes, Kosmos, el porquê de que te lo enseñe? Porque êl fue la causa de mi desapari-
ciôn.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Aristarco, y por quê la causa?
---Porque me puse furiosîsimo cuando me enterê por el chofer del general de que Sista
estuvo en la cabaña con una chica, la que no es otra que a la que Matilde le sacô algo
de la cartera.
---Câspita!! Mas segûn lo contado por Teôfilo, Dasid lo que te dijo fue sobre el arresto
de Sista y Matilde.
---Asî es, Kosmos, es cierto, pero a mi padrastro no le dije lo que te acabo de decir.
---O sea, que sôlo le dijiste lo del arresto.
---Correcto!!
---Y cômo supo Dasid lo de la cabaña?
---Porque se lo contô Matilde Ronco Espinoza. Pero hay otra cosa.
---Amplifîcala, Aristarco, am-pli-fî-ca-la.
---Que la chica hizo un video cuando estuvo con Sista en la cama.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Esto sî que nunca lo hubiese
esperado de Sista. Sabes lo que no acabo de captar? El porquê [de que] Sista hâyale
dicho esto a su madre, que como la conocî por haber estado dos años con ella puedo
asegurarte que jamâs revelô su vida privada a Matilde.
---Como lo ûnico que perdura es el cambio, como te he oîdo decir varias veces, es po-
sible que haya cambiado Sista.
---No es imposible, Aristarco, no lo es! Y dime, Aristarco: dîjole Matilde a Dasid quê
fue lo hurtado?
--- Bueno, Kosmos, en el caso de que se lo haya dicho Dasid no me lo dijo a mî.
---Estâ de mâs el mî, Aristarco, porque si te lo dijo...
---Ya sê, Kosmos, ya sê que te fascina detectar lo que estâ de mâs.
---Êsa es la res!! Sabes lo que ya estoy procesando? Que lo que hurtô Matilde tiene al-
guna relevaciôn para Sista.
---Kosmos, y sî es asî por quê no fue Sista la que robara?
---Aristarco, porque Sista no tiene la menester pericia para hacerlo.
---Verdad que sî!! No pensê en esto.
---Kosmos, puedo hacerle dos preguntas a Aristarco?
---Age, Aspasia!! Mueve la lengua!!
---Aristarco, la primera es la siguiente: nunca te diste cuenta de que Sista tenîa una re-
laciôn con esa chica?
---Te confieso que para este tipo de cosa no soy muy bueno. Y la segunda cuâl es?
---Quê tû hacîas hablando con el sacerdote de la catedral barroca?
---En realidad no hablaba con êl, sino era êl el que hablaba conmigo.
---Ah, entonces tengo una tercera pregunta: y por quê êl hablaba contigo?
---Porque se parô delante de mî cuando vio que me dirigîa a la linterna.
---Cômo? Pensaste de nuevo en el suicidio?
---Aspasia, ya êsta es la cuarta pregunta.
---Kosmos, que es de momento la ûltima.
---Aspasia, la idea de suicidarme no se va, no se quita, no desaparece, o mejor dicho,
se activa y se desactiva.
---Entiendo entonces que se activô por esto que nos cuentas.
---Asî es, Aspasia, asî es.
---Kosmos, ya, pregunta tû.
---Allâ voy! Por quê me llamas? Aristarco, y como Matilde Ronco Espinoza es la no-
vîa de Dasid, y Dasid es el chofer del general, el general harâ algo para sacar de la es-
taciôn a Matilde? Algo be(nêfico)neficiante para Dasid.
---No es imposible, Kosmos, precisamente por lo que haz dicho.
---Tengo una quinta pregunta! Ya sê, Kosmos, que dije que la cuarta era la ûltima mas
estoy desesperadamente curiosa por saber...
---Aspasia, pregunta el quê o el cômo, verbi gratia.
---Aristarco, y cômo se enterô la policîa de lo del hurto?
---Aspasia, la respuesta no la sabe ni el mismîsimo Dasid.
---Aristarco, y Dasid dîjote que no lo sabîa ni êl mismo?
---Kosmos, estâs fastidiândome, no? Otra cosa que te fascina: empezar a formar lîos
jugando con la palabra y el sentido. Y claro, espero en breve tu risa. Quê si no?
---Mondo lirondo que esta vez no voy tan hondo!
---Ah no? Y quê entonces?
---Preguntarte si deseas ingerir esto que vez encima de la mesa: pan y queso.
---Pues sî, que estoy hambriento.
---Pues sîrvase tû.
---Ya, el jugador incesante!!
Y en lo que Aristarco comîa, Aspasia y yo salimos al balcôn a fumar. Al pregun-
tarme ella el porquê de decir Aristarco que el llavero fue la causa de su desapariciôn el
lunes, cuando en realidad el motivo fue el haberse enterado de la atingencia de Sista
con la chica, respondîle que êl lo primero que quiso sacar a relucir que nosotros, y al
encontrar el llavero en la cabaña, de alguna manera pudimos imaginarnos algo, porque
como êl nos conoce domina/sabe que con cada cosa que nos encontramos no queda
exenta del anâlisis correspondiente/adecuado/tempestivo, lo que traduce que explorarla
es segurîsimo, no dejô de tener en cuenta que tanto êl como Sista estuvieron presente
en el escrutar que infalible tuvimos y, con êste, cualesquier posibles son baricentros de
amplificaciôn, o de lascamiento, un têrmino utilizado en mi novelôn, mas esta vez no
en lo atinente a una concreta masa sino mâs bien debido a una imprudencia que pudie-
ra ser cortada en pedazos delgaditos para/con un fin determinado/preciso/concreto.
---Entonces, Kosmos, si Aristarco no tuviese el llavero que lo tuvo Teôfilo porque se
lo di yo, quê tû crees que hubiese, como primero, sacado a relucir Aristraco?
---Tres personas incluidas en una sola pregunta.
---Ya sê! Y?
---Que de formular la pregunta ininteligiblemente se pudiera formar un embrollo tre-
mendo.
---Me responderâs la pregunta o no?
---Aspasia, cômo lo voy a saber.
---Tû conoces bastante bien a Aristarco, no?
---Êsa es la res! Y deja de preguntar que viene êl.
---Aristarco, pero tû sî que comes rapidîsimo.
---Aspasia, cuando estoy hambriento sî; cuando no, lo contrario.
---O sea, que comes lento.
---Correcto, Aspasia, correcto!!
---Y quê piensas hacer, continuar con Sista o dirimir la relaciôn con ella?
---Kosmos, de ella no quiero saber mâs nada, y que le vaya bien con su chica.
---No te gustarîa pasar por la experiencia de un triângulo cupidoso?
---Eso a mî no me interesa.
---Kosmos, sabes quê me acabas de recordar con eso de ese triângulo?
---A Sabinsqui y sus buenas amigas Scarnia y Dina.
---Y quiênes son estas personas, Kosmos?
---Personajes de mi novelôn, Aristarco, y precisamente amantes de este tipo de fi-
gura geomêtrica.
---Kosmos, podrîa echarle un vistazo a tu novelôn?
---De momento es imposible, Aristarco, porque aûn estâ en la oficina del editor La-
vinia.
---Y quê hacemos ahora?
---Por ejemplo, Aspasia, jugar ajedrez.
---Pues, Kosmos, conmigo no cuenten, porque ese juego me aburre, asî que me voy
a leer.
---Y a mî no me aburre, mas no soy bueno jugândolo.
---Aristarco, la demostraciôn de lo que acabas de decir tiene relevancia para mî, asi
que vamos a mi estudio donde el tablero estâ preparado.
Cuando empezamos a jugar dime cuenta raudamente de un cosa: de que Aristar-
co movîa los trebejos a trancas y barrancas, confirmaciôn/prueba de que lo que habîa-
me dicho era totalmente cierto: que no era bueno ludicando ajedrez, lo que no quiere
decir que êsta fuera una suntuosa razôn para dejârale saber que con êl no jugaba mâs;
al contrario, porque de facto sale a relucir o mi tolerancia o mi paciencia, es un buen
motivo para continuar jugando. Y jugando estuvimos hasta que tuve que ir al balcôn
por una llamada a mi telêfono, y una nada mâs y nada menos que de Francisco Soto-
longo Almendrades, el general. A raîz de la pertinente disculpa, por llamar cuasi a la
una de la madrugada, pregûntame quê me habîa dicho el editor Lavinia, respondiên-
dole que no podîa responderle por un porquê concreto: porque el novelôn aûn estaba
en su oficina. Notando su preocupaciôn por el anankê de mi novelôn, dîjele que si en
par de dîas no recibîa alguna llamada de Lavinia llamarîalo yo, o presentarîame con
mi porte y aspecto, y sin ninguna cita, en su oficina. Al escuchar esto ûltimo, y quê
si no a tener en cuenta, a no pasar por alto, el general enfatiza que la disciplina es de
jaez importante no solamente dentro de una academia militar, sino que asimismo in-
defectible en cualesquier cosas que hâganse y actos que llêvense a cabo, y que como
tal que me presentara yo sin cita alguna no era correcto, por lo que entonces sobre el
pucho dîceme: Kosmos, y en el caso de que en par de dîas no recibas la llamada de
Lavinia, llâmame tû a mî, que me ocuparê de hablar con Lavinia para que tengas la
cita, verba por la que le di las muchitantas gracias. Seguido, y pensando que con es-
tas muchitantas gracias colgarîa, llegaba a su Ende su llamada, le deseê buen dormir,
mas sucediô otra cosa totalmente fuera de mi pensar, de esperarla en este momento:
el dejarme saber que estaba haciendo todo lo posible por sacar de la estaciôn de po-
licîa a Matilde y a Sista, y que por la pesquisa realizada llegôse a saber que la pro-
genitora de la chica hurtada [por Matilde] no es otra que la criada que tuvo su difun-
ta esposa, o sea, la madre de Esmeralda.
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