Pudiera haberme referido, lo que de facto servirîa como aliciente para pasar a una
prôxima perîstasis, a la ingente diferencia entre el semblante de Aspasia al sentarse a ce-
nar y el que tuvo despuês como resultado del disfrute breve, mas como Aristofôn apode-
rôse de la verba dejêle que amplificara. Lo que empezô diciendo sobre el problemilla in-
sôlito del agua no fue digno de una pronta atenciôn, mas lo que sî imantôme sobre el pu-
cho fue cuando dio el siguiente barrunte: que la chica con patas largas que fue vîcitima
del robo ofrecîa una cantidad considerable de peculio al/a la que hubiera visto la cara del
ladrôn/ladrona.
---Kosmos, y cuâl es la razôn de que me mires como me miras?
---Ay, Aristofôn, ay!! Si usted supiera que yo fui testigo visual, y con prismâticos, del su-
susodicho suceso y, como tal, sê quiênes son las ladronas.
---Esto estâ interesante. Y se puede saber quiênes son, Kosmos? Y no piensas negativo,
que no te pregunto con el fin de quitarte la posibilidad de que recibas la recompensa por
saber de las ladronas.
---Câspita Aristofôn!! Êsa no me interesa! Êsa es la res!!
---Kosmos, y por quê no me hablaste de eso?
---Aspasia, porque pensaba decîrtelo despuês, mâs tarde....cuando estuviêsemos solitos y
en el cuarto.
---Ah, estâ bien. Y entonces, porque ya te preguntô Aristofôn, cuâl es la respuesta?
---Las ladronas son Matilde Ronco Espinoza y su hija Sista, aunque êsta no fue quien me-
tiô/introdujo/hundiô la mano en la bolsa de la chica, sino mâs bien la que encargôse de en-
tretener a la chica.
---Cômo? Verdad? Y quê fue lo que le robaron?
---Debe ser algo pequeño que no vi, porque Matilde tenîa cerrado el puño.
---Entonces es cierto, es la prueba de que Matilde sî que es una ladrona, mas lo que si no
esperaba eso de Sista.
---Quê te puedo decir, Cratino?
---Cômo, Kosmos? Y acaso tû no estuviste con Sista?
---Parêceme que ha cambiado, que el cambio es lo ûnico que perdura.
---Ya sê, Herâclito, ya sê!!
---Tienen una idea de lo que pueda ser eso pequeño que robô?
---Bueno, Aspasia, tiene que ser algo de valor, no?
---Sî, Aristofôn, de acuerdo, pero quê?
---Pido la palabra.
---A ver, Kosmos, quê vas a decir?
---Esto Aspasia: si la chica proviene de una rica familia, pudiera pensarse en un diaman-
te o en otra piedra de valor, verbi gratia.
---Pero, Kosmos, tû la viste con los prismâticos, no? Entonces, como iba vestida?
---Pimpantemente, Aspasia!
---Sî!! Pero pimpantemente no quiere decir que por eso venga de una familia rica, por-
que cuântas gentes no vîstense elegantemente y, sin embargo, la familia no es rica.
---Eso es verdad, Aristofôn, estoy totalmente de acuerdo con usted.
---Es una realidad, Cratino.
---Saben que se me ocurre, lo que serîa una posibilidad de saber algo?
---Amplifîcalo, Aspasia, am-pli-fî-ca-lo!!
---Preguntarle a Aristarco, el que mâs cerca estâ de Sista por ser su novio.
---Aspasia, y tû crees que Aristarco sepa que Sista colabora/ayuda/ participa? No olvi-
des que Sista, cuando quiere/propôneselo, es una gran manipuladora.
---Kosmos, y quê tû crees de preguntarle a Dasid?
---Cratino, preguntarle parêceme que es sumamente delicado, amên de que quê le res-
ponderîa si preguntârame el porquê de preguntarle.
---Kosmos, con la fantasîa que tû tienes no creo que sea un problema responderle.
---Aun asî, Aspasia, sîgolo considerando delicado.
---Aristofôn, y cômo usted supo lo de la recompensa?
---Porque antes de llegar a aquî, a este apartamento, vi que un grupo de gente rodeaba
a la chica, entonces me acerquê y pude escuchar lo que ella decîa. La pobre, estaba un
poco desesperada.
---Kosmos, tû no me dijiste que Sista trabaja en una oficina de turismo?
---Êsa es la res, Aspasia! Y?
---Que tiene un trabajo, y como tal no estâ desempleada o en paro.
---Aspasia, no deberîamos inferir sobre el asunto, interpolarlo en esta fluencia verbal.
---Bueno, estâ bien. Quiên quiere postre? Ah, parece que todos por levantar todos la ma-
no.
---Y cuâl es el postre, Aspasia?
---Cratino, budîn de remolacha remojado con chocolate.
---Y lo hiciste tû?
---Asî es Cratino.
---Cômo no saber que la remolacha te encanta.
---Kosmos, no te puedes quejar, porque tienes como novia una muchacha que sabe de co-
cina.
---Aristofôn, querellarme yo? Quê va!! No soy de querellas, sino mâs bien de querimien-
tos.
---Super que beneficiante, no? Tampoco Aspasia puede quejarse por tener un novio que
es de querimientos.
---Kosmos, y su denominaciôn el mundo de lo cupidoso.
---Cratino, lôgico/coherente que sea un hombre de querimientos, no?
---Por supuesto, Aristofôn, clarîsimo!!
---Caballeros, aquî el budîn, los platicos, las cucharitas y el cuchillo.
---Aspasia, y no dijiste que la palabra caballero...?
---Ya sê, Kosmos, ya sê pero la vuelvo a decir, la pronuncio una vez mâs. Espero que les
guste el budîn.
Y en realidad el budîn quedôle mîrifico a Aspasia, pero mâs por cuestiones de cô-
mo cada organismo asimila lo ingerido que por lo atinente a si estâ maravilloso o no un
sustento determinado es que Aristofôn tuvo una pejiguera estomacal, la que de facto fue
la causa de que arrojara todito lo que habîa comido, y de tal guisa que no en el piso sino
en el senecto cartucho donde trajo Cratino metida la botellita de vino. Como pûsose mâs
blanco que la caricia blanca, Aspasia diole a oler un pañuelo con un poco de alcohol que
extrajo de un frasco tan senecto como el cartucho, [empero uno que yo he visto no sê
cuântas veces en el baño sin saber quê tenîa adentro. Aquî tiene razôn Aspasia al decir-
me unas (y) verosîmiles palabras que [hasta me las aprendî y como tal] sê de memoria:
Kosmos, que desconozcas lo que hay en cada uno de los pequeños recipientes que estân
en el baño resultâme increîble, y mâs con el tiempo que llevas viviendo aquî, que serîa
como para que supieras cuâl sustancia/lîquido/composiciôn quîmica cada uno protege
tanto del polvo como de las manos sucias], elixir casero muy utilizado por los progeni-
tores de nuestros progenitores desde que conocieron cômo reaccionaba el cuerpo al pe-
netrar por la narîz un fuerte olor, pudiente. Para resumir, el caso es que al pasar un mi-
nuto Aristofôn dejô de tener ese ampo de nieve, lo que no traduce que haya del todo
mejorâdose de la molestia, mas por lo menos carecîa de la necesidad o de doblar el tron-
co o de ponerse en la barriga las dos manos. Al preguntarle Aspasia si deseaba una taci-
ta de tê, pero libre de cualquier bebida con su porciento de alcohol, êl respondiôle que
mucho mejor le vendrîa, por lo menos, una copita de vino, ya que segûn su decir/dejar
saber no es la primera vez en su existencia que padece de esta molestia, y como tal no
duda de la lenificaciôn que prodûcele poco a poco la dadorîa de Baco. Valorando este
aforismo conocido podrîamos quedar exentos de responsalibilidad/culpabilidad/reso-
nancia conciencial alguna: quien sôlo la hace sôlo la paga, y como tal la copita llenôse-
la de vino Aspasia. Despuês de tomârsela, como si fuese un vaso de agua, nos preguntô
si deseâbamos concomitarlo a la cabaña abandonada en el bosque de los liberales, la
que fue su propiedad y a la que llevada a su queridona Metrique, la neurôtica y oriunda
de Holanda, razôn de yo pensar que la nostalgia/melancolîa/onerosidad del pasado por
la recarga amorosa pasâbanle por su mente. Sin ninguna votaciôn para subrayar/mante-
ner la vigencia de una forma democrâtica de llegar a un acuerdo entre un grupo de per-
sonas, de habitantes de este mundo con un anankê final seguro, no estuvimos en desa-
cuerdo en acompañarlo, mas dîcenos Aspasia que antes de salir deberîa ponerse una de
vestir prenda mejor ya que con la basta transparente no podîa ir al bosque de los libera-
les, motivo por el cual nos sentamos en el sofâ a esperarla, pero para no aburrirse, por-
que entre alguna de las cosas que acarrêanle un tedio tremendo la de esperar que una
fêmina termine de maquillarse y vestirse es una de ellas, Cratino empieza a leer una re-
vista de literatura que Aspasia compra de vez en cuando, [la que de facto a mî no inte-
rêsame porque los escritos que en ella publîcanse encuêntrolos someros, o sea, que ca-
recen de esa profundidad que muchitanto estimûlame: recuerdo que desde que comen-
cê a escribir y a leer la superficie jamâs fue de mi agrado, por lo que pudiera entender-
se inteligiblemente el porquê de que fuese ser de rigor hacer estas dos relevantes activi-
dades pensando siempre en lo coralino], y la que por costumbre (aunque asimismo por
comodidad por ser este mueble su preferido para acostarse a leer) deja debajo del sofâ
en la parte derecha. Pero si de algo enterôme es de que al final y en la parte inferior de
uno de los susodichos escritos aparece el ônoma Lavinia, quedândonos tanto Cratino
como yo con la duda de que si fue Lavinia quien lo escribiô, o el que por su trabajo co-
mo editor encargôse de corregir/revisar el escrito. A pesar de este titubeo no fue impo-
sible la tempestiva pregunta que Cratino hâceme, y oportuna porque êl sabe lo que yo
debo hacer mañana: presentarme a la una de la tarde en la oficina del editor Lavinia:
---Kosmos, por fin te decidiste si dejar o no que le echen un vistazo a tu novelôn?
---Cratino, no le he puesto muchitanta testa a esta decisiôn, y mejor asî, porque tû que
me conoces sabes que enfrentarme a ella cuêstame tremendîsimo trabajo, un pensar de
horas a trancas y barrancas.
---Cômo no creerte? Cômo decir que tus palabras son inciertas?
---Cratino, tienes interês en esa revista?
---Aspasia, si supieras el porquê de que la leo como mujer me dirîas mâs de una cosa.
---Interesante, pero ahora no quiero saberlo. Nos vamos al bosque de los liberales?
---Age en plural, age!!
---Eso, Kosmos, ese age!!
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