Mittwoch, 8. April 2026

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de

mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la etimologîa de este nombre: del latîn 

Terentuis, alusiôn a terentum, lugar  del campo de Martes destinado a la celebraciôn de 

los juegos ( liber El significado de los nombres, pâg 252). Extendiendo un poco la cosa, 

serîa algo raro/extraño que encontrârame con una  criatura llamada asî, yo que precisa-

mente soy un erastes del lûdico? Entonces, (y) lo que de facto es indeleble, entra en rol 

la causalidad. Interesantemente, aun sin intercambiar verba --corta, larga o de otro jaez

---- con êl, por otra vîa de  comunicaciôn  supo que existîa entre  nosotros una atingen-

cia, un enlace, Teniendo en cuenta que no hace muchitanto aprendî una lecciôn, de mâs 

estarîa subestimarlo pensando  que como cartero no pudiera saber la procedencia de su 

nombre, pero  como estaba de  servicio no hîcele  una pregunta con el fin de enterarme  

hasta  dônde  llegaba su  conocimiento al respecto. Por la cuestiôn de la seguridad, que 

sin êsta peligra [indubitable/irrefutablemente]  la privacidad de los que reciben cartas y 

otros  documentos confidenciales, êl pidiôme que  abriera mi buzôn  con el objetivo de 

estar seguro de que era el mîo, algo que hice en un periquete y por lo cual quedô exen-

to de la sospecha/duda. A continuaciôn, y con una tremendîsima/notable/conspicua se-

riedad, deseôme  que tuviera un buen dîa, mas  con un acento tan desconocido para mî 

que  me fue imposible  reconocer a cuâl locaciôn del orbe pertenecîa, su tipicidad forâ-

nea. Y entonces preguntême: quê, esto forma parte del juego o de la causalidad que en-

trô en rol?

      Cuando penetrê en mi apartamento, que por cierto con un poco de atraso, porque en 

vez  de en quince  regresê  treinta  minutos despuês de haber salido, de haber cerrado la

puerta, lo primero que preguntôme Aspasia fue que adônde habîa ido a comprar las dos

botellas  de vino, siendo Sista la  que responde por ser hasta cierto punto la culpable de

mi demora.

---Aspasia, y sin que lo tomes como una defensa, cuando kosmos llegô al negocio de

Cristina se encontrô con nosotras, pero como no nos reconociô hizo falta un diâlogo y

del que  saliô el porquê de  pintarnos el cabello, y tû sabes mâs que bien que los inter-

cambios  de palabras de tu novio no son tan cortos como para que terminen râpido. Y

otra cosa: kosmos se acaba de encontrar con Terencio y.....

----Y quiên es Terencio?

---El cartero.

---Sista, y quê tiene que ver este cartero con la demora de kosmos?

---Por lo que vi, Kosmos tuvo que esperar a que Terencio terminara de echar las cartas

en los buzones para abrir su buzôn, y esto lleva tiempo.

---Sista, se nota tu pericia, pero igual, que el atraso no es borrable.

---Aspasia, y por quê Cratino y familia aûn no han llegado?

---Kosmos, y segûn lo que me dijo Juliette, estân atrasados.

---Câspita, el juego del atraso!! Vaya, Juliette no te llama para decirte cômo le va, mas

sî te llama para dejarte saber que hay atraso.

---Y no es correcto que me lo diga?

---Lo correcto dêjame pensar!! De haber un correcto despuês de un incorrecto es que....

---Que nada, Kosmos, que nada, que tus reflexiones me ponen nerviosa. Sabes quê?

---Amplifîcalo, Aspasia, am-pli-fî-ca-lo!!

---Que me des las dos botellas de vino y te calles la boca.

---Aquî estân, y frescas sacadas de mi bolsa.

          Y non plus ultra de siete minutos llegô Cratino y familia. Por tener que decir-

me una cosa que no podîa ser postergada, y despuês de saludar a toditos los presentes,

côgeme por el brazo derecho Cratino, pêgase a mi oreja izquierda y amplîfica esto:

---Kosmos, Francisco Sotolongo Almendrades fue el encargado/responsable de sele-

ccionar, entre algunos de los generales dispuestos a hacer el trabajo, conscientes de la

ganancia, del  privilegio y del  beneficio que  tendrîan en el por-venir, al director del 

nuevo museo.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Y cômo tû lo sabes, Cratino,

porque esto no saldrîa como noticia en ningûn periôdico?

---Kosmos, se te olvidô que vivo en el edîculo mâs alto de la ciudad erigido en el ka-

rakorum? 

---Como que me quieres decir que el susodicho edîculo funciona como una antena?

---Cômo no saber que serîa rauda tu captaciôn?

---Se puede saber de que ustedes estân hablando?

---Aspasia, porque mejor no te ocupas de atiborrar las copas con la dadorîa de Baco

que comprê?

----Kosmos, la compraste tû, es cierto, no es mentira ni juego, pero se te olvidô que 

con mi peculio?

----Câspita!! Quê,liebling, buscas un motivo de venganza?

----Liebling? Primera vez que te escucho decir esta palabra, y tan edulcorada que.....

Sabes quê? Te has ganado que me ponga en funciôn de inclinar la botella y embadur-

nar de rojo el cristal de las copas.

----Kosmos, las fêminas contra la verba dulce no tienen antîdoto.

----Cratino, que te oî perfectamente.

----Entonces, Aspasia, tengo o no razôn?

----Aspasia, nos podemos reîr?

----Quê si no, kosmos, quê si no?




















  








 





 




 

   

Dienstag, 31. März 2026

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      Como terminê en quince minutos con el trabajo de ordenamiento quedâbanme quin-

ce  minutos mâs para esperar por la llegada de Cratino y familia, mas como Aspasia me

dijo  que la reserva de vinos que tenîamos se habîa acabado pidiôme de favor que fuera

a comprar  dos botellas con la  dadorîa de Baco, las que claramente comprarîa en el ne-

gocio de Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn. 

     Ineludiblemente vuêlvome a encontrar con Metôn, el que subîa por la escalera en el

momento  preciso en que yo bajaba, allende que acariciando el papel del billete de cin-

cuenta pesos que me dio Aspasia. Siendo êl un banquero pensionado, cômo no pudiera

entender  el porquê de yo  suavemente tocar el  billete, y por lo mismo dîjome que sus  

sueños  de ser alguien con algo de peculio, de contar con una sûmula de dinero que hi-

ciêrale  la vida mâs  fâcil cumpliêronse  precisamente haciendo lo que yo hacîa. Hasta

cierto punto no doy como imposible lo acabado de escuchar, empero por una cuestiôn

que  en este instante no es la adecuada  sacar a puesto, a colocaciôn, no estoy del todo 

convencido  de que alguien hâgase rico con tan solamente acariciar un billete, una for-

ma de obtener que resûltame mâgica, de taumaturgos.

--Kosmos, y quê, te vas de compra?

--Metôn, voy al negocio de Cristina a comprar dos botellas de vino rojo, porque tengo

la visita de Cratino y familia.

--Alguna vez te dije que por haber tomado tanto vino rojo un dîa dejê de tomarlo?

--Metôn, puêdole decir que su pregunta nada tiene que ver con la pêrdida de su nemô-

sine, sino mâs bien con el no decirme jamâs, hasta ora lo que ha dîchome.

--Igual, ya lo sabes. 

--Metôn, lamento no poder mâs tiempo quedarme horizontal frente a usted.

--Entiendo, kosmos, entiendo. Que la pases bien con la visita, que siempre es posible

volvernos a encontrar.

--Êsa es la res, Metôn!! Sin negaciôn la misma y exenta de refutaciôn.

--Tû y tus ocurrencias, lo inseparable. Adiôs, Kosmos, adiôs!!

--Adiôs, Metôn, adiôs!!

         Cuando lleguê al negocio de Cristina lo primero que penetrô por mis ôculos fue-

ron dos chicas que estaban de espalda y con los brazos apoyados sobre la mesa donde

estâ la caja; el cabello de una era castaño oscuro; el de la otra rojizo, y ambas arropa-

ban su cuerpo de la cintura hacia abajo con una falda de tubo negra, por lo que  raudo 

preguntême  por quê lo que  estâ para mî nadie quîtamelo, porque si quitâranmelo no 

tendrîa que ser testigo visual de lo sobresaliente debido a lo ceñido de este vestuario  

fêmino. Pero  mirando me  doy  cuenta de una cosa: que de  uno de los bolsillos de la 

mochila  de la chica con el  cabello pintado de castaño oscuro salîa a relucir un llave-

ro del que colgaba un elefante azul, razôn por la cual supe de inmediato quiên era ella: 

Sista. Simultâneamente, y tan  inteligible que en vano serîa hablar de la justicia meta-

fôrica, y muchitanto menos aludir al artîfice erastes de esta justicia,  Cristina dîceme 

que era mejor  que escogiera el vino que  comprarîa hoy, que de  seguir  manteniendo 

la fijeza de mis retinas en lo ajustado/apretado terminarîa con malestar de testa, sien-

do entonces que Sista da media vuelta y destaca estas palabras:

--Kosmos, como si no supiera lo que mâs desean tus ojos, que no estuve por gusto dos

años y medio contigo.

--Câspita!! Que no estuviste por gusto? Y por quê, entonces, por interês?

--Tû me entendiste perfectamente, asî que no te hagas el gracioso. Vaya, quê si no que

reîrte?

--Sista, y puêdese saber el porquê de que aûn tû tengas el llavero de Aristarco?

--Kosmos, el llavero sin la llave de su apartamento.

        Sobre el pucho vîrase Irene, y un tanto molesta, aun no siendo esta cantidad, com-

paraciôn  implîcita  por una  cuestiôn nominativa, causa de atiborramiento,  suelta esta 

verba que deja calaña de celosîa:

---Kosmos, ese nombre mâsculo no lo vuelvas a mencionar, que la relaciôn de êl con

Sista hace rato que se acabô.

---Irene, solamente preguntê por curiosidad, asî que vuelve al redil, compôrtate bien

como hasta el sol de hoy te has comportado conmigo. Y pregunto: por quê ustedes se

pintaron el cabello?

---Kosmos, y aunque lo tuviêramos del mismo color de siempre no tendrîas en cuen-

ta eso que te oî repetir con un estusiasmo notable de que lo que no entra por los ojos

no entra por ninguna otra parte?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, Sista!! Vaya memoria la tuya.

---A ver, Kosmos, a ver, dime: quê importa para ti el cambio de color?

---Irene, no es que impôrteme, sino mâs bien trâtase del reconocimiento.

---Y si nos hubieras reconocido dejarîas de mirarnos?

---Eso no es posible por una cosa de hormonas.

---Y esta cosa de hormonas no es importante?

---Como es cosa de hormonas sî lo es! Pero, quê es esto, un contagio socrâtico?

---No sê nada de eso!

---Entonces, sabes algo: que no sabes nada de eso.

---Y si lo sê, quê?

---Que no sabes nada del susodicho contagio, mas que si sabes preguntar en busca, con

el propôsito, con el afân de hallar la verdad.

---De madre, de padre y de toda la familia!! Quê complejo que te pones!

---Kosmos, cuântas botellas te pongo.....encima de la mesa?

---Cristina, dos, si es que aûn el precio es de veinticinco pesos, porque sôlo mi capital

llega a cincuenta pesos.

---El precio no ha cambiado, pero como no has escogido, te pongo dos botellas del vi-

no que cuasi siempre compras?

---Êsa es la res, Cristina!!

---Como que me parece que hay fiesta, celebraciôn, no?

---No exactaente, Sista, sino mâs bien brindis de copas por el nacimiento de la hija de

mi buen amigo Cratino.

---No me digas, verdad? Y no podemos estar presentes en el brindis?, es que estamos

aburridas.

---Aburridas y las encuentro en este negocio? Acaso aquî no se entretienen ya sea ha-

blando con Cristina o bebiendo sin pagar?

---Una aclaraciôn, kosmos.

---Cuâl, Cristina, cuâl? Am-pli-fî-ca-la!!

---Aquî ninguna copa es gratis; el pago es obligatorio, aunque la persona que tome

sea una amistad mîa.

---Kosmos, entonces  quê, podemos ir contigo a tu apartamento o no? No te preocu-

pes, que si Aspasia dice algo me encargo de virar la cosa, de manejarla hasta el pun-

to de hacerla creîble, que hasta dônde sê de tu novia no es una criatura difîcil de con-

vencer, a pesar de hacerte creer que no es fâcil de entrar en caja cuando lo que la do-

mina  es o la emociôn o el resentimento, cuando lo que quiere lograr es algo concre-

to/especîfico/inpostergable.

---Aplausos, Sista, a-plau-sos!! Nôtase, por tu verba, que has aprendido muchitanto.

Con  este  conocimiento, cômo  negarte la invitaciôn? Mi  relaciôn no periclita si la

lengua que muêvese domina la pericia menester para hacer creer.

---Y esa lengua es la mîa, no?

---Sin dudas y sin sospechas!!

         Respecto a Irene la notê un poco melancôlica, porque ir a mi apartamento sig-

nifica que estarîa (a poca distancia) cerca del suicidio de su progenitor, mas por sen-

satez sobre este hecho existencial guardê mutismo, porque a la postre y al cabo vale

no mucho una demostraciôn de condolencia con una verba que no es garante del ma-

nipulativo ajuste con el cual el/la que padece de un sufrimiento por una falta familiar

quedarîa  exento/ta de la  duda de  que sî es por  destino o por ôntica valoraciôn que 

es  mejor no continuar viviendo, preferible/ponderante un Ende solucionante que un 

despuês sustentado por [lo ilusivo] la ilusiôn, incluso siendo hontanar êsta de alguna

que otra reciedumbre que proporciônale ( o es garante de darle) al agente un porcien-

to de resistencia, de valor....de aguante.

---Kosmos, y en quê piensas ahora? No fue suficiente con el diâlogo que tuvimos?

---Tû sabes, Sista, que con los diâlogos es posible el desarrollo y alongamiento de la

verba, pero  no son los  ûnicos dadores del elixir por el cual llego a la satisfacciôn, o

al culmen de un pensar determinado.

---No sê, Kosmos, pero me parece, y por la forma en que me mirabas, que tengo que

ver con lo que estabas pensando.

---Êsa es la res, Irene! 

---Y se puede saber quê es?

---Conviêneme que quiêraslo saber, porque solamente sabiêndolo pudieras decirme

si estaba en lo cierto de lo que en ti notê.

---Y da tiempo a que me lo digas siendo la distancia que hay entre este negocio y tu

apartamento no muy larga?

---Si dîgotelo sin agregados sî; si con un plus, una forma estratêgica para lograr un

determinado fin, no.

---Kosmos, olvîdate del plus, que seguro que con lo que me dirâs basta.

---Olvidado, Irene, ol-vi-da-do.

---Muy bien. Bravo!!

---Kosmos, aquî estân las dos botellas, asî que dame los ciencuenta pesos.

---Te lo doy sin dilaciôn, mas no acaricies el papel del billete, porque....

---Kosmos, dâmelo y vete, que no puedo con tus ocurrencias/inventos.

---Risas, Cristina, risas!!

---Y chicas, adiôs, y hasta la prôxima.

---Hasta pronto, Cristina, y te deseamos buena suerte con tu negocio.

---Gracias, Sista, gracias!!











      




   







 
























 











 



 










   





Donnerstag, 26. März 2026

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       Al canto de finalizada la llamada, y dejando calaña de un mejor estado de ânimo, lo

que significa que si yo quisiêralo pudiera tener un intercambio de verba con ella sin ne-

cesidad  alguna de ponerle  limitaciones  a mi  facundia, Aspasia preguntôme que creîa 

yo sobre la lejanîa, el distanciamiento de Juliette. Nada difîcil de entender que esta pre-

gunta  debîase a que Juliette  aun no habîala  llamado ni tan  siquiera para decirle cômo

sentîase despuês del parto, mas como es sensato no decir nada si es que algo desconôce-

sê, que no por gusto dijo Wiittgenstein que de lo que no se puede hablar es mejor callar,

y de lo desconocido no puêdese hablar, respondîle que si a pesar del pasar, de lo que es-

tâ sucediendo, aun consideraba a Juliette como una buena amiga que llamârala. 

--Kosmos, tû me conoces lo suficientemente bien como para saber quê puedo hacer, y

que no de acuerdo a mi forma de ser, a mi naturaleza, asî que eso de llamarla......

--Aspasia, ostensible que te conozco, mas tû sabes, y no solamente por experiencia si-

no que asimismo por ser una criatura instruida, que si uno quiere puede igual la natura-

leza que tenga y la identidad o que define o distingue.

--Eso de que si uno quiere puede....no sê, tengo mis dudas, mis tropiezos concienciales.

Hay  algo mâs, y mâs  fuerte, que el querer, y no me digas que lo amplifique. Por quê?

Porque lo desconozco.

--Câspita!! Y si lo desconoces cômo sabes que es algo mâs fuerte?

--Porque lo siento, se apodera de mî....me aprieta como tentâculos pulposos.

--Sabes una cosa? Me ha encantado lo de tropiezos concienciales y me aprieta como

tentâculos pulposos.

--Me gusta que te guste!

--Ocûrreseme algo. 

--De quê se trata?

--Que puedo llamar a Cratino para preguntarle si puedes venir conmigo a su apartamen-

to, si es que ese algo mâs fuerte no lo impide.

--Esto ya es otra cosa, y muy diferente, totalmente distinta por ser tû el que llama, y al

buen amigo tuyo.

--No creo que Cratino dîgame que no, mas debemos ir despuês de las doce del dîa.

--Por quê?

--Porque la progenitora de Juliette estâ de diez a doce.

--Cômo? Tû no me dijiste que Juliette no querîa saber nada....

--Sê cômo termina tu pregunta. En lo atinente pregûntele a Cratino, y respondiôme que

êl no sabîa quiên le dio la direcciôn de su apartamento a Juliana.

--En fin, que Juliana la sabe.

--Êsa es la res!! Concêdeme un par de minutos para llamar a Cratino.

--Concedidos!!

          Es por todo el mundo sabido que los cambios mayores dilaciônanse en suceder, 

porque menesteran del tiempo para que la transformaciôn no sea endeble; mas existen 

los  cambios menores que nada tienen que ver con el tiempo, sino que mâs bien o con

un antojo o con  una decisiôn. Si digo esto no es con el objetivo de fijar la base de mi 

prôximo  discurso; sâcolo a  puesto, a colocaciôn  por esta razôn: por decirme Cratino 

que en vez de nosotros  ir a su vivienda, Juliette, Julieta y êl  vendrîan a nosotros, una

resoluciôn tomada por Juliette por ser la ûnica manera de escapar de las dos horas con

la presencia de su progenitora, y que llegarîan en media hora, motivo por el cual Aspa-

sia  sobre el pucho fue en  busca de los  utensilios de limpieza. Tocarîame a mî, enton-

ces, el trabajo de ordenamiento, aunque sinceramente dicho el reguero que habîa tanto

no era, (y) lo que significa que terminarîa en un periquete.  

        Fue una  tremendîsima excepciôn que Aspasia encendiera el radio para escuchar

mûsica clâsica, la  mûsica que encântale mas que jamâs/nunca la oîdo cuando hace lo

que estâ haciendo, amên que hacedero por no ser la primera vez que lo ha hecho, y lo

que traduce que la repeticiôn de lo mismo hace posible que hâgase algo con facilidad,

sin que esto sea garante de lo perfectivo. Sacando lasca de la masa esta, que dê o pue-

da  dar  perfecciôn  cualesquier  cosas no es tan  relevante como la concentraciôn, un

componente mental que sî es garante de que lo que estâ haciêndose hâgase sin pensar

en  nada mâs  que en el  hacer con fijeza. Tengo en cuenta, no pierdo de vista ni paso 

por alto la preparaciôn  que hay que tener para que uno quede exento de la atracciôn 

por algo que interpônese entre el sujeto y el objeto en el momento finito en que es so-

lamente  una cosa la que debe mirarse, mas no creo que sea imposible esta expresiôn;

la  que yo, poiêsicamente, apellido con barba: el que quiere, puede, y queriendo puê-

dese tener una preparaciôn. Êsa es la res!!

--Kosmos, olvîdate de la res y concêntrate en lo que tienes que hacer.

--Por  el oro de las  retamas y la pûrpura de los brezos!! Si tû supieras que yo estaba 

en eso.

--En quê?

--En lo de la concentraciôn.

--Ah!! So? 

--Aspasia, desde cuândo estâs interesada por el alemân?

--Kosmos, no es que lo estê, sino mâs bien que se me pegô el so por no ser difîcil de

decir, ademâs que corto.

--Ah so!!

--Quê, te burlas?

--La mofa es fundamental para engendrar en el interlocutor el motivo de entrar en li-

za con la criatura que bûrlase.

--Pues sabes quê? Sigue burlôn, que ahora no estoy para entrar en combate/lucha/co-

lisiôn contigo.

--Quê, estâs concentrada?

--Kosmos, si tû no quieres que te golpee la testa con el trapeador.....

--Risas, Aspasia, risas!!



 









    




 




  




 

 



 

















Sonntag, 22. März 2026

196

         Y  no  muchitanto  despuês de  haber terminado  con  mi improvisada discursiva, 

Aspasia  levântase con tremendîsimo mal humor, allende que molesta por yo no haber-

le dejado preparada la cafetera. Pudiera entender que su estado de ânimo no sea el ade-

cuado para tener un diâlogo, entrar en verba con ella con el fin o de fastidiarla o de ha-

cerla reîr, empero lo que sî no comprendo es el porquê de que estê disgustada por algo 

tan banal/insignificante: un poco de agua y unas cucharaditas de las simientes del cafe-

to molidas.[ No descarto que en un mînimo porciento yo tenga medida de culpa por ha-

berla malcriado al ofrecerme  voluntariamente para hacer cada mañana lo que no lleva 

muchitanto  trabajo por no ser algo  hacedero con  sûmula de complicaciones, mas  de 

esto  a que ella tome en serio la cuestiôn en sî son otras palabras]. Sabiendo/conocien-

do  que bloqueando el  orificio por  donde êntrale el agua al coco es la mejor soluciôn

contra todo  aquello que opôngase a un bienestar o a un beneficio, quê otra rerum que-

darîame por hacer que una con raudo efecto, y a saber la siguiente: la indiferencia; pe-

ro, y de acuerdo con los estoicos, la apatîa sabia.

      Ni pataletas ni rabietas improvisadas lograrîan eludir un desinterês causal. Ni es-

pasmos  ni contracciones cambiarîan el sentido de una aplicaciôn apabullante. Ni eri-

zamientos  patêticos ni intensos  sollozos  lenificarîan el potencial lingüîstico, y ni la

resistencia fingida pasarîa a tener un rol simulado, un conjunto de fundamentaciones

ad hoc que de faltar quedarîa la fiesta huera del alimento que sustêntala, que le da su

prolongamiento, su ser  como es, su eyectar pincelado a pesar de que todo no mantiê-

nese  igual, aunque un poco parecido al ayer y anteayer de un consumo verbal que de

facto empolla a un estilo expresivo.

        A la postre y al cabo, y porque conôceme lo basto como para darse cuenta, aun-

que sin detectar especîficamente la cosa como tal, sabe Aspasia cômo salir ganando,

lograr lo que quiere cuasi siempre con la misma triquiñuela seductora, que no depre-

cando  lo que desea repitiendo si no conocida una frase que escuchada deja resonan-

cia. No  hay que olvidar  que los oîdos mâsculos pierden reciedumbre cuando lo que

penetra en ellos da pâbulo de pasar a la acciôn----dice mi tîo---, empero yo mâs bien 

creo  que de lo que trâtase no es de otra cosa que de la subrutina masculina que actî-

vase por la vibraciôn del sonido y sin que intervenga ningûn factor coaccionador.

      Veinte  minutos despuês llâmame Cratino, y para decirme que si querîa podîa ir

a visitarlo, mas despuês de las doce del dîa, porque de la diez a las doce Juliette ten-

drîa  la visita de su  progenitora, la señora Juliana. Sobre el pucho de escuchar esto,

porque  hasta donde yo  sabîa Juliette negôse a que su madre supiera su nûmero de 

telêfono y su direcciôn, hîcele a Cratino la tempestiva pregunta, respondiêndome êl

que ni tenîa la mâs mînima idea de quiên le dio a Juliana la direcciôn. Con el fin de

no perturbar a mi buen amigo con mis preguntas tîpicas, las posibles a continuaciôn

de mi frase punto a la raya y que continûe la letra, fue que dîjele que estarîa presen-

te  en su apartamento en el  Karakorum en el susodicho horario, empero que si aûn

Juliana no  habîase ido  que dejâramelo saber, porque realmente no êrame apacible

contemplar  el semblante de una madre  que no vio a su retoño veintitrês años. Co-

mo  bien sabe Cratino que esta verba mîa ora nada tiene que ver con el lûdico, con

la marranada que repito y satisfâceme, dîjome que por lo mismo que yo habîa aca-

bado  de decir, Juliette  dîjole a su progenitora que mâs de dos horas no podîa que-

darse, alongar  la comodidad de  su tafanario en la silla donde estaba, una ocurren-

cia verbal que provocôme la risa. 

--Kosmos, no creas que estoy serio, pero pasa que mi risa es mâs silenciosa que la

tuya.

--Cratino, cômo desconocer  que las risas tienen diferentes niveles, o mejor dicho.

exactivando, dîsîmiles categorîas.

--Eso!! Lamentablemente tengo que colgar, porque debo ocuparme de darle la ma-

madera a Julieta....

---Por el oro de la retama y la pûrpura de los brezos!! Con los mâs de un ônoma que

existen para decir biberôn tû has dicho uno que....

---Ya sê, Kosmos, ya sê, pero fue el primero que me vino a la mente. Nos vemos.

---Al avîo, êsa es la res!! 

---Kosmos, y esto quê tiene que ver con lo que te dije?

---Te lo debî decir antes, mas llegô a puesto, a colocaciôn atrasado el decir. Sî, nos

vemos! Y hasta entonces, hasta despuês de las doce del dîa.



  



 








 












   


   




      


Mittwoch, 18. März 2026

195

       Impepinable con la verba de Feliciano el motivo de su vida tomar, de pasar de un sis-

tema al otro recurriendo a una forma de suicidio tanto efectiva, en dependencia de la altu-

ra, como inveterada, que  asimismo planificada empero que en poquîsimos casos y algu-

nos  caracterizados por la  llamada de atenciôn antes de pasar a la acciôn, verbi gratia el 

de las criaturas  que previo al  lanzamiento  al vacîo desean ser vistas en el borde de una 

azotea. En  realidad êstas son las que yo llamo criaturas revelantes de un a posteriori in-

seguro, utilizando  aquî este têrmino en el sentido taxativo de lo que viene despuês, por-

que  de que  estuviesen  totalmente  convencidas, cômo pudieran ser persuadidas por un

psicôlogo con razones que de facto no son las de ellas? Dicho con otras palabras: el tea-

tro es menester para que un centro de atenciôn funcione, o el show es imprescindible pa-

ra recibir ayuda profesional. [ Pudiera encajar Aristarco como paradigma de lo que estâ

en fluencia: cômo olvidar aquella vez que parecîa que iba a tirarse desde la campana de

la catedral barroca, algo que no hizo precisamente por no estar seguro pero que sî cons-

ciente  del  porquê de la de-mostraciôn, o sea, de lo que hacîa en un lugar alto: imantar 

la atenciôn]. 

     Segûn estudios hechos, algûn que otro fârmaco es indefectible por disminuir el temor

consciente a la muerte, lo que traduce que es un solvento contra el miedo humano que se

tiene en momentos en que el sucumbir no puêdese eludir, postergar como si fuese una ac-

tividad o el cometido de hacer algo. Asimismo estos estudios subrayan el efecto del alco-

hol, mas diferenciândose con el fârmaco en esto: en que solamente marea, por lo que yo

pregûntome: cômo  es posible  que una criatura  con este efecto pueda tener el adecuado 

ponderamiento para llegar al sitio/lugar donde quiere lograr su objetivo?

      Marcando las agujas del reloj las tres y media de la madrugada, hora que por ser in-

termedia entre comienzo y final de esta parte del dîa jamâs serîa de mi agrado, darîame

pâbulo de celebrarla soltando alguna jocosidad, lo que no quiere decir que la odie o des-

deñe, las sirenas retornaron a su punto de partida y el mutismo volviô a ser el mismo de

siempre. Sin que tuviese demasiado sueño Aspasia se fue a la cama, allende que con un

sentimiento de coralina tristeza por lo sucedido, a pesar de que su atingencia con el mo-

disto Feliciano no fue una de jaez cercano, pero puedo entender que por el ramo dadiva-

do  su sensibilidad  despiêrtese, padezca  de un estado de  ânimo afligido. Yo, guardiân 

de la nocturna, o vigilante al servicio del arco de la cazadora, penetrê en mi estudio con 

el fin de  continuar con lo que dejê de hacer, empero sucediô que las imagos habîan de-

saparecido, y como tal/por lo mismo cerrê mi libreta de notas y acostême en el sofâ.

       Tres horas y media despuês ( y vaya [quê] repeticiôn de la hora que no es redonda)

despiêrtome  por este  motivo: por el timbre de la puerta activado por uno de los dedos

de la mano de mi vecino Metôn, no siendo otro el objetivo de su venida que el de infor-

marse sobre lo acaecido en la madrugada.

--Deplorablemente, Metôn, lo ûnico que puedo decirle es que fui testigo visual del sui-

cidio de Feliciano, y de que escuchê a unos paseantes nocturnos acercarse al cuerpo sin

lâtidos no muchitanto despuês del trastazo contra el suelo. Empero sabe usted quê es lo 

que sî puedo informarle sin temor a equivocarme? 

--Escucho, Kosmos, escucho!

--Que las palabras que dîjole Feliciano a Aspasia cuando le dadivaba el ramo especioso

de anêmonas rojizas son las exactas para el revelamiento del motivo de su suicidio.

--Y pudieras hacer un resumen?

--Câspita!! Metôn, en realidad no son muchas palabras, mas si usted quiere una corta ex- 

posiciôn dêjosela saber de sûbito: el motivo no es otro que una enfermedad que padecîa.

--Nunca me pareciô que estaba enfermo. Recuerdas que el fue cliente de mi banco?

--Ya sê, Metôn que lo fue, pero no pereciôle porque seguramente cuando fue su cliente 

estaba saludable y se enfermô despuês que usted pensionôse.

--Puede ser, tienes razôn. 

--Metôn sabe usted que resûltame interesante?

--Quê, Kosmos, quê?

--Que el temblor de su ôculo no hâyale avisado de que estaba pasando o por pasar algo.

--Y cômo tû sabes eso?

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! La prueba concreta de que usted

padece de pêrdida de nemôsine: se olvidô usted de que dîjome al respecto, allende de que

cuando el ôculo temblaba asomâbase a la ventana?

--Gracias por recordârmelo!! 

--Y entonces, Metôn, cômo enterôse usted del suicidio de Feliciano?

--En la panederîa, kosmos, en la panaderîa de lo ûnico que se hablaba era del suicidio.

--No es insôlito que en tan poco tiempo haya corrido la noticia. Sî claro, que usted estâ

vertical desde muy temprano y cuasi que compra el pan acabado de hornear.

--Asî mismo, kosmos, asî mismo!! Y hablando de pan me voy a desayunar. Sabes, com-

pro el pan tempranîsimo, pero desayuno cuando el pan no estâ tan caliente.

--Vaya costumbre la de usted, empero si es suya gôcela/disfrûtela a su manera.

--A ella voy, Kosmos, a gozarla, a disfrutarla.

--Age, Metôn, age!!












 




 









 





 





  





  

 

Montag, 16. März 2026

194

       Entonces, y sin dilaciôn, cambiê la posiciôn, logrando con el mirar desde otro lado la

foto  del magistral grabado en cuero que incrementarase la sûmula de imagos, lo que sig-

nifica  una transformaciôn de la verba; y, como consecuencia, que el trabajo de vestir con

êsta  la cantidad de mîmesis  en puesto, en colocaciôn  duplicârase, y el que harîa sin pen-

sar en que solamente a trancas y barrancas pudiera llegar al culmen que dêjame un prove-

cho. No dirîa  mucho mâs que esto por esta razôn: por la de exponer someramente lo que

por resultado del proceso del magîn es complicado.

      Ya dejê saber que como la nocturna estaba fresca el detenimiento de la fluidez verbal

no serîa posible, mas como con el paso de las horas comenzô a soplar el viento tuve que

ir a cerrar la puerta del balcôn. Hace un tiempo ya fui testigo visual del busto que arrojô

por la ventana mi vecino Feliciano; mas esta vez, y en lo que cerraba la puerta, lo fui del

salto que dio êste por esta misma ventana. Imperando el mutismo, cômo no sentir el tras-

tazo contra el suelo, empero por la razôn de no querer ver lo que quedarîase para siempre 

en mi testa grabado no salî al balcôn para estar seguro de si sî o no logrô suidarse.

       No  eran paseantes  solitarios sino nocturnos los que escuchê decir que Feliciano era

un cadâver, y que aûn no estaba tan fresco como la nocturna, pero que tampoco tan calien-

te como cualesquier criaturas en el primer sistema. Una voz fêmina insistiô en que llama-

ran  a la  autoridad  encargada de  enfrentar  este  suceso, este acto---patêtico por un lado; 

por el otro valiente---con el cual estarîan de (total) acuerdo los estoicos en el caso de que 

fuese el ûnico solvento contra problemas insostenibles/intolerables/insoportables, por tan 

sôlo nombrar  algunos  adjetivos de  entre los  tantos  posibles. Sobre  el pucho pensê en 

los retoños de Feliciano, o sea, Arsel e Irene, aun no siendo êsta conocida por Feliciano y 

que tuvo con la criada que laborô muchitanto tiempo en casa del general. Indubitable que 

para   Arsel la ayuda psicolôgica serâ menester, que no tanto para Irene por lo que acabo 

de decir, aunque  no menos  relevante  por la  limpidez  que deja y por el ponderamiento 

que asegura, plus el ralentizamiento que destruye o bloquea de un proceso creencial que 

sustenta  a la conciencia con un alimento  que engorda a rescoldos sostenidos y a banali-

dades sin progreso.

       Por el ruido de las sirenas despertôse Aspasia, mas cuando dîjele lo que habîa pasa-

do  tapôse  la jeta con  sus dos manos, y a continuaciôn me contô que cuando Feliciano

dadivôle el ramo especioso de anêmonas rojizas dîjole estas palabras: <Aspasia, te rega-

lo este ramo porque me acabo de enterar que no me queda largo tiempo de vida debido

a una  enfermedad que tengo; en realidad lo comprê para mî mismo antes de ir a la con-

sulta con mi mêdico, ya que al pensar  que êste darîame una buena noticia, como resul-

tado del tratamiento que me puso, tuve  el deseo de pasar  por la casa de flores Rigueti, 

la que  vende las flores  mâs  caras en esta ciudad, pero como no fui asî quêdate tû con 

el ramo, que como pude ver desde la ventana de mi cuarto la lozanîa de tus flores en tu 

balcôn, cômo no estar seguro de que estas anêmonas estân en maravillosas manos>.



 







    







  

Mittwoch, 11. März 2026

194 (Provisorio)

      No fue un componente concienzudo dubitativo el causante de que quedârame pasma-

do, sino  mâs bien el  mirar un ramo  especioso de anêmonas rojizas dentro de un florero

puesto en la parte opuesta a la que yo estaba en mi estudio debido al cambio de posiciôn

susodicho, o sea, a  la  paralaje. A pesar  de reconocer  de que cuando  uno estâ coralina-

mente concentrado en algo pierde de vista otras cosas, asimismo pudiera decir que otras

cosas  quedan al alcance de la vista tarde o temprano, igual la iluminaciôn que haya y el

sitio/lugar donde estên. Serîa una perogrullada amplificar que todito lo que tenga con la

belleza que ver es para mî atracciôn sempiterna, y por lo mismo sin dilaciôn dejê lo que

estaba  haciendo y fui a  contemplar  las flores, lo que  traduce que quedarîase por unos 

minutos sin observaciôn la foto del grabado magistral en cuero.

      Sinceramente dicho, porque nombrar, sacar a puesto, a colocaciôn lo que fue impo-

sible por un tiempo es algo asî como revelar periodos (o etapas) de uno mismo domina-

dos o por el desinterês o por la indiferencia, en el pasado jamâs relacionême con planta 

alguna, por lo  que esta planta (anêmona o anemone) ornamental y vivaz  de las ranun-

culâceas, de raîz  en bulbo o cebolla y flores  vistosas de sies pêtalos no formaba parte 

de mi conocimiento, lo anâlogo  a decir que desconocîa su existencia. A tenor de el va-

lor diamantino que tiene la  sentencia del  oscuro de Êfeso es que para mî el cambio lu-

dica  un  tremendîsimo rol, y no  solamente por la transformaciôn que acarrea sino que

tambiên por la sapiencia a la que conduce al dar la posibilidad de alcanzar un conjunto

de  nociones que  enriquecen el  ôntico saber, algo  que me es tan indefectible como el 

sustento  que ingiero y el techo que protege mi testa de cualesquier fenômenos natura-

les.

       En lo atinente a la pregunta por quê precisamente Aspasia comprô este ramo espe-

cioso  de anêmonas  rojizas, que de facto no son sus flores favoritas, parêceme que no

serîa  el momento  ideal para hacêrmela, no  siendo otro el porquê que êste: porque he

aprendido  con los años a que hacer dos cosas al mismo tiempo, a la misma vez no se-

rîa provechoso, no  por lo menos para sacarle el mâximo a la rerum-en sî, aunque mâs

de una vez haya olvidado esto que acabo de decir---por extensiôn fons veritatis: volen-

ti nihil difficile----y  demostrado lo onomado utriusque. Para finalizar con esta discur-

siva  improvisada  pronuncio  esta  verba agraciada: ojos que se abren como puches de

harina.

        Y abriendo los ôculos de esta manera no solamente pude contemplar muchitanto

mejor  el ramo susodicho, sino que asimismo  un acto humano con el cual estarîan los 

 estoicos (del todo) de  acuerdo en  el caso de que sea el ûnico solvento que pondrîale

Ende a una  situaciôn  difîcil/problemâtica/insoportable/patêtica, por tan sôlo decir al-

gunos adjetivos de entre los posibles: el salto  de Feliciano  por la ventana de su cuar-

to. A raîz  del trastazo contra  el suelo encendiêronse las luces de contacto, y una voz

desconocida----por su tono parecîa la de una fêmina--- repetîa a gritos que el modisto 

habîase  suicidado, quitado  la vida, ido al cielo. Al canto  de esto, lo que traduce que

con  rapidez, comenzaron a llegar  paseantes no ya  solitarios sino nocturnos, mas co-

mo  yo no quise ser  testigo visual  del cadâver del que fue mi vecino no asomême al

balcôn.






   






 




  




Dienstag, 3. März 2026

193

          Saliente sin esta vez la necesidad de [ desentrañar la madeja por la punta mâs reso-

nante] una urgente (o apremiante) disertaciôn profunda, porque ni razonamiento ni refle-

xiôn  son imprescindibles de ya saberse el motivo---el grabado magistral en cuero--- por 

el cual sucede/pasa/acaece una cosa, la verba en puesto, en colocaciôn trasladôme a una

dimensiôn  donde el jolgorio de los filosofemas, entimemas y amplitud de morfemas so-

bresalîa seductor, mas sin poderme explicar el porquê de que este grabado magistral con

tan sôlo observarlo/contemplarlo/mirarlo causara  el emerger  de  la  palabra que en este

caso funcionô  como un  vehîculo/medio de  transporte. Sea  como fuere, la  cuestiôn es

que si el momento es el adecuado para sacarle el mâximo provecho a esto que estâ suce-

diendo, quê mâs esperar que no sea la correspondiente fruiciôn de acuerdo al nivel en el

que estoy.

        No estarîa de mâs decir que en mi novelôn (La cazuela de Vitelio) me vi embrolla-

do  en escenas de îndole  complejas no solamente por la selecciôn del vocabulario, sino

que asimismo por la opulencia de personajes con disîmiles caracterîsticas y afanes total-

mente distintos, amên que por el trabajo con los dos sistemas como re-presentaciôn del

tiempo  en una sola dimensiôn, o sea, el presente, empero que esto del traslado a otra di-

mensiôn  a causa de la  verba saliente [por la observaciôn del grabado magistral] sî que 

es completamente otra cosa, aunque (si acaso) por las riquezas que en ella encuêntranse

tenerla cerca me es favorable, viêneme como collar al cuello, sin que me apercolle, por

supuesto.  

           Entrando en materia, y sobre todo lo mâs (por antonomasia) dador, a la fiesta de 

los filosofemas fue a la primera que me unî/peguê, lo que de facto dêbese a que las me-

tâforas raîces siempre  tuvieron (y tendrân) para  mî una tremendîsima relevancia, tam-

biên que esa  atenciôn incesante por servirle de sustento a mis deseos de cambiar/trans-

formar sentidos a travês de la sustituciôn---ya dijo un înclito vate barroco una frase que

siempre he seguido, que dejô en mî una resonancia: sacar del cosmos una cosa para po-

ner otra---. Pero  si por un lado esto; por el otro, esta  sustituciôn pudiera dejar pintojos

de ambigüedad, lo  equivalente a decir que la ocupaciôn de otro lugar pudiera traer co-

mo consecuencia  imprecisiôn en la comunicaciôn, mas de tal guisa, y en el caso de mi

caso, los interlocutores con los que hablo o saben cômo exprêsome o son lo bastamente

torelantes como para no entrar en liza conmigo debido a una amplificaciôn confusa; por

carâcter o no mucha abundancia de conocimiento mirarîanme con mala jeta o con mohî-

nes darîanme a entender que el entendimiento fue exiguo, por lo que entonces no queda-

rîame otra cosa por hacer que decirles esta frase que sobre el pucho persuade: les expli-

co despuês, mâs tarde. 

       En esta villeggiatura lo senescente expresivo no tiene cabida, hueco, sitio, que tam-

poco  lo que por un aumento de la temperatura llegarîa a padecer de pirexia, mas lo que

sî  no serîa  imposible es  recurrir a la paralaje, ya que de tanto concentrar la mirada en 

un  objeto determinado es menester el cambio de su posiciôn y en dependencia del pun-

to  de vista  elegido, lo que  de facto refuerza el magîn aun ya teniendo êste un vigoro- 

so  potencial. Recuerdo que  tantîsimas veces hice uso de este cambio de posiciôn cuan-

do  escribîa en la nocturna escenas para mi novelôn, aunque asimismo al marrar en dar

con la palabra  adecuada, siendo esto lo llamado por mî un mal fecundativo de la fanta-

sîa, porque si êsta, una parte del magîn que ludica un relevante rol en el proceso creati-

vo, carece de un buen disparo preñativo no  pudiera esperarse la exactitud o justeza de 

un têrmino determinado/especîfico/concreto, de la voz o del vocablo.    




   







         


 



 




 

        





    


Samstag, 28. Februar 2026

192

        Segûn dicen algunos especialistas, que asimismo ciertos y determinados doctos aun

sin diploma, porque no solamente un tîtulo acadêmico es la prueba de que quien lo tenga

domina un conocimiento relativo de mûltiples y variadas cosas, que de facto la experien-

cia y la observaciôn, la dedicaciôn y el estudio, la curiosidad y el asombro son formas de

adquirir/conseguir/lograr una sûmula de nociones sobre lo que sea, que no es convenien-

te una fijaciôn profunda en momentos en que tiênese un malestar, ya que esta misma ob-

sesiôn  puede influir en todo proceso de sanamiento/curaciôn. Ahora bien, y aunque sea

un apoyo/sostên, una diamantina riqueza con la que el hombre cuenta, la inteligencia no

harîa falta  como para darse cuenta uno de que el decir de êstos y de aquêllos conduce a

una sola y ûnica  conclusiôn: que si no es conveniente una cosa es muchitanto mejor ha-

cer todo lo posible por olvidarla, en no concentrarse en ella, lo que precisa/exacta/justa-

mente  yo estoy  haciendo, pero como es un hacer que no favorece en nada a mi mundi-

llo creativo, y yo sin  crear  sentirîame mâs huero que el mismîsimo vacîo, quê otro ha-

cer no serîa mâs contributivo que ponerme a escribir y desarrollar mis ideas? Entonces

fui a mi estudio.

       Vînome de maravilla que la nocturna tuviera una temperatura fresca, porque amên

de refrescar mi estudio (omphalos de mi mundo) acicata, y estimular significa que apa-

rezca  la verba con mâs facilidad, que aunque no sea la exacta/precisa puêdola trabajar

hasta que por cercanîa o conveniencia encaje/pegue con el verso o el texto en fluencia.

Pero  allende de la temperatura hay otro factor esencial/imprescindible, de magna rele-

vancia: el mutismo. Un mayûsculo error es el de pensar que el mutismo mata/aniquila/

revela, y ostensiblemente que tomarîalo como una manera o de alongar o de mantener

una proyecciôn mental incorrecta, lo que a su vez es sustento para la identidad ôntica,

mas de regresar a la alcheringa, y con el propôsito sui generis de humedecer la aridez

substancial  del sujeto que  asî lo piensa, la sentencia de Electra, verbi gratia, pone de

manifiesto [algo asî como] una admoniciôn que clara que el silencio es favorable: En

silencio, en silencio, paso breve.

      No deberîase olvidar que lo nuevo que sale al mundo tiene un movimiento dentro

de un espacio infinito mas limitado, algo que saco a puesto, a colocaciôn con el fin de

hacer notar que el paso no es inmôvil, y con tal apellido (breve) significa que recorrer

una distancia determinada no dura mucho, mas que esta distancia, y transformada por

mi  magîn, no es otra  que la de separa al observador del objeto, que no al observador

de lo observado por ser una desuniôn/divisiôn imposible, lo que traduce que el objeto

no es lo observado sino un componente [de una totalidad] que bûscase/quiêrese tener

por  satisfacer afanes especîficos/concretos; y esto, si es que es digno de nombrar por

el  ponderamiento que deja y el orgullo que refuerza, es indubitablemente una grandî-

sima parte de mi laboro con la palabra.

       Siendo sincero, porque estando frente a mis ôculos sobresale inevitablemente, la

foto  con el grabado magistral en cuero que ya he mencionado mâs de una vez, y que 

repito  la mantengo  protegida del polvo al estar dentro de mi libreta de notas, resûlta-

me de ingente ayuda para empezar a escribir, para dejar en la hoja un carnaval de pin-

celadas  polîcromas, y si  apellîdolas asî mâs es debido a que mi magin caracterîzase

por  el pastiche de colores  que por sencilla y llanamente nombrar el primer adjetivo

que  pudiêrame  parecer el  adecuado/tempestivo. No falta en el amante de la palabra

escrita  el saber  de que  lo que penetra por los ojos, no ya para validar sino mâs bien

para ajustar, es conditio sine qua non para que lo eyectado verbalmente no sea exiguo, 

que tampoco endeble, y en ûltimo caso maculado por la parvedad de posibilidades de

salidas y entradas fantasiadas/elucubradas/inventadas, caso que como tal deslustra sin

un remedio pudiente. 



   













    







 




 




 








 

       




  

Mittwoch, 25. Februar 2026

191

       A pesar de no ser la primera vez que los veo, que los contemplo/atisbo, los bien for-

mados  componentes corporales  de Aspasia, allende que a toda flor, penetraron por mis 

ôculos como estrellas de una constelaciôn mâgica, razôn por la cual comencê a sentirme

como poseîdo por un hechizo en lo que caminaba de la puerta del cuarto a la cama. Una

detallada descripciôn no serîa lo mâs conveniente, porque si de contra que ya mi cuerpo 

estaba  cien por ciento listo para entrar en  atingencia le doy mâs atizamiento a la flama

concupiscente con el fuelle de una dilucidaciôn minuciosa/exhaustiva, quê otra cosa no 

pudiera pasarle que empezar a desprender/soltar humo por el exceso o la recarga de ca-

lor. Pues entonces quê? Nada de punto a la raya y que continûe la letra.

      Una hora despuês tuve que levantarme por el motivo siguiente: por la sed que enor-

me/tremenda  tenîa, una necesidad urgente de beber/tomar agua que jâmas/nunca antes

recuerdo  haberla tenido; al contrario, lo que hasta cierto punto activa mi pensar, segui-

do  al encuentro con  la materia que sofoca, transforma  breve y acicata sentîame como

repleto de este elemento vital. Pensando, educirîa que por el aforismo del oscuro oriun-

do  de Êfeso el cambio lûdica aquî un rol fundamental, pero que en vez de ser uno que

caracterizarîase por una lôgica mâs bien distînguese por lo que posee/tiene de insôlito.

Aquî  encuentro  como pintojos de una identidad fuera de lugar, pero no en un sentido

extra-ordinario sino en uno que por estar sustentado por la disimilitud de factores cali-

ficativos sobrepasa la media, o sea, la medida (estructurada y) por la cual entra en ca-

ja/ encaja/tiene que ver/pega lo que normalmente onômase cotidiano.    

          Mas si por una parte esta necesidad; por la otra, la que a su vez es tambiên total-

mente nueva, en lo que bebîa agua frîa directamente de la botella de un malestar en los

Dydimoi  comencê a padecer, lo que pudiera ser debido a los estirones y apretones que

les dio  Aspasia no solamente  para ella sentirse la dominante, sino que asimismo para

tener  fruiciôn  ocasionando algo de dolor, lo que en realidad es una bûsqueda de gozo 

que satisface su infaltable actitud/conducta perversa. A la postre y al cabo no es un ma-

lestar  tan fuerte como para no poderlo soportar; pero como estâ en la parte que con la

fecundaciôn tiene que ver en un mînimo porciento me preocupa, aun careciendo yo del

(mâs) minûsculo  deseo de ser  progenitor, de  hinchar un barrigôn para traer al mundo

una  identidad  desconocida mâs engendrada por mî mismo. De mâs estarîa decir, y de

acuerdo a una fundamentaciôn estoica, que lo que pasa tiene que pasar porque pasando

pasa, por lo menos en su etapa mâs vigorosa y con su contenido mâs austero, lo que tra-

duce indubitablemente una invitaciôn al conformismo, o a practicar una virtud que ape-

llidarîa esencial, mas contando con la posibilidad del solvento al alcance de mis manos

el  estoicismo queda en un  segundo plano. Y cuâl es el  susodicho  solvento? Echarme 

agua frîa en los Dydimoi. 



 



 



 






        











   

     

Freitag, 20. Februar 2026

190

         Convencido estoy que de ser exiguo el anâlisis dominarîa la materia que presenta su

contenido  en un espacio mental  determinado, siendo por esta misma razôn que extraigo/ 

saco todo lo posible de la cuestiôn, del asunto, del tema. De funcionar bien mi nemôsine,

aunque  claramente hasta un  momento/instante del pasado no con demasiada separaciôn

del presente, la sapiencia de un ser querido lumbrô mi ignorancia con su decir de que na-

da es tan dador de conocimiento como el examen; pero, y debido al querer mantener una

actitud  recalcitrante, esta verba no fue para mî tan relevante ni motivo de la transforma-

ciôn  de mi obstinamiento/terquedad, mas pasô que con los años me fui dando cuenta de

que  por hacerle  poco caso al  decir  susodicho  era que los problemas existenciales que 

tuve  que enfrentar no los pude solucionar, hasta que un dîa empecê a examinar y con el 

transcurrir  del tiempo adquirî un conocimiento, el que hasta hoy me ha servido para ha-

llarle el solvento a cualquier tipo de problema.

--Kosmos, la mesa estâ servida, asî que deja de pensar, ven y abre la boca.

--Allâ voy, Aspasia, por quê me llamas?

        En realidad no estaba tan famêlico como para atiborrar el plato de comida, asî que

lo que me servî fue una mînima cantidad de sustentos, mas Aspasia sî que tenîa la nece-

sidad  de comer mâs que  nunca, ya que segûn su verba lo  ûnico que hasta el momento

habîa ingerido era un pedazo de panetela de chocolate despuês de recibir el diploma de

graduaciôn. Normalmente, y mâs debido a la costumbre que por hacer dieta, ella no co-

me muchitanto en la cena, motivo por el cual no descartê la posibilidad de que mâs tar-

de  tuviera una pejiguera estomacal, allende que una molestia que detesta porque pudie-

ra acarrear  otros malestares en  el cuerpo, verbi gratia fastidio de testa, pero como a la

postre y al cabo la necesidad impera tendrîa poco caso un decir aconsejable.

      No ser harina de otro costal el tragar sin masticar, ya que engullir asimismo pudie-

ra causar indisposiciôn. Verdaderamente como tema estâ relacionado, tiene atingencia

con lo que reluce en este momento, es decir la cena, mas entendiendo que cuando es lo 

hambriento  lo que gobierna esta locuciôn verbal quêdase como/no pasa de ser un pim-

pante decorativo, o un  ornamento al que recurre mi verba con el fin de enriquecerse a 

ella misma  con una perla  expresiva, con el en-sî de un pronunciamiento que acentûa/   

resalta un enfocamiento que centra su interês en aquello que por disîmil, tanto de lo vi-

siado  como de lo que por  seguidilla deja  de ser  original, alcanza altura y empolla al

huevo que apellîdase sistâltico.

--Kosmos, me puedes hacer el favor de pasarme el plato con las rodajas de remolacha,

que aûn mis labios no estân manchados de rojo?

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Vaya color como sîmbolo de....

--De eso mismo  secuestrador mîo, aunque  sin un toro para trasladarme de un lugar a

otro.

--Câspita Aspasia!! Tus lecturas recientes con la mito/logia tienen que ver?

--Kosmos, la lectura de tu novelôn no es reciente.

--Como que culpable de tu aprendizaje soy!!

--Pero por culpable te adoro, te permito que entres en mî y me poseas, te adueñes de

mis formas cândidas y sobresalientes, que me beses hasta quedar tus labios sin hume-

dad y el gran acicateante sin la dadorîa que me provoca la risa y el salto.

--Repito: por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!

--Kosmos, la cena es tan sôlo la primera parte en funciôn de festejar mi graduaciôn; la

segunda, la que ademâs de satisfacer la vehemencia es garante de una fruiciôn mayor,

serâ la que por excelencia me harâ feliz. 

       Mas en lo que comîamos contêle Aspasia sobre la visita de Forligen, la llamada de

Cratino  para  darme la noticia  del nacimiento de su hija, el encuentro con mi tîo en la

feria de los viernes, lo que comprô Metôn en la subasta y mi presencia en el apartamen-

to de êste con el fin de abrir par de orificios en la pared, resultando de mayor interês pa-

ra ella lo de la llegada al mundo de la hija de su amiga Juliette.

--Kosmos, y te dijo Cratino cômo estaba Juliette?

--Me dejô saber que tanto Julieta como Juliette deberîan quedarse un dîa mâs en el hos-

pital de maternidad.

--Ah, estâ bien. Pero sabes que me extraña?

--Quê? Am-pli-fî-ca-lo!!

--Que Juliette no me haya llamado para darme la noticia.

--Aspasia, y desde cuândo Juliette es una criatura que se preocupa por/ tiene en cuenta

 sus amistades de años?

---Tienes razôn al plantear una pregunta como êsta, que tû tambiên la conoces, pero en

este  caso la situaciôn  cambia, es totalmente diferente. No sê, me parece que cada vez

mâs Juliette se separa de mî; si la comparo con la chica que conoci en la escuela es del

todo otra persona.

--Es posible que sea como dices, mas si la aprecias llâmala, que a pesar de lo que pasa,

pudiera  pasar, de poco  sirve pensar que si no funciona una cosa tampoco funciona la

otra. Prueba primero y, despuês, saca la conclusiôn.

---Quê si no de ti que una verba como êsta. Y en fin, que ya terminê de comer....

---Te interrumpo por lo siguiente: porque sê como sigue tu verba.

---Ah sî, cômo?

---Con esta pregunta: nos vamos al cuarto?

---Exacto!! Y quê me respondes?

---Que nos vamos sin dilaciôn alguna.

---Cômo no saber que êsta serîa tu respuesta.






 



















 











 







  





 




Montag, 16. Februar 2026

189

      Ahora bien, y en lo atinente a la pared con mâs dureza para abrir los dos huecos, la

del cuarto fue la ideal para que el taladro la penetrara; aunque eso sî, y por ser un tala-

dro  senecto, el estrêpito serîa ineludible, pero de poca duraciôn por ser solamente dos

orificios a hacer. Poniêndome en funciôn de este trabajo agarro el taladro, empero de-

plorablemente  no  llegâbale la  corriente, razôn  por  la cual infôrmole a Metôn sobre 

esto. Segûn lo que me dice êl, y despuês de hacer un esfuerzo para recordar, la ûltima

vez que lo utilizô  fue cuando  mudôse para mi edificio, de lo que hace ya nada mâs y

nada menos que siete años, y que desde entonces hasta hoy estuvo al alcance del pol-

vo y de la  humedad. A  continuaciôn de esta verba, lo que ni me extraña ni me asom-

bra por no ser un consumista paradigmâtico de herramientas para un fin determinado

que funcionan  con electricidad, dîceme que me olvide de los huecos, ya que en reali-

dad no estaba interesado en comprar un nuevo taladro, pero que me daba las gracias

por la ayuda que pidiôme.

--Sabe usted, Metôn, que para cualesquier cosas que usted necesite puede contar con-

migo.

--Ya sê, Kosmos, ya sê, mas aun asî tu tiempo es tu tiempo, tu vida es tu vida, lo que

significa  que si en algûn momento  necesito tu ayuda y estâs ocupado, responsabili-

zândote con lo que te debes responsabilizar, el contar contigo no serîa posible, y que

no  por esto padecerîa de un  malestar que tampoco de una rabia por resentimiento.

--Pero que conste, Metôn, que mi verba nada tiene que ver con protocolarismo con el

objetivo de caer bien, de granjearme su afecto/simpatîa.

--Eso me consta, Kosmos, que sê el tipo de persona que eres. Y escucha esto: regresa

a tu apartamento libre de un pensar que traiga, como consecuencia, un anâlisis por el

cual tu tranquilidad se afecte o tu bienestar no llegue a su cien por ciento.

--Muchitantas gracias por su verba, Metôn, mas antes de regresar desêole una bonita

noche, que usted pueda dormir sin que salga a escena la imago de un taladro.

--Esto de que no salga a escena la imago de un taladro no es un deseo, sino mâs bien

una de las ocurrencias como producto de tu jueguito, pero estâ bien y ojalâ que no.

        Cuando lleguê a mi vivienda, y en cuestiones de segundos debido a esto: a que

sôlo son 16 escalones los  que separan el apartamento de Metôn del mîo, lo primero 

que  penetra por mis ôculos es el diploma de graduaciôn de Aspasia puesto en la pa-

red, razôn mâs que basta para quedar yo impresionado, porque nunca he sido testigo

visual de verla a ella con un martillo y clavo en sus manos. Puedo entender que tra-

tândose de algo significante hâgase lo que nunca hîzose, empero aun asî mâs tarde, 

despuês de (la cena o de) que cenemos  no faltarâ la pregunta correspondiente/ade-

cuada/ pertinente/ tempestiva.  

       Lo segundo que penetra por mis ôculos es el chelo encima del sofä. Al parecer

Aspasia  habîase  ocupado de  dejarlo como nuevo, porque  tan lîmpido estaba que 

cualquiera que lo viese pensarîa que recientemente fue comprado. Hasta donde sê,

y durante  todo el tiempo que el chelo  estuvo en la catedral barroca, una limpieza

asî  nunca fue posible, y no debido a la carencia de tiempo sino mâs bien a la indi-

ferencia, ya que como lo mâs relevante para Aspasia era la propina que ganâbase

diariamente, la que  utilizaba para pagarse una parte de su estudio musical, la lim-

pieza de su instrumento dâbale igual. 

       Suponer que a partir de hoy hay un cambio de realidad no es algo que merez-

ca la  pena cuestionarlo a travês/por medio de una confrontaciôn verbal, que tam-

poco enfatizarlo como si tratârase de un dar por cierto tenido en mente gracias a

un câlculo/examen rigurosamente hecho o estrictamente trabajado, que no menos

apoyado  por un garbo volitivo  que en su funciôn mâs conspicua calienta a aque-

llo que por ser garante de un beneficio, aun siendo êste un estîmulo (o un alicien-

te  para con-formar  imâgenes  superlativas) que no es sempiterno, incrementa la

sûmula de ciertas y determinadas ganancias existenciales: reconocimiento, acep-

taciôn, inclusiôn  de la bonanza  en un programa  ludicativo y al servicio de una 

amistad insoslayable por ser dadora de lo menester.  



 






    



 




     


Donnerstag, 29. Januar 2026

188

       Entonces, y despuês de atiborrar la copa de Forligen con la dadorîa de Baco, dêjole

saber que el propietario de la bicicleta era el arquitecto Cristiano Olivio Gobîn, empero

asimisno  que el anillo guardado en la mediana cajita azul Isabella no lo aceptô, motivo

de la no aceptaciôn que no ignoraba y razôn por la cual saquêlo, a puesto, a colocaciôn.

Maravillôme que a pesar de la atingencia que tuvo con Isabella, Forligen pensara que el

rechazo del anillo pudiera ser una forma de eludir el hacer creer el interês raudo por una

prenda de valor de oro o de plata, por lo que tûvele que recordar lo que pasô en la fiesta

del general, lo  que es  calaña de que  Isabella  siêntese mejor dando lo que hay que dar

(compasiôn, conflicto, amistad, sexo, etc ) en  una ocasiôn determinada que seduciendo

por las prendas que llêvanse. Allende, de lo que fui testigo en vivo y en directo no hace

muchitanto  en el bus nocturno, Isabella sabe/domina/conoce cômo enfocar lo que dice

sin  darle  pâbulo al  interlocutor de recurrir a una verba oponente o a la refutaciôn, aun

no siendo  lo que expresa  con palabras tan mayûsculo como para ponerle corona, lum-

bre diamantina para reluzca o resalte.

--Lo que pasô en la fiesta del general. Vaya nochecita para la traiciôn!!     

--Forligen, no creo que en realidad trâtese de felonîa, sino de una debilidad humana.

--Cômo Kosmos? Quê, defiendes a Isabella, la que poco conoces?

--Es cierto que no la conozco mucho, mas por lo que hemos conversado, hasta el mo-

mento, puêdote  asegurar que es basto como para saber de ella, calcularla, en cuâl es-

quema encaja y en cuâl resbala.

--Entonces, y de acuerdo a lo que acabas de decir, tû crees que sea capaz de tener una

relaciôn con un camarero, con Emilio?

--Claramente que sî, amên que un camarero asimismo tiene lo que a ella hâcele falta.

Pero dime una cosa: tû tienes algo contra Emilio?

--Por quê tû crees que deberîa tenerlo?

--Câspita!! Me respondes con una pregunta.

--No, Kosmos, no, no tengo nada, pero sabes quê? No me caen muy bien los camare-

ros y, como tal, no los tolero/soporto.

--Forligen, esto es un prejuicio, o una falsa imago que te has hecho de ellos. Te pudie-

ra decir, y por experiencia propia, por lo empîrico, que mâs de una vez ha pasado que 

la criatura considerada/valorada/tenida en cuenta por una opiniôn a priori puede termi-

nar siendo si no tu mejor amigo alguien que te darîa la posibilidad de entrar en diâlogo

o tener una comunicaciôn cercana en momentos dîficiles, de tristeza, cuando quien en-

tona o canta es el gallo de la melancolîa.

--Suenan bonitas/conmovedoras tus palabras, pero me llenas otra vez la copa?

--Age para mî mismo, age!!

--Verdaderamente este vinito estâ totalmente exento de adjetivo. Dônde lo compraste?

--En el negocio de Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn.

--Kosmos, es impostergable mi risa!!

--Pues no dêjesla para despuês, mâs tarde, pero cuando acabes de reîrte me puedes re-

velar el porquê de tu pregunta de si Isabella era capaz de tener una relaciôn con Emi-

lio?

--Mi risa jamâs ha sido muy larga; que se caracterice por su alargamiento es imposi-

ble; y, entonces, la respuesta a tu pregunta es la siguiente: porque alguno de los faran-

duleros del bar  nocturno, y  desconociendo, sin  saber  que mi  relaciôn con Isabella 

habîase roto, me  informô de  que habîa  visto a êsta y a Emilio cogiditos de la mano.

    [Taladrando en la piedra para encontrar la sustancia, una frase que ocurriôseme ha-

ce ya  bastante cuando leîa un libro referente al trabajo de los alquimistas, que Emilio

haya  llamado a Isabella  en el ûltimo  viaje en el  bus nocturno, y en el que yo estaba

presente, no  es otra cosa que la  prueba de que tanto la esencia masculina como la fe-

menina habîan entrado en relaciôn, pero hasta este momento sin un desarrollo del po-

tencial y la capacidad  con los que cuenta. Hasta  este punto final mantiênese claro el

asunto, y como tal sin necesidad de destacarlo ni con un subrayamiento ni con una lî-

nea colorida tachando la letra, empero por lo que acaba de decir Forligen oscurêseme

un  poco el  tema, a no ser que la susodicha cogida de mano fuese vista por ese faran-

dulero dîas o semanas  antes al viaje de Isabella en el bus nocturno, lo que de ser asî, 

de esta manera, dilucidarîa  que la llamada de Emilio tenîa una razôn, un sentido, el 

porquê  bâsico de su  proyecciôn, aun desconociendo êl el medio de transporte en el 

que estaba Isabella].

 --Forligen, y no dîjote el farandularo cuândo fue que los vio?

--No, kosmos, no, no me lo dijo. Pero igual, que no me interesa. 

--No sê por quê parêceme que......

--Que quê, kosmos?

--Olvîdalo, sâcalo de un pensar. Y dime: Tienes algo que hacer o algûn plan para las

doce del dîa?

---Ninguna de las dos cosas. Por quê preguntas?

---Porque posiblemente voy al apartamento de Cratino....

---Posiblemente?

---Es que como estâ en el hospital de...

---En el hospital? Le pasô algo?

---De seguirme interrumpiendo ....

---No te interrumpo mâs! A ver, di, habla, explica.

---Estâ en el hospital de maternidad, porque naciô su hija Julieta, y me llamô para in-

formarme de que a eso de las doce del dîa regresarîa a casa.

---Entonces vino al mundo en estos ûltimos dîas, no?

---Anoche, a la una y media de la madrugada.

---Cratino padre!! Increîble!! Dejândote hablar puedo saber el porquê de tu pregunta si

tenia algo que hacer o algûn plan para esa hora.

---Y si lo sabes, vienes conmigo o no?

---Claramente que sî! Pero como nos queda aûn tiempo, terminamos de tomarnos la bo-

tella?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Vaya pregunta original que me

haces a mî.

---Kosmos, si te la hago no es a tî?

---Caîste en la zalagarda del lûdico incesante, el que no tiene Ende.

---Quê si no? Tu jueguito!!












 



 



 



 
















 





Montag, 19. Januar 2026

187

      Faltando cinco minutos para las nueve de la mañana, Cratino llâmame no para pregun-

tarme si podîa pasar, sino mâs bien para darme la noticia del nacimiento de su hija Julieta

a  las dos de la madrugada, y seguido me informa de que a pesar de no haber  sido un par-

to fâcil y râpido Juliette estaba bien, aunque eso sî un poco endeble y famêlica, razôn por

la cual estaba recibiendo la atenciôn menester. Respecto  al momento que pudiera yo ver

a Julieta  solamente serîa posible  cuando la familia regresara a casa, verba que êl agrega 

por  saber que los hospitales no son de mi agrado, y que ni aun recibiendo un salario con-

siderable  yo aceptarîa  laborar en el  sector de la salud, empero por quedarse sin carga su

môvil es que câese la llamada, côrtase  la comunicaciôn sin haberle dado tiempo a despe-

dirse. En  realidad esto no tiene mucha relevancia, pero sî resultôme raro que algo asî pa-

sârale a êl, a no ser que  por haber tenido una nocturna agitada, movida y totalmente fue-

ra de su ritmo de cada dîa haya olvidado el cable para cargar el môvil, Hubiêseme gusta-

do especular sobre el  porquê de êl no usar el môvil de Juliette, que no creo que dos mô-

viles  descârguense a la misma vez, pero como tenîa algo que hacer, o mejor dicho, que

terminar, porque de facto era en lo que estaba (ocupado) antes de la llamada de mi buen 

amigo, lo de  hacer suposiciones  dejô de ser un hipotêtico que de momento ocupara un 

primerîsimo plano.   

      Regresando a mi libreta de notas, toda una guîa necesaria y una ayuda tremenda pa-

ra no olvidar tanto lo que ocûrreseme como lo que pudiera tener un desarrollo de acuer-

do a la caracterîstica conspicua de los personajes, y en el caso en el que estoy el del Piti

y Daniela, transformar a êstos en protagonistas ----la cosa de concaternarlos en una sola 

escena, como  ya  dije, mantiênese  como la  mâs  ideal/propicia/tempestiva, porque asî 

quedarîa fijada a la  ficciôn de una representaciôn donde el desprendimiento, la soltura, 

el dejar ir y el aceptar son fundamentales para el ponderamiento de la conducta-----me  

da un tremendîsimo  deleite por ser dos criaturas que formaron parte de esa dimensiôn

del tiempo que no regresa, y en la que mi presencia como mancebo/escolario destacô-

se, que asimismo  atrajo a  todo  aquel  que por conocimiento no dudarîa de que de co-

mûn yo  tenîa poco debido al sobresalir de un dominio  [de ciertas y determinadas co-

sas] que no era habitual con tan poca edad, que no llegarîase a tener con un nivel pri-

mario dependiente de la pedagogîa con la que (posiblemente, porque ningûn didâsca-

los pudiera  asegurar que cien por ciento sea asî) paulatinamente adquiêrese un basto 

saber, la precisiôn de un contenido y la apreciaciôn de una perîstasis que le da vigoro-

sidad de un discurso. 

        Ahora bien, y sin enfatizar la derivante que sale de esta frase con algo de repeti-

ciôn en mi novelôn: de lo que no se puede hablar es mejor callar, porque si es verdad

que  del Piti solamente recuerdo que sucumbiô debido a su caîda de cabeza en la cis-

terna, tambiên es cierto que puêdolo esbozar mentalmente hasta sacarle el mayor pro-

vecho al dibujo que de êl hâgome y como un mancebo dominado por su propia natu-

raleza, especîfico dato y sumamente ûtil para ampular un perfil con marejadas del ca-

râcter  incesantes. Referente a Daniela, de la que tengo un mejor conocimiento, y co-

mo tal puedo decir con mâs soltura y seguridad narrativas lo que me plazca, pero has-

ta cierto  punto un decir  no exento de la ficciôn beneficiosa por una cuestiôn mîa de 

soltar la madeja  semântica hasta  sacar del ovillo el hilo recogido, que su problemilla 

radicaba mâs bien en la desconfianza extrema que en apresuramientos demostrativos 

de envidia, razôn por la cual êrale menester una dilucidaciôn totalmente diferente de

la que dâbale su progenitora y para lograr un fin concreto: el de mantenerla separada

de los chicos del barrio, a pesar de que con êstos ludicaba al lûdico de los escondidos,

y no solamente una vez a la semana sino cuasi todas las siete nocturnas de êsta.

      Interesantemente, y en lo que escribîa en mi libreta de notas paar de ideas que pa-

reciêronme no tan banales para darle comienzo a la escena susodicha, escucho un rui-

do en la cocina. Estando en êsta soy testigo visual de la caîda del frutero, algo de fac-

to crîptico porque êste estaba en el centro que no en un borde [de los cuatro] de la me-

sa. Quedôme  descartada la posibilidad de un pneuma con reciedumbre, ya que como

estaba cerrada la ventana por dônde iba a penetrar, pero no imposible la presencia de

los lares capitales, que de tanto que hablê en mi novelôn  de ellos es posible que por 

dejarlos  de mencionar estên  en funciôn de llamar la atenciôn, aun no teniendo nada 

que  ver mi  apartamento  con la corte de Dido, con el palacio en Bedriaco donde los 

lares  podîan estar en  cualesquier partes de êste. Resumiendo la cosa, porque de quê

servirîame profundizar en la cuestiôn de la protecciôn si no tengo la necesidad de es-

tar/sentirme protegido, cogî las frutas y las volvî a poner en el frutero; pero, lo que sî

que es totalmente insôlito, la manzana no la encontrê, no estaba en el piso. 






  






 









 








     







  

Mittwoch, 14. Januar 2026

186

        Cuando lleguê a mi apartamento Aspasia pintâbase las uñas, pero con el fin de que

yo  dijêrale lo que êrale menester  escuchar dejô lo que estaba haciendo, parôse frente a

mî y preguntôme que parecîame la nueva ropa interior que habîase comprado. 

--Aspasia, te queda divina, y por lo mismo como que empiezo a sentir unas ganas pro-

fundas de.....

--Ya sê de quê, Kosmos, pero lamentablemente ahora no es posible que mates tus ganas,

porque hoy es un dîa importante para mî.

--Câspita!! Y por quê es relevante?

--Porque hoy recibo el diploma en la escuela de mûsica.

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Y por quê no me lo dijiste?

--Kosmos, si que te lo dije, pero como tu estâs en tu mundo no me extraña que se te ha-

ya olvidado.

--Repâmpanos!! Vay testa la mîa!! Felicidades!! A ver, acêrcate para darte un beso.

--Kosmos sôlo un beso, asî que no intentes apretarme con tus brazos, que tiempo hay

despuês para estar juntos.

--De acuerdo, Aspasia, solamente un toque de labios. Ah, y antes de irte tengo que dar-

te algo que estâ en mi bolso.

--Y quê es?

--Mira, aquî estâ, una manzana.

--No, verdad? Y cômo supiste que deseaba comerme una?

--Aspasia, yo sôlo me acordê de que tû de vez en cuando ingieres una.

--Espero que tambiên te hayas acordado de que me como una manzana en la noche.

--Sî, Aspasia, sî, no lo he olviddo.

--Muy bien!! Entonces pônla en el frutero.

--Sobre el pucho pôngola ahî.

--Ah, y despuês que la pongas ven al cuarto para que me subas el zîper del vestido.

--Interesante/acicateante/excitante/emocionante/apasionante!!

--Ya te dije que.....

--Que tiempo hay despuês para estar juntos!

--Exacto!! Asî que nada de pegadera ni de manos que se hunden en la piel del gozo.

--Ni de manos que se hunden en la piel del gozo! Te quedô (poiêsico) mirîfico/suntuo-

so.

--Tû sabes que alguna que otra vez tengo verba que es de tu agrado, se me ocurre lo

que consideras digno de aplausos.

--Aplauosos, Aspasia, a-plau-sos!! Una pincelada buenîsima y, por lo tanto, dejante de

resonancia.






  

















 

Montag, 5. Januar 2026

185

      Quince minutos despuês, y con el fin de cortar camino, me metî en uno de los callejo-

nes mâs  senectos de la ciudad. Recuerdo que en mis tiempos de escolario este era el ca-

llejôn ideal para el lûdico de los escondidos, juego que disfrutaba muchitanto y en el que

participaban tanto varones como hembras. Por mi afân de descubrimiento, de empezar a

conocer  el cuerpo  femenino, un dîa pedîle a Daniela que escondiêrase conmigo. A raîz

de esta peticiôn ella dejô calaña de reticencia al decirme que porque fuera yo un conoci-

do  del barrio no era suficiente para estar a solas conmigo, razôn por el cual tuve que ha-

cer  todo lo posible para  convencerla de que no pasarîa nada, de que no aprovecharîa la

ocasiôn  para hacer lo que otros chicos ya hacîan con sus amiguitas. A pesar de esta ver-

dad  ella seguîa  desconfiando, no estaba  segura, por lo que pensê que lo ûnico que me 

quedaba por decir era prometerle que la respetarîa. Y quê si no que por las cosas que pa-

san  no pude lograr lo que querîa: despuês de prometerle lo que dije soltô una sonrisa y

estuvo de acuerdo en esconderse conmigo, mas como eran cuasi las diez de la nocturna

tuvo  que regresar a su casa porque su progenitora llamôla a gritos. Pero que no hâyalo

logrado no quiere decir que descartara la posibilidad de esconderme con ella en alguna

que  otra nocturna, mas sucediô que mâs nunca participô en este juego, y no porque no

quisiera, sino que mâs bien porque su progenitora prohibiôselo.

    Saliendo de este recuerdo del ayer concentro mi vista en el suelo que pisaba, ya que

al  ser el de un callejôn viejo habîa que tener cuidado, lo que traduce que caminar con

soltura resultaba imposible. La mejor manera de avanzar sin que periclitara la salud de

los pies era la parsimônica, un yendo  que por ser  con calma garantiza la dilaciôn, pe-

ro  como no tenîa prisa en llegar a mi apartamento la demora no preocupâbame. Estan-

do  exactamente en la mitad del callejôn, punto en el medio [que por una cuestiôn ma-

temâtica  no  me  desagrada] y como tal ûtil para la divisiôn de dos de la distancia, ob-

servo  el rodamiento de una  manzana, empero sin ser sobre el pucho testigo visual de 

la  mano que la tirô. De tal guisa la  manzana  chocô con mi calzado, siendo entonces

que aparece Rosamunda con la guirnalda de laurel y dîceme:

--Kosmos, esto sî que es increîble, totalmente inesperado: que hayan sido tus zapatos

los que pararon la manzana.

--Verdad  que insôlito, Rosamunda, mas no fuera de algûn programa que no podemos

controlar.

--Oh, no tuve cuenta tal programa.

--Aparte  de este programa, quisiera  dejarte saber algo que tiene que ver con la mito-

logîa.

--No sê por quê me parece que se trata de Eris.

--Aplausos, Rosamunda, a-plau-sos!! 

--Entonces, Kosmos, ya lo sê, asî que no hace falta que me lo dejes saber. Pero aquî

tengo que subrayar una cosa: el lanzamiento de la manzana nada tiene que ver con la

discordia, ni con  juicio ni con guerra, sino mâs  bien con deshacerme de ella lo mâs

râpido posible en el mismo lugar que fue dada.

---En el mismo lugar que....Te explicas, Rosamunda?

---Sî! Escucha. Hace no mucho Aristarco se encontrô con Sista, y debido a que êsta la

acosa un peso de conciencia. Estuvieron  conversando  aproximadamente media hora,

y por lo que me contô Aristarco solamente fue interesante oir estas palabras: me gusta-

rîa que tus manos volvieran a bajar por mi espalda como una gota de miel que con len-

titud desciende. 

---Rosamunda, y si dîgotelo es  porque  estuve dos años y medio con ella, alguna que

otra vez, de vez en cuando Sista suelta pinceladas atrayentes, mas no con el fin de de-

mostrar que tiene talento para darle color a un expresiôn, sino mâs bien para lograr la

atenciôn que necesita.

--Entonces tû crees que Sista no tenga la atenciôn de Irene, la chica hurtada por la ma-

dre de aquêlla? 

--Te responderîa que las pocas veces que he hablado con Irene he podido comprobar,

y por lo que dice, que es una chica que se preocupa, que estâ al tanto...que no es indi-

ferente, mas  pudieran pasar dos cosas: o lo que dice es un montaje con el fin de que

quien la escucha tenga una buena opiniôn de ella, o verdaderamente es como lo dice

y no lo aplica con su pareja.

---Sabes a quiên me recordaste con estas palabras? A mi difunta madre Simaeta.

---Lo que no me extraña, Rosamunda, porque tu progenitora tuvo un gran conocimien-

to de la vida, una visiôn bastante amplia de lo que significa ser un ser humano, por no

decirte que en lo atinente a lo oculto su saber dejaba a cualquiera con la boca abierta.

---Kosmos, es una lâstima que no pueda seguir la conversa porque debo empezar con

el trabajo en la florerîa, asî que me despido con dos besos, y uno en cada mejilla para

que no falte el ponderamiento.

---Y cuâl mejilla es la primera, la izquierda o la derecha?

---La derecha!

---Câspita!! Totalmente de acuerdo.

---Y por quê has dicho câspita?

---Porque  me encanta la derecha, y como tal  pudiêrate decir esta frase anunciativa:

Primero la derecha; despuês la izquierda.

---Vibramos con la misma cuerda, porque a mî tambiên me encanta la derecha. Ah, y

antes de que se me olvide, me dijo Sofîa que tû le caiste bien.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Otro posible pez para mi an-

zuelo, u otro porciento de sal para un huevo.

---Un decoramiento verbal interesante, pero que no va a entender Sofîa. Quê le puedo

decir de forma mâs sencilla?

---Que ella por ser rubia encaja en mis preferencias.

---Ah, estâ bien, esto lo va a comprender mejor. Y me voy, asî que adîos.

---Y la manzana quê?

---Si no deseas ingerirla se queda en el piso.

---Ingerir la manzana yo? No, quê va!!

---Pues entonces que se quede donde estâ.







 






 










 





 






     




199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...