Montag, 30. Dezember 2024

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        Llamôme la atenciôn el movimiento incesante de sus dedos entrecruzados durante

todo el tiempo que hablô con algo de melancolîa de su progenitora, que como ya sâbe-

se no es otra que la criada que trabajô unos cuantos años para la difunta esposa del ge-

neral. Mas observando el movimiento me doy cuenta de una cosa que trasladôme sobre

el  pucho a la Edad  que apellîdase de Oro: de la serpiente grabada en el anillo de plata

metido  en el dedo  anular de la mano derecha. Empero por quê especîficamente a esta

edad? Por lo siguiente: porque desde esta edad fue considerada la serpiente como hon-

tanar de sabidurîa. Que quede ostensible que para mî esta consideraciôn (de ôrdago) es

realmente la que mâs interêsame/imântame, lo que (saco a puesto, a colocaciôn y) dejo 

clarado  porque por aquella mismitica êpoca dîcese de este reptil que no arrastrâbase y

que tenîa el don de la palabra, y hasta que trataba al hombre como un paciente didâsca-

los  a un escolario  torpe, algo que amên de discutible/refutable suêname a disparate, y 

por quê no a (barrabasada intencional/funcional) triquiñuela persuasiva.

      Segûn la revelaciôn de Irene, porque al parecer diose cuenta de que mis ôculos tes-

tigos fueron del susodicho movimiento, desde muy temprana edad aprendiô de su pro-

genitora a que cuando el sentimiento que imperase fuera uno que, por consecuencia, a

un estado determinado de ânimo llevara, el mâs râpido solvento serîa hacer improvisa-

damente  algo con  alguna parte del cuerpo, lo que  realmente yo denomino sacar del 

cîrculo  a la pieza dominante, la que a la postre y al cabo, como pieza, forma parte de

un  lûdico codificado. Asimismo agrega que alguna de sus amistades creyeron que es-

te  hacer algo  improvisado con [...] mâs tenîa que ver con la cuestiôn de autodefensa

que  con una rauda soluciôn, mas que como a ella tal creer no engendrâbale ni la mâs

minûscula molestia venîale totalmente igual. Al subrayar que a pesar de venirle total-

mente de esta manera no significaba que podîa olvidarlo, yo dîjele que verdaderamen-

te  en el escenario mental existe un pastiche de posibilidades, y que como tal tanto el 

olvido puede que sî y que no suceder como un/el cesar de una potencia responsable de 

la vigencia pejiguerosa  de una imago/resonancia del pasado, mas un terminar que no

pudiera ser para siempre, sempiterno, lo traducente de que la potencia podrîa volver a

activarse, a volver con su funciôn, razôn por la cual [mâs de una vez y con su jaez vi-

goroso  dentro de una cascada dialogante, de verba] aparece en mi novelôn la palabra 

sombra, y la que, de vez en cuando, traslâdase/posiciônase a la zaga de las columnas

con el têlos tempestivo de participar en otro significante.

---Kosmos, y ese novelôn, como tû dices, estâ publicado o no?

---Irene, jamâs pensê escribirlo para publicarlo; mâs exactamente lo escribî para mî,

empero aûn estâ siendo revisado por un editor.

---Y cômo se entiende eso, si me acabas de decir que...

---Sî, ya sê....ya sê que suena paradôjico, pero por algo muy concreto, de lo que ora 

no deseo hablar, estâ donde estâ.

---No creo que si dices novelôn se trate de pocas pâginas.

---Êsa es la res, Irene. La sûmula de pâginas es de 1174 y tiene cinco partes.

---1174 pâginas? Cuântos años te llevô escribirlo?

---Cinco años!

---Y concretamente de quê trata?

---Câspita!! El tema es el mundillo/imperio inveterado romano; bueno, el tema de 

fondo, y del que parto para amplificar otras perîstasis.

---Y cuâl es el tîtulo?

---La cazuela de Vitelio!

---La cazuela de Vitelio?

---Sî! Escucha. Vitelio fue uno de los doce cêsares mâs relevantes del mundillo/im-

perio susodicho; hizo fabricar una cazuela ingente, ûnica en el perîodo del mandato

de estas celebêrrimas criaturas mayestâticas, por lo que al ser una cazuela de este ta-

maño ocurriôseme utilizarla como un utensilio que pudiera atiborrarse, empero y un

atiborramiento no de comida sino mâs bien de ideas, de temas, de reflexiones, de re-

sonancias dadoras, etc.

---Cômo dudar de tu fantasîa grande? Sabes quê, Kosmos? En este actual mundo, y

al servicio de la tecnologîa, una fantasîa, como la tuya, cômo no va a sobresalir? Te

felicito. Ya estâ vacîa tu copa.

---Pues sin preguntârmelo vuêlmela a llenar. Irene, innecesaria la pregunta, porque

con tu decir: ya estâ vacîa tu copa, la pregunta estâ hecha.

---Kosmos, me dejas con la boca abierta.

---De mâs preguntarte el porquê de (dejârtela) que dêjotela asî.

       En realidad ignoro el porquê de que mirârame como mirôme, como si yo hubie-

ra dicho algo con cierta ambigüedad, empero un mirar que de tal guisa fue corto, y

digo de tal suerte porque de haber durado mâs hubiêrame quedado inmediatamente

dormido por la pudiencia hechizante que salîa de sus ojos. Continûa la res con el de-

jarme saber que su madre llamôse igual que ella, motivo por el cual cuando el veci-

no, u otra criatura del barrio, necesitara hablar con alguna de las dos gritaba el ôno-

ma  especificando  esta distinciôn: Irene  madre o Irene hija, porque si no ambas al 

portal salîan. A raîz de escuchar esto no pude eludir la siguiente pregunta:

---Irene, y quê pasô con la casa, porque si pagarâs el alquiler de este apartamento y

por tres meses es que sucediô algo, no?

---Kosmos, es que mi madre no terminô de pagar la hipoteca, por lo que el banco se

quedô con la vivienda.

---Y tu progenitora no dejô testamentado que te dejaba la casa?

---No, Kosmos, no, no dejô testamentado nada porque la muerte la sorprendiô. Sabes,

fue mejor asî, porque en aquel tiempo no tenîa trabajo, y entonces, de dônde sacar el

dinero para pagarla? A no ser que vendiera mi cuerpo, mas esto no va conmigo.

---Irene, entonces has tenido que vivir como una gitana: hoy aquî, mañana allâ, etc?

---Algo como eso, Kosmos, y suerte que he tenido, porque hasta hoy no me ha falta-

do el techo, y he vivido con amigas que me han dejado un cuarto de gratis.

---Y por quê no acudes a esas amigas en vez de gastar tus ahorros pagando este nada

barato alquiler?

---Porque ya eso no es posible, Kosmos, ya que en este mundo cambian muchas co-

sas. Bueno, por lo menos tengo, por tres meses, un techo seguro, y algo que le agra-

dezco a Diopeites.

---A êl? Y eso por quê?

---Porque êl me puso en contacto con el propietario de este apartamento, un señor

llamado Lurpak.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!

---Por quê dices eso?

---Porque conozco a Diopeites y a Lurpak.

---Vaya casualidad!

---Y dime, Irene: no buscarîas un trabajo en estos tres meses?

---Eso harê, Kosmos.

---Y otra pregunta: no te interesa recuperar el diario, el que te pertenece?

---Claro que me interesa, pero no tengo prisa en volverlo a tener.

---Se lo pudieras vender o a Matilde o al general.

---Kosmos, venderlo no, porque mi madre antes de morir me dijo que lo llevara,

como recuerdo, siempre en mi cartera. Ya sê que necesitada de dinero estoy, pero

no puedo venderlo por lo que acabo de decirte. Y ahora discûlpame, pero debo un

rato dormir, que se me cierran los ojos.

---De acuerdo. Antes de irme te dejo escrito mi nûmero de telêfono.

---Gracias, Kosmos, gracias!!

---De nada! Un placer conocerte. Y gracias por la dadorîa de Baco, por las dos co-

pas que remôntanme a un mundo inveterado de festejo desenfrenado.

---A un mundo inveterado de festejo desenfrenado! Ah, ok. Te llamo por cualquier

cosa que necesite?

---Age, Irene, age!!


























  





 










 





 



   



 


   


    

 

Donnerstag, 26. Dezember 2024

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       Al terminar con mis con-figuraciones mentales percâtome de una cosa: de una chi-

ca que avanzaba a trancas y barrancas arrastrando dos inmensas maletas, las que no po-

dîan  rodar por la ingente  cantidad de  nieve acumulada en la superficie. Como su testa

solapâbala una capucha no podîa verle el semblante, el rostro que tocôle por naturaleza

tener. Cômo yo, que soy un held, pudiera dar calaña de total indiferencia? Tan cêlere y

como  pude acêrqueme a ella, y con una verba inteligible dîjele que voluntariamente le

ofrecîa mi ayuda. Seguido y estas palabras deja de avanzar, suelta las dos maletas, quî-

tase  la capucha, y mirândome con fijeza dêjame saber que le quedaba poco para llegar

a su destino, mas  que aun asî dâbame las gracias. Empero quiên me dirîa que volverîa 

a ver a la chica hurtada por Matilde, a la que pertenêcele el diario e hija de la criada di-

funta que trabajô para la esposa fenecida del general? Por esta razôn estupefacto quedê

y hasta dije  en voz alta que no, que no podîa ser, siendo entonces que ella pregûntame

el porquê de yo haber dicho lo que dije. Despuês de darle una reducida respuesta amên

que  sensata, ella mirôme con algo de extrañeza, pusôse sus manos en la cintura, respi-

rô profundamente, y cuasi con dificultad de hablar amplificô una verba con la que dio-

me a entender la posibilidad de que yo fuera un detective privado. Y quê si no que mo-

rirme de la risa, mas que no fue muy larga para eludir que ella tomâralo como una mo-

fa mayûscula. Con el objetivo de menguar la fuerza de un carâcter por mî del todo des-

conocida, aun ya estando empapado de datos y detalles que pudieran serme ûtiles para

calcular  aproximadamente de quê tipo de vigorosidad trâtase, prendî un cigarro y sol-

tê el humo de la primera cachada como si por mi boca saliera un estîmulo que sobre el

pucho dirime cualesquier posibilidades de hacer evidente una funciôn apellidada inves-

tigativa, un acicateante que en seguida al parecer le gustô/cayo bien incluso ignorando

que  deshacîa las  susodichas cualesquier  posibilidades. Y en fin, que no sôlo pidiôme

que  dejârala fumar, sino que asimismo que acompañârala adônde iba. A raîz del pedir

este  comuniquêle que tenîa la necesidad de informarle a mis amigos que separâme de

ellos  por un tiempo  indeterminado, y que despuês de este comunicar regresarîa raudo 

a  posicionarme a su  lado, que igual en  esta ocasiôn si el de la izquierda o el de la de-

recha.  

         Quince minutos despuês llegamos al apartamento en el que ella se quedarîa por

tres meses, ya que al ser el  alquiler un poco caro el peculio que tenîa ahorrado alcan-

zâbale  solamente para  quedarse este tiempo, no mâs, y dinero que pudo guardar gra-

cias al trabajo que tuvo en una oficina de turismo. En lo atinente a esta oficina ella no

sabe que yo sê que es la misma donde aûn labora Sista, lo que si acaso dejarîale saber

en el momento tempestivo, lo que traduce que, y como un revelamiento hipotêtico, la

posibilidad de barruntarle al respecto llegarîa sin una condiciôn o un forzamiento aco-

pas. Seguido a dejar las dos ingentes maletas en el cuarto, cambiarse el vestuario hela-

do y recogerse el cabello, preguntôme  si deseaba tomar una copa de vino rojo, el que

saldrîa  de una botella que comprô cuando venîa para acâ, respondiêndole yo que quê

mejor  kairos para ingerir la bebida por antonomasia de Baco, el que impulsa y dador

de una fiesta. Claramente que esto ûltimo ella no lo entendiô, mas que sî que deseaba

tomar la susodicha copa. Al regresar de la cocina con dos copas, las que puso encima

de una mesa de cristal tan limpia que râpidamente descollorîa una pavesa caîda, tratô

de abrir la botella, de sacarle el corcho con un abridor malîsimo, empero como no pu-

do  pidiôme que hiciêralo yo. En lo que la abrîa pâsome un pensamiento de jaez pon-

derante, el que de  facto fue el motivo de que dilacionârame extrayendo el corcho: si

ella es zurda (persona no diestra, que no persona no grata); yo, derecho, como que  y

funcionarîa un equilibrio entre ambos con el que tal vez serîa posible entrar en comu-

nicaciôn (lo denominado por mî entrar en verba) con algo de soltura, o sea, sin ôbice

y sin cortapisa, allende que dos SIN propiciantes de un juego libêrrimo sin parangôn

con el lûdico de la Kosmona.

---Kosmos, al fin sacas el corcho. Por quê te demoraste tanto en una cosa tan fâcil de

hacer?

---Es que yo pienso hasta cuando hago una cosa como êsa.

---Y quê pensaste?

---No es relevante, un pensamiento de paso. Y dime: cuâl es tu nombre?

---Me llamo Irene.

---Irene! Sabes cuâl es la etimologîa de este ônoma?

---No, Kosmos, no!

---Del latîn, formado del griego, apacible.

---Interesante! Y me dices, Kosmos, cômo fue que te enteraste del diario?

---Por Dasid, el chofer del general y novio de Matilde, la madre de Sista.

          A continuaciôn de valorar de un poco impulsiva que asimismo de insensata la

revelaciôn de Sista a su madre de lo que supo del diario, Irene saca a puesto, a colo-

caciôn el dîa en que fue hurtada por Matilde, la que pudo lograr su objetivo, o sea, el

de robarle el diario, gracias a la ayuda de Sista, dîa que, segûn ella, jamâs olvidarâ y

no tanto por el robo sino mâs bien por el hecho de haber sido vîctima de la felonîa de

Sista, de la  traiciôn de la criatura fêmina que amô. Llegada la verba a este punto, cô-

mo  no dejarle saber yo que el susodicho dîa fui testigo visual del hurto con mis pris-

mâticos  desde el balcôn? Y cômo, y a raîz de escuchar lo anterior, Irene pudiera elu-

dir abrir su boca y tapârsela con su mano izquierda? Mas pasado su asombro recono-

ciô que en mî podîa confiar, que yo no era una de esas personas que denuncian pero

que  esconden el rostro, que tienen el valor de comunicarle a la autoridad lo que vie-

ron  mâs no la suficiente valentîa para dar la cara, razôn por la cual estaba orgullosa

de mî.

---Mondo lirondo que lo que has dicho llêgame fondo, Irene, mas sabes quê? Quê te

puedo amplificar que desde niño miraba y quedâbame callado, observaba y no abrîa

la boca, divisaba sin engendrar bullicio.

---Kosmos, se pueden contar con los dedos personas como tû en este mundo de puro

teatro, de representaciones falsas, de sombras.

       Escuchândola expresarse, cômo pasar por alto/no tener en cuenta que algo tiene

de pensadora? Claramente que no una con una formaciôn acadêmica distinguida, al-

go que nôtase por los têrminos utilizados, por el mêtodo deîctico que señala o indica,

verbi gratia, mas por lo menos su tendencia al anâlisis sale a relucir, a ocupar espacio 

dejando un color que ni es oneroso ni ambiguo(us) ni complejo. [Por el gallo que can-

ta, fuera de suplicios, llantos y juramentos, es que desde la verja se escucha un repeti-

do canto y, entonces, quê no seguido soltar como paradigma melôdico?]

--- Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Maravîllame, Irene, cômo an-

tes de llegar al punto alongas la raya.

---Aun sin entender lo que me acabas de decir, que seguro no lo dices por gusto, gra-

cias porque te maraville. Te digo que hasta el dîa de hoy no habîa oîdo hablar a nadie 

sin entenderlo.

---Irene, encântanme los pincelamientos, darle color a una expresiôn.

---Sî, kosmos, se nota que te encanta.

---Me interesarîa saber, Irene, una cosa.

---Cuâl?

---Cômo fue posible que Matilde y Sista supieran dônde tû estabas el dîa de la manis-

festaciôn.

---Kosmos, la verdad es que no lo sê, que ni tan siquiera le dije a Sista nada. 

---Supe que pagabas una suma de peculio a quien hubiera visto quiên robô al diario.

---Exacto!! Mas eso lo dije en plena calle para sacar una posible informaciôn. Unas

horas despuês pasô que recibî una llamada, y la persona masculina que me llamô me

dijo que êl sabîa algo al respecto, pero que su palabra valîa el doble de lo que yo dije

pagar. Al dejarle saber  que no tenîa esa cantidad, me dijo que me daba tres dîas para

que le pagara, y que si no queria buscarme problemas mayores que no dijera ni a un

familiar  ni a la autoridad nada, siendo este el motivo de mi falso hacer creer que ha-

bîa desaparecido.

---Câspita!! Capto sûbito. Mas, Irene, muchitanto no vale que hayas hecho creer eso

si de facto andas por la ciudad, que entonces ese mâsculo te puede reconocer.

---No soy de andar por la ciudad, Kosmos, pero te digo que hoy fue una excepciôn,

que no me puse la peluca porque no creo que con esta nieve sean muchos los que sal-

gan de su casa.

---Y si por alguna casualidad, y entre los pocos que salen, el que te conoce es uno de

êstos?

---Vaya casualidad, no? No sê por quê me parece que piensas demasiado.

---Te parece? 





 






 



 

 



   










 

 





 

 
















    



   












    



  

Montag, 23. Dezember 2024

117

      Era de esperarse que Cratino entrara en liza con Forligen al decir êste que su ûlti-

ma composiciôn habîasela dedicado a la nieve. [ Recuerdo  que una vez, y por aque-

llos años en el gimnasio (en alemân preuniversitario), revelôme  Cratino  que no de-

testaba la nieve, sino que mâs de ella no querîa saber nadita mâs debido a una ingra-

ta/desagradable  experiencia por la que tuvo  que pasar, la que nunca contôme ni tan

siquiera someramente]. Pero mâs interesante que la (mismîsima) verba que salîa por 

su boca, que ostensiblemente no una cualquiera sino una apabullante y a su vez pim-

pante, dos  categorîas no tan fâciles de mezclar, de hacer con ellas un pastiche digno

de reconocimiento, fue el mirlo que posôse acopas en el trineo. A raîz de esto [ y tan 

acicateante  que no pude  eludir pensar en un pueblo (bâsicamente) nômada, motivo 

por el cual acordême de Vercingetôrix] yo saquê a puesto, a colocaciôn lo de una le-

yenda  celta que habla de los tres mirlos de Rhiannon, los que al cantar acarrean co-

mo  un profundo  trance en quien escûchalos permitiêndole penetrar en el otro mun-

do, el que onomo, en mi novelôn, segundo sistema. A continuaciôn Cratino deja de

combatir semânticamente con Forligen, mîrame a mî y dîceme:

---El dulce canto del mirlo se escucha mejor a la hora del crepûsculo.

---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!!

---Pero, Kosmos, un mirlo que sale a volar en este mes, ademâs de que con toda es-

ta nieve?

---Mondo lirondo, que yo asimismo me asombro.

---Y existen mirlos en esta ciudad? Me entero ahora.

---Câspita, Caspar! Si estâs viendo uno, cômo no va a existir?

---Ya sê, Kosmos, que no puedo ver algo que no existe.

---Atenciôn, Caspar, con la pregunta que te hizo Kosmos.

---Y por quê atenciôn, Cratino?

---Porque algunas no son para responder al pie de la letra, y mucho menos sin dila-

ciôn.

---No entiendo lo que me quieres decir.

---Ni que mi decir fuera metafôrico. 

---Caspar, es que como Cratino conôceme tan bien sabe que yo utilizo, de vez en 

cuando, un mêtodo interrogativo, o uno de interrogar, si lo prefieres, con el fin de 

sacarle a un interlocutor la verba por la cual es posible un anâlisis de lo que ha res-

pondido, responder que no puede ser disîmil de la gnosis del sujeto.

---Te voy conociendo mejor, kosmos.

---Eso espero, que la posibilidad la tienes. Êsa es la res!!

       Con este (repetidîsimo) epîmone mîo, y que puso punto final al diâlogo fluyen-

te, el mirlo volô en direcciôn a la latitud norte, punto cardinal que por antonomasia

es  el ideal para el desarrollo de las disciplinas mâs auteras y de los comportamien-

tos mâs exigentes, no por gusto tiene una ingente diferencia con las otras tres latitu-

des. Teniendo  en cuenta estas dos  cosas, que los que conôcenme saben, por lo me-

nos bâsicamente, que ludico mas que en serio, dîjele a mis concomitantes de arrum-

bar nuestros pasos hacia el norte. Como si no bastara con el hecho de haber sido no-

sotros  testigos de la  llegada del mirlo, y en un momento que no pudiêrasele apelli-

dar adecuado, cuando Forligen recuesta el trineo a un muñecôn de nieve aparece un

niño  arropado con una vestidura druîdica, y el que despuês de saludarnos pregûnta-

le a Forligen si podîa coger el trineo. Como êste no era de su propiedad, Forligen le

dice que podîa utilizarlo todo el tiempo que quisiese, y que cuando se cansara de ti-

rarse  por la misma  pendiente que quedârase con êl, siendo entonces la reacciôn de

el niño como la de alguien que, acopas, regâranle algo asî como asî, dâdiva que ca-

tapultada a mi sistema expresivo nombrarîala de la siguiente manera: con soltura y

regalada. Un niño que pudiera ser feliz ignorando totalmente quê es la felicidad no

deja  de ser para mi otra cosa que la pudiente engendrante de una indefectible reso-

nancia, porque  cômo no considerar/valorar/tener en  cuenta que la felicidad, y par-

tiendo de la definiciôn del inveterado estagirita, es precisamente el desarrollo de la

virtud durante toda una vida, o sea, que el niño, y ajeno completamente a esta defi-

niciôn, pônese en funciôn de una fruiciôn que es dadora, en cuasi el comienzo y de

su  vida, del estîmulo que es  garante de proporcionarle a una potencia lo menester

con lo cual, y  durante un tiempo DETERMINADO, forma parte de un superlativo

proceso  que por ingênito  triunfa exento de fumbina alguna, del gatillo que por ex-

tensiôn vence una vez que apretado saca del juego a posiciones endebles.

        Y en lo que îbamos hacia el norte, Cratino pregûntame que si yo creîa posible

que el niño fuera hijo de alguien con un conocimiento cultural bastante amplio, ya

que  ese niño, por sî solo, imposible  que sepa lo basto como para llevar puesta esa 

ropa, respondiêndole yo que no descartarîa la posibilidad de que allende del proge-

nitor y la progenitora pudiera algûn familiar haber elegido tal vestidura, y que si la

escogiô por algûn motivo serîa, ya que no solamente por la cuestiôn de una ampli-

tud  de conocimiento cultural es que prefiêrese una determinada(concreta/especîfi-

ca vestidura.

---Saben ustedes dônde hay una tienda que venda ese tipo de vestidura?

---Caspar, en esta ciudad sôlo hay una tienda como la que preguntas, empero dime:

Tu verba continuarîa con el siguiente desarrollo?: De ir a esa tienda y preguntar, a

lo mejor el vendedor conoce a la persona que la comprô, porque no creo que tanta

gente estê interesada es una vestidura druîdica.

---Correcto, Kosmos! Pero seguirîa con otras palabras, con las mîas.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Las palabras cambian mas

su desarrollo queda sobre un tema u oportuno o conveniente.

---Pero, Caspar, eso de ir a esa tienda es como casi una pesquisa innecesaria, 

---Cratino, innecesaria por quê?

---Porque quê ganamos nosotros con hacerla?

---Nosotros no, tû en todo caso, que le preguntaste a Kosmos si êl creîa posible que

el niño fuera hijo de....

---Caspar, sî, se lo preguntê, mas no quiere decir que a todo trance estê cien por cien-

to interesado en saber quiên fue el comprador, la compradora o el integrante de la fa-

milia que pagô el precio de una druîdica vestidura; es mâs, y para que te quede clarî-

simo, me da igual quiên fue el que sacô el peculio de su bolsillo.

---Si es asî olvîdate de lo que preguntê.

---Forligen, quê tû crees, que tu mutismo pudiera analogarse con el de una cualquie-

ra tumba?

---Kosmos, que soy mûsico y, como tal, quê tengo que ver con eso de la vestidura?

---Brillantemente que nada, mas por lo menos amplificaste tu verba.

---Y?

---Que por amplificarla dirimiste el lazo que unîate al/con el silencio.

---Muy poêtico, kosmos, muy!!

---Y pudieras otra res esperar de mî?

---No, no la esperarîa.

---Êsa es la res!! Estâs consciente de lo que puedes esperar.

---Cômo no estar consciente de eso?

---Forligen, una suntuosa pregunta, mas que indefectiblemente transpôrtame al in-

gente mundillo del înclito de Königsberg.

---Y quiên es ese ilustre?

---Te explico despuês, mâs tarde.

          El significado de lo que yo quiero decir con mis ûltimas palabras bien conô-

celo Cratino por haber leîdo someramente mi novelôn, empero Forligen ni tiene la

mâs  mînima  idea de lo que  quiero decir con eso, por lo que indubitable quedarîa

esperando el momento de la dilucidaciôn. En el caso de Caspar dirîa que estâ algo

familiarizado  con el significado, mas por habêrselo revelado Esmeralda que sûpo-

lo por mî en aquella primera nocturna que la conocî en el bar nocturno, pero como

es  camarero no le da relevancia, lo que a la postre y al cabo para mî es igual; aun-

que mâs, es hasta mejor, ya que asî no tendrîa que lamentarme por el hecho de que

aun sin darle valor, por el oficio que tiene, la utilice como si fuera de êl con el con-

creto/especîfico/beneficiante têlos de granjearse la benevolencia de los clientes asi-

duos al restaurante de las langostas, una actitud que hasta pudiera incrementar con

el  tiempo el aumento de la propina, aportativo diario que multiplicado por los dîas

de un mes conviêrtese en ganancia, aun siendo minûscula.









 






























  












  









 

 

 

Freitag, 20. Dezember 2024

116

       Seguido a algunas consideraciones banales, mas que no por triviales intempesti-

vas, que de facto encajan [como anillo en un dedo] y tenidas en cuenta debido al re-

ciente intento de Anabel de salirse con las suyas, aparece mi tîo con una caja plâsti-

ca atiborrada de discos de mûsica clâsica y de cuasi todos los perîodos. Despuês de

saludarme dêjame saber que el valor de los discos era de un peso, razôn por la cual

estaba contentîsimo, ya que un precio tan bajo jamâs fue posible. Recuêrdase de la

vez hace ya años que los discos costaban cinco pesos, y como tal la aprovechô para

comprar asimismo una cantidad de discos, mas hasta el sol de hoy de diez pesos no

bajaba el valor de ellos. Clara que no serîa tan cenutrio como para preguntar el por-

quê del cambio significativo del valor, aun siendo el vendedor una persona suntuo-

sa y relajada, lo que traduce que en vez de analizar le importarîa un comino lo que

preguntârasele; y mâs, que  mostrarîase  indiferente si comprâranselos con este pre-

cio o no, que de todas maneras esta posibilidad de venderlos en la feria lo que apor-

ta de ganancia no es tan sobresaliente. En lo atinente a esto ûltimo no estuve del to-

do  de acuerdo, porque a  pesar de no ser la ganancia tan descollante es una que in-

crementa  el valor de un capital por poca/reducida que sea: un peso multiplicado y

por cien  personas que compran, verbi gratia, son cien pesos, y cien pesos, agrega-

dos a una pensiôn es una sûmula que favorece porque aumenta.  

---Ya sê, Kosmos, ya sê. Quê si no de tu parte? Espero que si estân aquî es porque

querîan comprar algo, no?

---En mi caso, y no para mî, sino para mi novia Juliette, unos candelabros de piso,

mas segûn me informô el vendedor el ûltimo par que le quedaba lo vendiô precisa-

mente diez minutos antes de mi llegada a su carpa.

---Cratino, sabes quê? Que no era tu dîa de suerte. Y este chico es nuevo en el cîrcu-

lo de las amistades?

---Señor, mi nombre es Caspar, y sî, casi que recientemente conocî a Kosmos. Tra-

bajo, como camarero, en el restaurante de las langostas.

---Quê bien! Me imagino que allî llueve la propina, porque es una zona de bastante

turismo.

---Ya no tanto, señor, ya no es como antes, pero el salario que me pagan para mis 

gastos alcanza, no me puedo quejar.

---Si tû lo dices. Y kosmos, ya sabes de lo del caso de Matilde?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Algo supe con anterioridad

al Febo de hoy, allende de que fui testigo visual, desde mi balcôn, del robo. Y cômo

tû lo supiste?

---Kosmos, por el mismîsimo general. Se te olvidô que es un viejo amigo mîo? No

lo veîa desde el dîa del entierro del zapatero Cliôn, de lo que hace ya bastante. Ah,

sabes quê? Que se le muriô su gallo el mes pasado.

---Paupêrrima gallina que quedôse sin gallo!

---Seguro que el general le busca otro gallo.

---No creo que de momento sea posible; o mejor dicho, no creo que con la preocu-

paciôn que tiene Francis, y por eso del diario, sea posible, de momento, que pônga-

se en busca del susodicho gallo.

---Cômo no va a tener la preocupaciôn? Es lôgico que la tenga.

---Dîjote algo sobre el contenido del diario?

---No mucho, pero con lo que me contô es suficiente para comprender su preocupa-

ciôn.

---Tû conociste a la esposa difunta del general?

---Conocerla? No no, jamâs ni tan siquiera la vi.

---Segûn verba de Yelas, el sepulturero, fue una mujer misteriosa, y que sôlo salîa

en la nocturna.

---Bueno, ya sabrâs el porquê de que sôlo de noche.

---Êsa es la res!! Ya lo sê.

---En fin, cosas que pasan, que se repiten....que no dejan de suceder. Y me voy, re-

greso a mi vivienda, que con esta cantidad de discos que comprê hay mûsica bas-

tante que oîr. Pasênla y abrîguense bien.

---No te hace falta ayuda? Que esa caja plâstica debe pesar.

---No, kosmos, no, gracias!! Mira lo que tengo aquî.

---Una soga?

---Algo prâctico: la amarrô a la caja, y como hay nieve la arrastro, y asî no tengo 

que cargarla.

---O sea, como el buey halando una carreta.

---Eso, Kosmos, eso!! Y me voy! Ah, y un dîa de estos paso para llevarte la merme-

lada de frambuesa.

---Age!! Trâeme el fruto del Rubus idaeus.

          Media hora despuês nos encontramos con Forligen, el que como un mance-

bo que a todo trance desea divertirse desbarrâbase por una pendiente encima de un

trineo. Serîa una perogrullada decirle que al parecer gustâbale trasladarse con este

pequeño  vehîculo de un punto (alto) a otro (bajo), pero que no preguntarle el por-

quê de no llevar el calzado correspondiente. Por cosas que pasan de vez en cuando, 

las que claramente puedo comprender no solamente por haber tenido varias veces 

la oportunidad concreta de ser testigo de ellas sino que tambiên por el conocimien-

to  que he  adquirido con mis  lecturas, simultâneamente nos preguntamos, motivo

por  el cual yo no le di muchitanta relevancia a mi pregunta para responder a la de

êl: 

--- Kosmos, por quê Isabela te pidiô que hablaras conmigo, si ella bien que supo,

desde la fiesta del general, que nuestra relaciôn habîa terminado?

---Forligen, segûn ella, porque como los dos crecimos en el mismo barrio, y asî

nos conocemos de tiempo, a lo mejor tû al escucharme entrarîas en razôn.

---Kosmos, si, por ejemplo, Aspasia estâ contigo en donde sea, por un momento

desaparace, y  despuês te enteras de que  estuvo con otro, en cuâl razôn tû entra-

rîas, si de hecho ya tienes la suficiente como para mandarla para donde sabes?

        Con esta pregunta tuve que escenificar el rol de un cenutrio, porque no po-

dîa decirle que yo habîa sido testigo visual de la felonîa de Isabela, que bien que

la vi dejarse levantar el vestido y dejar al aire libre sus pêtalos y montîculos.

---Câspita, Forligen!! Por el ejemplo que me pusiste, supiste por alguien que Isa-

bela te traicionô?

---Asî mismo, Kosmos, y quien fue ahora no es importante. Por supuesto, tuve y

una discusiôn tremenda con ella y seguido me fui de la fiesta.

---Deplorable lo que escucho, Forligen, mas dime: previo a la fiesta existîa entre

ustedes algûn problema de comunicaciôn o de otro jaez, verbi gratia?

---No, Kosmos, no, problema de ningûn tipo; al contrario, estâbamos tan bien que

darîa envidia o aliciente para una imitaciôn.

---Forligen, tû la conociste en ese bar nocturno.

---Correcto, allî la conocî. Y?

---Y te dijo que estaba en el quinto año del estudio de medicina.

---Eso me dijo. Y?

---Y tû le creîste?

---Kosmos, adônde quieres llegar con tus preguntas?

---Forligen, que yo no creo que sea una estudiante de medicina, sino una que ludi-

ca con los hombres o por peculio o por una cuestiôn de que no estâ bien de su tes-

ta.

---De ser asî, Kosmos, por lo menos de eso de ludicar con los hombres por dinero

queda descartado, porque jamâs me pidiô un centavo, tampoco nunca notê una fal-

ta en mi cartera, por si crees en la posibilidad de que me robaba dinero cuando dor-

mîa o en otra ocasiôn.

---No no, de que fuera una ladrona con cierto y determinado tejemaneje no lo pen-

sê.

---Pero ya es igual, Kosmos, igual lo que sea, que ya no me interesa.

---Seguro, Forligen, completamente seguro de eso?

---Sî, Kosmos, segurîsimo!!

---Y dime, amplifica: de quiên es este trineo?

---Quê sê yo. Lo encontrê abandonado y lo utilicê, de lo que acabas de ser testigo.

---Câspita!! Cuasi que es la respuesta a la pregunta que hîcete sobre el calzado: no

llevabas puesto el calzado pertinente porque utilizar el trineo fue algo espontâneo,

acopas.

---Exacto, Kosmos. Pero te confieso que la nieve me encanta.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Que asimismo a mî. Forli-

gen, quiero presentarte a un cuasi reciente compinche, a Caspar.

---Encantado, Caspar!

---Igual, Forligen.

---Forligen, sabes de quiên es novio?

---Cômo saberlo, Kosmos, si lo acabo de conocer?

---De Esmeralda.

---Verdad? Pues quisiera pedirte que la trates bien, que es una vieja amiga de la

farândula y asidua al bar nocturno, donde hago mis descargas.

---Sî sî, ella me ha hablado de ti.

---Forligen, y quê haces ahora, tienes algûn plan que no puede ser violado?

---Kosmos, y desde cuândo un mûsico tiene planes? No, por lo menos, de dîa.

---Y punto a la raya y que continûe la letra!

---Cômo?

---No me hagas muchitanto caso, que es sôlo una afirmaciôn pro-vocativa.

---Lo serâ, pero....

---Forligen, pero si, como mûsico, sôlo los planes son en la nocturna, ora, si lo

deseas, podemos dar un paseo.

---De acuerdo! Dêmoslo!! Y adônde?

---Sin plan puêdese ir a cualquier parte.

---Pues dila tû, que te sigo.

---Con el trineo?

---No no! Lo dejo aquî mismo, que pesa halarlo. 



























 









 





       

        






 








 















 












 







Sonntag, 15. Dezember 2024

115

        Remitiêndose al tema de hacer creer que se creîa, una perîstasis que tiene rela-

ciôn con la sacada a puesto, a colocaciôn en mi novelôn, mas enfocada de otra ma-

nera: hacerte  creer que creîa en lo que tû crees, empero aun con esta diferencia re-

sulta  de mi interês, la difunta esposa del general, lo que sabe Dasid por contârselo

êste en un momento oportuno, mâs de una vez fingiô con el propôsito exclusivo de

apoyar las aventuras cupidosas de Francis con Matilde, con lo que lograba no sôlo

mâs  informaciôn al  respecto sino que asimismo un conocimiento mâs exhaustivo

de  lo que por  preferencia deseaba  Matilde que le hicieran, empero transportando

el  modus de ejecuciôn, porque  la disimilitud entre el mor un mâsculo con una fê-

mina y el de una fêmina con otra es ostensiblemente grande. [Vaya desilusiôn que

causôme lo que acabê de escuchar, porque jamâs pensê que Francis pudiera caer y

en este tipo de zalagarda, de tejemaneje hembrâtico, de lûdico de ella, mas sin co-

mentario de mi parte por tratarse de algo que no incûmbeme]. 

     Verbi gratia de lo que por preferencia querîa Matilde que hiciêranle, lo que de

facto no  resultôme nuevo  por ya haberlo sabido hace tiempo por el padrastro de 

Aristarco (Teôfilo, el de la razôn ganada, y quien asimismo entrô en relaciôn efî-

mera con esta dama progenitora de Esmeralda, como ya sâbese, mas que yo lo re-

pito por ludicar la repeticiôn en mi conciencia un rol descollante) era que la ama-

rrasen manos y piernas al estar su cuerpo a toda flor en una hamaca, una especie

de fantasîa no muy del gusto de Dasid, amên de parecerle un tanto rara, pero aun

asî  de pedirle Matilde que dejârasela desarrollar êl ni opondrîase ni buscarîa al-

gûn  pretexto para  eludirla, pero que de momento es imposible por no tener una 

hamaca. De  hecho no es una fantasîa improvisada, como le pareciô a Teôfilo, ni 

tampoco tempestiva, sino mâs bien una de jaez arcaico que mantiene su vigencia,

ya que si la difunta madre de Esmeralda supo de ella impepinable que es senil, y

como tal no es imposible que hâyala disfrutado, aunque con las retinas de un cor-

pus fêmino que contempla a otro hembrâtico atado con sus curvas sin la tela que 

favorece  al engaño, a la mentira trabajada, al a todo trance seducir gracias a esa

producciôn/elaboraciôn de prendas interiores garantes de un tamaño falso, de un 

turgente atractivo que beneficia al capital de un modisto o forâneo o local.

       Y a propôsito de un modisto, Dasid cuêntame sobre el que venîa a casa de la 

difunta madre de Esmeralda cada vez que êsta antojâbasele tener una nueva pren-

da  de vestir, mas como participaba en la fiesta de los dos bandos par de veces, y

en lo que tomaba las medidas, tocô el cuerpo de aquêlla con algo de entusiasmo,

momento  de fruiciôn   observado a hurtadillas por la criada, por lo que no queda

descartado que êsta hâyalo escrito en el diario meses despuês de hablar con el ge-

neral para dejarle saber de lo que fueron testigos sus ojos. Al yo preguntarle a Da-

sid por quê meses despuês, êl clârame lo siguiente: cuando la criada fue testigo y

de eso el trato que dâbanle tanto la difunta como el general era bastante bueno, y

el  peculio que recibîa alcanzâbale para llevar una vida modesta, empero la cosa

cambiô con el tiempo, y tanto que empezô a sentirse mal, maltratada y mal paga-

da, lo que fue la razôn de que escribiera el diario y con la intenciôn de vendêrse-

lo a la prensa.

---Capto, Dasid, capto. Y dîgame usted: actualmente tales prendas existen, que-

dôse Esmeralda con ellas?

---No, Kosmos, no! Una semana despuês de su fenecimiento el general los que-

mô. Sabes, Kosmos, que estas cosas de la vida me siguen sorprendiendo, a pesar

de la edad que ya tengo.

---Exactivice usted, Dasid.

---Sî! Escucha. De no haber hablado la hija de la criada con Sista sobre ese diario

nada hubiera pasado.

---Dasid, la pregunta que hâgome es la siguiente: cômo fue posible que la criada,

y antes de sucumbir, dîjole a su hija que llevara, como recuerdo, el diario siempre

en su bolsa, que no que lo escribiô con la intenciôn de vendêrselo a la prensa?

---Esta pregunta no puedo responderla, Kosmos, ni idea de cômo la criada haya y

borrado su afân de venganza. En fin, que no quiero robarte mâs tiempo, que te es-

peran tus amigos en la feria. Asî que te dejo y hasta la prôxima. Ah, y antes de ol-

vidarlo, si hablas con Francis no toques este tema, que êl estâ bastante preocupa-

do.

---Êsa es la res, Dasid, mi boca en mutismo.

---Perfecto!! 

---Que tenga usted especioso lo que queda del dîa.

---Igualmente, Kosmos, igualmente.

---Y otra res: no vuelva a pasarse por los dedos el sîmbolo de los tres zarcillos, no

vaya a ser que regrese el lobo.

---Kosmos, êl y yo nos llevamos bien, bueno, fuiste testigo de que es asî. 

---Algo indeleble que fui testigo.

---Adiôs, Kosmos, adiôs y cuîdate.

---Muchitantas gracias, Dasid! Dîgole lo mismitico.

           A la feria lleguê cinco minutos antes de que cumpliêrase el horario en que

los vendedores desmontan sus carpas y regresan a sus casas, destacândose en al-

guno  de êstos el semblante jovial por el êxito de la venta de sus objetos antiguos.

Como no necesitaba comprar nada pûseme en funciôn de buscar a Caspar y a Cra-

tino, a quienes encontrê siete minutos despuês, mas que no solos sino concomita-

dos por Anabel, la chica que conocimos Cratino y yo en la fiesta del general. Cô-

mo, entonces, no entender el porquê de que Cratino estuviese mâs que nunca emo-

cionado, y por  lo mismo dispuesto a hacer cualquier cosa que Anabel pidiêrale o

quisiera, que a la postre y al cabo sê que desde que la vio en la susodicha fiesta le

gustô sobre el pucho. Empero quê otra cosa no esperar de una fêmina joven y con 

la carne fresca que no sea la de hacer todo lo posible por darse postîn. De facto es-

ta  fue la verba  dicha por Anabel a Cratino no mucho despuês de la pregunta que 

acâbome de hacer: Cratino, no puedo quedarme mâs tiempo aquî por la razôn si-

guiente: porque  tengo cosas pendientes que hacer en casa. Claramente que como

Cratino  estâ preparado para saberse expresar, que asimismo para al canto no de-

jar calaña de un estado que pudiera satisfacer por ser el esperado (verbi gratia, el 

de molestia o el de enfado) simplemente la mirô de arriba a abajo y sonriendo dî-

jole: Anabel, las cosas pendientes que hacer, sea en casa o en otro lugar, tambiên

tienen  su importancia y, como tal, que  cumplas  con ellas, que no las dejes para

mañana es casi ser de rigor o paradigma de una buena disciplina. En realidad no

sê si ella captô en su pureza el contra golpe semântico de Cratino, mas de lo que

sî  no quedôme duda es de que a partir de este momento ya conoce/sabe/domina

que êl no es una criatura que insiste o malcrîa representaciones intencionadas.

 



 







 


















  




 

  





 





Sonntag, 8. Dezember 2024

114

          Al salir del edificio ya habîa terminado de nevar. Como la acera estaba solapa-

da por una gruesa capa de nieve podîanse contar con los dedos el tamaño de los po-

quitîsimos calzados, lo que traduce que no fueron muchas las criaturas que salieron

de sus casas durante el tiempo que estuvo nevando. El decir (inteligible) de Cratino 

de que alegrâbase porque ya no nevaba fue el motivo de que yo mirâralo con fijeza,

que  bien que êl sabe que amplificar algo como eso delante de mî es cuasi como un

insulto, razôn suficiente para que oyêse mi cañonazo verbal, empero como percatô-

se  de la dificultad de Metôn de caminar pisando la nieve y cargando con cuatro ati-

borradas jabas dîceme lo siguiente:

---Kosmos, ya sê que lo que dije te resulta ingrato, pero me parece mâs prioritario 

que ayudemos a tu vecino, el banquero pensionado de setenta y cinco años, que no

lo que estabas por decirme, que tiempo tenemos para que me lo digas.

---Age en plural, Cratino! Ayudêmoslo! Êsa es la res!

        Siete minutos despuês Caspar nos da la noticia de que habîa visto pasar un lo-

bo por la acera de enfrente, y seguido pregunta cômo era posible que un animal co-

mo êse paseara por la ciudad sin atacar a nadie, sin acarrear temor/pânico/pavor al

enseñar  sus colmillos, respondiêndole  yo que porque es un lobo que ya estâ total-

mente  acostumbrado al hombre, A PASARLE DE SOSLAYO A ÊSTE COMO SI

FUESE UN LOBO MÂS. A raîz de  escuchar lo anterior mirôme con cierta extra-

ñeza, pero  como estaba  interesado en saber a cuâl parte de la ciudad irîa el lobo, 

dônde terminarîa su paseo, dîjonos a Cratino y a mî que lo esperâramos en la feria. 

Resultando una tremendîsima novedad seguir las huellas de un lobo, lo que de fac-

to serîa facilîsimo por dejarlas en la nieve, tanto Cratino como yo estuvimos total-

mente de acuerdo en concomitarlo, actividad allende de ir a la zaga de algo que en-

tretenerîanos, porque de tediosa no tiene nada. Sin nada (de momento) mâs que de-

cir cruzamos la calle y pusîmonos en funciôn de eso. En realidad es un animal pa-

riente salvaje del sabueso, amên de que los celtas asociâbanlo con la inteligencia y 

la astucia, por lo que esperar que hiciera lo posible por esconderse en un buen sitio 

no queda descartado, no puêdese pasar por alto, dejar de tener en cuenta, un cono-

cimiento  que asimismo tiene  Cratino empero  que no revelô para si acaso (con la 

intenciôn de) eludir las preguntas de Caspar. Al yo saber que la primera vez que vi 

al lobo fue cercano a la escultura de le Penseur, cômo  no pensar que  fuera a parar 

a los derredores de êsta?, empero como solamente es el pensar (dirîan los doctos de 

una  materia inveterada la forma de) encuadrar lo lôgico o participaciôn en un pro-

ceso de profundizamiento, o sea, de divisiôn/fragmentaciôn, de lascamiento  conci-

so, habrîa que ver si verdaderamente ajûstase a una realidad fuera de lo ôntico.

      Cuasi llegando a la catedral barroca dîceme Caspar que el lobo estaba al lado

del chofer del general, motivo por el cual mirê hacia el lugar señalado por êl. No

dilacionê en acercarme a Dasid, siendo entonces que percâtome de que êste pasâ-

base por los dedos de la mano derecha el sîmbolo de los tres zarcillos (allende de

que con una pericia tremenda), por lo que indubitablemente quedâbame clarîsimo 

el  porquê de lo que  nuestros ôculos veîan: porque tanto el lobo como el sîmbolo

son partes que jamâs quedarîan escindidas del mundillo (inveterado) celta. Al fi-

nalizar  Dasid de hacer lo que hacîa, y en vez de dilucidarme o si êl fue el que se

acercô al lobo o êste a êl, barrûntame sobre la liberaciôn de su queridîsima Matil-

de Ronco Espinoza, la que fue posible gracias a la intervenciôn del general, y al

que dêbele, por la misma, un agradecimiento sempiterno. A raîz de esta verba el

lobo sigue su camino, Cratino y Caspar saludan a Dasid, y êste pregunta:

---Pueden dejarme unos minutos hablar a solas con Kosmos?

---Por supuesto, Dasid, claro que sî.

---Cratino, me gusta lo que acabas de decir por tener un ritmo.

---Gracias, Dasid, gracias!! Y, kosmos, te esperamos en la feria, que ya solamen-

te quedan treinta minutos, y ya sabes que...

---Ya sê, êsa es la res, Cratino. Nos encontramos alli.

       Ostensiblemente que con la ausencia de ellos tendrîa mâs soltura con la ver-

ba Dasid, aun estando yo ya informado del porquê (concreto/exacto/justo) de la

intervenciôn de Francis en el problemilla del hurto y por el que estuvieron arres-

tadas las fêminas Matilde y su hija (Sista). Convencido estaba de que a pesar de

que êl abrîerase verbalmente sin cortapisa alguna, con muchitanta confianza, yo

no dirîale/dejarîale saber que habîa visto a la chica hija de la criada que tuvo an-

taño la difunta esposa del general, la progenitora de Esmeralda, y a la que, como

ya sâbese, correspôndele el diario por haberlo escrito [con un têlos determinado/

especîfico] su madre: aunque êsta no haya dejado (porque no tuvo tiempo) testa-

mento, sî  que la palabra (como sabe la policîa) de que dejâbale el diario a su re-

toño, algo que dijo previo al hecho de subirse en la barca de Caronte y pagar las

monedas pertinentes.

      Comienza a decirme Dasid lo que ya yo sabîa: que en el susodicho diario la

atingencia entre su queridîsima Matilde y el general salîa a relucir como la mâs

brillante estrella de la constelaciôn de Tauro (Aldebarân), mas que êl, al respec-

to, no  sentîa ningûn tipo de rescoldo, por lo que tanto Matilde como el general

jamâs  serîan de su parte criaturas a las que, y por una cuestiôn con basto funda-

mento, que el pasado habla aunque no puêdase cambiar, afectarîa una vengativa

necesidad de ponerlos en ridîculo, de verecundiarlos por la felonîa cometida, ya

que tanto Matilde como el general son dos personas que êl aprecia/estima/ quie-

re. En lo atinente a esta cuestiôn (asimismo afectiva) sî que preocûpale (que una

cosa es lo que dîcese; otra, lo que hâcese) que el diario aûn estê en la estaciôn de

policîa, y como tal sea leîdo por algûn agente que tenga algo en contra o del ge-

neral o de Matilde, que  informaciôn întima hay suficiente como para sacarle tre-

mendîsimo provecho de acuerdo al propôsito que têngase y a la intenciôn calcu-

la.

 








 





 











 


 




 


   




 




   






Dienstag, 26. November 2024

113.

       Y tan pronto como los oîdos de Metôn ya no podîan estar al alcance de una inte-

rrogaciôn, Cratino  pregûntame si no estaba interesado en saber quê fue (realmente)

lo  que preguntô Aristofôn de mî, respondiêndole que dâbame igual por no acarrear

resonancia al tratarse seguro de una pregunta habitual/comûn/tempestiva, como ver-

bi gratia: Estâ bien Kosmos? Cômo le va? Quê hace? A pesar de ser mi buen amigo,

Cratino, y aun siendo un lector de ôrdago, aûn no ha aprendido a sostener con firme-

za  el timôn de su propia barca, o a ser el capîtan de êsta exento de una sensibilidad

encumbrada por los no tan cercanos a un conocimiento de categorîa mayor, de lim-

pieza  total  de lo que sobra, estâ de mâs y rimbomba por un esquema establecido y

apodîctico, y  el que por  lo mismo entra a ludicar un rol peyorativo para el que dis-   

fruta  lo favorable  a partir de su separaciôn del nûcleo costumbrista, que asimismo

sin cambio por beneficiar o a la falacia o a la engañifa.

---Kosmos, me parece que debes leer esta nota de Aspasia, que no desdeñarla.

---Cratino, dice lo siguiente: Kosmos, querido mîo, llego mâs tarde, y debido a que

me encuentro con Esmeralda y Juliette. Besos, tu piel de hoy.

---Besos, tu piel de hoy. Como que Aspasia se convirtiô en poetisa?

---Cratino, de vez en cuando ella tiene sus lumbramientos, erupciôn de su magîn.

---Erupciôn de su magîn. Estrellada de ti cândida pincelada!

---Cratino, abro la puerta y pasa.

             Media hora despuês regresa Caspar con lo que pedîle de favor que fuera a

comprar: la botella de ron, A raîz de dârmela dejôme saber que costô quince pesos,

y como le di veinte, porque como yo solamente tomo vino rojo desconozco el pre-

cio  de esta bebida, entregôme un billete de cinco pesos dobladito a la mitad, cala-

ña  de que no es una  criatura estafadora y algo que valoro muchitanto, y como tal

en  êl puedo  confiar. Empero al ser Cratino quien necesitaba echarle unas goticas

de  ron al tê de tisana sobre el pucho le di la botella, y seguido dîjele que ocupâra-

se êl mismo de preparar la infusiôn. Mientras que cumplîa con lo anterior, Caspar

barrûntame de que Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn,

segûn yo, tratôlo  de una manera tan dulce que pudiera compararla con su mismî-

sima progenitora, con la diferencia estêtica de que Cristina se ve un poquitîn mâs

senil por las arrugas que salen a relucir en su semblante. En realidad yo jamâs vi

a Cristina, porque  nunca he  penetrado en su negocio, empero sî varias veces he

observado esa bombilla incandescente lumbrando su ônoma, por lo que a mi ma-

nera  de pensar y ornamentar las  pinceladas dîjele una a Caspar que nadita tiene

que  ver con la susodicha Cristina. Por la razôn de que êl no quiso saber quê qui-

se decir yo con la pincelada dicha no fue menester la pertinente/correspondiente/

adecuada dilucidaciôn, continuando la conversa entre ambos sobre el tema de la

transmisiôn a distancia, y motivo por el cual hîzome esta pregunta:

---Kosmos, y dônde estâ el libro que dijiste me prestabas?

---En mi estudio. Voy a buscarlo.

          Encontrarlo no fue cosa fâcil, porque por la sûmula ingente de libros que

tengo, amên que sin la debida organizaciôn, el hallazgo tôrnase difîcil, lo que e

implica una paciencia tremenda, mas como êsta es una virtud que (digamos) ca-

racterîzame pudiera estar horas con esta actividad de bûsqueda y rescate. Segui-

do  a quitarle el polvo se lo doy, pero quedême maravillado con lo primero que

hizo: ponerlo frente a su nariz y oliscarlo, algo que solamente hacen o los inve-

terados bibliotecarios o los lectores mâs descollantes por su perseverancia en la

lectura  un tiempo determinado cada dîa, aunque pudiera suceder de que olerlo

responda a un impulso inconsciente, mas esto serîa un caso muy especial, y co-

mo  tal analizarlo significarîa sacar a puesto, a colocaciôn una materia que des-

conoce, que no  domina êl, por lo que serîa mejor no entrar en ella porque ni a

trancas y barrancas pudiera comprenderla. En fin, que dejêlo en su fruiciôn de

olerlo, pero en lo que era testigo visual de su goce llega Aspasia y amplifica lo

siguiente:

---Anulado mi encuentro con Esmeralda y Juliette, pero el almuerzo estâ asegu-

rado con estas dos pizzas.

       Al percatarse de la presencia de Cratino y de Caspar tiene en cuenta que el

tamaño de las pizzas no da suficientemente para satisfacer el estado famêlico de

cuatro bocas, mas al yo dejarle saber inteligiblemente de que no son cuatro sino

sôlo tres las bocas a ingerir, porque Cratino por su pejiguera estomacal no come-

rîa nada, ella queda convencida de que dos pizzas sî que pudieran saciar el esta-

do hambriento de tres criaturas; aunque, como una pre-cauciôn--un cautê nunca

estâ de mâs, es necesario y elude un cambio en el programa---, los trozos no de-

berîan ser muy grandes, lo que traduce que la precisiôn en el corte no puede pa-

sar  de una medida concreta/especîfica/justa.

---Kosmos, mejor asî, ya que no tienes que ponerte en funciôn de cocinero.

---Tû sabes, Cratino, que tal funciôn no desagrâdame.

---Pero kosmos, y si deseas cocinar, dejamos las pizzas para mâs tarde.

---Câspita, Aspasia!! No!! Ingerimos las pizzas ora.

---Ah, estâ bien. 

---Y dime: por quê lo de la anulaciôn del encuentro con Esmeralda y Juliette?

---Porque me escribiô Juliette que Esmeralda le mandô un mensaje diciêndole que

que tenîa un poco de fiebre y le dolîa el gaznate debido a un resfriado, 

---Y por quê escribiôle a Juliette y no a ti?

---Kosmos, quê sê yo. Dame acâ el cuchillo. 

---Aquî estâ. Cuidado con la punta.

---Y cômo cogiô el resfriado Esmeralda? La vi por la mañana y estaba saludable.

          Pero ostensible que Caspar no sabe que cuando encontrême con Esmeralda

bien temprano en la mañana ella no tenîa bien cubierto el pecho, y con la frialdad

que  habîa traîa puesta una blusita de tela finita y sus pêtalos exentos de la prenda

de vestir interior que los levanta, lo que pudiera ser el motivo de que refriârase.

---Kosmos, gracias por el libro! Te acabo de mandar la foto que me dijiste le tirara

a la chica.

---Verdad? Y de cuâl chica de trata, Caspar?

---Kosmos, dile tû.

---Aspasia, ya sê que me conoces, mas no es lo que tû piensas. Te quedarâs con

la boca abierta cuando dîgate quiên es.

---Dîmelo!

---La novia de Sista, a la que Matilde robôle el diario e hija de la difunta criada

que tuvo la fenecida madre de Esmeralda, y la que segûn Sista habîa desapareci-

do.

---Sista? Y no estaba detenida junto con su madre?

---Estaba. Me encontrê con ella hoy en la mañana; mejor dicho, ella encontrôse

conmigo cuando salî de comprar las legumbres y hortalizas.

---Y por quê no me lo habîas dicho?

---Aspasia, deja la funciôn histriônica-dramatizada, que tû sabes que cuando regre-

sê de hacer las compras ya te habîas ido, y ora es que te vuelvo a ver.

---Sî es cierto, pero dime: de no haber tenido lugar este diâlogo, que abriôse debi-

do a que dijo Caspar lo de la foto, me lo hubieras dicho?

---Claramente que sî. Y es mâs, dîgote mâs: me tomê un cafê con ella en el restau-

rante de las langostas, y aquî Caspar es testigo de que...

---Vaya testigo que tienes! No quiero saber mâs nada, Kosmos, nada mâs.

---En realidad no hay mâs, porque ella se fue a trabajar. Ya puêdese empezar a co-

mer?

---Sî, Kosmos, ya puêdese.

---Kosmos, y por quê le dijiste a Caspar que le tirara una foto a la chica?

---Cratino, porque quedôseme el môvil aquî en el apartamento.

---No me extraña tu pericia para responder ciertas preguntas.

---Aspasia, pericia ninguna, que de verdad quedôseme aquî.

---Ok, se te quedô, bien. Pero respôndeme: cuâl es tu interês en tener su foto, una

de ella.

---Aspasia, êsa no fue la intenciôn de mi pregunta.

---Cratino, câllate la boca, que no te preguntê a ti.

---Aspasia, sabes quê? Piensa lo que te dê la gana, que a la postre y al cabo es tu

[piel de hoy, como me dijiste, inocente] pensar, que sôlo puedo ser yo dueño de 

mis actos que no de los tuyos, asî que continûo ingiriendo pizza.

---Kosmos, disculpa este mal momento que fue creado por mi culpa.

---No tienes que disculparte, Caspar. Tranquilo, que la calma es fundamental. Y

dime, Cratino: aliviôsete un poco el malestar, la pejiguera estomacal?

---Sî, kosmos, un poco mejor. Gracias!! Y para demostrârtelo, pâsame un pedazo

de pizza, que me queda lejos la caja.

---Sin dilaciôn alguna!! Côgelo, aquî estâ. 

        Lo que sî no esperaba de Cratino era que fuese capaz de armar tremendîsimo

alboroto  por una parte del pedazo de pizza que al partirse escindiôse de êste y ca-

yôle en el pantalôn.

---No me miren asî, que las mâculas de grasa no las soporto.

---Cratino, mas es facilîsimo: un poco de agua, detergente y te quedarâ el pantalôn

impoluto, que no nuevo porque es imposible.

---Kosmos, como que me estâs fastidiando, no? Claro que es imposible.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Conociêndome como me

conoces me haces una pregunta intempestiva?

---Saben ustedes cuântas horas dura la feria?

---Caspar, hasta las cinco. Quê, te hace falta comprar alguna antigualla?

---No es para mî, Kosmos, sino para Esmeralda, porque como mañana es su cum-

pleaño quisiera regalarle algo antiguo, 

---Algo, mas no sabes quê, no?

---Exacto, Kosmos, no lo sê. Por quê la pregunta?

---Porque ya cuasi que son las tres de la tarde, y como la sûmula de antigüedades 

es tremenda, y tû no sabes quê a dadivar, es mejor que vayas a la feria lo mâs râ-

pido posible, y asî tienes dos horas para seleccionar con calma, exento de estrês

por el horario.

---Creo que tienes razôn.  

---Ahora me acordê de una cosa.

---De cuâl Cratino? Amplifîcala!!

---De que Juliette me hablô de que le gustarîa poner en el cuarto, y a cada lado de

la cama, dos candelabros de piso.

---Como los que habîan en el baûl que venderîanse en el Estrecho de España y en

donde el leñador de Britania encerrô a la campesina?

---Cômo, Kosmos, comô?

---Caspar, Kosmos habla de su novelôn, o mejor dicho, de una escena de êste.

---Ah. Gracias, Cratino, por tu explicaciôn. Entonces vienes conmigo a la feria?

---Sî sî, voy contigo. Y tû quê, Kosmos, vienes o no?

---Pêgome al cortejo minûsculo!!

---O sea, minûsculo porque no es el de Baco, no?

---Êsa es la res, Cratino!

---Y a mî no me pregunten, que me quedo.

---Aspasia, no me vayas a decir que estâs enfadada.

---Kosmos, lo que te dirîa es que estoy cansada, por lo que necesito dormir algo,

un poco.

---Entonces a la feria. Age en plural.




















 



 







 




















  
















 




 




  






 




  


















  

Samstag, 23. November 2024

112

         Insôlitamente en [un espacio de tiempo de] pocos minutos la caîda de la nieve

fue cogiendo vigor y, por lo mismo, cômo dejar de tener yo ese estado que apellîda-

se de jovialidad?, empero que no llegaba a ser extremo por el motivo siguiente: por

el pneuma inconstante de un vientecillo del oeste y por el cual penetraban los copos

en mis ôculos, motivo que segûn Caspar es una tonterîa, empero para eludir enfren-

tarme con êl con el filo de la verba dîjele que tenîa todita la razôn. Entonces me mi-

rô  con cierta extrañeza porque sabe que yo cuasi nunca quêdome en mutismo, que

por la mînima cosa no dilaciono en soltar un discurso o pinceladas que pudieran en-

gendrar asombro, empero como sonô el telêfono dirigiô su mirada a êste y hasta se 

apartô un poco para responder, por lo que pensê que quien llamaba no era otra cria-

tura  que Esmeralda. Con el têlos de no dejarlo atrâs quedême parado como una es-

taca, y con esta posiciôn comencê a observar cômo el susodicho pneuma quitâbale

a  las ramas de un fresno la poca cantidad de nieve que tenîan encima, las que des-

puês de este soplo moviânse libremente al compâs de êste. Tratando de buscarle un

porquê  al pensar en este instante concreta/especîficamente en Esmeralda, pareciô-

me la razôn que por parangôn metaforizado yo pudiera compararme con una de las

ramas ya liberadas de un peso que pudiera perjudicarlas, o que las estaba (de facto)

perjudicando, pero in casu, en el mîo, las ramas de mi conciencia y debido a un pe-

sado  pensar que  representaba una preocupaciôn: que Esmeralda en cualquier mo-

mento dijêrame que yo la habîa embarazado, mas como ya sê que posiblemente las 

pîldoras que toma son anticonceptivas las ramas de mi conciencia quedan exentas,

y como tal muêvense con soltura. 

---Kosmos, sabes una cosa? Que voy a tener que empezar a creer que un tema pue-

de ser transmitido a distancia.

---Câspita!! Y de cuâl tema trâtase? Amplifîcalo!!

---El del embarazo!

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! 

---Sabes quiên me llamô? Esmeralda, y para decirme nada mâs y nada menos al-

go sobre lo que estuvimos hablando: las pîldoras, y que son anticonceptivas. Quê 

alivio, porque ya no tengo que preguntarle.

---Alivio por lo que acabas de decir, pero, Caspar, y algo que no te preguntê cuan-

do hablamos sobre el tema, no te gustarîa ser padre?

---Sinceramente te responderîa que no he pensado si sî o si no. Y dime tû: te gusta-

rîa a tî?

---Caspar, yo sôlo lo fui como personaje de mi novelôn, o sea, que fuera de êste no

lo serîa, amên que confiêsote que no hâceme falta pensarlo porque estoy seguro to-

talmente.

---Kosmos, y si Aspasia queda embarazada, y quiere tener su retoño, quê tû le di-

rîas, que aborte?

---No dirîale que interrumpa su embarazo, sino mâs bien que si quiere/desea tener

su retoño que olvîdese de mî.

---Verdad que le dirîas eso? 

---Êsa es la res!! Eso dirîale sin cavilaciôn ninguna.

---Kosmos, y a tî te ha pasado esto: que estês hablando sobre algo con alguien y

que alguien te llame y te hable sobre lo que tû hablaste con ese alguien?

---Amigo mîo, si lo deseas te presto un libro para que te informes, que lo que te

acaba de pasar no es nada nuevo en este mundo.

---Me gustarîa aprender, pero por el trabajo que tengo no tengo mucho tiempo pa-

ra leer.

---Caspar, aunque no lo tengas por lo menos un pârrafo puedes leer cada dîa, mas

claro, estarîas mâs de seis meses leyendo un libro, mas el tiempo no importa sino

mâs bien es relevante que quieras aprender.

---Como te dije, que aprender me gustarîa. Y cuândo puedo pasar para que me des

el libro?

---Cuândo? Cuândo es una pregunta futurista que pudiera ralentizar el impulso de

querer aprender.

---Contra, Kosmos, que ya te dije que soy un simple camarero.

---Caspar, ahora mismo podemos ir a mi apartamento para darte el libro, y de paso

podemos almorzar, que comida hay basta.

---De acuerdo, Kosmos, de acuerdo.

       Diez minutos despuês, y faltando aproximadamente unos doscientos metros pa-

ra llegar a mi apartamento, pareciôme ver a la chica a la que Matilde robôle el diario

y sentada en  unos de los bancos rojos que recientemente pusieron en algunas partes

de la ciudad, allende que disfrutando de la caîda de la nieve, presencia que me resul-

tô crîptica porque la misma Sista dîjome que habîa desaparecido. Por esta razôn elu-

dî acercarme al banco para entrar en verba con ella, no fuera a hacer que esto se tra-

tara de una celada, de una trampa de la autoridad y con un propôsito determinadîsi-

mo. Ostensiblemente que no dîjele nada a Caspar, porque de êste decîrselo a Esme-

ralda y êsta comunicârselo al general la posibilidad de que la chica terminara o per-

seguida  por Matilde o por el general no queda descartada, ya que ambos al estar in-

teresados en el diario, el que aûn tiene la autoridad mas que por derecho pertenêce-

le  a la chica, la que de  facto no posêelo porque la creen desaparecida, harîan todo

lo posible por quedarse con êl. 

      Al llegar a mi edificio Cratino estaba parado frente a la puerta como un fiel ma-

meluco. A continuaciôn de saludarnos pregûntele si deseaba almorzar con nosotros,

mas como segûn êl su estômago no estaba en buen estado como para atiborrarlo de

comida preferîa mejor no ingerir nada, si acaso tomar un tê de tisana con unas goti-

cas  de alguna bebida con grado mayûsculo de alcohol, bebida que amên beneficia-

rîale por otra cosa: por calentar su cuerpo cuasi congelado, ya que hacîa mâs de la

sûmula de veinte minutos que estaba parado delante de la susodicha puerta, lo que

de facto me extrañô porque Aspasia ya deberîa haber regresado una hora antes. En

fin, y como aûn quedâbame algo de peculio de los doscientos pesos que diome Me-

tôn, pedîle de favor a Caspar que fuera a comprar una botella de ron al negocio de

Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn.

---Kosmos, y dônde estâ ese negocio de Cristina?

---Caspar, aquî en la esquina a la izquierda. Despuês de cincuenta metros verâs un

callejôn. Cuando salgas de êste a la derecha, e inmediatamente a la izquierda debi-

do a que la cuadra es corta. A continuaciôn recto ciento cincuenta metros, medida

justîsima, o sea, ni mâs ni menos, donde descolla el ônoma Cristina lumbrado con 

bombilla incandescente.

---Bueno, Kosmos, si no toco el timbre es que me perdî.

---No te vas a perder. Tû regresas.

---Bien. Entonces hasta ahorita.

---Kosmos, y cômo sabes de la inclinaciôn de Cristina?

---Câspita Cratino!! Tû preguntândome eso?

---Ah, entonces es una invenciôn tuya?

---Êsa es la res!! Vamos arriba?

---Vamos, kosmos, vamos!!

           Y yendo hacia arriba vuêlvome a encontrar con Metôn en la escalera, mas co-

mo lo contrario/opuesto al parecer hoy tenîa que suceder sin dilaciôn dîgole:

---Metôn, si por la mañana usted subîa y yo bajaba; ora, al mediodîa, yo subo y usted

baja.

---No te habîa dicho que a lo mejor nos volvîamos a ver en la escalera?

---Cômo olvidarlo, si su decir cuasi que estâ fresco.

---Y dime, Kosmos: te alcanzaron los doscientos pesos?

---Câspita!! Que si no hubiese sido por usted, Metôn, la invitaciôn a almorzar que le

acabo de hacer acâ a mi buen amigo Cratino, y a Caspar, que fue en busca de una bo-

tella de ron, no serîa posible.

---Por lo que entiendo que comida tienes suficiente.

---Êsa es la res, Metôn.

---Y cômo tû estâs, Cratino, el hijo del difunto cliente de mi banco, de Teôfilo, el de

la razôn perdida?

---Gracias por preguntar, Metôn. Normalmente estoy super bien, mas ahora tengo y

una pejiguera estomacal sin saber que fue lo que ingerî que la causô.

---Y tû, con esa pejiguera, aceptaste la invitaciôn que te hizo kosmos?

---No, Metôn, no, ya le dije que no almorzarîa, y que solamente tomarîa un tê de ti-

sana con un poco de ron.

---Remedio santo, muchacho!! A mî el tê me encanta, como al tîo de Kosmos. 

---Y hablando de êl estâ desaparecido. Kosmos, sabes algo?

---No, Cratino, no sê nada.

---Y si le pasô algo y no pudo avisarte?

---No lo creo, y sabes por quê?, porque no es la primera vez que dejo de verlo por

un tiempo, que ausêntase por unas semanas, que esfûmase, etc.

---Ya te dije, Kosmos,  que cuando lo vieras lo saludaras de mi parte.

---Sî, Metôn, sî, eso le dirê cuando lo vea.

---Perfecto!! Ah, y antes de que se me olvide, o mejor dicho, de que se me siga olvi-

dando, porque de hecho hoy te he visto dos veces y no te lo dije, sabes quien me pre-

guntô por ti?

---Quiên, Metôn, quiên?

---Aristofôn!

---Eso quiere decir que usted reuniôse con el grupo, no?

---Eh? Kosmos, quiere decir o que tû no le caîste mal o que diose cuenta de que por

tu saber te ha considerado/valorado un interlocutor con el que se puede hablar de/so-

bre todo.

---Cratino, Metôn solamente tiene contacto con Aristofôn cuando jûntanse los inte-

grantes del grupo que financiarân el museo.

---Asî es, Cratino, kosmos estâ claro. Bueno, los tengo que dejar, que ahora el que

va de compras soy yo. Que la pasen bien. Y, Cratino, pronta mejorîa.

---Gracias, Metôn, gracias!



































 



 




   




   

















 
















 






   




     

Mittwoch, 20. November 2024

111

       Cumpliendo con el cometido [de ser como siempre he sido cuando trâtase del te-

ma] de la puntualidad, presente estuve en el centro de la plaza de la catedral barroca

en el horario acordado con Caspar, mas como êl no aparecîa la ûnica manera de (a lo

mejor) saber dônde estaba era llamândolo, empero como mi môvil quedôseme en mi

apartamento la ûnica posibilidad de comunicaciôn era con el môvil de Aspasia. En lo

que dirigîame al lugar donde ella ganâse la propina menester tocando su chelo acopas

sucede algo: interpônese  en mi direcciôn Helade, y con una sonrisa tremenda acêrca-

seme y dîceme:  

--Kosmos, ya no te pueden quedar dudas de una cosa que te dije hace tiempo: que Ma-

tilde Ronco Espinoza es una ladrona.

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Y cômo usted sûpolo?

--Acaso se te olvidô que nosotras, y como vendedoras, escuchamos en este lugar una

buena cantidad de cosas que pasan en esta ciudad? Este sitio es como un periôdico: se

oyen noticias de todo tipo y no muy pocas en cada provincia.

--Câspita!! Vaya analogîa la de usted! Quisiera decirle, con una verba inteligible, que

dudar, como una forma pinacular de conducir a la pesquisa con el pensamiento, es pa-

ra mî significante y, como tal, indefectible.

--Kosmos, no me acabas de decir lo de la verba inteligible? 

--Y acaso no acabo de cumplir con ella?

--Verdad, Kosmos, verdad?

--Discûlpeme usted, Helade, mas este diâlogo no puede alongarse porque tengo algo

urgente que hacer. Desêole un especioso dîa y hasta la prôxima.

        A pesar de no ser mentira lo que acabo de decir, aun no siendo la palabra urgen-

te verdaderamente menester, Helade como que mirôme no muy convencida, lo que y

traduce que entendiô mi verba como una justificaciôn para no continuar intercambian-

do palabras, empero de tal guisa dio media vuelta y regreso a su puesto de trabajo en

la  puerta  principal de la catedral barroca. Liberado de su presencia respirê profunda- 

mente, una ganancia de aire saludable para los pulmones que no pude disfrutar del to-

do por tener que atender a Caspar posicionado a la zaga de mî.

---Kosmos, disculpa la tardanza, pero por cuestiones de trabajo se me hizo imposible

llegar puntual, que sê que tû eres un reloj.

---Êsa es la res, Caspar, mas sabes una cosa: has llegado tarde, sî, algo indeleble, pe-

ro ora que estâs aquî ya no tengo que ir adonde toca el chelo Aspasia.

---Kosmos, te explicas?

---Escucha. Como quedôseme al môvil en mi apartamento la ûnica posibilidad de co-

municarme contigo era con el môvil de Aspasia, pero para llegar adonde estâ ella no

puedo eludir quitar del camino esa masa de gente que tû ves, lo que significa atrave-

sarla pidiendo beneplâcito para pasar y mâs de una vez disculpas.

---Kosmos, y necesariamente tienes que atravesarla?

---Caspar, que si no la atravieso el viaje es mâs largo.

---El viaje? Bueno, tû sabrâs de tus cosas.

---Y la cosa tuya quê?

---Te refieres a lo de Esmeralda?

---A cuâl otra cosa referirîame que no fuera esta cosa tuya y por la que estamos aquî?

---Pues oye, que la cosa es la siguiente: Esmeralda toma unas pîldoras que no me ha

dicho que las toma, y lo sê porque sin que ella supiera que escondido la estaba obser-

vando.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! 

---Por quê lo dices?

---Dime tû: sabes si ella no quiere ser madre?

---No, de tal tema no hemos hablado, hasta el momento no se ha tocado. Espera. Tû

crees que sean pîldoras anticonceptivas?

---Es posible, Caspar, es posible. Mas puedes, como si fuese una misiôn secreta, sa-

ber quê tipo de pîldoras son, no? Si ya la observaste escondido, asimismo subrepti-

ciamente....

---Pero pasa una cosa: las pîldoras las guarda en la gaveta de su mesita de noche y 

la llave no sê dônde estâ.

---Caspar, tienes un imân?

---No tengo, pero se puede comprar. Pero tû crees que tengo tiempo para ese traba-

jo? 

---Caspar, quien quiere puede, no?

---Sî, Kosmos, ya sê, pero pasar el imân por no sê cuântas partes....a no ser en la no-

che, pero corro el riesgo de ser descubierto por el general.

---Cômo? A no ser que la llave estê fuera del cuarto de ustedes, lo que no creo, y co-

mo tal la que sî te pudiera descubrir es Esmeralda.

---Kosmos, y mejor no serîa preguntarle a Esmeralda, no dônde guarda la llave sino

para que son las pîldoras?

---Aplausos, Caspar, a-plau-sos!! O cuando las cosas complîcanse se busca lo senci-

llo o cuando no satisface lo sencillo se buscan las cosas complejas.

---Contra, Kosmos, que tan solamente soy un simple camarero.

---Entonces, simple camarero, le preguntas?

---Sî, Kosmos, le preguntarê, y asî no tendrê que hacer nada mâs a escondidas. Pe-

ro si le pregunto y no responde, o me responde y dice una mentira, quê puedo hacer?

---En cualquiera de los dos casos mantener el control absoluto de la emociôn por ser

êsta  la causante o de decir algo que carece de permanencia o de teatrializar un com-

portamiento con el cual tanto el ensalzamiento como la disposiciôn falsa de aceptar

ciertas cosas son posibles. De facto existe un remedio, que seguro tû has oîdo, y que

contra lo que acâbote de decir es definitiva/tantîsimamente efectivo: liberarse de las 

emociones, y no sôlo de las negativas sino que asimismo de las positivas.

---Si tû que sabes un montôn/burujôn/pila de cosas lo dices...

---Caspar, el saber es algo bueno, mas êste pastichado con la experiencia es algo me-

jor.

---De la experiencia tambiên se saca un saber sin pastiche ninguno.

---Êsta es una suntuosa perîstasis para un discurso que de momento es intempestivo.

Escucha. La emociôn es algo asî como un momento efîmero de liberaciôn y partici-

paciôn....

---Participaciôn? En quê?

---En un estado que carece de base sôlida, y como tal su apoyo es endeble. Sabes

cômo pudieras comprenderlo mejor?

---Cômo?

---Acordândote de algûn momento en que alguien dîjote algo por cuestiones de la

emociôn y lo que verdaderamente hizo despuês de no tener êsta.

---Bueno, ahora no me acuerdo de nada.

---Dîjete acordândote, mas no que fuera ora.

---Entonces tratarê de acodarme despuês.

---Êsa es la res!! Mâs tarde!

---Ah, y a propôsito de acordarse uno de algo, sabes de lo que me acabo de acordar?

---Amplifîcalo, Caspar, am.pli-fî-ca-lo!

---De lo que me dijo Esmeralda sobre una de las cuatro chicas que su padre, el gene-

ral, contratô para su fiesta y con el fin de atender a los invitados.

---Cômo no acordarme bien de ella: Anabel! Y quê te dijo Esmeralda?

---Que tanto tû, como Cratino, hablaban con ella con cierta soltura.

---Con cierta soltura? Y quê tû entiendes por con cierta soltura?

---Kosmos, a mî no me interesa entender eso, solamente te dije lo que me dijo Es-

meralda, la que sî sabrâ el porquê de su decir con cierta soltura.

---Sospecho que Esmeralda quiso lograr algo con este decir.

---Tû crees? Quê?

---Tendrîa que ponerme a pensar con detenimiento, pensar que es imposible con el

cacareo que nos rodea, que esta plaza parece un gallinero que atrae a disîmiles len-

guas, sobre todo forâneas.

---Vaya comparaciôn que se te ocurre: un gallinero, como que me da risa.

---Y vaya palabra que has sacado a puesto, a colocaciôn: risa!

---Sî! Una de tus favoritas, no?

---Êsa es la res!

---Cômo? Comienza a nevar?

---Al fin!! Aunque segûn el pronôstico nevarîa mañana, pero yo contento de que sea

ora.

---Contento? Entonces te gusta la nieve?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Vaya pregunta.

---Por casualidad tienes una sombrilla en tu bolsa?

---Indefectible, Caspar, indefectible mas no contra la nieve sino contra la lluvia.

---Pues prêstamela, que no soporto copos frîos en mi testa.

---Aquî la tienes, es toda tuya.

---Gracias!! Pero dime, Kosmos: mejor que quedarnos aquî parados podemos cami-

nar, para que circule la sangre?

---Age en plural, Caspar, age!!





























































 




 














   

Montag, 18. November 2024

110.

          Como a Sista le encantan las corrientes naturales de agua pidiôme que tomâra-

mos el cafê en la pequeña terraza que tiene el restaurante de las langostas con vista a 

un rîo que carece de nombre, mas como asimismo a mî encântanme de acuerdo estu-

ve totalmente. De tal guisa Caspar trabajaba, por lo que en vez de hacer la cola pene-

tramos  en el restaurante por la puerta de la cocina, empero al decirle Sista que sola-

mente  tomarîamos un cafê en la terraza, êl se nos quedô mirando un tanto perplejo,

mas no por lo acabado de salir por la boca de Sista sino que mâs bien por otro moti-

vo: por el  de la temperatura de Diciembre que tanto seca la piel como los labios, y 

por la que precisamente la terraza estaba completamente huera, sin presencia ôntica

ninguna, ausencia  de criaturas que ni a Sista ni a mî perjudica; al contrario, porque

a menos espacio ocupado mâs luz, viênenos (maravillosamente) de maravilla, como

anillo  al dedo, amên que  otra cosa que benefîcianos: la de poder escoger a gusto la

mesa que nos dê la gana, exenta de la informaciôn de que estâ reservada por un de-

terminado cliente. Pura ventaja de los amantes del susodicho mes, los que por el he-

cho de no ser muchitantos pueden contarse con los dedos, aunque segûn el barrunte

de Caspar no ha tenido que servir a ninguno en ninguno de los horarios que hasta el

momento  êl ha trabajado, durante el  tiempo que ha ganado un salario con el oficio 

de  camarero. Tres minutos  despuês de esta inteligible de-claraciôn trâjonos el cafê

y concomitado con un cuadradito de chocolate del lado izquierdo del platico que so-

porta  el peso de la cândida taza sin descollante marca, o mejor dicho, sin tener acu-

ñada  su procedencia de fabricaciôn con minûsculas letras, por lo que yo pensê que

fue hecha por una mano de obra clandestina, pensar que no amplifiquê por ser (cla-

ramente) de jaez intempestivo, porque quê interêsale a Caspar de dônde viene la su-

sodicha  taza? No es su trabajo llenarla y posicionarla en la mesa frente a la mirada

del que/la que beberâ el cafê?   

          En lo atinente al diario revêlame Sista que no solamente tratâbase de la rela-

ciôn del general con Matilde, sino que ademâs de cosas intimîsimas y detalladas, y

de las que supo la criada por contârselas Matilde con la intenciôn de causarle pro-

blemas  al general una vez publicado el diario, mas como yo no entendîa el porquê

de  que Matilde quisiera perjudicar a Francis despuês de haber tenido con êl un go-

ce, esa  fruiciôn de jaez secreto, hîcele  la correspondiente pregunta, respondiêndo-

me  Sista que por  cuestiôn de venganza, ya que no pudo soportar que el general la 

dejara por otra fêmina en el preciso momento en que el vînculo amoroso comenza-

ba a florecer, a coger vigorosidad, a echar sus frutos. Esto ûltimo causôme curiosi-

dad, porque  de facto el general estaba casado, allende que con una dama que tam-

biên  estuvo con Matilde, y entonces, cômo es que Matilde vêngase por celosîa sa-

biendo del estatus de Francis? Aclârame Sista que por esta misma razôn es que su

madre no dio calaña de celos ya que disfrutaba del mismo cuerpo que tocaba el ge-

neral. Este claramiento no convenciôme del todo porque parêceme que en este em-

brollo hay algo mâs que lo que acaba de entrar por mis oîdos, empero para no pro-

fundizar en un tema tan personalîsimo/privado como el fluyente interesême en sa-

ber  el porquê de que Sista informârale a Matilde sobre el diario a raîz de hablarle

de êste la hija de la criada, la que amên de no saber el propôsito por el cual su ma-

dre lo escribiô es la novia de Sista. Kosmos, dîceme Sista, simplemente porque es

mi  madre y quise que lo supiera, sin saber, claro estâ, que ya ella sabîa. Pero ase-

gûrote una cosa: no me pasô por la testa decîrselo con el fin de que se lo robara de

la bolsa a mi novia, que lo del hurto fue idea de mi madre.

---Sî, Sista, la idea no fue tuya, mas tû participaste, allende de que te vi con mis 

prismâticos desde el balcôn de mi apartamento.

---No me digas? Verdad que me viste? Y cômo fue posible si tû no lo sabîas?

---Esto sî que llâmolo una casualidad, porque cogî los prismâticos (solamente) pa-

ra observar si en la manifestaciôn habîa alguna criatura conocida.

---Vaya quê casualidad!! Sabes, Aristarco no quiere saber mâs nada de mî.

---Sî, ya lo sê, porque anoche estuvo con nosotros en el apartamento. Sista, Aristar-

co no es una criatura que entiende de eso, este triângulo escapa de su comprensiôn.

Barrûntote que el general estâ super preocupadîsimo con eso del diario.

---Bueno, su preocupaciôn serâ eterna, y sabes por quê?, porque como la que lo es-

cribiô fue la criada que ya falleciô le pertenece a su hija, segûn una ley vigente, pe-

ro como mi novia, la hija de la criada fenecida, ha desaparecido, el diario se queda

en la estaciôn hasta que ella aparezca.

---Sista, y tienes una idea del porquê haya desaparecido?

---No, Kosmos, no la tengo, Es todo un misterio. No entiendo nada, porque ella da-

ba una suma bastante considerable de dinero a cualquiera que haya sido testigo vi-

sual del hurto, lo que quiere decir que...

---Câspita!! Hubiêrame ganado una sûmula de peculio representativa.

---Cômo? Nos denunciarîas tû a nosotras?

---Ostensiblemente que no, que estaba ludicando. Segûn Dasid, el chofer del general, 

la madre de la chica, y antes de sucumbir, le dio el diario y dîjole que lo llevara siem-

pre en su bolsa como recuerdo.

---Eso lo supo Dasid por oîrlo en la estaciôn. Sabes que no comprendo? Cômo el ge-

neral hizo todo lo posible por sacarnos de la estaciôn; sin embargo, lo que me parece

contradictorio, êl, y  como  me dijiste tû, estâ  preocupadîsimo por lo que hay escrito 

en ese diario que le dijo mi madre a la criada?

---Serâ porque le da mâs relevancia a lo escrito que a la venganza. Sabes lo que me da

pâbulo de pensar? Quê le interesa a la policîa la existencia întima de tres criaturas?

---Kosmos, se complicô el asunto al decir mi madre lo de la venganza, por lo que la 

policîa lo tomô como algo que pudiera tener otras consecuencias, porque si mi proge-

tinora se vengô con letras tambiên pudiera vengarse de otra manera.

---Y si pudiera vengarse de otra manera por quê la dejaron ir?

---Porque no la pueden dejar arrestada por un hipotêtico, por una posibilidad futura.

El motivo existe pero no la prueba. Cômo probar algo que aûn no ha sucedido?

---Una mirîfica pregunta! Y dime: cômo terminô en realidad la cosa?

---Nos pusieron una multa que pagarâ el general?

---Câspita!! Cômo que la pagarâ êl?

---Êl mismo dijo que la pagarîa, pero mensualmente durante seis meses. Y en fin, ya

tengo que irme al trabajo. Salûdame a Aspasia y hasta la prôxima.

---Le digo, y buena jornada.

           Y poquitîsimo tiempo despuês de haberse ido Sista viene Caspar a recoger las 

dos tazas y con una bandeja que no era de plata. Como quedâbanle solamente treinta

minutos para terminar el turno de trabajo pregûntame si podîa esperarlo para dar una

vuelta y contarme algo respecto a Esmeralda, y de paso saber mi opiniôn, mas como

llevaba conmigo las legumbres y hortalizas y aûn faltâbanme por comprar otros sus-

tentos, dîjele que en media hora esperâbalo en el mismîsimo centro de la plaza de la 

catedral barroca.






















 


  


 



 




 







   

Mittwoch, 13. November 2024

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          Media hora despuês, y en lo que escribîa en la cocina lo que deberîa comprar

de sustentos para la semana, Aspasia revêlame un onîrico que tuvo y que fue la cau-

sa de que despertârase diez minutos antes de que sonara el despertador: Esmeralda

quitaba  el famoso candil de terracota de encima de una columna truncada para po-

nerlo  en otra con mâs dimensiôn, mas subida en una escalera que yo habîale facili-

tado. Interesante  que precisamente haya sido Esmeralda la que apareciô, pero pre-

guntême quê tiene que ver la escalera dentro de este onîrico, a no ser que tratândo-

se  de una metaforizaciôn haya un viraje de la significante (un cambio de altura) y

con el fin de destacar la palabra ganada que no la perdida. Claramente que callarîa-

se mi boca, que no dirîale a Aspasia sobre mi encuentro con Esmeralda, pero tuve

que raudamente hacerle esta pregunta:

---Por quê este onîrico fue el motivo de tu despertar?

---Kosmos, en realidad no es un un onîrico horrendo/espantoso, pero sî un poco ra-

ro: Esmeralda, el famoso candil y la escalera, Sabes cuâl puede ser la conexiôn?

---Escucha. Lo del famoso candil significa, en lenguaje masônico, la palabra perdi-

da; lo de la escalera, que no pertenece a ningûn lenguaje, tiene que ver con un cam-

bio de altura, o sea, que quîtase el candil de una columna cortada/disminuida y pô-

nese en otra de tamaño mayor.

---Ah eso, pero por quê es Esmeralda la que hace el cambio? Pudiera haber una co-

herencia  si Esmeralda tuviera algo que ver con la masonerîa, pero como no lo tie-

ne....

---Aspasia, los onîricos no son coherentes; tienen un lenguaje metafôrico.

---Sabes quê? Me voy a la ducha, pero antes dime: por quê te levantaste tan tem-

prano?

---Câspita!! Porque no pude dormir mâs.

---Que tû no pudiste dormir mâs? Estâ bien. A la ducha!

---Dêjote el cafê preparado para cuando salgas de la mojadera, que me voy.

---Te vas? Adônde?

---A comprar comida, lo que nos metemos en la boca que es garante de....

---De eso, Kosmos, de eso!! Nos vemos entonces mâs tarde.

---Êsa es la res!!

           Antes de salir de compra echêle un vistazo a mi cartera con el fin de saber

la cantidad de peculio que tenîa, razôn por la cual tuve que reîrme porque con tan

sôlo diez pesos no puêdese pagar todo lo que hacîa falta. Como ya no podîa sacar

mâs dinero de mi cuenta, porque mi tarjeta de banco es limitada, sôlo quedâbame

por hacer una cosa: abrir la cartera de Aspasia y apoderarme de por lo menos cien

pesos, los  que les devolverîa al comenzar el prôximo vez, mas sin decirle ora na-

nada. Por quê? Porque si entro al baño para pedirle un prêstamo monetario indu-

bitable que la compra harîala otro dîa. Dirîjome entonces al cuarto, y cuando revi-

so su cartera soy testigo visual de una rerum deplorable: dentro habîan solamente 

quince  pesos, por lo que en un periquete pensê que era muchitanto mejor pedirle 

prestado peculio a Metôn, el que de facto una vez dejôme saber que cuando hiciê-

rame falta cualquier cosa que contara con êl, que coger esos quince pesos, ya que 

la tarjeta de Aspasia asimismo es limitada. Puesto en funciôn de lo anterior arrum-

bô mis pasos al apartamento de Metôn, empero por cuestiones que mâs tienen que 

ver  con lo inextricable  que con lo  onomado causalidad êl abriô la puerta sin que 

yo tocara el timbre. 

--Contra, Kosmos, que hoy parece, por un programa oculto, que deberîamos en-

contrarnos dos veces.

--Hasta ora sî, Metôn, mas de tratarse del programa susodicho no pudiera ser que

nos encontremos de nuevo en cualesquier momentos posibles de las veinte y cua-

tro horas?

--No es imposible, Kosmos, no lo es. Y, ya leîste el periôdico?

--Aûn no Metôn, mâs tarde.

--Ah, estâ bien. Y eso que subiste a visitarme?

--Metôn, resûltame verecundioso decirlo, mas no puedo silenciarlo porque si no no

lo pudiera saber.

--Verecundioso? Esto es muy propio tuyo, no?

--Êsa es la res, Metôn, que usted sabe/domina/conoce que mi lûdico con la verba es

indefectible.

--Cômo olvidarlo. A ver, de quê se trata?

--De que me es menester una cantidad por lo menos de cien pesos para comprar la

comida de la semana. Sabe usted, mi tarjeta de banco es limitada y como tal...

--Kosmos, no hace falta que me digas, que soy un banquero pensionado. Mira, aquî

tienes doscientos pesos.

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Muchitantas gracias, Metôn!

Y quede usted seguro de una res: empezando el prôximo mes se los devuelvo.

--Te agradezco tu puntualidad/seriedad, pero te digo lo siguiente: no hace falta que

me los devuelvas, porque la cantidad de dinero que tengo es mâs que basta para vi- 

vir los años que me quedan. No has pensado en que quien no tiene dinero quiere te-

nerlo y que quien lo tiene quiere gastarlo?

--Tal vez una cosa lôgica, Metôn, mas pasa mâs que quien tiene peculio desea tener

mâs. Es usted una excepciôn.

--Serâ eso, Kosmos. Se te olvidô que te dije una vez...

--Metôn, por lo que dîjome es que estoy aquî.

--Muy bien!! Te deseo una buena compra, que no tengas que pensar en no comprar

lo caro porque no te llega el dinero. Ah, y quê tal tu tîo, cômo estâ êl, el amante del

tê?

--Hace rato que no lo veo, que no pasa, que no aparece.

--Bueno, y si lo ves, salûdalo de mi parte.

--Asî lo harê, Metôn. Y muchitantas gracias por su ayuda!

--De nada, Kosmos, de nada! Que tengas un buen dîa.

--Igual usted, Metôn.

           De decîrselo a cualquiera claramente que no lo creerîa o pensarîa que yo esta-

rîa exagerando, pero como hacîa rato que no dejaba caer doscientos pesos en el bol-

sillo derecho del pantalôn que cuasi siempre pôngome, allende que un tanto descolo-

rido por la cantidad de veces que lo he lavado, como que sentîa un peso dentro de êl

que analogâbase mâs con el de las hojas de aquella libreta de conducta---cada cadete

de la academia militar tenîa una, y de acuerdo a la sûmula de indisciplinas que escri-

bîanse  dependîa la categorîa del castigo a recibir; cuantas veces yo quedême sin pa-

se, porque  mi libreta  estaba atiborrada de las susodichas indisciplinas, es un indele-

ble paradigma de mi rebeldîa inveterada---que con las cuadriculadas de un cuaderno

acadêmico. Empero  la cosa no quêdase aquî: como toda analogîa engendra el resur-

gir  de una imago concreta, y esta imago, a su vez, le da funciôn a la nemôsine, diri-

gî mi  mirada hacia  el Karakorum, lugar donde precisamente estâ la academia mili-

tar. Inmediatamente una plêtora de recuerdos fue la causante de que pensara en una

gran cantidad de cosas que hice, siendo una ellas la que considero la mâs perniciosa

para  la salud: recoger  cabos de cigarro del piso, porque por aquel entonces con las

poquitîsimas  monedas que tenîa no podîa darme el lujo de comprar una cajetilla de

cigarro, aun teniendo un precio que apellîdase môdico. Cômo no alcanzar una jovia-

lidad  cuando de vez en cuando el sargento Juarez regalâbame un cigarro? Y en fin,

que dejê de mirar hacia arriba para poder entrar por la puerta del pequeño mercado

de legumbres y hortalizas, resultândome una tremendîsima novedad que el propieta-

rio oriundo de China hiciêrame esta pregunta, porque êl nunca me ha preguntado ni

tan siquiera en quê podrîa ayudarme:

---Kosmos, quê tû hacîas debajo de mi toldo previo al cantar del gallo y con una chi-

ca?

        Al responderle que eso no incumbîale a êl por formar parte de mi privada exis-

tencia, amên de agregar que no habîa ningûn cartel que dijera que estaba vedado po-

sicionarse verticalmente debajo de su toldo, mîrome con cierto desdên y sûbito dejô-

me saber el precio de lo que habîa comprado: diez pesos. Sin dilaciôn paguê con una

soltura tremenda y salî sin mirar atrâs. Y vaya, otra novedad: el encuentro frontal na-

da mâs y nada menos que con Sista.

---Kosmos, acabo de salir de la estaciôn de policîa. 

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Y Matilde quê?

---La soltaron tambiên y estâ en casa. Tienes tiempo para tomarte un cafê?

---Câspita!! Tiempo es lo que sôbrame.

---Perfecto!! Entro a trabajar en una hora, tiempo mâs que suficiente para contarte.

---Êsa es la res, Sista. Age!!









 




  




  









 


















 








   



   













    


 

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...