La numeral salida en una tirada del centuriôn con los arilos del Taxus,
y dado a la significancia que tenîa seguido al proceso de sumatoria dador de
un igual a, el producto final, uno solo y concretamente el justo, hîzolo râpi-
do recordar la cantidad de soldados que perdieron la vida en la ûltima bata-
lla en Nicôpolis, un combate inexorable contra legiones oponentes, aunque
asimismo que famosas por dar calaña eficaz de estrategias de ataques y tiros
con catapultas, por no decir, agregar, añadir que un tanto temidas por el ine-
ludible hecho de contar con una buena cantidad de mirmilones que parte for-
maban de ellas por tener asegurado un peculio extra, o sea, fuera del que en
las arenas ganaban conduciendo cuadrigas con laminas aceitadas y cortantes
en cada una de sus ruedas, salientes de êstas y garantes de una humana car-
nicerîa, por lo que de extrañar no era que oyêrase el aviso con fuerza de voz:
acêrcanse las matonas en movimiento, acêrcanse!! Mas si algo seguido pasa
no es otra cosa, que la llegada al lûdico con los arilos del Taxus tanto de Lo-
lia Paulina como de Cotisôn Alanda Coto, los que (al parecer?) captaron una
especie de resonancia que los atrajo acopas, y expandiendo inteligiblemente
un contenido perteneciente a la alcheringa.
----Yo no me asombrarîa por tal acercamiento de ustedes, y cômo, si mâs de
hecho que (de)recho, un componente senil fue traîdo por mi memoria.
----De quê usted habla, centuriôn, a quê se refiere?----pregunta Sabinsqui.
----Si usted me deja explicar yo claro de lo que se trata----dice Cotisôn.
----Todo oîdo señor, todo!!
----Acâ el centuriôn estaba con el recuerdo de una tremendîsima batalla en
Nicôpolis, que fue la ûltima en la que participô como jefe de una centuria. Y
quiên mejor que yo para saber que fue la ûltima, si precisamente êl estuvo y
en mi corte, en Ferencia, no mucho despuês de ella--- -dice Cotisôn a la vez
que pregûntale al centuriôn: se recuerda usted de lo que dîjele en el entonces
aquel?
----Lo que usted me dijo cuando yo contemplaba los helechos?
----Sî, centuriôn sî!!
----A ver si no lo recuerdo mal. De que cuando usted fue mirmilôn preferîa la
valentîa mâs que la prudencia; pero que siendo rey mâs la prudencia que la va-
lentîa: es correcto?
----Ademâs que de correcto textual, sin cambiar ninguna palabra.
----Vaya memoria la de usted, centuriôn, vaya cuâl!!, pero saben de quê yo me
acuerdo?
----Diga usted, Lolia Paulina, diga---pide el centuriôn.
----De que ese mismo dîa, en el mismo lugar, usted me dio la noticia de que y
mi hija Dido era reina y tenîa familia, y de que la habîa conocido en Cutulia.
----Estamos iguales en cuestiones de memoria, sî, cômo no?
----Y usted no sabîa eso de su hija?----pregunta Sabinsqui.
----No, porque hasta ese momento yo no sabîa nada de ella por haberme ido y
con este que estâ aquî---responde Lolia Paulina señalando a Cotisôn.
----O sea, que usted abandonô a su hija?
----No lo veo como un abandono, no, no lo veo asî.
----Es que ella era amante de las cuadrigas; y yo, siendo mirmilôn, antes de rey,
se largô conmigo---dice Cotisôn Alanda Coto.
----Eran tiempos difîciles, y mi situaciôn econômica era bastante seria, por lo y
que decidî buscar una soluciôn: usted no sabe que quien no se arriesga no triun-
fa?
----Eso dicen, Lolia Paulina, pero habrîa que tener en cuenta de que a quien us-
ted dejaba era a su hija, a su propia êsta---considera Sabinsqui.
----Ya sê que suena bastante desagradable, mas hay cosas que por destino suce-
der deben.
----Pero saben una cosa?
----Cuâl, Euticô, cuâl?----pregunta Lolia Paulina.
----De que es increîble de que el centuriôn haya sobrevivido a la batalla en Ni-
côpolis, pero que haya sucumbido a causa de una avalancha que cayôle encima.
----Cual motivo fue la lluvia de flechas disparadas al ibex que estaba cuasi y en
la cima de una montaña---dice el centuriôn.
---Yo fui el ûnico que sobreviviô gracias a la cabeza de muflôn que llevaba con-
migo---dice Euticô.
----Y quê tiene que ver tal cabeza?---pregunta Sabinsqui.
----Que con los cuernos de êsta puede abrir un hueco en la nieve y salir a la su-
perficie. Despuês, por mi debilidad, un granjero me alimentô con leche de cabra
fresca, mas cuando ya estuve recuperado en vez de regresar a Ferencia tomê la
direcciôn opuesta, terminando en caer prisionero de la tribu germânica.
----De la tribu de donde salieron, enviados por Atabân, los cuatro guerreros es-
pecializados en el manejo del secespita y causantes de mi muerte--agrega Coti-
sôn Alanda Coto.
----Y por quê esos guerreros hicieron eso?----pregunta Sabinsqui.
---Porque al yo caer reo de la tribu tuve que decir quiên habîa dado el edicto del
rescate de los prisioneros ferencianos---responde Euticô.
----El rescate que no pudo hacerse precisamente por la avalancha que nos cayô
encima---agrega el centuriôn.
---Cômo se nota que es usted un artista, un hacedor de estatuillas [...] imposible
de que llegara a ser un Galo Quinto Bonoso----dice Cotisôn Alanda Coto.
----Cotisôn, sabe usted lo que es estar cinco dîas a base de pan y agua?--Euticô
pregunta.
----El honor de un militar sobrepasa cualesquier carencias alimenticias.
----Y usted lo acaba (de)cîrmelo: como se nota que usted es artista, un hacedor
de estatuillas....
----Y quê pasô despuês de la muerte de Cotisôn Alanda Coto?
----Sabinsqui, que yo mandê al eunuco Posides a que le informara a mi hija de
las ûltimas novedades en Ferencia, asimismo que de la muerte de Cotisôn, del
centuriôn y del secretario, el que habîase ahorcado, aunque le pedî que fuese y
preparando un combate de cuadrigas, ya que pronto harîale una visita...
----Una rectificaciôn, Lolia Paulina---dice el eunuco Posides que regresa segui-
do a entregarle el guacamayo polîcromo al padre de Casandra--, que la peticiôn
usted la mandô a decir despuês con el mensajero enobardo, el que montaba un
caballo negro.
----De eso no me acordaba.
----Pero no entiendo una cosa---dice Sabinsqui.
----Cuâl?----pregunta Lolia Paulina.
----Cômo es que usted mandô al eunuco Posides a ver a su hija si precisamente
fue un reo de ella?
----Una buena pregunta, Sabinsqui, mas escuchê por el propio eunuco quê fue y
lo que pasô.
----Que me agradeciô por la informaciôn, y hasta me dejô ver el trêbol de cuatro
hojas que yo habîa traîdo de Apragôpolis, y que estaba en manos de Rubria.
----Êse era mi trêbol, mi querido trêbol---dice Cornelia.
----Y si era suyo cômo es que lo tenîa el eunuco y estaba en manos de Rubria?
----Sabinsqui, parece un embrollo, mas le explico. Rubria era mi mejor amiga y
el eunuco Posides apoderôse del trêbol al yo morir, ya que pensô que crecerîa en
buenas manos.
----Por mi culpa usted feneciô, Cornelia---dice el eunuco Posides.
----Por ingerir una dosis de gayuba en una infusiôn pensando usted que era de la
hoja de la borraja...
----Cômo, que el eunuco estaba en dos lugares a le vez?
----No, Sabinsqui, eso fue antes de lo sucedido en Ferencia, y en Apragôpolis, la
ciudad del ocio, y en los tiempos en que el eunuco Posides trabajaba en la taber-
na en funciôn de su limpieza.
----Sempronia recogiô a Tito (de)bajo de una col!!---afirma el centuriôn.
----Ya sê el porquê usted dice eso, centuriôn, ya sê---dice Cotisôn Alanda Coto.
----Pues yo no entiendo---dice Cornelia.
----Es que, Cornelia, desde el punto de vista historiogrâfico, a Sempronia se le y
conoce bajo el nombre de Cornelia, la madre de los dos tribunos de la plebe mâs
ilustres de la historia de la Repûblica romana.
----Tiberio y Cayo Graco---agrega el centuriôn.
----Y yo que fui violada por un emperador, mas mi hija Sunev nada tiene que ver
con la plebe, y de esto bien que sabe Flacius Ilyricus---dice Cornelia.
----Ya sê de su primera hija, pero el padre es Kosmos---dice Lolia Paulina.
----Cômo que el padre Kosmos, si su esposa es Rubria?---pregunta el eunuco.
----Y Rubria no dijo usted que era su mejor amiga?---pregunta Sabinsqui.
----Êsa es una vieja historia, pero por aquel entonces aûn Rubria no era la esposa
de Kosmos---dice Cornelia.
----Esto es una marea de informaciones, la que me ha hasta provocado un fastidio
de testa---revela Sabinsqui.
----Y quê me dices del guacamayo polîcromo, ya estâ en la jaula?---pregûntale a
el eunuco Posides el centuriôn.
----Sî sî, cumple con su castigo.
----Bueno, a ver, quiên se encarga de la prôxima tirada con los arilos del Taxus?
----Yo, Cornelia, la tiro yo, que hace rato que no juego a nada---dice Cotisôn.
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