Mittwoch, 20. Oktober 2021

La cazuela de Vitelio (895)

        

         La numeral salida en una tirada del centuriôn con los arilos del Taxus,

y dado a la significancia que tenîa seguido al proceso de sumatoria dador de

un igual a,  el producto final, uno solo y concretamente el justo, hîzolo râpi-

do  recordar la cantidad de soldados que perdieron la vida en la ûltima bata-

lla  en Nicôpolis, un combate inexorable contra legiones oponentes, aunque

asimismo que famosas por dar calaña eficaz de estrategias de ataques y tiros

con catapultas, por no decir, agregar, añadir que un tanto temidas por el ine-

ludible hecho de contar con una buena cantidad de mirmilones que parte for-

maban de ellas por tener asegurado un peculio extra, o sea, fuera del que en

las arenas ganaban conduciendo cuadrigas con laminas aceitadas y cortantes

en cada una de sus ruedas, salientes de êstas y garantes de una humana car-

nicerîa, por lo que de extrañar no era que oyêrase el aviso con fuerza de voz:

acêrcanse las matonas en movimiento, acêrcanse!! Mas si algo seguido pasa

no es otra cosa, que la llegada al lûdico con los arilos del Taxus tanto de Lo-

lia Paulina como de Cotisôn Alanda Coto, los que (al parecer?) captaron una

especie de resonancia que los atrajo acopas, y expandiendo inteligiblemente

un contenido perteneciente a la alcheringa.

----Yo no me asombrarîa por tal acercamiento de ustedes, y cômo, si mâs de 

hecho que (de)recho, un componente senil fue traîdo por mi memoria.

----De quê usted habla, centuriôn, a quê se refiere?----pregunta Sabinsqui.

----Si usted me deja explicar yo claro de lo que se trata----dice Cotisôn.

----Todo oîdo señor, todo!!

----Acâ el centuriôn estaba con el recuerdo de una tremendîsima batalla en

Nicôpolis, que fue la ûltima en la que participô como jefe de una centuria. Y

quiên mejor que yo para saber que fue la ûltima, si precisamente êl estuvo y

en mi corte, en Ferencia, no mucho despuês de ella--- -dice Cotisôn a la vez

que pregûntale al centuriôn: se recuerda usted de lo que dîjele en el entonces

aquel?

----Lo que usted me dijo cuando yo contemplaba los helechos?

----Sî, centuriôn sî!!

----A ver si no lo recuerdo mal. De que cuando usted fue mirmilôn preferîa la

valentîa mâs que la prudencia; pero que siendo rey mâs la prudencia que la va-

lentîa: es correcto?

----Ademâs que de correcto textual, sin cambiar ninguna palabra.

----Vaya memoria la de usted, centuriôn, vaya cuâl!!, pero saben de quê yo me

acuerdo?

----Diga usted, Lolia Paulina, diga---pide el centuriôn.

----De que ese mismo dîa, en el mismo lugar, usted me dio la noticia de que y

mi hija Dido era reina y tenîa familia, y de que la habîa conocido en Cutulia.

----Estamos iguales en cuestiones de memoria, sî, cômo no?

----Y usted no sabîa eso de su hija?----pregunta Sabinsqui.

----No, porque hasta ese momento yo no sabîa nada de ella por haberme ido y

con este que estâ aquî---responde Lolia Paulina señalando a Cotisôn.

----O sea, que usted abandonô a su hija?

----No lo veo como un abandono, no, no lo veo asî.

----Es que ella era amante de las cuadrigas; y yo, siendo mirmilôn, antes de rey,

se largô conmigo---dice Cotisôn Alanda Coto.

----Eran tiempos difîciles, y mi situaciôn econômica era bastante seria, por lo y

que decidî buscar una soluciôn: usted no sabe que quien no se arriesga no triun-

fa?

----Eso dicen, Lolia Paulina, pero habrîa que tener en cuenta de que a quien us-

ted dejaba era a su hija, a su propia êsta---considera Sabinsqui.

----Ya sê que suena bastante desagradable, mas hay cosas que por destino suce-

der deben.

----Pero saben una cosa?

----Cuâl, Euticô, cuâl?----pregunta Lolia Paulina.

----De que es increîble de que el centuriôn haya sobrevivido a la batalla en Ni-

côpolis, pero que haya sucumbido a causa de una avalancha que cayôle encima.

----Cual motivo fue la lluvia de flechas disparadas al ibex que estaba cuasi y en

la cima de una montaña---dice el centuriôn.

---Yo fui el ûnico que sobreviviô gracias a la cabeza de muflôn que llevaba con-

migo---dice Euticô.

----Y quê tiene que ver tal cabeza?---pregunta Sabinsqui.

----Que con los cuernos de êsta puede abrir un hueco en la nieve y salir a la su-

perficie. Despuês, por mi debilidad, un granjero me alimentô con leche de cabra

fresca, mas cuando ya estuve recuperado en vez de regresar a Ferencia tomê la

direcciôn opuesta, terminando en caer prisionero de la tribu germânica. 

----De la tribu de donde salieron, enviados por Atabân, los cuatro guerreros es-

pecializados en el manejo del secespita  y causantes de mi muerte--agrega Coti-

sôn Alanda Coto.

----Y por quê esos guerreros hicieron eso?----pregunta Sabinsqui.

---Porque al yo caer reo de la tribu tuve que decir quiên habîa dado el edicto del

rescate de los prisioneros ferencianos---responde Euticô.

----El rescate que no pudo hacerse precisamente por la avalancha que nos cayô

encima---agrega el centuriôn.

---Cômo se nota que es usted un artista, un hacedor de estatuillas [...] imposible

de que llegara a ser un Galo Quinto Bonoso----dice Cotisôn Alanda Coto.

----Cotisôn, sabe usted lo que es estar cinco dîas a base de pan y agua?--Euticô

pregunta.

----El honor de un militar sobrepasa cualesquier carencias alimenticias.

----Y usted lo acaba (de)cîrmelo: como se nota que usted es artista, un hacedor

de estatuillas....

----Y quê pasô despuês de la muerte de Cotisôn Alanda Coto?

----Sabinsqui, que yo mandê al eunuco Posides a que le informara a mi hija de

las ûltimas novedades en Ferencia, asimismo que de la muerte de Cotisôn, del

centuriôn y del secretario, el que habîase ahorcado, aunque le pedî que fuese y

preparando un combate de cuadrigas, ya que pronto harîale una visita...

----Una rectificaciôn, Lolia Paulina---dice el eunuco Posides que regresa segui-

do a entregarle el guacamayo polîcromo al padre de Casandra--, que la peticiôn

usted la mandô a decir despuês con el mensajero enobardo, el que montaba un

caballo negro.

----De eso no me acordaba.

----Pero no entiendo una cosa---dice Sabinsqui.

----Cuâl?----pregunta Lolia Paulina.

----Cômo es que usted mandô al eunuco Posides a ver a su hija si precisamente 

fue un reo de ella?

----Una buena pregunta, Sabinsqui, mas escuchê por el propio eunuco quê fue y

lo que pasô.

----Que me agradeciô por la informaciôn, y hasta me dejô ver el trêbol de cuatro

hojas que yo habîa traîdo de Apragôpolis, y que estaba en manos de Rubria.

----Êse era mi trêbol, mi querido trêbol---dice Cornelia.

----Y si era suyo cômo es que lo tenîa el eunuco y estaba en manos de Rubria?

----Sabinsqui, parece un embrollo, mas le explico. Rubria era mi mejor amiga y

el eunuco Posides apoderôse del trêbol al yo morir, ya que pensô que crecerîa en

buenas manos.

----Por mi culpa usted feneciô, Cornelia---dice el eunuco Posides.

----Por ingerir una dosis de gayuba en una infusiôn pensando usted que era de la

hoja de la borraja...

----Cômo, que el eunuco estaba en dos lugares a le vez?

----No, Sabinsqui, eso fue antes de lo sucedido en Ferencia, y en Apragôpolis, la

ciudad del ocio, y en los tiempos en que el eunuco Posides trabajaba en la taber-

na en funciôn de su limpieza.

----Sempronia recogiô a Tito (de)bajo de una col!!---afirma el centuriôn.

----Ya sê el porquê usted dice eso, centuriôn, ya sê---dice Cotisôn Alanda Coto.

----Pues yo no entiendo---dice Cornelia.

----Es que, Cornelia, desde el punto de vista historiogrâfico, a Sempronia se le y

conoce bajo el nombre de Cornelia, la madre de los dos tribunos de la plebe mâs

ilustres de la historia de la Repûblica romana.

----Tiberio y Cayo Graco---agrega el centuriôn.

----Y yo que fui violada por un emperador, mas mi hija Sunev nada tiene que ver

con la plebe, y de esto bien que sabe Flacius Ilyricus---dice Cornelia.

----Ya sê de su primera hija, pero el padre es Kosmos---dice Lolia Paulina.

----Cômo que el padre Kosmos, si su esposa es Rubria?---pregunta el eunuco.

----Y Rubria no dijo usted que era su mejor amiga?---pregunta Sabinsqui.

----Êsa es una vieja historia, pero por aquel entonces aûn Rubria no era la esposa

de Kosmos---dice Cornelia.

----Esto es una marea de informaciones, la que me ha hasta provocado un fastidio

de testa---revela Sabinsqui.

----Y quê me dices del guacamayo polîcromo, ya estâ en la jaula?---pregûntale a

el eunuco Posides el centuriôn.

----Sî sî, cumple con su castigo.

----Bueno, a ver, quiên se encarga de la prôxima tirada con los arilos del Taxus?

----Yo, Cornelia, la tiro yo, que hace rato que no juego a nada---dice Cotisôn.

























 












































 






 








    

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