Freitag, 22. Oktober 2021

La cazuela de Vitelio (896)

         

       Someramente informôse Kalîas sobre El bullicio en el silencio, de su na-

rrativa que retrocedîa a los tiempos de su majestad Vologeso. De suceder pa-

sô debido a su estancia breve en la Kosmona, mas con el objetivo preciso de

barruntarle  a Kosmithôs que dadivâbale el crôtalo, menos que por el interês

concreto de penetrar en la lectura y, una vez enfrente de la hasta el momento

sûmula de letras, cuasi como que deplorar a raîz de que su conciencia proce-

sara un inveterado contenido que êl mismo conociô muy bien, porque como

ya sâbese lacayo fue de la criatura mayestâtica susodicha. De entre lo que y

pudo  saber de forma superficial, morigerando un aumentativo de visualiza-

ciôn de sus retinas, mas no por esto exento de un asombro por cuestiones de

pincelamiento, descolla el dato de la forma insôlita con la que el imaginati-

vo artîfice recrea un carnaval semântico, aunque asimismo la pericia con la

que vâlese para hilvanar una cosa con otra engendrada por el magîn, el que

en resumidas cuentas no caracterîzale ni la parvedad ni la indiferencia fren-

te a imagos de îndole complejas, no ya decir que cercanas por encontrar en

êl una forma de vestimiento que de facto necesitan, de imprescindible arro-

pamiento  que conviêrtelas en diamantes cupulares que si no en estrellas de

marfil. Habrîa que ver que Sabinsqui recordôle algunos aspectos de su per-

sonalidad, menos que su toque escênico una forma anâloga de verse pasan-

do por el mundo, por el ineludible escenario de las querellas absolutas, por

la tabla fijada a un entramado que môntase y desmôntase por ordenanza de

la voz dirigente de la representaciôn, la que nada sabe de *peinar la jirafa

cuando  lo que trâtase es de atiborrar las taquillas con monedas benefician-

tes y el espacio con un burujôn de aplausos tan efîmeros como aquello que

el viento se llevô, igual si algûn Domingo con infaltable homilîa que un in-

deleble Viernes con un nûmero de terror. Sobre el pucho cuestionô uno de

esos  aspectos; sin embargo, que confrontarse a uno mismo es algo que no

debe carecer de sinceridad, vigor y laboro constantes, la forma con la que

lo hizo no fue la mâs efectiva, sino una mâs bien de jaez totalmente opues-

to a lo que verdaderamente deberîa ser, de lo que sale que en vez de un de-

tallado profundizar resultô ser algo înfimo, quedando entonces tal aspecto

desnudo en su condiciôn, tal estado que por extensiôn pudiera parangonar-

se con el de una imago.

       El vate [con su dadorîa tildada no mofâbase sino que] hacîale saber a 

Kalîas, que en el magîn siempre hay un edecân; o mejor dicho, que el ma-

gîn es el mejor edecân para encontrar las confluencias de los llamados co-

ralinos  ofrecimientos, es decir, la uniôn de coloridades profundas sustan-

ciadas  a su vez que dispersas en una dimensiôn, una que es infinita en lo

referente a lo creacional, pero que finita en lo atinente al lugar que tiene,

razôn  por la cual el que ocûpase de las letras, estâ a su servicio, halla go-

zo y demuestra perseverancia con el uso de la pluma, penetra en lo que es

ilimitado-limitado; radicando aquî, si acaso el problema (que si no la po-

sible dificultad), de sentirse como expuesto al imperativo de dos partes y

de gran relevancia, y que hasta cierto punto bastamente conocidas son el

hontanar (de ôrdago) de la poiesis, empero que asimismo de la retahîla y

de auroras dejantes de un deleite y asperjar conspicuos, antîdoto capitalî-

simo contra cualesquier deformaciones que a lo gayo engurran.   

---Sabe usted una cosa, vate?, que esta exposiciôn verbal a mî no me sir-

ve de mucho; que de hecho me dejô tan perdido como Martîn en el bos-

que---dice Kalîas.

----Martîn en el bosque!!, vaya paradigma de perdiciôn con el que usted

se compara...

----No es que me compare, sino que es lo mejor que conozco para poner 

un ejemplo de perdiciôn.

----Por quê sucede o a quê dêbese no es mi materia, la que domina mara-

villosamente el didâscalos filosôfico.

----No lo serâ, pero usted no puede hablar de forma mâs fâcil?

----Gracias por decirme indirectamente poeta, que al fin lo soy...

----Cômo, quê quiere decir usted con eso?, si êsa no fue mi intenciôn.

----No directamente.

----A ver, Kalîas, venga, que le explico, que estos contertulios son como

soldados del ejêrcito de la verba---dice el didâscalos filosôfico.

----Pero que sea rapidito, didâscalos, que yo sôlo vine a regalarle el ins-

trumento a Kosmithôs---pide Kalîas.

----Eso pertenece a mi materia: lo râpido y lo corto.


         Quince minutos despuês de la tempestiva dilucidaciôn, la que ni aun

siendo rauda fue del entendimiento de Kalîas, el didâscalos filosôfico me-

nos que volver a explicar lo explicado, porque êl mismo sabîa que de mu-

cho no iba a servir, ya que dado a su experiencia consciente estaba de que

quien no capta en la primera vez rara vez en la segunda, ni aun dicho de y

algûn modo o de otro, allende de que por cambiar las palabras, la riqueza

de los enfoques y la su(b)stancialidad del contenido pudiêrase caer dentro

de lo onomado contingencia, tiene en cuenta (muchitantamente) algo por

el vate amplificado y llegado a puesto al final de su ûltimo discurso; a sa-

ber: antîdoto capitalîsimo contra cualesquier deformaciones que a lo gayo

engurran. Edujo entonces, a raiz del anâlisis correspondiente o el examen

adecuado, que si el vate ubiese empezado su discurso como lo terminô, la

perîstasis de transfondo que mantûvole activa la fluencia verbal sin ningu-

na cavilaciôn hubiese dado lugar a una ingente polêmica impostergable e

impepinable, ya que bien produjo una combinaciôn, si no que un pastiche

inesperado, entre lo que es materia apolînea y câlculos con los que traba-

jaron unos cuantos autores del mundillo que relaciônase con la bûsqueda

de  la verdad; aunque êsta, como ya sâbese, sea relativa, lo que ni signifi-

ca ni representa que como tal dêjese de buscar. Asimismo habrîa que ver,

y por la misma razôn (la del anâlisis o la del examen) que aprovechô eso

de  las cualesquiera deformaciones con el objetivo de pensar brevemente

en una "anamorfosis"  ( o un anamorfismo), que precisamente no es otra

cosa que la deformaciôn (irreversible) de una imago estando alterada, de

tal modus que recupera su forma (original) al mirârsele desde un ângulo

determinado o a travês de un espejo cilîndrico o cônico, sin agregar y de

que êstos, a su vez, pudieran ser elementos funcionales con los que fun-

damentarîa un "erastis del mundillo susodicho su "erotas por un "quiliô-

gono", figura pinacular entre doctos y polîmatas para ilustrar cuestiones

que jamâs serîan cosiatas, y que de facto claran lo que ningûn manual ni

folleto.

----Didâscalos, usted ha quedâdose muy callado, como si pensara, no?

----Asî es vate, pero nada de importancia sobre la lînea recta...

----Despegue del punto A para aterrizar en el B.

----La distancia entre dos puntos permite cualesquier tipos de transpor-

tes, mas le captê su crayolamiento como vate.

----Saben ustedes una cosa?

----Cuâl, Kalîas, cuâl?---fisga el didâscalos filosôfico.

----Que me voy al templo de Jano Quirino a darle el crôtalo a Kosmithôs.

----Pues tendrâ que esperar que termine la ceremonia...

----Tiempo tengo para el paso lento.

----No hace falta que me explique, Kalîas; pero, y que quêdele claro, no y

siempre funciona un mêtodo como êse.

----Didâscalos, y no le gustarîa tocar un poco el crôtalo?

----Eureka!!, tiempo que no lo hago, pero ahora no, tal vez mâs adelante,

cuando lo tenga Kosmithôs.

----Un filôsofo con ritmo!!

----Y acaso no un vate con filosofîa, vate?

-----Pues entonces me despido, y hasta la prôxima---dice Kalîas.

-----Vaya con su paso!!

-----Con êl, vate, con êl!!

----O con el edecân---dice el didâscalos filosôfico.

----Y risas del vate.








 







 




   






 






 















 











  

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