Donnerstag, 6. Januar 2022

La cazuela de Vitelio (928)

     Sin una gaya tejedura de una verba tenorîfica, amên de la que no pudo eludir

 acentuaciôn ritmâtica procedente de un dialecto, el barquero de la ciudad que y

apellîdase del ocio hace un resumen de las recientes novedades en Apragôpolis.

Llamaba algo la atenciôn el detalle de que a pesar de ser un resumen le caracte-

rizaba una cierta exiguedad, lo que significaba como tal que lo contado era cor-

tîsimo o breve, pero por lo menos lo que iba siendo posible en la ciudad susodi-

cha, y a raîz de los cambios engendrantes de ciertas y determinadas consecuen-

cias que ya eran cotorreo repetido por los onomados biberius, los asiduos por y

antonomasia a la taberna, iba siendo escuchado de cerca por Dido con sumo in-

terês, ya que con el tiempo pudiera suceder que la locaciôn de Bedriaco repletâ-

rase de emigrantes, y por esta razôn ya deberîa a empezar a tomar las debidas y

justas medidas sobre todo reforzando la vigilancia del puerto, de la que ostensi-

blemente encargarîase una sûmula de soldados bâtaros.

   Simultâneamente Circe conversaba con las âcraticas Lucila y Crotonia. Êstas

quedaron un tanto atônitas, con ese abrir de boca que deja frente a la vista una

medida exacta del componente del cuerpo por donde penetran los menesteres y

alimentos, los sustanciables imprescindibles y placenteros, al escuchar de aquê-

lla la revelaciôn de que era amante de la alpistera, algo que ellas siempre creye-

ron que era una tortilla que sôlo ingerîase en la ya desaparecida însula de la Es-

puma (isla de Aphros), y por êsta contar con una ingente cantidad, casi una mi-

llonada de quelonios dadores del indefectible huevo, a su vez que el ideal hue-

vo  para hacer el pastiche con otros productos que tambiên lleva tal tortilla, ya

que al ser garante de una consistencia fundamental asî quedô clasificado por y

las amantes de la tortilla dado a su repeticiôn como alimento, allende de ser el

plato fuerte, para clarar con mâs precisiôn. En lo atinente a los otros productos

habrîa que decir que harina, ajonjolî o sêsamo, siendo los dos ûltimos especîfi-

camente los mâs afectados por las nuevas leyes entradas en vigor en la ciudad

del ocio, descollando entre alguna de êstas la restricciôn de la adquisiciôn a fa-

negadas de tales productos, lo que no quiere decir que dejase de existir la torti-

lla, mas que sî que el sabor no iba a ser el mismo de siempre, ya que al carecer

de la cantidad justa, exacta y debida de aquêllos la diferencia notarîase rapîdito

o sobre el pucho.

---Estâ claro que quieres decir, que dado a la restricciôn hay que controlar la y

cantidad, si es que quiêrese que no se gasten râpido esos productos.

----Asî es, Lucila, lo has dicho correctamente---dice Circe.

----Pero, Circe, tû has venido a Bedriaco por esa razôn, êse es el concreto mo-

tivo?---indaga Crotonia.

----Claro que no es el concreto el de la restricciôn de tales productos, sino mâs

bien la consecuencia general que se ha creado a partir de la restricciôn, la que

no sôlo es de los productos. Miren, la zona de Omonia cuasi que estâ vacîa de-

bido a que las nuevas leyes han afectado los salarios, algo hasta el momento e

insôlito en esta zona, jamâs visto o experimentado por mî desde que laboro en

ella.

----Una amiga de nosotras vive allî---dice Lucila.

----Dônde, en la zona de Omonia?

----No, Circe, en Apragôpolis.

----Ah, porque esa zona es un tanto cara por el servicio que ofrece.

----Y cômo tû conociste la alpistera, Circe?---fisga Crotonia.

----Alguna vez, que ya no recuerdo cuândo fue, algûn cliente entrô con un pa-

quete en mi cuarto; venîa hambriento, segûn me dijo, y se sentô frente a mî a la

vez que abriô el paquete. Inmediatamente yo divisê la tortilla, mas sin saber, ig-

norando que se llamaba alpistera. Ese dîa la probê, y entonces me gustô.

----Y conoces el alquermes?

----No, eso no, quê es?

----Un licor agradable y fuerte, y el que en la isla de Aphros tomâbamos al y co-

mer la alpistera.

----Sobre costumbres no se discute, por lo menos yo no hago eso. No, nunca he

oîdo hablar de ese licor en la ciudad del ocio.

----No serîa posible que en la taberna se tome?

----No lo sê, Lucila, tal vez lo sepa el barquero, que êl sî que visita de vez y en

cuando ese local, no yo.

----Bueno, que tampoco es importante como para preguntarle a êl.

----Circe, y quê tienes pensado hacer aquî en Bedriaco, donde no hay ni una zo-

na tan siquiera parecida a la de Omonia?

----Primeramente debo buscarme dônde vivir, y despuês ya verê. Por lo que he

oîdo aquî el nivel de vida es mâs alto, no?

----No podemos comparar, porque nosotras nunca hemos estado en Apragôpolis.

----Y ustedes a quê se dedican, quê hacen?

----Circe, nosotras a estar en palacio y salir a dar una vuelta---responde Crotonia.

----Cômo, tienen dinero como para darse el lujo de no trabajar?

----Tenemos nuestros ahorros, y aquî en palacio no gastamos nada.

----Vaya privilegio el de ustedes, vaya cuâl!! Y cômo ustedes llegaron aquî?

----Nosotras?, nadando!!

----Cômo que nadando, verdad?

----Sî, nadando. Pero escucha, que te contamos.


        Regresando a la conversa entre Dido y el barquero Hagapajitas de Falogra-

cia; y con la compañîa, claro estâ, de la botellita de conditum paradoxum, no es-

taba muy convencido êste de que la cosa llegase tan lejos para convertirse en un

problema de cambio temporal de habitâculo o definitivo de lugar, sino que tal y

vez de revuelta interna, cual centro de su preparaciôn podrîa ser la taberna mis-

mîsima, debido precisamente a que la autoridad ni sospecharîa que el local don-

de confluyen una sûmula de amantes del vino caliente fuese el mâs propicio pa-

ra hilvanar ciertas ideas o proposiciones planteadas por una buena cabeza, y las

que a cabalidad trabajadas pudieran organizarse en funciôn o de una promaquia

o de un ataque acopas al cuartel general, hontanar de las fumbinas que dirîan la

ûltima palabra, a no ser que la revuelta fuese de jaez primitiva y la forma de en-

frentamiento basârase en el lanzamiento de piedras. Empero a pesar de estas pa-

labras del barquero; Dido, por su visiôn mâs amplia y su experiencia muchitan-

to larga en el ambiente mayestâtico, abogaba su propia verba ya susodicha de y

reforzar la vigilancia del puerto, razôn por la cual mandô con el cibiosactes y a

decir al magister equitum que comunicârale al controlador peonio el motivo o

el porquê de la presencia de los soldados bâtaros prontamente en el puerto, pe-

ro asimismo que cumpliera con el cometido de hacer lo que êstos le dijeran sin

perquirir en la causa de ningûn edicto, que de facto provenîa de ella misma.




































  




  









Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...