Sin una gaya tejedura de una verba tenorîfica, amên de la que no pudo eludir
acentuaciôn ritmâtica procedente de un dialecto, el barquero de la ciudad que y
apellîdase del ocio hace un resumen de las recientes novedades en Apragôpolis.
Llamaba algo la atenciôn el detalle de que a pesar de ser un resumen le caracte-
rizaba una cierta exiguedad, lo que significaba como tal que lo contado era cor-
tîsimo o breve, pero por lo menos lo que iba siendo posible en la ciudad susodi-
cha, y a raîz de los cambios engendrantes de ciertas y determinadas consecuen-
cias que ya eran cotorreo repetido por los onomados biberius, los asiduos por y
antonomasia a la taberna, iba siendo escuchado de cerca por Dido con sumo in-
terês, ya que con el tiempo pudiera suceder que la locaciôn de Bedriaco repletâ-
rase de emigrantes, y por esta razôn ya deberîa a empezar a tomar las debidas y
justas medidas sobre todo reforzando la vigilancia del puerto, de la que ostensi-
blemente encargarîase una sûmula de soldados bâtaros.
Simultâneamente Circe conversaba con las âcraticas Lucila y Crotonia. Êstas
quedaron un tanto atônitas, con ese abrir de boca que deja frente a la vista una
medida exacta del componente del cuerpo por donde penetran los menesteres y
alimentos, los sustanciables imprescindibles y placenteros, al escuchar de aquê-
lla la revelaciôn de que era amante de la alpistera, algo que ellas siempre creye-
ron que era una tortilla que sôlo ingerîase en la ya desaparecida însula de la Es-
puma (isla de Aphros), y por êsta contar con una ingente cantidad, casi una mi-
llonada de quelonios dadores del indefectible huevo, a su vez que el ideal hue-
vo para hacer el pastiche con otros productos que tambiên lleva tal tortilla, ya
que al ser garante de una consistencia fundamental asî quedô clasificado por y
las amantes de la tortilla dado a su repeticiôn como alimento, allende de ser el
plato fuerte, para clarar con mâs precisiôn. En lo atinente a los otros productos
habrîa que decir que harina, ajonjolî o sêsamo, siendo los dos ûltimos especîfi-
camente los mâs afectados por las nuevas leyes entradas en vigor en la ciudad
del ocio, descollando entre alguna de êstas la restricciôn de la adquisiciôn a fa-
negadas de tales productos, lo que no quiere decir que dejase de existir la torti-
lla, mas que sî que el sabor no iba a ser el mismo de siempre, ya que al carecer
de la cantidad justa, exacta y debida de aquêllos la diferencia notarîase rapîdito
o sobre el pucho.
---Estâ claro que quieres decir, que dado a la restricciôn hay que controlar la y
cantidad, si es que quiêrese que no se gasten râpido esos productos.
----Asî es, Lucila, lo has dicho correctamente---dice Circe.
----Pero, Circe, tû has venido a Bedriaco por esa razôn, êse es el concreto mo-
tivo?---indaga Crotonia.
----Claro que no es el concreto el de la restricciôn de tales productos, sino mâs
bien la consecuencia general que se ha creado a partir de la restricciôn, la que
no sôlo es de los productos. Miren, la zona de Omonia cuasi que estâ vacîa de-
bido a que las nuevas leyes han afectado los salarios, algo hasta el momento e
insôlito en esta zona, jamâs visto o experimentado por mî desde que laboro en
ella.
----Una amiga de nosotras vive allî---dice Lucila.
----Dônde, en la zona de Omonia?
----No, Circe, en Apragôpolis.
----Ah, porque esa zona es un tanto cara por el servicio que ofrece.
----Y cômo tû conociste la alpistera, Circe?---fisga Crotonia.
----Alguna vez, que ya no recuerdo cuândo fue, algûn cliente entrô con un pa-
quete en mi cuarto; venîa hambriento, segûn me dijo, y se sentô frente a mî a la
vez que abriô el paquete. Inmediatamente yo divisê la tortilla, mas sin saber, ig-
norando que se llamaba alpistera. Ese dîa la probê, y entonces me gustô.
----Y conoces el alquermes?
----No, eso no, quê es?
----Un licor agradable y fuerte, y el que en la isla de Aphros tomâbamos al y co-
mer la alpistera.
----Sobre costumbres no se discute, por lo menos yo no hago eso. No, nunca he
oîdo hablar de ese licor en la ciudad del ocio.
----No serîa posible que en la taberna se tome?
----No lo sê, Lucila, tal vez lo sepa el barquero, que êl sî que visita de vez y en
cuando ese local, no yo.
----Bueno, que tampoco es importante como para preguntarle a êl.
----Circe, y quê tienes pensado hacer aquî en Bedriaco, donde no hay ni una zo-
na tan siquiera parecida a la de Omonia?
----Primeramente debo buscarme dônde vivir, y despuês ya verê. Por lo que he
oîdo aquî el nivel de vida es mâs alto, no?
----No podemos comparar, porque nosotras nunca hemos estado en Apragôpolis.
----Y ustedes a quê se dedican, quê hacen?
----Circe, nosotras a estar en palacio y salir a dar una vuelta---responde Crotonia.
----Cômo, tienen dinero como para darse el lujo de no trabajar?
----Tenemos nuestros ahorros, y aquî en palacio no gastamos nada.
----Vaya privilegio el de ustedes, vaya cuâl!! Y cômo ustedes llegaron aquî?
----Nosotras?, nadando!!
----Cômo que nadando, verdad?
----Sî, nadando. Pero escucha, que te contamos.
Regresando a la conversa entre Dido y el barquero Hagapajitas de Falogra-
cia; y con la compañîa, claro estâ, de la botellita de conditum paradoxum, no es-
taba muy convencido êste de que la cosa llegase tan lejos para convertirse en un
problema de cambio temporal de habitâculo o definitivo de lugar, sino que tal y
vez de revuelta interna, cual centro de su preparaciôn podrîa ser la taberna mis-
mîsima, debido precisamente a que la autoridad ni sospecharîa que el local don-
de confluyen una sûmula de amantes del vino caliente fuese el mâs propicio pa-
ra hilvanar ciertas ideas o proposiciones planteadas por una buena cabeza, y las
que a cabalidad trabajadas pudieran organizarse en funciôn o de una promaquia
o de un ataque acopas al cuartel general, hontanar de las fumbinas que dirîan la
ûltima palabra, a no ser que la revuelta fuese de jaez primitiva y la forma de en-
frentamiento basârase en el lanzamiento de piedras. Empero a pesar de estas pa-
labras del barquero; Dido, por su visiôn mâs amplia y su experiencia muchitan-
to larga en el ambiente mayestâtico, abogaba su propia verba ya susodicha de y
reforzar la vigilancia del puerto, razôn por la cual mandô con el cibiosactes y a
decir al magister equitum que comunicârale al controlador peonio el motivo o
el porquê de la presencia de los soldados bâtaros prontamente en el puerto, pe-
ro asimismo que cumpliera con el cometido de hacer lo que êstos le dijeran sin
perquirir en la causa de ningûn edicto, que de facto provenîa de ella misma.
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