Mittwoch, 12. Januar 2022

La cazuela de Vitelio (931)

     Ya asegurâbase Circe clientes de varios sitios de Bedriaco, algo que sucedîa 

a la vez que caminaba y en funciôn de buscar la casa propicia, pero de entre las 

que Dido habîale dicho que estaban disponibles para el negocio que financiarîa

aceptadas las condiciones que ella misma puso, amên que un tanto desajustadas

e intempestivas para el negocio del que tratâbase, asimismo que casi imposible

que cumpliêranse taxativamente en un mundillo en que precisamente tales con-

diciones resultan extrañas al entrar en funciôn la fruiciôn que como cupular de-

finirîase, sin que por asociaciôn piênsese que es la altura pertinente para el col-

gar de campanas, para un toque de êstas previo a una ceremonia del jaez que y

fuese, y ya puesta la mitra en la testa de un oficiante teolôgico. Entre las mûlti-

ples y diversas identidades mâsculas que echâbanle una miradita tan parecida

a un masaje visual que satisface o contenta, aunque por razones de orgullo o de

sensatez ni se revele ni se comente, estaban tanto las de los solteros como la y

de los casados, aunque siendo de las dos la de êstos la de mayor cantidad de y

observadores concrentrados, de atizadores en puesto, de retinas abiertas con y

mâs penetraciôn y vigor. Mas Circe, que hacîase la desdeñosa por cuestiones

de estrategia, ya que dado a su experiencia la carne dura mâs dândose a comer

en trocitos, siguiô como si nada pasara en busca de su telôs, su fin, su meta, y

exenta como tal de alguna sonrisa y revelaciôn anunciantes de que el visual y

masaje habîa sido captado inmediatamente, sin que nada interpusiêrase y con

suma rapidez, mas completamente segura de que un peculio por llegar estaba

asegurado, como tambiên que no serîa precario. Non plus ultra de una casi ho-

ra---faltaban siete minutos para que êsta llegase a su sûmula de minutos com-

pleta---ya habîa mirado todas las casas disponibles y ninguna pareciôle la de-

bida o adecuada para el negocio; allende que ninguna contaba con las caracte-

rîsticas correspondientes tampoco con una sola puerta, como habîa dispuesto

Dido al plantear las condiciones. Sucediô entonces que decidida a retornar a

palacio para informarle a la reina sobre el resultado de la bûsqueda, pasa (sin

saberlo) por el barrio de los Sigilarios, siendo aquî donde da con la casa justa

y exacta, pero lamentândose al percibir que carecîa tanto de techo como de y

una sola puerta. Empero si otra cosa no sabîa--si de saberlo entrarîa a coloca-

ciôn, por cuestiones de resonancia e influencia, lo atinente a la creencia y su

tipo, porque de acuerdo a sus exigencias, puntos y detalles, procesa tanto lo

existencial como lo que no, de lo que sale la forma de interpretaciôn y la me-

todologîa con la que trabâjase un tema determinado y un punto de vista espe-

cîfico----era la referente a que la casa era la de los difuntos  y con la numeral 

459, la que estâ en medio de la con la numeral 460  (la de Antîmaco de Oca-

mitan y la con la numeral 458 (la de Gaye Macinas, el controlador del navîo

en los tiempos de Vologeso, y el que tuvo como concubina a Konfuza). Que-

darîa solamente por saber cuâl serîa la verba de Dido, su manera de reaccio-

y su creencia en lo tocante a la casa, lo que si acaso, tal vez o a lo mejor eri-

girîa  en ella el deseo de repararla; lo que significa, sin cavilaciôn avanzada

o sospecha floreciente, una inversiôn del capital menester. Mas antes de lle-

gar a palacio sucede acopas una cosa, y que no es otra que el encuentro y de

Circe con Kalîas, y en el instante preciso en que êste peinaba las plumas de

un gallo con destacada jovialidad.

----Señor, por quê usted pâsale ese cepillo a las plumas del gallo?---indaga

por curiosidad Circe.

----Porque se han muerto todos mis halcones de un virus y ahora peino a lo

que es un sîmbolo sempiterno de algo, sîmbolo que, como tal, me deja una

alegrîa: sabe usted cuâl es el simbolo?

----Quê lamentable lo de sus halcones, señor, mas de cuâl sîmbolo usted y

habla?

----Con su porte y aspecto seguro que usted no lo sabe? 


      Mas en lo que llegaba Circe a palacio, y al canto de el permiso dado por la 

campesina; la bailarina pelirroja  (Corônide), con el debido cuidado, pônele en

la testa de Ateriana el Kekrifalo, pero como su cabeza para tal objeto era dema-

siada pequeña quedâbale entonces como una corona, segûn opiniôn de la baila-

rina, y razôn por la cual sobre el pucho pregunta la campesina:

----Y por quê como una corona, y no como un sombrero o algo parecido?

----Sî, tienes razôn, por quê no, mas no sê el porquê de pensar en una corona...

----Puedo creer que lo pensaste como para querer decir que sobresale el objeto 

 bastante en la testa de mi hija.

----Tû sabes quê?, igual lo que sea, ya que lo que quise decir fue eso.

----Quê, te molestaste por la pregunta que te hice, o estâs enfadada?

---No no, nada de eso, es que algunas veces, y por mis impulsos de palabras sin

pensar concretamente lo que digo, respondo de esa manera.

----Por tus impulsos de palabras o por tus palabras impulsadas?

----Vale la rectificaciôn: lo segundo. Tû ves, ahora mismo es una alguna vez.

----Y risas de la campesina.

----Ah, ya veo que te diviertes con mis palabras impulsadas...

----No por eso, sino por la forma como lo dijiste.

----Y quê tiene la forma?

----Ven acâ, Corônide, tû como que te estâs pareciendo a mi padre.

----Quê, si yo ni tan siquiera tengo un medio nivel.

----Sî, ya sê, pero preguntê porque tû preguntaste, y la pregunta es un mêtodo y

muy utlilizado por mi padre...

----Pero si de preguntas se trata, tû no me preguntaste tambiên?

---Parece que soy yo la que tiene algo de êl, que al fin y al cabo es mi padre; y 

ni hablar de nivel, que ya eso es otra cosa, y de las mâs niveladas.

----Mira, increîble!!, tu hija misma se quitô el Kekrifalo.

----Pues sî que increîble, asî no mâs!! Y dime, Corônide: ya conociste a Circe?

----Directamente no, aunque por la resonancia de palacio ya sê que es oriunda de

Apragôpolis, como yo...

----Entonces sabes tû dônde estâ esa zona de Omonia, no?, porque yo cuando allî

estuve, en la ciudad del ocio, nunca pasê por esa zona.

----Claro que sê dônde estâ, aunque yo tampoco, nunca, jamâs estuve por tal zo-

na, pasê por ella; ahî hay dos cosas que se unen al mismo tiempo: peligro y gozo.

----Mira quiên viene por ahî: Circe, con la que me encontrê cuando salîa de pala-

cio y con la que me vuelvo a encontrar cuando regresa.

----Eso es si quieres, porque podemos irnos.

----Sî tienes razôn, vâmonos!!, que no me cae muy bien que digamos, aunque y

tampoco mal.























 


 




   






 




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