Montag, 31. Januar 2022

La cazuela de Vitelio (940)

     Mas como toda determinaciôn, que como ya dijôse (anteriormente) es una ne-

gaciôn, Kosmos no pudiese llegar a una con la cual la verba quedase apagada [ni

tan siquiera efîmeramente], sin alongamiento o sin uso, siendo êste el motivo en-

tonces por el cual preparâbase para la amplificaciôn oportuna de algo sucedido y

en el pasado, verbal tiempo que, como pretêrito, mantiene con fijeza, inmôvil la

fiesta que fue posible; mas que como dato o perîstasis encajaba tempestiva y per-

fectamente en la actual dialogizaciôn, la que precisamente tuvo su incunabula ya

intachonable con la verba de su tîo trayendo a puesto, a colocaciôn eso de "aque-

llos tiempos", lo que pudiera tomarse  (tambiên)) como un aliciente; sub hoc sig-

no como el beneficioso empellôn propiciante de dadorîas complacientes, igual y

dando cuântas y del jaez que fuesen, que a la postre y al cabo la marranada y del

diantre queda anulada al salir a escena êstas con la pudiencia que les caracteriza.

Brinca en puesto que no perjûdicase la margarita, que mâs bien serîa el sapo y el

padeciente de una emociôn, si es que êste tiene alguna a partir de una con soltura

imaginaciôn productiva, de aquellos tiempos saca Kosmos [mas que exacta y es-

pecîficamente los pasados en Apragôpolis, la ciudad del ocio, los que fueron die-

cisêis y a partir de un 23 de Marzo] la historia de un cazador senecto que habita-

ba en una casita de roble, y que por esta condiciôn raudo cansâbase en el instan-

te que danzaba al sonar la cîtara. Empero habrîa que reconocer, a la vez, que y a

pesar de la edad que tenîa sus ôculos conservaban una mirada sumamente apelli-

dada buena, y la que entonces asî era garante del atinar con los disparos de sus y

flechas, En lo atinente a esto deberîase tener en cuenta, porque para una cosa sî

y para la otra no, a pesar de ser la misma la vejez, la igualita, la que no puede re-

mediarse ni con talco ni con urgüentos secretos, dice Kosmos riendo, que la dife-

rencia entre piernas y ôculos sobre el pucho sobresale, descolla tremendamente,

por lo que necesariamente no es sôlo imprescindible poseer un suntuoso nivel de

reconocimiento (o de captaciôn) para que la diferencia hâgase visible. Al tener y

otra cosilla con la que puêdese alongar lo referente a eso de su apellîdada mira-

da buena; al contar con ella en lo mâs profundo de mi criticada nemôsine, crîtica

que yo he siempre tomado con jovialidad y soltura, con danza y salto (y aquî de

nuevo risas de Kosmos), sin perturbar o jorobar la individualidad exclusiva y de

un gentilicio que muchos conocen, cual cantidad de los que conôcenme es la in-

deleble y propicia si dudas o sospechas, queda (al)cance de los oîdos cercanos o

presentes aquî, sin descartar la posibilidad que en lontananza puedan (tambiên)

escucharme  "los oîdos mâs preparados" en recibir emisiones semânticas, de es-

te jaez que es el que mâs interêsame, por ser de la îndole que permite un mirîfi-

co lûdico y entrecruzamientos de sentidos con espuma y escarceo, elementos y

para decâpodos  (por el jolgorio que hacen del tiempo yendo para(de)lante tam-

biên que para(de)trâs), menos que para limitados en alcance con repetido tedio

(candelejones) por sus indiscreciones e insolencias....

----Kosmos, vas (a)cabar (de)cir la otra cosilla con la que cuentas?---pregunta

el didâscalos filosôfico.

----Câspita!!, que no me ha dejado usted poner el punto.

----Yo creo que esta vez, y antes de ponerlo, ya continuô la letra con una veloci-

dad tremenda.

----Entonces age para mî mismo: di la otra cosilla.


     La res es, didâscalos; bueno no êsta, sino la cosilla, que la mirada susodicha y

del cazador un dîa divisô unos carâmbanos que colgaban del techo de la casita de

roble; y si precisamente este hemêra, porque pudiera haber sido otro de los en una

sûmula posibles, por el hecho de que al ser tocados por los toques apolîneos, pero

no antes de la pasada de una grisalla nubosa, comenzaron a gotear incesantemente

toditos juntos, lo que trajo como consecuencia que en el terruño que estaba justa y

precisamente frente por frente a la puerta de la casita formârase un pastiche de tie-

rra y agua nada grato para la suela de las botas, quedândole entonces dos opciones

al cazador: o se quitaba las botas y quedaban limpias las suelas, o puestas se las y

dejaba y embarrâbase la planta de los pies.

----Kosmos, y toda esta verborrea para terminar en una simple cosa?

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, didâscalos, que la planta y

de los pies era su talôn de Aquiles.

----Eureka!!, que esta vez no te captê.

----Eureka? Y risas de Kosmos.


        Acopas, allende que como barrunte dejô perplejo a Kosmos, el tîo de êste to-

ma la palabra para noticiar que a tal cazador êl lo conocîô en persona, y hasta que

alguna que otra vez acomodaron sus tafanarios en la taberna (de Apragôpolis) pa-

ra conversar un rato concomitados por las copitas; pero que eso sî, y debido a la y

correspondiente razôn que ora no tiene relevancia, cuasi siempre que hacîan en el

local presencia buscaban las partes mâs oscuras de êste para ser menos vistos por

los asiduos biberius, los que ademâs de importarle poco llevar telas raîdas caracte-

rizâbales el irse de lengua al contar con la sumatoria de unas cuantas copas...

----Pero irse de lengua en tal condiciôn necesariamente es una caracterîstica de y

esos biberius?---pregunta Kosmos.

----A mi me parece que sî, porque no puede ser casualidad que todos hagan y lo

mismo en ese estado.

----Y cômo tû sabes que todos lo hacen?, embalarse asî con la lengua primero hay

que tener pruebas: tû las tienes?

----Kosmos, yo digo lo que de ellos oî decir [....], pero pruebas, siendo yo secutor?

----Câspita!!, y quê tiene que ver ser lo que uno es con tener pruebas de algo?

----Que yo por lo que soy no soy ni investigador privado ni policîa...

----O sea, que tienden mâs êstos a la pesquisa o al perquirir menos que al dejarse

llevar por lo que oyen?

----Ven acâ, dime: me estâs fastidiando?

----Te estoy mayeuticando!!

----Mayeuticando?, es un invento tuyo, no?

----Yo no invento, recuerdo.

----Quê, Kosmos, me tengo que reîr?----pregunta el didâscalos filosôfico.

----De la relevancia de los juegos lingüîsticos que proporcionan, facilitan o hacen

mâs fiestero el diâlogo?

----A ver, que si usted [a tenor de lo que estâ pasando] continûa respondiêndole a

Kosmos, nos vamos a quedar sin saber el final de su discursiva interrumpida, y en-

tonces le pregunto: por quê usted dijo que "cuasi" siempre que estaban en la taber-

na usted y el cazador buscaban las partes mâs oscuras, y no siempre, siendo igual

siempre el objetivo?

----Didâscalos, porque no siempre las partes mâs oscuras estaban vacîas, disponi-

bles para nosotros, por eso---responde el tîo de Kosmos.

----A mire usted, entonces a los biberius les caracteriza otra cosa: el gusto por las

partes mâs oscuras...

---Por un lado son indiscretos porque se van de lengua; por otro les gusta las par-

tes oscuras, que son sîmbolos de discreciôn? 

----Kosmos, ya te dije que son indiscretos cuando se pasan de copas, mas lo del y

gusto por esas partes no lo dije yo---dice el tîo de Kosmos.

----Ya le dije, con la intenciôn de advertencia, que no continuara respondiendo al

interrogatorio de Kosmos, que si no....

----No le he olvidado, didâscalos, no!!

----Pues pôngome circunspecto y no interrogo mâs---dice Kosmos (y risas), mas y

al pasar êstas dîcele a su tîo: mi tenencia del estupefacto no fue tanto debido a que

tû conocieras a ese cazador, sino que tû estabas en la ciudad del ocio, como yo, y

por aquel tiempo te daba por desaparecido; estabas en el mismo lugar en el que yo

te buscaba y nunca te encontrê: el desaparecido aparecîa en lo que yo padecîa por

la desapariciôn: tendrâ juego tambiên la vida?

----Tû nunca me dijiste que padecîas por eso.

----Tal vez no con estas mismas palabras, mas sî con otras que a lo mejor tû no cap-

taste...

----Vaya tarea sempiterna: captarte a ti: ralentizaciôn infaltable del sentido de la es-

cucha, en el caso que funcione. Ralentizar profundiza, y profundizar es acercarse a

las fuentes primordiales.

----A mî me parece, aunque reconozco que con lo que acaba (de)cir revela una muy

buena reflexiôn, que usted insiste en complicarse.

----Didâscalos, lo acaba de revelar usted: a usted le parece---dice el tîo de Kosmos.

----O sea, que no a usted?

----Pero en quê quedamos: me advierte de no continuar respondiendo al interrogato-

rio de Kosmos, y usted me interroga?

----Kosmos, nos reîmos juntos?

----Age en plural, didâscalos, age---responde Kosmos.

----Y entonces, cuâl es el final de la historia del cazador?---pregûntale al tîo de Kos-

mos Temîganes de Alejandrîa.

----Que ni supe ni sê mâs nada de êl, ya que hace ya bastante tiempo que me fui de

la ciudad del ocio.

----Kosmos, y tû tienes pruebas de que esa "historia" del cazador es real?

----Perrasiestes, tômame usted por policia o investigador privado?

----Una cosa es la historia; otra, el cazador---dice el didâscalos filosôfico.

----El cazador existiô, porque lo conociô tu tîo; se tomô con êl unas copitas en la ta-

berna en las partes menos claras de êsta---agrega Asonis.

----Kosmos, no hacen falta pruebas de que la historia estê en tu memoria...

----Temîganes, a la vez que se inventa se ocupa espacio, y al ocuparse êste algo y

queda----dice Asonis.

----Y acaso un espacio ocupado puede estar vacîo?---indaga el didâscalos filosôfico.

----Me parece que le debemos una pausa a Asclepio!!---afirma el tîo de Kosmos.

----Quê usted cree, didâscalos?

-----Kosmos, yo neutral, como los genitivos mâs cêntricos.

----Y risas de Kosmos.










 






 































 


  



 




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