Montag, 28. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (953)

     El guacamayo polîcromo, y despuês del castigo im-puesto por el progenitor

de Casandra, sale de la jaula como un disparo de flecha---la posibilidad de que

entrara otro en la misma jaula no existîa----y con el objetivo preciso de volver-

se a encontrar con el eunuco Posides. Pasados unos minutos ya estaba posicio-

nado al lado de êste, y con sus ôculos tan abiertos y con su mirada sumamente

penetrante, que por razôn de estas dos cosas por parangôn  pudiêrasele compa-

rar con uno de los halcones enviados al senecto omphalos del mundo por el se-

cuestrador de Europa. Mas el eunuco Posides no valiôse del perquirir pertinen-

te que a lo mejor o tal vez darîale la respuesta a la pregunta [corta porque no y

eran tîpico de êl las largas] que hîzose para sî mismo: Y por quê esta vez no se 

posô en uno de mis hombros?

    Mas si para el eunuco Posides el guacamayo ya no resultâbale extrañeza, pa- 

ra el tîo de Sabinsqui era todo lo contrario: tal especie asî, de varios colores, de

pico grande es muy rara de encontrarse en sitios embrisados por la sombra; pe-

ro mâs aûn, en donde existen grupos que forman un colectivo, un semântico in-

tercambio, una conversaciôn.

----Yo al respecto no pudiera decir mucho, señor; pero sî que poco: este guaca-

mayo se apareciô en mi cuarto muy crîpticamente; penetrô en êste por la venta-

na.

----Y portando los arilos del Taxus---agrega Cornelia.

----Dônde los traîa?----pregunta el tîo de Sabinsqui,

----En su interior, por lo que nadie los podîa ver.

----Y cômo ustedes sacaron los arilos del interior?

----Nosotros no hicimos nada, ya que êl mismo los arrojô.

----Mâs raro todavîa, que un guacamayo ingiera arilos....

----Êsa fue, precisamente, la causa de haber llegado al segundo sistema---dice

el eunuco Posides.

----Y cômo tû sabes que los arilos pueden ser causa de sucumbimiento?

----Señor, porque yo mismo los ingerî---revela el eunuco Posides.

----Ya en los tiempos de Vologeso, ese Taxus existîa, bien que me acuerdo de êl.

----Yo tambiên, pero ahora debe estar mâs grande, no?----indaga el padre de Sa-

binsqui.

----Y acaso no es normal que, con el tiempo del otro lado, las cosas crezcan?

----A quê te refieres con eso del otro lado, Posides?---pregunta el tîo de Sabins-

qui.

----Al primer sistema, al primero.

----Por lo que voy escuchando, entonces tû y el guacamayo fenecieron en el mis-

mo lugar, no?

----Asi mismo, señor, asî mismo!!

----Pero no necesariamente se pudiera, por la escucha, llegar a una deducciôn y

tan exacta; porque sî, es verdad que el eunuco ingeriô los arilos al igual que y el

guacamayo, mas tambiên pudiera haber sido en lugares diferentes...

----Señora, tiene usted razôn, mas la cosa es una sola: no fue como yo lo deduje?

----Asî fue, señor, asî!!

----Entonces, Cornelia, entonces...

----Pero aquî hay una cosa [....] y me da igual como ustedes la definan.

----Cuâl es la cosa, señora, cuâl?

----De que hablando de envenenamiento, tanto el eunuco Posidês, el guacamayo

y yo estamos en este sistema por la misma causa.

----O sea, por envenenamiento?

----Tenemos otra vez que volver a oîr lo mismo?---pregunta Lolia Paulina.

----Pero ellos no lo saben---dice Cornelia mirando al padre y al tîo de Sabinsqui.

----Y con quê usted fue envenenada, señora?---pregunta el padre de Sabinsqui.

----Pregûntele al eunuco Posides, que fue el que me envenenô.

----Fue mâs bien un accidente por confusiôn de infusiones--dice el eunuco Posi-

des.

----Por confusiôn o no, fue un accidente que costô una vida---acentûa el padre y

de Sabinsqui.

----Sî ya sê, mas quise decir que no fue mi intenciôn sacarla del primer sistema,

eso---dice el eunuco Posides.

    

      Tomândola por la justa, precisa y exacta, la cosa es que para Sabinsqui toda

policromîa mâs que representar una familia colorida, o un conjunto atractivo en

funciôn de centralizar una mîmesis especiosa, la que como tal imanta al ojo mâs

observador, resultaba ser una potencia que la naturaleza ubica en entramados de-

terminados o en conformaciones corporales con (y) longevidad mâs dependiente

de ventilaciones exteriores que de un imperativo interior al servicio de un cono-

cido programa con ôntica autonomîa, algo acentuador de que como programa su

funcionamiento escapa de ralentizaciones intercedentes que influirîan en su justa

o pertinente eficacia. A cabalidad no habrîa que subrayar que esto vendrîa a ser y

como un significado a medio camino, o en su mitad, lo que traduce que no del y

todo completo, y asî no tan abarcante o cubridor de esquemas dinâmicos que ac-

tûan a medida que la experiencia asperja con têrminos fluyentes y utilidades con

cierto alongamiento si no que efîmeras; pero, como el ser es acto, lo que implica

una acciôn que asimismo regula o pondera la palabra, cualquier sentido de algu-

na forma explicitado queda vigente para quien lo encuentra, lo que no quiere de-

cir que no pueda compartirse, y sin que necesariamente llegue a divisiôn o a ese

bifurcamiento que apellîdase indefectible.

     Quedarîa por decir, que si el capitân orcivo acercôse un poco al colectivo, pe-

ro sin intenciôn alguna de ampular la cuestiôn en curso con una verborrea corus-

cante; aunque sî, de acuerdo a su propia convicciôn, para clarar a partir de su ex-

periencia sobre el sometimiento de la morphê representativa a las infaltables con-

diciones tanto del ejercicio como del acto, subordinaciôn que como tal pudiera y

afectar a la significancia y al sentido, aunque asimismo a la susodicha morphê ya

puesta en funciôn de una acciôn escênica.

----Sabe usted una cosa, capitân orcivo?---pregunta Cotisôn Alanda Coto.

----Estoy esperando oîrla, que por mis oîdos penetre.

----Que la aclaraciôn de usted estâ tan difîcil como lo anterior dicho por Sabins-

qui.

----Yo le dirîa otra cosa, Cotisôn...

----Cuâl?

----Que lo fâcil no conduce a ninguna parte; posibilita el tedio precisamente por

no ser lo difîcil, entre algunas cosas que posible hace. Lo difîcil no entretiene, y

sî que mâs bien concentra, o hace concentrar, y concentrado uno en algo queda-

rîa exento de aburrimiento.

----Con otras palabras, que hay tedio porque no hay concentraciôn en algo?

----Algo como eso, Cotisôn, como eso.

----Y usted no cree que uno pudiera aburrirse por estar concentrado?---pregunta

Temîsclates de Fuganvilla.

----En todo caso uno pudiera sentir un peso en la cabeza, lo que mâs bien serîa

una consecuencia y no aburrimiento.

----La morphê representativa y el ser que es acto, como que dos posibles temas

para la Kosmona---destaca Mildesias de Bapullôn.

----Pero, Mildesias, y en tal lugar, sometidos a la limitaciôn, que no aquî que se-

rîan ilimitados..

----Ilimitados, capitân, ilimitados?

----Sî porque no hay fronteras?

----Ah no, y la de Irsû?

----Esta frontera no tiene una funciôn limitativa, y usted lo sabe.

----Menos que la morphê representativa, yo me quedarîa con el ser que es acto.

----Atabân, puedo captar sûbito el porquê de lo que acaba (de)cir---dice el capi-

tân orcivo que agrega: de la boca de un oficial es lo mâs lôgico que sale, no?

----No hace falta comprobar que usted me ha captado sûbito.

----Quê serîa de nosotros sin acciôn?

----Ostensible, centuriôn, fâcil y no difîcil de entender.

----Quê de palabrerîas gruesas, quê!!----afirma el actor trâgico.

----Cada cual tiene su funciôn; la de usted, actor, no fue la de tirar la mâscara?

----Serîa la mâs importante, porque si de funciones se trata tuve unas cuantas.

----Entendiô usted a cuâl funciôn me refiero.

----Y yo que participê en esa funciôn---dice el aldabate que habîa regresado.

----Pilaris, no vayas a decir lo que pasa por tu testa---dice Lolia Paulina.

----Y cômo usted sabe que iba a decir algo?

----Quê tû crees, Pilaris?, que aquî todo es posible...

----De vez en cuando se me olvida.

----Quê, pudieras ser entonces mentirosa, Pilaris?

----Y a quê viene eso ahora, eunuco Posides?

----Porque un mentiroso lo que primero necesita es tener buena memoria.

----Te creo cien por ciento, Posides!!---afirma Cotisôn Alanda Coto.

----Entonces quê, es usted mentiroso?

----Esa ofensa te hubiera costado, en el primer sistema, el corte de tu cabeza.

----Pero como estamos en el segundo, mi cabeza se queda en su lugar.

----Bueno, me retiro, que por ora no tengo mâs nada que decir---dice el capitân

orcivo.

----Capitân, y por quê no ludica con nosotros, aunque sôlo sea unos minutos?

----Cornelia, porque no me es necesrio el lûdico, el que de facto ya soy.

----Entonces hasta la prôxima, capitân, hasta la prôxima.

----Quiên hace la prôxima tirada?---pregunta Lolia Paulina.

----Yo yo--- dice el sprintia.









































 










Samstag, 26. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (952)

     La calaña de Sunev de estar de jeta no debîase precisamente a una rêmora, y

sî al hecho de ignorar dônde estaba Kosmithôs, y al que esperaba preparada pa-

ra soltarle un discurso. Mientras tanto, y para eludir que algûn pensamiento po-

deroso apoderârase de ella convirtiêndola en su esclava, que si no que un obse-

sivo estado engendrârale creer en un sola cosa, entretenîase en la cama ludican-

do con Kôsmythos a raîz de que êste habîase despertado, pero ignorando la ra-

zôn, el motivo o el porquê de que riêrase constante o incesantemente, sin parar, 

sin pausa y seguido, Con esta forma de revelar una presente jovialidad, un âni-

mo en plenîsima poca edad desarrollândose sin obstâculos o cortapisas, volvîa

Sunev a tiempos pasados y cuando aûn vivîa su madre Cornelia, debiêndose el

retornar a la cuestiôn especîfica de que su progenitora nunca jugô con ella, aun

teniendo lugar, sucediendo una parecida risa, tal vez por la razôn de que al ser

violada por aquel emperador, algo tan resonante en su conciencia y en su cuer-

po, viêrase detenida como por una especie de pejiguera mental acarreante de y

un estado taciturno, acosada por un recuerdo que impedîale una acciôn con sol-

tura lûdica. Pero si tal regreso al pasado engendrôle una tristeza, mâs creciô ês-

ta al recordarse de que por el mismo hecho de la violaciôn su madre como que

quedô atrapada por una penuria de libertad expresiva, teniendo esto como con-

secuencia que no pudiese dilucidar ese sentimiento que transformaba su existir

en algo indeseado, sentimiento salido de un pensar de que ella fue culpable de

la violaciôn, sin entender jamâs Sunev el porquê de este pensar, porque en rea-

lidad y concretamente su madre ni tan siquiera dio pie, pâbulo de que aquêlla

sucediera, fuese ya a travês de un masaje visual al emperador que por otro me-

canismo de atracciôn seductiva. Como ya vase leyendo, que al presentar la pa-

labra un brotar expositivo remuêvense los retazos (que)daron atrâs, el regreso

al pasado pudiese sacar del momento presente a Sunev, ya que de continuar y

con êl sumarîanse los añadimientos posibles que mantendrîanlo en colocaciôn, 

por lo que entonces êsta sûbito y apoyada por la voliciôn dirîmelo para quedar

exenta de lo que ya no puede remediarse, quedar libre que de facto es lo preci-

so y tempestivo para que pueda continuar ludicando con su hijo. Empero suce-

de una cosa acopas, siendo no otra que la patada con reciedumbre y accidental

que le da Sunev a un jarrôn de cristal, el que estaba atiborrado de seniles pape-

litos que contenîan versos y escritos [tanto por ella como por el vate] a medida

que iban apareciendo las imagos. Al bajarse de la cama para recogerlos, a lo y

que jûntase el tomar uno por uno de los pedazos de cristales, percâtase râpida-

mente de que uno de los papelitos estaba completamente abierto, o sea, que no 

estaba doblado, trayendo como consecuencia esto su rauda atenciôn, siendo en-

tonces que pônelo frente a sus retinas y en voz alta lee:   


Bien lo sabe la mano que desbârrase atractiva,

la que entre dadorîa de noche y posibilidad de un encuentro

proporciona la conexiôn existente entre dos sujetos.

 

      Y hablando de sujeto aparece Kosmithôs. Penetrô por la puerta del cuarto co-

mo si fuese un ujier agarrando la manigueta con estilo prudencial, empero como

antes habîa pasado por la Kosmona enterândose [por su padre] de que Sunev ha-

bîa estado en Albula y visto el corcel asturiano atado a un ârbol, prefiriô ser y el

primero en hacer uso de la verba menester. Y entonces dice:

----Lamento no haber estado cuando tû estuviste, verdaderamente lo siento.

----Y cômo supiste que yo estuve en Albula?---pregunta Sunev haciêndose la bra-

va.

----Porque me lo acaba (de)cir mi padre.

----Ya sabrâs cuâl es la pregunta siguiente, no?

----Te la respondo inmediatamente: estaba con Xabier y la bailarina pelirroja.

----No me digas, verdad?, y cômo no los vi?

----Como yo tampoco te vi a ti, no?, porque no estâbamos en el mismo lugar...

----Ah no, y cômo acabas (de)cir que estabas con ellos?

----No!!, en el mismo lugar tû y yo: tû por aquî y nosotros por allâ.

----Y por quê no me dijiste antes de salir adônde ibas?

----Y desde cuândo yo te lo digo?

----Algunas veces me lo has dicho...

----Tan pocas que ya se me olvidaron...

----Mira, dêjate de hacerte el gracioso, el simpâtico o lo que sea, me oîste?

----Como si me hubieses llamado para que viniera.

----Pero serâs atrevido?

----Soy lo que debo ser siendo.

----Mira, vete, desaparece, que de momento no quiero saber de ti.

----Si es tu deseo me largo, eso, me lar-go.

----Pues lârgate de una vez, lârgate!!

















 








Freitag, 25. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (951)

     La corriente recordativa se desviste de gala para mâs bien cumplir con otra

funciôn menos pimpante, y que no es otra que la de posibilitarle a Nausica so-

bre el pucho que contârale a la signora Lacrusea sobre el onîrico tenido con la

estatuilla con la imago del rey de Itaca, la que hacîa bastante tiempo ella mis-

ma habîa comprado en el barrio de los Sigilarios [en una feria y con la compa-

ñîa de Sunev, Temîganes, Asonis y Perrasiestes], mas sin revelar jamâs su pre-

cio. Pero a raîz de esto reflexionarîa Nausica sobre la cuestiôn del porquê y en

seguida de tal hacer posible, el que resultâbale "al parecer" intempestivo total-

mente, fuera de lugar, de kairôs o de instante pertinente; valorô asimismo que 

si en vez de flores de orquîdeas blancas [ acabadas de regalar por Gaye Maci-

nas a su progenitora, la signora Lacrusea] hubiese recibido êsta, como dâdiva, 

un bien confeccionado barquito de madera a manera de sîmbolo, mâs logica o

sentido, por razones de asociaciôn, tendrîa el contado onîrico, mâs encajarîa o

pegarîa en este momento---pero alguien que piensa entrarîa (a)nalizar, aunque

tratârase de un sîmbolo, quê tiene que ver un barquito de madera con la signo-

ra Lacrusea, lo que a su vez transportarîa a conclusionar, que el que regalô tal

barquito desconoce a la signora----de programado paseo de madre e hija y que

terminarîa en Albula.

      Pero en Albula, y despuês de haber nadado un poco y haberse despojado y

de sus ropas por estar cien por ciento mojadas, las que como tal colgô al canto

en una rama con el telôs de que secâranse, el cazador (placenteramente) disfru-

taba de un solaz de los pocamente tenidos hasta el momento; pero de uno, ade-

mâs, muy que beneficioso y agradable por el hecho intachonable de contar con 

el suntuoso embrisamiento de la sombra. Mas si algo no pudo eludir pensar en

lo que disfrutaba de su descanso, fue sobre el quê decirle al propietario del bo-

te que habîaselo alquilado por una hora, porque hacerle saber la verdad era co-

mo exponerse a un caso (de)nuncia; de uno que tendrîa, por efecto, su adecua-

da o correspondiente consecuencia, aunque quedândole la ilusiôn lenificante o

la esperanza de que por conocer a la reina aquêlla no fuese ni tan difîcil ni tan

dura de soportar. A tenor de lo ya dicho sobre el disfrute del solaz y con lo que

contaba, el cazador quêdase dormido; y tan profundamente, que despertârlo o

hacerlo volver a la realidad costarîa algo de trabajo.

    Non plus ultra de unos diez minutos de quedarse dormido el cazador, la sig-

nora Lacrusea y Nausica llegan a Albula. Si aquêlla lo primero que hace es as-

perjar con gotas minûsculas las orquîdeas blancas regaladas; êsta a buscar el y

lugar propicio donde ambas pudieran sentarse sin ser percibidas o vistas, fasti-

diadas o molestadas. Sucediô entonces que de la parte derecha ningûn convin-

cente sitio fue hallado para el objetivo susodicho, por lo que Nausica retorna y

al lugar de donde partiô y comunîcaselo a su madre, a lo que êsta dice: no te y

preocupes, que buscaremos juntas alguno de la parte izquierda. Emprendida la

bûsqueda, y transcurridos diez minutos, la signora Lacrusea divisa la presencia

de un cuerpo posicionado horizontal y debajo de un ârbol con tremendîsima lo-

zanîa, tanto por el verdor de sus hojas como por la caracterîtica de su imponen-

te y gruesa corteza, aunque tambiên unas ropas tendidas en una de las mâs lar-

gas ramas. Sin apresurarse a llegar a conclusiones raudas, ambas arrumban sus

pasos hacia el ârbol, reducen la distancia que separa dos puntos con la acciôn y

de ir de un sitio al otro, traslaciôn hecha de la manera mâs sensata y parsimôni-

ca para no ser descubiertas. Al llegar al ârbol y ver ostensiblemente de quiên y

era el cuerpo posicionado horizontalmente, pregûntale madre a hija:

----Pero quê hace el cazador en estas condiciones durmiendo aquî?

----Quê hacemos, lo despertamos?

----No sê, quê tû crees?

----Pensândolo mejor creo que es mejor dejarlo que siga durmiendo, pero sabes

una cosa?

----Quê?

---Que ahora entiendo el porquê de haberte contado lo del ônirico con la estatui-

lla del rey de Îtaca; o mejor expresado, habêrtelo dejado saber pareciendo fuera

de lugar.

----Bueno, entonces buscamos el lugar para sentarnos un rato?

----De acuerdo, vamos a buscarlo.









 


 









 




 



  

Mittwoch, 23. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (950)

      Por la razôn del ingente aprecio que tenîale a Kosmithôs, al que conoce des-

de que êste era un mancebo y desde aquel dîa de cacerîa (ya lejano) que dadivô-

le la testa del tejôn, el cazador arrumba sus pasos hacia Albula seguido al haber

abandonado la Kosmona. Con el fin de sacar (a)quêl de algûn lîo complejo, que

si no de una situaciôn difîcil por estar imvolucrado en un asunto indeleble, paga

el precio por una hora del alquiler de un bote y remar hasta la barca, aun habien-

do notado que el corcel asturiano ya no estaba donde lo habîa visto. Al llegar a

la barca ata el bote a la cadena del ancla de la barca y sube a êsta, acarreândole

una gran asombro el hecho de que en la barca imperara el mutismo. A raîz y del

adecuado escudriñamiento del porquê del absoluto silencio entiende su pertinen-

te razôn: el dormir de tres criaturas. Mas multiplîcase su estado perplejo al divi-

sar a êstas desnudas y tiradas en el piso como tres sierpes enroscadas, sin que 

râpidamente pudiese dar con la causa de lo mirado, aunque sin descartar del to-

do que algo tenîa que ver con un jolgorio de jaez considetarivo, y sobre todo o

no por otra cosa que por la cantidad de botellas que observô vacîas. Teniendo y

en cuenta cuâl era su objetivo, su presencia en la barca, no diose a la tarea y de

despertar a los durmientes, ni tan siquiera a la de cubrirlos con sus ûnicas y ex-

clusivas ropas, sino que mâs bien a la de retirarse ya siendo testigo de que Kos-

mithôs no estaba en la barca. Ya dispuesto a irse, a retornar a tierra con el bote

con el que habîa venido, siente como una inclinaciôn ligera hacia la izquiera de 

la barca, despertândosele la sospecha de que êsta se estaba hundiendo. Sin y

perder el tiempo agiliza sus pasos para llegar al bote, y cuando ya estaba en la 

posiciôn precisa para dar un brinco y caer en êl, brinco como tal lejanîsimo al 

de  Aquiles y al del sapo en una hoja de malanga, alcanza su estado la catego-

rîa de estupefacto al atisbar que el bote habîase hundido completamente y de 

que la cuerda gruesa de êste, a lo que ûnese el peso de su madera, halaban ha-

cia la izquierda y hacia bajo a la cadena de la barca, momento preciso, enton-

ces, para dar el definitivo brinco, y dando igual que si de pie o de cabeza, em-

pero hacia el agua.

     En lo que todo esto pasaba, la signora Lacrusea y Nausica habîanse puesto

de acuerdo para a una hora determinada salir de palacio, y con el preciso obje-

tivo de ventilar sus pulmones al respirar aire fresco y de darle a las piernas un

poco de movimiento. Llegado el momento justo de cumplir con el paseo, ade-

mâs que exento del câlculo pertinente de tiempo para realizarlo, ambas criatu-

ras fêminas posiciônanse sobre la conductual que por limitaciôn finaliza exac-

tamente en Albula. Igual si vêngase con el dato de la mirada mâs confluyente

que con el impulso la lengua que sin cortapisa decora, la indefectible realidad

es que la signora Lacrusea no parecîa ir a dar una vuelta, sino que por su ma-

nera de vestir y de emperifollarse daba la impresiôn que acudirîa a una invita-

ciôn dejada por una familia de relevancia o por su casta o por su linaje grueso

y como tal poseedora de unos cuantos lujos, todo lo contrario a Nausica exhi-

bidora de una transparente sencillez, de un eyectar su imago con tan sôlo y lo

menester para cubrirla. Mas a pesar de lo dicho de la signora Lacrusea, que y

por decirlo no signfica que desvalorîcense otras cosas que pudieran llegar y a

descripciôn, resulta algo a tener en cuenta su forma de caminar enhiesta amên

que con un pausado ritmo, como si en vez de la edad que tiene tuviera menos.

Esta forma engendraba alguna que otra atenciôn de la parte de los que con in-

falible disimulo observâbanla al pasar, algo estipulado de acuerdo a têrminos

de conducta hacia el prôjimo y vigentes en Bedriaco desde que Dido tiene la

corona y acomoda su tafanario en el curul. Empero aun con sorna el observar

no descarta el hecho de un regalo de flores, mas sin perder la prestancia en la

manera de entregarlas, (de)jarlas en las manos que aberturadas las reciben en

correspondencia al especioso acto de ser destinadas a una persona, a una ex-

clusiva. Onomândolas concretamente las flores fueron orquîdeas de las blan-

cas, sin que ora sea menester revelar el significado conspicuo que tuvieron y

para los inveterados egipcios; vinieron de las manos de Gaye Macinas, del y

que ya sâbese que fue controlador del navîo en los tiempos de Vologeso, co-

mo que tambiên que tuvo como concubina a Konfuza (la actual novia de An-

tîmaco de Ocamitân) hace ya un ingente tiempo, siendo êsta precisamente la

que diole referencias buenas de la signora Lacrusea por ser una vieja amiga.

----Le agradezco las flores, señor; son preciosas; pero dîgame: quê usted de-

sea obtener de mî, quê quiere de mi persona?---indaga la signora Lacrusea.

----El nombre Konfuza le dice algo?---pregunta Gaya Macinas a la vez que 

eyectando una mirada penetrante.

----Claro que sî, cômo no, si la conozco desde que estuvimos juntas en la y

prisiôn de la ciudad del ocio, mas quê tiene que ver ella ahora?

----Que ella fue mi concubina y me hablô de usted.

----Ah, no es usted entonces Gaye Macinas?

----Êse es ni nombre desde que naci; estâ igualito; no me lo he cambiado; es

el mismo. Dîgame; me permite concomitarla?

----No, de ninguna manera, y le agradezco su caballerosidad, pero nosotras

hacemos un paseo de fêminas, entiende usted?

----O sea, nada de mâsculos, no?

----Ha entendido usted bien, exacta y correctamente.

----Y esta señorita que viene con usted quiên es?

----Es mi hija, Nausica...

----No me dijo Konfuza de que usted tenîa una hija. Un gusto, Nausica---dice

Gaye Macinas a la vez que da la mano.

----Gracias, señor, gracias!!---afirma Nausica.

----Bueno, las dejo con su paseo, y tal vez algûn que otro dîa nos encontraremos.

----Buen dîa para usted, y gracias por las flores---dice la signora Lacrusea.

----Un placer, signora, un placer!! Y Adiôs.




















 





 













 



 

  




Dienstag, 22. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (949)

     Lo simbiôtico que no es lo histriônico parcionero de lo paliativo que propor-

ciona la katharsis de la tragedia. Con esta certeza tenida en cuenta por disîmiles

doctos de la alcheringa es que pudiera entenderse el porquê Xabier, el grumete

redomado, al subir a la barca y percatarse de la desnudez de Kosmithôs --en de-

rredor de êste, y en la misma condiciôn, a toda flor, estaban Circe, Meli y Haga-

pajitas de Falogracia, amên que dormidos-----inmediatamente lo cubriô con una

manta y sin dilaciôn le dio una sûmula de galletazos para despertarlo. Seguido a

venir a conciencia no sôlo revela Kosmithôs lo de la danza del cordax, sino que

asimismo la ingente cantidad de vino que habîan tomado estando êsta ya un tan-

to avanzada, creyendo que êste fue el motivo de su traslado al mundillo de Mor-

fi. A raîz de lo anterior, y recuperando sus telas, sin dilaciôn cubre su entramado

Kosmithôs; mâs sabiendo, para no hacerlo con parsimonia, que la bailarina peli-

rroja, Corônide, estaba por llegar a la barca. Pero antes de continuar dêbese un

claramiento para dejar saber cômo es que tanto Xabier, como Corônide, a la bar-

ca llegaron.

    Unos veinte minutos antes, Xabier y Corônide alcanzaban fruiciôn al sentir y

sus cuerpos refrescados por el agua de Albula. Si aquêl acicalaba la espalda y de

êsta con la esponja rosada; êsta dejâbase limpiar por las manos de aquêl la parte

del cuerpo susodicha, y con un ampo que pudiêrase analogar con el del marmol.

Estando en esta actividad, la que por supuesto ambas criaturas consideraban be-

neficiosa al realizarse con vehemencia, la corriente de Albula llêvase la esponja

rosada en el instante en que Xabier la deja flotando, cosa que hizo para sus ma-

nos embadurnar de un aromâtico jabôn. Al darse cuenta de lo de la esponja, rau-

do le da movimiento a sus brazos y nada con el objetivo de recuperarla. Mas co-

mo la corriente cada vez tornâbase mâs fuerte al acercarse al estuario, cuasi que

resultâbale imposible cogerla, a pesar de que por ser grumete nadaba sumamen-

te bien y râpido, sin defectos o fallos en el aplicado estilo de nataciôn. La baila-

rina pelirroja lo sigue tambiên nadando, mas la distancia que separâbalos era y

bastante considerable. Mas adelante de Xabier, unos cuantos metros que no fue-

ron calculados, la barca del barquero de la ciudad del ocio hace posible la defi-

nitiva detenciôn de la esponja rosada, al chocar êsta con la madera del medio y

de transporte. Xabier, entonces, y acêrcandose a la barca, mas de la parte de ês-

ta donde la tensiôn de la cadena del ancla exhibîa tres metros de longitud por y

encima del agua, apodêrase al fin de la esponja rosada, pero como quêdale la y

curiosidad  por saber a quiên pertenecîa la barca, mêtese la esponja en su pren-

da de baño y, agarrando la cadena, sube a la embarcaciôn de tamaño reducido.

     La llegada a la barca de la bailarina pelirroja ocurriô en el preciso momento

en que Kosmithôs hacîale la siguiente pregunta a Xabier:

----Y cômo tû sabîas (supiste) que yo estaba aquî en la barca?

----Yo ni tuve idea de que tû estuvieses aquî, si ni tan siquiera sê de quiên es es-

ta barca, al propietario que pertenece.

----Al barquero de la ciudad del ocio, el señor Hagapajitas de Falogracia...

----Ya voy entendiendo el porquê el barquero estâ presente en un cuarteto en el

que prepondera la juventud....

----De cuâl cuarteto tû hablas, Xabier, que somos sôlo tres?----indaga Corônide.

----Hasta ahora somos seis los que estamos en esta barca, y espero que no llegue

mâs nadie----dice Kosmithôs.

----Ustedes me estân fastidiando, no?

----Claro que no!!, Corônide, y tû misma puedes comprobar que no te estamos y

fastidiando.

----Mira, dirige tus pasos hacia allî, y ya sabrâs por quê somos seîs---dice Xabier

señalando.

----Y, entonces, Xabier, cômo fue que llegaste hasta aquî?---indaga Kosmithôs.

----Si no hubiera sido por la esponja rosada aûn estuviera acicalândole la espal-

da a Corônide...

----Cômo, intentas fastidiarme a mî?

----No no, y es que pasô que....

----Pero quê cosa es esto, aquî se bailô el cordax?--pregunta Corônide al regresar

y portando el libro referente a las viejas danzas.

----Y cômo tû sabes eso, Corônide?----fisga Kosmithôs.

----Por este libro que encontrê, ademâs que sê que es la ûnica danza que baîlase

al desnudo. Y tû la bailaste tambiên, Kosmithôs?

----Yo?, quê va!!, no ves que estoy vestido, arropado, cubierto?

----Seguro, Kosmithôs, seguro?

----Tan seguro como que me llamo como me llamo.

----Espero que tû no seas cômplice por haber ayudado de alguna manera a Kos-

mithôs, porque al llegar primero que yo a la barca tuviste tiempo suficiente co-

mo para hacerlo, y mâs con la simbiosis que existe entre ustedes----dîcele Corô-

nide a Xabier.

----Lo de la simbiosis es cierto, mas yo no lo he ayudado en nada.

----Yo voy a hacerme la tonta y creerê lo que me estân diciendo. Y dônde estâ la

esponja rosada?----pregûntale Corônide a Xabier.

----Si metes la mano dentro de mi trusa podrâs agarrarla...

-----Ten cuidado no te pinche la abeja----dice Kosmithôs y riendo.

----Gracioso!! Y quê hacemos con esas tres criaturas que duermen y desnudas?

----Dejarlas desnudas y que sigan durmiendo---responde Kosmithôs.

----Kosmithôs, y no te preocupa de que alguna de tales criaturas se vaya de len-

gua y revele que tû estabas en esta embarcaciôn?----pregunta Xabier.

----Ya veremos quê pasa, Xabier, QUÊ PASA!! Lo que sî va a pasar ahora es que

me largo de aquî. Y ustedes no vieron el corcel asturiano?

----Si lo hubiera visto por lo menos tendrîa una idea de que tû estabas o en Albu-

la o en los derredores---responde Xabier.

----Bueno , nos vamos?----pregunta Corônide.

----Êsa es la res!!, como dice mi padre, vâmonos!!---colofona Kosmithôs.



































 



  

Sonntag, 20. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (948)

    En la barca de Hagapajitas de Falogracia, y seguido al hallazgo de una escu-

sabaraja sin tapa atiborrada de libros, Kosmithôs entre alguno de êstos encuen-

tra uno que sûbito llamôle la atenciôn. Su contenido no era otro que sobre dan-

zas seniles (mas) atractivas, por no decir que pudientes en lo que respecta con-

cretamente al hecho de que despiertan (al canto) de sopetôn algûn que otro de-

seo de jaez lujurioso. Una de estas danzas onomada cordax fue la preferida râ-

pidamente por Kosmithôs, y debido a la razôn especîfica de que Meli dio una

dilucidaciôn sobre ella; explicaciôn que, como tal, encantôle a Kosmithôs has-

ta el punto de prestarse cuanto mâs cêlere posible a participar con Meli en una

danza como êsta, mas quedando con la duda Meli de si verdaderamente pudie-

ra resistir Kosmithôs la ingente sofocaciôn que la danza provoca, y lôgîcamen-

te al alimôn con el deleite adecuado que acicata, correspondencia funcionante

infalible.

     Circe, de oîdas, conocîa esta danza, y si mal no recuerda, mencionada algu-

na vez por el difunto Evandro de Atella, y en uno de sus encuentros con êl pla-

centeros en la zona de Omonia, en la ciudad del ocio, Apragôpolis. Mas este y

personaje, que como ya sâbese no hace mucho fue sepultado en palacio, y con

la intenciôn de ganarse aplausos o la atenciôn, aunque exento totalmente de lo

conocido con la clasificaciôn de complejo de Erôstrato, no solamente menciôn

hacîa de la danza, sino que asimismo de los agregados de Teofrasto de catego-

rîa imperativos menos que indicativos, a pesar de ya haber comprobado de que

tales agregados no eran del interês de nadie, lo que no quiere decir que por mo-

tivo de clemencia, de esa benevolencia que de vez en cuando sucede, que serîa

cuasi lo mismo a decir que algunas veces es posible, sintiera Evandro un aplau-

so o la cercanîa de ôculos dejantes de visual fijeza. Resulta de lo cômico el de-

talle a especificar, a sacarlo a relucir como una risa que acentûa su medida y su

complitud, que en los sitios donde gobierna del ocio la clemencia es mâs efecti-

va y no tanto por su vez en cuando una posibilidad terminologîca con sûmula y

de concreciones a lo esencial, lo que serîa una reducciôn en funciôn de lo rele-

vante que dejarîa una resonancia como de matraca china, aunque no muchos la

escuchen y otros tantos la descalifiquen por resultar pejiguerosa en locaciones

donde el libre tiempo abunda, donde el hacer poco prevalece, tiende la mano y

se amista.

      Ancorando la barca por el estrêpito de los danzantes, el barquero abandona

por un momento su oficio para pasar a forma parte de la (ya) comenzada diver-

siôn. Sin preguntarse quiênes de los presentes tuvo la iniciativa o la idea de en

un periquete transformar una parte de su medio de transporte en zona para bai-

le, mas percatândose de la posiciôn del libro encima de una mesa pequeña y de

madera de roble, por lo menos dedujo que una de las tres criaturas (con al pare-

cer posible entre ellas una atigencia de organismos, o sea, una simbiosis) habîa-

le echado una miradita, aliciente basto como para darle movimiento a todito el

cuerpo amên que para entrar en gozo sin medidas oponentes. Empero en lo que

participaba en la susodicha danza, participaciôn que demostraba una totalmente

soltura corporal fuera del esquema repetitivo y caracterîstico de êsta, dejô reve-

lado o hizo saber, algo que por cuestiones de magîn êrale imposible o un pince-

lamiento o un colorante metafôrico, que si la escusabaraja sin tapa estaba reple-

ta de libros debîase a dâdivas y olvidos de los ya tantos viajeros que habîan via-

jado en su barca, y que no sôlo oriundos de la ciudad del ocio, que es lo mismo

a decir no ûnicamente apragopolianos.

----Le agradecemos su informaciôn, barquero, pero a usted no le parece que en

este instante importancia tiene menos y mâs la propia danza?----pregunta Circe.

----No lo dije porque tuviera importancia alguna, sino porque quise decirlo, sô-

lo eso.

---Pero, Hagapajitas, esta escusabaraja no estaba aquella vez (primera y ûltima)

que usted, con esta barca, me transportô de Masalia al navîo; y que, gracias a y

este viaje conocî al cocinero---dice Meli.

----Creo que te remontas a un pasado, cuando yo empezaba a oficiar como bar-

quero, lo que quiere decir que en esta embarcaciôn ni aun estaba esa pequeña y

mesa de roble.

---Ya sê que todo empezar es difîcil sea el oficio que sea, que para ir adquirien-

do propiedades, cosas, hacen falta las correspondientes monedas.

----Quê si no, Circe?, mas no es dudable que entendiste lo que quise transmitir,

dejar saber---dice el barquero.

----Ni que fuera Circe aquî la ûnica que capta....

----Estâs molesto por la captaciôn de Circe, Kosmithôs?---indaga Meli.

----Molesto yo?, quê va!!, sôlo que yo tambiên lo captê, pero mejor es quedar-

se callado que decir una perogrullada como êsa.

----Perogrullada, Kosmithôs?, de dônde sacaste una palabra como êsa?

----De la Kosmona; mejor dicho, de la jerga de los contertulios, la que de tanto y

repetirse a uno se le pegan las palabras como si fueran mocos.

----Como si fueran mocos, Kosmithôs?, vaya jerga la tuya siendo un contertulio.

----Bueno, Kosmithôs, deja los mocos y dime: quê te parece la danza?---pregun-

ta el barquero.

----Que es pegajosa al pegar cuerpo con cuerpo.

----Y acaso no te gusta pegarte a mî?---pregunta Meli.

----Kosmithôs, padre y marido, pegado a Meli---suelta Circe.

----Padre sî, pero marido?, y cuando fueron las nupcias?

----Pensê que estabas casado oficialmente...

----No cambia mucho el hecho de no estar oficialmente casado mas se vive jun-

to con una fêmina---acentûa el barquero.

----Cômo han cambiado los tiempos!!, que le parece?---pregunta Kosmithôs.

----A mî?, eso no me importa mucho, es mâs, me da igual.

----Ya estoy que sudo, totalmente mojada---deja saber Circe.

----Si te dejar secar te ofrezco mi servicio---dice el barquero.

----Si quiere hacerlo hâgalo, pero le comunico que secarme tiene un precio.

----Quê, un precio?, de contra que yo no te pedî nada por este viaje.

----Ah, entonces usted me mintiô, barquero, al decirme que Circe habîale paga-

do y bien----dice Meli.

----Para ser mentiroso prevalece una condiciôn: tener buena memoria.

----Si supieras, Kosmithôs, que yo no la he perdido----dice el barquero que a su

vez dîcele a Meli: despuês te explico el porquê de lo que te dije.

----Entonces, barquero, estâ dispuesto a pagar el precio?

----Estoy de acuerdo, Circe, de acuerdo, pâsame la cuenta!! 




 















 





  


 










 

Freitag, 18. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (947)

     Para no entrar en liza por cuestiones de algûn tipo de apoyo familiar, el que

lôgicamente vendrîa de la parte de Rubria o de Dido, sin descartar que posible-

mente de la de la campesina, en vez de explicitar en palacio de que habîa en Al-

bula estado y visto al corcel asturiano amarrado al tronco de un ârbol sin la pre-

sencia del jinete (kosmithôs), Sunev decide arrumbar sus pasos a la Kosmona y

tratar el asunto directa y exclusivamente con Kosmos, dando igual que fuese a

la zaga de una columna que en un sucucho de la instituciôn. Pero previo a la y

partida al lugar pensado deberîa dejar durmiendo a Kôsmythos, lo que de facto

no serîa un gran problema, como tampoco (esta vez) necesitarîa hacerlo por la

vîa de un tremendo esfuerzo, por la sencilla y llana razôn de que al estar por el

reciente llanto tantîsimamente agotado, con tan sôlo poner la testa sobre la pro-

tegida y forrada almohadita con tela de seda el traslado de lo existencial a la di-

mensiôn de Morfeo estaba sin cavilaciôn garantizado. Poniêndose raudamente

en funciôn de esto, y dado que las condiciones estaban ya preparadas, solamen-

te el tiempo que necesitô Sunev fue de cinco minutos para observar que los ce-

rrados ôculos de Kôsmythos daban calaña de su estado exhausto. Sin dilaciôn,

entonces, abre la puerta del cuarto; y, al canto, va a la Kosmona.

     En la instituciôn, y sin ninguna planificaciôn por lo que entonces acopas, la

visita del cazador dirimiô la fluencia de la dialogizaciôn con soltura, tipologîa

êsta que tiene una tremendîsima diferencia con alguna otra con tensiôn, estado

tîpico de la lograda a trancas y barrancas. De tal guisa que al deshacerla no sa-

lieron a relucir verbalidades brutales, querellas incesantes, reacciones atrabilia-

rias y las transformaciones de los semblantes por ese estar que apellîdase de je-

ta, el cazador resultô bienvenido, lo que no quiere decir que de la pregunta per-

tinente exento haya quedado, la que sobre el pucho hîzole Kosmos:

----Nos barrunta usted, cazador, de la causa, del motivo o del porquê de su im-

provisada visita?

----Ve van a disculpar los contertulios, que espero que no lo tomen a mal, pero

debo comunicarle algo a Kosmos de jaez personal---dice el cazador.

----No preocûpese usted por eso, cazador, que los contertulios estân preparados

hasta para no entrar en celosîa y carecer de rescoldo. A ver, disminuya la distan-

cia existente entre el punto en que estâ usted y en el que yo, algo que es sôlo po-

sible si usted avanza hacia mî y yo no muêvome de aquî, ya que si yo no quedo

inmôvil en mi punto la distancia que sepâranos serîa siempre posible, de lo que

sale que usted mantendrîase en lejanîa, en lontananza...

----Contra, Kosmos, por quê simplementes no dices acêrcate?

----Y risas de Kosmos que responde a la pregunta: acêrquese, cazador, acêrque-

se.

----Ya que estoy al lado tuyo escucha, pon atenciôn, abre oîdos.

----Punto a la raya y que continûe la letra. Cuâl es la comunicaciôn que usted y

quiere hacerme saber?

----Es referente a Kosmithôs, por eso dije que era algo personal..

----Le pasô algo, se cayô del corcel, cometiô alguna tonterîa?

----De pasarle no sê que le pueda estar pasando; del corcel, que lo dejô atado a

un ârbol en Albula, de cometer alguna tonterîa, aunque yo sê que êl de tonto no

tiene nada, sôlo es posible saberlo cuando regrese del viaje en la barca del bar-

quero de la ciudad del ocio.

----Câspita!!, y quê hace Kosmithôs en esa barca, cômo usted sâbelo?

----Porque estaba de cacerîa, y aunque êl no me vio, yo sî a êl, pero eso no es to-

do, hay mâs.

----Como que entramos en suma, o es posible la sûmula: quê mâs hay?

----Que êl no estâ solo con el barquero, ya que en la barca estân Circe y Meli.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que no aprende que el

perfume de cerca mata.

----Pero ademâs otra cosa.

----Amplifîquela, cazador, êsa es la res!!

----Que Sunev estuvo en Albula con Kôsmythos en los brazos y vio el corcel ata-

do al ârbol.

----Ora sî que complîcase la res.

----Crees que sôlo serîa una complicaciôn?

----Sin dudas y sospechas, y no sôlo para Kosmithôs sino asimismo para mî.

----Y por quê para ti?

----Si usted quêdase aquî un rato tendrâ la respuesta (al)cance de su vista.

----Cômo que asî?

----Ya usted verâ, mantenga la ataraxia.


     Non plus ultra de siete minutos de lo dicho al hecho: la presencia de Sunev en

la Kosmona, por lo que pregûntale al cazador a Kosmos:

----Y cômo supiste que Sunev iba a venir?

----Vaya pregunta que darîa paso a una polêmica, la que no creo que ora sea posi-

ble porque...


     Pregunta Sunev dônde estaba Kosmos; mas Kosmos, que oye la pregunta, sin

dilaciôn pîdele al cazador que no abandone el punto donde estâ, que quêdese in-

môvil en tal sitio hasta que vâyase Sunev, peticiôn a la que no opônese aquêl.

----Aquî estoy, por quê preguntas por mî?

----Kosmos, es que tengo algo que preguntarte en privado.

---Y yo que soy erastes de las preguntas: de cuâl trâtase, quê largo tiene, cuâl con-

tenido posee?

----Tienes una idea de dônde estâ, pudiera estar Kosmithôs?

----De la idea carezco; de ella ni la tengo, mas por quê la pregunta.

----Porque estuve en Albula y vi el corcel asturiano amarrado a un ârbol, mas a tu

hijo por ninguna parte.

----Saber dônde estâ Kosmithôs siempre es una tarea difîcil; pude estar en cuales-

quier partes sin saber de ninguna; lo mismo estâ aquî que estâ ya; se traslada rau-

do; tiene su estancia analogîa con un tiro de flecha...

----Pura defensa de un padre.

----Y por quê me preguntas a mî sabiendo que soy eso?, por quê no a su madre o

a su abuela?

----En fin, que al parecer sôlo me queda esperar que aparezca, no?

----Al parecer eso nos queda a todos, no?

-----Eso parece! Bueno, me voy.

-----Age, age!!

 

      Ida Sunev, Kosmos regresa al lugar donde estaba el cazador, y êste pregûntale:

----Y de cuâl complicaciôn tû hablabas, si te la quitaste de encima muy fâcilmen-

te?

----Y usted cree que no es difîcil dar una respuesta posible de creer?

----Kosmos, y eso no es fâcil para ti, que te conozco lo suficiente como para ha-

certe esta pregunta?

----Y retorno de la risa de Kosmos.










 


























 









 


 






 

 

Mittwoch, 16. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (946)

    Hablando de nuevo sobre eso de asunto de circunstancia y razôn de reflexio-

nes prôximas, Kosmithôs encuêntrase con el trîo [y formado por Hagapajitas de

Falogracia, Meli y Circe] que arrumbâbase en direcciôn a Albula con el preciso

têlos de abordar la barca del barquero de la ciudad del ocio para dar una vuelte-

cita. Kosmithôs, trepado en el corcel asturiano, hizo un tremendîsimo esfuerzo,

algo insôlito hasta el momento o que no habîa sucedido jamâs, por controlar el

arreo a raîz de la conducta intranquila, de la precaria ataraxia que dio calaña el 

cuadrûpedo, comportamiento al parecer debido a la presencia del barquero me-

nos que a la de las fêminas, segûn opiniôn o consideraciôn del propio jinete, el

mismo que a continuaciôn de lograr la calma del animal bajôse de êste.

----Creo que nos vimos alguna vez en la ciudad del ocio, por lo que si no me y

equivoco tû eres el hijo de Kosmos, no?---pregunta el barquero.

----Sî, señor, asî es, soy yo y no otro, y concomitado por el corcel asturiano.

----Ah, es un corcel?, bella bestia!!

----Bestia, en quê sentido lo dice usted?

----En el de que no es pequeño.

---Si es en êse ( de que es un caballôn) me quedo conforme, que si fuera otro us-

ted me tendrîa que oîr.

----No hay un otro, Kosmithôs, ahora sôlo el que acabo (de)cir cuâl es.

----Ademâs de bella dirîa que impresionante; parece una bestia de dioses---dice

Circe.

----Y cômo usted sabe cômo son las bestias de las deidades, Circe?

----Olvîdate del cômo y confôrmate con el que lo sê, Kosmithôs.

----Segûn los contertulios de la Kosmona, conformarse no es ni la mejor solu-

ciôn frente a un problema ocasionado por la palabra ni la mâs disciplinada for-

ma de aceptar de mala gana....

----No se nota que tû eres un contertulio mâs?

----Uno mâs sî, mas no tanto contertulio.

----Kosmithôs, y para cambiar de tema, cuânto tû pagaste por esa bestia?

----Señor, la bestia no es mîa, mas yo soy quien la saca a pasear, quien se ocu-

pa de ella; es del tîo de Kosmos y un regalo que le hizo mi abuela por haber y

ganado un combate entre secutores, que de esto hace ya un montôn de tiempo.

----Un regalo?, vaya, quê regalo!!

----Kosmithôs, y por quê tû me miras asî, con esa fuerza, con esa fijaciôn de re-

tinas?---indaga Meli.

----Quiên yo?

----Sî, tû mismo!!, o es que acaso te recuerdas de aquella vez, en la ciudad del

ocio, en la que estuviste muy cerca de mî y vimos juntos aquel libro titulado La

vida erôtica de los griegos antiguos?

----Y cômo no acordarme de tal vez, cômo no...

----Tû mirada dice mucho, Kosmithôs, bastante---dice Circe.

----La cogieron con mis ojos, y yo lo que miraba era otra cosa...

----Verdad, kosmithôs, verdad?, mira que soy etera de Masalia---dice Meli.

----Kosmithôs, tienes algo urgente que hacer ahora, ademâs de pasear con la y

bestia?----pregunta el barquero.

----Algo urgente que hacer yo?, de urgencias desconozco. Por quê pregunta?

----Porque si lo deseas puedes venir con nosotros a dar una vueltecita con mi y

barca, por eso...

----Verdad que puedo ir con ustedes, cierto que me hace una invitaciôn usted?,

y no me vaya a decir que es cierto porque es imposible, algo que estoy aburri-

do de oîr.

----Y de dônde tû sacaste que yo te dirîa eso que jamâs dirîa?

----No sê, a lo mejor usted conoce esa frase, una que repite mucho mi padre y

que pertenece a un tal Tartalano.

----Me puedo reîr, Kosmithôs?

----A la risa estoy acostumbrado, mas cuâl serîa el motivo de la suya?

----De que no es Tartalano, sino Tertuliano.

----Entonces conoce a Tertuliano?

----De oîdas, mas no esa frase. Recuerda que soy barquero; y, como tal, tantas.

muchas son las conversaciones que he escuchado en mi barca.

----Es posible entonces que en algûn momento haya oîdo tal nombre, no?

----Asî es, Meli, asî es!!

----Y si bastantes a oîdo usted, hay alguna que recuerda sobre algo?

----Tendrîa que ponerme en funciôn de recordar, Kosmithôs, algo que podrîa

hacer una vez que estê conduciendo el medio de transporte---responde el barque-

ro.

----Y entonces, Kosmithôs, vienes o no?---pregunta Meli.

----Sî si, mas primero debo dejar bien amarrado a un ârbol al corcel asturiano.

----Bueno, hazlo, y nosotros te esperamos en la barca---dice el barquero.

----De acuerdo!!, mas dônde estâ ella?

----Ves ese camino con cipreses?---pregunta el barquero y la vez que señala.

----Claro que veo el camino y a los cuprasâceos...

----Los quê?[....], de dônde tû sacaste ese nombre?----fisga Circe.

----No me dijo usted que yo era un contertulio mâs?

----Sî, te lo dije, y?

----Pues la saquê de la kosmona por ser lo que usted me dijo que era uno mâs.

----Puedo terminar (de)cirle a Kosmithôs dônde estâ la barca?

----Puede, barquero, puede---responde Circe.

----Entonces, Kosmithôs, ese camino hasta el final; despuês a la derecha, unos

veinte metros, y seguido a la izquierda otros veinte metros mâs.

----Y cuântos metros tiene ese camino con cuprasâceos?

----Veinte tambiên!!

----O sea, que la suma es igual a un nûmero redondo...

----La de seis veces diez.

----Debo decir cuâl es el nûmero redondo?

---Dêjate de nûmeros redondos, y acaba de amarrar a la bestia, que si no nos co-

ge la noche----dice Meli.

----Y risas de Kosmithôs que afirma: al avîo, al avîo!!, como dice mi padre.


      Una hora despuês Sunev daba un paseo. Por la razôn de llevar en sus brazos 

a Kôsmythos su paso deberîa ser lento, parsimonia en el avance que eludirîa dar

un tropezôn inesperado e irse de boca. Al cumplirse treinta minutos de haber sa-

lido por la puerta de palacio------un pneuma ligerito levantaba un poco de tierra,

mas sin que resultase ingente pejiguera para la vista u ôbice causante de que de-

jârase el paseo para otro dîa----, tiempo basto como para recorrer la exacta y jus-

ta distancia existente entre dos puntos, o la que los separa, la posibilidad de con-

templar Albula engendrôle cierta jovialidad, la que como tal esta vez ni era mirî-

fico solvento contra estados de ânimo taciturnos ni garante de que tarareârase al-

guna melodîa especiosa que pudiêrase recordar, sino que mâs bien funcionaba y

como un factor contribuyente o como una especie de dadorîa que ofrêcele a la y

mente la sustentabilidad y estimulaciôn necesarias para mantenerla un tanto ale-

jada de pensamientos fûtiles, los que  [siendo] asî ni merecerîan toques de trom-

peta ni de campanas. Mas si algo interfiere en la susodicha jovialidad, algo que

no fue la causa de que desapareciera del todo mas sî que disminuyera un poqui-

to su poder como beneficio, fue el percibir de Sunev de que el corcel asturiano

estaba amarrado al tronco de un ârbol, lo dador de pâbulo (entonces) de que hi-

ciêrase sin dilaciôn la siguiente pregunta: y dônde estâ Kosmithôs? Inmediata o

seguidamente a esto Kôsmythos entra en llanto, uno de jaez incesante, y sin un

fin râpido al parecer, aun y a pesar de los intentos diversos hechos por Sunev y

para calmarlo: la sacada de un muñequito, la cosquillita en las mejillas, la mue-

ca improvisada, el besito en la frente, el soplarle en el omphalos, y hasta el po-

nerle un seno en la boca para que diera un chupetazo. Al carecer del elixir per-

tinente, del remedio definitivo, no quêdale otra cosilla por hacer a Sunev----el

pensar en opciones no pasô por su testa, no tûvolas en cuenta--- que la de sûbi-

tamente volver a dejar su paso lento sobre la misma horizontal por la que vino 

para retornar a palacio, regreso que harîa sin que ya fuese posible el de tierra y

levantamiento por el pneuma ligerito, porque ya no habîa.



 

  


 




  



















































Montag, 14. Februar 2022

La cazuela de Vitelio ( 945)

    La pregunta considerada buena por el tîo de Sabinsqui, y corta hecha por Lo-

lia Paulina: pero podemos sin preparaciôn?, siendo lo dador de pâbulo para ha-

cerla lo amplificado por Cotisôn Alanda Coto, de que "lo mismo podemos estar

aquî que en otro lugar", mas sin dejar ostensible de si al mismo tiempo, que se-

rîa lo igual a decir simultâneamente, resonô efîmeramente en la testa del herma-

no del tîo de Sabinsqui, pero menos que por la razôn de haberle dado alguna re-

levancia por volver a recordarse de la palabra "preparaciôn", la que hacîa ya un

tanto que no sentîa penetrar por sus oîdos con determinado vigor, y con la repe-

ticiôn aquella en los instantes en que viose sometido a los edictos militares y en

los años que pasô como oficial en las huestes de Vologeso, quien estaba suma y

completamente convencido de que sin preparaciôn los triunfos en la parasanga

no estaban seguros, de ahî que la palabra fuese una y mil veces vuelta a utilizar

y hasta de vez en cuando el mismo dîa. Pero estando en esto, y como ya dîjose

debido a la reminiscencia de la palabra susodicha, el hermano del tîo de Sabins-

qui como que sintiôse poseîdo con un pensar que examinaba la cuestiôn de que

si verdaderamente la preparaciôn tenîa algo que ver con la perfecciôn, si algûn

tipo de atingencia habîa entre una cosa y la otra, a lo que llegôle la conclusiôn

de que la perfecciôn incluye algo de pericia y de sumatoria de experiencias en

el campo empîrico, dos incluyentes que necesariamente deben contar con y la

adecuada base que les dê la ayuda pertinente previo a que sea posible una ha-

bilidad, una destreza, un avance impoluto, una cantidad de posibles aplicativos 

de consuno con la capacidad o talla tanto de una forma de actuar como de una

de pensar, aunque dîgase que el pensar acarrea el actuar, decir que no queda y

demostrado asî, porque de facto existe lo onomado contradicciôn.

    En lo atinente a la preparaciôn, y debido claramente a que êl asimismo tuvo

que pasar por ella, y como si por la razôn de un encorsetamiento una idea man-

tuviera su fijeza menos que un estar cerrada, el tîo de Sabinsqui [ del que ya y

sâbese que es un perfeccionista y quedando asî alejado de lo pragmâtico] soste-

nîa una y otra vez, y con un tono de voz caracterîstico de los oficiales mâs exi-

gentes y robustos, de que es parte fundamentalîsima de un programa disciplina-

rio; de lo que sale, entonces, que debe ocupar un primer lugar en la voz del en-

cargado de mantener a las huestes en el mejor estado de seriedad, de suprema

convicciôn de que una buena estrategia es garante de un mayûsculo porciento

de logros y conquistas, de que môntese en el arco una flecha en cuestiones de

segundos---vâlida esta microsecuencia de tiempo desde que sâcase la flecha y

de la aljaba o del carcaj hasta que llega al arma de disparo----y de que el inde-

fectible agarre de la espada (corta o larga) hâgase desde que el jinete aûn estâ

encima de la albarda, y no con los pies ya puestos sobre la tierra, porque es y

mâs difîcil perder un arma de defensa en cierta y determinada altura debido a

la posiciôn mâs baja que tendrîa el enemigo.

---Ya entiendo el porquê de que usted hubiera dicho que mi pregunta era bue-

na---dîcele Lolia Paulina al tîo de Sabinsqui.

---Y quê usted ha entendido, Lolia Paulina, a que se refiere con eso de enten-

der?

----De que usted, a pesar de ser un perfeccionista, es tambiên un buen dador y

de exactas o detalladas explicaciones.

----Pero tû le has hecho mâs caso a êl que a mî?

----Y a estas alturas de nuestro fenecimiento tû estâs celoso o molesto?---pre-

gûntale Lolia Paulina a Cotison Alanda Coto.

---Si es que es posible a estas alturas que se padezcan tales formas de conduc-

ta---señala Atabân.

---Formas o estados de conducta?---fisga Lolia Paulina.

----A mî me da lo mismo formas que estados, me da igual.

----Le darâ lo mismo a usted, pero no es lo mismo.

----Lolia Paulina, que no estamos en la Kosmona----dice Temîsclates de Fugan-

villa.

----La Kosmona: el huevo de la risa mas fundamentada-----agrega Mildêsias de

Bapullôn.

----Me acuerdo, Lolia Paulina, de las conversaciones difîciles por las que pasa-

mos tanto yo como Rubria, mas en aquellos tiempos cuando su nieto viviô en mi

casa en Apragôpolis---dice Cornelia.

----Su nieto, señora, y quiên es?---pregunta el padre de Sabinsqui.

----Kosmos, êse es mi nieto, al que conocî ya bastante crecidito.

----Y por quê se habla de êl ahora, quê tiene que ver con esta dialogizaciôn que

tenemos?

----Eso, señor, se lo respondo yo---dice Cornelia que agrega: que fui yo la que hi-

zo alusiôn a êl.

----Una respuesta es una respuesta, igual quien la dê.

----Es que Kosmos fue el de la idea de abrir esa instituciôn: La Kosmona.

----Por lo que se puede entender claramente de dônde sale o se deriva el nombre

Kosmona, no?

----Clarîsimo que se entiende, señor, clarîsimo!!

----Y yo aplaudo esa idea, que ya ustedes saben por quê---dice Sabinsqui.

----Ustedes?, nosotros no: por quê?----pregunta el tîo de Sabinsqui.

----Tû a lo mejor no te acuerdas, mas en mâs de una ocasiôn te hablê del tema de

que a mî me gustarîa tener una instituciôn.

----Tu tîo sabe cosas que no sê yo---dice el padre de Sabinsqui.

----Y cômo, si ya no estabas, te habîas ido a la otra dimensiôn---dice Sabinsqui.

----Entonces si me lo dijiste, y no me acuerdo, fue en el tiempo que yo estaba pen-

sionado, no?----pregunta el tîo de Sabinsqui.

----Correcto, exacto, preciso!!

----Bueno, y quiên se encarga ahora de la prôxima tirada, sin ningûn tipo de pre-

paraciôn?----pregunta Lolia Paulina.

----Yo señora, yo---responde el tîo de Sabinsqui.

----Serâ una perfecta tirada?

----Ya veremos, ya veremos!!














 





















 




  

Freitag, 11. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (944)

       Asunto de circunstancia y razôn de reflexiones prôximas, un situacional im-

pepinable, *conditio sine qua non para que la verba que pronûnciese condicione  

la efectividad de toda construcciôn semântica que rebota en los discursos o que

deja resonancia. Atingencia entre dos sujetos entre los que evidencia la armonîa

intrînseca mas no asimilable a una semejanza de estado o de forma. Mas esta ar-

monîa intrînseca llega a fruiciôn con el movimiento, explicita Kosmos, con y un

traslado en el tiempo, donde al ser la expresiôn con su don un acto, una de îndo-

le re-presentativa, la escena que la permite no descolla por su tramoya, sino mâs

bien por una especie de escenografîa con ornamentos incaracterizables por su fi-

jeza, mas sî conspicuos al alcance de toda vista con ampliaciôn destacada, que y

entonces pudiera quedar la conclusiva de que esta vista con facilidad penetra, si

no que en lo atinente a trabajo pasa tan poco, que el puesto en funciôn de intro-

ducirse  en la escena merece un reconocimiento sincero; y no que falso, al estar

atiborrado de lisonjas repasadas, las que de esta manera, asî, ya parapetan deli-

beradamente una intenciôn, una forma de alcanzar un determinado fin minucio-

samente calculada: con una matematizaciôn de orillas?

    Mas pensaba el didâscalos filosôfico, que condicionar la efectividad semânti-

ca que rebota o que deja resonancia en los discursos pudiera influir en lo que es-

tâ en/tiene movimiento, quedando como consecuencia que en el donde al ser la

expresiôn con su don un acto, o sea, en el tiempo, lo que se traslada representa-

tivo vêase sometido o a una limitaciôn o a tener que zanjar ciertas y determina-

das oponencias, y que en su misma conditio sine qua non son creatividades ilu-

sivas u originales de la propia verba; mas que si de alargar un poco los sentidos

que incluye y los significados que subraya, lo que vendrîa a ser una exposiciôn

con mâs ampliaciôn de factores y têrminos descriptivos, ludicarîa un tremendî-

simo rol el phântasma por tener la [de ôrdago] funciôn cupular de sustentar las

mîmesis tanto con presencia efîmera como mâs larga, ademâs que exento tanto

de control como de cortapisas.

    Kosmos raudo pone a funcionar su mecanismo moledor, mas sobre lo atinen-

te a ese hipotêtico acabado de plantear, señalado, amplificado por el didâscalos 

filosôfico: "pudiera influir". De hacerlo tuvo el motivo de valoraciôn o de conside-

raciôn de que no es "un pudiera" sino que es "un puede", quedando ostensible y

entonces que el hipotêtico sale de circulaciôn, aunque sin sacarlo con una pode-

rosa afirmaciôn contundente que maltratase la escucha de su interlocutor, algo y

que sensatamente elude el hecho de entrar en liza por un ligero presente indica-

tivo singular, y el que a la postre o al cabo no ha engendrado el phântasma.

    Sacando de la parrafada ese "un puede", lo que pudiera resultar un posible en-

caminador de ciertos objetivos que puntualizan  [sobre todo en el  Bullicio en el

silencio] la forma de alcanzar un fin con elementos decorados a partir de lo ya y

onomado phâstasma y exclusivo de su artîfice, Temîganes de Alejandrîa va que-

dando convencido de que esa influencia en lo que no estâ estâtico, que se trasla-

da, menos que ser una consecuencia es una forma de solapar rasgos caracterîsti-

cos identidarios, lo que deja calaña de la intensidad de una intenciôn pre-medita-

da menos que improvisada, lo que traduce que la (tal) intenciôn es un tanto senil

y no exenta de un porciento vehemente de bruñir la expresiôn, que si no [por vo- 

liciôn] de trabajarla hasta hallar el enanito verde, como dirîan los senectos alqui-

mistas. 


 



 






  



 





Mittwoch, 9. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (943)

    De la sûmula de innumerables posibles, mas que sôlo algunos llegarân a ser,

lo que dêbese no a otra cosa que a la subrutina de un programa que pertenece a

la vida, cuêntase con el que ya va siendo [y al que regrêsase] de encuentro y en

palacio de dos criaturas: Meli y el barquero de Apragôpolis, el onomado Haga-

pajitas de Falogracia, encuentro que, como tal, ya calificôse de inesperado por

carecer de planificaciôn ----lo posible que llegarâ a ser es garante de un suceso

mas no de alguna coordinaciôn o cita en funciôn de encuentro alguno---. Al no

ser esperado causô indeleblemente impresiôn y extrañeza, empero mâs en Meli

que en el barquero de la ciudad del ocio, lo que nada tiene que ver que êste pu-

diera tener un control sobre/de ciertas cosas en el tempestivo momento que pa-

san, sino que mâs bien por el oficio que realiza ya (si acaso), [con pneuma im- 

pulsivo de Eolo y engendrativo de olas], de impresiones y de extrañezas dirîa-

se que estâ curado-----a los barqueros pâsales lo que algo anâlogo a los vetturi-

nos: de tanto que han visto, aunque trâtese de espacios disîmiles, el entramado

que los sostiene ya no es padeciente de nada----, exento de los efectos de un y

juicio en vista primera. Saliendo volitivamente de las  [precisiones indispensa-

bles y de las apreciaciones imprescindibles que desatan la madeja por la punta

mâs resonante] colorantes infaltables por razones que no hacen faltan urgente-

mente revelar, allende de que son razones que ya existen desde que existe y la

razôn misma, se retornarîa entonces al encuentro; y, por êste, a sacar a puesto,

a colocaciôn la dialogizaciôn que por su caracterizaciôn corta o dirime la for-

maciôn de ingentes lîneas.

---Usted aquî, barquero, en Bedriaco, y eso que usted estâ por acâ?

---Meli, desde que me conoces, como barquero, siempre he tenido movimien-

to, el que le agradezco a la deidad de los vientos, porque de no haber el medio

de transporte quedarîase estâtico, a no ser que reme, pero como las distancias

que he recorrido  (y que recorro) son largas, si de remar se trata ya no tuviese 

brazos.

---No me parece incierto lo que usted acaba (de)cir, de hecho yo misma soy y

testigo de que usted no rema, pero lo que usted acaba de plantear no responde

concretamente a mi pregunta, la que no fue ni referente a lo que usted es ni a

las condiciones necesarias para que su barca se mueva, no?

---No es que no quiera responder a tu pregunta o trate de escapar de ella con lo

dicho, no, no es eso, sino que mâs bien es mi costumbrer de crear un ambiente

descriptivo o formal, algo que no hago siempre mas sî muchas veces...

----Y acaso una costumbre no estâ presente siempre?, por lo que me parece en-

tonces que no es una costumbre.

----Sabes una cosa?, te escucho hablar con mâs limpieza en tus enfoques, aun-

que tambiên con mâs intenciôn de inducir reflexiones con las interrogativas y

que salen de tu boca....

----Pues de eso yo misma no me doy cuenta, pero le agradezco que me lo diga.

---Yo sî que puedo notar la diferencia del cômo hablabas antes y del cômo ora.

----Y quê puedo hacer yo con esa diferencia, es importante? No cree usted que

lo mâs importante es que uno pueda seguir hablando?

----Claro que asî lo es!!, pero una diferencia muestra o rasgos caracterîsticos y

que nos alejan de un otro o estados que se han superado teniendo en cuenta el

transitar del tiempo por el pasado, presente y futuro.

----Venga acâ, barquero, usted ha ingresado en algûn tipo de Academia?

----Mi mejor Academia sigue siendo el mar, el espacio abierto, la superficie y

con olas.

----Muy poêtico, barquero, muy, y si de hablar se trata, yo nunca habîalo oîdo

hablar asî...

----De que no me hayas escuchado no quiere decir que jamâs sucediô, siendo

êsta la razôn: muy pocos me oyen.

----Y quiênes son los pocos?

----Eso ahora no tienes que escucharlo.

----Ah no, y cuândo?

----Eso no lo sê, tal vez nunca.

----Pero ahora puedo escuchar su respuesta a mi pregunta inicial?

----Es êsta: estoy aquî porque traje a Circe, mas lo que no sê es cuândo me voy.

----Usted se demora es responder; y, cuando lo hace, dice cosas que no se la han

preguntado. Quê, es esto otra costumbre?

----No es otra costumbre, es simplemente un querer decir, sôlo eso.

----Bueno, que ahora tengo otra pregunta.

----Cuâl?

----Por quê Circe abandonô la zona de Omonia?

----Por las nuevas leyes puestas en vigor en la ciudad del ocio, las que han afec-

tado tantîsimo a los precios, tanto los de los productos como el de los habituales

en la zona susodicha. Y fîjate que si êstos a pesar de habituales no eran suficien-

tes, con la afectaciôn ni llegan a cubrir la primera parte de lo que pîdese como y

alquiler de un cuarto.

----Parecen duras las nuevas leyes, no?

----No dirîa duras sino abusivas en funciôn de lo despôtico.

----En funciôn o al servicio de eso?

----Queda para tu preferencia la palabra precisa.

----Otra pregunta, barquero.

----Hazla!!

----Y de quê va a vivir Circe, si aquî en Bedriaco no existe su oficio? No es me-

jor algo que nada?

----Hasta donde estoy enterado, Dido acepta abrir aquî en Bedriaco una casa en

funciôn de tal oficio, con la condiciôn de que pâguesele el impuesto correspon-

diente.

----Verdad que Dido aceptô eso, verdad?

----Tan verdad como que lo estâs oyendo.

----Verdad que las monedas todo lo resuelven.

----Y si lo sabes, entonces, por quê....

----Deje, barquero, no haga la pregunta.

----La moneda es la religiôn en la que cree todo el mundo, ya no tanto un afrodi-

sîaco estimulante.

----Cômo, un afrodisîaco estimulante, quê usted quiere decir?

----Olvîdalo, yo sê lo que quise decir.

----Sabe usted una cosa?

----De cuâl se trata?

----De que ya me preguntaba el porquê de que Dido y Circe estuvieran en pri-

vado hablando desde hace ya rato.

----Y quê sospechas de tal conversaciôn?

----Contra, barquero, intenta usted molestar mi inteligencia?

----Yo carezco de intentos porque predomina en mî la acciôn.

----Y un intento no es el huevo de la acciôn?

----Ya sabes que soy barquero, no gallina.

----Usted me disculpa, mas tengo que reirme.

----Nunca ha estado la risa vedada, que yo sepa.

----No la veda ninguna ley!!

----Eso no lo sê!!, aunque espero que no.

----No espere lo que no sabe, porque pudiera quedar impresionado.

----Impresionado yo?, respecto a impresiones te dirîa que no, no las padezco.

----No padecer no es nada defintivo.

----Ven acâ, quiên de nosotros al parecer ha ingresado en una Academia?

----Barquero, que la Kosmona tiene poder; influye en todo el mundo.

----La Kosmona, quê es eso?

----Acêrquese, que le explico.


     Non plus ultra de cinco minutos necesitô Meli para dilucidarle al barquero

quê era la Kosmona, explicaciôn que como tal sôlo sirviô para saciar la curio-

sidad de êste, menos que para despertarle algûn tipo de interês por la invetera-

da instituciôn, algo que no contradice una lôgica formal del decir  [de su parte

y, de tres cosas, la segunda dicha] que lo de êl era  "el espacio abierto". A raîz

de esto ûltimo dicho, Meli (entonces) no pierde el kairôs de sacarle algûn pro-

vecho, ganancia que no fue otra que la peticiôn al barquero de que diêrale sin

pago alguno una vueltecita en la barca por Albula. El barquero, como querien-

do resultar neutral, no caer impertinente, excesivo o su contrario, no ve ningûn

inconveniente para aceptar la peticiôn, sôlo que deja saber sûbito, y de manera

inteligible, que por lo menos querîa recibir una compensaciôn, que con êsta no

quedarîa inconforme, a pesar de que por su costumbre, su necesidad, su forma

de pro-ceder y su categorîa de precios jamâs habîa hecho una cosa como la que

hace ahora: sentirse conforme con tan sôlo una compensaciôn. A continuaciôn

de esto Meli, que no llevaba monedas con ella, le comunica al barquero que de-

berîa subir a su cuarto con el fin de sacar los sestercios de una bolsita de cuero

donde los guardaba, ya que si los dejaba sin esconderlos el cocinero [y sin que

diêrale el beneplâcito correspondiente de hacerlo] se los cogîa para utilizarlos

en la compra de cosas que despuês botaba, aun en un estado sumamente bueno. 

Mas en lo que esperaba el barquero que Meli regresara con las monedas, Circe

sale del recinto donde habîa tenido la conversa con Dido. y eyectando una que

dirîase mala jeta. Sin dilaciôn alguna el barquero pregûntale el porquê de tener

una jeta como êsa, a lo que responde Circe:

---Es que Dido no aceptô renovar la casa de los difuntos, la ûnica que encontrê

la adecuada para el fin propuesto, casa que como tal no estaba entre las dispo-

nibles que ella me pidiô seleccionar.

---Y por quê la encontrarste la adecuada, tiene alguna caracterîstica especial?

----Yo no sê si es una especial caracterîstica o no, sino que mâs bien es miste-

riosa, lo que sî pudiera ser una caracterîstica con la que cuenta la potencia ve-

nuciana para cambiar, transformar estados hasta sacarles la risa, conducirlos a

la jovialidad con la herramienta de la lujuria, la pasiôn o el gozo.

----Quê bien se escucha que dominas tu oficio...

----Como usted el de barquero, no?

----Asî es, Circe, asî es. Y entonces, quê pasa con eso del negocio?

----Que tengo que volver a salir y escoger una de las casas disponibles.

----Ya que vas a salir, no quieres venir con nosotros a dar una vuelta por Albula

con la barca?

----Con nosotros?, si es tan sôlo usted el que estâ parado aquî como una estaca.

----Estoy esperando que venga de su cuarto Meli, la que me acaba de pedir que

le diera una vuelta con la barca; fue a buscar unas monedas para pagarme.

----Y entonces yo tambiên debo pagarle despuês de ya haberle pagado un viaje

bastante caro?

----No, claro que no, lo que ya tû me pagaste cubre este vueltecita, o sea, que es

gratis.

----Si es asî voy con ustedes a dar la vueltecita, y despuês veo los de las casas.

----Mira, Circe, ya viene Meli, asî que nos vamos.

----Quê, Circe va con nosotros?----pregunta Meli y a la vez que entrega los ses-

tercios.

----Sî, viene con nosotros---responde el barquero.

----Y ya le pagô?

----Y muy bien que lo hizo!!

----Quê, Meli, algûn inconveniente que yo vaya?

----Ninguno, Circe, ninguno!!

----Entonces a la barca, a la barca!!----afirma el barquero.


















   





















 




































   

Montag, 7. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (942)

     Cumpliendo con el cometido de explicitar quê era un "principio lôgico", por 

la razôn de haber hecho la pregunta el tîo de Kosmos, y de que Kosmos dejâra-

le el deber de dar la respuesta al didâscalos filosôfico, êste saca a puesto prime-

ramente un paradigma de tal principio, algo que demuestra nuevamente la inde-

fectible funciôn que tiene (en la Kosmona sobre todo) el mecanismo fiestero de

viraje, lo que no quiere decir que carente de un fundamento o de un porquê que

hâcelo posible, de una sustancia que por antonomasia lo sustenta.

----Mire usted: El hombre piensa porque existe; y, viceversa, de existir el hom-

bre pensarâ: quê le parece el ejemplo?

----Que por indubitable no se discute---responde el tîo de Kosmos.

---Eureka!!, que usted ha reconocido lo evidente de las "verdades primeras", lo

evidente por sî mismo a partir de lo cual  (o con lo cual) se erige el edîculo for-

mal del pensamiento.

----Entonces las verdades primeras son principios lôgicos?

----Aplausos sostenidos, que usted ya ha concluido con la definiciôn: le debe-

mos un gallo a Asclepio!!; porque enfermos, de quê nos servirîa definir?

----Por ausencia de ganas y de magnanimidad?

----Y acaso no van juntas: la magnanimidad engendra la gana y la gana activa

el ânimo. No se ha fijado usted que cuando hay tedio lo que hay es precariedad

de ganas, y quê pasa entonces?

----Que no hay gran porciento de ânimo....

----Debo hacerle una aclaraciôn: en cuestiones de ânimo no hay porcientos: se y

tiene o no; estâ por el piso o por las montañas.

----Lo animoso en las arañas que siempre de tejer ganas tienen.

----Tâ pros tô têlos. kosmos, tâ pros tô têlos!!---afirma el didâscalos filosôfico.

----El fin: lo mâs relevante en todas las cosas.

----Ya sê estagirita, ya sê---dice el didâscalos filosôfico y rîe.

----De retorno a las verdades primeras, asimismo son los preceptos o reglas ope-

rantes que rigen toda forma del cogitations---dice Kosmos.

----Se da cuenta usted porquê la contradicciôn es un principio lôgico?---pregûn-

tale el didâscalos al tîo de Kosmos.

----Porque es un precepto o una regla?

----No tanto lo segundo como lo primero...

----Un precepto!!

----Porque impone limitaciones a partir de una forma de pensamiento.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos: delicioso!!--- Kosmos

afirma.


        Al ponerle punto a la raya para que continuase la letra, y de esta imponen-

cia limitativa a partir de una forma de pensamiento, resultan para Kosmos apre-

ciativos componentes con cierta y determinada proporcionalidad que un tanto y

bien que influyen a la hora de laborar con su idea del ojo asomante, sin que trâ-

tese especîficamente de un potencial que como tal atiborra, sino que mâs bien y

[como posible sujetador de imagos superlativas] que causa un desviamiento efî-

mero de la atenciôn, sin que pase a significar que asî periclitase la funciôn capi-

tal de un objetivo de ir quitando lo que de facto estâ de mâs,  los agregamientos 

que se han ido cumulando sin un trabajo adecuado de limpieza menester, traba-

jo que facilita indubitablemente (por lo menos asî lo cree Kosmos) obtener una

concreciôn, disminuciôn a lo esencial que representarîa un beneficio por ser lo

que verdaderamente hace mover a todo un mecanismo sin acarrear dificultades

o tropiezos. Habrîa que ver (asimismo) que con [menudo cuidado?] los aprecia-

tivos componentes con cierta y determinada proporcionalidad forma Kosmos y

jolgorio matemâtico tremendo, algo que ya sâbese que no es faltante en êl, mas

que in casu descolla mâs la riqueza de un programa ôntico que subraya lo supe-

rante de la proporciôn, lo que la soprepasa; porque si por ejemplo, un (dirîase)

paradigma con suprema resonancia por aludir a las dos formas clâsicas de ana-

logîa, el cuatro estâ proporcionado porque es doble de dos, estarîa proporciona-

lizado porque cuatro es a dos como seis es a tres, algo que darîa pie por conse-

cuencia a que pasârase a convertir una suma en deleite funcional por su mayûs-

cula dadarîa: 4+2+6+3=15, y 1+5=6 (la numeral considerada mâs perfecta---la

estrella de seis puntas es simêtrica y encarna la sapiencia del  "asî arriba como

abajo"-----y son seis los  "movimientos" bâsicos: hacia arriba, hacia abajo, ha-

cia delante, hacia detrâs, a la izquierda y a la derecha). Y acaso la idea del ojo

asomante carece de movimiento; no ha dejado un resultado con el personaje y

de Sabinsqui, aunque tenga lîmite por estar en una novela?

----Toco un dato, Kosmos: la analogîa de proporcionalidad expresa una "rela-

ciôn entre dos sujetos" entre los que evidencia la armonîa intrînseca mas no y

asimilable a una semejanza de estado o de forma---dice el didâscalos filosôfi-

co.

----Êsa es la res, didâscalos, êsa!!---afirma Kosmos.

 





 

   









 













 

Donnerstag, 3. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (941)

    Con vistas a proporcionarle si no una, dos pejigueras a la conciencia de su tîo,

que si no para darle un motivo (o el kairos) de que siguiera moviendo su lengua

para asî obtener otros datos que ampularîan a la posible o prôxima discursiva de

los contertulios, Kosmos utilizando taxativamente la verba expuesta  (no hace y

mucho) recientemente sin dilaciôn dîcele (a)quêl:

----Parece que tu determinaciôn (callado me quedo) durô lo que un brinco de sa-

po en una hoja de malanga, que tu mutismo non plus ultra de unos breves minu-

tos durô en su condiciôn mutismâtica...

-----Mutismâtica, kosmos?, lo voy a tomar como un parônymos.

----Câspita!!, didâscalos, que puede hasta metêrselo en el bolsillo porque es eso

y no otra cosa.

----Pero, Kosmos, mi determinaciôn no....

----Toda determinaciôn es una negaciôn, repito---suelta el didâscalos filosôfico.

----Me deja, permite usted que yo hable sin que me interrumpa, didâscalos?---y

pregunta el tîo de Kosmos.

----Claro que sî, cômo no, hâgalo!!

----Que mi determinaciôn, aunque haya durado breve, Kosmos, no te favoreciô

en algo?

----Amplifîque lo que es, amplifîquelo!!

----En dejarte perplejo, en dejarte asî.

----Êsa es la res, êsa!!, mas por lo que amplificaste del cazador, no por no haber 

cumplido con tu mutismo, con tu determinaciôn.

----Y de haber mantenido mi determinaciôn, cômo hubieras quedado perplejo si

no dijese nada respecto al cazador?

----Yo creo que usted le gusta caer en las celadas; aunque nos haya dicho, no ha-

ce tanto, que no iba a caer en ellas---dice el didâscalos filosôfico que agrega: no

me extraña la contradicciôn, de la que con un explicitar se ha repetido que no es

otra cosa que un "principio lôgico".

----Mas no se ha explicitado el porquê de ser tal principio---el tîo de Kosmos di-

ce.

----Allâ voy, por quê me llamas!!

----Quê, explicitas tû, Kosmos?

----Estaba jugando. Esta vez le cedo, doy, transfiero, concedo la responsabilidad

de explicitar al didâscalos filosôfico.

----No me llames, aquî estoy, voy---dice el didâscalos filosôfico.


     Simultâneamente suceden dos cosas en palacio: la primera, el encuentro ines-

perado, por no haber planificaciôn, de Meli (la etera de Masalia) con el barquero 

de la ciudad del ocio Hagapajitas de Falogracia; la segunda, la y pendiente dialo-

gizaciôn entre  Dido y Circe con el objetivo ûnico, especîfico de barruntarle êsta 

y (a)quêlla sobre la selecciôn de la casa que pareciôle la mâs apropiada para utili-

zarla exclusivamente como baricentro al servicio de la deidad tanto de las sofoca-

ciones como de las fruiciones profundas: Afrodita (mas la Pandemus y no la Ura-

nia).

      Pero previo al encuentro de aquêllos el cocinero de Irlanda paseaba por los

jardines de palacio, momento que pudo hacerlo debido a la pausa que por dere-

cho tenîa y con la duraciôn de media hora, la que como tal subrayô êl mismo a

raîz de que (personalmente) la reina hiciêrale la entrega del contrato indefinido, 

siendo de este jaez siempre y cuando  [o bajo la condiciôn de que] no transgre-

diese las reglas de este mismo documento, o si no que cometiese alguna indis-

ciplina fuese ya de las conspicuas o no, ya que pasarîa sûbito de ser indefinido 

a definido; allende, y como algo dejado saber ostensiblemente por su majestad 

y que no aparecîa en el contrato, que tendrîa que cêlere abandonar la corte de

una vez y para siempre. Regresando a su paseo, y el que amên de ofrecerle una 

beneficiosa jovialidad al dirimir por un tiempo cortîsimo su responsabilidad y 

estrês en la cocina era garante del hecho de que pensara relajadamente en la y

*Triple diosa al tocarse varias veces los tres zarcillos, y sîmbolo que da calaña 

de la energîa de la numeral tres----otros dos sîmbolos que asimismo dan mues-

tran de la misma energîa son La triple espiral y La triquetra----el cocinero sin-

tiôse como tocado por una nube de fantasîa acarreada por una doncella, lo que

en resumidas cuentas no es otra cosa que uno de los tres aspectos que tiene la

diosa Triple---los otros dos son de madre y de senecta bruja o hada---, los que

de facto simbolizan el viaje a travês de la vida y sus enseñanzas. Esta envoltu-

ra mâgica, porque como consecuencia de todo lo que estâ pasando aquî pueden

estar influyendo factores atrapantes fuera del alcance de las retinas totalmente,

aunque no queda descartado que asimismo estên confluyendo concentradas pu-

diencias de movimientos del tiempo, rara vez sucede en espacios atiborrados y

con la funciôn de imantar triviales verbalizaciones salidas de la batahola; sino

lo contrario, precisamente en aquellos donde (sobre todo) descolla naturalmen-

te la policromîa, la tranquilidad y seducciôn de los aromas (aromâtica)---si por

cuestiones mâs especializadas un hiperôsmico disfrutarîa mâs con la sumatoria

de olores, no porque nadie no lo sea dejarîa de tener la posibilidad de gozo, pe-

ro clarîsimo que con una diferencia en parangôn con aquêl----. Como barrunte

final dêjase, y algo acaecido dentro del lîmite que tenîa la pausa, la media hora,

que Meli, la etera de Masalia, advirtiôle al cocinero, y de forma inteligible, breve 

absoluta, de que si por alguna casualidad ella lo veîa cercano a Circe se y trepa-

rîa en la barca del barquero de Apragôpolis lo mâs pronto que pudiese, que si y

no a todo trance igual fuese el costo que êste le pusiese por el viaje. Mas el co-

cinero, en cambio, no refutô la advertencia; frente a ella quedôse en total mutis-

mo, ya que si Meli no sabîa algo era que el barquero, de momento, de Bedriaco

no se irîa ni aunque le pagasen por la transportaciôn de un lugar a otro de algu-

na criatura el mâs extremo precio, y menos sabiendo que tendrîa que salir obli-

gatoriamente por donde mismo entrô: por el este  (de Albula), latitud caracteri-

zada por los incesantes conflictos y huevo de las emociones.




 



    














199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...