Mittwoch, 16. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (946)

    Hablando de nuevo sobre eso de asunto de circunstancia y razôn de reflexio-

nes prôximas, Kosmithôs encuêntrase con el trîo [y formado por Hagapajitas de

Falogracia, Meli y Circe] que arrumbâbase en direcciôn a Albula con el preciso

têlos de abordar la barca del barquero de la ciudad del ocio para dar una vuelte-

cita. Kosmithôs, trepado en el corcel asturiano, hizo un tremendîsimo esfuerzo,

algo insôlito hasta el momento o que no habîa sucedido jamâs, por controlar el

arreo a raîz de la conducta intranquila, de la precaria ataraxia que dio calaña el 

cuadrûpedo, comportamiento al parecer debido a la presencia del barquero me-

nos que a la de las fêminas, segûn opiniôn o consideraciôn del propio jinete, el

mismo que a continuaciôn de lograr la calma del animal bajôse de êste.

----Creo que nos vimos alguna vez en la ciudad del ocio, por lo que si no me y

equivoco tû eres el hijo de Kosmos, no?---pregunta el barquero.

----Sî, señor, asî es, soy yo y no otro, y concomitado por el corcel asturiano.

----Ah, es un corcel?, bella bestia!!

----Bestia, en quê sentido lo dice usted?

----En el de que no es pequeño.

---Si es en êse ( de que es un caballôn) me quedo conforme, que si fuera otro us-

ted me tendrîa que oîr.

----No hay un otro, Kosmithôs, ahora sôlo el que acabo (de)cir cuâl es.

----Ademâs de bella dirîa que impresionante; parece una bestia de dioses---dice

Circe.

----Y cômo usted sabe cômo son las bestias de las deidades, Circe?

----Olvîdate del cômo y confôrmate con el que lo sê, Kosmithôs.

----Segûn los contertulios de la Kosmona, conformarse no es ni la mejor solu-

ciôn frente a un problema ocasionado por la palabra ni la mâs disciplinada for-

ma de aceptar de mala gana....

----No se nota que tû eres un contertulio mâs?

----Uno mâs sî, mas no tanto contertulio.

----Kosmithôs, y para cambiar de tema, cuânto tû pagaste por esa bestia?

----Señor, la bestia no es mîa, mas yo soy quien la saca a pasear, quien se ocu-

pa de ella; es del tîo de Kosmos y un regalo que le hizo mi abuela por haber y

ganado un combate entre secutores, que de esto hace ya un montôn de tiempo.

----Un regalo?, vaya, quê regalo!!

----Kosmithôs, y por quê tû me miras asî, con esa fuerza, con esa fijaciôn de re-

tinas?---indaga Meli.

----Quiên yo?

----Sî, tû mismo!!, o es que acaso te recuerdas de aquella vez, en la ciudad del

ocio, en la que estuviste muy cerca de mî y vimos juntos aquel libro titulado La

vida erôtica de los griegos antiguos?

----Y cômo no acordarme de tal vez, cômo no...

----Tû mirada dice mucho, Kosmithôs, bastante---dice Circe.

----La cogieron con mis ojos, y yo lo que miraba era otra cosa...

----Verdad, kosmithôs, verdad?, mira que soy etera de Masalia---dice Meli.

----Kosmithôs, tienes algo urgente que hacer ahora, ademâs de pasear con la y

bestia?----pregunta el barquero.

----Algo urgente que hacer yo?, de urgencias desconozco. Por quê pregunta?

----Porque si lo deseas puedes venir con nosotros a dar una vueltecita con mi y

barca, por eso...

----Verdad que puedo ir con ustedes, cierto que me hace una invitaciôn usted?,

y no me vaya a decir que es cierto porque es imposible, algo que estoy aburri-

do de oîr.

----Y de dônde tû sacaste que yo te dirîa eso que jamâs dirîa?

----No sê, a lo mejor usted conoce esa frase, una que repite mucho mi padre y

que pertenece a un tal Tartalano.

----Me puedo reîr, Kosmithôs?

----A la risa estoy acostumbrado, mas cuâl serîa el motivo de la suya?

----De que no es Tartalano, sino Tertuliano.

----Entonces conoce a Tertuliano?

----De oîdas, mas no esa frase. Recuerda que soy barquero; y, como tal, tantas.

muchas son las conversaciones que he escuchado en mi barca.

----Es posible entonces que en algûn momento haya oîdo tal nombre, no?

----Asî es, Meli, asî es!!

----Y si bastantes a oîdo usted, hay alguna que recuerda sobre algo?

----Tendrîa que ponerme en funciôn de recordar, Kosmithôs, algo que podrîa

hacer una vez que estê conduciendo el medio de transporte---responde el barque-

ro.

----Y entonces, Kosmithôs, vienes o no?---pregunta Meli.

----Sî si, mas primero debo dejar bien amarrado a un ârbol al corcel asturiano.

----Bueno, hazlo, y nosotros te esperamos en la barca---dice el barquero.

----De acuerdo!!, mas dônde estâ ella?

----Ves ese camino con cipreses?---pregunta el barquero y la vez que señala.

----Claro que veo el camino y a los cuprasâceos...

----Los quê?[....], de dônde tû sacaste ese nombre?----fisga Circe.

----No me dijo usted que yo era un contertulio mâs?

----Sî, te lo dije, y?

----Pues la saquê de la kosmona por ser lo que usted me dijo que era uno mâs.

----Puedo terminar (de)cirle a Kosmithôs dônde estâ la barca?

----Puede, barquero, puede---responde Circe.

----Entonces, Kosmithôs, ese camino hasta el final; despuês a la derecha, unos

veinte metros, y seguido a la izquierda otros veinte metros mâs.

----Y cuântos metros tiene ese camino con cuprasâceos?

----Veinte tambiên!!

----O sea, que la suma es igual a un nûmero redondo...

----La de seis veces diez.

----Debo decir cuâl es el nûmero redondo?

---Dêjate de nûmeros redondos, y acaba de amarrar a la bestia, que si no nos co-

ge la noche----dice Meli.

----Y risas de Kosmithôs que afirma: al avîo, al avîo!!, como dice mi padre.


      Una hora despuês Sunev daba un paseo. Por la razôn de llevar en sus brazos 

a Kôsmythos su paso deberîa ser lento, parsimonia en el avance que eludirîa dar

un tropezôn inesperado e irse de boca. Al cumplirse treinta minutos de haber sa-

lido por la puerta de palacio------un pneuma ligerito levantaba un poco de tierra,

mas sin que resultase ingente pejiguera para la vista u ôbice causante de que de-

jârase el paseo para otro dîa----, tiempo basto como para recorrer la exacta y jus-

ta distancia existente entre dos puntos, o la que los separa, la posibilidad de con-

templar Albula engendrôle cierta jovialidad, la que como tal esta vez ni era mirî-

fico solvento contra estados de ânimo taciturnos ni garante de que tarareârase al-

guna melodîa especiosa que pudiêrase recordar, sino que mâs bien funcionaba y

como un factor contribuyente o como una especie de dadorîa que ofrêcele a la y

mente la sustentabilidad y estimulaciôn necesarias para mantenerla un tanto ale-

jada de pensamientos fûtiles, los que  [siendo] asî ni merecerîan toques de trom-

peta ni de campanas. Mas si algo interfiere en la susodicha jovialidad, algo que

no fue la causa de que desapareciera del todo mas sî que disminuyera un poqui-

to su poder como beneficio, fue el percibir de Sunev de que el corcel asturiano

estaba amarrado al tronco de un ârbol, lo dador de pâbulo (entonces) de que hi-

ciêrase sin dilaciôn la siguiente pregunta: y dônde estâ Kosmithôs? Inmediata o

seguidamente a esto Kôsmythos entra en llanto, uno de jaez incesante, y sin un

fin râpido al parecer, aun y a pesar de los intentos diversos hechos por Sunev y

para calmarlo: la sacada de un muñequito, la cosquillita en las mejillas, la mue-

ca improvisada, el besito en la frente, el soplarle en el omphalos, y hasta el po-

nerle un seno en la boca para que diera un chupetazo. Al carecer del elixir per-

tinente, del remedio definitivo, no quêdale otra cosilla por hacer a Sunev----el

pensar en opciones no pasô por su testa, no tûvolas en cuenta--- que la de sûbi-

tamente volver a dejar su paso lento sobre la misma horizontal por la que vino 

para retornar a palacio, regreso que harîa sin que ya fuese posible el de tierra y

levantamiento por el pneuma ligerito, porque ya no habîa.



 

  


 




  



















































Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...