Freitag, 25. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (951)

     La corriente recordativa se desviste de gala para mâs bien cumplir con otra

funciôn menos pimpante, y que no es otra que la de posibilitarle a Nausica so-

bre el pucho que contârale a la signora Lacrusea sobre el onîrico tenido con la

estatuilla con la imago del rey de Itaca, la que hacîa bastante tiempo ella mis-

ma habîa comprado en el barrio de los Sigilarios [en una feria y con la compa-

ñîa de Sunev, Temîganes, Asonis y Perrasiestes], mas sin revelar jamâs su pre-

cio. Pero a raîz de esto reflexionarîa Nausica sobre la cuestiôn del porquê y en

seguida de tal hacer posible, el que resultâbale "al parecer" intempestivo total-

mente, fuera de lugar, de kairôs o de instante pertinente; valorô asimismo que 

si en vez de flores de orquîdeas blancas [ acabadas de regalar por Gaye Maci-

nas a su progenitora, la signora Lacrusea] hubiese recibido êsta, como dâdiva, 

un bien confeccionado barquito de madera a manera de sîmbolo, mâs logica o

sentido, por razones de asociaciôn, tendrîa el contado onîrico, mâs encajarîa o

pegarîa en este momento---pero alguien que piensa entrarîa (a)nalizar, aunque

tratârase de un sîmbolo, quê tiene que ver un barquito de madera con la signo-

ra Lacrusea, lo que a su vez transportarîa a conclusionar, que el que regalô tal

barquito desconoce a la signora----de programado paseo de madre e hija y que

terminarîa en Albula.

      Pero en Albula, y despuês de haber nadado un poco y haberse despojado y

de sus ropas por estar cien por ciento mojadas, las que como tal colgô al canto

en una rama con el telôs de que secâranse, el cazador (placenteramente) disfru-

taba de un solaz de los pocamente tenidos hasta el momento; pero de uno, ade-

mâs, muy que beneficioso y agradable por el hecho intachonable de contar con 

el suntuoso embrisamiento de la sombra. Mas si algo no pudo eludir pensar en

lo que disfrutaba de su descanso, fue sobre el quê decirle al propietario del bo-

te que habîaselo alquilado por una hora, porque hacerle saber la verdad era co-

mo exponerse a un caso (de)nuncia; de uno que tendrîa, por efecto, su adecua-

da o correspondiente consecuencia, aunque quedândole la ilusiôn lenificante o

la esperanza de que por conocer a la reina aquêlla no fuese ni tan difîcil ni tan

dura de soportar. A tenor de lo ya dicho sobre el disfrute del solaz y con lo que

contaba, el cazador quêdase dormido; y tan profundamente, que despertârlo o

hacerlo volver a la realidad costarîa algo de trabajo.

    Non plus ultra de unos diez minutos de quedarse dormido el cazador, la sig-

nora Lacrusea y Nausica llegan a Albula. Si aquêlla lo primero que hace es as-

perjar con gotas minûsculas las orquîdeas blancas regaladas; êsta a buscar el y

lugar propicio donde ambas pudieran sentarse sin ser percibidas o vistas, fasti-

diadas o molestadas. Sucediô entonces que de la parte derecha ningûn convin-

cente sitio fue hallado para el objetivo susodicho, por lo que Nausica retorna y

al lugar de donde partiô y comunîcaselo a su madre, a lo que êsta dice: no te y

preocupes, que buscaremos juntas alguno de la parte izquierda. Emprendida la

bûsqueda, y transcurridos diez minutos, la signora Lacrusea divisa la presencia

de un cuerpo posicionado horizontal y debajo de un ârbol con tremendîsima lo-

zanîa, tanto por el verdor de sus hojas como por la caracterîtica de su imponen-

te y gruesa corteza, aunque tambiên unas ropas tendidas en una de las mâs lar-

gas ramas. Sin apresurarse a llegar a conclusiones raudas, ambas arrumban sus

pasos hacia el ârbol, reducen la distancia que separa dos puntos con la acciôn y

de ir de un sitio al otro, traslaciôn hecha de la manera mâs sensata y parsimôni-

ca para no ser descubiertas. Al llegar al ârbol y ver ostensiblemente de quiên y

era el cuerpo posicionado horizontalmente, pregûntale madre a hija:

----Pero quê hace el cazador en estas condiciones durmiendo aquî?

----Quê hacemos, lo despertamos?

----No sê, quê tû crees?

----Pensândolo mejor creo que es mejor dejarlo que siga durmiendo, pero sabes

una cosa?

----Quê?

---Que ahora entiendo el porquê de haberte contado lo del ônirico con la estatui-

lla del rey de Îtaca; o mejor expresado, habêrtelo dejado saber pareciendo fuera

de lugar.

----Bueno, entonces buscamos el lugar para sentarnos un rato?

----De acuerdo, vamos a buscarlo.









 


 









 




 



  

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