Lo simbiôtico que no es lo histriônico parcionero de lo paliativo que propor-
ciona la katharsis de la tragedia. Con esta certeza tenida en cuenta por disîmiles
doctos de la alcheringa es que pudiera entenderse el porquê Xabier, el grumete
redomado, al subir a la barca y percatarse de la desnudez de Kosmithôs --en de-
rredor de êste, y en la misma condiciôn, a toda flor, estaban Circe, Meli y Haga-
pajitas de Falogracia, amên que dormidos-----inmediatamente lo cubriô con una
manta y sin dilaciôn le dio una sûmula de galletazos para despertarlo. Seguido a
venir a conciencia no sôlo revela Kosmithôs lo de la danza del cordax, sino que
asimismo la ingente cantidad de vino que habîan tomado estando êsta ya un tan-
to avanzada, creyendo que êste fue el motivo de su traslado al mundillo de Mor-
fi. A raîz de lo anterior, y recuperando sus telas, sin dilaciôn cubre su entramado
Kosmithôs; mâs sabiendo, para no hacerlo con parsimonia, que la bailarina peli-
rroja, Corônide, estaba por llegar a la barca. Pero antes de continuar dêbese un
claramiento para dejar saber cômo es que tanto Xabier, como Corônide, a la bar-
ca llegaron.
Unos veinte minutos antes, Xabier y Corônide alcanzaban fruiciôn al sentir y
sus cuerpos refrescados por el agua de Albula. Si aquêl acicalaba la espalda y de
êsta con la esponja rosada; êsta dejâbase limpiar por las manos de aquêl la parte
del cuerpo susodicha, y con un ampo que pudiêrase analogar con el del marmol.
Estando en esta actividad, la que por supuesto ambas criaturas consideraban be-
neficiosa al realizarse con vehemencia, la corriente de Albula llêvase la esponja
rosada en el instante en que Xabier la deja flotando, cosa que hizo para sus ma-
nos embadurnar de un aromâtico jabôn. Al darse cuenta de lo de la esponja, rau-
do le da movimiento a sus brazos y nada con el objetivo de recuperarla. Mas co-
mo la corriente cada vez tornâbase mâs fuerte al acercarse al estuario, cuasi que
resultâbale imposible cogerla, a pesar de que por ser grumete nadaba sumamen-
te bien y râpido, sin defectos o fallos en el aplicado estilo de nataciôn. La baila-
rina pelirroja lo sigue tambiên nadando, mas la distancia que separâbalos era y
bastante considerable. Mas adelante de Xabier, unos cuantos metros que no fue-
ron calculados, la barca del barquero de la ciudad del ocio hace posible la defi-
nitiva detenciôn de la esponja rosada, al chocar êsta con la madera del medio y
de transporte. Xabier, entonces, y acêrcandose a la barca, mas de la parte de ês-
ta donde la tensiôn de la cadena del ancla exhibîa tres metros de longitud por y
encima del agua, apodêrase al fin de la esponja rosada, pero como quêdale la y
curiosidad por saber a quiên pertenecîa la barca, mêtese la esponja en su pren-
da de baño y, agarrando la cadena, sube a la embarcaciôn de tamaño reducido.
La llegada a la barca de la bailarina pelirroja ocurriô en el preciso momento
en que Kosmithôs hacîale la siguiente pregunta a Xabier:
----Y cômo tû sabîas (supiste) que yo estaba aquî en la barca?
----Yo ni tuve idea de que tû estuvieses aquî, si ni tan siquiera sê de quiên es es-
ta barca, al propietario que pertenece.
----Al barquero de la ciudad del ocio, el señor Hagapajitas de Falogracia...
----Ya voy entendiendo el porquê el barquero estâ presente en un cuarteto en el
que prepondera la juventud....
----De cuâl cuarteto tû hablas, Xabier, que somos sôlo tres?----indaga Corônide.
----Hasta ahora somos seis los que estamos en esta barca, y espero que no llegue
mâs nadie----dice Kosmithôs.
----Ustedes me estân fastidiando, no?
----Claro que no!!, Corônide, y tû misma puedes comprobar que no te estamos y
fastidiando.
----Mira, dirige tus pasos hacia allî, y ya sabrâs por quê somos seîs---dice Xabier
señalando.
----Y, entonces, Xabier, cômo fue que llegaste hasta aquî?---indaga Kosmithôs.
----Si no hubiera sido por la esponja rosada aûn estuviera acicalândole la espal-
da a Corônide...
----Cômo, intentas fastidiarme a mî?
----No no, y es que pasô que....
----Pero quê cosa es esto, aquî se bailô el cordax?--pregunta Corônide al regresar
y portando el libro referente a las viejas danzas.
----Y cômo tû sabes eso, Corônide?----fisga Kosmithôs.
----Por este libro que encontrê, ademâs que sê que es la ûnica danza que baîlase
al desnudo. Y tû la bailaste tambiên, Kosmithôs?
----Yo?, quê va!!, no ves que estoy vestido, arropado, cubierto?
----Seguro, Kosmithôs, seguro?
----Tan seguro como que me llamo como me llamo.
----Espero que tû no seas cômplice por haber ayudado de alguna manera a Kos-
mithôs, porque al llegar primero que yo a la barca tuviste tiempo suficiente co-
mo para hacerlo, y mâs con la simbiosis que existe entre ustedes----dîcele Corô-
nide a Xabier.
----Lo de la simbiosis es cierto, mas yo no lo he ayudado en nada.
----Yo voy a hacerme la tonta y creerê lo que me estân diciendo. Y dônde estâ la
esponja rosada?----pregûntale Corônide a Xabier.
----Si metes la mano dentro de mi trusa podrâs agarrarla...
-----Ten cuidado no te pinche la abeja----dice Kosmithôs y riendo.
----Gracioso!! Y quê hacemos con esas tres criaturas que duermen y desnudas?
----Dejarlas desnudas y que sigan durmiendo---responde Kosmithôs.
----Kosmithôs, y no te preocupa de que alguna de tales criaturas se vaya de len-
gua y revele que tû estabas en esta embarcaciôn?----pregunta Xabier.
----Ya veremos quê pasa, Xabier, QUÊ PASA!! Lo que sî va a pasar ahora es que
me largo de aquî. Y ustedes no vieron el corcel asturiano?
----Si lo hubiera visto por lo menos tendrîa una idea de que tû estabas o en Albu-
la o en los derredores---responde Xabier.
----Bueno , nos vamos?----pregunta Corônide.
----Êsa es la res!!, como dice mi padre, vâmonos!!---colofona Kosmithôs.
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen