Dienstag, 22. Februar 2022

La cazuela de Vitelio (949)

     Lo simbiôtico que no es lo histriônico parcionero de lo paliativo que propor-

ciona la katharsis de la tragedia. Con esta certeza tenida en cuenta por disîmiles

doctos de la alcheringa es que pudiera entenderse el porquê Xabier, el grumete

redomado, al subir a la barca y percatarse de la desnudez de Kosmithôs --en de-

rredor de êste, y en la misma condiciôn, a toda flor, estaban Circe, Meli y Haga-

pajitas de Falogracia, amên que dormidos-----inmediatamente lo cubriô con una

manta y sin dilaciôn le dio una sûmula de galletazos para despertarlo. Seguido a

venir a conciencia no sôlo revela Kosmithôs lo de la danza del cordax, sino que

asimismo la ingente cantidad de vino que habîan tomado estando êsta ya un tan-

to avanzada, creyendo que êste fue el motivo de su traslado al mundillo de Mor-

fi. A raîz de lo anterior, y recuperando sus telas, sin dilaciôn cubre su entramado

Kosmithôs; mâs sabiendo, para no hacerlo con parsimonia, que la bailarina peli-

rroja, Corônide, estaba por llegar a la barca. Pero antes de continuar dêbese un

claramiento para dejar saber cômo es que tanto Xabier, como Corônide, a la bar-

ca llegaron.

    Unos veinte minutos antes, Xabier y Corônide alcanzaban fruiciôn al sentir y

sus cuerpos refrescados por el agua de Albula. Si aquêl acicalaba la espalda y de

êsta con la esponja rosada; êsta dejâbase limpiar por las manos de aquêl la parte

del cuerpo susodicha, y con un ampo que pudiêrase analogar con el del marmol.

Estando en esta actividad, la que por supuesto ambas criaturas consideraban be-

neficiosa al realizarse con vehemencia, la corriente de Albula llêvase la esponja

rosada en el instante en que Xabier la deja flotando, cosa que hizo para sus ma-

nos embadurnar de un aromâtico jabôn. Al darse cuenta de lo de la esponja, rau-

do le da movimiento a sus brazos y nada con el objetivo de recuperarla. Mas co-

mo la corriente cada vez tornâbase mâs fuerte al acercarse al estuario, cuasi que

resultâbale imposible cogerla, a pesar de que por ser grumete nadaba sumamen-

te bien y râpido, sin defectos o fallos en el aplicado estilo de nataciôn. La baila-

rina pelirroja lo sigue tambiên nadando, mas la distancia que separâbalos era y

bastante considerable. Mas adelante de Xabier, unos cuantos metros que no fue-

ron calculados, la barca del barquero de la ciudad del ocio hace posible la defi-

nitiva detenciôn de la esponja rosada, al chocar êsta con la madera del medio y

de transporte. Xabier, entonces, y acêrcandose a la barca, mas de la parte de ês-

ta donde la tensiôn de la cadena del ancla exhibîa tres metros de longitud por y

encima del agua, apodêrase al fin de la esponja rosada, pero como quêdale la y

curiosidad  por saber a quiên pertenecîa la barca, mêtese la esponja en su pren-

da de baño y, agarrando la cadena, sube a la embarcaciôn de tamaño reducido.

     La llegada a la barca de la bailarina pelirroja ocurriô en el preciso momento

en que Kosmithôs hacîale la siguiente pregunta a Xabier:

----Y cômo tû sabîas (supiste) que yo estaba aquî en la barca?

----Yo ni tuve idea de que tû estuvieses aquî, si ni tan siquiera sê de quiên es es-

ta barca, al propietario que pertenece.

----Al barquero de la ciudad del ocio, el señor Hagapajitas de Falogracia...

----Ya voy entendiendo el porquê el barquero estâ presente en un cuarteto en el

que prepondera la juventud....

----De cuâl cuarteto tû hablas, Xabier, que somos sôlo tres?----indaga Corônide.

----Hasta ahora somos seis los que estamos en esta barca, y espero que no llegue

mâs nadie----dice Kosmithôs.

----Ustedes me estân fastidiando, no?

----Claro que no!!, Corônide, y tû misma puedes comprobar que no te estamos y

fastidiando.

----Mira, dirige tus pasos hacia allî, y ya sabrâs por quê somos seîs---dice Xabier

señalando.

----Y, entonces, Xabier, cômo fue que llegaste hasta aquî?---indaga Kosmithôs.

----Si no hubiera sido por la esponja rosada aûn estuviera acicalândole la espal-

da a Corônide...

----Cômo, intentas fastidiarme a mî?

----No no, y es que pasô que....

----Pero quê cosa es esto, aquî se bailô el cordax?--pregunta Corônide al regresar

y portando el libro referente a las viejas danzas.

----Y cômo tû sabes eso, Corônide?----fisga Kosmithôs.

----Por este libro que encontrê, ademâs que sê que es la ûnica danza que baîlase

al desnudo. Y tû la bailaste tambiên, Kosmithôs?

----Yo?, quê va!!, no ves que estoy vestido, arropado, cubierto?

----Seguro, Kosmithôs, seguro?

----Tan seguro como que me llamo como me llamo.

----Espero que tû no seas cômplice por haber ayudado de alguna manera a Kos-

mithôs, porque al llegar primero que yo a la barca tuviste tiempo suficiente co-

mo para hacerlo, y mâs con la simbiosis que existe entre ustedes----dîcele Corô-

nide a Xabier.

----Lo de la simbiosis es cierto, mas yo no lo he ayudado en nada.

----Yo voy a hacerme la tonta y creerê lo que me estân diciendo. Y dônde estâ la

esponja rosada?----pregûntale Corônide a Xabier.

----Si metes la mano dentro de mi trusa podrâs agarrarla...

-----Ten cuidado no te pinche la abeja----dice Kosmithôs y riendo.

----Gracioso!! Y quê hacemos con esas tres criaturas que duermen y desnudas?

----Dejarlas desnudas y que sigan durmiendo---responde Kosmithôs.

----Kosmithôs, y no te preocupa de que alguna de tales criaturas se vaya de len-

gua y revele que tû estabas en esta embarcaciôn?----pregunta Xabier.

----Ya veremos quê pasa, Xabier, QUÊ PASA!! Lo que sî va a pasar ahora es que

me largo de aquî. Y ustedes no vieron el corcel asturiano?

----Si lo hubiera visto por lo menos tendrîa una idea de que tû estabas o en Albu-

la o en los derredores---responde Xabier.

----Bueno , nos vamos?----pregunta Corônide.

----Êsa es la res!!, como dice mi padre, vâmonos!!---colofona Kosmithôs.



































 



  

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