Freitag, 15. April 2022

La cazuela de Vitelio (988)

    La curiosidad de Lolia Paulina por querer saber asimismo ----lo que opinô el

compinche del flamen, Pempeo Noncola, ya habîale sido someramente barrun-

tado por Sabinsqui----lo dicho por el flamen al respecto de la irritabilidad de la

amiga de Sabinsqui, la bautizada por êste como Dina marca, crîpticamente aca-

rreô el cerrar de los ôculos de los participantes en el lûdico con los arilos del te-

jo, aunque tambiên que el guacamayo polîcromo transformara su conducta has-

ta el momento considerablemente tranquila. Con este cambio no dejaba de mo-

verse de un lugar a otro, como si una desesperaciôn intensa poseyêrase de êl,

provocârale un proyectar agitado, algo que como tal significô, que tanto Lolia

Paulina como Sabinsqui mirâranse sumamente impresionados, pero de tal gui-

sa sin que llegara la situaciôn a categoria de perplejidad, a ese culmen despro-

porcionado de una cantidad relativa de algo que influyese en la dialogizaciôn.


----Si usted, Lolia Paulina, no entiende o sabe el porquê tanto del onîrico de y

los participantes como de la conducta del guacamayo polîcromo, quê pudiera

al respecto decir yo, que estoy del lado contrario al suyo?

----Ya sê, Sabinsqui, ya sê que hallar las palabras adecuadas en este situaciôn

se te hace difîcil; pero, sabes quê?, que yo no me preocuparîa por eso, porque

como de mi lado todo es posible, la impresiôn es muy distinta a la que has te-

nido tû.

----Me pareciô que la impresiôn en nosotros, en ambos era la misma...

----Lo acabas (de)cir: me pareciô. Pero en fin, y aprovechando este momento

que tenemos de que nadie mâs podrâ escuchar lo que decimos...

----Nadie mâs, Lolia Paulina, y el capitân orcivo tampoco?

----Me referîa a los que estân aquî, mas como me interrumpiste no pude termi-

nar de hablar.

----Disculpe usted por la interrupciôn, Lolia Paulina, disculpe!!

----Aceptada la disculpa. Pero dime: quê fue lo que dijo el flamen?

----Manifestô alguna oponencia, un tanto que estuvo en desacuerdo con eso y

de "proyectar" dicho por su compinche Pompeo Noncola, pero a pesar de esto

que le digo, no se explayô sobre el tema de la irritabilidad, solamente que des-

de el punto de vista teolôgico hizo algunos comentarios que a mî no me resul-

taron convincentes, y mucho menos atractivos.

----Y como puede ser atractivo algo que no resulte convincente? De lo que no

convence saldrîa algo?

----No la creîa a usted tan filosôfica.

----Y no lo soy, sôlo que algunas veces tengo mis impulsos analîticos, sôlo eso.

----Pudiera preguntarle algo, Lolia Paulina?

----Lo que quieras!!

----Verdaderamente conociô usted bien a su hija Dido?

----Una parte de su pasado no, Sabinsqui, la parte en la que yo me fui con Coti-

sôn Alanda Coto. Pero por quê preguntaste eso?

----Me dijo usted misma que preguntara lo que quisiera, no?

----Exacto, dije eso, pero me parece que sabes algo al respecto, porque muy y

pocas veces una pregunta es improvisada.

----Y usted no se equivoca, asî es.

----Y entonces, quê sabes de mi hija? 


       Pasa entonces a contar Sabinsqui, que su amiga Dina marca, y segûn algu-

nos datos por ella subrayados que por excepciôn nada tienen que ver con los y

dadores de placer, un dîa dêjale saber sobre Dido, y en lo atinente a lo que for-

ma parte de los misterios de Sabazios: el culto de Dêmeter y Korê, aunque asi-

mismo que por aquellos tiempos aûn su hija no estaba decidida a participar en

este culto, el que diole a conocer su padre Bole e insistiendo en que iniciârase

en êl.

----Antes de que sigas contando, Sabinsqui, te digo que sobre esto estoy algo

enterada, que no estoy completamente ajena de esa persistencia del que fue mi

primer esposo, porque eso sucediô cuasi ya al final de nuestra relaciôn..

----No me acaba de decir usted, que al irse con Cotisôn Alanda Coto esta parte

del pasado de su hija la desconocîa?

----Y te lo repetirîa de nuevo, pero te explico para que entiendas.

----No hace falta, Lolia Paulina, que me explique, porque de poder explicarlo

habrâ una razôn, un motivo, un porquê; ademâs, que siempre fue algo de mi y

mâs cercano rechazo, que las explicaciones no me gustan.

----Y entonces, Sabinsqui, por quê preguntaste si las explicaciones no te gustan?

----Porque una explicaciôn es una cosa; otra, una respuesta, que explicaciôn no

es, de lo que sale que son dos cosas diferentes, no?

----No hace falta que preguntes, ya que por lo que acabas de exponer queda cla-

ro, impoluto. A ver, quê mâs te dijo tu amiga Dina marca sobre mi hija?

----Que su hija dejô a su padre profundamente pensando, como que tambiên su-

per preocupado, y al decirle esto: que si continuaba con la incesante repeticiôn

del culto, ella se pondrîa el capacete de Plutôn para desaparecer de su vista..

----El capacete de Plutôn, quê es eso?

----Un casco que tiene el poder de volver a la gente invisible.

----Y de dônde mi hija sacô eso?

----Si usted sabe algo sobre el susodicho culto, asimismo sabrâ de que por aque-

llos tiempos su hija visitaba al mago hiperôsmico, no?

----Sî, tambiên lo sê, y, fue el mago quien le dio el casco?

----Su vecino, un personaje raro, enigmâtico y antisocial.

----Y quiên es ese vecino?

----El cinciunatus, êste, Lolia Paulina.

----Primera vez que lo oîgo nombrar; totalmente nuevo para mî; su identidad me

es ajena como habitante, ciudadado de Bedriaco. Pero quê mi hija hizo con ese y

casco, porque jamâs desapareciô en el tiempo que yo vivî con ella?

----Eso no me lo dijo Dina marca, por lo que es de suponer que no lo supo o "po-

drîa saber" al no tenerlo marcado.

----Y cômo es que tu amiga sabe esto, Sabinsqui,

----Por una conversaciôn de su hija con el flamen en el templo de Jano Quirino..

----Cômo?, pero eso es una falta de respecto o un atrevimiento, porque las con-

versaciones en ese lugar son de carâcter privado...

----Ya sê, Lolia Paulina, pero le comunico que Dina marca lo oyô al estar senta-

da en una dureta del templo y cercana al confesionario. Estuvo alguna vez usted

en ese templo?

----No me hizo falta, ya que el flamen visitaba a menudo palacio. Quê quieres y

saber, quê indagas, exploras terreno para enterarte de si soy creyente o no?

----No, no se trata de eso, Lolia Paulina.

----Ah no, y de quê entonces?

----Trâtase de que si usted estuvo en el templo conocerîa la resonancia que le y

caracteriza, esto, Lolia Paulina, esto.

----Una caracterîstica comûn que tiene el templo con otra construcciôn.

----Cuâl?

----Con palacio, donde hay que cerrar las puertas por la vibraciôn sonora que y

las palabras transporta.

----Precisamente por transportarlas fue que mi amiga escuchô las dichas por su

hija en el templo de Jano Quirino.

----Pero sabes quê me resulta curioso?

----Quê, Lolia Paulina, quê?

----Que de este lado, donde estoy, aûn no se haya mencionado el casco.

----No dijo usted que de su lado todo es posible?

----Sî que lo dije, y lo saben todos los que estân aquî.

----Pues entonces espere, que, si todo es posible, ya se mencionarâ. Pero antes 

de terminar quisiera aclararle una cosa.

----Cuâl?

----De que el casco no es el original, sino uno parecido al capacete de Plutôn.

----Mira, Sabinsqui, se despestaron los durmientes, y en el preciso momento y

que terminamos de hablar: no habrâ entre nosotros una "relaciôn" que descono-

cemos?

----Y de haberla, Lolia Paulina, quê tiene que ver con el despertar?

----Que por atingencia existe una cercanîa, y de haber êsta la conversa que tuvi-

mos no era para el saber de los demâs.

----Y dônde estâ el guacamayo polîcromo?

----Habrâ volado a la corte, lugar que conoce bien, porque allî bien se alimenta

y seguro duerme.

----De quê ustedes hablaban y por quê nos quedamos dormido?---pregunta Co-

tisô Alanda Coto.

----En vez de preguntar deberîas ocuparte de la prôxima tirada con los arilos y

del tejo---dice Lolia Paulina.

----Pues me ocupo, dâmelos acâ!!






























































 


Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...