Samstag, 23. April 2022

La cazuela de Vitelio (992)

      Cuerno de ciervo rallado mezclado con agua hubiera resultado tanto el ideal

como el mâs raudo solvento para aliviar la acidez estomacal que Kosmithôs pa-

decîa, pejiguera intensa que comenzô con su funciôn a raîz de que êste sus ôcu-

los abriera y abandonara el colchôn. Mas como no fue posible, de momento, tal

soluciôn, Rubria sobre el pucho busca otra, y que a saber es la de hacer con las

hojas de la hierbaluisa una infusiôn; aunque sabiendo, y de ahî que estuviese to-

talmente convencida, de que el efecto demorarîase un poco en aparecer, algo os-

tensiblemente acentuado que sacaba a relucir la diferencia entre la primera solu-

ciôn y êsta, y algo que a su vez escucha Sunev, la que en realidad fue la que sin

dilaciôn alguna barruntôle a la progenitora de Kosmithôs sobre el asunto o y en

curso o en puesto y colocaciôn. Pero como Rubria conocîa mâs o menos, lo que

no hace distancia con el decir aproximadamente, el tiempo menester para regre-

sar con la infusiôn, el que dividîase con la actividad de cortar las hojas, calentar

el agua, echar las hojas dentro del salto de las bûrbujas y el indefectible proceso

de la concentraciôn de la sustancia esencial, que de facto es la que sana o que y

si no cura, le comunica a Sunev que mientras tanto le vaya pasando la mano por

la barriga a Kosmithôs, ya que por cierta y determinada energîa que posee un li-

gerito mejorar serîa posible, algo con lo que cumple aquêlla taxativa y mirifica-

mente, empero que a su vez luchando con la energîa de Kôsmythos, el que repe-

tidamente querîa encaramarse encima de la mano de su madre como si êsta fue-

se un bote.

      Simultâneamente sucedîa otra cosa: Dido enterâse por el cibiosactes de que

el cocinero de Irlanda no estaba en la cocina. Como era de esperarse no demorô

en aparecer la debida y correspondiente reacciôn de la reina, pero sin que fuese

de jaez histêrica, compulsiva o neurôtica, sino que mâs bien tan tranquila que y

no parecîa una reacciôn. 

----Y verdaderamente, cibiosactes, usted al respecto no sabe nada?

----No, majestad, ni tan siquiera tengo idea de dônde pueda estar.

----Ya usted pasô por su cuarto?

----Lo acabo de hacer, lo primero que hice...

----Quê raro estâ esto, nunca habîa pasado, primera vez que sucede. Bueno, ci-

biosactes, ocûpese usted de seguir buscando a ver si lo encuentra, y pregûntele

al magister equitum tambiên, que a lo mejor êl pudiera saber algo.

----A su edicto, majestad, a su edicto!!


      Retirado el cibiosactes para cumplir con el edicto, Dido ve pasar con impul-

so y con una tijera a Rubria, y entonces le pregunta:

----Y adônde tû vas tan embalada y con ese instrumento?

----A cortar unas hojas de hierbaluisa para hacer una infusiôn para tu nieto.

----Y quê le pasa?

----Que tiene acidez estomacal.

----La que se debe....

----Segûn Sunev, a que estuvo en casa de Kalîas y tomô demasiado vino.

----Ya me puedo imaginar que ese vino no es muy bueno que digamos.

----Segûn Sunev, Kosmithôs le dijo que se lo comprô al ex-copero de la taber-

na de la ciudad del ocio.

----Aun asî no es garantîa de que tal vino tenga calidad; y crêeme, porque estu-

ve en esa taberna, que cuando lo probê tuve mis dudas y sospechas.

----Ahora no es el momento, Dido, ni de analizar ni de entrar en debate sobre el

tema del vino en esa taberna, sino de que yo corte lo mâs râpido posible las ho-

jas de hierbaluisa para hacer la infusiôn.

----Tienes razôn, Rubria, y si no mejora con eso dîmelo, que yo sê que el arquîa-

tra Golemo cuenta con un buen remedio contra esa acidez.

----Creo que no va a hacer falta, porque tal infusiôn es excelente contra esa aci-

dez.

----Cualquier cosa mantênme informada.

----Eso harê, Dido, no se preocupe.


     El cibiosactes regresa, y entonces dîcele a Dido:


----Majestad, lamentablemente debo darle una no muy buena noticia.

----No me vaya a decir que sucumbiô el cocinero de Irlanda, que ya me parece 

que es suficiente con los muertos que tenemos que son tres.

----No no, majestad, no hay un cuarto..

----Y entonces?

----Que el cocinero de Irlanda se fue definitivamente de Bedriaco.

----Y de dônde usted sacô esa informaciôn; proviene de una fuente creîble?

----Del magister equitum, que me lo acaba (de)cir.

----Y le dijo asimismo la razôn?

----Por el fallecimiento de Meli y los recuerdos que pasan por su cabeza.

----Puedo entender al cocinero, pero lo que me fastidia es que no me lo haya

dicho. Y cômo lo sabe el magister equitum?

----Porque el mismo cocinero se lo dijo. Pero hay otra cosa.

----Cuâl cibiosactes, cuâl?

----Que el cocinero le dejô al magister los tres zarcillos para su hijo.

----No me extraña el interês que puede tener Kosmos por eso.

----Y quê me edicta usted, majestad, respecto a la plaza en la cocina vacante?

----En lo atinente al puesto de trabajo, o puede usted poner un anuncio u ocupar-

se personalmente de encontrar otro cocinero.

----Pongo el anuncio, porque en cuestiones de bûsqueda, fuera de palacio, confe-

sarîale que no soy muy bueno.

----Pues pôngalo entonces, cibiosactes, pôngalo.

----Enseguida, majestad, enseguida!!

----No tan râpido, cibiosactes, ya que primero trâigame una botellita de lo que y

usted sabe con los agregados correspondientes; despuês, ponga el anuncio.

----A su edicto, majestad!




























 






 



 



 




 

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