Donnerstag, 30. März 2023

1118, 59

       La pericia engendra o propicia la diferencia del cômo se muestra aun

siendo la materia la misma, amplificaba Kosmos al insistir el cocinero de

Irlanda en que la habilidad ni crea ni provoca desemejanza en la forma de

enseñar componentes naturales, sino que mâs bien es el mecanismo justo

para revelar un conocimiento de jaez seductivo que sôlo funciona en mo-

mentos  especîficos o en situaciones concretas de contemplaciôn o de cu-

riosidad del otro; ademâs que uno [...] que de vez en cuando acude a lo y

sôrdido para hacer sobresalir con mâs pudiencia tanto el color como y la

forma de los componentes susodichos.

----No quisiera entrar en liza ni tampoco tener prisa para eyectar la con-

veniente y repetida risa---dice Kosmos.

---Yo no sê quê te contô Argos de la pericia de Arete, pero sabes una co-

sa?  

----De cuâl trâtase?, aunque seguro que plausible.

----Pues ya no te la digo para no tener que justificarla, y quien la justifi-

caciôn evita, y sobre todo contigo...

----Cautê con lo pôstumo a decir que los tres zarcillos protêgenme de y

la verba mâs brusca---advierte Kosmos a la vez que tôcalos.

----Ya sê que fui yo quien te los dio, no me lo recuerdes.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que buena ne-

môsine que usted tiene, cocinero.

----Otra de las tuyas: la continua o incesante mofanada!!

----Como que es dejante de resonancia lo que acaba de amplificar.

----Y de quê te sirve la resonancia?

----Que es garante de la vibraciôn que mantiene sonante lo que usted ha 

dicho.

----Como si tî ya no lo supieras. Kosmos, que te conozco de atrâs.

----Interferencias en el sistema sin perjudicar el cogito!!

----Interferencias en el sistema, es eso posible, Kosmos?----fisga Arete

abrazando al cocinero.

----Olvida la pregunta, y quêdate mejor cerca de tu carne, la que respon-

de por instinto y deja la mâs clara de las respuestas.

----Y por quê te has demorado tanto en venir?---pregunta el cocinero de

Irlanda.

----Demorado, verdad? Dime, Kosmos: por quê tu madre tiene una espa-

da?

----Una espada? No sabîa que tenîa una.

----Kosmos, es la espada de Pandolfo Colunnecio, la que el cibiosactes

debe bruñir---deja saber Argos.

----Câspita!! Y por quê lo del bruñimiento?

----Porque segûn tu madre el metal brilloso es mâs seductivo.

----Y cuândo escuchaste eso?

----Hace cuestiones de minutos, de poquitîsimo tiempo. Me preguntô tu

madre si los bructeros aceptan regalos.

----Y no los rechazan, Argos?

----Le respondî que los regalos lo consideran como una compra.

----Una compra?---pregunta el cocinero de Irlanda.

----En el sentido de sentirse comprados por quien regala---responde Argos.

----Ah, eso. Ya entendî.

----Espada, bructeros y compra, no entiendo nada---dice Arete.

----Es que la tribu germânica estâ por llegar, algo que ustedes no sabîan y

por estar en el gozo---dice Kosmos.

----Y cômo tû lo sabes, Kosmos?

----Porque se lo dijo Argos----responde el cocinero de Irlanda.

----Quê chismoso que es Argos!!---afirma Arete oculando a êste.

----No perder la ataraxia, la que engendra verborrea circunspecta.

----Cômo, kosmos, cômo?---pregunta Arete.

----Chismoso? Por quê me consideras asî, Arete?---fisga Argos.

----Y por quê no siendo la consideraciôn mâs justa?

----Permîteseme amplificar quê es una consideraciôn?

----Kosmos, yo sê lo que es, asî que no amplifiques, como dices tû, nada,

que no estamos en la Kosmona---dice Arete.

----Mondo lirondo que con la pesadez no me conformo!!

----Pues te vas ha tener que conformar, porque yo jamâs participarîa en tu

semântico jueguito.

----Disculpen que rompa lo que parece ser un enfrentamiento entre dos..

----Mas quê, Argos, amplifîquelo!!---pide Kosmos.

----Pero me parece que Dido quedô conforme con el bruñimiento de la es-

pada, porque la mira de arriba a abajo proyectando una sonrisa.

----Quê, Argos, una interferencia para disminuir la fuerza de un posible en-

frentamiento?---indaga Arete.

----Ya dejê saber que me disculpaba, acabo de hacerlo, no?

----Que quede ontensible que el enfrentamiento nada tiene que ver conmi-

go; no encaja en mi estilo ni forma parte de materia alguna con repeticiôn

en la kosmona---destaca Kosmos.

----Discûlpenme un momentico, que debo pinchar la masa del ciervo para

saber si ya estâ lista para ser comida.

----Para ser comida!! Cocinero, que la precisiôn es relevante, para ser de-

positada en un plato o para ser masa para los dientes?

---Kosmos, mi trabajo es cocinar, y, en este caso, controlar que la carne no

estê cruda, asî que lo de la precisiôn te lo dejo a ti: de acuerdo?

----Hasta cierto punto y de consuno con fundamentaciones establecidas.

----Eso!!

----Y risas de Kosmos.

----Espera, que voy contigo, te acompaño para que no vayas solito----dice

Arete.

---Compañîa de la carne!! Vaya privilegio el mîo!!---afirma el cocinero de

Irlanda.

----Cautê con la carne que con el tiempo êchase a perder!!

----Envidioso, Kosmos, envidioso!!---afirma Arete.

----Y retorno de la risa de Kosmos.

----Quê opinas, consideras, comentas de Arete, Kosmos?---pregunta Argos.

----Que no es basta perîstasis para ornamentar un discurso.

----Y no pudiera ser suficiente para uno, del que tanto tû como yo sabemos?

----Vamos a ver la espada, Argos, concomîtame usted?

----Sî!! Vamos.


        A la postre y al cabo ni la misma reina sabîa lo que diole pâbulo de ob-

servar la espada de Pandolfo Colunnecio, la que despedîa una lumbre como

la de las siete hijas de Atlas y de Plêyone, aunque efîmeramente haya pensa-

do que el motivo pudiera ser lo que amplificô ella misma cuasi recientemen-

te: el metal brilloso es mâs seductivo. Empero en lo que mirâbala sujetâbala

por su alongada asa como si êsta en vez de un mango fuese otra cosa de mâs

relevancia, que si no con mâs  significancia a raîz de un parangôn exento de

lo que onômase pusilanimidad, lo que entonces traduce que la comparaciôn

libre  de lo que opônose a un estado que mutila lo magnânimo es ora la tem-

pestiva o adecuada, la que encaja y la mayor; pudiera ser lo fâctico que con-

duce a un aliciente que despierta lo jovial que ni con refutaciôn queda trans-

ferido  al espacio de otro momento con asimismo razones para un sîmil pro-

picio, aun no teniendo lugar ni el arte de la retôrica ni la arenga sostenida de

un forâneo orador que proyecta algûn mohîn enfrente de la multitud. Empe-

ro de tener que soltar el mango y dirimir lo que hacîa, lo que hacedero cele-

brarîa hasta el mismîsimo Jûpiter, sôlo Dido aceptarîa sin querella de algûn

tipo en el caso de que la verba (calculada o improvisada) a la que deberîa y

enfrentarse tuviera buena medida, repeticiôn y peso, lo que no es de casua-

lidad ninguna como tampoco de extrañar que por acercarse Kosmos no vaci-

lara la reina en bajar la brillosa espada y dejarla sobre la mesa.

          Mas en lo que Dido entraba en verba con Kosmos y de que Argos es-

cuchara las palabras utilizadas exento de la necesidad de refutaciôn, Vercin-

getôrix acêrcase a la espada con el têlos de echarle un vistazo. En lo que ha-

cîalo recordôse de la însula de Âvalon, y de la mano vestida con una cândi-

da seda saliendo de la superficie del agua, la que agarra la espada y seguido 

se hunde. Queda ostensible, entonces, que no trâtase de otra espada que la y

mîtica Excâlibur, la forjada por Merlin [ y clavada en una roca] al fenecer Uther 

Pendrago, rey y padre de Arturo.  











 




 































































Dienstag, 28. März 2023

1117, 58.

         Mâs por sensatez que por cualesquier otras cosas, que la phronêsis

como virtud cuasi nunca resulta intempestiva, Dido edîctale al magister

que en cuanto llegue la tribu germânica dêjela pasar a palacio exenta de

la detenciôn de la guardia bâtara, mandato que raudo captô aquêl como

es mejor precaver que tener que lamentarse; mas a los que estaban en la

plena fruiciôn del âgape, en el disfrute gozoso al llevar a sus bocas tan-

to  el sustento suntuoso como el pastiche que salîa de la crâtera y bebîa-

se en el kilix o el esquifos a raîz de asirse el oinochoes donde descansa

como mezcla, dîjoles que siguieran haciendo lo que hacîan y asimismo

que  eludieran una demostraciôn de coraje con la mirada y el eyectar la

postura en jarras, la que pudiera ser un ademân de reto, que en realidad 

los bructeros sôlo entran sin pensarlo en conflicto por cuestiones de de-

safîo o de provocaciôn, dos razones, ademâs, por las que nunca fue po-

sible ni tan siquiera una recapitulaciôn con el têlos de tener y en cuenta

basamentos que pudieran volverse a examinar previo al lanzamiento de

las flechas o del traslado del campamento a la parasanga del ineludible

combate.

---Dido, y respecto a los infantes de palacio cuâl seguridad es la que y

tienen?---pregunta la campesina.

---Una pregunta relevante, infaltable---dice Sunev.

---Entiendo que las madres estên preocupadas, pero para que estên tran-

quilas hâgoles saber que el cuarto de los infantes contarâ con la presen-

cia de la cantidad basta de soldados bâtaros.

---Puedo decir algo, majestad?---pregunta Argos.

---Diga usted lo que es.

---Que por el conocimiento que yo tengo de esos bructeros jamâs se han

interesado por los niños, y fîjese si es asî, que pudieran contarse con los

dedos los que han tenido hijos, retoños.

----Aun asî, Argos, usted claro que no puede saber lo que significa ser y

madre---dice la campesina.

----Yo sôlo quise decir algo con la intenciôn de...

----Sî Argos, ya sabemos, y se lo agradecemos---dice Sunev.

----Argos, y ya usted se siente mejor?---fisga Dido.

---Completamente, majestad, del todo recuperado. No me observa usted

de nuevo con un vaso en la mano?

----Cômo no verlo si estâ usted delante de mî?

----No le preguntaba por la posiciôn sino por la disposiciôn.

----Pues siga usted con ella y que se le mantenga larga, durable.

----Gracias, majestad, gracias!!

-----Y dîgame una cosa, Argos: quê usted cree si yo, y como dâdiva, le

regalo a Dolfopân la espada de su padre, la que conservo desde el dîa de

su fallecimiento aquî en palacio?

-----Majestad, que yo no conozco a Dolfopân, por lo tanto no sê cuâl es

su telôn de Aquiles.

----Pero conoce a los bructeros, no?

----Mâs bien conozco algo de ellos, por lo que le dirîa que no todos acep-

tan regalos porque se sienten como comprados. 

----Pensarê entonces cômo hablar sobre la espada, y de acuerdo al cômo

reaccione Dolfopân o serâ una venta o un regalo el arma: quê le parece?

----Yo creo, majestad, que usted hace lo correcto.

----Muy bien!! Voy entonces por la espada, la que le darê al cibiosactes

para que la bruña, que un metal brillante es mâs seductivo.

----De acuerdo, majestad, de acuerdo!!


          Pero en lo que Dido arrumbaba sus pasos a su cuarto, el cazador en-

têrase por Argos de lo de la espada de Pandolfo Colunnecio, motivo y por

el cual dice:

----No sabîa que la reina conservaba el arma del jefe que yo matê con un

disparo de flecha, suceso que tuvo lugar en la ûltima cena aquî en palacio.

----Y quê tiempo hace de eso, cazador?

----Hace ya un tanto. Y usted cree, Argos, que la razôn de que la tribu ger-

mânica venga a Bedriaco sea por venganza?

----Usted quiere saber si Dolfopân viene por usted para hacer justicia?

----Sî!!, es lo que trato de indagar con la interrogativa hecha.

----Oîga, cazador. Yo le aconsejarîa, aun desconociendo a Dolfopân, que

se esconda cuando llegue la tribu, que es mejor ocultarse por un tiempo

que ser, en cuestiones de segundos, alcanzado por la punta de las flechas.

----Entonces no duda usted de que se trata de venganza?

----Yo no creo nada ni lo puedo asegurar, mas por si acaso deberîa usted

protegerse a sî mismo.

----Y cuânto falta para que llegue la tribu, Dido le dijo algo al respecto?

----Sôlo nos dijo a todos que mantuviêramos la calma, y que no diêramos

muestra ni de provocaciôn ni de desafîo. 

----Lo dijo entonces cuando fui a hacer una necesidad.

----Bueno, no es necesario que lo sepa, porque usted, en el caso de que no

se oponga, deberâ esconderse.

----No no, estoy de acuerdo en esconderme. Pero sabe usted, Argos, cuâl

es la pregunta que me hago?

----Cuâl?

----Cômo supo Dolfopân Colunnecio que yo matê a su padre?

----No cree usted en la posibilidad de algûn bructero sobreviviente de la

tribu al mando de Pandolfo?

----Eso es imposible porque todos sucumbieron.

----Estâ usted seguro?

----Por lo que y hasta donde sê sî, sî estoy seguro.

----Estâ usted informado de que la tribu pasô por la ciudad del ocio?

----Me acabo de enterar, y?

----Que en la susodicha ciudad se saben muchas cosas, y no sôlo por el y

viento sino que igual por la lengua de los biberius en la taberna.

----Argos, espero que regrese Dido para que me dê el beneplâcito de es-

conderme en palacio. Se demora mucho?

----No creo que tanto, porque sôlo fue en busca del arma para dârsela al

cibiosacter, y con el fin de que êste la bruñera.

----Bueno, la espero aquî mismo.

----Cazador, y cuândo estarâ listo el ciervo para masticar su carne?

----Una hora y media mâs o menos, en el caso de que el fuego mantenga

la misma flama.

----Entonces brindemos por la misma flama del fuego---dice Argos dândo-

le un vaso al cazador.

----Por ella, Argos, por ella!!


















 











 








        

























Sonntag, 26. März 2023

1116, 57

 (tres horas y media despuês)


       Menos que de la posibilidad de falsos arranques y repetidas recaîdas,

y de la que hablô Lifêrico de Siros en un ônirico que tuvo Argos, mucho

mejor serîa amplificar sobre la que conduce a un cambio seguido a un su-

ceso inesperado que no desplaza lo dominante de un imperativo perpetuo.

lo que ordena o sobresale toda una existencia o para siempre. Empero pa-

ra  que el discurso no careciera de la basta verba tempestiva que sacaria a

puesto, a colocaciôn, Kosmos primero tendrîa que saber cuâl es el suceso

susodicho, razôn por la cual pregûntale a Argos que estaba a su lado: quê

fue lo que pasô, tuvo lugar en el cuarto en el que lo dejê a usted, y con el

têlos de que durmiese un tiempo determinado?

        Argos empieza clarando, que mâs que por el suceso despertôse debi-

do a las palabras dichas por su buen amigo, mas sin tener la mâs minûscu-

la idea del porquê de ellas, de esa posibilidad, que si bien recuerda êl nun-

ca el difunto Lifêrico tuvo interês alguno en otra materia que no fuera y la

militar, por la que de facto y a su servicio perdiô la vida.

---Sepa usted, Argos--interrumpe Kosmos---que hay ciertas emisiones se-

mânticas que no deberîan tomarse taxativamente venidas del segundo sis-

tema, donde todo es posible y ya nada (tiene significancia) significa.

---Y cômo tû puedes saber eso si aûn estâs en este sistema, en el primero? 

---No complîquese gratuitamente usted con una pregunta como la acaba-

da de hacer, que la respuesta serîa o compleja o complicada. Asî que siga

usted contanto, êsa es la res, age!! Cuente para que el duende no trâbese

en el puente.

---Bueno, Kosmos, que entonces me levantê y quise tomar un baño antes

de abandonar el cuarto.

---Y ese cuarto tiene baño?

---Tû no lo viste cuando me dejaste en êl?

---Estaba todo oscuro, sin lumbre. Y entonces?

---Que me despojê de las ropas, y ya estando como vine al mundo agarrê

la manija de la puerta del baño, momento en el que sentî un sonido anâlo-

go al de dar palmadas en el agua.

---No me vaya a decir usted que trâtabase de un duende en plena marrana-

da, no?

----Eso es de leyendas, kosmos, claro que no!!

---Siga, prosigua, que si no continûe.

---Que tuve la duda de si abrir o no la puerta. Mas en lo que la tenîa retro-

cedî un poco, siendo entonces cuando pisê una corneta de goma.

---Que ineludiblemente sonô, no?

---Asî mismo!! Y entonces el suceso, lo que pasô: del baño salieron Arete

y el cocinero de Irlanda, y en el mismo estado que estaba yo.

---El de a toda flor!!

---Tu manera de nombrarlo...

---Con el uso de una metâfora. Y quê mâs?

---Que al verlos a ellos en ese estado retrocedî aûn mâs y caî de espalda al

suelo; o mejor dicho, sobre una mediana alfombra atiborrada de polvo.

---Y es usted alêrgico?

---No!! Nunca padecî de eso, jamâs.

---Teniendo en cuenta una lôgica nada sucede casualmente. Se acuerda us-

ted  que yo dîjele que sabîa en lo que estaba en el sitio estratêgico?

---Cômo olvidarlo, y?

---Que existe una atingencia entre una cosa y la otra, porque de facto us-

ted observaba a Arete desde el sitio susodicho.

---Ah, era eso lo que tû sabîas? Pensê que era otra cosa.

---No hâgaseme el cenutrio, que de tonto o bobo no tiene nada.

---No entiendo lo de la relaciôn, pero es igual.

---Normalmente una imago reflejada aparece en onîricos, mas de existir la

excepciôn puede acaecer otra cosa. Y quê siguiô a la mirada de ellos?

---Una con fijeza contemplaciôn de los dos de arriba hacia abajo, porque

estaba yo sobre la alfombra, como dije.

---Y usted cerrô los ojos y no contemplô a Arete de abajo hacia arriba?

---Como los tenîa abiertos la contemplaciôn fue ineludible. Kosmos, cômo

eludirla si la tenîa frente a mî?

--Argos, lo que domina para siempre es tan vigoroso que no puêdese evitar,

 de lo que sale que la contemplaciôn es mâs por esta razôn que por la de te-

ner a Arete frente a sus ôculos. Dîgame: cuânto durô la contemplaciôn?

---Unos minutos, lo que no sê cuântos.

---Y cômo sintiôse usted al ser contemplado?

---Responderîa que no mal, a pesar de ser la primera vez de tener esa expe-

riencia.

----Todo puede estar bien adentro de haber afuera un espejismo o reflejo.

----Otro no entendimiento que tengo.

----Que si lo de afuera corresponde a lo de adentro un mal sentir no tiêne-

se.

----Tal vez tengas razôn, pero sabes una cosa?

----Amplifîquela usted, am-pli-fî-que-la!!

----Que ya estoy recuperado para seguir con los vasos.

----Pues sîrvaselos usted mismo, dese el gusto de volver a no sentirse tan y

mareado.

----Me volverîas a dejar en el mismo cuarto de tener nuevamente ese sentir?

----Para mirar otra vez a Arete?---pregunta Kosmos y riendo.

----De verdad que no se te olvida sacarle provecho a todo.

----Yo soy el ûnico que no olvîdase de eso? Pasa usted por alto la posibili-

dad de regresar al mismo cuarto en el caso de que marêese otra vez?

----Sabes quê? Voy por los vasos.

----Bienvenidos a su mano!!























































Donnerstag, 23. März 2023

1115, 55

        Por parangôn compara Argos los senos de Arete con pequeñas parmu-

las, comparaciôn  debida al  despertar de su magîn por consecuencia de la

la  sûmula de vasos que hasta el momento habîa bebido, lo que serîa igual

a decir que por el despertar de su imaginaciôn por el efecto temporal y vi-

goroso del alcohol. Sus retinas concentradas en aquêllos cuasi que horada-

ban la tela; como si fuesen puntas afiladas traspasaban êsta desde un sitio

estratêgico, lo que traduce que desde uno del que podîase mirar sin ser so-

bre el pucho descubierto, enseguida detectado por cualesquier ôculos pre-

sentes en la comilona. Ostensiblemente que tal acto de mirar con fijeza le

acarreô una emociôn interior, y que por ser la propicia en un momento co-

mo êste, cômo podrîa ser desdeñada o despreciada ni aun por la "voluntad

de poder". Con êsta, entonces, y como unas castañuelas, no pudo soslayar

la mîmesis de una sica, la que sujetada por una de sus manos ubicarîa jus-

ta y exactamente en medio de las pequeñas parmulas, y dejarîa entre êstas

el tiempo que fuese menester.

          Empero kosmos, y a la vez que participaba en una conversa abierta

por los contertulios  referente a la estatua del Kuros, detecta el susodicho

sitio estratêgico donde estaba Argos, lo que diole pâbulo entonces de rau-

do  decirle (a)quêllos que lo disculparan un momento, que salîa de la dia-

logizaciôn pero que regresaba enseguida, mas en el caso de que no tuvie-

se  que  alongar su indefectible verba por cuestiones inesperadas. Tenien-

do en cuenta que para êl una visualizaciôn general resultâbale tempestiva

por ofrecerle la posibilidad de contar con los datos y detalles pertinentes,

y con los cuales enriquecerîa un intercambio de palabras dador, en lo que

iba adonde estaba Argos hizo un examen minucioso del terreno, un anâli-

sis de êste con la infalible atenciôn que proporciona el sustento de los ra-

zonamientos mâs cupulosos o de las argumentaciones mâs elevadas, dan-

do igual la captaciôn de un agente forâneo o la de un interlocutor entrete-

nido o vigîlico, que a la postre y al cabo el entendimiento poco tiene que

ver con la identidad extranjera y con la rojez de los ojos. Enfocando sus

retinas  hacia la lînea recta existente entre los dos puntos, o sea, entre el

que  estaba Argos a la  derecha y el de la izquierda donde posicionâbase

temporalmente la estatua, nota que en êste aûn mantenîa su exhibicionis-

mo Arete, mas esta vez con un poco mâs de soltura por no estar con ella

el cocinero de Irlanda. Quedôle ostensible entonces el objetivo de Argos:

la contemplaciôn a hurtadillas de un corpus que eyectaba sus floraciones

atrayentes o seductivas.

---Kosmos, cômo supiste que yo estaba aquî?---pregunta Argos un tanto

sorprendido.

---La naturaleza diome unos ôculos mirîficos, he aquî la respuesta. Pero

usted estâ bien, Argos, que lo veo tambalêandose?

---Es que estoy pasado de vasos, mas no tan mareado como para perder

la ubicaciôn.

---A ver, dônde encuêntrase usted?

---En palacio, en la corte de su majestad Dido, tu madre.

---Crêole, a raîz de la prueba, de que tan mareado no estâ. Y quê hace y

usted aquî, apartado de lo que es el baricentro del âgape?

---Vine a orinar mas se me alargo la micciôn.

---Seguro que usted dice la verdad sin levantar la mano derecha?

----Kosmos, quê es eso de levantar esa mano?, ni que yo fuera un proce-

sado.

----Yo sê perfectamente en lo que estâ usted. Câspita!!, que me ha enga-

ñado, algo muy tîpico de los helotes, los compelidos (a)ñadir morteros a

la barricada cada vez mâs gruesa.

----Kosmos, quê tû estâs hablando?

----Le explico despuês, mâs tarde.

----No creo que estê despierto para oir la explicaciôn. Me ayudas a cami-

nar?

----Venga, aguântese de mis hombros. Me parece que debe usted acostar-

se par de horas, basto tiempo como elixir contra el efecto del vino.

----Sî, creo que tienes razôn.

----Pues vamos, que dêjolo en una cama. 


          Dos horas y media despuês Argos regresa al mundo existencial. De

no haber podido dormir mâs debiôse a un onîrico tenido con su buen ami-

go, el que se fue a Ferencia y sucumbiô a causa de la lluvia de flechas que

cayôle encima, y como ya sâbese disparadas por la tribu germânica en los

tiempos bajo el mando y con los edictos del bructero Atabân. Mas si algo

inteligible  escûchase en este onîrico son las siguientes palabras repetidas

por Lifêrico de Siros, y en el momento que disfrutaba de un solaz acosta-

do en la gleba: la posibilidad de falsos arranques y repentinas recaîdas de

un cercano sujeto. De un cercano sujeto?, pregûntase Argos sin poder es-

tar seguro de si el sujeto era êl mismo o tratâbase de otro. Empero como 

êl no estaba para fastidios de testa, sino que mâs bien para darse un baño

antes de regresar al âgape, despôjase de sus telas parsimônicamente, las

que deja caer sobre una especiosa y mediana alfombra, aunque no exen-

ta de polvo. Listo entonces para abrir la puerta del baño que estaba en el

cuarto, y con la mano izquiera porque la derecha la tenîa dormida, posi-

blemente debido a una inadecuada posiciôn, oye algo anâlogo al sonido

engendrado al dar palmadas sobre el agua, razôn por la cual queda titu-

beante, con  la duda de si abrir  la puerta o no. Sûbito entonces suelta la

manija y retrocede un poco hacia atrâs, pero como no habîase percatado

de una corneta de goma que habîa en el piso, pisa êsta y suena. A raîz y

del sonido âbrese la puerta del baño y salen de êste el cocinero de Irlan-

da y Arete, y los dos en la misma condiciôn en que estaba Argos: a toda

flor.




 






 





 

         

          



























 



 











 






     

Montag, 20. März 2023

1114, 55

        Mas si dos cosas no dilacionô Kosmos en tener en cuenta fueron êstas:

la primera, la correlaciôn existente entre lo de arriba y lo de abajo; la segun-

da, la pericia con la que el cazador de Irlanda regresô a la cocina sin que na-

die lo viera, mas seguido a separarse del tafanario especioso de Arete, y co-

mo tal el ideal para participar en el concurso de las Haloas, aunque en reali-

dad êste ya no exista empero que por el componente corporal que premiaba 

tiene una relaciôn indeleble dentro de la mîmesis en fluencia, del esquema

caracterizado por su dadorîa adusta. 

---Kosmos, y ora por dônde anda tu testa, que cuando tû guardas mutismo,

o que si no haces pausa semântica, es que algûn pensamiento estâ siendo y

empollado?

---Câspita didâscalos!!, que escucho de nuevo lo de calentar huevos.

---Calentar huevos? Los que tâ pros tô têlos.

---Y tremenda contribuciôn a un fin, favorecimiento o ayuda imprescindi-

bles.

---Eureka!!, y mâs sin el têlos es âureo o diamantino.

---Êsa es la res, didâscalos, êsa!! Pero dîgame una cosa: cômo distinguir

uno del otro en el momento en que prepondera el vînculo entre lo que hay

arriba y lo que hay abajo?

----Pero, Kosmos, la distinciôn sôlo en tal momento? 

----Precisamente por ser difîcil..

----Por ser acicateante, Kosmos?

----Yo conduzco para que llêguese a un punto fijo, o a las fijezas con mu-

chitanto destacamiento.

----Ni que yo tuviera mala nemôsine para olvidarme de lo que acabas de

plantear. 

----Vaya condotiero que tenemos al frente del timôn del medio de trans-

porte semântico!!---afirma el flamen.

----Lo ûnico que fâltale a usted, flamen, es suspirar por tal condotiero,

----Kosmos, esto como que conduce a la risa.

----La conductual le harîa falta a usted, que para mî no es menester: la

lînea recta hacia la risa estâ en mî siempre presente; su quedar en su y

puesto es sempiterno.

----Dîganme: quiên es esa chica con un vertuario un poco sofocante?

----Flamen, y usted fîjândose en eso?

----Kosmos, no es fijaciôn, cômo crees que yo...

----Flamen, es Arete, la nueva novia del cocinero de Irlanda, allende y

que etera de Masalia como la difunta Meli-melosa.

----No creen que es un poco vulgar el arropamiento que la cubre?

----Que goce a su manera!!, que el programa de arriba ni se equivoca

ni comete fallos---dice el astrôlogo Sula.

----Lo noto, percibo, calculo de momento muy liberal, Sula---acentûa

el flamen.

----Didâscalos, se recuerda usted del concruso de las Haloas?

----Kosmos, cômo no recordar tal concurso?

----Asî que mirando las nalgas de Arete, Kosmos?---pregunta Rubria.

----Vaya, Kosmos, que te cogieron infraganti---dice el flamen.

----Mirando? En todo caso analizando la belleza de los montîculos tra-

seros.

----Y desde cuândo tû eres analîtico?---pregunta Rubria que agrega: me

traicionas con las retinas.

----Mira quiên habla de felonîa, la que pônese entre las piernas la esta-

tuilla del fauno.

----Eso no deberîas haberlo dicho, es algo privado. Me voy, adiôs!!

----Contra, Kosmos, Rubria tiene razôn---dice el flamen.

----Ya la compensarê mâs tarde para que quîtesele o la pejiguera o el y

rescoldo.

        

        Mas si algo resulta de la atenciôn del flamen, de lo que se da cuen-

ta al ver a Rubria que no servîase el vino directamente de la botella, es

de que habîa encima de la mesa una crâtera, un oinochoes, un kilix y un

esquifo, cuatro vasos de la cerâmica aquea que en ninguno de los âgapes 

anteriores ni fueron vistos por los ôculos de êl ni por los de nadie. Y en-

tonces sûbito pregûntale a Kosmos:

---De quiên fue la idea de utilizar esos vasos?

---Câspita flamen!!, de cuâles vasos usted habla?

---Mira hacia allî, hacia la mesa----pide el flamen señalando.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que primera vez

que los oculo. Ignoro de quiên fue la ocurrencia flamen, mas para mî es

igual porque yo tengo mi vaso murrano.

---Quê maravilla de vasos!! Eureka!! La crâtera para mezclar el vino; el

oinochoes, para servirlo, y el kilix y esquifo para beberlo.

---Quiên mejor que usted, didâscalos, para dejar certeza---dice el flamen.

---La certeza no solamente es conocimiento, sino asimismo es incesante

bûsqueda de cada vez mâs êste---clara kosmos.

----Mas les barrunto que existen dos mâs, mas que no son para âgapes.

----Amplifîquelos, didâscalos, amplifîquelos, age!!---pide kosmos.

----Y por quê me llamas, si estoy cerca?

----Y risas de Kosmos.

----Lekitos, para aceite funerario; lutrôforos, para el agua del baño de y

las novias.

----Didâscalos, quê me dice usted de lo siguiente: la creaciôn de la ilu-

siôn de profundidad y de perspectiva a travês de la superposiciôn de fi-

guras de dimîmiles tamaños?

----Kosmos, que trâtase de la introducciôn de innovaciones têcnicas de

los pintores muralistas Zeuxis, Parrasio y Polignoto.

----Y de la incorporaciôn de la temâtica histôrica a la decoraciôn de ân-

goras y crâteras?

----Uno de los factores de la influencia de los susodichos pintores.

----Pero la crâtera no estâ decorada con histôrica temâtica alguna---dice 

el flamen.

----El porquê ya no puede ser sabido, porque Parrasio estâ en el segun-

do sistema.

----Gracias por el juego, Kosmos, gracias!!

----Pero, Kosmos, tu madre sacando una crâtera a relucir?

----Ya sê, Sula, que ella prefiere el conditum paradoxum bebêrselo de

la botella, mas como dije, no sê a quiên ocurriôsele sacar estos vasos.

----Y se podrîa saber mâs tarde?

----Dejâmosle a usted la tempestiva pregunta a mi madre.

----Sin ningûn problema se la hago.

----Y quê les parece si brindamos con el kilix o el esquifo?---pregunta

Manes de Nicôpolis que agrega: a excepciôn de Kosmos, que tiene su

vaso de mirra.

----Estoy de acuerdo con la pregunta---dice el astrôlogo Sula.

----Brindemos entonces---dice el flamen.

----Digo lo mismo, mas que yo con el kilix---destaca el didâscalos filo-

sôfico.

----Y el que hizo la pregunta, con uno o con el otro?

----Me da igual, Kosmos, que de todas maneras los dos tienen espacio,

capacidad para una cantidad determinada---responde Manes.


           Ya llenos todos los vasos, a excepciôn de el del flamen que sôlo

estaba hasta la mitad, el astrôlogo Sula pregunta por quê se brindaba o

por quiên, a lo que  responde  Kosmos que por la estatua del Kuros. Y

entonces llega Dido y pide participar en el brindis, aunque en realidad

no  estuviese de acuerdo con que el choque de vasos hiciêrase por una

estatua, empero con tal de eludir el discurso de Kosmos guardô mutis-

mo, que  serîa parecido a decir: dejô su lengua sin movimiento. A con-

tinuaciôn  del brindis, y momento en que llegaron los contertulios que

faltaban, aprovecha el kairôs el astrôlogo Sula para preguntarle bajiti-

co a la reina sobre lo atinente al vaso destinado al pastiche de la dado-

rîa  de Baco, pregunta que sin dilaciôn responde êsta de la manera co-

mo sigue:

---Sula, ya sê que jamâs ustedes vieron en ninguno de los âgapes aquî

hechos esos cuatro vasos, a la vez que saben que directamente tomo y

de la botella de conditum paradoxum, pero para ofrecer una variedad

de banquete; o mejor dicho, algo distinto dentro de êste, ocurriôseme 

decirle  al cibiosactes que limpidara los vasos y los pusiera donde los

ve usted.

---Pero esos vasos usted los tenîa guardados o los adquiriô hace poco?

---Los tenîa guardados y los comprê la vez primera que fui a Apragô-

polis, y no mucho despuês del arribo a tal ciudad y con la ayuda del y

del lictor.

---Con la ayuda del...

---Mire usted. Esos vasos eran propiedad de un amigo del lictor que 

los vendîa carîsimos, en un precio que en aquella êpoca era conside-

rable, y si usted se recuerda yo en aquel entonces aûn no era reina.

---Cômo no acordarme de cuando usted aûn no sentâbase en el curul.

---Bien. Entonces el lictor convenciô a su amigo de que bajârale y el

precio, siendo sôlo asî que pude comprarlos.

---Y Sula quê, ya usted hizo la pregunta?---pregunta Kosmos.

---Sobre eso estamos hablando.

---Y quê revelan las palabras, quê barruntan, quê dejan saber?

---Que tu madre comprô esos cuatro vasos la primera vez que estuvo

en la ciudad del ocio, cual propietario era un amigo del lictor.

---Câspita!!, y cômo yo estaba ajeno a esa compra? Y no me vayas a

decir que me lo dijiste, porque es imposible por ser cierto---dice Kos-

mos mirando a Dido.

----Esos vasos estaban en el mismo lugar donde el magister encontrô

el Orci Galea, entre las antiguallas---dice Dido.

----No te preguntê dônde estaban.

----En realidad no me acuerdo si te lo dije o no. Es acaso importante,

juega algûn rol?

----Ni una cosa ni la otra. Pero tû tomando vino mezclado?

----No, claro que no!! Antes de hacer el brindis ya estaba el vaso lle-

no. Mira, fîjate en el color---dice Dido dândole su vaso a Kosmos.

----Impepinable la diferencia.

----Y quê le parece la estatua del Kuros, Sula?---fisga Dido.

----Impresionante, impactante e indestructible con facilidad.

----E investible, porque no existen telas para tan ingente tamaño.

----Kosmos, si tû no agregas una de las tuyas serîa una novedad.

----Ya usted sabe, Dido, que la relaciôn de su hijo con la palabra es

cuasi orgâsmica---destaca el astrôlogo Sula.

----Menos mal que cuasi y no que total!!---afirma Kosmos muerto de

la risa.

----Vamos a ver si bajan el tono del lenguaje, que estâ demasiado alto.

----Disculpe usted, Dido, disculpe---pide el astrôlogo Sula.

----Y quê conversa el flamen con Manes de Nicôpolis y el didâscalos

filosôfico, que no ha parado de hablar despuês del brindis?---pregunta

Dido.

----Y eso es importante, juega algûn rol?---indaga Kosmos.

----Quê, me empiezas a fastidiar?

----Fastidiar?

----No te hagas el tonto que has repetido mis palabras textualmete.

----Ah, Dido, cômo estâ usted?, y perdôneme por la demora de mi pala-

bra.

----Acaso oyô usted, flamen, la pregunta que acabo de hacer?

----No, majestad, no he escuchado ninguna pregunta.

----Y quê usted hablaba con esos dos?

----Nada de significancia por ser "consideraciones intempestivas".

----Consideraciones intempestivas? Pudiera ser un pimpante tîtulo para

un Liber---considera Kosmos.

----Pudiera ser? No serâ que ya estâ escrito?---pregunta Dido.

----Cuâl es la duda o la sospecha?

----Que tû cuando utilizas el hipotêtico [...] bueno, que te conozco.

----Est res magna tacere precisamente por eso.

----Bueno, ahora los dejo, que me estâ llamando el magister equitum.

----Hasta mâs tarde, Dido, hasta mâs tarde---dice el flamen.

----Quê tû crees, Kosmos, algûn problema?---pregunta el astrôlogo Sula.

----Y desde cuândo soy adivino, Sula?

----Nada es tan malo como pudiera ser---sentencia el flamen.

----Y cômo usted sabe que es algo asî, flamen?---pregunta Sula.

----No lo sê!! Sôlo sê que lo bueno no causa ningûn tipo de problema.

----Pero lo bueno no es lo mejor---destaca Kosmos.

----Mas deja una mejorîa porque no es malo.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Desafîame us-

ted con un jueguito, flamen?

----Me acabo de arrepentir, olvîdalo!!

----Êsa es la res, êsa!!, que entonces no hay punto a la raya para que y

continûa la letra. Y los veo mâs tarde, despuês, que acêrcome a los con-

tertulios.

----De acuerdo, Kosmos, de acuerdo!!---afirma Sula.









 













































 









 





















 





 


















































Donnerstag, 16. März 2023

1113, 54,

          Como el âgape es siempre el mâs destacado paradigma para sacar a

relucir, a puesto, a  colocaciôn dos verbos transitivos (coger y comer), los 

ya presentes en êl pusiêronse en funciôn de êstos, por lo que de momento 

resultaba del todo intempestivo el uso de una nequicia o de una tautologîa, 

verbi  gratia, aunque no completamente fuera de juego quedarîa la propo-

siciôn  imperecedera de Kosmos: lo simbiôtico no es lo histrônico parcio-

nero de lo paliativo que proporciona efîmeramente la katharsis de la trage-

dia, la que de facto fue amplificada por êl mismo a raîz de escuchar lo de-

jado saber por Argos y a manera de parrafada: esta atingencia de organis-

mos induce cuasi siempre a la teatralidad, que la escena que mâs repîtese

en el teatro del mundo es la que convina roles y representaciones que sir-

ven para defender la sobrevivencia propia.

         Mas en lo que dialogaban Kosmos, Argos y el didâscalos filosôfico,

llegan el astrôlogo Sula y el flamen, las dos criaturas que por caracterizar-

se por el paso lento, con dilaciôn o pachorra, convenîales salir de sus res-

pectivos hogares media hora antes para que el atraso no fuese mayûsculo

o para que no tuvieran que responder a la siguiente indefectible pregunta: 

por quê  ustedes carecen de puntualidad?, y hecha por Dido, la que ni ce-

lebra ni tolera la tardanza por considerarla una indisciplina. Seguido y al

saludo correspondiente y a los abrazos dados (a)lgunos de los presentes,

el  astrôlogo Sula lo primero que hace es atisbar la testa de la estatua del

Kuros, algo que a su vez es un acto de observaciôn hacia arriba, y como

tal nada ajeno a su trabajo, fuera del esquema de êste que todos los dîas 

tanto que realiza como mejora con infaltable jovialidad, alegrîa que ade-

mâs es sumamente menester para que una vez puesta su cabeza sobre la

almohada no empiecen las piedras espaciales a onîricos lapidar, empero

tampoco  que las pericias de Faetôn a mostrar formas variopintas de se-

ducciôn, mas con el fin concreto o exclusivo de ganarse acôlitos a todo

trance dispuestos a desobedecer al progenitor masculino. En el caso del

flamen las fijezas terrîcolas eran mâs relevantes que otra cosa, lo que y

explica  su raudo acercamiento a la reina, el entrar en diâlogo con êsta,

mas  un intercambio semântico de jaez privado, o sea, que expuesto no

estuvo a la interpolaciôn espontânea de algûn otro palabrôn que pudie-

ra servir de excurso, de digresiôn deplorable, aun sin la existencia, sin

el posible indeleble de una perîstasis tenora. 

        Pero Manes de Nicôpolis, y al sentir un olor parecido al de la sus-

tancia  aromâtica onomada  incienso, no pudo eludir el movimiento de

su  testa hacia el lugar procedente de aquêl, pero que al hacerlo el fla-

men ya venîa hacîa êl, por lo que podrîa pensarse que êste captô sobre

el pucho el movimiento susodicho.

----No me extraña, Manes, lo que usted acaba de hacer. Cômo estâ us-

ted?

----Yo siempre estoy igual, o mejor dicho, estoy cada vez mâs viejo.

----Estâ usted entonces con la ley de la vida, la ineluctable, no?

----Asî es, flamen, asî es y no de otro modo. Y quê me dice de usted?

----Que yo estoy con dos leyes: la del Uno y la de la existencia, las dos

que siempre tienen tremendîsima importancia en el templo de Jano Qui-

rino a la hora de hacer menos dolorosa la breve estancia en el confesio-

nario.

----Pero, flamen, los que se confiesan no tienen mâs preferencia por la

primera ley?

----Asî es, Manes, pero sin la de la existencia no se podrîa hablar ni de

bienes ni de males, porque es la que empolla a êstos para hacerlos po-

sibles.

---Estâ usted seguro que tal empollar es garante de los dos posibles, y

no la creencia?

----Y acaso no es la creencia una forma de empollar, Manes?

----Y de dônde salieron los huevos que no veo el ave?

----Quiên si no para hacer una pregunta asî? 

----Flamen, es que Kosmos tiene buenos oîdos---dice Manes.

----Mâs que buenos: excelentes!!---afirma el flamen.

----Es que el palabrôn empollar llegô a mis oîdos como el golpe de âgi-

les caballos que los hiere.

----Kosmos, ahora mismo terminê de hablar con tu madre.

----Flamen, y quê tiene que ver Dido con lo dicho por Kosmos?

----Manes, que Dido es amante de la siguiente frase: hiere mis oîdos el

golpe de âgiles caballos.

----Ha captado usted, Manes?---pregunta Kosmos.

----No del todo pero algo asî. Pero es igual, que no estoy para embro-

llos semânticos.

----Flamen, y si hablô con mi madre ya debe estar enterado de lo del 

estrîgido, no?

----No!! Pero entonces sî hay un ave.

----Y risas de Kosmos que afirma: quê bien que quêdole el jueguito!!

----Ahora preguntando en serio: de cuâl estrîgido tû hablas, Kosmos?

----De uno que salvô al gato Lah que estaba en los hombros de la esta-

tua, y que desde no hace mucho pôsase en la rama de aquel ârbol justa-

mente a la hora en que comienza la segunda vigilia---responde Kosmos

y señalando.

----Las obras del Uno son infinitas!!

----Quiên si no que un flamen para celebrarlas?

----Kosmos, vas a empezar con tus ironîas?

----Un estrîgido? Verdad que es bastante raro---dice Manes que agrega:

me acabo de enterar.

----Ah, Kosmos, ya veo que estâs en tu materia: la palabra.

----Câspita Sula!!, que tiempo que no veîalo. Cômo estâ el infinito?

----Cômo saberlo si mis ojos no pasan de lo finito.

----Si con trabajo ve lo limitado...

----Flamen, tampoco tan viejo como para ver con extrema dificultad.

----Sula , no hâgale mucho caso al flamen, que sôlo es circunspecto en

el templo de Jano Quirino.

---Kosmos!!, que no es cierto lo que dices; es un sacrilegio contra uno

de los servidores del Uno.

----Kosmos, que lo conozco bien y como tal sê lo que es---dice Sula.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Quê alcahue-

terîa!! Tremenda!!

---Ah, miren quiên llega---dice el flamen.

----El cazador y maculado de sangre---dice Kosmos.

----Maculado de sangre, y por quê?---indaga Manes.

----Eso lo vamos a saber sûbito. Cazador, cazador, venga, acêrquese y 

repôrtese.

----Kosmos, y por quê me llamas?--pregunta el cazador.

----Para hacerlo venir!! 

----Ya estoy aquî!! Cuâl es la pregunta?

----Y cômo usted supo que llamôsele para hacerle una pregunta?

----Kosmos, que te conozco desde hace un evo.

----Menos que por el huevo que soltô una gallina---dice Kosmos riendo.

----Quê significa eso, Kosmos?---pregunta Manes.

----Manes, le aconsejo que no se meta en un problema gratuito---dice el

flamen.

----Entonces, Kosmos?---pregunta el cazador.

----He aquî la pregunta: a quê dêbese la sangre?

----Al ciervo que cacê, y que prepara el cocinero de Irlanda para mâs tar-

de pasarlo por el fuego.

----Vaya suerte la suya para flechar rumiantes mamîferos!!

----Suerte, flamen, suerte? Estâ usted seguro que trâtase de ella?

----Y de quê si no, a ver, dîgame, confiêsese?

----Flamen, que no estamos en el templo de Jano Quirino.

----Cazador, no cree usted que los ciervos saben cuando hay âgapes?

----Y tû crees, Kosmos, que ellos quieren ser cazados?

----Al contrario: quieren desafiar al que los caza para un banquete.

----Y eso no es un contingente tremendo, Kosmos?---fisga Sula.

----Y quê saben los ciervos de contingencia?

----La pregunta no fue para los ciervos sino para ti.

----Y risas de Kosmos.


          Simultâneamente, y a unos tres kilômetros antes de llegar a Cuti-

lias, la tribu germânica desvîase de la ruta por la que venîa, y por la ra-

zôn de saber de la defensa de los soldados bâtaros en la zona termal. A

continuaciôn de un breve acampamiento, el que aprovechôse para sele-

ccionar otro camino y para darle de beber a los cuadrûpedos, Dolfopân

da el edicto de continuar y no para hasta llegar a Bedriaco, empero en

el caso de que otro ôbice no apareciera acopas, que entonces tendrîa la

tribu que seguir demorando su arribo al fin previsto. 






























































 












 


     


 



 




Dienstag, 14. März 2023

1112, 53.

        Cumplidos exactamente los siete minutos que faltaban para que diera 

comienzo el âgape, Kosmos es el primero de los contertulios en llegar a la

comilona, mas que en vez de dirigirse sobre el pucho a la variedad desco-

llante de sustentos seductivos atisba la estatua del Kuros sin eyectar algûn

magîn en su semblante y sin dejar calaña de asombro o impresiôn. Empe-

ro  si de algo no pudo quedar exento, o que si no eludir con soltura o faci-

lidad, fue de la reflexiôn propiciada por la posiciôn de Aretê y justamente

al frente de la base de la estatua, una que de jaez exhibicionista dejaba os-

tensiblemente marcada una atingencia entre ella y el atleta desnudo, pero

que de tal guisa una relaciôn simbôlica, o sea, sin contingencia alguna de

perforaciôn. La  inclinaciôn hacia delante favorece el acceso a la canasta

de las deidades; invita a participar en lo adusto con un lenguaje de imago,

a fantasiar con lo coralino, con lo que humectado hace mâs deleitoso en-

trar en profundidades, dîcese Kosmos a sî mismo y a su vez siendo testi-

go visual de otra cosa: el cocinero de Irlanda pônese a la zaga de la posi-

ciôn  de Arete; y êsta, como si en nombre de la rosa conviniêrale el acer-

camiento de aquêl, deja caer su corpus un poco mâs hacîa delante, por y

lo que entonces colofona Kosmos: la inclinaciôn del plano ya no es y de

cuarenta plus cinco grados sino de diez.

----Kosmos, en quê tû estâs?

----Câspita, didâscalos, que usted me ha dado un inesperado susto. Pues

le respondo que estoy oyendo al gallo que canta para mî mismo.

----Inesperado susto? Y desde cuândo êste es esperado?

----Si fuera otro no le dirîa, didâscalos, que es usted un buen participan-

te en el lûdico que nunca acaba, que brîndale pleitesîa hasta fuera de la

Kosmona.

----Quiên mejor que tû para captarme sûbito.

----Dos que câptanse bien tienen suntuosa correspondencia.

----Pero quê hace Argos con una escalera?---pregunta el didâscalos filo-

sôfico y a la vez señala.

----Sabe usted una cosa, didâscalos?

----Que mi pregunta da pâbulo de otra pregunta?

----Êsa es la res!! Voy sin dilaciôn a hacêrcela a Argos.


       Pero en lo que Kosmos dirigîase adonde estaba Argos, el magister,

que concomitaba al mago hiperôsmico y agarrâbalo por un brazo, sin di-

laciôn pregûntale a Kosmos:

----Y eso que tû vas en direcciôn al este, la latitud de los pernicios mâs

sorpresivos?

----Eso dicen, magister, mas no estân comprobados tales pernicios. La

vulgata crea sus inventos para despuês justificar el desprecio por un y

punto cardinal. Magister, voy a preguntarle a Argos el porquê de estar

dejando en su lugar la escalera.

----Pues si tû quieres te doy sûbito la respuesta.

----Kosmos, quê tal, cômo va ese juego incesante en la Kosmona? 

----Manes, todo como siempre en su puesto y medida, manteniendo los

acentos y tachonando trivialidades.

----Eres el mismo, el eterno decorador de los posibles expresivos.

----Manes, ya puedo darle la respuesta a Kosmos?

----Disculpe usted la interrupciôn, magister, pero sôlo quise saludar a

Kosmos. Claro que sî, dêsela!!

----La escalera la utilizô Argos para coger a Lah que estaba en los hom-

bros de la estatua, mas no le sirviô por ser demasiado corta.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Y cômo enton-

ces cogiô al gato?

----Pues la respuesta es que êl no lo cogiô sino el estrîgido.

----Venga acâ, magister, estâ usted ludicando con un ludicador?

----Tû sabes que yo no soy de lûdico ninguno, que no me conoces y de

ayer. Es un estrîgio que, desde hace un tiempo para acâ, se estâ posando

en la rama de aquel ârbol--dice el magister señalando--y justamente a la

hora en que da comienzo la segunda vigilia.

----Descollante novedad!! Y dônde estâ Lah ora?

----Lo tiene Ateriana en su cuarto.

----Y cômo, magister, Lah llegô a los hombros de la estatua?

----Por un brinco que dio desde la ventana del cuarto de Ateriana.

----Câspita!!, que la palabra brinco encântame. Magister, y Ateriana tie-

ne cerrada la ventana?

----Cômo yo voy a saber eso, Kosmos?

----Magister, una ûltima pregunta? Sabe usted el porquê de que mi ma-

dre hâyale edictado a usted traer a palacio a Argos?

----Porque tu madre leyendo las Correspondecinas de Lolia Paulina dio

con el nombre Lifêrico, y êste fue un buen amigo de Argos.

----Lifêrico? Primera vez que escucho el ônoma, aunque Argos sî me y

dijo que un buen amigo de êl sucumbiô a causa de la caîda de una llu-

via de flechas de la tribu de los bructeros al mando de Atabân. 

----Êse mismo es Lifêrico. Bueno, ahora te dejo, que soy responsable

de eludir la caîda de Manes y de llevarlo hasta la silla que le correspon-

de en el âgape.

----Al avîo, magister, al avîo!!

----Kosmos, hablamos mâs tarde?

----Si la dicha es buena nunca hay un pasado mañana para la palabra.

----Cômo, Kosmos, cômo?

----Manes, si usted le hace caso a Kosmos, no va a llegar nunca a la silla

que le corresponde---dice el magister equitum.

----Y risas de Kosmos que dice: nos vemos mâs tarde, Manes.





















 















 












        


  

Samstag, 11. März 2023

1111, 52.

         Dio pâbulo del âgape la ingente estatua del Kuros, mas que un ban-

quete que harîase en derredor de êsta, la que quedarîa entonces en medio

del convite. Flagrante que muchitanto trabajo tendrîa el cibiosactes, ade-

mâs que el tempestivo estrês porque la comilona deberîa comenzar justa-

mente en una hora y media, lo que traduce entonces que empezarîa exac-

tamente con la segunda vigilia, horario en que normalmente un estrîgido

pôsase en la rama de un ârbol [muy querido por Xabier, el grumete redo-

mado, y en el que una vez trepôse para observar a Corônide, la bailarina

pelirroja, en el inolvidable momento en que restregâbase la espalda con

la esponja rosada, y despuês recogîase el pelo con el Kekrîfalo dadivado

por Klonariôn] cercano a la  ubicaciôn temporal de la estatua, de su ver- 

tical  posiciôn en un sitio que no era el definitivo para dejar sempiterna-

mente su enorme tamaño. 

        Media hora antes, y seguido a salir del salôn de los recibimientos,

Dido observa la estatua desde una de las ventanas del gran corredor que

termina en su cuarto. En lo que la miraba, momento placentero que dis-

frutô en mutismo, recordôse de los tiempos que su padre Bole acudîa y

con  frecuencia a las competencias de los lanzadores del disco, y de las

apuestas que hacîa con sus compinches mâs ilustres, y si de tal jaez por 

ser  tan distinguidos que hasta olvidâbanse igualarse por la misma con-

diciôn, lo que traduce que el ser mâs probable una explicaciôn apellida-

da sencilla quedaba fuera de lugar, no llegaba a puesto ni a colocaciôn.

Alguna  que otra vez Dido lo concomitaba gustosamente, pero mâs pa-

ra  salir unas horas de su monotonîa que por realmente ser de su interês

una disciplina deportiva, a la que agrêgase la ineludible batahola de los

fanâticos mûltiples con disîmiles oficios y variedad de gentilicios, algo

que de vez en cuando era la consecuencia de sus repetidas vigilias y de

sus fastidios de testa. Bole, y al saber de la consecuencia, dîjole un dîa

que no lo acompañara mâs; que si lo hacîa sôlo para escapar de su abu-

rrimiento estaba llêndose de lo ingrato para llegar a lo pejigueroso, par

de estados que no estân muy separados, a su vez que opônense a la eu-

demonîa, la que sî debe preferirse por sobre todas las cosas, aunque y

trabajo cueste tanto definirla como tenerla, pero que vale la pena darle

prioridad. Tales palabras tuvieron para Dido ingente significancia, por

lo que con el tiempo convirtiêronse en un solvento capital contra todos

los estados acarreantes de engorros; mantienen actualmente una mirîfi-

ca resonancia como asimismo una pimpante vibraciôn que estimula al

ipsum. 

         Faltando solamente siete minutos para que comenzara el âgape,

Ateriana sale de su cuarto para irle a decir al cibioscates que Lah sal-

tô desde la ventana de su dormitorio y cayô encima de los hombros de

la estatua, donde estaba inmôvil al parecer por la altura.

---Cômo, quê dices? Cômo fue posible eso?----pregunta el cibiosactes

totalmente sorprendido. 

----Es que la estatua estâ muy cerca de la ventana de mi cuarto, mâs o

menos a un metro, distancia calculada por Kôs.

----Insôlito, insôlito!! Y si saltô de la ventana a la estatua, por quê no 

salta de la estatua a la ventana?

----Como le dije, cibiosactes, estâ que no se mueve, tan quieto como

nunca lo habîa visto.

----Ateriana, mejor ve a ver al magister equitum y dile lo de la escale-

ra, que yo estoy demasiado ocupado ahora para hacer otra cosa.

----Estâ bien, voy a ver al magister.


         Mas como Argos aûn estaba en el salôn de los recibimientos, des-

de donde pudo oîr lo dicho anteriormente, y tan inteligible que no hizo

falta pregunta alguna, êl mismo ofreciôse voluntariamente para ayudar

a Ateriana. Seguido a la correspondiente bûsqueda, lo que traduce que

no es tan fâcil hallar un conjunto de peldaños en palacio, Argos da con

uno, empero no lo suficientemente grande como para que llegase a los 

hombros de la estatua.

----Y ahora quê hacemos, Argos?---pregunta Ateriana.

----No es difîcil, Ateriana. No calculô Kôs que es un metro la distancia

que separa la ventana de la estatua?

----Aproximadamente!!

----Entonces hacemos una cosa.

----Cuâl?

----Sacar la escalera por la ventana de tu cuarto y dejarla caer sobre los

hombros de la estatua: quê te parece?

----Muy bien pensado. Entonces vamos a mi cuarto.


      Pero inesperadamente, y en lo que Ateriana y Argos arrumbaban sus

pasos hacia el dormitorio, el estrîgido es el que encârgase de sacar del y

pernicio a Lah, y lo que fue posible al agarrarlo con sus patas y ponerlo

en la ventana, suceso que, como tal, era para memoria, que si no para y

nunca olvidarlo.




 















  



  




   












    

       


  





Mittwoch, 8. März 2023

1110, 51

       Va de retro Dido a su indeleble alcheringa, regreso a su pasado debido

a la lectura nuevamente de las Correspondencias de Lolia Paulina, y de en-

contrar en êstas el ônoma Lifêrico de Siros. Êste fue un novio que tuvo Di-

do mucho antes de haber conocido al tîo de Kosmos; vivîa en los arrabales

de Bedriaco, y un buen dîa dejôle saber (a)quêlla que îbase lo mâs rapidito

posible para la ciudad Ferencia, empero sin decirle el porquê ni tampoco si 

regresaba o no, aunque sî prometiôle escribirle esquelas, promesa con la y

cual jamâs cumpliô, siendo êsta la razôn de que Dido propusiêrase olvidar-

lo y de que asimismo jamâs contara a nadie de la atingencia que con êl tu-

vo, aun ni a su progenitora al êsta regresar a Bedriaco seguido al asesinato

de Cotisôn Alanda Coto. Mas si por algo queda atônita Dido, y despuês de

leer la Correspondencia con la numeral catorce, es por la relaciôn del todo

secreta entre su madre y Lifêrico, la que fue de jaez efîmero mas dadora y

de la beneficiante jovialidad, de la sûmula pertinente de inconmensurables

gemidos. Por la fecha apuntada en el inferior de esta misma Corresponden-

cia  puêdese saber que la relaciôn fue dos meses despuês del vînculo cupi-

doso que tuvo Lolia Paulina con Akalistôn, y el que terminô al pagarle Co-

tisôn a êste una considerable cantidad de monedas. Pero por cuestiones de

tamaño tuvo Dido que acercar la Correspondencia a sus ôculos para ver la

data, ya que tan pequeña estaba escrita que resultâbale imposible observar-

la de lejos. A  continuaciôn Dido  hâcele la señal tempestiva al cibiosactes

para que trajêrale una botellita de conditum paradoxum, la imprescindible

al acomodar su cuerpo la reina en sus queridos pulvinares. Pero en lo que

el cibiosactes fue en busca del pedido de su majestad, êsta escucha el aco-

pas estrêpito de los soldados bâtaros al dar con sus espadas golpes en el y

metal de las êgidas, y a la vez que dirigîanse en formaciôn a la entrada de

palacio, razôn  por la cual Dido pensô que tratâbase del acercamiento per-

nicioso  de la tribu germânica seguido a vencer la defensa ya preparada a

unos cuantos kilômetros de la corte. De tal guisa, y tres minutos despuês,

penetra  el magister equitum en palacio, arrumba sus pasos a los pulvina-

res y sin dilaciôn comunîcale a Dido:

----Majestad, ha llegado una estatua de un Kuros transportada desde y la

ciudad del ocio hasta aquî en una ingente carreta, la que le envîa como y

regalo el lictor.

----Cômo que la estatua de un Kuros? Pero tanto bullicio por ella? Pensê

que estâbamos a punta de las flechas de la nueva formaciôn de la tribu.

----Disculpe usted el bullicio, mas yo mismo di el edicto de que se hicie-

ra para causar impresiôn.

----Pero magister, impresionar a una estatua?

---Es que la estatua estaba tapada con un telôn, por lo cual no sabîase quê

cubrîa êste.

----Contra, magister, ni que fuera Bedriaco Troya.

---Majestad, que no solamente en un caballo puêdese enconder el enemigo.


   Y entonces llega el cibiosactes con la botellita de conditum paradoxum.


----Aquî su pedido, majestad, y la correspondiente copa----dice el cibiosac-

tes.

----Muy bien!! Pero vaya en busca de otra copita para el magister.

----Majestad, que aûn estoy de servicio---dice el magister equitum.

----Yo se preocupe usted por su servicio, que yo soy la reina, ademâs que y

aprovecho la oportunidad para preguntarle algo.

----Aquî la otra copita, majestad---dice el cibiosactes.

----Llênela de conditum, y puede retirarse---dice Dido.

----Gracias, majestad, por la copita. A ver, que me quiere preguntar?

----Sabe usted algo sobre un tal Lifêrico de Siros, que usted hablô varias 

veces con mi difunta madre?

----Eso es cierto, que conversê mâs de una vez con Lolia Paulina, pero no

mencionô a Lifêrico nunca.

----Entonces de êl no sabe nada.

----Sê algo, mas someramente.

----Ah sî? Y cômo sabe algo si mi madre no lo mencionô?

----Lifêrico fue un buen amigo de Argos.

----No es Argos el soldado sancionado?

----Sî, majestad, es êl.

----Pues me gustarîa hablar con Argos lo mâs râpido posible. Sabe usted y

dônde estâ?

----Con los contertulios en la Kosmona.

----Entonces si allî, vaya inmediatamente a buscarlo y trâigamelo aquî.

----A su edicto, majestad, a su edicto!! Pero y la estatua quê, dônde ordeno

que la pongan?

----Decida usted su ubicaciôn, magister, que a mî me da igual.

----Entonces me retiro para ir a buscar a Argos. Y gracias por la copita, gra-

cias!!

----De nada, magister, de nada.


          Non plus ultra de veinte minutos penetra Argos en palacio, y el ma-

giter equitum lo lleva al salôn de los recibimientos. En lo que esperaba la

presencia de la reina, que êsta trasladârase de los pulvinares y posicionâ-

rase frente a êl exenta tanto del peso de la corona como del arropamiento

imperial, del vestuario mayestâtico que engendra una efîmera impresiôn,

Argos  êchale un vistazo a todo lo atractivo al alcance de su vista, o a to-

do lo que en êsta dejara el motivo suficiente de acercamiento, de pegarse

con el têlos de darle a las retinas el pertinente deleite escrutativo. Dirîase

que  como unas castañuelas observô con suma atenciôn disîmiles formas,

y en funciôn ornamentativa, de vasos destinados al almacenamiento tan-

to  de sôlidos como de lîquidos ( ânforas, pîxides, hidrîas, crâteras, oino-

choes, Kilix, esquifos, lekitos y lutrôforos), trabajos de pintura en crâte-

ras  y ânforas de los pintores Zeuxis, Parrasio y Polignoto, y mâs de una

escultura  arcaica de carâcter  hierâtico, siendo la de Korê el descollante

paradigma  de solemne rigidez. de rigurosidad, de severidad majestuosa

extrema. Empero mâs feliz aûn, allende que demostrado con una sonrisa

breve, fue cuando  atisbô la pintura de la reina a toda flor, con todos sus

elementos jôvenes en plena candidez, libres de las telas cubridoras de lo

especioso, lo gayo que salta con tan sôlo un movimiento.

---No es de extrañar que la fijeza visual de un hombre sea siempre posi-

ble de tener frente a sî una pintura como êsa, no?

---Disculpe usted, majestad, pero debo decirle que la miraba con el ma-

yor  respecto, sin  pensar en nada mâs que en una valoraciôn a partir de

este trabajo artîstico---destaca Argos.

---No hace falta que se disculpe, que mirar no es un crimen, lo que co-

mo tal indica que no hay sanciôn alguna contra los ojos que contemplan.

---Puedo preguntarle una cosa, majestad?

---Cuâl es la pregunta, Argos?

---Quiên le hizo esta pintura?

---El hijo del pintor Parrasio, Parresio, y hace ya muchîsimo tiempo en

la ciudad del ocio.

---Muy buen trabajo, majestad, muy buen trabajo.

---Gracias, Argos, gracias!!

---Majestad, me dijo el magister equitum que usted querîa hablar conmi-

go. Puedo saber de quê se trata?

---Un buen amigo de usted fue Lifêrico de Siros, no?

---Asî es, majestad, el que tuvo que morir a causa de una lluvia de fle-

chas que le cayô encima en la ciudad Ferencia.

---Lamento que haya tenido que morir asî.

---Lo lamenta usted, por quê, majestad?

---Porque fue mi novio, mas cuando ni pensaba en ser reina.

---Cômo, que fue su novio? Êl nunca me hablô de eso.

---Y me alegro de que no, porque yo lleguê a odiarlo por lo que me hi-

zo.

----Y quê pasô, majestad?

---Que prometiô escribirme y nunca lo hizo. Sabe usted lo que signifi-

ca eso para una mujer?

---No puedo saberlo porque soy hombre, aunque sî puedo imaginârmelo.

---Bueno, por lo menos tiene usted una idea. Pero dîgame una cosa, Ar-

gos: sabe usted el motivo por el cual êl se fue de Bedriaco a la ciudad de

Ferencia?

---Por la famosa multa de los mil, un invento de Vologeso, una penaliza-

ciôn brutal.

---No me diga que êsa es la causa? Mire usted lo que me ha recordado.

---Asî es majestad, no por otra cosa. Pero por quê usted dijo: mire usted

lo que me ha recordado?

---Porque me habîa olvidado de tal penalizaciôn.

---Y fue usted penalizada?

---No!! Yo jamâs, porque mi padre era Bole y tenîa suficiente dinero.

---Verdad, es usted hija de Bole?

---Y de Lolia Paulina.

---No, este nombre no lo conozco.

---Fue esposa de Cotisôn Alanda Coto, su ûltima esposa.

---De Cotisôn, el enemigo declarado de Bole?

---Es una historia larga que no deseo contar.

---De acuerdo, majestad, no hay problema.

---Pero le digo otra cosa, Argos: su buen amigo tuvo una relaciôn secre-

ta con mi madre.

---Me ha dejado usted sin palabras, majestad. 

---Ya no hacen falta, ya todo eso pasô, pero sôlo querîa saber el motivo

de la ida de Lifêrico, porque êl no me lo dijo.

---Yo lo decîa porque hasta donde conocî a Lifêrico êl nunca atreviôse a

estar con mujeres casadas, o por lo menos nunca me contô algo asî.

----Argos, gracias por decirme la verdad. Y sabe usted una cosa? Por su

sinceridad voy a hablar con el magister para que le quite la sanciôn.

---Por lo que no ya simplemente las gracias, sino que miles de êstas por

lo que usted va a hacer. Miles de gracias, majestad, miles!!

---Y otra cosa mâs, Argos. Si usted lo desea le invito a que se quede pa-

ra la cena, que pronto estarâ lista.

---Cômo no, majestad, es para mî un tremendîsimo privilegio.

---Muy bien. Argos, yo ahora debo retirarme, pero puedo quedarse aquî

y seguir mirando lo que le plazca.

---Ya he mirado algo, pero le agradezco que me permita continuar con 

la observaciôn.

---Nos vemos de nuevo dentro de poco, no mâs de una hora.

---Me entretengo mientras tanto, que aquî hay muchas cosas que ver.

---Hasta ahorita, Argos.

---Hasta ahorita, majestad.

































































  










































           








Sonntag, 5. März 2023

1109, 50.

        En la efîmera pausa, y exactamente de diez minutos, contôle so-

meramente Kosmos a Argos sobre su relaciôn con la difunta Cornelia,

la madre de la campesina y de Sunev. A pesar de ser superficialmente

lo amplificado, Argos nota raudamente que y la susodicha atingencia 

tuvo una relevancia tremenda para Kosmos, y no sôlo por activar sen-

timientos y emociones sino que asimismo por haberle dado la oportu-

nidad de darse cuenta de que hay negaciones endebles, lo que traduce

que tan sôlo cumplen con una funciôn defensiva, o sea, que son opor-

tunamente  utilizadas para bloquear un impulso inesperado, que si no

para menguar la fuerza de una sofocante declaraciôn lujuriosa revela-

da en el instante en el que el tedio o la melancolîa imperan, aunque y

tal vez otro estado con peso o resonancia, con fijeza temporal, con lo

deîctico dejando muestra de que hay engorros en la conducta.     

---Bueno, Kosmos, y como dice el dicho: nunca el despuês de hoy es

la vejez del dîa si la fortuna no es mala.

---Câspita, Argos, que usted tiene talento pata transformar los dichos,

que si no suntuoso magîn para pincelar los cambios.

----Te quiero decir una cosa, Kosmos.

----Amplifîquela, amplifîquela, age!!

----Antes de que el compinche mîo se fuera para Ferencia, y sobre to-

do cuando jugâbamos a los dados, nos gustaba decir el mismo dicho y

en varias formas, de todas las maneras posibles, lo que me parece que

fue una gran ejercitaciôn, un magnîfico ejercicio.

----Completamente de acuerdo, mas escuche usted una cosa: tanto el

talento como el magîn son relevantîsimos por ser dos maquinarias in-

defectibles para el proceso semântico; sin ellos el avance es muy poco

en la materia de la palabra, aun teniendo la preparaciôn que têngase.

----En este campo tû sabes mâs que yo, ademâs de que tienes talento y

magîn sin parangôn.

----Argos, crêame, todo tiene su precio.

----En quê sentido, Kosmos?

---  Que por tener las dos cosas pudiera ser que unos cuantos hominis 

no me entiendan.

----Kosmos, y pagar ese precio te molesta, inquieta o alborota?

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! No, claro que 

no!!


          Veinte minutos despuês, y en plena agitaciôn lenguajera por estar

hablando todos los contertulios a la vez, el didâscalos filosôfico pide un

poco de calma, que a la postre y al cabo un conjunto en su totalidad par-

lante no llega ni a ninguna parte ni a ninguna conclusiôn, que es anâlogo

a decir que la masa verbal que fôrmase no contribuye a un fin, o sea, que

no es tâ pros tô têlos.

----Ustedes se me estân pareciendo a Ânito y Meleto.

----Kosmos, lo dices porque los dos hablaban a la misma vez y desmesu-

radamente?

----Quiên si no que usted, didâscalos, para captarme sûbito.

----Quê, que tû nos comparas con esas dos muertas ratas, Kosmos?

----Asonis, no râsquese el pecho que el ladrillo es de goma.

----Y desde cuândo un ladrillo de goma da picazôn?

----Con tal pregunta ha dejado calaña usted de que me ha comprendido.

----Era la pregunta esperada, Kosmos?---pregunta el alquimista.

----A raîz de la comprensiôn sî.

----Sabes a quiên me recuerdas? Al tributario tres veces grandes.

----Ah sî, alquimista, verdad que el tres veces grande...

----Y risas de Kosmos que dice: aquî los contertulios caen en la zalagar-

da de gratis.

----Es que el alquimista me parecîa un tipo serio---dice Temîganes 

----Câspita, Temîganes, que si por lo menos hubiese sido el cenutrio el 

que hiciera la pregunta...

----Kosmos, te encanta jugar conmigo, no?---pregunta Perrasiestes.

----A ver, sigamos ludicando, y, entonces, que levanten la mano los que 

estên de acuerdo con el dar el curso de cetrerîa.

----En hora buena, Kalîas, y bienvenido a la Kosmona---dice el didâsca-

los filosôfico.

----Increîble, todos los contertulios levantaron la mano---dice Kalîas.

----Pero, Kalîas, va a tener que comprarse por lo menos un halcôn para

dar el curso, no?---pregunta el tîo de Kosmos.

----El poblema es, de dônde saco el dinero.

----Eso no es un problema, Kalîas---dice Kosmos.

----Ah no? Tû tienes idea de cuânto cuesta un halcôn actualmente?

----Kalîas, que tenemos un financiamiento de mi madre.

----Verdad?

----Êsa es la res, êsa!!





















































Freitag, 3. März 2023

1108, 49.

        Al regresar a palacio, y despuês de haber ido a buscar a la Kosmona

al gato Lah, Ateriana fue directamente a su cuarto cargando al felino, pe-

ro Kôs no pudo eludir el responso del magister equitum por haber salido

de  la corte sin la correspondiente escolta de los soldados bâtaros. Al ter-

minar el magister con la indefectible regañina, y por ser êl el responsable

de la seguridad de los infantes, Kôs dice lo siguiente:

----Magister, usted me dijo que en diez minutos regresaba, mas pasô me-

dia hora y usted no vino, por lo que nos cansamos de esperar.

----Ya sê, Kôs, ya sê que no volvî en el tiempo que te dije, pero aun asî

deberîan esperarme, porque te lo repito, si a ustedes les pasa algo quien

se busca el problema con la reina soy yo, y uno grande.

----Pero magister, quiên estarîa interesado en hacernos algo a nosotros,

en atacarnos o en secuestrarnos?

----Kôs, que aûn no tienes basta experiencia como para conocer ciertas

y deteminadas cosas que en este mundo pueden suceder, y mâs por for-

mar parte ustedes de la familia mayestâtica.

----Entonces siempre tenemos que salir con escolta?

----Kôs, ya llegarâ el momento en que no, pero hasta que llegue tal mo-

mento sî. Pero dime una cosa: por dônde ustedes salieron con el caballo

negro que la guardia bâtara de posta no los vio?

----Eso no se lo voy a decir, queda secreto.

----Cômo que no ? Sabes que puede pasar?

----Quê, magister, quê puede pasar?

----Que la seguridad de palacio, de ti y de Ateriana, de tu madre y el res-

to de la familia mayestâtica corra peligro.

----Y por quê?

----Porque yo sê lo que te estoy diciendo. Asî que es mejor que me reve-

les el lugar por donde ustedes salieron, que si no tendrê que hablar con y

tu madre.

----Pues hable usted con mi madre, pero yo no digo nada.

----Ah sî? Estâ bien. Despuês no te quejes cuando te pongan el castigo.

----Quê importa uno mâs, otro?

----Ya veremos si cuando estês castigado vas a decir lo mismo. Bueno, ya

me tengo que ir, que hay cosas con las que debo cumplir por edicto de Di-

do, asî que pôrtate bien y no hagas de las tuyas.

----No es tan fâcil no hacerlas, pero lo intentarê.

----Muy bien!! Intêntalo!!

----Adiôs, magister, adiôs!!


       Siete minutos despuês Kôs llega al cuarto de Ateriana. Êsta ludicaba

con Lah encima de la cama como si êste fuese su preferido juguete, a pe-

sar de unos leves arañazos en el brazo izquierdo. Por consecuencia de ês-

tos algo de malestar sentîa, mas que al ser ligero no impedîa la continua-

ciôn del juego, que el entretenimiento con el felino dejara de ser un posi-

ble por las marcas en la piel de poca extensiôn, lo que traduce que cortas.


----Es un gato especial, Kôs, especial!!----afirma Ateriana.

----En quê sentido especial?

----En que, por ejemplo, te mira como si te conociera de tiempo, como si

fueses una vieja amistad, o algo como eso.

----Bueno, te mira si acaso a ti como dices...

----Kôs, porque yo no lo maltrato como tû; le doy cariño y lo toco suave-

mente.

----Y si lo tocas suavemente, por quê tienes esos arañazos?

----No tiene que ver nada con eso, sino con su naturaleza, con el instinto

felino.

----Dime, Ateriana: te dijeron algo tus padres por haber salido de palacio

sin decir nada?

----Regañarme?, si yo ni sê dônde estân, y hasta ahora no los he visto. Y

 a ti, Kôs?

----Antes de llegar aquî mi madre me dijo que querîa hablar conmigo, pe-

ro me escapê del hablar al decirle que venîa a tu cuarto.

----Y tû pudiste escaparte con lo severa que es tu madre?

----Severa no, disciplinada, ya que es respetuosa con las reglas.

----Quê diferencia con la mîa, que es todo lo contrario.

----Es que la tuya se criô y creciô en una granja; sacaba a pasear ovejas.

----Sî!!, ya sê, algo de su pasado me ha contado, dicho.


       Simultâneamente, y en la cocina de palacio, el cocinero de Irlanda

lavaba los agaricus bisporus para agregârselos a un nuevo plato de su e

invenciôn. Consciente estaba que resultarîa exôtico para los comensales,

pero que asimismo no dudaba de la aceptaciôn que iba a tener como al-

go  nuevo en el  menû de la cena. A raîz de ya estar del todo limpios los

agaricus bisporus pûsolos todos juntos en una vasija de cristal de media-

no tamaño, la que sin darse cuenta podîa caerse al estar pegada al borde

de una de las mesas mâs grandes que habîan en la cocina, y como tal lo

suficientemente  vasta como para  ponerle encima un animal apellidado

ingente. Empero antes de echarlos en la salsa deberîa picarlos a la mitad,

ya que de acuerdo a su experiencia en el oficio enteros no eran garantes

de  proporcionarle un exquisito sabor a la salsa. Y entonces, cuchillo en 

mano, prepârse para empezar a picarlos, momento en el que un asombro

padece al percatarse de que el gato Lah miraba la vasija de cristal con y

tremenda fijeza, como si los agaricus fuêranle conocidos. De inmediato

suelta el cuchillo, y con cierta parsimonia agâchase con el objetivo y de

coger al gato. Al ya tenerlo entre sus brazos, penetra el cibiosactes en la

cocina y sin dilaciôn dice:

----Seguro que el gato vino en busca del ratôn blanco.

----Cômo, cibiosactes, cômo?, si el gato lo que estaba mirando era esta

vasija de cristal donde, como usted ve, estân los agaricus bisporus. Pero

desde cuândo hay ratones en la cocina de palacio?

----Sôlo hay uno, cocinero, uno y blanco, como acabo (de)cir.

----Pues yo no lo he visto. Y este gato de quiên es?

----Del cazador.

----Y si es del cazador quê hace aquî en palacio?

----Porque se lo prestô a Ateriana para que jugara con êl. Se llama Lah. Y

ahora debo retirarme que tengo cosas que hacer. Cômo va ese nuevo pla-

to?, pregunto antes de irme.

----No le falta mucho, sôlo agregar los agaricus bisporus y en breve esta-

râ listo.

----Muy bien, cocinero. Bueno, continûe con su trabajo. Nos vemos mâs

tarde.


        Tres minutos despuês de la ida del cibiosactes aparece Kôs en la co-

cina y pregûntale al cocinero:

----Por casualidad usted ha visto al gato por aquî?

----Sî Kôs!! Mira, estâ allî, donde se echô despuês que yo pique a la mi-

tad los agaricus bisporus---responde el cazador señalando.

----Ha dicho usted agaricus bisporus?

----Asî es!!, eso acabo (de)cir, Por quê preguntaste?

----Porque el gato Lah los conoce.

----Los conoce? De dônde?

----Ya estâ acostumbrado a verlos porque el cazador los come.

----Ah, eso. Ya entiendo entonces el porquê de que el gato los mirara 

con fijeza.

----Lo que sî no me explico es cômo êl supo de los agaricus; jugâbamos

con êl en el cuarto de Ateriana, y de repente de la cama dio un salto y sa-

liô corriendo.

----Cosas de gatos, Kôs.

----Pero, cocinero, agaricus bisporus en la comida de palacio?

----Sî!!, ya sê que suena raro, mas es un nuevo plato que preparo para la

cena de hoy. No hueles el buen olor que sale de esa cazuela?

----Cômo no? Claro que sî!!

----Pues te revelo que es posible gracias a los agaricus; es uno muy espe-

cial, aunque me atreverîa decir que es exclusivo.

----Si usted lo dice, que es el cocinero....

----De la corte nuevamente.

----Y cuândo estâ lista la cena?

----En una hora mâs o menos.

----Estâ bien. Entonces me voy.

----Y no te llevas el gato?

----Le digo a Ateriana que venga a buscarlo, porque empieza a ronronear

si yo lo cargo. 

----Entiendo. 













































 




  




  










































 






 

Mittwoch, 1. März 2023

1107, 48. La multa de los mil y el inexorable Vologeso.

       En lo atinente a tal penalizaciôn, y la sacada a puesto, a colocaciôn por

Argos a raîz de haber pensado en un compinche suyo que tuvo que emigrar

a Ferencia, y en los tiempos de su majestad Vologeso, Kosmos someramen-

te  amplificô sobre las afectaciones o pejigueras que causaba a los ciudada-

nos  por ser una multa extremadamente abusiva, pero que a su vez del todo

conveniente para los que beneficiâbanse al recibir un porciento, lo que tra-

duce una ostensible compra a la zaga del telôn de los que ocupâbanse de y

ponerla, que  si no la forma con la que Vologeso encontrô la vîa de a su fa-

vor mantener al personal que controlaba la disciplina austera reglamentada

por êl mismo.

        Mas el tîo de Kosmos, el que por tales tiempos habîa desaparecido de

Bedriaco pero mantenîase informado en la ciudad del ocio, agregô que ade-

mâs de abusiva era un robo a la cara, mas que como los ciudadanos estaban

conscientes de la paliza secreta que recibirîan---en el mejor de los casos, ya

que en los peores la ergâstula era el anankê de los protestantes---nada mejor

que  el mutismo o el conformismo para eludir las consecuencias, o el segui-

miento o la persecuciôn del susodicho personal, el que a todo trance no que-

rîa perder un comprometido privilegio.

      Ostensiblemente que Argos, aun sabiendo que comenzaba a formar par-

te de un mecanismo que utilizaba el poder para avasallar con la mantenida

vigencia  de una  manipulaciôn muy que bien repasada, no demostrô jamâs

ningûn tipo de oponencia, mas no precisamente por la cuestiôn del tempes-

tivo beneficio sino mâs bien por la de no poner en pernicio la existencia de

sus  progenitores, los que de otra manera rendîanle pleitesia a una causa ra-

dical: por el mismo camino todo; por un otro, distinto o bifurcado, nada.

       

----No debêmosle a la causa ni un gallo ni dos ni tres!!---afirma Kosmos.

----Yo no tuve que ver nada con ella, que de facto yo me fui---dice el tîo de

Kosmos.

----Câspita!! No te fuiste, desapareciste!!

----Y acaso desaparecer no implica movimiento, y si hay êste no hay un ir-

se a otro lugar?

----Mirîfica pregunta.

----Argos, y usted volviô a ver a su compinche que se fue a Ferencia, a la

ciudad gobernada por su majestad Cotisôn Alanda Coto?-----fisga el tîo de

Kosmos.

----No!! Deplorablemente no, porque muriô al caerle encima una lluvia de

flechas.

----Cômo?

----Una lluvia de flechas lanzada por la tribu germânica de los bructeros.

----Y quê tiene que ver un civil con tal lluvia?

----No era un civil, sino que llegô a ser explorator.

----Los que aseguran la seguridad pueden carecer de êsta---suelta Kosmos.

----Es posible, tienes razôn, Kosmos---dice Argos.

----Saben lo ûnico que lamento, ya que hablamos de los tiempos de Vologe-

so?

----Quê, Kosmos, quê?

----La ingente biblioteca derruida por las flamas.

----Pero esa biblioteca no pertenecîa a la corte de la majestad susodicha?

----Êsa es la res, êsa!!---afirma Kosmos mirando a su tîo y agrega: lo malo

tiene su parte buena.

----Te explicas, Kosmos---pide Argos.

----Que gracias a tales flamas es que pudo el flamen tener el Dominicus Li-

ber.

----No sôlo fue por las flamas sino tambiên por la atingencia del flamen con

Vologeso---dice el tîo de Kosmos.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que de tal atingen-

cia...

----Quê, no la crees? Mira que hay pruebas del apoyo de la iglesia a ciertos

y determinados puestos en el poder.

----Y punto a la raya y que continûe la letra!!

----Cômo, tû pidiendo una posible abertura de una perîstasis teolôgica?

----Didâscalos, me puedo reîr?


          Y precisamente llega Kalîas cuando Kosmos reîase. Êste ni se asom-

bra ni pide la dilucidaciôn correspondiente que clararîa el porquê de que y

aquêl haya venido, ya que quedâbale flagrante que entre los tiempos de los

que hablâbanse y Kalîas existe una relaciôn, y la que no es otra que una de

servicio al haber sido Kalîas lacayo de su majestad Vologeso. 

----Acaba de suceder algo de jaez causal, sin dudas ni sospechas.

----Kosmos, y de quê se trata?---pregunta Kalîas.

----Câspita!!, de su presencia.

----Y por quê de jaez causal?

----Porque dialogâbamos sobre la multa de los mil.

----Cômo olvidarme de esa multa. Pero quê tiene que ver conmigo?

----Nada!!, pero dîgame usted, Kalîas: quiên fue el precursos de la penaliza-

ciôn?

----Su majestad Vologeso.

----Y de quiên usted fue lacayo?

----Del que tû acabas de mencionar.

----Entonces nota, percibe, capta lo casual?

----Pero si yo ni tan siquiera habîa pensado en êl.

----Ya veo que capta poco o nada. En fin, que no es relevante.

----Kalîas, y quê tal su gallo que no es para ninguna ofrenda?

----Didâscalos, mala noticia: hace dos horas que muriô. Me extrañô que con

la aurora no cantô como siempre y a la misma hora.

----Entonces si hace dos horas falleciô a las diez.

----Kosmos, tû hablando de algo tan fâcil?---pregunta Kalîas.

----Puedo continuar?

----Pensê que ya habîas acabado. A ver, quê mâs vas a decir?

----Que el gallo sucumbiô a la misma hora que su halcôn en el estrecho de

España al colisionar con otro en pleno vuelo.

----Cômo sabes eso?

----Câspita Kalîas, que fue a su vez la misma hora en que liberaron y a la 

campesina los dos moros.

----Vaya memoria la tuya!! Verdad que sî.

----Cômo, que el secuestro y la liberaciôn pasaron simultânemente?

----La diferencia es de segundos, Argos, porque primero chocaron los hal-

cones, y cuando el de Kalîas llegô al suelo los moros liberaron a mi hija

----Kosmos, y por quê la liberaron?

----Por cuestiones de supercherîa.

----Y cuânto tiempo hace de lo que ustedes hablan?

----Muchitanto tiempo, Argos, muchitantîsimo!!

----De cuando tû ni sabîas que la campesina era tu hija, Kosmos---dice Ka-

lîas.

----Una ignorancia con resonancia---suelta Kosmos.

----Y por quê lo ignorabas, Kosmos?---indaga Argos.

----Cuêntole en otro momento, que la dilucidaciôn es larga.

----Kalîas, y dônde enterrô usted al gallo?----pregunta el tîo de Kosmos.

----Que yo sepa no lo puedo enterrar en el cemento, no?

----No es que no se pueda sino que no es comûn. De facto puede abrirse un

hueco en el cemento y volverlo a tapar con cemento.

----Usted estâ jugando, no?---pregunta Argos.

----De momento no. Ahora hablo en serio---responde el tîo de Kosmos.

----Lo enterrê al lado de los halcones-----dice Kalîas mirando al tîo de Kos-

mos, y agrega: no muy lejos de la caseta.

----En esa caseta yo encontrê el crôtalo---dice Kosmithôs.

----Y con demasiado polvo. Yo no sê cômo sonô---dice Kalîas.

----El instrumento predilecto de un Sâtiro suena hasta con cemento encima.

----Kosmos, no exageres---dice Kalîas.

----Exagerar forma parte del principio creativo.

----No voy a caer en la zalagarda, que ya te conozco, asî que no me cojas y

para tus cosas.

----Y risas de Kosmos.

----Pero, Kosmos, te acabas de reîr y vuelves a reîrte?

----Aquî la risa es sempiterna, Argos, sem-pi-ter-na.

----Argos, el tiempo que usted va a estar aquî es corto, mas basto para que 

aprenda a reîrse---anuncia el didâscalos filosôfico.

----Y se aprende eso? A travês de quê, de un curso?

----Del contacto directo con los contertulios.

----Alquimista, y quê hace usted aquî, se convirtiô en contertulio?

----Prôximamente comienzo a dar un curso de alquimia, Kalîas.

----Verdad? Vaya novedad!!

----Kalîas, no quisiera dar usted un curso de cetrerîa?

----Ahora sî que me convendrîa, porque ya ni tengo gallo ni halcones ni na-

da con que entretenerme.

----De cetrerîa, Kosmos, verdad?

----Y por quê no, didâscalos.

----Ya veremos, ya veremos.

----Mire, Kalîas, le presento a Argos, un soldado bâtaro sancionado---dice y

Kosmos.

----Argos? El nombre me suena, mas no sê de dônde. Mucho gusto!!

----Le digo lo mismo, Kalîas.

----Kalîas, Argos comenzô su carrera militar trabajando para Vologeso--deja

saber Kosmos.

----Ah, entonces el nombre me sonaba por algo.

----Kalîas, se queda usted un rato con nosotros?

----Sî!!, que ya no tengo mucho que hacer. 



































































    




 






















        





     

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...