Cumplidos exactamente los siete minutos que faltaban para que diera
comienzo el âgape, Kosmos es el primero de los contertulios en llegar a la
comilona, mas que en vez de dirigirse sobre el pucho a la variedad desco-
llante de sustentos seductivos atisba la estatua del Kuros sin eyectar algûn
magîn en su semblante y sin dejar calaña de asombro o impresiôn. Empe-
ro si de algo no pudo quedar exento, o que si no eludir con soltura o faci-
lidad, fue de la reflexiôn propiciada por la posiciôn de Aretê y justamente
al frente de la base de la estatua, una que de jaez exhibicionista dejaba os-
tensiblemente marcada una atingencia entre ella y el atleta desnudo, pero
que de tal guisa una relaciôn simbôlica, o sea, sin contingencia alguna de
perforaciôn. La inclinaciôn hacia delante favorece el acceso a la canasta
de las deidades; invita a participar en lo adusto con un lenguaje de imago,
a fantasiar con lo coralino, con lo que humectado hace mâs deleitoso en-
trar en profundidades, dîcese Kosmos a sî mismo y a su vez siendo testi-
go visual de otra cosa: el cocinero de Irlanda pônese a la zaga de la posi-
ciôn de Arete; y êsta, como si en nombre de la rosa conviniêrale el acer-
camiento de aquêl, deja caer su corpus un poco mâs hacîa delante, por y
lo que entonces colofona Kosmos: la inclinaciôn del plano ya no es y de
cuarenta plus cinco grados sino de diez.
----Kosmos, en quê tû estâs?
----Câspita, didâscalos, que usted me ha dado un inesperado susto. Pues
le respondo que estoy oyendo al gallo que canta para mî mismo.
----Inesperado susto? Y desde cuândo êste es esperado?
----Si fuera otro no le dirîa, didâscalos, que es usted un buen participan-
te en el lûdico que nunca acaba, que brîndale pleitesîa hasta fuera de la
Kosmona.
----Quiên mejor que tû para captarme sûbito.
----Dos que câptanse bien tienen suntuosa correspondencia.
----Pero quê hace Argos con una escalera?---pregunta el didâscalos filo-
sôfico y a la vez señala.
----Sabe usted una cosa, didâscalos?
----Que mi pregunta da pâbulo de otra pregunta?
----Êsa es la res!! Voy sin dilaciôn a hacêrcela a Argos.
Pero en lo que Kosmos dirigîase adonde estaba Argos, el magister,
que concomitaba al mago hiperôsmico y agarrâbalo por un brazo, sin di-
laciôn pregûntale a Kosmos:
----Y eso que tû vas en direcciôn al este, la latitud de los pernicios mâs
sorpresivos?
----Eso dicen, magister, mas no estân comprobados tales pernicios. La
vulgata crea sus inventos para despuês justificar el desprecio por un y
punto cardinal. Magister, voy a preguntarle a Argos el porquê de estar
dejando en su lugar la escalera.
----Pues si tû quieres te doy sûbito la respuesta.
----Kosmos, quê tal, cômo va ese juego incesante en la Kosmona?
----Manes, todo como siempre en su puesto y medida, manteniendo los
acentos y tachonando trivialidades.
----Eres el mismo, el eterno decorador de los posibles expresivos.
----Manes, ya puedo darle la respuesta a Kosmos?
----Disculpe usted la interrupciôn, magister, pero sôlo quise saludar a
Kosmos. Claro que sî, dêsela!!
----La escalera la utilizô Argos para coger a Lah que estaba en los hom-
bros de la estatua, mas no le sirviô por ser demasiado corta.
----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Y cômo enton-
ces cogiô al gato?
----Pues la respuesta es que êl no lo cogiô sino el estrîgido.
----Venga acâ, magister, estâ usted ludicando con un ludicador?
----Tû sabes que yo no soy de lûdico ninguno, que no me conoces y de
ayer. Es un estrîgio que, desde hace un tiempo para acâ, se estâ posando
en la rama de aquel ârbol--dice el magister señalando--y justamente a la
hora en que da comienzo la segunda vigilia.
----Descollante novedad!! Y dônde estâ Lah ora?
----Lo tiene Ateriana en su cuarto.
----Y cômo, magister, Lah llegô a los hombros de la estatua?
----Por un brinco que dio desde la ventana del cuarto de Ateriana.
----Câspita!!, que la palabra brinco encântame. Magister, y Ateriana tie-
ne cerrada la ventana?
----Cômo yo voy a saber eso, Kosmos?
----Magister, una ûltima pregunta? Sabe usted el porquê de que mi ma-
dre hâyale edictado a usted traer a palacio a Argos?
----Porque tu madre leyendo las Correspondecinas de Lolia Paulina dio
con el nombre Lifêrico, y êste fue un buen amigo de Argos.
----Lifêrico? Primera vez que escucho el ônoma, aunque Argos sî me y
dijo que un buen amigo de êl sucumbiô a causa de la caîda de una llu-
via de flechas de la tribu de los bructeros al mando de Atabân.
----Êse mismo es Lifêrico. Bueno, ahora te dejo, que soy responsable
de eludir la caîda de Manes y de llevarlo hasta la silla que le correspon-
de en el âgape.
----Al avîo, magister, al avîo!!
----Kosmos, hablamos mâs tarde?
----Si la dicha es buena nunca hay un pasado mañana para la palabra.
----Cômo, Kosmos, cômo?
----Manes, si usted le hace caso a Kosmos, no va a llegar nunca a la silla
que le corresponde---dice el magister equitum.
----Y risas de Kosmos que dice: nos vemos mâs tarde, Manes.
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