Samstag, 11. März 2023

1111, 52.

         Dio pâbulo del âgape la ingente estatua del Kuros, mas que un ban-

quete que harîase en derredor de êsta, la que quedarîa entonces en medio

del convite. Flagrante que muchitanto trabajo tendrîa el cibiosactes, ade-

mâs que el tempestivo estrês porque la comilona deberîa comenzar justa-

mente en una hora y media, lo que traduce entonces que empezarîa exac-

tamente con la segunda vigilia, horario en que normalmente un estrîgido

pôsase en la rama de un ârbol [muy querido por Xabier, el grumete redo-

mado, y en el que una vez trepôse para observar a Corônide, la bailarina

pelirroja, en el inolvidable momento en que restregâbase la espalda con

la esponja rosada, y despuês recogîase el pelo con el Kekrîfalo dadivado

por Klonariôn] cercano a la  ubicaciôn temporal de la estatua, de su ver- 

tical  posiciôn en un sitio que no era el definitivo para dejar sempiterna-

mente su enorme tamaño. 

        Media hora antes, y seguido a salir del salôn de los recibimientos,

Dido observa la estatua desde una de las ventanas del gran corredor que

termina en su cuarto. En lo que la miraba, momento placentero que dis-

frutô en mutismo, recordôse de los tiempos que su padre Bole acudîa y

con  frecuencia a las competencias de los lanzadores del disco, y de las

apuestas que hacîa con sus compinches mâs ilustres, y si de tal jaez por 

ser  tan distinguidos que hasta olvidâbanse igualarse por la misma con-

diciôn, lo que traduce que el ser mâs probable una explicaciôn apellida-

da sencilla quedaba fuera de lugar, no llegaba a puesto ni a colocaciôn.

Alguna  que otra vez Dido lo concomitaba gustosamente, pero mâs pa-

ra  salir unas horas de su monotonîa que por realmente ser de su interês

una disciplina deportiva, a la que agrêgase la ineludible batahola de los

fanâticos mûltiples con disîmiles oficios y variedad de gentilicios, algo

que de vez en cuando era la consecuencia de sus repetidas vigilias y de

sus fastidios de testa. Bole, y al saber de la consecuencia, dîjole un dîa

que no lo acompañara mâs; que si lo hacîa sôlo para escapar de su abu-

rrimiento estaba llêndose de lo ingrato para llegar a lo pejigueroso, par

de estados que no estân muy separados, a su vez que opônense a la eu-

demonîa, la que sî debe preferirse por sobre todas las cosas, aunque y

trabajo cueste tanto definirla como tenerla, pero que vale la pena darle

prioridad. Tales palabras tuvieron para Dido ingente significancia, por

lo que con el tiempo convirtiêronse en un solvento capital contra todos

los estados acarreantes de engorros; mantienen actualmente una mirîfi-

ca resonancia como asimismo una pimpante vibraciôn que estimula al

ipsum. 

         Faltando solamente siete minutos para que comenzara el âgape,

Ateriana sale de su cuarto para irle a decir al cibioscates que Lah sal-

tô desde la ventana de su dormitorio y cayô encima de los hombros de

la estatua, donde estaba inmôvil al parecer por la altura.

---Cômo, quê dices? Cômo fue posible eso?----pregunta el cibiosactes

totalmente sorprendido. 

----Es que la estatua estâ muy cerca de la ventana de mi cuarto, mâs o

menos a un metro, distancia calculada por Kôs.

----Insôlito, insôlito!! Y si saltô de la ventana a la estatua, por quê no 

salta de la estatua a la ventana?

----Como le dije, cibiosactes, estâ que no se mueve, tan quieto como

nunca lo habîa visto.

----Ateriana, mejor ve a ver al magister equitum y dile lo de la escale-

ra, que yo estoy demasiado ocupado ahora para hacer otra cosa.

----Estâ bien, voy a ver al magister.


         Mas como Argos aûn estaba en el salôn de los recibimientos, des-

de donde pudo oîr lo dicho anteriormente, y tan inteligible que no hizo

falta pregunta alguna, êl mismo ofreciôse voluntariamente para ayudar

a Ateriana. Seguido a la correspondiente bûsqueda, lo que traduce que

no es tan fâcil hallar un conjunto de peldaños en palacio, Argos da con

uno, empero no lo suficientemente grande como para que llegase a los 

hombros de la estatua.

----Y ahora quê hacemos, Argos?---pregunta Ateriana.

----No es difîcil, Ateriana. No calculô Kôs que es un metro la distancia

que separa la ventana de la estatua?

----Aproximadamente!!

----Entonces hacemos una cosa.

----Cuâl?

----Sacar la escalera por la ventana de tu cuarto y dejarla caer sobre los

hombros de la estatua: quê te parece?

----Muy bien pensado. Entonces vamos a mi cuarto.


      Pero inesperadamente, y en lo que Ateriana y Argos arrumbaban sus

pasos hacia el dormitorio, el estrîgido es el que encârgase de sacar del y

pernicio a Lah, y lo que fue posible al agarrarlo con sus patas y ponerlo

en la ventana, suceso que, como tal, era para memoria, que si no para y

nunca olvidarlo.




 















  



  




   












    

       


  





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