Mittwoch, 8. März 2023

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       Va de retro Dido a su indeleble alcheringa, regreso a su pasado debido

a la lectura nuevamente de las Correspondencias de Lolia Paulina, y de en-

contrar en êstas el ônoma Lifêrico de Siros. Êste fue un novio que tuvo Di-

do mucho antes de haber conocido al tîo de Kosmos; vivîa en los arrabales

de Bedriaco, y un buen dîa dejôle saber (a)quêlla que îbase lo mâs rapidito

posible para la ciudad Ferencia, empero sin decirle el porquê ni tampoco si 

regresaba o no, aunque sî prometiôle escribirle esquelas, promesa con la y

cual jamâs cumpliô, siendo êsta la razôn de que Dido propusiêrase olvidar-

lo y de que asimismo jamâs contara a nadie de la atingencia que con êl tu-

vo, aun ni a su progenitora al êsta regresar a Bedriaco seguido al asesinato

de Cotisôn Alanda Coto. Mas si por algo queda atônita Dido, y despuês de

leer la Correspondencia con la numeral catorce, es por la relaciôn del todo

secreta entre su madre y Lifêrico, la que fue de jaez efîmero mas dadora y

de la beneficiante jovialidad, de la sûmula pertinente de inconmensurables

gemidos. Por la fecha apuntada en el inferior de esta misma Corresponden-

cia  puêdese saber que la relaciôn fue dos meses despuês del vînculo cupi-

doso que tuvo Lolia Paulina con Akalistôn, y el que terminô al pagarle Co-

tisôn a êste una considerable cantidad de monedas. Pero por cuestiones de

tamaño tuvo Dido que acercar la Correspondencia a sus ôculos para ver la

data, ya que tan pequeña estaba escrita que resultâbale imposible observar-

la de lejos. A  continuaciôn Dido  hâcele la señal tempestiva al cibiosactes

para que trajêrale una botellita de conditum paradoxum, la imprescindible

al acomodar su cuerpo la reina en sus queridos pulvinares. Pero en lo que

el cibiosactes fue en busca del pedido de su majestad, êsta escucha el aco-

pas estrêpito de los soldados bâtaros al dar con sus espadas golpes en el y

metal de las êgidas, y a la vez que dirigîanse en formaciôn a la entrada de

palacio, razôn  por la cual Dido pensô que tratâbase del acercamiento per-

nicioso  de la tribu germânica seguido a vencer la defensa ya preparada a

unos cuantos kilômetros de la corte. De tal guisa, y tres minutos despuês,

penetra  el magister equitum en palacio, arrumba sus pasos a los pulvina-

res y sin dilaciôn comunîcale a Dido:

----Majestad, ha llegado una estatua de un Kuros transportada desde y la

ciudad del ocio hasta aquî en una ingente carreta, la que le envîa como y

regalo el lictor.

----Cômo que la estatua de un Kuros? Pero tanto bullicio por ella? Pensê

que estâbamos a punta de las flechas de la nueva formaciôn de la tribu.

----Disculpe usted el bullicio, mas yo mismo di el edicto de que se hicie-

ra para causar impresiôn.

----Pero magister, impresionar a una estatua?

---Es que la estatua estaba tapada con un telôn, por lo cual no sabîase quê

cubrîa êste.

----Contra, magister, ni que fuera Bedriaco Troya.

---Majestad, que no solamente en un caballo puêdese enconder el enemigo.


   Y entonces llega el cibiosactes con la botellita de conditum paradoxum.


----Aquî su pedido, majestad, y la correspondiente copa----dice el cibiosac-

tes.

----Muy bien!! Pero vaya en busca de otra copita para el magister.

----Majestad, que aûn estoy de servicio---dice el magister equitum.

----Yo se preocupe usted por su servicio, que yo soy la reina, ademâs que y

aprovecho la oportunidad para preguntarle algo.

----Aquî la otra copita, majestad---dice el cibiosactes.

----Llênela de conditum, y puede retirarse---dice Dido.

----Gracias, majestad, por la copita. A ver, que me quiere preguntar?

----Sabe usted algo sobre un tal Lifêrico de Siros, que usted hablô varias 

veces con mi difunta madre?

----Eso es cierto, que conversê mâs de una vez con Lolia Paulina, pero no

mencionô a Lifêrico nunca.

----Entonces de êl no sabe nada.

----Sê algo, mas someramente.

----Ah sî? Y cômo sabe algo si mi madre no lo mencionô?

----Lifêrico fue un buen amigo de Argos.

----No es Argos el soldado sancionado?

----Sî, majestad, es êl.

----Pues me gustarîa hablar con Argos lo mâs râpido posible. Sabe usted y

dônde estâ?

----Con los contertulios en la Kosmona.

----Entonces si allî, vaya inmediatamente a buscarlo y trâigamelo aquî.

----A su edicto, majestad, a su edicto!! Pero y la estatua quê, dônde ordeno

que la pongan?

----Decida usted su ubicaciôn, magister, que a mî me da igual.

----Entonces me retiro para ir a buscar a Argos. Y gracias por la copita, gra-

cias!!

----De nada, magister, de nada.


          Non plus ultra de veinte minutos penetra Argos en palacio, y el ma-

giter equitum lo lleva al salôn de los recibimientos. En lo que esperaba la

presencia de la reina, que êsta trasladârase de los pulvinares y posicionâ-

rase frente a êl exenta tanto del peso de la corona como del arropamiento

imperial, del vestuario mayestâtico que engendra una efîmera impresiôn,

Argos  êchale un vistazo a todo lo atractivo al alcance de su vista, o a to-

do lo que en êsta dejara el motivo suficiente de acercamiento, de pegarse

con el têlos de darle a las retinas el pertinente deleite escrutativo. Dirîase

que  como unas castañuelas observô con suma atenciôn disîmiles formas,

y en funciôn ornamentativa, de vasos destinados al almacenamiento tan-

to  de sôlidos como de lîquidos ( ânforas, pîxides, hidrîas, crâteras, oino-

choes, Kilix, esquifos, lekitos y lutrôforos), trabajos de pintura en crâte-

ras  y ânforas de los pintores Zeuxis, Parrasio y Polignoto, y mâs de una

escultura  arcaica de carâcter  hierâtico, siendo la de Korê el descollante

paradigma  de solemne rigidez. de rigurosidad, de severidad majestuosa

extrema. Empero mâs feliz aûn, allende que demostrado con una sonrisa

breve, fue cuando  atisbô la pintura de la reina a toda flor, con todos sus

elementos jôvenes en plena candidez, libres de las telas cubridoras de lo

especioso, lo gayo que salta con tan sôlo un movimiento.

---No es de extrañar que la fijeza visual de un hombre sea siempre posi-

ble de tener frente a sî una pintura como êsa, no?

---Disculpe usted, majestad, pero debo decirle que la miraba con el ma-

yor  respecto, sin  pensar en nada mâs que en una valoraciôn a partir de

este trabajo artîstico---destaca Argos.

---No hace falta que se disculpe, que mirar no es un crimen, lo que co-

mo tal indica que no hay sanciôn alguna contra los ojos que contemplan.

---Puedo preguntarle una cosa, majestad?

---Cuâl es la pregunta, Argos?

---Quiên le hizo esta pintura?

---El hijo del pintor Parrasio, Parresio, y hace ya muchîsimo tiempo en

la ciudad del ocio.

---Muy buen trabajo, majestad, muy buen trabajo.

---Gracias, Argos, gracias!!

---Majestad, me dijo el magister equitum que usted querîa hablar conmi-

go. Puedo saber de quê se trata?

---Un buen amigo de usted fue Lifêrico de Siros, no?

---Asî es, majestad, el que tuvo que morir a causa de una lluvia de fle-

chas que le cayô encima en la ciudad Ferencia.

---Lamento que haya tenido que morir asî.

---Lo lamenta usted, por quê, majestad?

---Porque fue mi novio, mas cuando ni pensaba en ser reina.

---Cômo, que fue su novio? Êl nunca me hablô de eso.

---Y me alegro de que no, porque yo lleguê a odiarlo por lo que me hi-

zo.

----Y quê pasô, majestad?

---Que prometiô escribirme y nunca lo hizo. Sabe usted lo que signifi-

ca eso para una mujer?

---No puedo saberlo porque soy hombre, aunque sî puedo imaginârmelo.

---Bueno, por lo menos tiene usted una idea. Pero dîgame una cosa, Ar-

gos: sabe usted el motivo por el cual êl se fue de Bedriaco a la ciudad de

Ferencia?

---Por la famosa multa de los mil, un invento de Vologeso, una penaliza-

ciôn brutal.

---No me diga que êsa es la causa? Mire usted lo que me ha recordado.

---Asî es majestad, no por otra cosa. Pero por quê usted dijo: mire usted

lo que me ha recordado?

---Porque me habîa olvidado de tal penalizaciôn.

---Y fue usted penalizada?

---No!! Yo jamâs, porque mi padre era Bole y tenîa suficiente dinero.

---Verdad, es usted hija de Bole?

---Y de Lolia Paulina.

---No, este nombre no lo conozco.

---Fue esposa de Cotisôn Alanda Coto, su ûltima esposa.

---De Cotisôn, el enemigo declarado de Bole?

---Es una historia larga que no deseo contar.

---De acuerdo, majestad, no hay problema.

---Pero le digo otra cosa, Argos: su buen amigo tuvo una relaciôn secre-

ta con mi madre.

---Me ha dejado usted sin palabras, majestad. 

---Ya no hacen falta, ya todo eso pasô, pero sôlo querîa saber el motivo

de la ida de Lifêrico, porque êl no me lo dijo.

---Yo lo decîa porque hasta donde conocî a Lifêrico êl nunca atreviôse a

estar con mujeres casadas, o por lo menos nunca me contô algo asî.

----Argos, gracias por decirme la verdad. Y sabe usted una cosa? Por su

sinceridad voy a hablar con el magister para que le quite la sanciôn.

---Por lo que no ya simplemente las gracias, sino que miles de êstas por

lo que usted va a hacer. Miles de gracias, majestad, miles!!

---Y otra cosa mâs, Argos. Si usted lo desea le invito a que se quede pa-

ra la cena, que pronto estarâ lista.

---Cômo no, majestad, es para mî un tremendîsimo privilegio.

---Muy bien. Argos, yo ahora debo retirarme, pero puedo quedarse aquî

y seguir mirando lo que le plazca.

---Ya he mirado algo, pero le agradezco que me permita continuar con 

la observaciôn.

---Nos vemos de nuevo dentro de poco, no mâs de una hora.

---Me entretengo mientras tanto, que aquî hay muchas cosas que ver.

---Hasta ahorita, Argos.

---Hasta ahorita, majestad.

































































  










































           








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