Mâs por sensatez que por cualesquier otras cosas, que la phronêsis
como virtud cuasi nunca resulta intempestiva, Dido edîctale al magister
que en cuanto llegue la tribu germânica dêjela pasar a palacio exenta de
la detenciôn de la guardia bâtara, mandato que raudo captô aquêl como
es mejor precaver que tener que lamentarse; mas a los que estaban en la
plena fruiciôn del âgape, en el disfrute gozoso al llevar a sus bocas tan-
to el sustento suntuoso como el pastiche que salîa de la crâtera y bebîa-
se en el kilix o el esquifos a raîz de asirse el oinochoes donde descansa
como mezcla, dîjoles que siguieran haciendo lo que hacîan y asimismo
que eludieran una demostraciôn de coraje con la mirada y el eyectar la
postura en jarras, la que pudiera ser un ademân de reto, que en realidad
los bructeros sôlo entran sin pensarlo en conflicto por cuestiones de de-
safîo o de provocaciôn, dos razones, ademâs, por las que nunca fue po-
sible ni tan siquiera una recapitulaciôn con el têlos de tener y en cuenta
basamentos que pudieran volverse a examinar previo al lanzamiento de
las flechas o del traslado del campamento a la parasanga del ineludible
combate.
---Dido, y respecto a los infantes de palacio cuâl seguridad es la que y
tienen?---pregunta la campesina.
---Una pregunta relevante, infaltable---dice Sunev.
---Entiendo que las madres estên preocupadas, pero para que estên tran-
quilas hâgoles saber que el cuarto de los infantes contarâ con la presen-
cia de la cantidad basta de soldados bâtaros.
---Puedo decir algo, majestad?---pregunta Argos.
---Diga usted lo que es.
---Que por el conocimiento que yo tengo de esos bructeros jamâs se han
interesado por los niños, y fîjese si es asî, que pudieran contarse con los
dedos los que han tenido hijos, retoños.
----Aun asî, Argos, usted claro que no puede saber lo que significa ser y
madre---dice la campesina.
----Yo sôlo quise decir algo con la intenciôn de...
----Sî Argos, ya sabemos, y se lo agradecemos---dice Sunev.
----Argos, y ya usted se siente mejor?---fisga Dido.
---Completamente, majestad, del todo recuperado. No me observa usted
de nuevo con un vaso en la mano?
----Cômo no verlo si estâ usted delante de mî?
----No le preguntaba por la posiciôn sino por la disposiciôn.
----Pues siga usted con ella y que se le mantenga larga, durable.
----Gracias, majestad, gracias!!
-----Y dîgame una cosa, Argos: quê usted cree si yo, y como dâdiva, le
regalo a Dolfopân la espada de su padre, la que conservo desde el dîa de
su fallecimiento aquî en palacio?
-----Majestad, que yo no conozco a Dolfopân, por lo tanto no sê cuâl es
su telôn de Aquiles.
----Pero conoce a los bructeros, no?
----Mâs bien conozco algo de ellos, por lo que le dirîa que no todos acep-
tan regalos porque se sienten como comprados.
----Pensarê entonces cômo hablar sobre la espada, y de acuerdo al cômo
reaccione Dolfopân o serâ una venta o un regalo el arma: quê le parece?
----Yo creo, majestad, que usted hace lo correcto.
----Muy bien!! Voy entonces por la espada, la que le darê al cibiosactes
para que la bruña, que un metal brillante es mâs seductivo.
----De acuerdo, majestad, de acuerdo!!
Pero en lo que Dido arrumbaba sus pasos a su cuarto, el cazador en-
têrase por Argos de lo de la espada de Pandolfo Colunnecio, motivo y por
el cual dice:
----No sabîa que la reina conservaba el arma del jefe que yo matê con un
disparo de flecha, suceso que tuvo lugar en la ûltima cena aquî en palacio.
----Y quê tiempo hace de eso, cazador?
----Hace ya un tanto. Y usted cree, Argos, que la razôn de que la tribu ger-
mânica venga a Bedriaco sea por venganza?
----Usted quiere saber si Dolfopân viene por usted para hacer justicia?
----Sî!!, es lo que trato de indagar con la interrogativa hecha.
----Oîga, cazador. Yo le aconsejarîa, aun desconociendo a Dolfopân, que
se esconda cuando llegue la tribu, que es mejor ocultarse por un tiempo
que ser, en cuestiones de segundos, alcanzado por la punta de las flechas.
----Entonces no duda usted de que se trata de venganza?
----Yo no creo nada ni lo puedo asegurar, mas por si acaso deberîa usted
protegerse a sî mismo.
----Y cuânto falta para que llegue la tribu, Dido le dijo algo al respecto?
----Sôlo nos dijo a todos que mantuviêramos la calma, y que no diêramos
muestra ni de provocaciôn ni de desafîo.
----Lo dijo entonces cuando fui a hacer una necesidad.
----Bueno, no es necesario que lo sepa, porque usted, en el caso de que no
se oponga, deberâ esconderse.
----No no, estoy de acuerdo en esconderme. Pero sabe usted, Argos, cuâl
es la pregunta que me hago?
----Cuâl?
----Cômo supo Dolfopân Colunnecio que yo matê a su padre?
----No cree usted en la posibilidad de algûn bructero sobreviviente de la
tribu al mando de Pandolfo?
----Eso es imposible porque todos sucumbieron.
----Estâ usted seguro?
----Por lo que y hasta donde sê sî, sî estoy seguro.
----Estâ usted informado de que la tribu pasô por la ciudad del ocio?
----Me acabo de enterar, y?
----Que en la susodicha ciudad se saben muchas cosas, y no sôlo por el y
viento sino que igual por la lengua de los biberius en la taberna.
----Argos, espero que regrese Dido para que me dê el beneplâcito de es-
conderme en palacio. Se demora mucho?
----No creo que tanto, porque sôlo fue en busca del arma para dârsela al
cibiosacter, y con el fin de que êste la bruñera.
----Bueno, la espero aquî mismo.
----Cazador, y cuândo estarâ listo el ciervo para masticar su carne?
----Una hora y media mâs o menos, en el caso de que el fuego mantenga
la misma flama.
----Entonces brindemos por la misma flama del fuego---dice Argos dândo-
le un vaso al cazador.
----Por ella, Argos, por ella!!
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