Dienstag, 28. März 2023

1117, 58.

         Mâs por sensatez que por cualesquier otras cosas, que la phronêsis

como virtud cuasi nunca resulta intempestiva, Dido edîctale al magister

que en cuanto llegue la tribu germânica dêjela pasar a palacio exenta de

la detenciôn de la guardia bâtara, mandato que raudo captô aquêl como

es mejor precaver que tener que lamentarse; mas a los que estaban en la

plena fruiciôn del âgape, en el disfrute gozoso al llevar a sus bocas tan-

to  el sustento suntuoso como el pastiche que salîa de la crâtera y bebîa-

se en el kilix o el esquifos a raîz de asirse el oinochoes donde descansa

como mezcla, dîjoles que siguieran haciendo lo que hacîan y asimismo

que  eludieran una demostraciôn de coraje con la mirada y el eyectar la

postura en jarras, la que pudiera ser un ademân de reto, que en realidad 

los bructeros sôlo entran sin pensarlo en conflicto por cuestiones de de-

safîo o de provocaciôn, dos razones, ademâs, por las que nunca fue po-

sible ni tan siquiera una recapitulaciôn con el têlos de tener y en cuenta

basamentos que pudieran volverse a examinar previo al lanzamiento de

las flechas o del traslado del campamento a la parasanga del ineludible

combate.

---Dido, y respecto a los infantes de palacio cuâl seguridad es la que y

tienen?---pregunta la campesina.

---Una pregunta relevante, infaltable---dice Sunev.

---Entiendo que las madres estên preocupadas, pero para que estên tran-

quilas hâgoles saber que el cuarto de los infantes contarâ con la presen-

cia de la cantidad basta de soldados bâtaros.

---Puedo decir algo, majestad?---pregunta Argos.

---Diga usted lo que es.

---Que por el conocimiento que yo tengo de esos bructeros jamâs se han

interesado por los niños, y fîjese si es asî, que pudieran contarse con los

dedos los que han tenido hijos, retoños.

----Aun asî, Argos, usted claro que no puede saber lo que significa ser y

madre---dice la campesina.

----Yo sôlo quise decir algo con la intenciôn de...

----Sî Argos, ya sabemos, y se lo agradecemos---dice Sunev.

----Argos, y ya usted se siente mejor?---fisga Dido.

---Completamente, majestad, del todo recuperado. No me observa usted

de nuevo con un vaso en la mano?

----Cômo no verlo si estâ usted delante de mî?

----No le preguntaba por la posiciôn sino por la disposiciôn.

----Pues siga usted con ella y que se le mantenga larga, durable.

----Gracias, majestad, gracias!!

-----Y dîgame una cosa, Argos: quê usted cree si yo, y como dâdiva, le

regalo a Dolfopân la espada de su padre, la que conservo desde el dîa de

su fallecimiento aquî en palacio?

-----Majestad, que yo no conozco a Dolfopân, por lo tanto no sê cuâl es

su telôn de Aquiles.

----Pero conoce a los bructeros, no?

----Mâs bien conozco algo de ellos, por lo que le dirîa que no todos acep-

tan regalos porque se sienten como comprados. 

----Pensarê entonces cômo hablar sobre la espada, y de acuerdo al cômo

reaccione Dolfopân o serâ una venta o un regalo el arma: quê le parece?

----Yo creo, majestad, que usted hace lo correcto.

----Muy bien!! Voy entonces por la espada, la que le darê al cibiosactes

para que la bruña, que un metal brillante es mâs seductivo.

----De acuerdo, majestad, de acuerdo!!


          Pero en lo que Dido arrumbaba sus pasos a su cuarto, el cazador en-

têrase por Argos de lo de la espada de Pandolfo Colunnecio, motivo y por

el cual dice:

----No sabîa que la reina conservaba el arma del jefe que yo matê con un

disparo de flecha, suceso que tuvo lugar en la ûltima cena aquî en palacio.

----Y quê tiempo hace de eso, cazador?

----Hace ya un tanto. Y usted cree, Argos, que la razôn de que la tribu ger-

mânica venga a Bedriaco sea por venganza?

----Usted quiere saber si Dolfopân viene por usted para hacer justicia?

----Sî!!, es lo que trato de indagar con la interrogativa hecha.

----Oîga, cazador. Yo le aconsejarîa, aun desconociendo a Dolfopân, que

se esconda cuando llegue la tribu, que es mejor ocultarse por un tiempo

que ser, en cuestiones de segundos, alcanzado por la punta de las flechas.

----Entonces no duda usted de que se trata de venganza?

----Yo no creo nada ni lo puedo asegurar, mas por si acaso deberîa usted

protegerse a sî mismo.

----Y cuânto falta para que llegue la tribu, Dido le dijo algo al respecto?

----Sôlo nos dijo a todos que mantuviêramos la calma, y que no diêramos

muestra ni de provocaciôn ni de desafîo. 

----Lo dijo entonces cuando fui a hacer una necesidad.

----Bueno, no es necesario que lo sepa, porque usted, en el caso de que no

se oponga, deberâ esconderse.

----No no, estoy de acuerdo en esconderme. Pero sabe usted, Argos, cuâl

es la pregunta que me hago?

----Cuâl?

----Cômo supo Dolfopân Colunnecio que yo matê a su padre?

----No cree usted en la posibilidad de algûn bructero sobreviviente de la

tribu al mando de Pandolfo?

----Eso es imposible porque todos sucumbieron.

----Estâ usted seguro?

----Por lo que y hasta donde sê sî, sî estoy seguro.

----Estâ usted informado de que la tribu pasô por la ciudad del ocio?

----Me acabo de enterar, y?

----Que en la susodicha ciudad se saben muchas cosas, y no sôlo por el y

viento sino que igual por la lengua de los biberius en la taberna.

----Argos, espero que regrese Dido para que me dê el beneplâcito de es-

conderme en palacio. Se demora mucho?

----No creo que tanto, porque sôlo fue en busca del arma para dârsela al

cibiosacter, y con el fin de que êste la bruñera.

----Bueno, la espero aquî mismo.

----Cazador, y cuândo estarâ listo el ciervo para masticar su carne?

----Una hora y media mâs o menos, en el caso de que el fuego mantenga

la misma flama.

----Entonces brindemos por la misma flama del fuego---dice Argos dândo-

le un vaso al cazador.

----Por ella, Argos, por ella!!


















 











 








        

























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