Como el âgape es siempre el mâs destacado paradigma para sacar a
relucir, a puesto, a colocaciôn dos verbos transitivos (coger y comer), los
ya presentes en êl pusiêronse en funciôn de êstos, por lo que de momento
resultaba del todo intempestivo el uso de una nequicia o de una tautologîa,
verbi gratia, aunque no completamente fuera de juego quedarîa la propo-
siciôn imperecedera de Kosmos: lo simbiôtico no es lo histrônico parcio-
nero de lo paliativo que proporciona efîmeramente la katharsis de la trage-
dia, la que de facto fue amplificada por êl mismo a raîz de escuchar lo de-
jado saber por Argos y a manera de parrafada: esta atingencia de organis-
mos induce cuasi siempre a la teatralidad, que la escena que mâs repîtese
en el teatro del mundo es la que convina roles y representaciones que sir-
ven para defender la sobrevivencia propia.
Mas en lo que dialogaban Kosmos, Argos y el didâscalos filosôfico,
llegan el astrôlogo Sula y el flamen, las dos criaturas que por caracterizar-
se por el paso lento, con dilaciôn o pachorra, convenîales salir de sus res-
pectivos hogares media hora antes para que el atraso no fuese mayûsculo
o para que no tuvieran que responder a la siguiente indefectible pregunta:
por quê ustedes carecen de puntualidad?, y hecha por Dido, la que ni ce-
lebra ni tolera la tardanza por considerarla una indisciplina. Seguido y al
saludo correspondiente y a los abrazos dados (a)lgunos de los presentes,
el astrôlogo Sula lo primero que hace es atisbar la testa de la estatua del
Kuros, algo que a su vez es un acto de observaciôn hacia arriba, y como
tal nada ajeno a su trabajo, fuera del esquema de êste que todos los dîas
tanto que realiza como mejora con infaltable jovialidad, alegrîa que ade-
mâs es sumamente menester para que una vez puesta su cabeza sobre la
almohada no empiecen las piedras espaciales a onîricos lapidar, empero
tampoco que las pericias de Faetôn a mostrar formas variopintas de se-
ducciôn, mas con el fin concreto o exclusivo de ganarse acôlitos a todo
trance dispuestos a desobedecer al progenitor masculino. En el caso del
flamen las fijezas terrîcolas eran mâs relevantes que otra cosa, lo que y
explica su raudo acercamiento a la reina, el entrar en diâlogo con êsta,
mas un intercambio semântico de jaez privado, o sea, que expuesto no
estuvo a la interpolaciôn espontânea de algûn otro palabrôn que pudie-
ra servir de excurso, de digresiôn deplorable, aun sin la existencia, sin
el posible indeleble de una perîstasis tenora.
Pero Manes de Nicôpolis, y al sentir un olor parecido al de la sus-
tancia aromâtica onomada incienso, no pudo eludir el movimiento de
su testa hacia el lugar procedente de aquêl, pero que al hacerlo el fla-
men ya venîa hacîa êl, por lo que podrîa pensarse que êste captô sobre
el pucho el movimiento susodicho.
----No me extraña, Manes, lo que usted acaba de hacer. Cômo estâ us-
ted?
----Yo siempre estoy igual, o mejor dicho, estoy cada vez mâs viejo.
----Estâ usted entonces con la ley de la vida, la ineluctable, no?
----Asî es, flamen, asî es y no de otro modo. Y quê me dice de usted?
----Que yo estoy con dos leyes: la del Uno y la de la existencia, las dos
que siempre tienen tremendîsima importancia en el templo de Jano Qui-
rino a la hora de hacer menos dolorosa la breve estancia en el confesio-
nario.
----Pero, flamen, los que se confiesan no tienen mâs preferencia por la
primera ley?
----Asî es, Manes, pero sin la de la existencia no se podrîa hablar ni de
bienes ni de males, porque es la que empolla a êstos para hacerlos po-
sibles.
---Estâ usted seguro que tal empollar es garante de los dos posibles, y
no la creencia?
----Y acaso no es la creencia una forma de empollar, Manes?
----Y de dônde salieron los huevos que no veo el ave?
----Quiên si no para hacer una pregunta asî?
----Flamen, es que Kosmos tiene buenos oîdos---dice Manes.
----Mâs que buenos: excelentes!!---afirma el flamen.
----Es que el palabrôn empollar llegô a mis oîdos como el golpe de âgi-
les caballos que los hiere.
----Kosmos, ahora mismo terminê de hablar con tu madre.
----Flamen, y quê tiene que ver Dido con lo dicho por Kosmos?
----Manes, que Dido es amante de la siguiente frase: hiere mis oîdos el
golpe de âgiles caballos.
----Ha captado usted, Manes?---pregunta Kosmos.
----No del todo pero algo asî. Pero es igual, que no estoy para embro-
llos semânticos.
----Flamen, y si hablô con mi madre ya debe estar enterado de lo del
estrîgido, no?
----No!! Pero entonces sî hay un ave.
----Y risas de Kosmos que afirma: quê bien que quêdole el jueguito!!
----Ahora preguntando en serio: de cuâl estrîgido tû hablas, Kosmos?
----De uno que salvô al gato Lah que estaba en los hombros de la esta-
tua, y que desde no hace mucho pôsase en la rama de aquel ârbol justa-
mente a la hora en que comienza la segunda vigilia---responde Kosmos
y señalando.
----Las obras del Uno son infinitas!!
----Quiên si no que un flamen para celebrarlas?
----Kosmos, vas a empezar con tus ironîas?
----Un estrîgido? Verdad que es bastante raro---dice Manes que agrega:
me acabo de enterar.
----Ah, Kosmos, ya veo que estâs en tu materia: la palabra.
----Câspita Sula!!, que tiempo que no veîalo. Cômo estâ el infinito?
----Cômo saberlo si mis ojos no pasan de lo finito.
----Si con trabajo ve lo limitado...
----Flamen, tampoco tan viejo como para ver con extrema dificultad.
----Sula , no hâgale mucho caso al flamen, que sôlo es circunspecto en
el templo de Jano Quirino.
---Kosmos!!, que no es cierto lo que dices; es un sacrilegio contra uno
de los servidores del Uno.
----Kosmos, que lo conozco bien y como tal sê lo que es---dice Sula.
----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Quê alcahue-
terîa!! Tremenda!!
---Ah, miren quiên llega---dice el flamen.
----El cazador y maculado de sangre---dice Kosmos.
----Maculado de sangre, y por quê?---indaga Manes.
----Eso lo vamos a saber sûbito. Cazador, cazador, venga, acêrquese y
repôrtese.
----Kosmos, y por quê me llamas?--pregunta el cazador.
----Para hacerlo venir!!
----Ya estoy aquî!! Cuâl es la pregunta?
----Y cômo usted supo que llamôsele para hacerle una pregunta?
----Kosmos, que te conozco desde hace un evo.
----Menos que por el huevo que soltô una gallina---dice Kosmos riendo.
----Quê significa eso, Kosmos?---pregunta Manes.
----Manes, le aconsejo que no se meta en un problema gratuito---dice el
flamen.
----Entonces, Kosmos?---pregunta el cazador.
----He aquî la pregunta: a quê dêbese la sangre?
----Al ciervo que cacê, y que prepara el cocinero de Irlanda para mâs tar-
de pasarlo por el fuego.
----Vaya suerte la suya para flechar rumiantes mamîferos!!
----Suerte, flamen, suerte? Estâ usted seguro que trâtase de ella?
----Y de quê si no, a ver, dîgame, confiêsese?
----Flamen, que no estamos en el templo de Jano Quirino.
----Cazador, no cree usted que los ciervos saben cuando hay âgapes?
----Y tû crees, Kosmos, que ellos quieren ser cazados?
----Al contrario: quieren desafiar al que los caza para un banquete.
----Y eso no es un contingente tremendo, Kosmos?---fisga Sula.
----Y quê saben los ciervos de contingencia?
----La pregunta no fue para los ciervos sino para ti.
----Y risas de Kosmos.
Simultâneamente, y a unos tres kilômetros antes de llegar a Cuti-
lias, la tribu germânica desvîase de la ruta por la que venîa, y por la ra-
zôn de saber de la defensa de los soldados bâtaros en la zona termal. A
continuaciôn de un breve acampamiento, el que aprovechôse para sele-
ccionar otro camino y para darle de beber a los cuadrûpedos, Dolfopân
da el edicto de continuar y no para hasta llegar a Bedriaco, empero en
el caso de que otro ôbice no apareciera acopas, que entonces tendrîa la
tribu que seguir demorando su arribo al fin previsto.
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