Donnerstag, 16. März 2023

1113, 54,

          Como el âgape es siempre el mâs destacado paradigma para sacar a

relucir, a puesto, a  colocaciôn dos verbos transitivos (coger y comer), los 

ya presentes en êl pusiêronse en funciôn de êstos, por lo que de momento 

resultaba del todo intempestivo el uso de una nequicia o de una tautologîa, 

verbi  gratia, aunque no completamente fuera de juego quedarîa la propo-

siciôn  imperecedera de Kosmos: lo simbiôtico no es lo histrônico parcio-

nero de lo paliativo que proporciona efîmeramente la katharsis de la trage-

dia, la que de facto fue amplificada por êl mismo a raîz de escuchar lo de-

jado saber por Argos y a manera de parrafada: esta atingencia de organis-

mos induce cuasi siempre a la teatralidad, que la escena que mâs repîtese

en el teatro del mundo es la que convina roles y representaciones que sir-

ven para defender la sobrevivencia propia.

         Mas en lo que dialogaban Kosmos, Argos y el didâscalos filosôfico,

llegan el astrôlogo Sula y el flamen, las dos criaturas que por caracterizar-

se por el paso lento, con dilaciôn o pachorra, convenîales salir de sus res-

pectivos hogares media hora antes para que el atraso no fuese mayûsculo

o para que no tuvieran que responder a la siguiente indefectible pregunta: 

por quê  ustedes carecen de puntualidad?, y hecha por Dido, la que ni ce-

lebra ni tolera la tardanza por considerarla una indisciplina. Seguido y al

saludo correspondiente y a los abrazos dados (a)lgunos de los presentes,

el  astrôlogo Sula lo primero que hace es atisbar la testa de la estatua del

Kuros, algo que a su vez es un acto de observaciôn hacia arriba, y como

tal nada ajeno a su trabajo, fuera del esquema de êste que todos los dîas 

tanto que realiza como mejora con infaltable jovialidad, alegrîa que ade-

mâs es sumamente menester para que una vez puesta su cabeza sobre la

almohada no empiecen las piedras espaciales a onîricos lapidar, empero

tampoco  que las pericias de Faetôn a mostrar formas variopintas de se-

ducciôn, mas con el fin concreto o exclusivo de ganarse acôlitos a todo

trance dispuestos a desobedecer al progenitor masculino. En el caso del

flamen las fijezas terrîcolas eran mâs relevantes que otra cosa, lo que y

explica  su raudo acercamiento a la reina, el entrar en diâlogo con êsta,

mas  un intercambio semântico de jaez privado, o sea, que expuesto no

estuvo a la interpolaciôn espontânea de algûn otro palabrôn que pudie-

ra servir de excurso, de digresiôn deplorable, aun sin la existencia, sin

el posible indeleble de una perîstasis tenora. 

        Pero Manes de Nicôpolis, y al sentir un olor parecido al de la sus-

tancia  aromâtica onomada  incienso, no pudo eludir el movimiento de

su  testa hacia el lugar procedente de aquêl, pero que al hacerlo el fla-

men ya venîa hacîa êl, por lo que podrîa pensarse que êste captô sobre

el pucho el movimiento susodicho.

----No me extraña, Manes, lo que usted acaba de hacer. Cômo estâ us-

ted?

----Yo siempre estoy igual, o mejor dicho, estoy cada vez mâs viejo.

----Estâ usted entonces con la ley de la vida, la ineluctable, no?

----Asî es, flamen, asî es y no de otro modo. Y quê me dice de usted?

----Que yo estoy con dos leyes: la del Uno y la de la existencia, las dos

que siempre tienen tremendîsima importancia en el templo de Jano Qui-

rino a la hora de hacer menos dolorosa la breve estancia en el confesio-

nario.

----Pero, flamen, los que se confiesan no tienen mâs preferencia por la

primera ley?

----Asî es, Manes, pero sin la de la existencia no se podrîa hablar ni de

bienes ni de males, porque es la que empolla a êstos para hacerlos po-

sibles.

---Estâ usted seguro que tal empollar es garante de los dos posibles, y

no la creencia?

----Y acaso no es la creencia una forma de empollar, Manes?

----Y de dônde salieron los huevos que no veo el ave?

----Quiên si no para hacer una pregunta asî? 

----Flamen, es que Kosmos tiene buenos oîdos---dice Manes.

----Mâs que buenos: excelentes!!---afirma el flamen.

----Es que el palabrôn empollar llegô a mis oîdos como el golpe de âgi-

les caballos que los hiere.

----Kosmos, ahora mismo terminê de hablar con tu madre.

----Flamen, y quê tiene que ver Dido con lo dicho por Kosmos?

----Manes, que Dido es amante de la siguiente frase: hiere mis oîdos el

golpe de âgiles caballos.

----Ha captado usted, Manes?---pregunta Kosmos.

----No del todo pero algo asî. Pero es igual, que no estoy para embro-

llos semânticos.

----Flamen, y si hablô con mi madre ya debe estar enterado de lo del 

estrîgido, no?

----No!! Pero entonces sî hay un ave.

----Y risas de Kosmos que afirma: quê bien que quêdole el jueguito!!

----Ahora preguntando en serio: de cuâl estrîgido tû hablas, Kosmos?

----De uno que salvô al gato Lah que estaba en los hombros de la esta-

tua, y que desde no hace mucho pôsase en la rama de aquel ârbol justa-

mente a la hora en que comienza la segunda vigilia---responde Kosmos

y señalando.

----Las obras del Uno son infinitas!!

----Quiên si no que un flamen para celebrarlas?

----Kosmos, vas a empezar con tus ironîas?

----Un estrîgido? Verdad que es bastante raro---dice Manes que agrega:

me acabo de enterar.

----Ah, Kosmos, ya veo que estâs en tu materia: la palabra.

----Câspita Sula!!, que tiempo que no veîalo. Cômo estâ el infinito?

----Cômo saberlo si mis ojos no pasan de lo finito.

----Si con trabajo ve lo limitado...

----Flamen, tampoco tan viejo como para ver con extrema dificultad.

----Sula , no hâgale mucho caso al flamen, que sôlo es circunspecto en

el templo de Jano Quirino.

---Kosmos!!, que no es cierto lo que dices; es un sacrilegio contra uno

de los servidores del Uno.

----Kosmos, que lo conozco bien y como tal sê lo que es---dice Sula.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Quê alcahue-

terîa!! Tremenda!!

---Ah, miren quiên llega---dice el flamen.

----El cazador y maculado de sangre---dice Kosmos.

----Maculado de sangre, y por quê?---indaga Manes.

----Eso lo vamos a saber sûbito. Cazador, cazador, venga, acêrquese y 

repôrtese.

----Kosmos, y por quê me llamas?--pregunta el cazador.

----Para hacerlo venir!! 

----Ya estoy aquî!! Cuâl es la pregunta?

----Y cômo usted supo que llamôsele para hacerle una pregunta?

----Kosmos, que te conozco desde hace un evo.

----Menos que por el huevo que soltô una gallina---dice Kosmos riendo.

----Quê significa eso, Kosmos?---pregunta Manes.

----Manes, le aconsejo que no se meta en un problema gratuito---dice el

flamen.

----Entonces, Kosmos?---pregunta el cazador.

----He aquî la pregunta: a quê dêbese la sangre?

----Al ciervo que cacê, y que prepara el cocinero de Irlanda para mâs tar-

de pasarlo por el fuego.

----Vaya suerte la suya para flechar rumiantes mamîferos!!

----Suerte, flamen, suerte? Estâ usted seguro que trâtase de ella?

----Y de quê si no, a ver, dîgame, confiêsese?

----Flamen, que no estamos en el templo de Jano Quirino.

----Cazador, no cree usted que los ciervos saben cuando hay âgapes?

----Y tû crees, Kosmos, que ellos quieren ser cazados?

----Al contrario: quieren desafiar al que los caza para un banquete.

----Y eso no es un contingente tremendo, Kosmos?---fisga Sula.

----Y quê saben los ciervos de contingencia?

----La pregunta no fue para los ciervos sino para ti.

----Y risas de Kosmos.


          Simultâneamente, y a unos tres kilômetros antes de llegar a Cuti-

lias, la tribu germânica desvîase de la ruta por la que venîa, y por la ra-

zôn de saber de la defensa de los soldados bâtaros en la zona termal. A

continuaciôn de un breve acampamiento, el que aprovechôse para sele-

ccionar otro camino y para darle de beber a los cuadrûpedos, Dolfopân

da el edicto de continuar y no para hasta llegar a Bedriaco, empero en

el caso de que otro ôbice no apareciera acopas, que entonces tendrîa la

tribu que seguir demorando su arribo al fin previsto. 






























































 












 


     


 



 




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