En lo atinente a tal penalizaciôn, y la sacada a puesto, a colocaciôn por
Argos a raîz de haber pensado en un compinche suyo que tuvo que emigrar
a Ferencia, y en los tiempos de su majestad Vologeso, Kosmos someramen-
te amplificô sobre las afectaciones o pejigueras que causaba a los ciudada-
nos por ser una multa extremadamente abusiva, pero que a su vez del todo
conveniente para los que beneficiâbanse al recibir un porciento, lo que tra-
duce una ostensible compra a la zaga del telôn de los que ocupâbanse de y
ponerla, que si no la forma con la que Vologeso encontrô la vîa de a su fa-
vor mantener al personal que controlaba la disciplina austera reglamentada
por êl mismo.
Mas el tîo de Kosmos, el que por tales tiempos habîa desaparecido de
Bedriaco pero mantenîase informado en la ciudad del ocio, agregô que ade-
mâs de abusiva era un robo a la cara, mas que como los ciudadanos estaban
conscientes de la paliza secreta que recibirîan---en el mejor de los casos, ya
que en los peores la ergâstula era el anankê de los protestantes---nada mejor
que el mutismo o el conformismo para eludir las consecuencias, o el segui-
miento o la persecuciôn del susodicho personal, el que a todo trance no que-
rîa perder un comprometido privilegio.
Ostensiblemente que Argos, aun sabiendo que comenzaba a formar par-
te de un mecanismo que utilizaba el poder para avasallar con la mantenida
vigencia de una manipulaciôn muy que bien repasada, no demostrô jamâs
ningûn tipo de oponencia, mas no precisamente por la cuestiôn del tempes-
tivo beneficio sino mâs bien por la de no poner en pernicio la existencia de
sus progenitores, los que de otra manera rendîanle pleitesia a una causa ra-
dical: por el mismo camino todo; por un otro, distinto o bifurcado, nada.
----No debêmosle a la causa ni un gallo ni dos ni tres!!---afirma Kosmos.
----Yo no tuve que ver nada con ella, que de facto yo me fui---dice el tîo de
Kosmos.
----Câspita!! No te fuiste, desapareciste!!
----Y acaso desaparecer no implica movimiento, y si hay êste no hay un ir-
se a otro lugar?
----Mirîfica pregunta.
----Argos, y usted volviô a ver a su compinche que se fue a Ferencia, a la
ciudad gobernada por su majestad Cotisôn Alanda Coto?-----fisga el tîo de
Kosmos.
----No!! Deplorablemente no, porque muriô al caerle encima una lluvia de
flechas.
----Cômo?
----Una lluvia de flechas lanzada por la tribu germânica de los bructeros.
----Y quê tiene que ver un civil con tal lluvia?
----No era un civil, sino que llegô a ser explorator.
----Los que aseguran la seguridad pueden carecer de êsta---suelta Kosmos.
----Es posible, tienes razôn, Kosmos---dice Argos.
----Saben lo ûnico que lamento, ya que hablamos de los tiempos de Vologe-
so?
----Quê, Kosmos, quê?
----La ingente biblioteca derruida por las flamas.
----Pero esa biblioteca no pertenecîa a la corte de la majestad susodicha?
----Êsa es la res, êsa!!---afirma Kosmos mirando a su tîo y agrega: lo malo
tiene su parte buena.
----Te explicas, Kosmos---pide Argos.
----Que gracias a tales flamas es que pudo el flamen tener el Dominicus Li-
ber.
----No sôlo fue por las flamas sino tambiên por la atingencia del flamen con
Vologeso---dice el tîo de Kosmos.
----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que de tal atingen-
cia...
----Quê, no la crees? Mira que hay pruebas del apoyo de la iglesia a ciertos
y determinados puestos en el poder.
----Y punto a la raya y que continûe la letra!!
----Cômo, tû pidiendo una posible abertura de una perîstasis teolôgica?
----Didâscalos, me puedo reîr?
Y precisamente llega Kalîas cuando Kosmos reîase. Êste ni se asom-
bra ni pide la dilucidaciôn correspondiente que clararîa el porquê de que y
aquêl haya venido, ya que quedâbale flagrante que entre los tiempos de los
que hablâbanse y Kalîas existe una relaciôn, y la que no es otra que una de
servicio al haber sido Kalîas lacayo de su majestad Vologeso.
----Acaba de suceder algo de jaez causal, sin dudas ni sospechas.
----Kosmos, y de quê se trata?---pregunta Kalîas.
----Câspita!!, de su presencia.
----Y por quê de jaez causal?
----Porque dialogâbamos sobre la multa de los mil.
----Cômo olvidarme de esa multa. Pero quê tiene que ver conmigo?
----Nada!!, pero dîgame usted, Kalîas: quiên fue el precursos de la penaliza-
ciôn?
----Su majestad Vologeso.
----Y de quiên usted fue lacayo?
----Del que tû acabas de mencionar.
----Entonces nota, percibe, capta lo casual?
----Pero si yo ni tan siquiera habîa pensado en êl.
----Ya veo que capta poco o nada. En fin, que no es relevante.
----Kalîas, y quê tal su gallo que no es para ninguna ofrenda?
----Didâscalos, mala noticia: hace dos horas que muriô. Me extrañô que con
la aurora no cantô como siempre y a la misma hora.
----Entonces si hace dos horas falleciô a las diez.
----Kosmos, tû hablando de algo tan fâcil?---pregunta Kalîas.
----Puedo continuar?
----Pensê que ya habîas acabado. A ver, quê mâs vas a decir?
----Que el gallo sucumbiô a la misma hora que su halcôn en el estrecho de
España al colisionar con otro en pleno vuelo.
----Cômo sabes eso?
----Câspita Kalîas, que fue a su vez la misma hora en que liberaron y a la
campesina los dos moros.
----Vaya memoria la tuya!! Verdad que sî.
----Cômo, que el secuestro y la liberaciôn pasaron simultânemente?
----La diferencia es de segundos, Argos, porque primero chocaron los hal-
cones, y cuando el de Kalîas llegô al suelo los moros liberaron a mi hija
----Kosmos, y por quê la liberaron?
----Por cuestiones de supercherîa.
----Y cuânto tiempo hace de lo que ustedes hablan?
----Muchitanto tiempo, Argos, muchitantîsimo!!
----De cuando tû ni sabîas que la campesina era tu hija, Kosmos---dice Ka-
lîas.
----Una ignorancia con resonancia---suelta Kosmos.
----Y por quê lo ignorabas, Kosmos?---indaga Argos.
----Cuêntole en otro momento, que la dilucidaciôn es larga.
----Kalîas, y dônde enterrô usted al gallo?----pregunta el tîo de Kosmos.
----Que yo sepa no lo puedo enterrar en el cemento, no?
----No es que no se pueda sino que no es comûn. De facto puede abrirse un
hueco en el cemento y volverlo a tapar con cemento.
----Usted estâ jugando, no?---pregunta Argos.
----De momento no. Ahora hablo en serio---responde el tîo de Kosmos.
----Lo enterrê al lado de los halcones-----dice Kalîas mirando al tîo de Kos-
mos, y agrega: no muy lejos de la caseta.
----En esa caseta yo encontrê el crôtalo---dice Kosmithôs.
----Y con demasiado polvo. Yo no sê cômo sonô---dice Kalîas.
----El instrumento predilecto de un Sâtiro suena hasta con cemento encima.
----Kosmos, no exageres---dice Kalîas.
----Exagerar forma parte del principio creativo.
----No voy a caer en la zalagarda, que ya te conozco, asî que no me cojas y
para tus cosas.
----Y risas de Kosmos.
----Pero, Kosmos, te acabas de reîr y vuelves a reîrte?
----Aquî la risa es sempiterna, Argos, sem-pi-ter-na.
----Argos, el tiempo que usted va a estar aquî es corto, mas basto para que
aprenda a reîrse---anuncia el didâscalos filosôfico.
----Y se aprende eso? A travês de quê, de un curso?
----Del contacto directo con los contertulios.
----Alquimista, y quê hace usted aquî, se convirtiô en contertulio?
----Prôximamente comienzo a dar un curso de alquimia, Kalîas.
----Verdad? Vaya novedad!!
----Kalîas, no quisiera dar usted un curso de cetrerîa?
----Ahora sî que me convendrîa, porque ya ni tengo gallo ni halcones ni na-
da con que entretenerme.
----De cetrerîa, Kosmos, verdad?
----Y por quê no, didâscalos.
----Ya veremos, ya veremos.
----Mire, Kalîas, le presento a Argos, un soldado bâtaro sancionado---dice y
Kosmos.
----Argos? El nombre me suena, mas no sê de dônde. Mucho gusto!!
----Le digo lo mismo, Kalîas.
----Kalîas, Argos comenzô su carrera militar trabajando para Vologeso--deja
saber Kosmos.
----Ah, entonces el nombre me sonaba por algo.
----Kalîas, se queda usted un rato con nosotros?
----Sî!!, que ya no tengo mucho que hacer.
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