Donnerstag, 23. März 2023

1115, 55

        Por parangôn compara Argos los senos de Arete con pequeñas parmu-

las, comparaciôn  debida al  despertar de su magîn por consecuencia de la

la  sûmula de vasos que hasta el momento habîa bebido, lo que serîa igual

a decir que por el despertar de su imaginaciôn por el efecto temporal y vi-

goroso del alcohol. Sus retinas concentradas en aquêllos cuasi que horada-

ban la tela; como si fuesen puntas afiladas traspasaban êsta desde un sitio

estratêgico, lo que traduce que desde uno del que podîase mirar sin ser so-

bre el pucho descubierto, enseguida detectado por cualesquier ôculos pre-

sentes en la comilona. Ostensiblemente que tal acto de mirar con fijeza le

acarreô una emociôn interior, y que por ser la propicia en un momento co-

mo êste, cômo podrîa ser desdeñada o despreciada ni aun por la "voluntad

de poder". Con êsta, entonces, y como unas castañuelas, no pudo soslayar

la mîmesis de una sica, la que sujetada por una de sus manos ubicarîa jus-

ta y exactamente en medio de las pequeñas parmulas, y dejarîa entre êstas

el tiempo que fuese menester.

          Empero kosmos, y a la vez que participaba en una conversa abierta

por los contertulios  referente a la estatua del Kuros, detecta el susodicho

sitio estratêgico donde estaba Argos, lo que diole pâbulo entonces de rau-

do  decirle (a)quêllos que lo disculparan un momento, que salîa de la dia-

logizaciôn pero que regresaba enseguida, mas en el caso de que no tuvie-

se  que  alongar su indefectible verba por cuestiones inesperadas. Tenien-

do en cuenta que para êl una visualizaciôn general resultâbale tempestiva

por ofrecerle la posibilidad de contar con los datos y detalles pertinentes,

y con los cuales enriquecerîa un intercambio de palabras dador, en lo que

iba adonde estaba Argos hizo un examen minucioso del terreno, un anâli-

sis de êste con la infalible atenciôn que proporciona el sustento de los ra-

zonamientos mâs cupulosos o de las argumentaciones mâs elevadas, dan-

do igual la captaciôn de un agente forâneo o la de un interlocutor entrete-

nido o vigîlico, que a la postre y al cabo el entendimiento poco tiene que

ver con la identidad extranjera y con la rojez de los ojos. Enfocando sus

retinas  hacia la lînea recta existente entre los dos puntos, o sea, entre el

que  estaba Argos a la  derecha y el de la izquierda donde posicionâbase

temporalmente la estatua, nota que en êste aûn mantenîa su exhibicionis-

mo Arete, mas esta vez con un poco mâs de soltura por no estar con ella

el cocinero de Irlanda. Quedôle ostensible entonces el objetivo de Argos:

la contemplaciôn a hurtadillas de un corpus que eyectaba sus floraciones

atrayentes o seductivas.

---Kosmos, cômo supiste que yo estaba aquî?---pregunta Argos un tanto

sorprendido.

---La naturaleza diome unos ôculos mirîficos, he aquî la respuesta. Pero

usted estâ bien, Argos, que lo veo tambalêandose?

---Es que estoy pasado de vasos, mas no tan mareado como para perder

la ubicaciôn.

---A ver, dônde encuêntrase usted?

---En palacio, en la corte de su majestad Dido, tu madre.

---Crêole, a raîz de la prueba, de que tan mareado no estâ. Y quê hace y

usted aquî, apartado de lo que es el baricentro del âgape?

---Vine a orinar mas se me alargo la micciôn.

---Seguro que usted dice la verdad sin levantar la mano derecha?

----Kosmos, quê es eso de levantar esa mano?, ni que yo fuera un proce-

sado.

----Yo sê perfectamente en lo que estâ usted. Câspita!!, que me ha enga-

ñado, algo muy tîpico de los helotes, los compelidos (a)ñadir morteros a

la barricada cada vez mâs gruesa.

----Kosmos, quê tû estâs hablando?

----Le explico despuês, mâs tarde.

----No creo que estê despierto para oir la explicaciôn. Me ayudas a cami-

nar?

----Venga, aguântese de mis hombros. Me parece que debe usted acostar-

se par de horas, basto tiempo como elixir contra el efecto del vino.

----Sî, creo que tienes razôn.

----Pues vamos, que dêjolo en una cama. 


          Dos horas y media despuês Argos regresa al mundo existencial. De

no haber podido dormir mâs debiôse a un onîrico tenido con su buen ami-

go, el que se fue a Ferencia y sucumbiô a causa de la lluvia de flechas que

cayôle encima, y como ya sâbese disparadas por la tribu germânica en los

tiempos bajo el mando y con los edictos del bructero Atabân. Mas si algo

inteligible  escûchase en este onîrico son las siguientes palabras repetidas

por Lifêrico de Siros, y en el momento que disfrutaba de un solaz acosta-

do en la gleba: la posibilidad de falsos arranques y repentinas recaîdas de

un cercano sujeto. De un cercano sujeto?, pregûntase Argos sin poder es-

tar seguro de si el sujeto era êl mismo o tratâbase de otro. Empero como 

êl no estaba para fastidios de testa, sino que mâs bien para darse un baño

antes de regresar al âgape, despôjase de sus telas parsimônicamente, las

que deja caer sobre una especiosa y mediana alfombra, aunque no exen-

ta de polvo. Listo entonces para abrir la puerta del baño que estaba en el

cuarto, y con la mano izquiera porque la derecha la tenîa dormida, posi-

blemente debido a una inadecuada posiciôn, oye algo anâlogo al sonido

engendrado al dar palmadas sobre el agua, razôn por la cual queda titu-

beante, con  la duda de si abrir  la puerta o no. Sûbito entonces suelta la

manija y retrocede un poco hacia atrâs, pero como no habîase percatado

de una corneta de goma que habîa en el piso, pisa êsta y suena. A raîz y

del sonido âbrese la puerta del baño y salen de êste el cocinero de Irlan-

da y Arete, y los dos en la misma condiciôn en que estaba Argos: a toda

flor.




 






 





 

         

          



























 



 











 






     

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