Donnerstag, 25. Dezember 2025

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      De forma conclusiva pudiera decir, que la conexiôn de una cosa con la otra no faltarîa 

jamâs en mis alongamientos verbales, aun sabiendo y estando consciente de que quien los

lea pudiera tener un motivo para creer que mi propôsito es el de engendrar una confusiôn,

que si no una complejidad para eludir la comprensiôn fâcil, el entendimiento sin esfuerzo.

No negarîa  que la susodicha conexiôn enlaza/une con una diversidad tanto de colores ex-

presivos  como de opulencias de recursos superlativos-peyorativos, pero êstos en funciôn

de estructurar  una fluencia expositiva que trae, como consecuencia, una reacciôn que no

expolia  la cosa como tal, sino  que mâs bien dêjala donde estâ, empero que no exenta de 

un porciento de valoraciones individuales de acuerdo a la gnosis que domine el interlocu-

tor  tempestivo. Añadirîa/agregarîa que  esto es  parte del lûdico  incesante/interminable/

infinito, repitiendo  que  por ser  de esta  manera es uno positivo que favorece/beneficia/

conviene al agente que protegido por la  sombra, su  vivienda por antonomasia, o revêla-

se por lo que dice o se esclaviza por aludir (o remitirse) a conceptos/definiciones que no

conoce, que en lontananza quêdanle.    

       Y vaya cosa la de empezar a ver salmones al pasar por una pescaderîa, pero en ima-

gos  que no porque estuvieran en venta, algo que pudiera dilucidar de la siguiente mane-

ra: como ya dije que el resultado final de la sûmula de los nûmeros era igual a 9, nueve

son las avellanas que comiô el salmôn, segûn el mismo libro que saquê a puesto, a colo-

caciôn  no hace muchitanto. No câbeme duda de que precisamente al pasar por la pesca-

derîa haya sucedido esto, lo que tal vez es debido a una programaciôn de îndole subrep-

ticia con un orden lôgico de presentaciôn, de eyectar en el justo/exacto momento lo que

se  relaciona (pescado pescaderîa-pescaderîa pescado), aunque no descatarîa la posibili-

dad  de  que por  causalidad asimismo  sea posible, lo que in casu estas imagos de sal-

mones quedan totalmente fuera de un contenido educativo que conduce o la sabidurîa o

que  siembra la base de un  aprendizaje dador de riquezas. Hasta cierto punto aquî pasa 

como en los onîricos: se ve la imagen una sola vez, amên que sin durar el tiempo basto

que  pudiera garantizar  una fruiciôn mayor. Concretando, lo relevante es el salmôn no

el ârido fruto, mas pasa que como no puedo escindir una cosa de la otra, porque ambas

son inseparables de la lînea verbal que afîncalas a un espacio determinado, ni lo imagi-

nable ni lo elucubrante, que en mî tienen reciedumbre destacada, como bien saben/do-

minan/conocen mis  compinches mâs cercanos, entrarîan en rol con el têlos especîfico

de hacer una trans-formaciôn. 

     Tantîsimamente tengo en mente al vate ilustre de las pinceladas barrocas, por quê?,

porque de un sopetôn, o de un solo empellôn lograba ir mâs allâ de un formalismo ex-

presivo (detenimiento estructurado del significado y del significante) con el propôsito 

sui gêneris  de engendrar una  modificaciôn, o sea, un decir de otra manera [ pero que 

de tal guisa y beneficiantemente] coloreando la verba. Amplifico sobre uno con un gi-

gante conocimiento cultural; ademâs que, y de acuerdo al incremento de la diversidad

a fanegadas de palabras ajenas al lenguaje comûn, con un control absoluto de una sû-

mula  vocabulârica digna de envidia, merecedora de corona, aunque por lo mismo ex-

puesta  tanto a la crîtica  barata como al ataque trivial de interlocutores/ras al servicio

de un sistema caracterizado por lo imperativo, por los caprichosos/impuestos edictos

sin posibilidad de enfrentarlos con un razonamiento.

    A pesar de los pesares, de ese aun asî que a la reflexiôn invita, toda esta gama pas-

tichada mantiene su valor, su armonioso vînculo con estructuras formadas de acuerdo

a  un principio bâsico de comunicaciôn verbal que permite el ornamento, que asimis-

mo  la ralentizaciôn de un protagonismo --sea ya en un primer plano o de trasfondo--

con relevancia capital, con un sentido proyectivo que duplica o lo atrayente o lo que

imanta, dos componentes que, y por extensiôn, no pudieran faltar por ser garantes de

una atenciôn, de un estar al tanto que incrementa el crecimiento de un apego, porque

lo que satisface o estimula es parte indeleble de lo que arraigado no pudiera desdeñar

el estar atado a lo que es imprescindible, que si no a lo que es dador de esa jovialidad

que atiza y, como tal, proporciona resonancia. 







  






  



       



   







Montag, 22. Dezember 2025

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      Ora que pôngole cabeza, pienso coralinamente, en quê pudiera ayudarme Paulina sien-

do  la actual directora de la  escuela primaria El faro de luz por muy amable/ servicial que

sea, allende  que dispuesta a resolver cualquier problema que presêntese?, a no ser, lo que

mi tîo no dîjome, que sea posible que los expedientes de los escolarios de mi tiempo estên

al  alcance de ella, y claramente que entre êstos el mîo, y por esta vîa contar con una dado-

ra  documentaciôn, aun no siendo êsta basta como para satisfacer mi deseo de saber todito

lo que quisiera, mas como es una tarea laboriosa encontrar a maestros/maestras  (en el ca- 

so  de que estên vivos y con  una reluciente memoria) de  una êpoca en el pasado, y como

tal lejana, no quêdame otra que  hacer lo que dîjome Paulina: una cita despuês de llamarla

al  nûmero de  telêfono que  me dio (244 424 422 224) y que despertôme la curiosidad de

saber la numeral final al sumar todos estos nûmeros.

       Poniêndome en funciôn de esto, y de lo que no sacarîame ni las fêminas mâs înclitas

por su forma de caminar, o por dejar calaña de un yendo con majestuisodad (pimpansia)

de paso, y con la calculadora del môvil frente a mis ôculos, escribo lo siguiente: 2+4+4+

4+2+4+4+2+2+2+2+4, siendo  el resultado 36, y 3+6=9. Ahora bien, y segûn por lo que

que informa un libro que tengo con un tîtulo conspicuo ( La sabidurîa celta), el nueve se

asociaba con la elevada sabidurîa, aunque asimismo con lo juicioso y sensato; considerâ-

basele  como el nûmero con mâs energîa de todos y representaba el nûmero de iniciacio-

nes que deberîa superar un aprendiz para la enseñanza de las artes mîsticas.

       Dar  en el hito no hacîame falta, porque de facto comprendî que esto nada tenîa que

ver  con el descubrimiento  de algo, o con su definiciôn de acuerdo a la balumba que for-

ma, sino que mâs tenîa una atingencia (no ya con la enseñanza de las artes mîsticas, mas

que  sî con lo mîstico de mi mismo) con un proceso escolario que proporciônale a un ini-

ciante  el pertinente/adecuado/ correspondiente  desarrollo en  el mundillo de la transmi-

siôn de conocimiento; ademâs, lo que dêjame como envuelto en un paquete de regalo de

apellido  universal, mi  llegada al mundo  estuvo luminada por la luna, lo que por exten-

siôn  traduce lumbre y, lo que  pondrîale la tama al pomo, vaya causalidad que el ônoma

de  la escuela primaria  que tocôme sea el del El faro de luz, o sea, que la concomitancia

de lo que no es oscuro va conmigo a cualesquier lugares.

      Trayendo a puesto, a colococaciôn esta proposiciôn antigua: nada debe darse por im-

posible  de haber cosas  que se desconocen/ignoran/estân fuera de alcance, empecê a du-

dar de lo que dije, a poner en tela de juicio mi propia verba, ya que pudiera ser que de al-

guna manera llegarîa yo a saber algo (incluso fragmentadamente por una cuestiôn de ca-

rencia  de un orden lineal o del justo enfocamiento datativo que exactiviza) sobre mi ini-

cio escolario, sobre lo que fue y es indeleble, insacable del espacio (de tiempo) en el que

estuvo metido [ amên que] con el empollamiento de una temperatura de jaez mayûsculo.

     Interesantemente, y no hace muchitanto, echêle una miradita a una monografîa sobre

la îndole de las temperaturas, estudio que no solamente encantôme, sino que tambiên fue

la causa (del invento) de  que inventara un capîtulo para una novela que no existe, empe-

ro que supuestamente en una localidad donde el imperio de los bajos grados era insopor-

table/inquietante/perturbador para las criaturas que preferîan una piel color cartucho, un

deleite  por no tener que ponerse una sûmula de ropas, y un entusiasmo por no depender 

de  la verba de un especialista para cambiarle el rumbo a una perturbaciôn apabullante o

derruyente. Lo que eso sî, que aunque no molestârame sî que resultôme patêtico, este es-

tudio  no revelaba el ônoma del autor, o sea, que era un estudio anônimo, lo que pudiera

significar o  que el autor  decidiô hacerse  famoso en silencio, o que por estrategia de la

editorial  era mejor vender la  monografîa sin dar a conocer el nombre de quien la escri-

biô, lo que sê por Lavinia, el editor que revisô mi novelôn [La cazuela de Vitelio].






  




  





        



 






Donnerstag, 18. Dezember 2025

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      Al penetrar en la vivienda de mi tîo, y antes de que dijêrale el motivo de mi visita, me

sentê en la hamaca, ya que siendo êl un erastes del tê fue en busca a la cocina de la tetera

y dos tazas. Con el fin de darle movimiento a la cama colgante comencê a balancearla sin

poner los pies en el piso, y sin dilaciôn de un salto encima de mis piernas cayô el gato, el

que mirôme de la misma manera que cuando estaba miccionando, mas cuando regresô mi

tîo de la cocina de otro brinco fue a parar a la cesta donde de vez en cuando duerme, ha-

lla beneficioso/imprescindible solaz.

      Como dos partes de una familia corta entramos en verba, aunque asimismo en contac-

to  despuês de un  considerable tiempo que no nos veîamos, que no nos contemplâbamos 

frente a frente, jeta cerca una de la otra en rol o representaciôn, sin que tuviese brillo

la escena donde tiene lugar el protagonismo. Por este intercambio de palabras supo inteli-

giblemente  mi tîo el porquê de mi presencia, mas lamentablemente dejôme saber que los

diarios  los habîa echado en la basura porque convirtiêronse en manjar de las cucarachas,

aunque  asimismo en una  tremenda pejiguera para el gato. Con el propôsito de eludirme

el pensar de que todo estaba perdido, dîceme que la directora actual de la escuela El faro

de  luz no era una amigona de êl, empero  que por conocerla con tiempo basto sabîa que

era una criatura amable y servicial, allende que siempre dispuesta a buscarle el solvento 

correspondiente/adecuado/tempestivo a cada situaciôn que presentârase y, como tal, que

fuera  a verla y le hablara de lo que yo querîa saber, pero que lo hiciera sin complejidad

y complicaciôn verbales, dos cosas que no soporta/tolera/admite....perdona. 

---Y puêdese saber su ônoma?

---Kosmos, se llama Paulina.

---Câspita!! Espero que no apellîdese Bonaparte.

---Eso no lo sê, Kosmos, pero quê tiene que ver el apellido?

---Que quê tiene que ver? Que Paulina Bonaparte es una criatura celebêrrima.

---Vas a empezar a jugar con tu conocimiento?

---Y todo lo que empieza no termina?

---A ver, kosmos, cômo termina el juego?

---Que de antecederle a Paulina el adjetivo santa, la martirizada en Roma en el s. III;

mârtir e hija de un carcelero....

---Sabes quê? Se terminô el jueguito.

---Êsa es la res! Acabôse ora, en este instante, que como tû sabes es....

---Eternidad, Kosmos, eternidad. Harto de escucharlo.

---No ya el de mi visita, sino el horror de mi repeticiôn.

---Como que me coges para tus cosas?

---Tû sabes que sâcole provecho a todito lo que escucho y pâsame.

---Quê, si no? FUERA DE JUEGO, irâs a ver a Paulina, la que ni es santa ni tiene el

apellido Bonaparte?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Se terminô o no el jueguito?

---Y por lo que te preguntê quiere decir que quiera continuar con êl? Solamente repe-

tî lo que dijiste.

---Y la repeticiôn no es....

---Kosmos, te acabarâs de largar?

---Risas, tîo, ri-sas!!

          Una hora despuês, y si este tiempo debido a que como êrame menester tomarme

un buen cafê pasê por el cafê la Ilusiôn, lleguê a El faro de luz. Diome pâbulo de jovia-

lidad  observar la escuela  primaria pintada, con todos los cristales de las ventanas lim-

pios y la cisterna entre rejas lujosas, mas êstas con una altura exactamente de un metro,

y  en funciôn, claramente, de  protecciôn. En lo atinente a la pintura y al acicalamiento

de los cristales son dos cosas que en mi periodo de escolario eran imposibles, y no por

carencia  de recursos o del personal adecuado, sino mâs bien porque la indiferencia, la

despreocupaciôn y el desinterês imperaban por aquellos años, preponderaban como as-

pectos caracterîsticos de un colectivo dirigente mâs al tanto de la austera disciplina, de

la  regañina o el castigo y del  alzamiento de la voz como mêtodo de engendrar intimi-

daciôn. Al parecer, y despuês  de una  sûmula considerable de años, este contacto con 

la  escuela refrescôme la nemôsine, porque cômo dilucîdase que si antes de estar aquî

no recordâbame de nada, ora pude acordarme de algo. 

      En lo que dejâbame llevar, o sea, en lo no hacîa un esfuerzo o no forzaba el traba-

jo independiente de la conciencia, a la zaga de mi una voz fêmina pregûntame que yo

pintaba en medio del patio de la escuela sin el benêplacito pertinente, razôn por la cual

di media vuelta--- por repeticiôn la misma que aprendî en la academia siempre y cuan-

do es necesaria---para responderle lo siguiente:

---Señora, esta fue mi escuela primaria, y precisamente por esto la miraba sin cansan-

cio.

---Puedo entender que sientas algo de nostalgia, pero por la cuestiôn de la responsabi-

lidad que tengo debo estar al tanto de todo desconocido que se presenta sin mi permi-

so.

---Sin su permiso? Entonces es usted la directora?

---Correcto!! Soy la directora. Por quê preguntas?

---Porque sê su ônoma.

---Porque sabes mi ônoma. A ver, cômo me llamo?

---Paulina!

---Y cômo supiste mi nombre?

---Concêdeme usted cinco minutos?

---De acuerdo!! Pero sôlo cinco, no mâs.

          Suelta con la verba, mas midiendo su extensiôn, dêjame saber Paulina que por 

la descripciôn fîsica que le di de mi tîo no acordâbase (de) que lo hubiese visto en al-

gûn momento  ni del pasado ni del presente, con lo que no querîa decirme que êl fue-

se un mentiroso, un  aprovechador de una  ocasiôn, u otra cosa parecida de la que se

valiô  para lograr  un cierto y determinado convencimiento, hacer creer lo que pudie-

se ser creîdo, la transformaciôn de una desilusiôn en esperanza.

---Paulina, a lo mejor regresa su nemôsine cuando menos espêreselo.

---Pero de todas maneras dale las gracias a tu tîo por lo que te dijo de mi. Y como te

dije....cuâl es tu nombre?

---Kosmos, Paulina, ni ônoma es Kosmos.

---Y como te dije, Kosmos, por la responsabilidad que tengo carezco de mâs tiempo,

asî  que si en otro  momento deseas pasar sôlo tienes que llamarme a este nûmero, y 

hacemos una cita. De acuerdo?

---Totalmente, Paulina, de acuerdo cien por ciento.

---Perfecto!! Entonces hasta entonces. 








 





         
























 



















  




  




Donnerstag, 20. November 2025

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       Y vaya  las cosas  que suceden  cuando uno menos (se) las espera: cinco minutos des-

puês de  encontrar el lugar propicio para escondernos se va la luz, por lo que entonces era 

innecesario  continuar  ocultos, mas  aun asî Cratino tuvo razôn al decir que no era conve-

niente  abandonar el sitio  donde estâbamos, ya que cualesquier criaturas con una linterna 

pudiera  conocer nuestros semblantes. Entonces, y sin mâs nada que decir, quedô la movi-

lidad anulada. Pude  comprender la verba de Forligen, la que saliô a puesto, a colocaciôn

al pasar una hora, respecto a su estado de desasosiego por motivo de su poquîsima pacien-

cia, aunque  asimismo por la llenura que  tenîa que engendrâbale como un nudo en el gaz-

nate, pero  aûn sin  provocarle  êste ganas de arrojar el contenido del estômago, Sintiendo

compasiôn   por êl dîjele  que se fuera a su casa, que a la postre y al cabo lo que hacîamos

carecîa  de trascendencia  por formar parte de un lûdico en el que participâbamos volunta-

riamente, y que en lo atinente al resultado de la observaciôn informarîale lo mâs raudo po-

sible.

      El efîmero recuerdo de la academia militar debiôse a la media vuelta que dio Forligen

a continuaciôn de despedirse de nosotros, con la diferencia que la dio hacia la izquierda y

no hacia la derecha, como la daba yo unas cuantas veces al dîa durante todo el tiempo que

estuve en aquêlla; y la que, algo que ya sâbese por las varias veces que lo he dicho, puêde-

se contemplar desde el balcôn del apartamento de Cratino en el edificio construido encima

del macizo montañoso ( karakorum). En realidad este cambio de lado no es el que de facto

interêsame, sino  mâs  bien la perfecciôn de la media vuelta, mas por lo que sê Forligen ni

hizo el servicio militar ni fue cadete y, entonces, dônde aprendiô a darla sin defecto?

--Kosmos, pero es permitido dar la media vuelta hacia la izquierda?

--De recordar bien, Cratino, no, ni aunque la persona sea zurda. Pero quê relevancia tie-

ne ora tu pregunta si Forligen no estâ bajo el imperativo de la disciplina militar?

--Importancia? Importancia no tiene, sôlo que te pregunte para saber, porque el mismo ca-

so de Forligen es el mîo: ni pasê el servicio militar ni fui cadete.

--Cratino, aûn conservas la foto mîa con el uniforme de cadete?

--Cômo no conservarla si cada vez que la mirô me da risa.

--Risas, Cratino, risas!! Si yo me reîa de mi mismo cuando la veîa, cômo esperar que tû 

no te rîas cuando la ves.

--Pues sabes quê? Dejêmos lo de la risa, porque empieza a suceder una cosa seria.

--Cuâl?

--Mira hacia allâ, quiên va en busca de la bicicleta.

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! El abogado Triptolemo.

--Kosmos, quê duda pudiera haber? El anillo de compromiso es para Isabella.

--Cratino, aquî hay pezuña en jaula.

--Por quê la metâfora, Kosmos?

--Porque si es como tû dices, por quê no estâ Isabella con el abogado?

--Y cômo puedo saber eso?

--Pues tendrîas que dudar de que si lo que tû dijiste es por motivo de algo concreto, o

por suposiciôn de que tiene que ser asî porque la bicicleta pertenece a êl. Escucha. Pa-

rece encajar una cosa con la otra: un hombre encuêntrase en un bistro con una fêmina.

Êsta es mâs joven que êl y menestera de algo convincente, o de algo persuasivo que no

acarrêele inseguridad, sino mâs bien un estimulante poderoso que tachonarîa el pensar

de que solamente es deseada por la juventud que tiene y por las formas frescas que so-

bre el pucho imantan; pero, amigo mîo.....

--Kosmos, a esta hora con este discurso?

--Cratino, el tiempo dirâ la ûltima palabra y, como te dije, parece encajar, pero...

--Pero que ya es suficiente, bastante con la observaciôn, asî que me voy a dormir unas

horas, que la vigilancia me ha causado sueño.

---Repâmpanos!! Buen dormir y hasta el prôximo vernos.

---Lo mismo, y hasta entonces.

       Como no soy un lector que lee con la lumbre de una vela, quê harîa regresando a

mi apartamento?, allende que demasiado temprano para irme a dormir, siendo êsta la

razôn por la que decidî caminar hasta la primera estaciôn del bus nocturno, mi medio

de transporte  favorito porque en êl suceden cosas extraordinarias y crîpticas, mas co-

mo aûn faltaba una hora y media para que el bus saliera a dar su recorrido tratê de ca-

minar lo mâs despacio posible, de avanzar con una lentitud a la que mis piernas no es-

taban  acostumbradas. Y yendo asî hacia donde iba, que no despacio para llegar lejos,

oigo una voz fêmina que llâmame dos veces, no siendo otra la criatura que Isabella y

cubriendo su testa con un velo del mismo color que la pequeña cajita con el anillo de

compromiso, o sea, azul, un kairos favorable para preguntarle lo siguiente:

---Isabella, puêdese saber si el anillo de compromiso era para ti?

---Kosmos, y cômo tû lo sabes?

---Lo sê, porque cuando salimos del bistro Forligen, y al agacharse para sacarse una

piedrecita del calzado, diose cuenta que debajo del asiento de una bicicleta habîa una

cajita azul pequeña con este anillo.

---Y cômo sabes que la bicicleta era del abogado?

---Por la vigilancia que montamos Forligen, Cratino y yo.

---Bueno, te responderîa que sî, que el anillo era para mî, pero despuês que el aboga-

do me dijo sobre êl tuve la inseguridad de si aceptarlo o rechazarlo.

---Ora que me dices esto, no hace falta que me digas que lo rechazaste.

---Y por quê no?

---Porque no estabas junto al abogado cuando êste cogiô su bicicleta.

---Ya, lo que sabes por la vigilancia que montaron.

---Êsa es la res!

---Y quê haces ahora, adônde vas?

---A la primera estaciôn del bus nocturno.

---El bus nocturno? Quê bus es êse?

---Uno en el que suceden cosas extraordinarias y crîpticas.

---Verdad? Me interesa eso, a pesar de ser una estudiante de medicina. Puedo ir conti-

go?

---Claro que sî! Cômo no?


















 









 




 




















 

        






Freitag, 14. November 2025

180

      Y quê buenîsimo muchitanto saber que Triptolemo en el pasado (autodidâcticamen-

te) tocô la guitarra elêctrica y compuso algunos temas, lo que traduce que posee un in-

herente talento musical, y el que tal vez/a lo mejor no desarrollô por este motivo: por el

de tener (claramente) decidido desde aquel entonces estudiar para ser abogado. Y si es-

to lo doy como una posibilidad, mejor dicho, si esto sâcolo a puesto, a colocaciôn como

una posibilidad no es otro el porquê que el siguiente: porque cuando entrô en verba con

Forligen  no dijo la razôn  por la cual no aprovechô su talento. Sea como fuere es igual,

ya que lo mâs relevante es el presente, dimensiôn del tiempo que por estar en medio de

las dimensiones pasado y futuro, donde la resonancia de lo que fue y del câlculo/la idea/

la ilusiôn de lo que serâ ludican un rol significativo, es la justa, la conveniente, la propi-

cia para  hacer un anâlisis coralino que favorece/enriquece el existencial actual, y valo-

rado êste  como el indefectible para que a la virtud no fâltale su ejercicio---sin el ejerci-

cio constante  de la potencia no es garante un cien por ciento de la eudemonîa---cuales-

quier dudas de que si hîzose lo correcto o no o tendrîan menos peso, o simple/llanamen-

te quedarîan anuladas.

       Dejo a un lado los empollamientos causales, si es que puedo apellidarlos asî hasta

el momento en que un academikus plantee un problema deîctico que sea blanco de mis

preferencias nominativas, para informar que como no pudimos ingerir todita la comida,

y  para que no fuese botada, que no son pocas las criaturas que sucumben en este mun-

do---segûn Leibniz es entre los posibles el mejor---por carencia de sustentos/de alimen-

taciôn, hice  taxativamente lo que dîjome  el camarero: que el caso de que quisiêramos

algo mâs  que levantâramos la mano. A pesar del poquitîsimo trabajo en el bistro, por-

que  si cuando llegamos los presentes  podîan contarse con los dedos, como dije, pero

ahora sôlo  terminaban de comer Isabela y Triptolemo, el camarero vino siete minutos

despuês  justificando su  dilaciôn con cierta  pericia en el manejo de la protocolaridad,

a la  que de facto no  enfrentême por la llenura que tenîa que impedîa que la verba flu-

yese con vigorosidad y soltura. Y en fin, que esto preguntêle:

--Nos puede facilitar algo para llevarnos la comida que no pudimos comer por ser mu-

chitanta?

---Claramente que sî! Pero antes de traerles lo que necesitan debo, y por una cuestiôn

del programa, preguntarles si desean tomar cafê o algûn postre.

---Cômo, un ûltimo plato? Quê va!! Nada de mâs platos que estamos hasta el gaznate

atiborrados de sustento.

---Pido disculpa por mi pregunta, pero debî hacerla por la cuestiôn susodicha. Regre-

so râpido con lo que pueden llevarse la comida que no se pudieron comer.

---Seguro que raudo regresa? 

       Como ya habîa pensado en esto no cogiôme de sorpresa: que como yo era el ûni-

co que tenîa una bolsa tendrîa que  llenarla con los tres medianos potes plâsticos con

la comida  que no  pudimos comer, mas como la distancia que separa el bistro de mi

apartamento  es de  doscientos metros, o sea, una  distancia corta, el peso de la bolsa

no afectarîame  mucho, no serîa el  motivo de algûn  malestar en los hombros, o que 

en la clavîcula quedara la marca de la  correa. Formando parte del trato al cliente, el

camarero  nos concomitô hasta la puerta, la abriô y nos dijo que esperaba volvernos

a ver, que nuestra presencia se repitiera, porque era un honor para el colectivo de la-

boro del bistro  que el cliente diera muestra de preferencia, y la que a su vez favore-

ce al incremento del prestigio, de la reputaciôn del pequeño restaurante asiâtico, pe-

ro con el fin de eludir una promesa, una esperanza, yo solamente dîjele que la comi-

da estaba exquisita---a pesar de no ser un erastes de la comida asiâtica, reconozco lo

que hay que reconocer---, mas que era demasiada.

---No es la primera vez que un cliente que no es de Kuala Lumpur, o de alguna loca-

lidad asiâtica, se queja  por la cantidad de comida, pero te digo una cosa: aquî tene-

mos un buzôn de quejas y sugerencias, asî que si lo deseas...

---No, camarero, no, no es necesario, queda entre nosotros, porque en realidad desa-

grâdanme tal buzôn.

---Y a mî tambiên, pero como el restaurante no es mîo no puedo quitar el buzôn de

donde estâ. No sê si me entiendes? Me entendiste?

---Cômo no entender una verba facilîsima, sin circunloquios y complicaciones?

---Muy bien, entonces les deseo que tengan una buena noche y hasta la prôxima.

---Gracias muchitantas!! Igual, buena nocturna, camarero.

        Aproximadamente a veinte metros del bistro Forligen agâchase para sacar una

piedrecita de la suela del zapato, mas como frente a êl habîa una bicicleta tirada en

el suelo fîjase que habîa una cajita metida en la parte de abajo del asiento y de color

azul. Interesado  en saber lo que  protegîa la cajita la coge y la abre, y tanto Cratino

como yo somos testigos visuales de cômo abre la boca, pônese la mano derecha de-

lante y afirma: no, no puede ser, increîble!

---Forligen, quê es lo que ser no puede, lo que insôlito es?

---Kosmos, este anillo de compromiso âureo. Pero lo que acabo de afirmar mâs bien

es debido a que esta cajita estê escondida aquî.

---Forligen, y si analizamos la res, podemos llegar un poco lejos, educir posibles de

acuerdo a lo examinado de la cosa.

---Tampoco es que ahora tengamos que convertirnos en investigadores por una caji-

ta con un anillo de compromiso.

---Cratino, quê tû crees, o que aportas?

---Kosmos, que primero tendrîamos que saber a quiên pertenece esta bicicleta, por-

que el anillo no parece barato.

---Interesante tu decir, porque si el anillo no parece barato quiere decir que el que lo

comprô tiene basto peculio para comprarlo; pero, y lo que despiêrtame la reflexiôn,

porque traslâdase de un lugar a otro con una bicicleta?

---Tû quieres decir que quien tenga suficiente dinero no monta bicicleta?

---Êsa es la res!

---No lo creo asî, tû estâs esquematizando.

---Esquematizando o exactivando?

---Kosmos, sea como fuere mantengo mi verba de que primero tendrîamos que.....

---Que saber quiên es el propietario/dueño de la bicicleta.

---Câspita!! Lo que nos sobra es tiempo y lo que nos espera es madrugada.

---De acuerdo, Kosmos, pero por lo menos busquemos un lugar desde el que poda-

mos observar sin ser vistos.

---De mi parte, Forligen, no hay oponencia. Y de la tuya, Cratino?

---Tampoco, Kosmos, tampoco.
























 








  













 






 






  



Dienstag, 11. November 2025

179

      Media hora despuês, y cuando el camarero vino con una bandeja que soportaba el

peso de los tres platos y el de la botella de vino, nos impresionô la cantidad de comida

que por ethôs sirven en este bistro, por lo que tuve la necesidad de hacerle esta pregun-

ta al camarero:

--Y todas las criaturas que vienen a este bistro dejan el plato limpio?

--Las de Kuala Lumpur son las ûnicas, y hasta repiten; pero, y por supuesto, coman y

hasta donde  puedan, que de todas es igual, porque estê el plato limpio o no el precio 

es el mismo, no cambia en absoluto ni se puede regatear.

--Negociar un precio en un restaurante? Nunca lo escuchê.

--Con el tiempo que llevo trabajando aquî te puedo decir que sî ha sucedido, sobre to-

do con gentes atrevidas, sin conciencia de respeto y petulantes por el oficio que tienen

que les  da poder. Y en fin, les deseo un buen apetito, y si quieren algo mâs solamente

tienen que levantar la mano.

--Parêceme que la mano se va a quedar abajo, mas sî necesito que me traiga un plato

extra.

--Pequeño, mediano o grande?

--Grande!

---Regreso enseguida.

      Y vaya quê causalidad, el plato era de la misma marca que las tazas de cafê con le-

che que yo tengo: Winterling, razôn por la cual hîceme estâ pregunta en voz alta: Por 

quê en este bistro, y en vez de asiaticas, las tazas que hay son de Deutschlad?

--Kosmos, me parece que esto estâ al revês: un paîs asiâtico comprândole a Alemania.

--Amigo mîo, en este mundo actual hay viramientos por todas partes.

--Kosmos, y cuâl es la  importancia de la marca del plato, si como plato da lo mismo

que sea de cualquier parte?

--Forligen, tu pregunta remite a la funciôn del plato, y en este sentido tienes razôn, pe-

ro no todo el mundo confôrmase con esta funciôn.

--O sea, tû no te conformas.

--Has captado correctamente! 

--Pero te pregunto: por quê no te conformas?

--Forligen, retira la pregunta, si es que no quieres oîr un discurso.

--Cratino, un discurso por una cosa tan simple?

--Lamentable que tû, y conociendo bastante bien a Kosmos, hagas esta pregunta.

--Forligen, de verdad quieres que te la responda?

--Deja, Kosmos, deja, quêdate callado.

--Forligen, y no te vires ahora, porque chocarîas con su mirada, pero Isabela no deja

de mirar hacia acâ.

--Cratino, te agradezco el aviso, pero de que mire no me importa, ya no me importa.

      Un rato despuês, y a pesar de lo que dijo, Forligen dejô muestra de inquietud por

lo  siguiente: por la  llegada de una criatura  que no dejô de caminar hasta llegar a la

mesa donde Isabela comîa, pero como Cratino y yo habîamos visto su carta de iden-

tidad, en el bosque de los liberales, sabîamos quiên era: el abogado Triptolemo Eleu-

sis.

--Kosmos, Cratino, por quê ustedes se miran?

--Forligen, porque nosotros sabemos de quiên trâtase la criatura que estâ con tu ex-

novia.

--Ah sî? Y quiên es. Kosmos?

--El abogado Triptolemo Eleusis!

--Nunca imaginê que Isabela relacionârase (pudiera relacionarse y) con una persona 

con ese oficio.

--Nôtase/resalta/descolla que lo tuyo es la mûsica.

--Kosmos, quê tû me quieres decir con esto, que...

--Que de tu magîn salen las musicalidades atrayentes, que no un conocimiento concre-

to/especîfico/preciso de lo que puede hacer una fêmina o cuando tiene necesidad de al-

go, o cuando desea lograr lo que se propone (propuso) sin que ludique un rol significan-

te (significativo) la sûmula de las edades.

--Kosmos, ya sê que como mûsico estoy en otro mundo, pero/lo que no quiere decir que

sea un ignorante.

--Ignorante no es el tempestivo adjetivo.

--Ah no, y entonces cuâl me pega?

--Dejêmoslo aquî, que ya tienes bastante con saber que Isabela no quiere saber mâs na-

da de ti.

      Mâs porque êrale menester, que hacerlo con la intenciôn de llamar la atenciôn, y sin

aûn haber terminado de ingerir toda la comida, Forligen saca la guitarra del nuevo estu-

che comprado en el extranjero, y a continuaciôn de la afinaciôn debida, porque segûn el

aunque la  guitarra estê  protegida desafînase un poco por la temperatura, interpretô una

de sus  ûltimas canciones con un texto no sôlo espeluznante sino que asimismo comple-

jo. Insôlitamente acêrcase a la mesa de nosotros Triptolemo, coge una silla y la pone jus-

tamente  frente por frente a Forligen, y como a un niño que cântanle para que duêrmase

escuchô  la canciôn. Llegada  a su final êsta, Forligen hâcele dos inteligibles preguntas,

refiriêndose la primera al porquê del interês por escuchar algo nada fâcil de entender; la

segunda, al escaso sentido de la caballerosidad con una fêmina que sin reparo/negaciôn/

oponencia  permitiô un  comensal en su mesa. Mas antes de responder Triptolemo saca

del bolsillo derecho de su saco un tabacôn exento de la cinta (o del sello) que revela la

marca, y con un fôsforo cuasi del mismo tamaño del producto de la planta solanâcea lo

prende, y entonces dice:

---Mûsico, claramente que sê cômo te llamas, porque si fuiste novio de Isabela cômo

no saberlo.

---Eso quiere decir que Isabela se lo dijo ahora?

---Y tiene alguna importancia cuândo me lo dijo? Escucha, Forligen, no estoy aquî pa-

ra ponderar algo que ya no tiene remedio, que fue parte de tu pasado y, como tal, un in-

deleble recuerdo, sino mâs bien para preguntarte, y en el caso de que la tengas, si es po-

sible comprarte una grabaciôn de tus temas. Pero antes de que me respondas, te respon-

do tus dos preguntas.

--Oîgo sus respuestas, Abogado.

--La atracciôn por tu canciôn, que no es lo mismo que interês, y a pesar de que estâ lle-

na de metâforas, dêbese a que mucho antes de ser abogado tocaba la guitarra, empero

no acûstica sino elêctrica, y tambiên componîa como tû. Respecto a la segunda pregun-

ta nada tiene que ver el sentido de caballerosidad, y si dejê sola por unos minutos a Isa-

bela  fue porque ella misma me dijo que no pasaba nada si el deseo mîo era el de escu-

charte de cerca.

--Gracias por sus respuestas! Y por su pregunta le informo de que sî, que tengo varias

grabaciones de mis temas, pero que no de las recientes canciones.

--Pero tendrâs grabaciôn de êstas, no?

--Sî, claro, pero demora mâs o menos seis meses.

--Entiendo! Bueno, hâgamos una cosa: nos ponemos de acuerdo, fijâmos una fecha pa-

ra pasar por tu casa y oîr tus grabaciones viejas, y si me gustan te las compro sin rega-

tear el precio. Estâ bien?

--Perfecto!! Dême su nûmero de telêfono para dejarle saber cuândo puede pasar.

-- 078 456 56 78. 

--Ya lo tengo!  

--Entonces espero tu llamada.

--Quede seguro de ella.

--Magnîfico!! 






 



 



 







 



 





   

















 























      

Sonntag, 9. November 2025

178

    O no tienes ganas de algo y lo tienes, o al revês, tienes ganas de algo y no lo tienes,

siendo lo segundo el caso de nosotros, porque tenîamos ganas de ingerir alimentos, pe-

ro  como Aspasia ni estaba en el apartamento ni cocinô nada no pudimos ingerir êstos,

siendo êste el motivo por el que decidimos ingerirlos afuera, y en un bistro a doscien-

tos metros de mi edificio propiedad de un oriundo de Kuala Lumpur, o sea, que en es-

te  pequeño restaurante  solamente hay  comida asiâtica, una que no es muchitanto de  

mi gusto, empero cuando el hambre impera como que el gusto pasa a un segundo pla-

no, o que si no no tiênesele muy en cuenta. 

    Al penetrar en el bistro contadas eran las criaturas presentes, siendo una êstas nada

mâs y nada menos que Isabela. Con el fin de sacarle provecho a la oportunidad, Forli-

gen pregûntanos si nos molestâbamos porque êl en vez de comer con nosotros comie-

ra con ella, aun sin estar completamente seguro de que fuese posible su deseo, respon-

diêndole  yo que con probar  no piêrdese nada, que el tiempo no piêrdese si de lo que

trâtase es de recuperar/volver a tener el cuerpo que una vez fue dador de placer, la ra-

zôn  de que soñârase con êl por el beneficio que procura, por el bienestar que levanta:

por la eudemonîa que engendra?

     Finalizando mi verba con una interrogante con la que aludo al estagirita, Cratino

salta como mi viejo sapo en una hoja de malanga, mas sin empollar una consecuente

reafirmaciôn que diêrame pâbulo de sacar a puesto, a colocaciôn mi repetido epîmo-

ne, retôrica figura: punto  a la raya y que  continûe la letra. Seguido a la no fluencia 

de la verba, de su detenimiento, de su no continuar por la carencia de estîmulo, Cra-

tino no reprôchame por yo no haber intentado persuadirlo, y como cuasi siempre ha-

go con otros interlocutores, con una tâctiva expresiva compleja y, en algunos casos,

ambigua, lo que calaña no es de otra cosa que de su actitud versâtil en momentos en

que yo por un porquê, o sea, por un motivo, o dejo de entrar en diâlogo o de pronun-

ciar con soltura mis indefectibles pinceladas.

        Cinco minutos despuês, y como el camarero no aparecîa, fui en busca de la car-

ta del menû y la del vino, y en lo que regresaba a la mesa con êstas soy testigo visual

de una cosa: de que Forligen estaba sentado en la mesa de nosotros, allende que con

un semblante tan triste que daba pena, razôn por la cual Cratino lo consolaba con una

verba adecuada/correspondiente/pertinente/tempestiva. Y entonces dîceme Cratino al

yo poner las cartas en el mismo centro de la mesa:

--Kosmos, es que Isabela no quiere saber mâs nada de êl.

--Ay, el mor!! Tanto que es hontanar de placer como de dolor.

--Contra Kosmos, en vez de que con otra menguas su dolor con una verba verosîmil?

--Gracias, Cratino, gracias!! Pero no me incrementa el dolor las palabras de Kosmos.

--Ya sê, Forligen, que tû conoces a Kosmos desde hace tiempo, y tal vez por estar ya

acostumbrado a escucharlo no te coge de sorpresa su carencia de compasiôn.

--Pero Cratino, y ademâs, lo que dijo Kosmos es asî como lo dijo. Reconozco que fui

el culpable de que Isabela me empezara a dejar de querer en aquella fiesta del general

en su casa.

--Forligen, quien te traicionô con otro fue ella y, por lo mismo, y en todo caso, quien

debiô de comenzar a quererla menos eres/serîas tû.

--Sî, Cratino, estâ bien, pero aun asî lo que pasô en aquella ocasiôn fue tan sôlo dador

de placer por unos minutos.

--Tû estâs seguro de lo que dices? No olvides que lo que empieza crece, se desarrolla

y....

--Y muere, Cratino, muere.

--Pero antes de que muera ten en cuenta las diferentes etapas por las que tiene que pa-

sar todo lo que empieza.

--Cratino, de lo que nosotros tenîamos ganas era de comer, que no de filosofar en un

bistro, no?

--Pues agarra la carta y êchale una miradita, y de tu gusto depende lo que desearîas in-

gerir.

--Cratino, y quê tû crees? Comiendo olvîdase el dolor?

--Kosmos, da pena tu pregunta?

--Câspita Cratino!! Cômo, que da dolor? 

--Sê que dolor, en el diccionario de la lengua española, es pena, que tambiên sufrimien-

to, pero tû te fuiste por el camino interrogativo mâs conveniente.

--Conveniente? Y para quê?

--Para tener motivo de decir uno de tus epîmones favoritos: punto a la raya y que conti-

nûe la letra.

--Risas, Cratino, ri-sas!!

--Y, Forligen, ya encontraste algo que te apetezca, aunque no sea un manjar exquisito, y

sî una especialidad asiâtica?

--Cratino, entre tû y kosmos la diferencia sarcâstica no es muy grande.

--Pues sabes quê? Ahora me toca la risa a mî.













  




 







  








  





  




  

Montag, 3. November 2025

177

     En realidad el mutismo de Cristiano Olivio Gobîn no me extraña, puedo entender-

lo, porque no es nada nuevo que una persona que no te conozca mueva su lengua con

soltura para revelar sobre el pucho o cosas personales o cosas que tienen que ver con 

su laboro, razôn por la cual no pudimos enterarnos del porquê de eyectar en su rostro

un jovial. A pesar  de que Yelas estuvo en desacuerdo con mi verba, porque segûn su

consideraciôn êl contôle sobre si mismo mâs que suficiente a Cristiano aun sin cono-

cerlo, ni tan siquiera hizôle una breve pregunta a êste, tratô de romper su silencio con

una interrogativa provocante, mas como a mî me da igual que estên a favor o en con-

tra de mi verba seguî mirando la  escultura como si no hubiese pasado nada, como si

no existiera ni Cristiano ni Yelas, que a la postre y al cabo la escultura es lo mâs rele-

vante, la dadora de un jovial acicateante. 

       Si en algo nos favoreciô el mutismo de Cristiano fue en lo siguiente: en que pudi-

mos escuchar la escandalosa conversa entre el empleado de limpieza y Diopeites. Me

consta  de que Diopeites, y por su oficio, jamâs alza la voz, mas como el intercambio

de verba era debido  a la înfula que colgaba del cuello de la escultura de Praxiletes la

subida  de tono fue menester por êl considerar una injuria lo que habîa sucedido. Ora

bien, porque yo haya dicho que pudimos escuchar la escandalosa conversa entre ellos

no  quiere decir que la oîmos  claramente, ya que la forma de hablar del empleado de

la limpiera era tan embrollada que no comprensîase nîtida/inteligiblemente lo que de-

cîa. De tal guisa, y por lo anterior dicho, la conversa no durô muchitanto, porque Dio-

peites decidiô que era mejor recuperar la înfula que seguir hablando.

      Cuando salimos del museo Yelas presêntale a Diopeites a Cristiano Olivio Gobîn,

y a continuaciôn de esto revêlame Diopeites que la înfula pertenecîa a un obispo com-

pinche de êl, empero lo que sî no dejôme  saber fue el porquê de que este compinche

no  viniera a buscarla, que  tampoco como habîa  sido posible que la dejara en el mu-

seo. Con la intenciôn de tener un conocimiento mînimo de Cristiano, Diopeites le pre-

gunta a êste paar de preguntas habituales, repetidas dentro de un esquema donde pre-

pondera  la teo-logîa, empero como  Cristiano es arquitecto, o sea, es  el responsable

de su propia creaciôn responde asî:

--Diopeites, no necesito ninguna fantasîa metafîsica, como que tampoco un mito, por-

que mi trabajo  nada tiene que  ver ni con aquêlla ni con êste, sino mâs bien con algo

que puedo  hacer de  acuerdo a mi talento, a mi experiencia y a mis estudios de arqui-

tectura, tres cosas que nadie me ha dado.

     Este cuasi decir que la creencia en lo que no puêdese comprobar, en lo que es creî-

ble por el hecho de una repeticiôn constante y sonante para un fin determinado no re-

suenan ni engendran atracciôn alguna, fue el motivo de que Diopeites mirara con fije-

za a Cristiano, pero como Diopeites tenîa el tiempo contado para regresar a la catedral

barroca solamente sacô a puesto, a colocaciôn esta verba:

--Cristiano, si en algûn momento usted necesita una ayuda siempre me encuentra en la

catedral barroca antes de las diez de la noche.

--No creo que la necesite, porque todos los dîas tengo tanto que hacer que lo que sî me

es necesario es dormir, caer en la cama y cerrar los ojos cinco horas como mînimo.

--Bueno, ya tengo que irme, pero no antes de desearle a todos que tengan un buen dîa.

     Unos pocos minutos despuês se fueron Yelas y Cristiano, y Cratino hîzome esta pre-

gunta:

--Kosmos, quiên tû crees que haya puesto la înfula en el cuello de la escultura?

--Câspita, Cratino! Esta pregunta no puêdotela responder, porque ni idea tengo de quiên

haya sido. Pero dime: por quê te interesa saberlo?

--No es que me interese, es que se me ocurriô la pregunta, porque esto de la înfula estâ

un poco misterioro.

--No solamente misterioso, sino que asimismo algo que hace pensar cômo fue posible

colocarla en el cuello de la escultura, porque como tu viste êsta es bastante alta.

--Sabes quê, no creo que llegue a ser un puzzle, porque con una escalera.....

--Amigo mîo no, no porque en el museo estân vedadas las escaleras.

--Y cômo tû sabes eso?

---El cômo no es relevante, Cratino. Confia en lo que dîgote.

---Pero no entiendo el porquê de que estên vedadas.

---El porquê no lo sê, êste sî que lo ignoro.

---Kosmos, y cômo, entonces, el empleado de la limpieza va a limpiar la testa de las

esculturas?

---Una buena pregunta, mas pregûntale al empleado. Y dime, tienes hambre?

---No mucha, pero si un poco. Por quê preguntas?

---Porque como sê que ya Aspasia debe de haber preparado algo de comida êsta al-

canza para alimentar a tres.

---O sea, que adonde vamos ahora es a tu apartamento, no?

---Êsa es la res!!

       Faltando poco para llegar a mi apartamento sucede algo inesperado: el encuentro

con Forligen, quien nos deja saber que regresô antes de tiempo del extranjero y por la

siguiente razôn: por la de no soportar el frîo, lo que traduce que no terminô de cumplir

con  el  contrato musical. Con el telos de entrar en verba para que contâranos sobre su

estancia afuera, y como traîa su  guitarra  protegida por un  nuevo estuche para que de 

paso interpretara alguno de sus temas recientes, lo invito a comer con nosotros, invita-

ciôn que no rechazô por estar famêlico.



 




















 













 




  




 

 








 

Dienstag, 28. Oktober 2025

176

     [Un poco que recordê las columnas de la alcheringa, porque las de la entrada del

museo inveterado eran corintias; asimismo eran las de la Kosmona, con la diferencia

de  que en la instituciôn la  sûmula de soportes llegaba a veinte. Quien no quiere ex-

presarlas directamente dice las cosas utilizando un mecanismo o eufemîstico, o deîc-

tico de acuerdo al manejo funcional que têngase con el lûdico en cuestiôn. Yo entien-

do por un mecanismo indicativo aquel que dirige a una masa verbal hacia un espacio

determinado, y donde  despuês de  acoplarse las  piezas necesarias para armar el cor-

pus semântico pâsase al desarrollo de lo que debe relucir/descollar/resaltar por resul-

tar un beneficio]

      La causa de que quedârame frente a la entrada del museo por unos minutos es la

siguiente: por la contemplaciôn  de las dos  especiosas columnas dôricas, las que fac-

to  sirviêronme de inspiraciôn para que en Bedriaco existiera una instituciôn (la Kos-

mona) en la  que en su interior  descollaba la sûmula de veinte columnas del mismo 

estilo arquitectônico, allende que una sûmula que despertôme la idea de que la gran 

sombra ludicara  un rol representativo dentro de la Kosmona. Remitirîame a otra in-

defectible  funciôn  que tuvieron estas columnas en las cortes mayestâticas, pero co-

mo no es el momento tempestivo [para hablar de esto]  postêrgolo, dêjolo para otro

kairos, porque por repeticiôn ya ni sê cuântas veces le di puesto, colocaciôn a la su-

sodicha otra funciôn.  

       Resultôme patêtico ser testigo visual del pêsimo estado del interior del museo,

una deplorable condiciôn verdaderamente impresionante no solamente para los asi-

duos a esta sala de exposiciones, sino para todo aquel que con un mînimo de sensi-

bilidad reaccione por un deterioro asî. Recuerdo que hace tres o cuatro años salîan

a relucir las consecuencias que trae el paso del tiempo, empero que no daban pâbu-

lo de preocupaciôn  a los responsables/encargados de  planificar una restauraciôn, 

de  llegar  a la decisiôn de si sî o si no el museo podîa continuar abierto. Quedarîa-

me  por decir otra cosa que tiene que ver con la atenciôn [sea ya diaria, semanal o 

mensual] que deberîa tener el que ocûpase de la limpieza: la capa de polvo que cu-

bre (a) cuasi todas las esculturas, que apodêrase de ellas como si las amara profun-

damente, como si quisiera embadurnarlas para un fin determinado..

--Kosmos, ven acâ, observa esto.

--Allâ voy, Cratino, por quê me llamas?

--Porque si no te llamo, cômo pudieras saber que hablo contigo?

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Me tiraste la curva y no le

di a la pelota con el bate.








 







     

Donnerstag, 16. Oktober 2025

175

      So capa de que lograr el susodicho control dâbale un tremendîsimo fastidio de tes-

ta es que Cratino rompe con la posibilidad de secundar una fluencia verbal con poten-

cialidad y provocaciones, con oposiciôn y desafîo, con ese ampulamiento donde bene-

ficiosamente caben aportaciones y dadorîas diamantinas, mas como sê que êsta no es

la ûltima vez que nos encontramos---  que me dê igual el dônde traduce, y a pesar de 

que  cada sitio tiene su  magia o su misterio, que dondequiera que sea lo crîptico pue-

de  ser un enlace, una conexiôn entre dos criaturas que propônense llegar a una meta

especîfica----esperarê  por el mañana, por  el porvenir. Deberîa subrayar una sobresa-

liente cosa: la diferencia  que media entre la actitud de recogimiento de êl, o el recha-

zo a/por lo minûsculo que festeja su tamaño, y la disponibilidad abierta mîa de pene-

trar en cualesquier gollerîas, que a la postre y al cabo (tanto) las cosas superfluas (co- 

mo) y  las que timbran/dejan  resonanancia son para mî (tan) lumbrantes como estre-

llas.

      Y sobre las cosas que timbran/que dejan resonancia sucedîô una de jaez increîble:       

la de encontrarnos, y colgando de la rama de un ârbol, un especioso Rolex, empero de

tal guisa, y seguido al hallazgo de una cartera en un pantalôn tirado en el piso, la que

entre  algunas cartas estaba la de identidad, de inmediato supimos a quiên pertenecîa

el reloj: al abogado Triptolemo Eleusis, el que Cratino no conocîa y razôn por la cual

sobre  el pucho dêjele saber que fue un cliente del banco donde laborô Metôn, y que

gracias a êste Yelas pudo resolver râpidamente la propiedad de la casa que perteneciô

al zapatero Cliôn.

     No solamente fue el pantalôn lo que encontramos, sino que asimismo el calzado y

una blusa rota, resultândonos indubitable que en la cabaña habîa fruiciôn. Despuês de

mirar la blusa con atenciôn pareciôme que habîasela visto puesta a una fêmina, por lo

que puse mi memoria a funcionar, siendo entonces que di con la dueña: Isabela, la ex-

novia de Forligen.

---Pero Kosmos, crees que a Isabela hâgale falta peculio?

---Cratino, aquî pueden pasar dos cosas: la primera, que hâgale falta lo que acabas de

preguntar; la segunda, que no le importe entrar en relaciôn amorosa con una criatura

con muchitanta mâs edad que ella, pero si una o la otra quê nos importa. Movimiento

y cuerpo son de ella, no? Mas asimismo no descarto una tercera cosa.

---Que serîa.

---Que sean las dos cosas a la vez: que menestere peculio y que no impôrtele lo suso-

dicho.

---Bueno. Y dime: quê podemos hacer ahora?, porque al estar la cabaña ocupada se 

nos fastidio la penetraciôn en ella.

---Caminar por esta ciudad garante de unas cuantas cosas.

---Sabes que se me acaba de ocurrir?

---Amplifica quê, Cratino, am-pli-fî-ca-lo!

---Visitar el museo donde tambiên estâ la obra escultôrica de Praxiltes.

---Ah, ocurriôsete por la mîmesis que tuve, la de Afrodita de Knidos?

---No exactamente, sino mâs bien porque pronto cerrarâ el museo debido a una re-

novaciôn, ya que en las condiciones que estâ tanto es un pernicio para los visitan-

tes como para la sûmula de esculturas de escultores celebêrrimos.

---Cratino, y teniendo en cuenta una cosa, alêgrome por tu ocurrencia, porque en es-

ta ciudad sâbese cuândo se cierra mas que no cuândo vuelve a abrir lo cerrado, lo que

traduce que vamos a tener que esperar un largo tiempo para volver a ocular las esta-

tuas.

---Asî es, kosmos, asî mismo. 

---Pues en direcciôn hacia allî. Espero que tengas peculio para pagar la entrada.

---Tû como siempre sin dinero. Te pago la entrada y no me la debes.

---Muchitantîsimas gracias!!  

           Si nosotros sabemos que la distancia que separa el bosque de los liberales

del museo es de cuatrocientos metros, si que ni nos imaginamos que exactamente

en la mitad de esta distancia, o sea, a doscientos metros despuês de aquêl y a dos-

cientos antes de llegar a êste, nos encontrarîamos con Yelas y una criatura desco-

nocida  que eyectaba un porte y aspecto  buenos, enterândonos  por Yelas de que

tratâbase  del arquitecto del  nuevo museo, el que comenzarâ a construirse el año 

que viene si no hay ningûn inconveniente o algûn ôbice que lo impida, y onoma-

do Cristiano Olivio Gobîn. Sinceramente pudiera decir, lo que significa sin ironîa

o mofa alguna, que menos que el de un arquitecto el de un futbolista este ônoma

parecîa, empero con el fin de no acarrear una molestia o un enfado guardê mutis-

mo. Interesantemente, y dîgolo  porque sucediô una especie de transmisiôn men-

tal, Cratino  pregûntale al arquitecto  cômo era posible que llamârase asî, respon-

diendo êste con esta pregunta? 

--Y cômo tû crees que debe llamarse un arquitecto?

--A ver, con un nombre menos deportivo.

---Cômo, que encuentras deportivo mi nombre?

---Cristiano, y con todo el respeto que usted se merece, pero asî es.

---No es que faltes el respeto, sino mâs bien que me despiertas la curiosidad, ya

que jamâs/nunca nadie me dijo esto y, como tal, primera vez que lo escucho. De

dônde tû lo sacaste?

---Sabe usted lo que causa la repeticiôn de un nombre determinado a nivel mun-

dial? 

---Te pudiera responder que como estoy todo el dîa ocupado con mi trabajo carez-

co de tiempo para prestarle atenciôn a la repeticiôn, estar al tanto de lo que se re-

pite.

---Cratino, sê que tanto tû como kosmos son amantes de la pesquisa, pero te pu-

diera pedir un favor?

---Yelas, un favor, para usted, nunca serîa negado. Cûal?

---Que como no es el momento para este tipo de investigaciôn, que te olvides de

ella.

---Yelas, favor concedido.

---Kosmos, y de quê te rîes?

---Yelas, de nada que sêame ajeno, de lo que pertenêceme y callê.

---En fin, que nosotros seguimos camino al museo que dentro de poco cerrarâ.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!

---Por quê lo dices, Kosmos?

---Yelas, porque tal museo es nuestro destino, nuestra meta.

---Entonces caminemos juntos hacia el museo que vamos.














 










       


  




  





     

     

     



    

 










 
























Freitag, 10. Oktober 2025

174

       Dirimirîase el cordôn que ûnenos de sacar êl a puesto, a colocaciôn una mentira

pincelada, aun tratândose lo anterior de un hipotêtico, mas que como posibilidad fu-

tura adhiêrese a la conciencia que en el presente trabaja con poquitîsimo cesar o que

procesa  todo aquello que le  da pâbulo de no  parar, de mantener activo su mecanis-

mo suntuoso/poderoso. La razôn de lo que he dicho es la siguiente: la revelaciôn de 

mi  buen amigo Cratino  de lo que leyô en el libro: la participaciôn de Juliette en un

mundo donde los pechos (cuasi) incesantemente desparrâmanse y el estimulante que

tienen  êstos no deja de  eyectar su  vigor como el tronco de un ârbol. A pesar de ser

una verba que a todo trance atiza la flama de la fantasîa no es conveniente (ni sensa-

to) concentrarse  en ella ( de faltar) si falta la  criatura fêmina  que escucharîale con 

agrado, y tal vez en un estado que mâs de un vez he apellidado a toda flor, situaciôn/

condiciôn indefectible/fundamental para el desarrollo con soltura o de una pericia o

de un estilo proporcionante de la dominaciôn del sujeto, control y dominio meneste-

res en un momento en que lo imperante no es un lûdico de fichas, de trebejos en un

tablero encima de una mesa. Y ostensiblemente que sabe una cosa Cratino: que esta

Juliette  del libro nada tiene que  ver con su novia; pero êl, y aunque no sea ese tipo

de mâsculo que en pûblico/en colectivo acariciando/besando/tocando deja la prueba

de  un conocimiento  profundo sobre algo que acarrea (la) satisfacciôn, posee/tiene 

una fantasîa  mayûsula, por lo que no es de extrañarme que haya bifurcado el conte-

nido con el fin de esbozar una imago complaciente/deleitosa de su atingencia venu-

siana con Juliette. 

---Kosmos, y aparte de lo que te dije, por quê algunos subrayamientos con un plu-

môn rojo? Es acaso esto nuevo?, porque hasta dônde sê tû jamâs subrayas con este

color?

---Cratino, tales subrayamientos no son mîos sino de Aspasia, razôn por la cual tûve-

le que decir que si volvîa a hacerlo cerrarîa la puerta de mi estudio con llave.

---Y quê te dijo ella?

---Que no hacia falta que la cerrara con llave, porque nunca mâs lo harîa.

---Y dônde estâ ella ahora?

---Fue a tu apartamento con el objetivo de preguntarle a tu novia sobre algo que me

pidiô de favor su progenitora.

---Cômo, que la madre de Juliette te pidiô de favor algo? Y dônde te encontraste con

ella?

---Exactivizo, Crativo, exactivizo! Ella apareciôse aquî no hace muchitanto.

---Me parece que me debes una dilucidaciôn, kosmos.

---Sobre el pucho te la doy. Abre oîdos!

           Cuando terminê con la dilucidaciôn moviô la lengua Cratino con el têlos de

decirme que no creîa que Juliette estuviera de acuerdo en autorizar que diêranle a su

madre su nûmero de telêfono, lo que significaba que Aspasia perderîa su tiempo en

ir al Karakorum solamente para hacer la pregunta correspondiente a su vieja amiga,

queriendo decir con vieja que una amiga que conoce desde hace muchitanto tiempo.

A continuaciôn agrega que el miêrcoles, y despuês de la cena, Juliette quemô todas

las  fotos de su  progenitora  que encontrô en una caja de cartôn que llevaba tiempo

debajo  de la cama, un acto sîmbôlico de destrucciôn que deja mâs que claro que la

relaciôn madre-hija este dîa se rompiô, se transformô en pavesas.

 ---Cratino, y se puede (pudiera) saber el porquê de que precisamente el miêrcoles,

seguido a la cena, y no otro dîa de la semana?

---Kosmos, en esa cena del miêrcoles notê a Juliette si por un lado demasiado exci-

tada por su embarazo; por el otro, extremadamente taciturna por tener un recuerdo

que no me dijo cuâl fue.

---Una combinaciôn (demasiado excitada--extremadamente taciturna) muy especial,

que raramente sucede/tiene lugar, con dos estados oponentes/incompatibles. Cratino,

no te dijo el recuerdo, mas por quê no le preguntaste? 

---Kosmos, tû sabes que cuando Juliette se encierra en sî misma es mejor quedarse

uno callado.

---No tanto asî, Cratino, sino mâs bien quedarse uno pensando la mejor forma de ha-

cer una pregunta, o sea, sin lastimar mâs lo que ya estâ lastimado o por un recuerdo

o  por lo que sea. Amigo mio, que parêcete si vamos a dar una vuelta por el bosque

de los liberales, que hace rato que no la damos por allî?

---Que tal vuelta me parece una buena, porque pudiera acopas traernos dadorîas que

asimismo beneficios por ser una oportuna.

---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!! Voy por mi bolsa y nos largamos.

     Una mîmesis rauda engendrôme un vuelo corto: la de Afrodita de Knidos (que no

como una obra artîstica de Praxiletes, sino en persona y de espalda) paseando por es-

te bosque apellidado de los liberales, allende que concomitada por un gallo. Sobre el

pucho, cômo pasar por alto que serîa la ganadora en el concurso de las Haloas?, por-

que siendo un paradigma especioso de Kallipygos el premio no se lo quita nadie. Pe-

ro con el fin de que Cratino tambiên volara dêjoselo saber, agregando êl que esta ima-

go (o figura) es asimismo muy funcional para que un vate se inspire y escriba un ten-

zôn  atiborrado de palabras edulcoradas y con elevada temperatura; sin embargo, y a

pesar  de esta  verba suya, comunîcame lo siguiente: que este tenzôn no lo leerîa por

este  motivo: por el de que tales, las susodichas palabras sî que serîan el aliciente pa-

ra  emprender  un  vuelo infinito. La contradicciôn (algunas veces) de su agente aca-

rrêame espeluznamiento, mas como en lo atinente a ella no muchitanto puedo hacer

que ingiênesela êl para lograr el control relativo de su segundo oculto, en la sombra.     


 







  




    




    








 



 













 





  

   

Donnerstag, 2. Oktober 2025

173

      Al llegar a la pâgina 275 fîjome que Aspasia, y con un plumôn rojo, habîa subraya-

do algo que gustôle, subrayamiento  que posiblemente  hizo o en las nocturnas en que 

padece de vigilia o cuando yo no estoy presente en casa. Por el motivo de que mâs de

una  vez le he dicho que si desea leer mis libros  puede hacerlo, pero que el ûnico que

puede escribir en sus hojas y hacer marcas/destacamientos soy yo, es que tuve que de-

cirle que de volver a ver otro de sus subrayamientos cerrarîa con llave la puerta de mi

estudio tanto de noche como cuando salga de casa. Inmediatamente viene a mi estudio, 

pîdeme disculpa, y con una tremendîsima pericia verbal justifîcase, agregando que no

hacîa falta que yo pasârale la llave a la puerta, porque a partir de hoy solamente leerîa

mis  libros. Seguido a  estas palabras me da un  beso, y como ya estaba emperifollada

dîceme que largâbase a visitar a su amiga Juliette, soledad que aprovecharîa para con-

tinuar con la lectura del libro, con el disfrute por la verba que me da la posibilidad de

empollar ideas y de aprendizaje.

     La siguiente pâgina estaba repleta de instrucciones teôricas de cômo pasar a lo em-

pîrico  sin que  medie la persuasiôn, mas la pâgina 277 era un manual de cômo lograr

la persuasiôn sin necesidad de recurrir a instrucciones teôricas; lo que implica, porque

sin ella el convencer con razones requerirîa mâs trabajo, la aplicaciôn de ciertas/deter-

minadas  experiencias en el mundillo en que expândese/desarrolla una materia univer-

sal. Mas deplorablemente tuve que dejar de leer porque escuchê unos puñetazos en la

puerta, y seguido a êstos Cratino que preguntaba si yo estaba en casa.

---Câspita Cratino!, que hay un timbre, no?

---Ya sê, Kosmos, ya sê, pero o tû tenîas los oîdos tapados o el timbre no funciona.

---Lo primero es imposible; lo segundo, posible, ya que al ser un timbre tan senecto

en cualquier momento fastidiarîase. Alguna novedad?

---Sabes quiên comprô los zapatos îngentes de Palante? Tu vecino Metôn.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Y cômo sabes que fue êl?

---Porque Feliciano me reconociô, hablamos un poco, y me dejô saber que Metôn los

comprô debido a que como tiene mucho dinero quiso gastar una cantidad pagando un

precio alto.

---Y cômo sûpolo Feliciano?

---Ah, eso sî que no lo sê, pero no da igual por quiên lo supo?

---Es que, y como bien sabes, mis preguntas tienen un orden. Y dime: quieres tomar o

comer algo?

---Aûn te queda mermelada de frambuesa?

---Ahî hay mermelada para seis meses, como mînimo, asî que sirvâse usted.

---Echo un poco en un vaso y la ingiero con una cucharita.

---El que por su antojo o capricho fenece el ingerir, in casu, beneficioso resûltale.

---Quê si no que la transformaciôn de una frase en otra?

---Êsa es la res, amigo mîo. 

        Y en lo que Cratino ingerîa la mermelada, y como la puerta quedôse abierta, mi

vecino Metôn preguntôme si podîa pasar y darle un descanso a sus piernas senectas 

antes de llegar a su apartamento, aun quedândole, para llegar a êste, la sûmula de es-

calones  de un solo piso. Seguido a que dîjele que sî, que podîa entrar, sentôse en el

sofâ, pero como asimismo estaba un poco agitado embrisôse el semblante con un fo-

lio que sacô de la bolsa que cuasi siempre utiliza cuando va de compras, empero pa-

sô  que del folio  saliôse una hoja que tenîa en la parte inferior derecha un cuño con 

una firma, allende que en la que salîan a relucir unas letras tan pequeñas que sin mis

espejuelos  eran imposibles leer, lo que fue la razôn [de sobre el pucho e inteligible-

mente] hacer esta pregunta:

---Metôn, revêlame usted de quê trâtase este papel?

---Kosmos, es una propiedad: la de los zapatos ingentes de Palante.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!

---Por quê lo dices?

---Porque acâbome de enterar que Feliciano dîjole a Cratino de que usted comprô

los zapatos, pero sin saber, acâ mi amigo, cômo sûpolo Feliciano.

---Kosmos, lo supo por mî, por la soltura de mi propia lengua.

---Por la soltura de su propia lengua. Interesante la forma de amplificarlo, de expre-

sarlo, de decirlo, de sacarlo a puesto, a colocaciôn. Mas dîgame: es verdad, segûn lo

que dîjole Feliciano a Cratino, de que usted comprô los ingentes zapatos para gastar

una  parte de su capital  asî por asî, por derrochar su peculio por el motivo de que el 

dinero sôbrale?

---Kosmos, en realidad no sê de dônde Feliciano sacô lo que dîjole a Cratino, pero

la verdad es que comprê los zapatos por este motivo: por el de tener en mi aparta-

mento el recuerdo de una persona que, y a pesar del conocimiento y la pericia que

tuvo para darle expansiôn y desarrollo a una materia con cierta y determinada im-

portancia, tuvo que pasar por un sufrimiento con peso y medida, de îndole ineluc-

table, porque contra su enfermedad no pudo luchar por haberla tenido en una êpo-

ca que carecîa de los recursos para impedir el sucumbimiento por un motivo endo-

crino. 

       Pudiera decir que estas palabras de Metôn sorprendiêronme por dos cosas: la

primera, por su saber sobre Palante, porque a pesar de los intercambios verbales

que he tenido con êl ni tan siquiera como alusiôn refiriôse a êste; la segunda, por

tener  en cuenta un  sufrimiento debido a una enfermedad endocrina, un no pasar

por alto que pudiera traducirse o como sensibilidad o como compasiôn, pero con

el fin de que no pensara que por mi asombramiento lo habîa subestimado pregun-

têle el porquê de que llevara consigo la propiedad de los ingentes zapatos, porque

de facto no fue hoy que los comprô.

---Kosmos, la respuesta es sencilla: porque como la cantidad de tiempo que tenîa 

que esperar para que me dieran la propiedad no la podîa soportar quedê con la per-

sona encargada de redactar las palabras oficiales en que pasarîa hoy a recoger es-

ta hoja protegida por este folio. 

---Pero la susodicha persona era la carrusiana?

---No no, ella solamente cumplîa con el cometido de la venta. Bueno, kosmos, ya

estoy en condiciones de subir a mi apartamento, y olvides que si necesitas algo....

---No lo he olvidado, Metôn, cômo olvidarlo? Que tenga usted un buen dîa.

---Igualmente ustedes dos. Adiôs!!

---Metôn, concomîtolo hasta la puerta.

---Gracias, kosmos, gracias!!

          Cuando regresê a la sala Cratino estaba en mi estudio echândole un vistazo al

libro que yo leîa antes de que êl llegara, mas como sê que es un buen lector y, como

tal, cômo no tener en cuenta que interrumpir la observaciôn de un lector con esta ca-

tegogorîa ni es correcto ni conveniente, dejêlo que continuara con ella. Yo entonces 

entreguême a la tarea de ir a la cocina para lavar tanto la cucharita como el vaso don-

de êl echô un poco de mermelada de frambuesa, y el que dejô en el mismo centro de 

la mesa de la sala y delante del sofâ. Interesante que mientras limpiaba estos utensi-

lios  tuve una mîmesis en  funciôn de abducciôn a mis retinas: la de un velo blanco 

donde quedôse la marca de unos labios pintados de rojo. Al canto no entrê a analizar 

(profundamente) el  porquê de esta imago, empero  con un examen somero lleguê a 

esta conclusiôn: que tanto el color de la mermelada de frambuesa como el de un pin-

ta labios rojo tienen vigorosidad, y siendo asî ambos pueden dejar una huella desco-

llante/perceptible /conspicua en un velo con/de este color.

        Al terminar con lo que hacîa puse la cucharita y el vaso en el lugar debido, ade-

cuado, y dêjame saber Cratino que leyô en la pâgina 272 que el personaje con el mis-

mo ônoma que el de su novia, o sea, Juliette, y despuês de haberse casado, entregôse

a su cônyuge desnuda y con un velo blanco, mas que sin quitarse êste diole un beso a

aquêl con sus labios pintados de rojo.

---Ay, Cratino!, si tû supieras la imago que acabo de tener en lo que lavaba lo que en-

suciaste.

---De cuâl imago se trata, kosmos?

---De la de un velo blanco con la marca de unos labios pintados del mismo color.

---No me digas, verdad?

---Como acaba de penetrar por tus oîdos, asî mismo, mas dicho sinceramente, y a pe-

sar de asimismo haber leîdo esta misma pâgina, esto del velo se me olvidô.

---O puede haber pasado otra cosa: que lo leîste, no le diste importancia, pero toda lec-

tura queda, fîjase al inconsciente, lo que pudiera dilucidar que la imago ya la tenîas, ya

formaba parte de una colecciôn de figuras empolladas en una zona exenta de control.

---Pudiera ser, Cratino, no lo descarto, empero cômo explicarîas el hecho de que fuera

aquî en la cocina; que no, verbi gratia para que la gracia resuene, en el baño, en el cuar-

to o en otro sitio?

---Kosmos, tu limpiaste un vaso con restos de mermelada de Frambuesa.....pero espera,

que no soy un contertulio de la Kosmona, tratas de comprobar, y por asociaciôn, si cla-

ro estoy de ciertas y determinadas cosas? Contra , vaya mêtodo que aplicas!

---Tû sabes que, y con este mêtodo, los resultados que obtiênense son favorables. Y en 

fin, Cratino, quê me (dices) puedes decir de lo que leiste?, que no fue muchitanto, por-

que de facto no estuviste demasiado tiempo en mi estudio.

---Lo siguiente, Kosmos. Escucha. 







 
















  




         





















  

 













 



  







  

  

Dienstag, 23. September 2025

172

     (un dîa despuês)

     Marcaban las agujas del reloj las nueve y cuarto de la mañana. El tiempo estaba llu-

vioso y la temperatura lo bastamente fresca, razôn por la cual sentême en el balcôn pa-

ra ingerir mi ligero desayuno: dos humeantes tostadas, mantequilla y una taza mediana

de cafê con leche con la marca Winterling y con un ampo como el de la caricia blanca.

A travês  del cristal de la puerta del balcôn reflejâbase Aspasia peinândose frente al es-

pejo de la sala, empero como acababa de salir de la ducha su cuerpo estaba a toda flor.

No  quedôme  duda de que esta vez no llevaba puesta su bata de casa transparente con 

la intenciôn de hacerme una invitaciôn carnal, sino mâs bien que estaba exenta de ella

con  el objetivo  de hacerme sufrir, una  forma sadomasoquista  de vengarse debido a 

una  profunda discusiôn que tuvimos, lo que traduce que ella estaba recordando [tenîa 

vivito/ta en mente] el  conflicto/la colisiôn  verbal ya no para volver a vivir sino para 

acarrerme  dolor, por  lo que  en vez de decirla como siempre dîgola esta declaraciôn 

mîa: mâs  vale que  te ignoren/desprecien  a que  te  recuerden y te causen problemas, 

habrîa que ligeramente transformarla y pronunciarla asî: mâs vale recordar/ dar dolor 

que ignorar/despreciar. Y punto a la raya y que continûe la letra? No! Impepinable que

negativo. Por quê? Porque  entonces darîale el gusto que ella  querîa al saber el efecto

de su venganza  de jaez sadomasoquista. Claramente que no quedôme descartado que

con  este NO no serîa imposible otra de las suyas  maneras de desviaciôn...., mas tam-

biên que serîa posible que por mi negaciôn [a seguir con la verba despuês del punto a

la raya] sintiêrase ignorada/despreciada, motivo mâs que basto para que por dos o tres

dîas diêrase  importancia. Cuando terminê de desayunar ella ya no estaba frente al es-

pejo, y en lo que llevaba la taza a la cocina suena el timbre de la puerta. Al abrir êsta

quedême sorprendido debido a la criatura que veîan mis ôculos: Juliana, la progenito-

ra de Juliette y la actual novia del general, y la que despûes de saludarme dîceme:

---Kosmos, ya sê que jamâs esperarîas mi visita, pero si estoy aquî es para pedirte un

favor.

---Mas pîdole que antes de pedîrmelo pase usted y acomôdose en el sofâ.

---Gracias, kosmos, gracias!!

        Sin dilaciôn aparece Aspasia, y al verla Juliana dîcele unas palabras en honor a

su belleza, empero como sê que mâs debîase la presencia de Aspasia por el hecho de

saber quiên era esta mujerona, menos que por el orgullo que pudiera sentir por tales

palabras salidas de la boca de una mujer madura, encârgome yo de la tempestiva pre-

sentaciôn.

---Aspasia, ella es Juliana, la novia del general y progenitora de Juliette.

---Encantada, Juliana, un gusto conocerla, pero en serio que la madre de mi amiga

Juliette?

---Sî, Aspasia, sî, soy la madre de tu amiga, pero como la vida tiene sus cosas desde

hace veintitrês años no nos vemos.

---Lamentable que la vida tenga sus cosas, y ahora entiendo el porquê de que Julie-

tte, ni aun cuando estudiamos juntas, jamâs me dijo nada respecto a usted. Y dîgame:

le puedo brindar algo?

---Una taza de cafê, Aspasia, y sin azûcar.

       Y en lo que Aspasia fue en busca de la susodicha taza, Juliana revêlame que su-

po mi direcciôn por el general, y que estê se la dio por saber que Juliette estaba en el

cafê La ilusiôn veinticuatro horas antes concomitada por mi y los que estaban conmi-

go, pero que estaba por formar parte del colectivo y por ser una buena amiga mîa, Si-

guiô su verba con un plateamiento tan patêtico que tuve que bajar la cabeza, una cala-

ña de compasiôn que no pudiera ser indefectible cuando escucho palabras conmove-

doras, angustiosas, etc.., empero  que aun asî eran la base menester para el favor que

pedirîame, porque no pretenderîa ella que sin una forma funcional causante de sensi-

bilidad quede garante el decir que sî; y, allende de esto, queda otra cuestiôn que tam-

biên influye previo a la pronunciaciôn de este decir: la de que la primera/ûltima vez

que  me vio fue en la  fiesta de  cumpleaños de Esmeralda, lo que traduce que ni tan 

quiera conôceme lo suficiente como para venir a mi apartamento, amên que sin una

llamada para anunciar su visita, que de facto el general sabe mi nûmero de telêfono.

Terminado  este  anâlisis levanto la testa y llega Aspasia con la taza de cafê, e inme-

diatamente môjase los labios Juliana y seguido dîceme:

--Kosmos, el favor que te pido es el siguiente: que hables con Juliette y le digas que

llame, ya que a lo mejor tû pudieras convencerla de romper con su negaciôn de no

quererme hablar, de no tener contacto conmigo.

--Juliana, eso lo podrîa intentar, mas no garantîzole que ella ceda a lo que usted pi-

de solamente por ser una buena amiga mîa.

--Juliana, a mî me parece, y disculpe que me meta, ademâs de que Juliette es mejor

amiga mîa que de kosmos, que serîa mejor una conversaciôn entre nosotras.

---Verdad que tû harîas eso, Aspasia, verdad? Oh, te lo agradecerîa eternamente.

---Gracias por tal agradecimiento, Juliana, gracias! Y quede tranquila, que me ocu-

parê de eso. Y, kosmos, por quê no me dijiste lo del cafê La ilusiôn?

---Porque primero discutimos; segundo, porque cuasi que te acabas de vengar utili-

zando un mêtodo sadomasoquista y, entonces...

---Deja, Kosmos, deja de decir lo que pasa entre nosotros.

---Mas tû me preguntaste, no?

---Cierto que te preguntê, pero pensê que responderîas no tan inteligiblemente.

---Pues pensaste mal, porque de facto cuando te respondo asî me dices que no quie-

res tener fastidio de testa.

---Kosmos, Aspasia, siento estar oyendo lo que de ustedes el algo întimo, asî que es

mejor que me vaya, que no deseo estar en medio de una conversaciôn como la que

ustedes tienen. Gracias por el cafê, Aspasia, y por lo que vas a hacer, y êste es mi nû-

mero de telêfono.

---Perfecto, Juliana. La llamarê para informarle sobre el resultado de la conversaciôn

con su hija.

---Espero tu llamada, Aspasia. Y bueno, le deseo a las dos un bonito dîa, y un placer

conocerlos.

---Juliana, un saludo para el general.

---Le digo, Kosmos, le digo.

---Juliana, tambiên un placer para mî.

---Gracias, Aspasia, gracias!!

       Por estar el dîa lluvioso es que dîceme Aspasia que en vez de ir a tocar el chelo a

la catedral barroca llamarîa a Juliette para encontrarse con ella, en el caso, claro estâ,

de que pudiera o quisiera, de que no tuviera nada que hacer, lo que pareciôme a mî el

mejor solvento contra el posible tedio que tendrîa de quedarse sin hacer nada, allende

de convenirme por este porquê: porque lenificarîa la fuerza del algûn pensamiento de

îndole negativo, ya que respirar aire fresco es un efectivo antîdoto que quitale vigoro-

sidad  a la actuaciôn  del agente con su rol apabullante. 

     En lo que ella emperifollâbase, mas ora no frente al espejo de la sala sino en el del

cuarto, yo sentême a leer en mi estudio una monografîa sobre el autor de este libro y

titulado asî: Julliette o las prosperidades del vicio, no teniendo nada que ver esta Julie-

tte  con la amiga de  Aspasia. Como saben muy bien/de sobra  los que han leîdo a este

autor oriundo de Francia, su capacidad/ingenio/talento para demostrar abiertamente la

variedad de formas con las que tanto fêminas y mâsculos pudieran sentirse satisfechos/

conformes/felices queda sin parangôn con el mundo antiguo mayestâtico, en las cortes

donde la concupiscencia estaba al por mayor, al tolete hasta llegar al desperdicio










 



 

























  




 




 













  










     






 



   


  

       

        

Montag, 15. September 2025

171

      Y vaya sorpresa para Cratino y para mî, que no para Rosamunda por desconocerlos, 

que cuando llegamos al cafê La Ilusiôn estaban Caspar, Esmeralda y Juliette, razôn por

la  cual Emilio nos preguntô si deseâbamos sentarnos en la misma mesa que êstos o en 

la de al lado, empero como las mesas de este cafê no son tan grandes le respondî que ni

una  cosa ni la otra, sino  que mejor serîa unir las dos mesas; en el caso, claro estâ, que

no estuviese vedado, o solamente permitido si una criatura reserva una parte del cafê o

para un cumpleaños o por otro motivo significativo, siendo entonces que dîceme êl:

--No, Kosmos, no, no estâ vedado, asî que te ayudo con el trabajo de quitar de un lugar

la mesa para ponerla en otro.

    Cumplido este trabajo Emilio pregûntanos cômo querîamos el cafê, si sencillo o do-

ble u otra cantidad, mas como Rosamunda tenîa un termo en su mochila preguntôle si

era posible llenarlo , porque asî cada cual se servirîa a su gusto y en su momento.

---Rosamunda, êste es un pedido especial hasta ahora nunca escuchado, pero si es el

que prefieres dame el termo acâ.

---Ah, no se te olvidô mi nombre.

---Cômo olvidarlo, Rosamunda, si para evitar la facilidad que actualmente es posible

en  este mundo digitalizado me aprendo los pedidos  de memoria, y diariamente son 

unos cuantos.

---Verdad, Emilio? Increîble!! Mira, agarra el termo y con cuidado, que me costô ca-

rîsimo.

---De acuerdo! Regreso lo mâs pronto que pueda.

      A continuaciôn, yo presêntole a Rosamunda a Caspar, Esmeralda y Juliette, y se-

guido Cratino pregûntale a Juliette por quê no dejôle saber que vendrîa al cafê, cual

respuesta no fue otra que êsta:

---Cratino, porque  Esmeralda me llamô y me pidiô que la acompañara, pero sin de-

cirme que venîa con Caspar.

---Eso es verdad, Esmeralda?

---Claro que sî, Cratino, asî es.

---Y por quê no le dijiste que venîas con Caspar.

---Cratino, porque le dije a Esmeralda que no estaba seguro de si podîa venir o no, y

por una cuestiôn de trabajo en el restaurante de las langostas, una cuestiôn de turno.

---Asî que le pregunto a Esmeralda y me respondes tû, Caspar?

---Y quê, Cratino, si en realidad la respuesta es la misma? No puede ser otra, porque

no existe.

---Cratino, te encanta la provocaciôn, como a Kosmos.

---Câspita!! Juliette, yo no tengo vela en este entierro, asî que no me llames.

---Kosmos, no te he llamado, sôlo dije tu nombre.

---Juliette, si le sigues la corriente a Kosmos, sî que vas a quedar sepultada.

---Gracias por el aviso, Cratino! 

---Amigos mîos, paz y tranquilidad, que este decir para que te digan y que te digan 

para decir es escandaloso, hace bulla.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, Caspar!

---Por quê lo dices, Kosmos?

---Porque no pega con un camarero esta verba, porque de facto por su oficio labora 

donde hay muchitanta gente hablando, y esta uniôn de varias lenguas es acaso en-

gendrante de mutismo?

---Sî Kosmos, estâ bien, tienes razôn, pero es otro tipo de hablar, totalmente diferen-

te/distinto/desigual.

---Mira, Rosamunda, aquî estâ el termo, y traje tres tazas.

---Gracias, Emilio, gracias!

---Câspita!! La misma marca de las tazas que tengo yo: Winterling!

---Bueno, kosmos, es la ûnica marca que existe en esta ciudad, que se estâ disponi-

ble, al alcance de los que desean comprarla.

---Êsa es la res, Emilio.

       Despuês de servirnos el cafê, y debido a su embarazo, felicito a Juliette, felici-

taciôn como tal que dejôla frîa de pies a testa, y motivo de que mirârame y dijêrame:

---Kosmos, y desde cuândo te gustan los niños, porque como me ha dicho Cratino ni

tû ni Aspasia quieren ser progenitores?

---Juliette, lo que te dijo acâ, mi buen amigo, no es mentira, pero una cosa es la que

acabas de decir; otra, que no merezca una felicitaciôn quien desea ser o madre o pa-

dre.

---Ah, entonces si es por eso muchas gracias.

     Impactante que la felicitaciôn de Caspar, Esmeralda y Rosamunda haya salido a 

puesto, a colocaciôn como si  hubiêrase contado del uno al tres, o sea, que saliô de 

la  boca de ellos a la  misma vez, o como si  estuvieran preparados para decirla los  

tres juntos, por lo  que yo pensê que este  coincidir tenîa que ser el resultado de un

proceso que en el mutismo desarrôllase sin hacerse notar, o dicho de otra manera,

sin ocasionar algûn tipo de padecer por el cual una criatura sienta algo raro/inusual/

inefable y, por lo mismo, tenga que reaccionar.

---Kosmos, pudiera apostar una cierta y determinada sûmula de peculio a que tû es-

tâs pensando en algo.

---Cratino, no hace falta la apuesta, ya que sî, pensaba, mas por una cuestiôn de sen-

satez no lo revelo, no dêjolo saber.

---Kosmos, cômo por sensatez, si todos nosotros somos tus amigos?

---Yo sê lo que digo, Esmeralda, crêeme.

---Cômo no saber que tus pensamientos son complejos, pero nosotros no te formarîa-

mos problema, que tampoco calificarîamos tu decir de forma peyorativa.

---Quêdame claro que no, mas aun asî câllome la boca.

---Kosmos, que aquî no hay moscas.

---Juliette, muy jocoso de tu parte, y por lo que te aplaudo, te diplomo y pongo co-

rona.

---Ah sî? Me parece que exageras, pero por quê?

---Porque (inconscientemente) estâs participando en un lûdico que conocemos muy

bien Cratino y yo.

---Los dos jugadores incesantes!!

---Lûdico? De cuâl se trata, kosmos?

---Rosamunda, de uno que empezô en mi novelôn y despuês de êste continûa.

---Y cuândo se acaba?

---La respuesta es imposible. Por quê? Porque no la sê. 

---Sabes, y algunas veces, Aristarco me responde lo mismo cuando le hago pregun-

tas respecto a su enfermedad: la tuberculosis.

---Conocemos su enfermedad, Rosamunda. Y dime, cômo estâ êl?, que no lo vemos

desde el dîa en la cola del cine.

---Bueno, en realidad algunas veces es muy amoroso, pero cuando tiene sus moles-

tias se acuesta a dormir, lo que me parece ilôgico.

---Y por quê parêcete asî?

---Porque que pueda dormir con molestias....

---Mas Rosamunda, êl te ha dicho si las molestias son insoportables/inaguantables?

---Nunca lo sê, pero con una enfermedad como êsa no deberîan ser asî?

---No creo que asî sean, porque quiên puede dormir con las susodichas molestias, a

no ser que tome algûn tipo de medicamento.

---No sê si lo toma o no.











 






 










 



 













 






 


 

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...