Donnerstag, 30. September 2021

La cazuela de Vitelio (888)

        

           Media hora despuês del eventâ en casa de Sunev, tiempo mâs que bas-

to  para dar la  dilucidaciôn (a Jancia)  sobre  eso de los  barqueros inmôviles, 

pero someramente y como tal sin detallismo y acento especîfico de jaez peda- 

gôgicos por parte de la lengua de Hagapajitas de Falogracia, llega un tanto ar-

chiexcitado Sarambo por una inesperada discusiôn en la taberna con uno y de

loa asiduos biberius, siendo el motivo del tropiezo semântico (o de la disputa)

la acusaciôn de êste de que Sarambo habîale jugado una mala pasada a Anaxî-

metro de Apolonia con el objetivo concreto de apoderarse del puesto de traba-

jo, o que si no una (ex profeso) marranada de las mâs vulgares y maculadas; a

lo que Sarambo agrega, con una afirmaciôn concreta en el momento pertinen-

te y con la persona que ignorante de pasada fue la justa, que ni tanto una cosa

y mucho menos la otra, pero que en resumidas cuentas de creerse lo que crêe-

se lleva tono, medida y peso en la conciencia del creyente, del que per se mê-

tese en laberintos o infla globos en la cercanîa del fuego con la ilusiôn metafî-

sica  de que êstos no van a romperse, como si lo profilâctico no existiera (tam-

biên) para  riesgos eludir a partir de la tenencia de la ilusiôn aquêlla: lo contin-

gente sacado de colocaciôn por una prevenciôn.

--Vaya discusiôn!! Si supiera ese biberius que Anaxîmetro ya no tiene funciôn

tal vez hubiêrase ahorrado entrar en liza verbal con usted.

---Cômo que ya no tiene funciôn, Hagapajitas, cômo?---pregunta Sarambo.

---Acaba Jancia de lanzarle un cenicero de Murano a su cabeza...

---Y hay seguridad de que estâ muerto?

---Si lo desea puede comprobarlo usted mismo---dice Jancia.

---Deja deja, si asî es entonces....

---Entonces, Sarambo, hay que enterrarlo---dice Hagapajitas de Falogracia.

---No enterrarlo no, eso no.

---Cômo que no, quê entonces?----indaga Jancia.

--Quiero decirles, que de donde es oriundo el difunto no se entierran a las gen-

te sino que se tiran al mar, segûn una vieja tradiciôn que practican.

---Mucho mâs fâcil para mî que soy barquero.

---Quê?, fâcil para usted por eso; pero, que no dêbese perder de vista o dejar y

 de tener en cuenta, cômo sacamos el cadâver de la casa sin que nadie nos vea?

---Eso no es problema, Jancia, se espera la noche y listo---dice Sarambo.

---Y cômo lo llevamos hasta el puerto?

---Jancia, yo conozco un afluente por el que entrarê con mi barca...

--Eso disminuye la distancia, Hagapajitas, pero Jancia pregunta cômo lo trans-

portamos de aquî hasta su barca---dice Sarambo.

---Lo cargamos, no?, hay en total, sumândome yo, cuatro hombres...

---Por cantidad es la exacta, mas querrân el colosero y Prixeletes participar en

esto?---pregunta Jancia que agrega: bueno, en el caso de que estên aquî mâs y

tarde, porque hace dos noches que no los veo.

---Nos queda entonces una cosa por hacer---dice Sarambo.

---Cuâl?---fisga Hagapajitas de Falogracia.

---Esperar que llegue la noche.

---Y mientras tanto, que faltan siete horas para que llegue, quê hacemos con y

el cadâver?---indaga Jancia.

---Tirarle un saco encima y ponerlo cercano a la puerta o a una ventana.

---Quê es eso, Sarambo, un ritual?

---Nada de eso, sino mâs bien contra la descomposiciôn, ya que como hace de-

masiado calor el olor que desprêndase debido a êsta pudiera salir o por la puer-

ta o por la ventana.

---Tiene razôn Sarambo, Jancia, hâgamos eso---dice Hagapajitas de Falogracia.


         Mas en lo que pasaban tales siete horas salîa a perîstasis, en la Kosmona,

la cuestiôn de la causa victoriosa, empero sin la distinciôn de êsta de quê, algo

relevante para arrumbar el tema o el argumento del discurso por la senda perti-

nente, adecuada o precisa. La cuestiôn, entonces, diole a Kosmos la justa opor-

tunidad de repetir algo que êl mismo amplificô ya hace bastante tiempo, canti-

dad que remôntase a la incunabula de la instituciôn:

----"Ahora que ha comenzado la cosa que por câlculo tendrâ sus pericias y ne-

cesarios embrollos".

---Contra, Kosmos, eso me acaba de recordar mi llegada a la instituciôn y con

el sigynon en la mano, y de que tû raudo me identificastes con un guerrero.

---Câspita, Vercingetorix, y con quê si no?, y si la reminiscencia activôse pue-

de ser asimismo debido a que su llegada fue el mismo dîa que yo dije lo ante-

rior, aunque usted, a raîz de lo escuchado (de escucharlo) me clarô lo siguien-

te: si porto el sigynon es porque vengo de mi ûltimo combate contra los cuar-

teles de Labieno, y de haber prendido la mecha para promaquias por toda y la

Galia sucedidas.

----Increîble, quê memoria!!, de esto ûltimo sî que no me acordaba...

----Y quiên de nosotros se acuerda de eso?----dice el tîo de Kosmos.

----Nemôsine elefantina!!---afirma el didâscalos filosôfico.

----Nosotros no podemos acordarnos porque llegamos despuês, despuês y mu-

cho de la inauguraciôn de la Kosmona----dice Temîganes de Alejandrîa miran-

do a Perrasiestes de Mocarês y a Asonis.

----Y cômo uno acordarîase de algo que jamâs ha oîdo?, cômo funcionarîa un

molino sin un pneuma que impûlselo?---pregunta Kosmos que agrega: asimis-

mo no es parecida la memoria a un movimiento que sucede por una causa?

----La victoriosa, Kosmos?

----Y risas de Kosmos que responde: ya percibo, noto y capto que usted ha y

aprendido a sacar lascas de la masa jamonera.

----Vitrix causa diis placuit sed victa Catoni---latiniza el tîo de Kosmos.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, bienvenido Lucano.

----Pero estâ un poco forzada la frase, porque aquî ni hay deidades ni ningûn

Catôn----acentûa el didâscalos filosôfico.

----Y eso que usted, didâscalos, varias veces dijo que no entendîa latîn....

----Haga memoria usted, que lo dicho varias veces por mî no es exactamente

eso---dîcele el didâscalos al tîo de Kosmos.

----Quien venza tendrâ una causa con la que sentirîase orgulloso por haber si-

do vencida---amplifica Kosmos.

----Vencimiento semântico?----indaga el tio de Kosmos.

----Aportas y reportas para la distinciôn menester!

----Te explicas?

----La causa victoriosa del vencimiento semântico!!, êsa es la res. êsa!!

----Vaya relaciôn!!

----De quê tipo: de comparaciôn o de concurso?

----Y risas del didâscalos filosôfico.

----Quê embrollo el que ustedes forman para decir una cosa concreta----dice

Perrasiestes de Mocarês.

----Cenutrio!!, ya olvidôsele la pincelada con la que comienza esta dialogiza-

ciôn?----pregunta Kosmos. 

----Y cuâl fue?

----Se da cuenta usted el porquê le llaman cenutrio?----pregunta el didâscalos

filosôfico.

----Y risas de Kosmos y de su tîo.

----Perrasiestes, el comienzo de la cosa, que lo mismo puede ser la fiesta que e

incluye el juego que el juego que tiene fiesta---dice el didâscalos filosôfico.

----Êsa es la res, didâscalos, êsa!!----afirma Kosmos.

----La que como tal no estâ in terminis----señala el tîo de Kosmos.



 















 


























 










 





 


Montag, 27. September 2021

La cazuela de Vitelio (887)

        

           Con un insoportable tedio que fue acarreândole una especie de escape

buscando entretenimiento,  Jancia hurgaba en una montaña de inveterados li-

bros ( cual propietaria era Sunev) y a su vez embadurnada de polvo.  Signifi-

caba entonces que tal estado de descuido revelaba el precario interês de y su

dueña de ocuparse (cuando habitaba en Apragôpolis) una vez a la semana de

detergerlos  fuese ya con un paño o con una esponja, o con cualquier otra co-

sa que sirviese para ese objetivo. Seguido a la actividad a la que entregâbase,

a la del hurgamiento, halla un liber de poesîa no tan grueso y que de tal guisa

podîa leer, ya que el resto de los otros y asimismo con la misma materia esta-

ban escritos en lengua forânea. A continuaciôn acomôdase en un butacôn po-

sicionado en uno de los sucuchos de la "cruadratura" de la sala ( no la del cîr-

culo, la que mâs bien  junto con la  trisecciôn del ângulo y la duplicaciôn del 

cubo con compâs y regla forma parte de los tres de los problemas clâsicos de

las matemâticas aqueas), rincôn donde tambiên habîa una pequeña mesa con

la correspondinte lumbre, un mediano cenicero de Murano y los prismâticos

traîdos  de Bedriaco, y sin dilaciôn alguna pônese a leer. Percâtase entonces;

y a pesar, como ya dîjose, de estar escritos en la misma lengua, de que varios

de los poemas no los entendîa por la llana y sencilla razôn de los recursos re-

tôricos con los que fueron pincelados por el artîfice del ejemplar, hasta que y

da con uno que no dificultôle la lectura, y que taxativamente es el siguiente:


ya puesto en marcha y a su lugar la margarita,

sin desafîo ninguno, de ningûn tipo y sin cornetas

                                                                (sonando.

Ya puesto en marcha, aun sin la cornamusa,

no olvîdase de los corales regios que en profundidad

                                                                        (estân

y al alcance sin el uso de un anzuelo de plata

o de la punta de un arpôn que ineludible horada.

Equivale la marcha a tener direcciôn,

propôsito tempestivo que no destacan corchetes,

mas que tuvo que precedente aparecer una imago 

cual determinante aliciente de pasar al ir,

que no es el yendo que tapuja la ficciôn que repîtese

por hâbito.

Ya puesta en marcha sustancia que entra en calor

sin que llegue a transformarla un abrasamiento de

                                                                        (flama,

lo que entonces quedarîa como aquel buen imposible

-----es cierto porque es imposible, clara una nota-----

de algûn sueño que intimida con traer a lo flamîgero

como un antaño recurso de engendrar imperativos,

allî donde la conductual permite un llegar calculado

                                                                             (bien.


        A raîz de leerlo varios veces en voz alta, como si la letra al sentirse am-

plificada tuviese el kairos no sôlo de rebotar en un espacio limitado sino que

tambiên de coruscar a partir de su luz, apodêrase de pluma y tinta y lo copia 

en un pedazo de papel encontrado entre la montaña de inveterados libros. A

continuaciôn, y no exenta de la preocupaciôn de fijarse en no haber cometido

un error en la escritura, ubica el pedazo de papel no en otro lugar que debajo

del cenicero de Murano. Non plus ultra de unos pocos minutos de haber sen-

tido una cosiata pero insistente molestia en la espalda, decide sacar su tafana-

rio del butacôn con la intenciôn de moverse un poco dentro de la casa. Al ha-

cerlo, cumplir con el movimiento, divisa por una de las ventanas que alguien

acercâbase a la casa, mas que previo a llegar aûn faltâbanle unos cuantos me-

tros. Sin dos veces pensarlo, sin cavilaciôn que provocârale un suspiro efîme-

ro, sûbito agarra los prismâticos y los dirige hacia el agente que avanzaba no

con muchitanta velocidad. Mas si algo sucediô, lo que no podrîa verse sin la

ayuda  de los cristales que facilitan un acercamiento beneficioso, fue que en-

tre los prismâticos y el agente que venîa interponîase una cantidad de peque-

ños  bichos voladores formando como una nube de jaez cirroestratos, menos

que de cirros o de aurora boreal----si aquêllos pudieran compararse en tama-

ño, dirîa un  estomatôlogo que tiene similitud con la *filandria (nematelmin-

tos, aunque  de ella  directamente no ocûpese), nube por la que fue penetran-

do, y  despuês de haber  sido reconocido. Anaxîmetro de Apolonia, el ex-ta-

bernero de la ciudad del ocio, por lo que pregûntase Jancia: y este personaje

que viene a hacer aquî. vendrâ por Sarambo, por un ajuste de cuentas? 

      Unos toques en la puerta de la casa [que no tiene un patio que es particu-

lar] tantîsimamente plomosos, como si el agente que dejâbalos en la madera

caracterizârase por ser portador de una ingente fuerza, despiertan sûbito y la

necesidad de Jancia de tomar la debida precauciôn, razôn por la cual va y en

busca del cenicero de Murano que utilizarîa como medio (de)fensa, mas sin

percatarse de la caîda al suelo del pedazo de papel donde habîa copiado y el

poema  leîdo, papel que a su vez va a parar cuasi al lado de la puerta debido

al pneuma de un viento que acopas lo arrastrô. Entonces Jancia, cenicero en

mano derecha y rectitud de tronco como una señal de posiciôn valerosa, que

se igualarîa a la de estar en jarras, mas con la diferencia de que êsta es por y

costumbre muy repetida, por lo cual por conocerse ya sabrîa el que dase rau-

do  cuenta de ella, de que quien la exhibe hace lo mismo que todo el mundo

en funciôn de revelar un graduado estado de molestia y causante de un estar

preparado para el ataque del otro, dispônese (a)berturar la puerta sin hacerlo

demasiado deprisa, a lo que sigue la voz de Anaxîmetro que entonces dîcele:

---Disculpa la molestia, Jancia, mas si he venido es por haberme encontrado

la  maleta que pertenecîa al padre de Nausica flotando en el puerto, por lo y

que pensê....

----Espêrese un momentico, señor, que en primer lugar quisiera saber cômo

es que usted me conoce; segundo, cômo usted sabe del padre de Nausica y

de esa maleta-----pregunta Jancia sin perder de vista la mirada de Anaxîme-

tro.

----Se nota que no llevas mucho tiempo viviendo en la ciudad del ocio...

----Quê usted quiere decir con eso?

----Que aquî en Apragôpolis todo se sabe por la informaciôn gratuita que y

el viento transporta.

----No yo creo en nada de eso, me parecen banalidades que las gente utiliza

para poder creer en algo, ademâs que lo que usted acaba (de)cir a mî, y muy

particularmente, me parece absurdo.

----Yo no estoy aquî para entrar en una discusiôn filosôfica, sino mâs bien y

para saber quiênes son ciertas personas....

----Para saber eso, y no acaba usted (de)cirme que en esta ciudad todo se sa-

be por...

----No he olvidado lo que dije, pero esto parece ser una excepciôn.

----Y quiênes son esas ciertas personas?

----Cotisôn Alanda Coto y Lolia Paulina.

----Señor, por mucha informaciôn que pueda haber, saber de estas personas es

imposible, porque ya estân muertas. Y cômo usted supo de ellas?

----Por unos papeles en donde aparecen los nombres de ellas y que encontrê y

dentro de la maleta.


     Acopas aparece el barquero Hagapajitas de Falogracia y dîcele sin dilaciôn 

a Anaxîmetro de Apolonia:

----Usted sî que es un verdadero ladrôn!!, asî que si no quiere que lo denuncie

devuêlvame la maleta.

----Cômo que devolvêrsela, si a usted no le pertenece?---pregunta Anaxîmetro.

----Ademâs que un mentiroso, porque me acaba (de)cir que se la encontrô flo-

tando en el puerto---dice Jancia.

----Quê, tû estâs mintiendo, Jancia, yo sôlo te dije que queria saber quienes y

eran esas personajes de las que te preguntê-----dice Anaxîmetro de Apolonia a

la vez que retîrase un poco de la cercanîa con Jancia para acercarse al barque-

ro.


    Fôrmase entonces lo desagradable una vez que, como el salto de Aquiles, el

cuerpo  de Anaxîmetro cae sobre el de el barquero agarrando a êste por el gas-

nate, concomitada la acciôn con la de sacar un cuchillo y decirle a Jancia:

----La vida del barquero depende de ti.

----Que depende de mî, y cômo puedo salvarla?---- indaga Jancia un tanto ner-

viosa.

----Ya estoy enterado de que tienes un diamante, por lo que no hace falta decir-

te lo que tienes que hacer.

----Yo un diamante, de dônde usted sacô eso, de la informaciôn que transporta

el viento gratuita?

-----Mira, chiquilla, no juegues conmigo, que no me conoces.

 

       Tan cêlere que no pudo calcularse, el caso es que el barquero logra zafarse

del agarre al que estaba sometido, siendo la oportunidad que Jancia aprovecha

para  lanzarle el cenicero a Anaxîmetro de Apolonia, tiro como tal que causôle

el sucumbimiento al darle el peso del cristal en un costado de la testa. Y enton-

ces exclama el barquero:

----Vaya quê cristal mâs bueno, ni tan siquiera se rajô.

----Hagapajitas, se trata de un cristal de Murano.

----Claro estâ el porquê no se rajô. Y gracias, Jancia, gracias!!, que una rata me-

nos serâ capaz de morder nuestras vidas.

----De nada, de nada!! Pero no quiere pasar usted y tomarse algo?

----Cômo no?, que me viene bien un traguito.


        Ya sentado en el mismo butacôn donde tuvo acomodado su tafanario Jan-

cia, el barquero divisa un pedazo de papel cercano a la puerta. Sin dilaciôn va

a recogerlo y cuando lee lo que en êl habîa escrito pregûntale (a)quêlla:

----Y este poema lo escribiste tû?

----Lo copiê, lo copiê---responde Jancia a su vez que entrega una copita.

---Tiene algo que ver conmigo con ese ya puesto en marcha, por estar yo en ir

cuasi siempre, en un yendo con ayuda de velas.

----Quê barquero no irîa (a)lgûn lugar siendo barquero?

----Eso es cierto, pero tambiên hay barqueros inmôviles, sin velas.

----Cômo?, eso no lo entiendo.

----Te debo una explicaciôn que pronto te darê.

----De acuerdo, Hagapajitas, de acuerdo! Y dîgame: sabe usted dônde estâ esa

maleta?

----Ni idea tengo, pero intentarê encontrarla para mandârsela a Nausica.

----Un bello gesto de su parte. Y dîgame: quê hacemos con el cadâver?

----Enterrarlo!!, quê otra cosa si no...

----Y dônde?

----Eso dêjamelo a mî, ya encontrarê el lugar.

----Bueno, entonces dême la explicaciôn que me deberîa dar.

----Pues es êsta, escucha.




































































  











  








  
















    










   

Samstag, 25. September 2021

La cazuela de Vitelio (886)

   

           Un sentido de la creencia y un carâcter dubitativo rara vez entrelâzanse,

concîlianse, empero sî puede ser [con tremendîsima excepciôn] que por antojo,

capricho o temperamento recalcitrante fusiônense, quedando entonces una for-

ma de pastiche que, a conveniencia del que lo utiliza, pudiera ofrecer ciertas y

determinadas soluciones con las cuales no estarîa de acuerdo un representante

de la materia teolôgica. Mas para alongar la verba con peso y colorido deberîa-

se con una explicaciôn tempestiva clarar el porquê de lo anterior.

         Habrîa que empezar diciendo, preludio indefectible que asimismo aporta

algo mâs que un efîmero comienzo, que el tîo de Sabinsqui relacionôse benefi-

ciosamente con varios polîmatas, los que a su vez conocîa Vologeso, pero me-

nos  que por razones  (justamente) de corte porque dâbanle la posibilidad de la 

adquisiciôn gratuita de libros que contenîan disîmiles temas y dada la êpoca la

mayorîa escritos en lengua latina, razôn por la cual no habrîa que decir que ês-

ta fue la causa por la que Vologeso aprendiô tal lengua, la susodicha, la que se

apellida muerta. Con esta adquisiciôn, y parsimônicamente, Vologeso quedôle

la posibilidad de elegir entre prestar los libros a quienes pudiêranle pagar unos

sestercios  por hora o erigir una biblioteca a la que sôlo tuvieran acceso limita-

do el personal de la corte. Seguido al correspondiente pensamiento en el preci-

so instante que el pensar debe suceder, que tambiên es acciôn y definido asî y

por  los mismos polîmatas ya sacados a puesto, pareciôle muchitanto mejor lo

segundo, por lo que entonces no dilacionô en buscar un alarife que en funciôn

pusiêrase de construir la biblioteca. Una vez hallado êste, que no era celebêrri-

mo en Bedriaco por su fama mas sî respetado tanto por la especiosidad de sus

proyectos  como por la durabilidad de sus obras, Vologeso lo primerîsimo que

quiso saber fue el costo definitivo adjuntado del precio del espacio donde que-

darîa vertical la biblioteca. Una vez sabido fue aceptado, por lo que deberîa lo

mâs cêlere posible empezar el alarife con lo que deberîa hacer. Deberîase aña-

dir que gracias a la biblioteca apareciô la idea extra de junto con êsta hacer un

pasadizo secreto, dejando ostensible el alarife que el angosto paso quedaba y

como una dâdiva de êl a su majestad Vologeso. 

        El señor Brugnoli era uno de estos polîmatas, del que segûn dîcese domi-

naba tan bien la geometrîa como en Babilonia la astrologîa los representantes

mâs excelsos de pesquisas celestiales; era oriundo de Nueva Zembla y fue uno

de los compinches mâs cercanos al tîo de Sabinsqui, aunque con el pasar y del

tiempo  asimismo lo fue del flamen, al que conocîô en la corte de Vologeso en

una de sus visitas semanales. Pudiera decirse que este señor fue la causa deter-

minante  de que el tîo de Sabinsqui sintiera atracciôn por los llamados comple-

jos derivantes matemâticos expuestos en los Elementos, pero indudablemente

de una forma tan exquisita, que para detectar tales complejos la primera condi-

ciôn  menester no era otra que la de tener no buena, sino mirîfica ( o suntuosa)

vista, por no decir por extensiôn de ôrdago. Mas el tîo de Sabinsqui no tantîsi-

mo creyô en esto, lo que no quiere decir que hâyalo descartado y no tenido en

cuenta, sino que mâs bien dado al significante de su creencia, de que una capa

gruesa arde fina, transposiciôn que mientras estuvo a disposiciôn de mûltiples

oîdos jamâs fue captada ni celebrada de ninguna manera, perseverô en sus mo-

mentos de ocio hasta lograr dar con los complejos derivantes, pero sin que del

todo entendiêralos y sôlo en un mînimo porciento. Poniendo mâs tarde al tanto

de esto al señor Brugnoli, êste dêjale saber, barrûntale, comunîcale que no y se

desilusionara por carecer de la caracterîstica de vista susodicha, que mejor con-

tinuara  con los estudios y repasos, y en cada noche con cualesquiera de las co-

nocidas fases lunares, por lo que pregûntale el tîo de Sabisnqui: entonces ahora

no es cuestiôn de la vista, sino de constancia con una monografîa? Creo que de

momento no dêbese meter usted en los principios de contradicciôn, que ya bas-

tante tiene con los complejos derivantes, respôndele el señor Brugnoli. Sea co-

mo fuere, que tuvo que ser como fue, la cosa resalta, da un brinco y alcanza di-

ferente  posiciôn, y entonces serîa Sabinsqui quien pasada una sûmula de tiem-

po [que no hace falta decirla, como si tratârase de cuatro rosas y muchas mâs y

orquîdeas en primavera] ocûpase de la monografîa, ya que su tîo, todita y com-

pletamente, de êsta olvidôse. Ya estando pensionado êste, y un dîa en que Jûpi-

ter dictô presencia con una caravana de rayos, y a su vez que sacaba humo que

absorbîa  por su boca de un extraño aparato, hîzose la siguiente pregunta: Y en

realidad por quê sentî yo atracciôn por tales complejos derivantes, si realmente

sôlo fui un oficial de las huestes de Vologeso?

















 


 

 




 












   


Freitag, 24. September 2021

La cazuela de Vitelio (885)

      

           Cornelia, que por preparaciôn o continuo ejercitamiento tenîa mâs acer-

camiento al panteôn de los callados bruñimientos, sintiô, parcatôse de que pa-

decîa algo de atracciôn por el sosiego del centuriôn, algo de su posesiôn y pro-

piedad que pudiera analogarse con aquella quietud diamantina dejante favora-

blemente  de un ponderamiento necesario, o si no que un estado con el que da

igual que caîganse a bofetones agentes que discuten que estrepitosamente sue-

nen afuera cuatro matracas chinas. Mas hasta cierto punto reflexionô tambiên,

porque  no deberîa pasarse por alto por el oficio que tuvo la criatura de la que

hâblase, que tal calma puede (pudiera) proyectarse en edictos y mandatos con

determinado interês de domeñaciôn, si es que prevalecen actitudes de jaez in-

dômitas o de carâcter desdeñoso, dos formas que reflejadas en los terrenos en

que combâtese posiblemente serîan perniciosas, ya que de un sopetôn ocasio-

narîan  la disminuciôn del caso por la tropa por la verba responsable de estra-

têgicamente conducirla, si no a triunfos y conquistas, a un puesto tanto respe-

table cuanto que por distinciôn descolla en porciento mayor, a la par que lôgi-

ca y eufemîsticamente ensalzado por las lenguas mâs sopranas en el mundillo

de las huestes.

       Eutico divisando el cômo las retinas de Cornelia no dejaban de atisbar a

su arcaico compinche el centuriôn, menos que ocurrîrsele que trâtabase espe-

cificamente de un motivo cupidoso, edujo que tal observaciôn tenîa mâs bien

un significado de corte de atenciôn, lo que traducirîase como el propôsito de

Cornelia de transmitir una fuerza visual que busca imantar a retinas ajenas y

con  firmeza en su mantenciôn, quedando en el fondo por parte de ella la re-

sonancia  de una especie de desprecio hacia su propia persona, uno que y de

facto carecîa de comprobaciôn, de a raîz de un anâlisis contar con la comple-

ta y todita seguridad garantes de que tanto la desestimaciôn o el desaire real-

mente existen. Mas inesperadamente sucediô en el pensamiento de Eutico al-

go con lo cual viose embrollado, enredado, metido en red, acosado como por

tentâculos privados que oprimîanle la cabeza, y que a saber no es otra cosa en

funciôn activa, que la reminiscencia del aquel dîa en el que tuvo la acciôn de

empellonar a Dido en la roca Tarpeya estando embarazada, haciendo tanto pe-

riclitar su existencia y su embarazo (de Kosmos), y que gracias a las raîces y

gigantes  de las que agarrôse pudo salir del pernicio de raudo caer al intacho-

nable vacîo, a lo que seguido siguiô el halôn dado por las manos del sprintia,

las que definitivamente devolviêronle la tranquilidad, la calma, ya con la se-

guridad de que sus pies no estaban en el aire. Mas esta correlaciôn de una co-

rrelaciôn de una cosa con la otra obligô a Eutico a que profundizara en su te-

nido pensamiento, a que sacârale lascas, aunque la masa para êl no fuera, co-

mo  para Sabinsqui, algo tan relevante por lo ya dejado dicho, revelado y ex-

puesto en pâginas precedentes. A continuaciôn de un repaso coralino de la y

reciprocidad  en cuestiôn, llegôle a puesto, a colocaciôn la mîmesis de aque-

lla Dido por aquellos tiempos, y en los que como tal ella misma identifîcâba-

se como una criatura en soledad: su esposo habîale abandonado; y su madre,

Lolia Paulina, habîase ido con Cotisôn Alanda Coto sin dejar pistas de algûn

tipo, situaciôn que por sî misma y cargada de ôbices creôle un displacer cua-

si inllevable, del cual sôlo escapô ----no sirviêronle de mucho ni los consejos

dados por el flamen ni las homilias en privado---provocando una situaciôn y

patêtica para Eutico, que a su vez implicaba una llamada de la atenciôn hacia

sî  misma, mas precaria de la mesura que hubiese eludido la consecuencia al

borde de lo fatal, que si no cercano a su orilla, por decirlo justa y exactamen-

te de manera crayolada. Flagrantemento esto no justifica el hecho de que Eu-

tico haya caîdo en un acto vulgarote, mas si acaso lo retoca con un apunte es-

pecîfico  para hacer  comprender el porquê de que no todo haya sido la culpa

de êl mismo: hay cuestiones con las cuales prodûcese un aliciente que inelu-

diblemente incita a la acciôn: tener control sobre un hacer, no manifestar sû-

bito un impulso emotivo, dejarlo fluir sin tropiezos, que mengue su potencia-

lidad con la proposiciôn lo que va a suceder sucede, al parecer es digno, me-

nos que de un "pesimista que es un optimista por tener ya informaciôn", nor-

mal o tîpico de un ya experimentado centuriôn.  



 






 


    






  



  







 

Donnerstag, 23. September 2021

La cazuela de Vitelio (884)

        

       Seguido de explicarle a Eutico---- el centurîôn asimismo escuchô sin dejar 

calaña alguna de emotividad, algo que eludiô que fuese interrumpida la diluci-

daciôn con el uso de un comentario o de una oponencia con rimbombancia dis-

tinguida----respecto a eso de la masa como conformaciôn o entramado relevan-

te, aunque a pesar de esto Eutico haya entendido poco, menos que por ser com-

plicado lo oîdo por la verba utilizada y un tanto recargada con entimemas y re-

cursos retôricos lujosos; Sabinsqui, sin haber detectado el porquê o la causa in-

tachonable de un acopas movimiento, retorna (a)quellos varios campos destina-

dos  a la siembra y cultivo del elêboro con el telos de venderlo, que si no al por

mayor al por menor y como tal a un precio mâs alto, y en los cuales invirtiô in-

gentemente una sûmula de sestercios su majestad Vologeso,  A esto agrêgase la 

muchitanta o considerable fama que tuvo Bedriaco en aledañas partes como en

las  en lontananza, lo que hasta cierto punto lôgico acarreô que un montôn, pila

la y burujôn de interesados en la compra del elêboro viniesen con tal pertinente

objetivo. Pero habrîa que ver asimismo, que tales campos susodichos y exentos

de la duda de que eran poseedores del solvento contra los trastornos y fastidios

perniciosos para el ipsum, no eran garantes raudo del aumento del capital de su

majestad Vologeso con el pago del precio que tenîan los elêboros para los habi-

tantes del lugar, ya que el peculio que ganaban apretadamente alcanzaba para y

llegar  al fin del mes, por lo cual la adquisiciôn de los sustentos de jaez lujosos

si acaso en sueños dejaba alguna imago, lo que por extensiôn serîa una imagen

con efîmera resonancia. Quedarîale a Sabinsqui el tener en cuenta el posible y

hecho de que cuasi siempre hay excepciôn, y que igual pensarla a trancas y ba-

rrancas que como un eventâ que sucede en un periquete, y en funciôn absoluta

de favorecer con notable diferencia el crecimiento del capital de Vologeso, que

es lo desigual a partir de la exclusiôn con la que avanza un agente aunque no y

llêguese al privilegio ni al âgape de una corte; mas como delicadeza de su acti-

vado magîn piensa:


llego a conclusiôn penetrando en lo anterior----no en lo posterior que necesita

tiempo para echar raîces----yendo hacia detrâs, a la zaga, hundiêndome en un

precedente, recordando y reconociendo, mas consciente estoy, quedo, de que 

trâtase de una  hybrida conclusio; y entonces, menos que limpia, pura e impo-

luta,  necesaria, imprescindible para engendrar un pastiche que sîrveme como

aliciente para continuar en lûdico, en êl y con êl.


    


 




 



  



   

Mittwoch, 22. September 2021

La cazuela de Vitelio (883)

      

         Habrîa que ver que si Teariôn y Kosmithôs opônense en lo atinente a la

direcciôn (êste venîa de palacio rumbo a la Kosmona; aquêl de la Kosmona a

palacio), en  lo  referente a la condiciôn o categorîa iguâlanse, porque los dos,

ambos son padres, y como tal ya tienen responsabilidad perpetua, perenne.

----Quê causalidad que te haya encontrado, que me crucê contigo.

----Causalidad, Teariôn?, explîcate!!----pide Kosmithôs.

----Es que me acaba de preguntar tu padre por ti, y yo le dije que estabas con-

versando con Dido.

----Pues de mi parte no hay ninguna causalidad, sino que te buscaba para ba-

rruntarte que ya eres padre al igual que yo...

----En serio, Kosmithôs, en serio?

----Cômo va a ser mentira una seriedad como êsa que forma parte ya de esta y

realidad que hace posible la verdad de una cosa?

-----Verdad necesaria o verdad de hecho?

-----Por los lares capitales!!, es verdad que la Kosmona contagia a muchos.

-----Ja!!, y tû que pareces un contertulio por lo ûltimo que dijiste.

-----Pudiera ser no mentita, no imposible.

-----Pero, Kosmithôs, ya tû eres padre y a su vez tîo: quê me dices?

-----Que quê te digo?, mejor ni lo pronuncio, lo emboco...

-----Emboco?, suena raro eso, extraño, inusual, etc...

-----Acabo de inventar la palabra, porque pensê que te darîas cuenta que decir-

cirte querîa de que no ponîa en boca la respuesta a tu pregunta.

-----Pero tû que has avanzado tanto con el lenguaje lo traicionas con un inven-

to como êse?

----Gracias por decirme indirectamente felôn, pero te aclaro que de felonîa na-

da, quê va!!, sôlo un jueguito con el que se divierte la lengua, eso.

----Ja!!, esa palabra: jueguito!! Y cuândo parieron nuestras mujeres?

----Hace como una hora mâs o menos, Sunev; como cuarenta y cinco minutos

la campesina, mi hermana.

----Y tû te has demorado tanto para decîrmelo?

----Cômo voy a decîrtelo si no te habîa encontrado?

----Contra verdad, tienes razôn.

----Y dime, hembra o varôn mi retoño?

----Recoño, hembra!!, pero el mîo varôn.

----Recoño?, bueno, es igual. Y ya tienes pensado el nombre?

----Kôsmythos, Teariôn, Kôsmythos!!

----Muy parecido al nombre de su padre.

----Descubriste el agua hirviendo.

----Sabes una cosa?

----Cuando la digas la sabrê.

----Que habîa pensado un nombre femenino, no uno masculino.

----Y por quê uno y no el otro?

----Quiên puede saber eso?

----Cômo que quiên?, tû mismo. Y cuâl es el fêmino?

----Ateriana, Ateriana!!

----Y ya lo sabe mi hermana, la campesina?

----Y lo supo Sunev el de Kôsmythos?

----Sospecho que por lo que me preguntas la campesina no sabe nada.

----Y sabiêndolo ya, quê dijo Sunev?

----Ni rechazo, ni querella ni lamento temporal.

----Ojalâ tenga la misma suerte cuando lo sepa tu hermana.

----No creo que te forme problema, si acaso alguna disputa.

----Quê burlôn que me has salido.

----Y risas de Kosmithôs que dice: bueno, me dirijo a la Kosmona para ba-

rruntarle a los contertulios del nacimiento de Kôsmythos.

----Y yo a palacio para contemplar el nacimiento---dice Teariôn que indaga:

Y eso que no estâs con el corcel asturiano?

----Porque estaba sofocado y lo dejê descansar.

----Bueno me voy, y ya nos veremos.

----Vete, que ya te vi y te verê!!


       Siete minutos despuês llega Kosmithôs a la Kosmona, da la noticia; y se-

guido, a ultranza porque la duda ni en un porciento mînimo apareciô, amplifi-

ca Kosmos:

---Câspita!!, y nosotros que sostenîamos la perîstasis del eventâ, del aconteci-

miento.

---Tû padre ya, si pareces nacido el otro dîa, Kosmithôs? Quê, un minuto de y

silencio o aplausos?----pregunta el didâscalos filosôfico.

---Rîanse mejor, que es lo que repite el juego por costumbre---dice Kosmithôs

riêndose.

----Pues pido una risa, que todos rîanse, y a fanegadas la carcajada---dice Kos-

mos.

----Y Kosmos abuelo!!----afirma el tîo de Kosmos.

----Quê si no si hace tiempo nacî, mi incunabula ya tiene barba.

----Si no quê otra cosa de ti escuchar de las que mâs pinceladas son.

----Pero Teariôn tambiên es padre, tuvo una niña---suelta Kosmithôs.

----Por cuestiones de circularidad te lo encontraste en el camino, no?

----Circularidad, Kosmos?

----Porque el mundo es un cîrculo que llâmasele pequeño.

----Vaya tû, metâforas y conclusiones. Pero en fin, sî, me tropecê con Teariôn

y le di la noticia del nacimiento de su hija.

----Y cuâl es el ônoma de la nacida?----pregunta el tîo de Kosmos.

----Ateriana, pero ahora hay que ver si mi hermana acepta el nombre.

----Aquî se forma ahora un eventâ identidario a consecuencia de los ônomas.

----Quê usted quiere decir con eso, didâscalos?---fisga Kosmithôs.

----Helo aquî: Kosmos-Kosmithôs-Kôsmythos! Trîo de K.

----Digamos entonces que, y entre otras cosas, mas a partir de la numeral cêl-

tica, que hay una inclusiôn de tres estados: recuêrdanse ustedes de la triple y

deidad, la poseedora de êstos?---pregunta Kosmos.

----Te refieres a la Triple diosa, Kosmos?----pregunta Vercingetorix.

----Acâbolo (de)cir, por quê la pregunta?

----Porque no lo sabîa.

----Nôtase que usted lleva tiempo en la Kosmona, êsa es la res, êsa!!---y risas

de Kosmos.

----Cômo si no conociese tus trampas, mañas y artimañas.

----Y retorno de la risa de Kosmos.

----Y cômo te sientes. Kosmithôs, padre y tîo?----pregunta el didâscalos filosô-

fico.

----No lo sê, acabo de empezar a serlo.

----Ser se empieza a ser o ya se ha tenido siêndolo por ser un Ser el que es?

----Cômo, quê usted acaba (de)cir?

----Estâ usted jugando, didâscalos?----pregunta Perrasiestes de Mocarês.

----Mondo lirondo que hay complejidad en el fondo!---afirma Kosmos.

----Eureka!!, y desde cuândo en la superficie?---pregunta el didâscalos filosô-

fico.

---Contertulios, esto hay que celebrarlo, que es un eventâ---dice el tîo de Kos-

mos.

----Usted ve, eso sî que es mâs fâcil de entender, cômo no---dice Perrasiestes.






















 

























    





Montag, 20. September 2021

La cazuela de Vitelio (882)

     

         Non plus ultra de lo detallado por Teariôn sobre el onîrico tenido, detalla-

miento que no contô con la riqueza *acroamaticas con la que suele manejarse la

manera o modalidad pedagôgica de la Kosmona, Kosmos amplifica que tambiên

un onîrico forma parte del eventâ (sîntomas por el decir de Epicuro), del aconte-

cimiento, y como tal al caracterizarle una puntualidad tremenda ni llega tarde ni

temprano, sino el momento adecuado, propicio (tempestivo) en que algo debiera

pasar, suceder o acaecer, fuese ya por una determinaciôn oculta o por un tejema-

neje de alguna entidad con potencia, o con el basto vigor (como) para engendrar-

lo, a pesar de las oponencias de ciertas creencias y de posibles anomalîas que no

tienen reparaciôn. Ahora bien, porque la cosa no termina aquî, el eventâ tambiên

podrîa suceder como simultaneidad; menos que como una coincidencia, como y

algo que desarrôllase y entra en escena al mismo tiempo que otra representaciôn

ya empezada, sin que sea la tramoya necesariamente menester, a no ser que êsta

sea sustituida por un paisaje de trasfondo por alguna criatura con pudiente imagi-

naciôn, con ese tipo de estro capaz de convertirlo todo en un medio para lograr o

conseguir un fin, una meta.

---Eso, Kosmos, de una determinaciôn oculta o un tejemaneje de alguna entidad

oculta, deja como un fastidio de testa bastante crecidito---dice Perrasiestes.

---No olvîdese usted que cada testa tendrîa fastidio a partir de lo que alcanzase a

pensar o no, lo que viene siendo como un lîmite, el responsable o acarreante del

fastidio susodicho.

---A mî me gustarîa decir una cosa---dice el tîo de Kosmos.

---Amplifîquela, amplifîquela---pide Kosmos.

---Nihil est in intellectu quod non fuerit in sensus.

---Câspita!!, que no extrâñame un axioma como êse entre nosotros; es coralina-

mente vâlido; encaja requetebien y no suelta plumas...

----Cômo que no suelta plumas?---pregunta Perrasiestes.

----Perrasiestes, puêdesele echar agua caliente a un axioma?---pregunta Kosmos.

----Claro que no, es imposible.

----Pero para soltar plumas tendrîa que tenerla, por lo que la pregunta pertinente

serîa: quê, un axioma con plumas?---dice el didâscalos filosôfico.

----Es que Perrasiestes es muy emotivo, de ahî que embâlese a preguntar sin un

previo anâlisis diamantino de la verba expuesta---considera Kosmos.

----Esa relaciôn que tienen ustedes funciona de maravillas, no?

----Cuâl de las dos tipos de relaciôn, Perrasiestes?

----No puedo responder esa pregunta porque no lo sê.

----Aquî los dos tipos: de comparaciôn o de concurrencia---revela el didâscalos fi-

losôfico.

----Entonces, Perrasiestes, cuâl entonces?----fisga Kosmos.

----Quê sê yo, para mî es igual.

----Y risas de Kosmos y del didâscalos filosôfico.


      Retomaba el didâscalos filosôfico eso de que el pensar pudiera ser un lîmite,

o lo que limita, lo limitante, aunque tambiên lo limitado, que entonces serîa fini-

to, que procesa una capacidad determinada de conocimiento, o de retazos de re-

sonancias tenidas a priori y a posteriori, lo que producirîa una especie de combi-

naciôn -----hay abstracciones que tambiên son el producto de algo que resulta la

soluciôn final a lo que en pastiche fundamenta lo teôrico y lo prâctico, o sea, eso

que pasa en el intelecto y en lo empîrico, reforzando aquêl la entelequia; êste in-

dubitablemente aspectos existenciales expuestos a lo que no mantiênese, que se-

rîa cuasi lo mismo a decir, que al cambio y por ser lo ûnico perdurable ( o que y

lo que perdura) en lo ancho y largo de una realidad concreta-----entre lo que pre-

cediô a la experiencia y lo procedente a êsta. 

      Mas Kosmos, ampliando un poco mâs en lo atinente al eventâ, sin descartar

lo anteriormente amplificado por el didâscalos filosôfico, lo que pudiera apuntar

hacia una direcciôn preestablecida por la conciencia del pensante, del agente que

participa volitivamente en una secuencia proyectiva, y que de dando en el hito ni

reduce lo procesado ni lo desdeña a pesar de la precariedad de la debida compro-

baciôn, sostiene que el acontecimiento, por extensiôn, como un orden implicado

entre la cosa y el fenômeno, organiza elementos de un caos o del vacîo necesario

para que haya movimiento, por lo que quedarîa flagrante que la presencia del im-

pulso hace posible la interacciôn, la reciprocidad activa de sustancias oponentes,

aunque tambiên apoderadas de un conocimiento finito, que con experiencia o no

es una dadorîa o un aliciente que terminan por influir en la capacidad asimilativa 

del agente que piensa, y que de consuno con lo que piense serîa capaz  (o estarîa

capacitado) para entrar en movimiento, o que si no para engendrarlo.

---Hasta cierto punto, Kosmos, te acabas de re-proyectar con eso de la capacidad

asimilativa del agente pensante, capacitado para no quedarse inmôvil.

--Câspita, didâscalos, êsa no fue mi intenciôn de volverme a eyectar, mas sî creo 

que si usted lo ha visto asî, de tal manera, no es por otra cosa que por la idea del

ojo asomante---dice Kosmos.

---Te dirîa que no por el par(a)trâs, que serîa una perogrullada de mi parte decirlo

por eso. Cômo crees que algo tan fâcil saltarîa como burbuja en mi pensar?

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, que usted pôneme a pen-

sar--- dice Kosmos que agrega: contra, ahora soy yo el que dice que mi decir es

una perogrullada.

----No me digan, verdad que fâcil la barbaridad planteada por Kosmos?

----Teariôn, nôtase de que usted no estâ acostumbrado a la acroamatîcas de la y

Kosmona---suelta Kosmos.

----A la quê?, vaya raras palabras que tû conoces...

----De acostumbrarse, Teariôn, con el tiempo conocerîas lo llamado prolepsis.

----Cômo, didâscalos?

----Teariôn, que por acâ conviêrtense en ârbol las semina aternitatis y la verba en

îtem zopyra---amplifica Kosmos.

----Saben quê?, me voy, que ustedes manejan un lenguaje muy complicado.

----Por tercera vez aparece la palabra perogrullada---dice el didâscalos filosôfico.

----Previo a la retirada, dime una cosa, Teariôn?

----Quê, Kosmos, quê?

----Has visto por causalidad a Kosmithôs?

----Estaba conversando con Dido, no sê mâs.

----Câspita!!, que por lo menos sabes algo.

----Y risas del didâscalos filosôfico.

----Bueno, me retiro, adiôs!!

----Age, Teariôn, age!!
















 



 








 















Sonntag, 19. September 2021

La cazuela de Vitelio (881)

       

       Pandolfo Colunnecio conoce a Atabân a raîz de la presentaciôn de êste por

su hermano Flacius Ilyricus. Tal presentaciôn fue la causa de un alongado sus-

piro de Pandolfo, ya que ni en sueños tuvo la ocasiôn tempestiva de verse tan-

tîsimamente cerca del primer jefe de la tribu germânica, a su vez que por ethos

de la tribu escuchando un continuo toque de cuerno, el que sonaba con una so-

la nota y anunciando el encuentro entre el jefe y un guerrero cualquiera, menos

que con uno con cierta gradaciôn, ya que en este caso era disîmil el toque suso-

dicho, o sea, con interrupciones, mas siendo la nota siempre la misma. Mas po-

drîase decir sobre el pucho, si es que tiênese en cuenta aspectos concretos de 

correspondencia, algo asî como una correlaciôn indeleble entre quien manda y

quien obedece; que Atabân, aunque su memoria no llegase tan lejos para recor-

dar a un jovenzuelo que desde sus edades tempranas ya formaba parte de la tri-

bu y haciendo periclitar su vida en promaquias tanto entre zarzas agresivas co-

mo en terrenos anômalos y bosquecillos con sombras perniciosas, por no decir

que entre zalagardas difîciles de salir, por lo cual ser de rigor resultaba la cues-

tiôn de entrar en liza con el adversario con un estudio o repaso a priori o de la

zona  o de la geografîa  (llana, con montîculos o con sûmula de escollos), ade-

cuada, que no trâtase  de tal guisa de un difuso acotado en su uso por un expo-

nente inconcluso, sino de lo contrario por tener que ver con la precisiôn, supre-

mo câlculo que salva y beneficia, sintiô algo asî como un benevolente intrînse-

co  que incitôlo (a)berturar su mano derecha como sîmbolo de agradecimiento,

aunque tambiên de consideraciôn hacia quien durante muchitanto tiempo expu-

so en lo empîrico su posible existencial al tiro desmedido de una lluvia no sôlo

de flechas, sino que tambiên de otras armas lanzadas en tropel y al por mayor.

----Si ya estar cerca de usted, Atabân, es algo grandioso para mî, que me dê su

mano derecha es algo doble en su magnitud---dice Pandolfo Colunnecio.

----Acojo sus palabras sin tomarlas como halago, porque en sus ojos no hay la

estrategia que enfocan muchos para ganarse la simpatîa del otro, la aceptaciôn

y la amistad, un puesto con distinciôn o un posible privilegio.

----Es cierto, Atabân, ademâs que nunca esa estrategia pasô a formar parte de

ninguna de mis intenciones metodolôgicas con un fin preciso, una meta espe-

cîfica o una planificaciôn repasada.

----Usted habla bien, Pandolfo, su exposiciôn verbal compârola con la de y un

orador arcaico; califîcola de muy buena en profundidad y color, que yo sê lo y

que digo porque mi decir no estâ muy lejos del de usted, aunque por mi expe-

riencia diferiêncese en el aspecto fonêtico, sonido lenguado que ocasiona o es

dejante de un impacto.

----Ya escucho su cercanîa, Atabân; penetra por mis oîdos sin dudas de que y

asî es en la valoraciôn que usted le ha dado, o en la clasificaciôn tal vez.

----Quiero decirle que Flacius Ilyricus, mi hermano, me (ha)blado muy bien y

de usted, sin un mâs y un menos, sino lo justo, que es la medida adecuada en-

tre el exceso y el defecto: comprende usted lo que le digo?

----Cômo no, Atabân, claro que le comprendo; y dirîa mâs, le aplaudo su decir

por sacar dos oponentes que pertenecen a una fîgura pensante conspicua.

----Bravo, Pandolfo, bravo!!, nôtase que usted ha estudiado, que ha hecho un y

esfuerzo por penetrar en una senil materia, de lo que sale que usted inclînase y

por lo difîcil menos que por lo fâcil que al fin y al cabo no acicatea...

----Lo ha dejado dicho, Atabân: lo difîcil necesita esfuerzo, del que sale el estî-

mulo.

----Pues sabe usted una cosa, Pandolfo, de nuevo le doy la misma mano, se la y

merece.

---Gracias, Atabân, gracias!!

---Bueno, ahora venga con nosotros, que el momento es de tragos, de tintineo y

de copas, de celebraciôn y brindis por el tiempo de triunfos y conquistas de la y

tribu germânica.

----Con gusto voy, Atabân, y con su hermano, cômo no, y hasta a suspirar vuel-

vo.


      Por otro de los sucuchos, por no decir que entre los que hay uno en especîfi-

co  en la corte de Podacres, ademâs que con su sombra pertinente y su caracteri-

zaciôn crîptica, Akalistôn y Meleto continuaban divirtiêndose por la situaciôn y

precisa que acarreâronle a Anaxîmetro de Apolonia (el ex-tabernero de la ciudad

del ocio, Apragôplois), lo que dentro del corpus narrativo salîo a relucir como la

simultaneidad creada por ellos, o que gracias a ellos pudo ser mâgicamente posi-

ble a partir de la posibilidad que tienen a su alcance de engendrar de sopetôn una

forma paralela de fluencia de acontecimientos, la que recayô en Anaxîmetro inci-

tândolo a que hurtara la maleta que perteneciô a Akalistôn con el fin de venderla,

y que estaba en la barca del barquero de la misma ciudad por haber sido inespera-

damente hallada por êste en pleno flote en la mar, asimismo que con unos papeles

dentro con apuntes y datos escritos por la mano de Akalistôn, descollando entre y

algunos de êstos, como ya dîjose, la sûmula de sestercios pagada a Akalistôn por

Cotisôn Alanda Coto, y con el objetivo de que dejara definitivamente los encuen-

tros secretos cupidosos con su esposa Lolia Paulina, aunque desconociendo total-

mente Anaxîmetro de Apolonia quiênes eran estos personajes susodichos. Pero y

como Anaxîmetro sî sabîa, por haberlo escuchado en la taberna, que la maleta la

ûltima criatura que tûvola en sus manos fue Nausica, como que tambiên fuele de

su poder arrebatada por las gigantes olas que cayeron sobre la isla de Aphros, de-

cidiô  antes de venderla ir a visitar a Jancia [ sin  pasar por alto que donde actual-

mente  residîa  êsta  tambiên Sarambo, su enemigo tildado por haberle quitado el

puesto de tabernero], la âcratica amiga de Nausica, y con la justa intenciôn de sa-

carle algûn barrunte respecto a quiênes eran Cotisôn y Lolia Paulina, ônomas que

raudo sonâronle de jaez mayestâtico; lo que implica, como tal, la asociaciôn debi-

da con joyas y dinero. Al rato, y al mismo sucucho, llega Ânito, el que al enterar-

se de lo que estaba pasando dîcele a Akalistôn:

----Ya veo en todo esto una forma de venganza, pero si Anaxîmetro hizo lo que e

hizo no fue su idea sino la mîa; el fue sôlo mi marioneta.

----Eso ya lo sabemos, Ânito, pero contra usted ya no podemos vengarnos---dice

Akalistôn.

----De poder si pueden, pero no surtirâ efecto.

----Y de quê vale una venganza que carezca de efecto?

----Que dejarîa de ser dulce.

----Usted hablando de sabores cuando nunca tuvo ninguno?

---Quê usted dice, Akalistôn, eso no es cierto, no, quê va!!, que si no pregûntele 

a  Meleto que me conoce mejor.

----Si Meleto, êste que estâ aquî, fue tambiên de usted una marioneta...

----Cômo, yo tambiên esa cosa, Akalistôn?---pregunta Meleto.

----Pues sî, Meleto, y no otra, la misma que acaba de escuchar.

---Vaya bullicio el que ustedes tienen formado. A quê dêbese?---indaga Atabân y

llegando con Flacius Ilyricus y Pandolfo Colunnecio.

----Me han llamado marioneta de Ânito, Atabân, quê usted cree?---dice Meleto.

----Que es tan cierto como que lo han asî llamado.

----Y usted, Flacius, quê dice?---vuelve a preguntar Meleto.

----Lo mismo dicho por mi hermano.

----Ve usted, Meleto, tres no pueden estar equivocados---suelta Akalistôn.

----Y êste quiên es, que no lo conozco?---pregunta Ânito mirando a Pandolfo.

----El tercer jefe, y ûltimo, de la tribu germânica---responde Flacius Ilyricus.

----Vaya, otro para sumarlo a la lista de mis enemigos.

----Ânito, ya usted sabe que eso no tiene sentido, asî que mejor tomêmosnos y

unas copas, celebremos otros sucesos---dice Atabân.

----Pues a las copas entonces, vamos por ellas.


























 







 

























  




  

Mittwoch, 15. September 2021

La cazuela de Vitelio (880)

    

        Sabinsqui clara, mirando de hito en hito a Cornelia, que la masa siempre

fue para êl una conformaciôn o un entramado relevante, ya que al contener un

sustento imprescindible con una cantidad determinada, y la que de acuerdo a

su magnitud pondrîale un lîmite a la sumatoria de comensales como asimismo

a la de platos que serîa posible en una mesa, siempre como que deja una satis-

facciôn menester en el gaznate (o gargero) del que la disfruta, dando igual del

tipo que sea y la manera con la que ornamêntase en funciôn de un atractivo, o

de un toque estêtico para engendrar (la) seducciôn.

----Espêrese un momento, Sabinsqui, que de la masa que usted habla, a la que

se refiere es completamente disîmil de la que yo saquê a puesto, a colocaciôn.

----Sin duda alguna, Cornelia, pero la palabra masa, como tal, resonô en mis y

oîdos como la de herencia en la escucha del secretario---señala Sabinsqui.       

 

( interviene la voz para decir: la palabra RESONANCIA es indefectible)


---Debo aclararle, Sabinsqui, que la palabra resonancia es la misma, mas tiene

su diferencia de vibraciôn de acuerdo o en dependencia al lugar donde efecto

surte---dice el secretario que agrega: o sea, donde como posible es captada se-

guido a su causa, a la pronunciaciôn.

---Mire usted, secretario, que si las pruebas sirven en aritmêtica para eludir los 

errores de câlculo cuando el razonamiento es largo, lo diferencial vibratorio es

funcional para quien le importe por la razôn que sea.

----No hace falta, es necesario que me preguntê si lo entendî, Sabinsqui, claro

que no...

----Quê bien!!, benefîciame usted con el ahorro de preguntas, aunque en este y

caso trâtese de un singular.

---El ahorro de preguntas?, mire las cosas que se le ocurren a usted, Sabinsqui,

nunca oî una cosa como asî.

----Pues sepa usted, Posides, que tambiên las preguntas se pueden ahorrar...

---Sabinsqui, entonces las preguntas son como un capital que no se debe despil-

farrare o malgastarse asî por asî?----pregunta Cornelia.

----Algo como eso, Cornelia, mas no precisamente eso.

----Se comprende que si es algo no hace falta seguir con un pero para sacar y a

relucir un adverbio...

----El que a un verbo modifica!!----afirma el secretario.

----Y desde cuândo, secretario, nosotros entramos en pedagogîa?

----Cornelia, su pregunta es un poco desajustada, porque usted acaba de hacer y

un enfoque un tanto escolâstico, o escolero, para decirlo mâs poêtico.

---Secretario, no quiere usted participar en este lûdico con los arilos del Taxus?

----Quê me pregunta usted, eunuco Posides, que yo nunca he sido un amante de

los juegos?

----Ah no?, usted se le ha olvidado algo...

----Quê?, eso no es cierto, quê va!!, no lo es.

----Y quê me dice de cuando jugamos usted, Eutico y yo en la ergâstula al ser y

reos de Dido..

----Cierto, mas eso fue por aburrimiento, no por otra cosa...

----La necesidad obliga---suelta Sabinsqui.

----Cuâl necesidad, Sabinsqui?

----La de entretenerse, no?

----Bueno, si usted llâmale necesidad al entretenimiento...


(acopas agrêganse a los presentes el par formado por el centuriôn y Eutico)


---Al parecer la palabra ERGÂSTULA llegô a oîdos de los llegantes----dice y el

eunuco Posides: uno el salvador del trîo encerrado en la ergâstula; el otro uno de

los reos.

---No creo que haya sido por resonancia, sino porque Casandra nos encomendô y

la tarea de buscarte, ya que su padre quiere encerrar a ese pajarraco---dîcele Euti-

co al eunuco Posides.

---Y por quê el padre de Casandra quiere meter en jaula al guacamayo polîcromo?

---Porque ha defecado por toda la corte, por lo que êsta estâ llena de cropolitos.

---Eso no es cierto porque el guacamayo no saliô de mi cuarto.

---Cuando usted estuvo en êl no, Posides, pero recuerde que usted y yo vinimos y

sin el guacamayo que llegô despuês---dice Cornelia.

----Entonces puede ser que haya defecado en lo que vino volando hacia acâ.

---Es posible porque los pajarracos tambiên defecan cuando vuelan---dice el cen-

turiôn.

----Menos mal que nuestras cabezas ya estaban aquî---humoriza Cornelia.

----El salvador del trîo Posides, quê usted quiso decir con eso?---indaga Sabinsqui,

----El que nos sacô de la ergâstula y nos devolviô la libertad...

----Acâ, mi viejo y valeroso amigo, y el que comprâbame las estatuillas antes de y

llegar a ser centuriôn---dice Eutico abrazando al centuriôn.

----Te acuerdas de aquellos tiempos y yo llegando al barrio de los Sigilarios?

----Cômo no, centuriôn, cômo no!!---afirma Eutico con cierta alegrîa en el rostro.

----Y por quê ustedes fueron reos de la reina, quê hicieron, de quê fueron acusados?

----Es igual, Sabinsqui, que la causa hace un montôn que el viento se la llevô...

----Pero, Posides, yo quiero saberla, por quê no me la dices?

----Allende de actor no serâ usted, Sabinsqui, un tanto chismoso?

----Mejor no le respondo, Cornelia, dejo quieta la lengua, estâtica, sin movimiento.

----Recuerdo que esa noche jugâbamos a los dados, y que Eutico sacô la tirada del

perro....

----Mire usted, Posides, yo no me acordaba de eso---dice Eutico.

----Y de cuâl noche usted habla, Posides?---indaga Sabinsqui.

----De la del salvamento, de êsa [....] era de noche cuando el centuriôn nos sacô de

la ergâstula.

----Ya noto, percibo y capto que usted responde lo que le da la gana.

----Y usted, Sabinsqui, responde a todo lo que le preguntan, aun no teniendo las y

ganas de hacerlo?

----Me sorprende, Posides, que usted sîgale el jueguito semântico a Sabinsqui, que

ya nosotros tenemos otra preparaciôn y adquirida en el sistema donde todo es posi-

ble---señala Cornelia.

----Le sorprende, Cornelia, y desde cuândo es usted filôsofa?

----Y sôlo los filôsofos se sorprenden, Posides?

----Si hubiese utilizado otra palabra tal vez llamarîala carpintera....

----Cornelia, la intenciôn de Posides no fue otra, que la (de)jar destacado que la pa-

labra sorprende, asimismo que la de asombro, son parte relevante en el vocabulario

de los filôsofos---clara el centuriôn.

----Y entonces con cuâl palabra pudiêraseme llamar carpintera?---fisga Cornelia.

----Usted hablô de la preparaciôn que adquirimos en el sistema donde todo es posi-

ble, y, sin embargo, es usted ahora la que sigue mi jueguito?---pregunta Posides.

----Pero en quê quedamos: es parte la palabra de un vocabulario filosôfico o de un

jueguito de su propiedad?----pregunta Cornelia dândole golpecitos en el hombro a

Posides.

----Esto como que va conduciendo a una disputa verbal---considera Sabinsqui.

----Disputa nosotros??, no, quê va, quê dice, es un imposible...

----Y êste dônde se adquiere, en cuâl sistema, Posides?

----Ya noto, percibo y capto que a usted sî que le gusta jugar.

----Y risas de Sabinsqui.

----Bueno, a ver, quiên mâs participa en el lûdico con los arilos del Taxus?--indaga

Cornelia.

---Yo me tengo que ir para entregarle al padre de Casandra el guacamayo sanciona-

do---dice el eunuco Posides.

----Y yo te sigo, que, como dije, no soy amante de los juegos---suelta el secretario.

----Yo me quedo y me uno al juego---dice Eutico.

----Y yo tambiên---agrega el centuriôn.

----Entonces ahora la masa es de cuatro, de cuarteto---dice Sabinsqui.

----Sî, ya sê que la masa siempre fue para usted una conformaciôn o un entramado

relevante----dice Cornelia.

----Las mismas palabras con las que empecê: suntuosa memoria!!---afirma Sabins-

qui.

----De quê empezar y palabras estân hablando?----pregunta Eutico.

----Juguemos, que les explico---dice Sabinsqui.



















 



























 

 



 





Samstag, 11. September 2021

La cazuela de Vitelio (879)

     El viejo integrante de la decuria de escribas al servicio de ediles y cuetores,

el secretario, ûnese al trîo entregado a la actividad lûdica con los arilos del Ta-

xus. Menos que interesado en el lûdico como tal, sino mâs bien por haberle y

llegado  la resonancia de la palabra herencia, sin esperar la culminaciôn de la

cuarta tirada correspondinte a Sabinsqui, raudo pregûntale a êste:

----Señor, y tal herencia de quê tipo es?

----Cômo que de quê tipo es, acaso una herencia es de algûn tipo [...] quê, la

herencia no es de una sola forma: una herencia?

----Se nota que usted de los tipos no sabe nada, algo que facilitarîale la perti-

nente "distinciôn".

----A ver señor....?

----Secretario, se-cre- ta-rio!!

----Pues diga usted, señor secretario, de los tipos que son.

----Homôloga y desemejante o de transformaciôn.

----Y en quê se diferencian ambas?

----La primera estâ bien determinada; la segunda, es de carâcter difuso y defi-

nidora de una familia con determinada patologîa....

----Ah, pues entonces, y a partir de lo que usted acaba (de)cir, mâs bien la mîa

entonces es homôloga, porque no tuve ninguna familia con esa caracterîstica.

----Usted conociô bien a su familia, señor Sabinsqui?

----Claro que sî!!, cômo no?, fuera ya el colmo que usted la haya conocido me-

jor que yo...

----El colmo?, mâs bien lo que conocî fue el culmen de un proceso.

----Quê?, de cuâl proceso usted habla, secretario?

----Sabinsqui, que nosotros sabemos que todo es posible---suelta Cornelia.

----No me diga, verdad, y de dônde lo saben?

----Un tanto compleja serîa la respuesta, asî que de momento olvîdese de la he-

cha pregunta, y entonces serîa mejor seguir jugando.

----Pues efectuô la cuarta tirada, a ver cuâl numeral sale.

----Y eso usted por aquî, secretario?---pregunta el eunuco Posides.

----Atrayente sonora vibraciôn de una palabra. Y de dônde usted saco ese paja-

rraco?

----De mi cuarto, secretario, de mi cuarto. Acaso todo no es posible?

----Sin duda alguna, sin alguna duda, indudable [...] con nuestra experiencia lo

imposible no existe, lo que resulta al revês de lo que en otro lugar sucede por y

cuestiôn de corto alcance o percepciôn reducida.

----Quê olvido ya de ese otro lugar: ustedes se acuerdan?---indaga Cornelia.

----De cuâl otro lugar usted habla, Cornelia?

----La pregunta no era para usted, Sabinsqui.

----Cornelia, del lugar tal vez, mas no de los integrantes----dice el eunuco Posi-

des.

----Pues saben quê?

----Quê, secretario, quê?

----Que la mîa ya estâ recobrada, o sea, que tanto de los integrantes como del y

lugar, mi memoria se acuerda.

----Entonces usted, secretario, la perdiô?---pregunta Sabinsqui.

----Al principio de la llegada sî, como pâsale a una gran mayorîa de llegantes a

ese otro lugar.

----Vaya intriga la de ustedes, constancia en la mantenciôn de un enigma.

----Si usted supiera, Sabinsqui, lo que deberîa saber, saberîa mâs.

----Dêjese de hipotêtico, secretario, que yo si sê lo que sê...

----Seguro, Sabinsqui, seguro?, usted que acêrcase a una imago protegida por un

cîrculo, o que tiene la posibilidad de encontrarse con ella.

----Secretario, sê adônde usted quiere llegar; pero, algo en lo que creo sin cavila-

ciôn alguna, en la misma masa estâ envuelto todo, habiendo para algunos una de 

êsta parte y para otros otra----señala Cornelia.

----En fin, gente, aquî estâ la tirada: quê me dicen?

----Que la numeral, como producto de la sumatoria, tiene relaciôn con la parte y

de la masa que a usted le corresponde---acentûa el secretario.

----Cômo, cômo se explica eso?

----Dêjese llevar, Sabinsqui, no ponga resistencia, piênsese una plumela y crêase

su materia: va de un lugar a otro con facilidad porque no es plûmbea.

----Ustedes sî que estân sumamente arrebatados, locos!!

----Y risas de los presentes.


      Simultâneamente sucede que, no obstante de la negaciôn sostenida por razo-

nes  de disciplina, disciplinarias, Anaxîmetro de Apolonia, el  ex-tabernero de la 

taberna de la ciudad del ocio, decide ir a ver a Hagapajitas de Falogracia, el bar-

quero de la ciudad del ocio, para que dêjelo de nuevo ganarse el peculio limpian-

do su barca. Mas sucediô que al llegar a la embarcaciôn êste no estaba; y que ês-

ta, por cuestiones de la corriente, movîase de un lado a otro, mas de una forma y

tan ritmâtica que pudiera pensarse que el movimiento estaba concomitado por el

toque de un instrumento. Seguido a mirar hacia todas las direcciones con clarîsi-

mo  sigilo, oculamiento  que producîale tranquilidad al comprobar que nadie era

testigo de su presencia en la embarcaciôn, Anaxîmetro de Apolonia con lo ûnico

que encuêntrase es con una mediana maleta y fabricada con buen material, moti-

vo  por el cual no fuele precaria la idea de venderla, teniendo en cuenta que, por

êste, la caja para equipaje tendrîa un valor. Empero antes de llevârsela âbrela, y

dase cuenta de que adentro habîan unos cuantos papeles escritos pareciendo co-

rrespondencias por estar atiborrados de letras. A raîz de leer uno de ellos con al-

go de prisa percâtase sûbitamente de que en realidad no eran cartas como tal, si-

no mâs bien apuntes diversos y algunos ônomas, asimismo que firmado inteligi-

blemente  por un nombre que êl conocîa: Akalistôn. Seguido a esto interêsase y

entonces  por leer otros de los papeles de los que estaban en el fondo, hasta que

da con uno que no sôlo tenîa los nombres de Cotisôn Alanda Coto y Lolia Pauli-

na, sino que asimismo de que aquêl pagôle una sûmula considerable a Akalistôn

con el objetivo de que êste dejârase de encontrar secretamente con Lolia Paulina

en la corte de Ferencia. Pasados unos dîas del hurto de la maleta, y viêndose con

dificultades para venderla, sin los papeles escritos claro, porque pensô que podîa

sacarles tambiên provecho, el pertinente beneficio, aunque ignorando completa-

mente  el destino, la ubicaciôn de Cotisôn y Lolia Paulina; entêrase Anaxîmetro,

menos que por alguna chismosa lengua concretamente por los barruntes que gra-

tis ofrecen los vientos de Apragôpolis, de que de la maleta susodicha era su pro-

pietaria  Nausica, la hija de Akalistôn, como de que tambiên el barquero hallô la

maleta flotando en la mar, y mucho tiempo despuês de haber sido arrebatada de

su dueña por las olas gigantes que taparon por completa la isla de Aphros, de la

espuma. Empero sî algo sî sabîa Anaxîmetro era que una de las âcraticas actual-

mente  vivîa en Apragôpolis, siendo concretamente Jancia, una de las amigas de

Nausica. Sin que pudiera decirse que por habas hechadas sale la cuestiôn pensa-

da de hacerle una visita a Jancia, el caso es que Anaxîmetro tenîalo empollado y

en mente, dilacionândose el cuândo por la razôn exacta de que donde Jancia asi-

mismo vivîa Sarambo; y êste, para aquêl, y como ya sâbese, es enemigo declara-

do, y por lo atinente sin tachonadura al hecho de haberle quitado el puesto y de

tabernero. 

     Mas esta simultaneidad no fue provocada por un docto en una materia que un

tanto tiene que ver con la curva isocroma o la regla de las cadenas, asimismo co-

nocedor  de la hipôtesis de la armonîa o teorîa de la armonîa preestablecida, sino

mâs bien por Akalistôn y Meleto para acarrearle movimiento a Anaxîmetro y lle-

varlo a una situaciôn de robo; la que traerîale, con el tiempo, incesantes pejigue-

ras  por la precariedad de sueño, allende que el correspondiente problema con la

justicia austera de la ciudad del ocio, Empero a pesar de todo esto, y como ya se

ha  leîdo muchitantas veces, como unas castañuelas tanto Akalistôn, como Mele-

to, divertîanse  al por mayor, y, hasta cierto punto, ellos mismos imponîan per se

justicia, al ser Anaxîmetro de Apolonia, junto con Ânito, el que sacô del sistema

primero de circulaciôn (a)quêllos, siendo la causa el tôsigo echado en el botellôn

de vino.



  










  































 


 

Freitag, 10. September 2021

La cazuela de Vitelio (878)

       La tirada de Cornelia fue un tanto trâgica, saliendo la clasificaciôn de los

puntos sumados y del significado simbôlico de la numeral final como produc-

to de la sumatoria. Mas el guacamayo polîcromo ni abandonô el hombro dere-

cho del eunuco Posides, donde estaba posado, ni demostrô una actitud concre-

tamente  revelante de ansiedad o de molestia; mas eso sî, lo que confirma una

forma de captaciôn exclusiva de su naturaleza, lo que como tal indica a su ma-

nera, dejô de mirar en un periquete como miraba al eunuco Posides. Empero y

Sabinsqui, como una flecha sin zumbido que llega a un punto dejando un agu-

jero cosiato y sin que vêase la mano que con cierto fin estirô la cuerda del ver-

tical arco, a raîz de la clasificaciôn, dando igual si por asociaciôn o por una în-

clita resonancia perteneciente al pasado, acordôse de aquel instante en que de-

cidiô invertir una parte de la herencia en la compra de un local en Bedriaco ya

abandonado, en gran parte derruido, mas  de tamaño basto (y vasto), como pa-

ra transformarlo, seguido a una renovaciôn, en sala de teatro. Non plus ultra y

de  unos cuantos meses de vigilia repetida y de intenso sacrificio, el local que-

dô listo, teniendo  lugar, como  primera representaciôn (premier), una funciôn

exclusiva  de los actores trâgicos, ûnica y debido a que êstos al andar de paso 

regresaban  a la ciudad del ocio (Apragôpolis) en pocas horas. A partir de esta

puesta en escena, Sabinsqui volitivamente conviertiôse en un repudiado actor

trâgico, aunque fueron garante de una mejor aceptaciôn las cincuenta y cuatro

funciones que ofreciô gratuitas, de las ciento cincuenta y dos con las que ines-

peradamente alcanzô êxito y popularidad, asimismo que las que pusieron final

a su actividad como actor. Pero ese convertirse mâs bien debiôse, menos que 

por alguna inclinaciôn hacia el teatro mismo, por gustarle el solapamiento del

semblante  con mâscara pintarrajeada, maculada con colores, algo que êl mis-

mo  valorizô como el engañoso procedimiento que sôlo un actor utiliza para y

granjearse  aplausos que el viento se lleva por caracterizarles una compresiôn

endeble de pneumas infiltrados en el centro de la mano. Ser de rigor entonces

que entiêndase, antes que Eolo empellone el entendimiento con sopladura ine-

xorable, que el motivo de que  Sabinsqui apellîdese actor queda suma y super-

ficialmente  claro, ya que no es tanto por el hecho de empollar roles en una se-

cuencia  existencial, sino mâs bien de eyectar una expresiôn mascarada en un

mundo  que no es imposible, lo que viene siendo un OTRO proyectar falseda-

des para seducir a la atenciôn.

      Empero la expresiôn mascarada de un OTRO, con sus transformaciones y

dadorîas tambiên, convertida en el principio a posteriori de la organizaciôn de

todo un campo perceptivo, resultâbale relevante a Kosmos para conformar ca-

tegorizaciones y desplazamientos, algo que termina por ser un sustanciado es-

tructuralismo  dentro de una figura circular, y dentro de la que sucede la coin-

 cidencia de principio y fin.

---Embustes, falacias, fraudes [....] en fin, que la figura circular es la propicia

para determinados desarrollos.

----Asimismo que para la pretensiôn de un coloramiento êpico cuando esotê-

rico es el fundamento de un hablante escêptico, didâscalos----suelta Kosmos.

----Eureka, Kosmos, eureka!!, vaya quê pastiche descriptivo.

----Una marejada marfilada que a la arena horada---pincela el vate.

----Cuântos serân los agujeros, Kosmos?

----Despuês que cuêntelos barrûntole, didâscalos, êsa es la res, êsa!!

----Espero que de fêminas huera estê la arena...

----Vaya perversidad la de usted, vate, saliôse de su camino, fuose por otra di-

recciôn.

----Y desde cuândo la perversidad tiene que ver con el rumbo?----fisga Perra-

siestes.

----Cenutrio, le explico despuês, mâs tarde.

----Verdad, Kosmos, verdad?

----Y risas de Kosmos.














  













 




 


Donnerstag, 9. September 2021

La cazuela de Vitelio (877)

 

      (cont, 876)  


       La madre de Sabinsqui sucumbiô no mucho despuês del parto de êste. Fue

una señora con carâcter austero, y, en cuestiones de gusto, cuestiôn de la que 

sâbese no discûtese, preferîa a los mâsculos uniformados y con largas extremi-

dades, algo  que dilucida el porquê de su relaciôn (oficial) cupidosa entre ella y

el  que al parecer la fecundô, o sea, el padre de Sabinsqui. Pero para que del to-

do no quede oscura la res, habrîa que revelar algo sucedido antes del nacimien-

to de Sabinsqui. La cosa es que una imantaciôn pudiente acercô a la madre al y

hermano  del padre de Sabisnqui, que como ya dijôse tambiên era oficial. Pero

aquî destacarîase el dato, que tal imantaciôn tambiên tuvo lugar por la variabi-

lidad  de fantasîas profundas y coloridas que propûsose la madre a lo empîrico

transportar, y no solamente por lo expuesto arriba en lo atinente a las de gusto

cuestiones. Habrîa que ver que llevarlas a la prâctica no pasô con celeridad, ya

que la variabilidad conformaba una sûmula tan grande, que cuasi era imposible

de un sopetôn disfrutarlas todas, con deleite gozar la cantidad, o con suspiros y

brincos eyectar el resultado como efecto general. Aquî no trâtase entonces de y

a partir de precisiones indispensables y de apreciaciones imprescindibles desen-

trañar  la madeja por la punta mâs resonante, sino mâs bien de hacer saber, que

el  conyuge de la madre jamâs pûsole cortapisas a êsta en el desarrollo de sus y

fantasîas, aunque  tampoco ninguna oponencia que obstaculizârale lo que para

ella (ostensiblemente) significaba un tremendo beneficio trifênico. Mas su her-

mano  al principio no aceptô tan libêrrimamente compartir tales fantasîas, pero

con el tiempo como que se fue acostumbrando, por lo cual tuvo un final apelli-

dado  feliz. Ya embarazada, con algunas nâuseas y con los pêtalos tan inflados

como una ampulada pelota, preguntâbase la madre acosada por la duda: Pero

en realidad fecundôme mi marido? En fin, que Sabinsqui nunca enterôse de la

fruiciôn (participaciôn) del tîo, porque êste nunca moviô la lengua para referir-

se al gozo en el que participô; ni tan siquiera hizo el intento los dîas antes y de

su fenecimiento, pero a cambio de este mutismo dejôle toda la sûmula que po-

seîa de (bienvenidos) sestercios.  















 

 

Dienstag, 7. September 2021

La cazuela de Vitelio (876)

      

         Por los tiempos de Vologeso, el precedente de Dido en el curul y la coro-

na en Bedriaco, Sabinsqui era un mancebo que, como la condiciôn indîcalo in-

teligiblemente, llegaba  al fin de mes gracias a la ayuda financiera ofrecida por

el hermano de su padre--êste feneciô en una de las promaquias mâs renombra-

das, conspicuas de entre las que tuvieron las huestes de Vologeso en parasan-

gas diferentes---, que asimismo era oficial, mas que su anankê no fue igual, si-

no  que mâs bien tocôle sucumbir pensionado y senecto. No imaginable resul-

tô este ôbito, para Sabinsqui, el comienzo de una vida con menos preocupacio-

nes en lo atinente al peculio, ya que la ingente sûmula de sestercios con la que

contaba su tîo pasô a su propiedad, asignada o concedida en herencia. Tal ad-

judicamiento a partir de las reglas establecidas fue el motivo de que por un pe-

riodo  de tiempo saliera a flote la envidia; como tambiên,  por parte de los em-

pleados  con la misma condiciôn, que los cotorreos de esquina repitiêranse du-

rante cuasi toda la jornada laboral, a pesar de estar vedados por las infalibles

condiciones y hasta subrayadas en el contrato que apellîdase oficial. Empero y

Sabinsqui como unas castañuelas importâbale mucho mâs tener un futuro sun-

tuoso que engorrosos enfrentamientos con las criaturas lenguajeras, que de to-

dos modos, al fin y al cabo el deseo de poseer lo del otro es tan arcaico o anti-

guo como la sierpe que resbala en una piedra de cristal. Mas Sabinsqui no se

conformô con la herencia; sobre el pucho no abandonô su empleo para irse râ-

pido a su casa y disfrutar de un continuo ocio en posiciôn horizontal sobre una

dureta. No, quê va. Por corto que fuese su peculio servîale de entrada extra, el

que con el tiempo serîa una sûmula que agregâbasele a la herencia, y entonces

êsta durarîa mâs. No quedôle descartada la idea de hacer una inversiôn, no des-

deñôla como hontanar de multiplicaciôn, mas como aquellos tiempos eran tan-

tîsimamente difîciles para hacer tal cosa, tuvo que apagar lo que en su concien-

cia resonaba de forma no tan plûmbea. Seguido al transcurso ineludible de mâs

de siete años, la idea pasô al olvido, pero aûn mantenîa su empleo, su minûscu-

la entrada mas beneficiante, su ganancia cosiata.   

      El eunuco Posides, y despuês de efectuar la segunda tirada ---la tercera es-

taba a punto de ocurrir, porque ya Cornelia tenîa los arilos del Taxus en su po-

der----piensa que en Sabinsqui comenzaba a hacer efecto el bebido licor (el al-

quermes), porque al observarlo con su mirada ida a no se sabe cuâl dimensiôn

o lugar, como extrayendo piezas de una totalidad o transportândolas a otra, no

pudo eludir la correspondiente reflexiôn. Mas en lo que mantenîa êsta, sucede

acopas una cosa: el guacamayo polîcromo aparece, pero que menos para sacar

del lûdico los arilos del Taxus con su pico, para posarse sobre el hombro dere-

cho del eunuco Posides.

----Vaya susto que me ha dado ese pajarraco!!, de dônde saliô y de quiên es?

----El susto confirma mi pensar, de que usted, por efecto, estaba concentrado

en otra cosa---dîcele el eunuco Posides a Sabinsqui.

----No trâtase de efecto alguno, Posides, sino de algo mâs antiguo tocado por

lo afrodisîaco que contiene el tiempo.

----Por lo afrodisîaco que contiene el tiempo, y quê es eso, Sabinsqui, quê es?

----Ya hablaremos de eso en otro momento, que la dilucidaciôn no es corta.

---Ya noto que usted lo que me estâ es negando la respuesta, si por razones de

egoîsmo o no, por otras, habrîa que considerarlas o despreciarlas seguido a la

adecuada polêmica.

----Polêmica, Posides, y de quê nos sirve ella?, si acaso es ûtil fuera de aquî o

menester.

----Por quê ustedes se complican tanto si lo que prevalece entre nosotros es lla-

na y sencillamente un juego con los arilos del Taxus?---pregunta Cornelia.

----Yo sôlo empecê planteando dos preguntas, las que por cierto aûn no han si-

do respondidas---señala Sabinsqui.

----Entonces es usted el culpable de la complicaciôn, Posides, usted mismo.

----Quê, yo culpable?, quê va, quê va, nada de eso!!--dîcele Posides a Cornelia

y agrega: mejor concêntrate en la tirada que aûn no has tirado. 

----Mire, Sabinsqui, ni sabemos de quiên es el guacamayo ni de dônde salio....

----Sôlo que estaba en mi cuarto y que arrojô estos arilos----dice el eunuco Po-

sides interrumpiendo a Cornelia.

----Aquî tiene que haber un vînculo, una relaciôn, una conexiôn entre una cosa

y la otra---acentûa Sabinsqui.

----Cuâles son las dos cosas, Sabinsqui?---indaga el eunuco Posides.

----Su cuarto y el guacamayo, pero en aquêl duerme usted, no yo.

----Me pone usted a pensar, Sabinsqui, sî, eso.

----Lo pongo o ya usted lo pensô?

----Pero pensar quê, Posides, si usted ya sabe que ingiriô los arilos del Taxus fa-

tales----suelta Cornelia.

----Por lo que acabo de escuchar, la conexiôn viene debido al mismo lugar don-

de debe estar el Taxus---dice Sabinsqui.

----Y no pudiera haber otro lugar y otro Taxus?

----Posides, si ademâs que jugamos vamos a seguir jugando, terminaremos en la

jugarreta infinita---dice Sabinsqui que pregûntale a el eunuco Posides: no se ha y

fijado cômo el guacamayo lo mira?

----Verdad que sî, y no lo mira de una manera muy sana....

----Quê quieres decir con eso, Cornelia?---pregunta Posides.

----Que es una mirada molesta, tal vez porque jugamos con los arilos del Taxus.

----Pero entonces por quê se ha quedado y no se ha ido si su mirada es molesta?

----A ver, yo voy a tirar mi tirada y despuês veremos quê sucede; quiero decir, el

cômo reaccionarîa el guacamayo polîcromo---dice Cornelia.

----De acuerdo yo completamente----dice el eunuco Posides.

----Yo tambiên, sî, tambiên yo---dice Sabinsqui.

----Pues para luego es tarde: a la una, a las dos y a las tres.















 



 





  



 







 


Samstag, 4. September 2021

La cazuela de Vitelio (875)

       

           La palabra semejanza acarreô una resonancia tremenda, y tan mantenida 

a su vez êsta, que hasta llegô a ser captada por el pavo real, el que disfrutaba de

un solaz merecido por la exhautividad adquirida a causa de los varios viajes que

hizo de la frontera de Irsû a la corte de Podacres y de êsta (a)quêlla, y concomi-

tando  al vetturino  Solger, y con la misiôn precisa de trasladar de un sitio a otro

a  Pandolfo Colunnecio con todita su tribu germânica. Allende de la resonancia,

asimismo la palabra susodicha la sintiô el pavo real como un pinchazo de jâculo

en su cola cuasi siempre aberturada, cual protecciôn frente a perforaciones poco 

amigas que en el trayecto pudieran aparecer, funciôn que como tal (o por paran-

gôn) no distânciase demasiado o muchitanto de aquella con la que mirîficamen-

te cumple una êgida bien agarrada. Pero habrîa que subrayar o trazarle una fuer-

te lînea a la cuestiôn de que simultâneamente Sabinsqui efectuaba su primera ti-

rada con los arilos del Taxus que, como ya sâbese, habîalos marcados con nume-

rales disîmiles y con el objetivo de darle al lûdico tanto sentido como la posibili-

dad de que de êl saliera un ganador a raîz de la puntuaciôn adquirida como de la

sumarotia su producto o resultado. Pudiera conclusionarse que lo mismo en una

parte hay un acontecimiento que en otra la posibilidad de que suceda algo como 

respuesta (a)quêl, pero esto serîa embalarse y exponerse a una contingencia, sa-

lir del huevo sin aûn estar el cascarôn en tiempo de romperse, bruñir un diaman-

te con la punta de un carâmbano. Todo esto no solapa la posible atracciôn de dos

objetivos, de dos calificaciones, de dos fragmentos que forman parte de la circu-

laridad, de la redondez de una composiciôn sempiterna con giramientos en torno

a un eje fijado a su inmovible base, donde ademâs coinciden principio y fin. Em-

pero el veturrino Solger [el que en un periquete dialogô con el capitân orcivo en

lo que el pavo real gozaba con su solaz] entraba en comprensiôn, en un ampliado

câlculo y tantîsimo que diferente al de los razonamientos con brûjula, los que no

quieren perderse en el bosque de las complejidades, cual destacada caracterîstica

le es interponer varios ôbices e incitar al escrutamiento, menos que a la formula-

ciôn de una sûmula de preguntas con respuestas lejanas, en lontananza.  


(de lo dicho por el capitân orcivo al vetturino Solger):


     Los desbarramientos mâs precisos sobre una superficie ya no tanto sometida

a la brisa cardinal de las sorpresas o novedades (no-v(e)dades, por eso cualquie-

ra las puede tener a pesar de la extensiôn de la senilidad o la corta mesura de la

juventud), no suceden a partir de un vînculo establecido sino al revês: a partir y

de un vînculo establecido suceden los desbarramientos, por lo que nada es des-

lizante tanto como aquello que ya tiene una atingencia, un pegarse dadivado sin

que sea un resultado proveniente del esfuerzo o del afân por obtener alguna que

otra ganancia o un impepinable privilegio, aunque a razôn cierta o con una inde-

leble sumita de sospechas o dudas, eso de que seguro merece toda una monogra-

fîa, un desenredar el cable, una cara concepciôn del artîfice de Meditaciones al

aludir al tiempo; o sea, que êste, y cosa que yo sê que usted sabe, domina, allen-

de que la tiene al tanto, es una lînea recta con extensiôn y dureza (recursos retô-

ricos), pero  que de vez en cuando, o mâs de una vez forma nudos o complejîsi-

mos  entrelazamientos. A mî me parece que esto al parecer parecerîa para un in-

têrprete  sin trabajo y sin estudio una codificaciôn, un inaccesible, lo que a su y

vez convertirîase en el motivo de la tenencia de insomnios continuados, empero

como usted tiene mâs viajes sobre la misma superficie de la que se habla, entrar

en  liza por una interpretaciôn basada en las precariedades anteriores, ni corneta

eleva  ni harîa mâs notable a una flauta soplada por un pîfano. Mire usted que y

Sabinsqui  actor antes de pasar a escena ya estaba actuando muy cerca del pros-

cenio, muy  bien que  conocîa su materia y su desbarramiento, de ahî que nunca

dejara  de encajar en un lûdico que se mueve, que toca los extremos y con el es-

tro brûñese haciendo jolgorio con el pincelamiento est(o)tro. 

     La llegada de Teariôn a la Kosmona sacô de pulso a la fuerza sanguînea con

la que marcaba su ritmo dentro de una corazanada semântica, mas despuês de y

clarar el porquê de su presencia en la instituciôn, diole motivo (a)quêlla de que

volviera a encaminarse por los interticios pulsativos (pulsatorios o pulsantes).

---Eventâ!!, en oposiciôn a los atributos y propiedades (conjuncta)----dice Kos-

mos.

---Dirîa Epicuro sîntomas!!---afirma el didâscalos filosôfico.

---De quê ustedes estân hablando, a quê se refieren?----indaga Teariôn.

----Al acontecimiento, Teariôn, a êse---responde Kosmos.

----Lo que onîrico, el mâs puro y menos manipulable---agrega el didâscalos filo-

sôfico.

----Menos, o imposible de manipular?---fisga Teariôn.

----Te probaba para ver si entrabas en reflexiôn.

----Vaya, quê si no, que aquî el verbo probar nunca falta.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, estâ usted aprobado.

----No me confundas, que no soy contertulio, Kosmos.

----Empezaste mal acabando de penetrar por la puerta?

----Entonces debo salir por la misma puerta que entrê?

----Quê si no, por una ventana?, porque la puerta una sola es. No, claro que no, es

sôlo una forma de amplificar, de mantener la fiesta, la que dirime la masa jamone-

ra sacândole lascas.

----Kosmos, que yo no soy poeta.

----Se nota que no conoces a Kosmos, ya que si le sigues respondiendo, o partici-

pando en su lûdico, vas a terminar siendo contertulio, uno mâs....

----Câspita, didâscalos, vaya felonîa la de usted: tremenda!!---acentûa Kosmos.

----Y risas del didâscalos filosôfico.

----Ya veo que de ustedes no voy a obtener ninguna informaciôn respecto al onî-

rico que tuve---dice Teariôn.

----No pôngase trâgico usted, que de corifeos la Kosmona estâ eximida...

----Corifeos?

----No se meta en laberintos, ya le advertî---dice el didâscalos filosôfico.

----Teariôn, exponga los detalles menos que quedarse en la superficie.

----Y con los detalles tendrîa una explicaciôn, Kosmos?

----Pudiera posible ser, posible que depende de los detalles, porque de lo que no 

puêdese hablar es mejor guardar mutismo.

----Entonces detallo!

----Age, Teariôn, age!!

























   



 






 





   


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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...