El viejo integrante de la decuria de escribas al servicio de ediles y cuetores,
el secretario, ûnese al trîo entregado a la actividad lûdica con los arilos del Ta-
xus. Menos que interesado en el lûdico como tal, sino mâs bien por haberle y
llegado la resonancia de la palabra herencia, sin esperar la culminaciôn de la
cuarta tirada correspondinte a Sabinsqui, raudo pregûntale a êste:
----Señor, y tal herencia de quê tipo es?
----Cômo que de quê tipo es, acaso una herencia es de algûn tipo [...] quê, la
herencia no es de una sola forma: una herencia?
----Se nota que usted de los tipos no sabe nada, algo que facilitarîale la perti-
nente "distinciôn".
----A ver señor....?
----Secretario, se-cre- ta-rio!!
----Pues diga usted, señor secretario, de los tipos que son.
----Homôloga y desemejante o de transformaciôn.
----Y en quê se diferencian ambas?
----La primera estâ bien determinada; la segunda, es de carâcter difuso y defi-
nidora de una familia con determinada patologîa....
----Ah, pues entonces, y a partir de lo que usted acaba (de)cir, mâs bien la mîa
entonces es homôloga, porque no tuve ninguna familia con esa caracterîstica.
----Usted conociô bien a su familia, señor Sabinsqui?
----Claro que sî!!, cômo no?, fuera ya el colmo que usted la haya conocido me-
jor que yo...
----El colmo?, mâs bien lo que conocî fue el culmen de un proceso.
----Quê?, de cuâl proceso usted habla, secretario?
----Sabinsqui, que nosotros sabemos que todo es posible---suelta Cornelia.
----No me diga, verdad, y de dônde lo saben?
----Un tanto compleja serîa la respuesta, asî que de momento olvîdese de la he-
cha pregunta, y entonces serîa mejor seguir jugando.
----Pues efectuô la cuarta tirada, a ver cuâl numeral sale.
----Y eso usted por aquî, secretario?---pregunta el eunuco Posides.
----Atrayente sonora vibraciôn de una palabra. Y de dônde usted saco ese paja-
rraco?
----De mi cuarto, secretario, de mi cuarto. Acaso todo no es posible?
----Sin duda alguna, sin alguna duda, indudable [...] con nuestra experiencia lo
imposible no existe, lo que resulta al revês de lo que en otro lugar sucede por y
cuestiôn de corto alcance o percepciôn reducida.
----Quê olvido ya de ese otro lugar: ustedes se acuerdan?---indaga Cornelia.
----De cuâl otro lugar usted habla, Cornelia?
----La pregunta no era para usted, Sabinsqui.
----Cornelia, del lugar tal vez, mas no de los integrantes----dice el eunuco Posi-
des.
----Pues saben quê?
----Quê, secretario, quê?
----Que la mîa ya estâ recobrada, o sea, que tanto de los integrantes como del y
lugar, mi memoria se acuerda.
----Entonces usted, secretario, la perdiô?---pregunta Sabinsqui.
----Al principio de la llegada sî, como pâsale a una gran mayorîa de llegantes a
ese otro lugar.
----Vaya intriga la de ustedes, constancia en la mantenciôn de un enigma.
----Si usted supiera, Sabinsqui, lo que deberîa saber, saberîa mâs.
----Dêjese de hipotêtico, secretario, que yo si sê lo que sê...
----Seguro, Sabinsqui, seguro?, usted que acêrcase a una imago protegida por un
cîrculo, o que tiene la posibilidad de encontrarse con ella.
----Secretario, sê adônde usted quiere llegar; pero, algo en lo que creo sin cavila-
ciôn alguna, en la misma masa estâ envuelto todo, habiendo para algunos una de
êsta parte y para otros otra----señala Cornelia.
----En fin, gente, aquî estâ la tirada: quê me dicen?
----Que la numeral, como producto de la sumatoria, tiene relaciôn con la parte y
de la masa que a usted le corresponde---acentûa el secretario.
----Cômo, cômo se explica eso?
----Dêjese llevar, Sabinsqui, no ponga resistencia, piênsese una plumela y crêase
su materia: va de un lugar a otro con facilidad porque no es plûmbea.
----Ustedes sî que estân sumamente arrebatados, locos!!
----Y risas de los presentes.
Simultâneamente sucede que, no obstante de la negaciôn sostenida por razo-
nes de disciplina, disciplinarias, Anaxîmetro de Apolonia, el ex-tabernero de la
taberna de la ciudad del ocio, decide ir a ver a Hagapajitas de Falogracia, el bar-
quero de la ciudad del ocio, para que dêjelo de nuevo ganarse el peculio limpian-
do su barca. Mas sucediô que al llegar a la embarcaciôn êste no estaba; y que ês-
ta, por cuestiones de la corriente, movîase de un lado a otro, mas de una forma y
tan ritmâtica que pudiera pensarse que el movimiento estaba concomitado por el
toque de un instrumento. Seguido a mirar hacia todas las direcciones con clarîsi-
mo sigilo, oculamiento que producîale tranquilidad al comprobar que nadie era
testigo de su presencia en la embarcaciôn, Anaxîmetro de Apolonia con lo ûnico
que encuêntrase es con una mediana maleta y fabricada con buen material, moti-
vo por el cual no fuele precaria la idea de venderla, teniendo en cuenta que, por
êste, la caja para equipaje tendrîa un valor. Empero antes de llevârsela âbrela, y
dase cuenta de que adentro habîan unos cuantos papeles escritos pareciendo co-
rrespondencias por estar atiborrados de letras. A raîz de leer uno de ellos con al-
go de prisa percâtase sûbitamente de que en realidad no eran cartas como tal, si-
no mâs bien apuntes diversos y algunos ônomas, asimismo que firmado inteligi-
blemente por un nombre que êl conocîa: Akalistôn. Seguido a esto interêsase y
entonces por leer otros de los papeles de los que estaban en el fondo, hasta que
da con uno que no sôlo tenîa los nombres de Cotisôn Alanda Coto y Lolia Pauli-
na, sino que asimismo de que aquêl pagôle una sûmula considerable a Akalistôn
con el objetivo de que êste dejârase de encontrar secretamente con Lolia Paulina
en la corte de Ferencia. Pasados unos dîas del hurto de la maleta, y viêndose con
dificultades para venderla, sin los papeles escritos claro, porque pensô que podîa
sacarles tambiên provecho, el pertinente beneficio, aunque ignorando completa-
mente el destino, la ubicaciôn de Cotisôn y Lolia Paulina; entêrase Anaxîmetro,
menos que por alguna chismosa lengua concretamente por los barruntes que gra-
tis ofrecen los vientos de Apragôpolis, de que de la maleta susodicha era su pro-
pietaria Nausica, la hija de Akalistôn, como de que tambiên el barquero hallô la
maleta flotando en la mar, y mucho tiempo despuês de haber sido arrebatada de
su dueña por las olas gigantes que taparon por completa la isla de Aphros, de la
espuma. Empero sî algo sî sabîa Anaxîmetro era que una de las âcraticas actual-
mente vivîa en Apragôpolis, siendo concretamente Jancia, una de las amigas de
Nausica. Sin que pudiera decirse que por habas hechadas sale la cuestiôn pensa-
da de hacerle una visita a Jancia, el caso es que Anaxîmetro tenîalo empollado y
en mente, dilacionândose el cuândo por la razôn exacta de que donde Jancia asi-
mismo vivîa Sarambo; y êste, para aquêl, y como ya sâbese, es enemigo declara-
do, y por lo atinente sin tachonadura al hecho de haberle quitado el puesto y de
tabernero.
Mas esta simultaneidad no fue provocada por un docto en una materia que un
tanto tiene que ver con la curva isocroma o la regla de las cadenas, asimismo co-
nocedor de la hipôtesis de la armonîa o teorîa de la armonîa preestablecida, sino
mâs bien por Akalistôn y Meleto para acarrearle movimiento a Anaxîmetro y lle-
varlo a una situaciôn de robo; la que traerîale, con el tiempo, incesantes pejigue-
ras por la precariedad de sueño, allende que el correspondiente problema con la
justicia austera de la ciudad del ocio, Empero a pesar de todo esto, y como ya se
ha leîdo muchitantas veces, como unas castañuelas tanto Akalistôn, como Mele-
to, divertîanse al por mayor, y, hasta cierto punto, ellos mismos imponîan per se
justicia, al ser Anaxîmetro de Apolonia, junto con Ânito, el que sacô del sistema
primero de circulaciôn (a)quêllos, siendo la causa el tôsigo echado en el botellôn
de vino.
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