Dienstag, 7. September 2021

La cazuela de Vitelio (876)

      

         Por los tiempos de Vologeso, el precedente de Dido en el curul y la coro-

na en Bedriaco, Sabinsqui era un mancebo que, como la condiciôn indîcalo in-

teligiblemente, llegaba  al fin de mes gracias a la ayuda financiera ofrecida por

el hermano de su padre--êste feneciô en una de las promaquias mâs renombra-

das, conspicuas de entre las que tuvieron las huestes de Vologeso en parasan-

gas diferentes---, que asimismo era oficial, mas que su anankê no fue igual, si-

no  que mâs bien tocôle sucumbir pensionado y senecto. No imaginable resul-

tô este ôbito, para Sabinsqui, el comienzo de una vida con menos preocupacio-

nes en lo atinente al peculio, ya que la ingente sûmula de sestercios con la que

contaba su tîo pasô a su propiedad, asignada o concedida en herencia. Tal ad-

judicamiento a partir de las reglas establecidas fue el motivo de que por un pe-

riodo  de tiempo saliera a flote la envidia; como tambiên,  por parte de los em-

pleados  con la misma condiciôn, que los cotorreos de esquina repitiêranse du-

rante cuasi toda la jornada laboral, a pesar de estar vedados por las infalibles

condiciones y hasta subrayadas en el contrato que apellîdase oficial. Empero y

Sabinsqui como unas castañuelas importâbale mucho mâs tener un futuro sun-

tuoso que engorrosos enfrentamientos con las criaturas lenguajeras, que de to-

dos modos, al fin y al cabo el deseo de poseer lo del otro es tan arcaico o anti-

guo como la sierpe que resbala en una piedra de cristal. Mas Sabinsqui no se

conformô con la herencia; sobre el pucho no abandonô su empleo para irse râ-

pido a su casa y disfrutar de un continuo ocio en posiciôn horizontal sobre una

dureta. No, quê va. Por corto que fuese su peculio servîale de entrada extra, el

que con el tiempo serîa una sûmula que agregâbasele a la herencia, y entonces

êsta durarîa mâs. No quedôle descartada la idea de hacer una inversiôn, no des-

deñôla como hontanar de multiplicaciôn, mas como aquellos tiempos eran tan-

tîsimamente difîciles para hacer tal cosa, tuvo que apagar lo que en su concien-

cia resonaba de forma no tan plûmbea. Seguido al transcurso ineludible de mâs

de siete años, la idea pasô al olvido, pero aûn mantenîa su empleo, su minûscu-

la entrada mas beneficiante, su ganancia cosiata.   

      El eunuco Posides, y despuês de efectuar la segunda tirada ---la tercera es-

taba a punto de ocurrir, porque ya Cornelia tenîa los arilos del Taxus en su po-

der----piensa que en Sabinsqui comenzaba a hacer efecto el bebido licor (el al-

quermes), porque al observarlo con su mirada ida a no se sabe cuâl dimensiôn

o lugar, como extrayendo piezas de una totalidad o transportândolas a otra, no

pudo eludir la correspondiente reflexiôn. Mas en lo que mantenîa êsta, sucede

acopas una cosa: el guacamayo polîcromo aparece, pero que menos para sacar

del lûdico los arilos del Taxus con su pico, para posarse sobre el hombro dere-

cho del eunuco Posides.

----Vaya susto que me ha dado ese pajarraco!!, de dônde saliô y de quiên es?

----El susto confirma mi pensar, de que usted, por efecto, estaba concentrado

en otra cosa---dîcele el eunuco Posides a Sabinsqui.

----No trâtase de efecto alguno, Posides, sino de algo mâs antiguo tocado por

lo afrodisîaco que contiene el tiempo.

----Por lo afrodisîaco que contiene el tiempo, y quê es eso, Sabinsqui, quê es?

----Ya hablaremos de eso en otro momento, que la dilucidaciôn no es corta.

---Ya noto que usted lo que me estâ es negando la respuesta, si por razones de

egoîsmo o no, por otras, habrîa que considerarlas o despreciarlas seguido a la

adecuada polêmica.

----Polêmica, Posides, y de quê nos sirve ella?, si acaso es ûtil fuera de aquî o

menester.

----Por quê ustedes se complican tanto si lo que prevalece entre nosotros es lla-

na y sencillamente un juego con los arilos del Taxus?---pregunta Cornelia.

----Yo sôlo empecê planteando dos preguntas, las que por cierto aûn no han si-

do respondidas---señala Sabinsqui.

----Entonces es usted el culpable de la complicaciôn, Posides, usted mismo.

----Quê, yo culpable?, quê va, quê va, nada de eso!!--dîcele Posides a Cornelia

y agrega: mejor concêntrate en la tirada que aûn no has tirado. 

----Mire, Sabinsqui, ni sabemos de quiên es el guacamayo ni de dônde salio....

----Sôlo que estaba en mi cuarto y que arrojô estos arilos----dice el eunuco Po-

sides interrumpiendo a Cornelia.

----Aquî tiene que haber un vînculo, una relaciôn, una conexiôn entre una cosa

y la otra---acentûa Sabinsqui.

----Cuâles son las dos cosas, Sabinsqui?---indaga el eunuco Posides.

----Su cuarto y el guacamayo, pero en aquêl duerme usted, no yo.

----Me pone usted a pensar, Sabinsqui, sî, eso.

----Lo pongo o ya usted lo pensô?

----Pero pensar quê, Posides, si usted ya sabe que ingiriô los arilos del Taxus fa-

tales----suelta Cornelia.

----Por lo que acabo de escuchar, la conexiôn viene debido al mismo lugar don-

de debe estar el Taxus---dice Sabinsqui.

----Y no pudiera haber otro lugar y otro Taxus?

----Posides, si ademâs que jugamos vamos a seguir jugando, terminaremos en la

jugarreta infinita---dice Sabinsqui que pregûntale a el eunuco Posides: no se ha y

fijado cômo el guacamayo lo mira?

----Verdad que sî, y no lo mira de una manera muy sana....

----Quê quieres decir con eso, Cornelia?---pregunta Posides.

----Que es una mirada molesta, tal vez porque jugamos con los arilos del Taxus.

----Pero entonces por quê se ha quedado y no se ha ido si su mirada es molesta?

----A ver, yo voy a tirar mi tirada y despuês veremos quê sucede; quiero decir, el

cômo reaccionarîa el guacamayo polîcromo---dice Cornelia.

----De acuerdo yo completamente----dice el eunuco Posides.

----Yo tambiên, sî, tambiên yo---dice Sabinsqui.

----Pues para luego es tarde: a la una, a las dos y a las tres.















 



 





  



 







 


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