Sabinsqui clara, mirando de hito en hito a Cornelia, que la masa siempre
fue para êl una conformaciôn o un entramado relevante, ya que al contener un
sustento imprescindible con una cantidad determinada, y la que de acuerdo a
su magnitud pondrîale un lîmite a la sumatoria de comensales como asimismo
a la de platos que serîa posible en una mesa, siempre como que deja una satis-
facciôn menester en el gaznate (o gargero) del que la disfruta, dando igual del
tipo que sea y la manera con la que ornamêntase en funciôn de un atractivo, o
de un toque estêtico para engendrar (la) seducciôn.
----Espêrese un momento, Sabinsqui, que de la masa que usted habla, a la que
se refiere es completamente disîmil de la que yo saquê a puesto, a colocaciôn.
----Sin duda alguna, Cornelia, pero la palabra masa, como tal, resonô en mis y
oîdos como la de herencia en la escucha del secretario---señala Sabinsqui.
( interviene la voz para decir: la palabra RESONANCIA es indefectible)
---Debo aclararle, Sabinsqui, que la palabra resonancia es la misma, mas tiene
su diferencia de vibraciôn de acuerdo o en dependencia al lugar donde efecto
surte---dice el secretario que agrega: o sea, donde como posible es captada se-
guido a su causa, a la pronunciaciôn.
---Mire usted, secretario, que si las pruebas sirven en aritmêtica para eludir los
errores de câlculo cuando el razonamiento es largo, lo diferencial vibratorio es
funcional para quien le importe por la razôn que sea.
----No hace falta, es necesario que me preguntê si lo entendî, Sabinsqui, claro
que no...
----Quê bien!!, benefîciame usted con el ahorro de preguntas, aunque en este y
caso trâtese de un singular.
---El ahorro de preguntas?, mire las cosas que se le ocurren a usted, Sabinsqui,
nunca oî una cosa como asî.
----Pues sepa usted, Posides, que tambiên las preguntas se pueden ahorrar...
---Sabinsqui, entonces las preguntas son como un capital que no se debe despil-
farrare o malgastarse asî por asî?----pregunta Cornelia.
----Algo como eso, Cornelia, mas no precisamente eso.
----Se comprende que si es algo no hace falta seguir con un pero para sacar y a
relucir un adverbio...
----El que a un verbo modifica!!----afirma el secretario.
----Y desde cuândo, secretario, nosotros entramos en pedagogîa?
----Cornelia, su pregunta es un poco desajustada, porque usted acaba de hacer y
un enfoque un tanto escolâstico, o escolero, para decirlo mâs poêtico.
---Secretario, no quiere usted participar en este lûdico con los arilos del Taxus?
----Quê me pregunta usted, eunuco Posides, que yo nunca he sido un amante de
los juegos?
----Ah no?, usted se le ha olvidado algo...
----Quê?, eso no es cierto, quê va!!, no lo es.
----Y quê me dice de cuando jugamos usted, Eutico y yo en la ergâstula al ser y
reos de Dido..
----Cierto, mas eso fue por aburrimiento, no por otra cosa...
----La necesidad obliga---suelta Sabinsqui.
----Cuâl necesidad, Sabinsqui?
----La de entretenerse, no?
----Bueno, si usted llâmale necesidad al entretenimiento...
(acopas agrêganse a los presentes el par formado por el centuriôn y Eutico)
---Al parecer la palabra ERGÂSTULA llegô a oîdos de los llegantes----dice y el
eunuco Posides: uno el salvador del trîo encerrado en la ergâstula; el otro uno de
los reos.
---No creo que haya sido por resonancia, sino porque Casandra nos encomendô y
la tarea de buscarte, ya que su padre quiere encerrar a ese pajarraco---dîcele Euti-
co al eunuco Posides.
---Y por quê el padre de Casandra quiere meter en jaula al guacamayo polîcromo?
---Porque ha defecado por toda la corte, por lo que êsta estâ llena de cropolitos.
---Eso no es cierto porque el guacamayo no saliô de mi cuarto.
---Cuando usted estuvo en êl no, Posides, pero recuerde que usted y yo vinimos y
sin el guacamayo que llegô despuês---dice Cornelia.
----Entonces puede ser que haya defecado en lo que vino volando hacia acâ.
---Es posible porque los pajarracos tambiên defecan cuando vuelan---dice el cen-
turiôn.
----Menos mal que nuestras cabezas ya estaban aquî---humoriza Cornelia.
----El salvador del trîo Posides, quê usted quiso decir con eso?---indaga Sabinsqui,
----El que nos sacô de la ergâstula y nos devolviô la libertad...
----Acâ, mi viejo y valeroso amigo, y el que comprâbame las estatuillas antes de y
llegar a ser centuriôn---dice Eutico abrazando al centuriôn.
----Te acuerdas de aquellos tiempos y yo llegando al barrio de los Sigilarios?
----Cômo no, centuriôn, cômo no!!---afirma Eutico con cierta alegrîa en el rostro.
----Y por quê ustedes fueron reos de la reina, quê hicieron, de quê fueron acusados?
----Es igual, Sabinsqui, que la causa hace un montôn que el viento se la llevô...
----Pero, Posides, yo quiero saberla, por quê no me la dices?
----Allende de actor no serâ usted, Sabinsqui, un tanto chismoso?
----Mejor no le respondo, Cornelia, dejo quieta la lengua, estâtica, sin movimiento.
----Recuerdo que esa noche jugâbamos a los dados, y que Eutico sacô la tirada del
perro....
----Mire usted, Posides, yo no me acordaba de eso---dice Eutico.
----Y de cuâl noche usted habla, Posides?---indaga Sabinsqui.
----De la del salvamento, de êsa [....] era de noche cuando el centuriôn nos sacô de
la ergâstula.
----Ya noto, percibo y capto que usted responde lo que le da la gana.
----Y usted, Sabinsqui, responde a todo lo que le preguntan, aun no teniendo las y
ganas de hacerlo?
----Me sorprende, Posides, que usted sîgale el jueguito semântico a Sabinsqui, que
ya nosotros tenemos otra preparaciôn y adquirida en el sistema donde todo es posi-
ble---señala Cornelia.
----Le sorprende, Cornelia, y desde cuândo es usted filôsofa?
----Y sôlo los filôsofos se sorprenden, Posides?
----Si hubiese utilizado otra palabra tal vez llamarîala carpintera....
----Cornelia, la intenciôn de Posides no fue otra, que la (de)jar destacado que la pa-
labra sorprende, asimismo que la de asombro, son parte relevante en el vocabulario
de los filôsofos---clara el centuriôn.
----Y entonces con cuâl palabra pudiêraseme llamar carpintera?---fisga Cornelia.
----Usted hablô de la preparaciôn que adquirimos en el sistema donde todo es posi-
ble, y, sin embargo, es usted ahora la que sigue mi jueguito?---pregunta Posides.
----Pero en quê quedamos: es parte la palabra de un vocabulario filosôfico o de un
jueguito de su propiedad?----pregunta Cornelia dândole golpecitos en el hombro a
Posides.
----Esto como que va conduciendo a una disputa verbal---considera Sabinsqui.
----Disputa nosotros??, no, quê va, quê dice, es un imposible...
----Y êste dônde se adquiere, en cuâl sistema, Posides?
----Ya noto, percibo y capto que a usted sî que le gusta jugar.
----Y risas de Sabinsqui.
----Bueno, a ver, quiên mâs participa en el lûdico con los arilos del Taxus?--indaga
Cornelia.
---Yo me tengo que ir para entregarle al padre de Casandra el guacamayo sanciona-
do---dice el eunuco Posides.
----Y yo te sigo, que, como dije, no soy amante de los juegos---suelta el secretario.
----Yo me quedo y me uno al juego---dice Eutico.
----Y yo tambiên---agrega el centuriôn.
----Entonces ahora la masa es de cuatro, de cuarteto---dice Sabinsqui.
----Sî, ya sê que la masa siempre fue para usted una conformaciôn o un entramado
relevante----dice Cornelia.
----Las mismas palabras con las que empecê: suntuosa memoria!!---afirma Sabins-
qui.
----De quê empezar y palabras estân hablando?----pregunta Eutico.
----Juguemos, que les explico---dice Sabinsqui.
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