La tirada de Cornelia fue un tanto trâgica, saliendo la clasificaciôn de los
puntos sumados y del significado simbôlico de la numeral final como produc-
to de la sumatoria. Mas el guacamayo polîcromo ni abandonô el hombro dere-
cho del eunuco Posides, donde estaba posado, ni demostrô una actitud concre-
tamente revelante de ansiedad o de molestia; mas eso sî, lo que confirma una
forma de captaciôn exclusiva de su naturaleza, lo que como tal indica a su ma-
nera, dejô de mirar en un periquete como miraba al eunuco Posides. Empero y
Sabinsqui, como una flecha sin zumbido que llega a un punto dejando un agu-
jero cosiato y sin que vêase la mano que con cierto fin estirô la cuerda del ver-
tical arco, a raîz de la clasificaciôn, dando igual si por asociaciôn o por una în-
clita resonancia perteneciente al pasado, acordôse de aquel instante en que de-
cidiô invertir una parte de la herencia en la compra de un local en Bedriaco ya
abandonado, en gran parte derruido, mas de tamaño basto (y vasto), como pa-
ra transformarlo, seguido a una renovaciôn, en sala de teatro. Non plus ultra y
de unos cuantos meses de vigilia repetida y de intenso sacrificio, el local que-
dô listo, teniendo lugar, como primera representaciôn (premier), una funciôn
exclusiva de los actores trâgicos, ûnica y debido a que êstos al andar de paso
regresaban a la ciudad del ocio (Apragôpolis) en pocas horas. A partir de esta
puesta en escena, Sabinsqui volitivamente conviertiôse en un repudiado actor
trâgico, aunque fueron garante de una mejor aceptaciôn las cincuenta y cuatro
funciones que ofreciô gratuitas, de las ciento cincuenta y dos con las que ines-
peradamente alcanzô êxito y popularidad, asimismo que las que pusieron final
a su actividad como actor. Pero ese convertirse mâs bien debiôse, menos que
por alguna inclinaciôn hacia el teatro mismo, por gustarle el solapamiento del
semblante con mâscara pintarrajeada, maculada con colores, algo que êl mis-
mo valorizô como el engañoso procedimiento que sôlo un actor utiliza para y
granjearse aplausos que el viento se lleva por caracterizarles una compresiôn
endeble de pneumas infiltrados en el centro de la mano. Ser de rigor entonces
que entiêndase, antes que Eolo empellone el entendimiento con sopladura ine-
xorable, que el motivo de que Sabinsqui apellîdese actor queda suma y super-
ficialmente claro, ya que no es tanto por el hecho de empollar roles en una se-
cuencia existencial, sino mâs bien de eyectar una expresiôn mascarada en un
mundo que no es imposible, lo que viene siendo un OTRO proyectar falseda-
des para seducir a la atenciôn.
Empero la expresiôn mascarada de un OTRO, con sus transformaciones y
dadorîas tambiên, convertida en el principio a posteriori de la organizaciôn de
todo un campo perceptivo, resultâbale relevante a Kosmos para conformar ca-
tegorizaciones y desplazamientos, algo que termina por ser un sustanciado es-
tructuralismo dentro de una figura circular, y dentro de la que sucede la coin-
cidencia de principio y fin.
---Embustes, falacias, fraudes [....] en fin, que la figura circular es la propicia
para determinados desarrollos.
----Asimismo que para la pretensiôn de un coloramiento êpico cuando esotê-
rico es el fundamento de un hablante escêptico, didâscalos----suelta Kosmos.
----Eureka, Kosmos, eureka!!, vaya quê pastiche descriptivo.
----Una marejada marfilada que a la arena horada---pincela el vate.
----Cuântos serân los agujeros, Kosmos?
----Despuês que cuêntelos barrûntole, didâscalos, êsa es la res, êsa!!
----Espero que de fêminas huera estê la arena...
----Vaya perversidad la de usted, vate, saliôse de su camino, fuose por otra di-
recciôn.
----Y desde cuândo la perversidad tiene que ver con el rumbo?----fisga Perra-
siestes.
----Cenutrio, le explico despuês, mâs tarde.
----Verdad, Kosmos, verdad?
----Y risas de Kosmos.
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