Donnerstag, 9. September 2021

La cazuela de Vitelio (877)

 

      (cont, 876)  


       La madre de Sabinsqui sucumbiô no mucho despuês del parto de êste. Fue

una señora con carâcter austero, y, en cuestiones de gusto, cuestiôn de la que 

sâbese no discûtese, preferîa a los mâsculos uniformados y con largas extremi-

dades, algo  que dilucida el porquê de su relaciôn (oficial) cupidosa entre ella y

el  que al parecer la fecundô, o sea, el padre de Sabinsqui. Pero para que del to-

do no quede oscura la res, habrîa que revelar algo sucedido antes del nacimien-

to de Sabinsqui. La cosa es que una imantaciôn pudiente acercô a la madre al y

hermano  del padre de Sabisnqui, que como ya dijôse tambiên era oficial. Pero

aquî destacarîase el dato, que tal imantaciôn tambiên tuvo lugar por la variabi-

lidad  de fantasîas profundas y coloridas que propûsose la madre a lo empîrico

transportar, y no solamente por lo expuesto arriba en lo atinente a las de gusto

cuestiones. Habrîa que ver que llevarlas a la prâctica no pasô con celeridad, ya

que la variabilidad conformaba una sûmula tan grande, que cuasi era imposible

de un sopetôn disfrutarlas todas, con deleite gozar la cantidad, o con suspiros y

brincos eyectar el resultado como efecto general. Aquî no trâtase entonces de y

a partir de precisiones indispensables y de apreciaciones imprescindibles desen-

trañar  la madeja por la punta mâs resonante, sino mâs bien de hacer saber, que

el  conyuge de la madre jamâs pûsole cortapisas a êsta en el desarrollo de sus y

fantasîas, aunque  tampoco ninguna oponencia que obstaculizârale lo que para

ella (ostensiblemente) significaba un tremendo beneficio trifênico. Mas su her-

mano  al principio no aceptô tan libêrrimamente compartir tales fantasîas, pero

con el tiempo como que se fue acostumbrando, por lo cual tuvo un final apelli-

dado  feliz. Ya embarazada, con algunas nâuseas y con los pêtalos tan inflados

como una ampulada pelota, preguntâbase la madre acosada por la duda: Pero

en realidad fecundôme mi marido? En fin, que Sabinsqui nunca enterôse de la

fruiciôn (participaciôn) del tîo, porque êste nunca moviô la lengua para referir-

se al gozo en el que participô; ni tan siquiera hizo el intento los dîas antes y de

su fenecimiento, pero a cambio de este mutismo dejôle toda la sûmula que po-

seîa de (bienvenidos) sestercios.  















 

 

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...